Despedidas, Julián Barnes, p 194
Henry James, siempre sagaz y
sutil, lo expresó así. En 1892, rememorando a su difunto amigo James Russell
Lowell, escribió que uno de los efectos de la muerte es que «alisa los
pliegues» de la persona que conocimos. «La figura que perdura en la memoria se comprime
e intensifica; han desaparecido detalles fortuitos y las sombras ya no cuentan;
representa, nítidamente, unas pocas cosas apreciadas y amadas. y no,
nebulosamente, una multitud de posibilidades.”

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