Prólogo
El miedo
—Nico, ponte el abrigo, que
llegamos tarde a la guarde.
—No.
—¿Cómo que no? Venga, que Elliott ya está listo.
—Que no. Que me quiero quedar con
los yayos.
—¿Con los yayos? Los yayos están
en su casa, no pueden venir ahora. Además, tienes que ir a la guarde como todos
los niños.
—No.
—¿Pero por qué?
—Porque tengo muchísimo miedo.
Recuerdo perfectamente que era
lunes, la última semana de cole antes de las vacaciones de verano, y me quedé
un rato clavada en la cocina. con la boca abierta. intentando asimilar lo que
acababa de decirme mi hija de dos años.
Mi madre, mi hermana y yo. Todas
las mujeres de mi familia somos fuertes, muy fuertes de hecho, pero tenemos
mucho miedo. Puede parecer contradictorio, no lo es: hay que acabar de una vez
por todas con esa idea. Una cosa no tiene nada que ver con la otra. Las tres
tenemos mis miedo de lo normal, más del que debiera estar permitido.

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