Arca, Ricardo Menéndez Salmón, p. 415
-Sí- dice el cura, haciendo
esfuerzos por seguir a las pertenencias de Beppe mientras rememora la narración
de Zaggia.. El caso, me explicó su amigo, es que todo el drama de Jesús apunta
al motivo de la Redención. Sin ella, la peripecia del Hijo carece de relevancia.
La Redención, y no otra circunstancia, es la piedra angular de la cristiandad y
el fundamento de la cristología. El resto es atrezo, condimento, pero sin la
pasión y la muerte de Jesús, su aventura, y con ella la de millones de creyentes,
carece ya no solo de grandeza, sino de sentido. Hasta aquí su amigo no había
dicho nada que me sorprendiera, por descontado. Lo asombroso, prosiguió su amigo,
uy el dato que yo desconocía, y que nadie, nunca, en mis años de formación tuvo
a bien compartir conmigo, es que la Iglesia copta, la heredera de la antigua
Iglesia de Alejandría, demuestra ser la más honesta entre todas que existen al
contemplar en su santoral una fecha, el 25 de junio, dedicada a la figura sin
la cual la Redención hubiera sido inviable: Poncio Pilato. Hay en ello, según
su amigo, una justicia que, sin ser poética, es preclara. Pues Pilato, dijo su
amigo, y esas palabras sí que las recuerdo, como si las estuviera escuchando
otra vez en este instante, Pilato es el mecanismo averiado que,
paradójicamente, permite que el reloj dé la hora exacta.
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