Te quiero más que a la salvación de mi alma

Te quiero más que a la salvación de mi alma
Catalina en Abismos de pasión de Luis Buñuel

INCIPIT 1.603. DESPEDIDAS / JULIAN BARNES


El otro día descubrí una posibilidad alarmante. No, algo peor: un hecho alarmante.

Una vieja amiga, que es radióloga, lleva años en­viándome fragmentos sacados del British Medical Journal. Sabe que mis intereses tienden a lo morboso y lo extremo. En mi memoria – ese lugar donde de­gradación y embellecimiento se superponen– tengo archivados casos de pacientes que reventaron porque un bisturí eléctrico inflamó sus gases corporales, y otros a los que, en los primeros tiempos de la reso­nancia magnética, las grapas quirúrgicas se les clava­ron en la carne como fragmentos de metralla. Estos relatos van a veces acompañados de fotos: por ejem­plo, las de un hombre que se dejó crecer las uñas de los pies hasta tal longitud curva – varios metros, según recuerdo– que durante años no pudo andar. Luego está esa tarea cotidiana de los médicos que consiste en extraer objetos insólitos que alguien se ha tragado – como bolsitas de clavos– o se ha introducido por la fuerza en el recto. (Antiguamente, entre estos autoimplantes anales se estilaban los bustos en miniatura de Napoleón, un hábito que sin duda añadía patriotismo al placer.)

 

 

 


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