Te quiero más que a la salvación de mi alma

Te quiero más que a la salvación de mi alma
Catalina en Abismos de pasión de Luis Buñuel

ROBERT PREVOST


El pastor y los lobos, Santiago Roncagliolo, p. 107

En principio, a Robert Prevost no debía darle mucho miedo una comunidad de vida cristiana, por poderosa que fuera. Se había enfrentado a organizaciones bastante más oscuras.

Todavía hoy, el Perú es un lugar peligroso. Varias regiones han declarado el estado de emergencia ante el aumento de la delincuencia y, aun así, se registra una denuncia por extorsión cada diecinueve minutos. Bandas de crimen organizado exigen dinero a los comerciantes a cambio de no matarlos. Suelen amenazar por WhatsApp de manera genérica, pero todo el mundo sabe que debe comenzar a preocuparse cuando recibe llamadas y fotos específicas de su familia o de su negocio. Hay primeras cuotas y mensualidades de miles de dólares que los peruanos llaman «cupo». Negarse a pagar el cupo solo sirve para aumentar la cuota, a veces hasta un millón. En agosto de 2025, una bomba dejó cinco heridos y daños varias viviendas en Trujillo.

Aunque parezca increíble, en los años ochenta era peor. Desde que llegó al Perú por primera vez, a Chulucanas,  Robert Prevost se topó de cerca con la violencia. Primero la de Sendero Luminoso, el grupo armado más letal de la historia americana. Sendero operaba sobre todo en el sur de Perú, pero había abierto un frente de combate en la zona de montañas cerca de Chulucanas, justo mientras Prevost se hallaba ahí. Aspiraba a replicar la Revolución china; o acaso su versión más cruel, la camboyana. No tenían piedad. Buscaban el máximo daño al menor precio. Sus militantes no necesariamente llevaban armas ni uniforme. Perpetraban masacres con machetes y piedras. Volaban bancos y comisarías con cargas explosivas robadas de las minas, a las que consideraban un arma popular; «La humilde dinamita». Según los datos oficiales, la violencia de esos años produjo casi setenta mil muertos y desaparecidos, más de la mitad de ellos, en acciones senderistas.

Como marxistas y antiimperialistas, los senderistas tenían especial apetito por dos tipos de víctimas: los sacerdotes católicos y los norteamericanos. El padre Robert Prevost pertenecía a los dos grupos.

 


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