Despedidas, Julian Barnes, p. 200
Dicen que cuando envejecemos, a
menudo recuperamos recuerdos olvidados de la infancia. Al mismo tiempo perdemos
la capacidad de recordar los años intermedios. A mí todavía no me ha ocurrido
pero puedo imaginar cómo avanzará a medida que se vaya consolidando la
senectud. Nuestro espacio mental quedaría ocupado de vívidas escenas tempranas,
seguidas de un largo espacio en blanco, y luego un plausible y fútil presente
en el que los días repetitivos y las
confusiones reiteradas, se irían enturbiando. Nuestras vidas, en otras
palabras, se reducirían a una historia con un gran agujero en el centro.

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