Despedidas, Julián Barnes, p 162
El cáncer la acabó atrapando, por
supuesto. Digo por supuesto porque el porcentaje de la población británica que
lo contraerá es ahora mismo uno de cada dos. Antes, en mi generación era uno de
cada tres (lo que me indujo a pensar que tal vez podría librarme), pero ahora
las probabilidades son mayores. Perdón por deprimirte si no lo sabias. Parte de
la culpa es nuestra, por vivir más años. Desde luego, los tratamientos mejoran
constantemente, las prognosis por lo general nos ofrecen unos años extra, los
analgésicos son más eficaces, etcétera. Pero, aun así, uno de cada dos, ¿eh?
Después del diagnóstico, Jean decidió que la naturaleza siguiera su curso. Como
le dijo a su médico: «A mí me interesa vivir, no solamente existir». Un
sentimiento que muchos comparten, pero que a menudo se tambalea cuando se
vislumbra el final.
Tengo un amigo cuyo hermano murió
de cáncer hace unos treinta o cuarenta años. Sufría dolores extremos, la
enfermedad era incurable. Un día le dijo a mi amigo: «Si yo fuera un perro me
pegarías un tiro. ¿no?». Y era verdad. Hoy, los cuidados paliativos caninos
también han mejorado, pero aun así. Casi todos morimos como perros; siempre lo
he pensado.

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