La Follie Baudelaire, Roberto Calasso, p. 220
Pero se nota una novedad de forma dramática en Familia Bellelli, un cuadro capital que acompañó durante siete años la juventud de Degas. Titulado en un principio Retrato de familia -referido por tanto a algo que es un núcleo por excelencia-, este cuadro se articula en torno a un vacío central. El padre da la espalda al pintor y las cuatro figuras miran en direcciones distintas. Es como si cada una quisiera excluir a todas las otras de su campo visual, como sucede también en un retrato de las hermanas Bellelli solas. Son entidades psíquicas decididas a no rotarse. La madre tiene una mirada tan fija y ausente que podría parecer ciega. Las dos niñas se muestran reacias: la más cercana al centro desvía la mirada del pintor con visible desaire. hasta el punto de invalidar su posición axial. La otra fija la mirada en el pintor, aburrida, como si dijera: «¿Cuándo terminará este tormento? El padre ignora al pintor y sobre todo no tiene mirada. Sabemos por diversos testimonios que la familia Bellelli estaba cargada de asperezas y resquemores que la convertían en un ejemplar infierno doméstico. Un Strindnerg del sur.
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