Te quiero más que a la salvación de mi alma

Te quiero más que a la salvación de mi alma
Catalina en Abismos de pasión de Luis Buñuel

INCIPIT 1.604. ARCA / RICARDO MENENDEZ SALMON



El silencio se adueña de nosotros

Hoy he despertado con la sensación de que había alguien en la cama, a mi lado. Todavía con los ojos cerrados he alargado una mano, la derecha, y he podido sentir el hueco que el fantasma había dejado durante el sueño. Lo llamo fantasma a falta de una palabra mejor, porque no había nadie junto a mí. De hecho, desde que llegué a la Laguna nadie ha pasado una noche conmigo en esta casa. Nadie salvo yo ha dormido en estas sábanas.

 

Así que he permanecido tendido, demorando el momento de abrir los ojos, mientras recorría la superficie del colchón y buscaba una sustancia, una forma, una carne que ocupara aquel suave vacío. He pensado primero en mujeres, pero todas se parecían a los retratos de las obras que cuelgan en las salas de la Accademia, mujeres confabuladas con la Historia y con los mitos, detenidas en el gesto de contemplar al Hijo, de elevarse a los cielos en un rapto místico, de padecer alguna ignominia absurda junto a las fervorosas tribus del desierto. Después he pensado en algún hombre que encajara en el molde del fantasma, pero solo han acudido a mi recuerdo las caras curtidas por la intemperie y talladas por el alcohol de los tipos de aspecto proletario que devoran cicchetti en Cannaregio, violentos, sucios y obscenos, con camisetas a rayas y barrigas abultadas, de modo que he alejado esa compañía obligándome a abrir los ojos. En ese instante un calambre ha recorrido mi mano, como si el fantasma hubiera escapado dando un latigazo, y lo primero que he visto ha sido una franja de luz cruzando el fresco que los propietarios encargaron a un artista anónimo pero de indudable talento para decorar esta estancia de Ca’ Barbarigo.

 


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