Te quiero más que a la salvación de mi alma

Te quiero más que a la salvación de mi alma
Catalina en Abismos de pasión de Luis Buñuel

SOBRE EL ABURRIMIENTO SEGUN W BENJAMIN


O ...  pasaba recorriendo el puente de mando desde un extremo al otro, mirando distraído a lo lejos, comprendí también que quien no se aburre no sabe narrar. Pero e! aburrimiento ya no tiene cabida en nuestro mundo. Han caído en desuso aquellas actividades secretas e   íntimamente unidas a él. Esta y no otra es la razón de que desaparezca e! don de contar historias, porque mientras se escuchan, ya no se teje ni se hila, se rasca o se trenza. En una  palabra, pues, para que florezcan las historias tiene que darse e! orden, la subordinación y el trabajo. Narrar no es solo un arte, es además un mérito, y en Oriente hasta un oficio. Acaba en sabiduría, como a menudo e inversamente la sabiduría nos llega bajo la forma de! cuento. El narrador es, por tanto, alguien que sabe dar consejos, y para hacerlo hay que saber relatarlos. Nosotros nos quejamos y lamentamos de nuestros problemas, pero jamás los contamos. 

INCIPIT 325. UN FORASTERO EN LOLITALANDIA / GREGOR VON REZZORI




En 1958, mi editor alemán nos preguntó a otro escritor y a mí si podíamos echarle una mano con la traducción al alemán de Lolita de Vladimir Nabokov. Un equipo de venerables literatos,   tan numeroso que en una foto de grupo habría parecido el coro de los Cosacos del Don, ya había elaborado una primera versión y, sin embargo, nuestro pequeño equipo no estaba preparado en absoluto para las dificultades que aún acechaban tras el endemoniado arte de Nabokov. En un determinado momento se produjo una acalorada discusión sobre si Lolita podía interpretarse quizá como una grandiosa metáfora del amor sin esperanza

INCIPIT 324. UNA NOVELA RUSA / EMMANUEL CARRERE

El tren rueda, es de noche, hago el amor con Sophie en la litera y ella es ella. Los compañeros de mis sueños eróticos suelen ser difíciles de identificar, son varias   personas a la vez sin tener la cara de ninguna, pero aquella vez no, reconocí la voz de Sophie, sus palabras, sus piernas abiertas. En el compartimento del coche cama donde   hasta entonces estábamos solos entra otra pareja: el señor y la señora Fujimori. Ésta se nos une, sin remilgos. El entendimiento es inmediato y muy risueño. Sostenido por  Sophie en una postura acrobática, penetro a la Fujimori, que pronto experimenta un rapto de placer. En ese momento, el señor Fujimori nos comenta que el tren ya no     avanza. Está detenido en una estación, quizá desde hace un rato. Inmóvil en el andén iluminado con lámparas de sodio, un miliciano nos observa. Corremos las cortinas a   toda prisa y, convencidos de que el miliciano va a subir al vagón para pedirnos cuentas de nuestra conducta, nos apresuramos a ponerlo todo en orden y a vestirnos para estar dispuestos, cuando él abra la puerta del compartimento, a asegurarle con el mayor aplomo que no ha visto nada, que lo ha soñado. 

EL NOMBRE DEL PADRE

De El olvido que seremos, de Hector Abad Faciolince, p.100

Y lo que es más importante, si hay algo de felicidad en mi vida, si tengo alguna madurez, si casi siempre me comporto de una manera decente y más o menos normal, si no soy un antisocial y he soportado atentados y penas y todavía sigo siendo pacífico, creo que fue simplemente  porque mi papá me quiso tal como era, un atado amorfo de sentimientos buenos y malos, y me mostró el camino para sacar de esa mala índole humana que quizás todos compartimos, la mejor parte. Y aunque muchas veces no lo consiga, es por el recuerdo de él que casi siempre   intento ser menos malo de lo que mis naturales inclinaciones me indican.

BAROJIANA

De Rojos y Blancos de Don Pío Pío, p. 18 
Ese escritor aparatoso que se llama Gómez de la Serna ha dicho, según me han asegurado, que yo pagaba la comida en el restaurante de la ciudad universitaria de París con vales o tickets, porque no tenía dinero para hacerlo como la mayoría. Es verdad, uno o dos meses estuve así. Hay que tener un espíritu mezquino de patrona de casa de huéspedes para creer que el encontrarse un hombre viejo en una situación pobre y de miseria, por un azar de la suerte, es algo que merece el desdén y la risa de la gente. A mí me parece más ridículo y más ramplón estar viviendo en un gran hotel de Madrid con todos los gastos pagados y hacer el reclamo de unos almacenes de camisas y de calzoncillos de la ciudad, para sacar unos cuartos más. Se ve que Gómez de la Serna tiene una mentalidad de patrona y que cataloga a la gente por sus ingresos y por sus sueldos. Abandonaremos esto, que no tiene importancia.

INCIPIT 323. STANDARS / GERMAN SIERRA

La moda, aseguran, se originó en algún remoto escondite escandinavo; de ahí la costumbre de refrigerar el comedor muy por debajo de la temperatura ambiente y ofrecer, en pleno mes de agosto, como en esos bares construidos con bloques helados donde se bebe vodka y se  degusta caviar, una chaqueta de piel a los clientes. El ritual recuerda a otras modalidades de gastronomía clandestina consistentes, por ejemplo, en consumir especies en vías de extinción. Refinamientos que aprovechan la excitación de lo encubierto, lo furtivo, lo esotérico, lo ilegal. Restaurantes tailandeses que cocinan tortugas marinas en su caparazón, ocultos como fumaderos de opio entre las chabolas de los barrios más inverosímiles de Bangkok, donde exquisitos turistas con los pies hundidos en el repugnante fango de la calle, John Lobb o Loubutin en mano, pantalones remangados o vestidos de noche recogidos por encima de las rodillas, caminan tras los guías locales. Tabernas secretas de contraseña, mirilla y matón instaladas en cada sótano, en cada trastienda, durante los cinematográficamente gloriosos años de la Prohibición. Cabañas de chamanes en medio de la selva donde los dioses aterrizan transitoriamente sobre la superficie de un cuenco

INCIPIT 322. EL PADRINO / MARIO PUZO

1
Amerigo Bonasera estaba sentado en la Sala 3 de lo Criminal de la Corte de Nueva York. Esperaba justicia. Quería que los hombres que tan cruelmente habían herido a su hija, y que, además, habían tratado de deshonrarla, pagaran sus culpas.
El juez, un hombre de formidable aspecto físico, se recogió las mangas de la toga, como si se dispusiera a castigar físicamente a los dos jóvenes que permanecían de pie delante del tribunal. Su expresión era fría y majestuosa. Sin embargo, Amerigo Bonasera tenía la sensación de que en todo aquello había algo de falso, aunque no podía precisar el qué.
-Actuaron ustedes como unos completos degenerados -dijo el juez, severamente.
Eso, eso, pensó Amerigo Bonasera. Animales. Animales. Los dos jóvenes, con el cabello bien  cortado y peinado, y el rostro claro y limpio, eran la viva imagen de la contrición. Al oír las palabras del juez, bajaron humildemente la cabeza.

-Actuaron ustedes como bestias salvajes –prosiguió el juez-; y menos mal que no agredieron sexualmente a aquella pobre chica, pues ello les hubiera costado una pena de veinte años.

INCIPIT 321. RETRATO DEL ARTISTA ADOLESCENTE / JAMES JOYCE

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Allá en otros tiempos (y bien buenos tiempos que eran), había una vez una vaquita (¡mu!) que iba por un caminito,  esta vaquita que iba por un caminito se encontró un niñín muy guapín, al cual le llamaban el nene de la casa ...
Este era el cuento que le contaba su padre. Su padre le miraba a través de un cristal: tenía la cara peluda.
El era el nene de la casa. La vaquita venía por el caminito donde vivía BeUy Byrne: Betty Byrne vendía trenzas de azúcar al limón.
Ay, las flores de las rosas silvestres
 en el pradecilo verde.
Esta era la canción que cantaba. Era su canci6n.
Ay, las flores de las losas verdes.
Cuando uno moja la cama, aquello está calentito primero y después se va poniendo frío. Su madre colocaba el hule.¡Qué olor tan raro!
Su madre olía mejor que su padre y tocaba en el piano una jiga de marineros para que la bailase él. Bailaba:
Tralala lala,
Talala tIralalaina,
tralala lala,

tralala lala.

INCIPIT 320. ANGEL / ELIZABETH TAYLOR

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-« ... en la vasta vacuidad del empíreo ... » -leyó la señorita Dawson-. ¿Puedes decirme lo que significa «empíreo»?
-Significa ... -contestó Angel. Se humedeció los labios con la lengua. Por la ventana de la clase miró al cielo, más allá de los árboles desnudos-. Significa «el más alto cielo».
-Sí, el cielo -dijo la señorita Dawson con recelo.
Tendió el cuaderno a Angel; estaba perpleja. La chica tenía una gran fama de embustera y la señorita Dawson, al recibir su extraña redacción «Una tempestad en el mar», la había   estudiado cuidadosamente y en actirud prevenida, pues temía haber leído aquello antes o faltado a su obligación de haberlo hecho. Había dedicado una inquieta velada a escudriñar en Pater y Ruskin y otros. Aunque desdeñaba tal prosa ornamental, tales crescendos y  aliteraciones, antes de afirmar que se trataba de un texto vulgarmente sobrecargado confiaba en descubrir quién lo había escrito. Lo consultó con la directora, quien también juzgó necesaria la cautela. Era, pensaba, un texto digno de admiración en una chica de quince años; si es que realmente era obra de una chica de quince años.
-¿Ha escrito alguna vez algo parecido?

-Nada. Una o dos líneas llenas de borrones.

INCIPIT 319. STEPHEN EL HEROE / JAMES JOYCE

 ... todo el que le hablaba mezclaba una incredulidad demasiado cortés con su expectación. Llevaba peinado bien hacia lo alto el crespo pelo parduzco, pero iba arreglado con poco orden. Una chica quizá habría podido llamarle goapo o no: tenía una cara de rasgos regulares, con una expresión casi suavizada, hasta ser belleza, por una boca pequeña y femenina. En una visión de conjunto de la cara, no destacaban los ojos: eran unas lucecitas azul claro que refrenaban toda iniciativa. Eran claros y sin miedo pero a pesar de eso su cara era hasta cierto punto la cara de  un corrompido.

El rector del College era una persona solitaria que ocupaba la presidencia en reuniones y     sesiones inaugurales de sociedades. Sus lugartenientes visibles eran un decano y un administrador. El administrador, pensaba Stephen, tenia aspecto de lo que era: Un hombre grueso y lucido, de cabellera gris. Cumplía sus deberes con gran unción y se le veía a menudo erguido en el vestíbulo vigilando el ir y venir de los estudiantes. Se empeñaba en la  puntualidad: algún minuto de retraso una vez o dos, eso no le importaba tanto; daba una palmada y hacía algún reproche bienhumorado. Pero lo que le ponía severo era que se perdieran unos poco
s minutos cada día : eso estropeaba el buen funcionamiento de las clases.

MATRIMONIO

De Vive como puedas, de Joaquín Bergés, p.60-61
Curiosa y contrariamente las broncas que tenía con Carmen eran un estrépito de palabras y palabrotas digno incluso de transcribirse por escrito y leerse luego con calma y espíritu analítico. Obras maestras del género. Pero Sandra aprendió a lidiar las disputas domésticas   cuando vivía con el padre de Valle (¿el fantasma de los canutos?) y en lugar de berrear  enérgicamente prefiere callar, lo cual es mucho más intimidatorio. Nada hay más inquietante para un cónyuge que tratar de imaginar lo que se esconde tras el silencio de su pareja.

Calculo que esta situación se prolongará por espacio de tres o cuatro días. Es más o menos el  tiempo que Sandra necesita para recuperar el don de la palabra y olvidar lo sucedido. Lo malo es que esta forma de actuar no favorece la reconciliación y sí el recuerdo, de manera que nuestros trapos sucios se van depositando en la cesta de la memoria en lugar de ser  convenientemente lavados y centrifugados en la lavadora de la convivencia. Con esta electrodoméstica metáfora en la cabeza he salido al porche del jardín y me he postrado de rodillas ante un macetero lleno de geranios. 

INCIPIT 318. SOSTIENE PEREIRA / ANTONIO TABUCCHI

1

Sostiene Pereira que le conoció un día de verano. Una magnífica jornada veraniega, soleada y aireada, y Lisboa resplandecía. Parece que Pereira se hallaba en la redacción, sin saber qué  hacer, el director estaba de vacaciones, él se encontraba en el aprieto de organizar la página cultural, porque el Lisboa contaba ya con una página cultural, y se la habían encomendado a él. y él, Pereira, reflexionaba sobre la muerte. En aquel hermoso día de verano, con aquella brisa atlántica que acariciaba las copas de los árboles y un sol resplandeciente, y con una ciudad que refulgía, que literalmente refulgía bajo su ventana, y un azul, un azul nunca visto, sostiene Pereira, de una nitidez que casi hería los ojos, él se puso a pensar en la muerte. ¡Por qué? Eso, a Pereira, le resulta imposible decirlo. Sería porque su padre, cuando él era pequeño, tenía una agencia de pompas fúnebres que se llamaba Pereira La Dolorosa, sería porque su mujer había muerto de tisis unos años antes.

INCIPIT 317. VIVE COMO PUEDAS / JOAQUIN BERGES

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Principio activo

   Una vez leí que el cerebro humano sólo es capaz de memorizar el diez por ciento de lo que lee,   aunque no estoy muy seguro de lo que digo porque sólo recuerdo el diez por ciento de esa  lectura. Tal vez por eso necesito escribir un diario. Porque si el cerebro humano sólo recuerda el diez por ciento de lo que lee, no quiero pensar cuál es el porcentaje que recuerda de lo que vive.
   Hace años escribí un diario como éste. En realidad era un semanario porque sólo escribía los domingos. Lo hacía por la noche, refugiado en el silencio de mi habitación, ante un cuaderno abierto en el que anotaba las vivencias más significativas de la semana para no olvidarlas en el futuro. Era una intención coherente, tras la que se escondía el propósito de no tropezar dos  veces con la misma piedra, pero no tardé en perder el cuaderno y olvidar las vivencias, aunque no sé si fue exactamente en ese orden.

   Valle dice que el futuro de ayer es el pasado de hoy, una esperanza condenada a convertirse en nostalgia. Y es posible que tenga razón, pero yo prefiero pensar que la verdadera nostalgia, como dijo el poeta, es la que proporcionan los años que aún no se han vivido, los que se  conjugan en futuro. 

INCIPIT 316. HERZOG / SAUL BELLOW


     “Si estoy como una cabra, qué le voy a hacer”, pensó Moses Herzog.
   Había quienes pensaban que estaba tarado y, durante cierto tiempo, él mismo había dudado de su cordura. Pero ahora, aunque todavía se comportaba de una manera extraña, se sentía seguro de sí mismo, animado, lúcido y fuerte. Estaba como hechizado y se dedicaba a escribir cartas a todo quisque. Esas cartas le alteraban hasta tal punto que, desde finales de junio, iba de un lado a otro con una maleta llena de papeles. La había llevado de Nueva York a Marcha's Vineyard, pero no tardó en volver de Vineyard; dos días más tarde voló a Chicago, y desde allí fue a un pueblo en la zona occidental de Massachusetts. Oculto en el campo, escribía sin parar, frenéticamente, a los periódicos, a personas públicas, a amigos y parientes, y, por fin, a los muertos, primero a sus difuntos cercanos y casi anónimos, y por último a los famosos.
   Era pleno verano en los Berkshires. Herzog estaba solo en la gran casa antigua. Si de normal era un tanto maniático  con la comida, ahora se alimentaba de pan Silvercup directamente del envoltorio de papel, judías de lata y queso americano. De vez en cuando recogía frambuesas  del descuidado huerto, levantando las ramas espinosas con distraída cautela. Para descansar dormía en un colchón sin sábanas -el de su abandonada cama de matrimonio- o en la hamaca, tapado con su abrigo. En el pario, le rodeaban la hierba alta con aristas, los algarrobos y los arces de semillero. Cuando abría los ojos por la noche, las estrellas le parecían cercanas, como cuerpos espirituales. 

INCIPIT 315. HOTEL SAVOY / JOSEPH ROTH


A las diez de la mañana llego al Hotel Savoy. Iba decidido a tomarme unos días o una semana de descanso. En esta ciudad viven mis familiares, mis padres eran judíos rusos. Deseo obtener dinero para proseguir mi viaje hacia el oeste.
He sido prisionero de guerra durante tres años y ahora regreso. He vivido en un campo siberiano y he recorrido aldeas y ciudades rusas trabajando como obrero, jornalero, guardián nocturno, maletero y ayudante de tahona. Llevo puesta una blusa rusa que alguien me regaló, unos pantalones cortos, que he heredado de un compañero fallecido, y unas botas que aún se pueden usar y de cuyo origen no me acuerdo ni yo mismo.
Por primera vez, después de cinco años, vuelvo a hallarme ante las puertas de Europa. El Hotel Savoy, con sus siete pisos, su escudo heráldico dorado y su portero de librea, me parece más  europeo que cualquier otra pensión u hostería del este. Me espera agua, jabón, un retrete  inglés, ascensor, camareras de cofia blanca, bacines de reflejos amables, como deliciosas sorpresas metidas en cajitas revestidas de madera pintada de color marrón; lámparas  eléctricas floreciendo en pantallas verdes y rosas, como cálices; timbres estridentes que obedecen a la presión del dedo; y camas con edredones de plumas, mullidas y amablemente 

INCIPIT 314. HISTORIAS Y RELATOS / WALTER BENJAMIN


La muerte del padre
Durante el viaje evitó reflexionar sobre el texto del telegrama, que rezaba escuetamente: «Ven de inmediato. Ha empeorado». La tarde anterior había dejado la pequeña localidad de la  Riviera con un tiempo pésimo, mientras los recuerdos le acosaban como la luz del alba envuelve al trasnochar rezagado: dulce y vergonzosamente.
Cuando hacia el mediodía entró en la ciudad, le soliviantó su estrépito. Los agobios e   incomodidades  de su país le producían una acusada sensación de malestar, pero todavía sentía en su interior, como un gorjeo, la voluptuosidad de las horas que acababa de pasar con una mujer casada.
Su hermano estaba allí y, de súbito, como una descarga eléctrica que recorriese su espalda, sintió odio hacia aquella figura enlutada que le saludaba apresuradamente con ojos entristecidos. Les esperaba un automóvil en el que se pusieron en camino. Otto quiso balbucir una pregunta, pero el recuerdo de un beso dispersó sus ideas.

INCIPIT 313. EL CORONEL CHABERT / HONORE DE BALZAC




  -Vaya, ¡otra vez nuestro viejo carrick! Esta exclamación la soltaba uno de esos aprendices a quienes se conoce en los despachos como saltacharcos, y que le hincaba el diente con gran apetito a un pedazo de pan; arrancó un poco de miga para hacer una bolita y la lanzó  burlonamente por el postigo de una ventana en la que se apoyaba. Bien dirigida, la bolita rebotó casi a la altura del vano, tras dar en el sombrero de un desconocido que atravesaba el patio de una casa situada en la rue Vivienne, donde residía el señor Derville, procurador."
   -Vamos, Simonnin, deje de hacerle sandeces a la gente o le pongo de patitas en la calle.
   Por muy pobre que sea un cliente, sigue siendo un hombre, ¡qué demonios! -dijo el oficial mayor interrumpiendo la suma de una memoria de gastos.

INCIPIT 312. MATADERO 5 / KURT VONNEGUT



Todo esto sucedió, más o menos. De todas formas los partes  de guerra son bastante más fieles a la realidad. Es cierto que un individuo al que conocí fue fusilado, en Dresde, por haber cogido una tetera que no era suya. Igualmente cierto es que otro individuo, al que también conocí, había amenazado a sus enemigos personales con matarlos por medio de pistoleros alquilados. Y así sucesivamente. He cambiado los nombres de los personajes.
Es cierto que volví a Dresde, con dinero de Guggenheim (Dios le bendiga), en 1967. La ciudad se  parecía un poco a Daylon, Ohio, aunque con muchos más espacios libres. Su suelo debía de contener toneladas de harina de huesos humanos.
Volví allí con un viejo camarada de la guerra. Bernard V. O'Hare, y nos hicimos amigos de un taxista que nos llevó hasta el matadero donde nos habían encerrado una noche como prisioneros de guerra, Su nombre era Gerhard Müller y nos dijo que había sido prisionero de los americanos durante algún tiempo. Le preguntamos qué tal se vivía bajo el comunismo, y respondió que al principio era terrible –pues todo el mundo tenía que trabajar muchísimo, aparte de que no había ni cobijo ni alimentos ni ropas adecuadas-. pero que ahora las cosas estaban mucho mejor. Tenía un apartamento, pequeño aunque muy agradable, y su hija  recibía una educación excelente. Una madre quedó calcinada en el bombardeo de Dresde. Tal como lo digo.

INCIPIT 311. LA SONRISA ETRUSCA / JOSE LUIS SAMPEDRO


En el museo romano de Villa Giulia el guardián de la Sección Quinta continúa su ronda. Acabado ya el verano y, con él, las manadas de turistas, la vigilancia vuelve a ser aburrida; pero hoy anda intrigado por cierto visitante y torna hacia la saleta de Los Esposos con creciente curiosidad. «¿Estará todavía?», se pregunta, acelerando el paso hasta asomarse a la puerta.
Está. Sigue ahi, en el banco frente al gran sarcófago etrusco de terracota, centrado bajo la bóveda: esa joya del museo exhibida, como en un estuche, en la saleta entelada en ocre para imitar la cripta originaría.
Sí, ahí está. Sin moverse desde hace media hora, como si él también fuese una figura resecada por el fuego y los siglos. El sombrero marrón y el curtido rostro componen un busto de arcilla, emergiendo de la camisa blanca sin corbata, al uso de los viejos de allá abajo, en las montañas del Sur: Apulia o, más bien, Calabria.
«¿ Qué verá en esa estatua?», se pregunta el guardián. Y, como no comprende, no se atreve a retirarse por si de repente ocurre algo, ahí, esta mañana que comenzó como todas y ha resultado tan distinta. Pero tampoco se atreve a entrar, retenido por inexplicable respeto. 

INCIPIT 310. TRES CUENTOS / GUSTAVE FLAUBERT


UN CORAZÓN SENCILLO
Durante medio siglo las burguesas de Pont- l’Eveque envidiaron a la señora Aubain su sirvienta, Félicité.
Por cien francos al año cocinaba y limpiaba la casa, cosía, lavaba, planchaba, sabia cepillar un caballo, cebar a las gallinas, batir la mantequilla; y se mantuvo fiel a su ama, que, sin embargo, no era una persona nada agradable.
Ésta se había casado con un apuesto joven sin fortuna, que murió a principios de 1809 dejándole dos hijos muy pequeños y una gran cantidad de deudas. Entonces ella vendió rodas sus propiedades salvo la granja de Toucques y la de Gelfosses, cuyas rentas ascendían como máximo a 5.000 francos, y abandonó su casa de Saint-Melaine para irse a vivir a otra

INCIPIT 309. LIMONOV / EMMANUEL CARRERE


1
Hasta que Anna Politkóvskaia fue abatida en la escalera de su inmueble, el 7 de octubre de 2006, sólo las personas que se interesaban de cerca por las guerras de Chechenia conocían el nombre de esta periodista valiente, adversaria declarada de la  política de Vladímir Putin. De la noche a la mañana, su cara triste y resuelta se convirtió en Occidente en un icono de la libertad de expresión. Yo acababa entonces de rodar un documental en una pequeña ciudad rusa, pasaba frecuentes temporadas en Rusia, y por eso, cuando saltó la noticia, una revista me propuso que tomase el primer avión a Moscú. Mi misión no era investigar el asesinato de Politkóvskaia, sino más bien recoger las declaraciones de personas que la habían conocido y amado. Así pues, pasé una semana en las oficinas de Nóvaia Gazeta, el periódico del que ella era la reportera estrella, pero también en las de las asociaciones de defensa de los derechos humanos y de los comités formados por madres de soldados muertos o mutilados en Chechenia. Las oficinas eran  minúsculas, pobremente iluminadas y dotadas de ordenadores vetustos. Los activistas que me recibían allí eran también muchas veces personas de edad y su número era patéticamente exiguo. Es un círculo pequeño en el que todo el mundo se conoce y en donde no tardé en conocer a todo el mundo, 

INCIPIT 308. PERICLES EL ATENIENSE / REX WARNER


PRÓLOGO
EL FILOS0FO ANAXÁGORAS DE CLAZOMENE ESCRIBE A ALGUNOS MIEMBROS DEL CONSEJO DE LA CIUDAD DE LAMPSACO
Mucho me honráis, amigos míos, al pedirme que escriba, para enseñanza de las edades futuras, una relación de los pensamientos y acciones de Pericles, el Ateniense, de cuya muerte acabamos de enterarnos. Y tengo por lo menos dos razones para que me deleite la tarea que me pedís. En primer lugar, Pericles era mi discípulo y mi amigo; me salvó la vida. De no haber sido por él, nunca hubiera llegado a esta agradable ciudad de Lampsaco. Por ello, se justifica que desee conmemorar y, en la medida de mis fuerzas, hacer inmortal a un hombre a quien debo mucho y que me inspira gran consideración. Pero tengo otros motivos, ya no de  naturaleza personal, que me impelen a escribir acerca de este gran hombre. Pues creo que ha de admitirse que ha sido el más emprendedor, el más resuelto y el más inteligente de todos los griegos de nuestra época. Dejando por completo a un lado el encanto de su naturaleza y la brillantez de sus realizaciones, constituye un personaje de importancia filosófica. Los méritos que le atribuyo son, lo admito, grandes. Sin duda ninguna, cabe decir que Pericles era inferior a TemÍstocles o a Cimón como general, a Esquilo o a Sófocles como poeta, a mí mismo o a Parménides como filósofo. ¿Y entonces? Aspectos como los enumerados no impiden que sea superior a todos nosotros. Como señalé de forma muy cuidadosa en mi obra filosófica, en todo existen elementos de todo, si bien una característica, cuando está bien acentuada,  determinará la apariencia del conjunto.  

INCIPIT 307. EL OLVIDO QUE SEREMOS / HECTOR ABAD FACIOLINCE


Un niño de la mano de su padre
1
En la casa vivían diez mujeres, un niño y un señor. Las mujeres eran Tatá, que había sido la niñera de mi abuela, tenía casi cien años, y estaba medio sorda y medio ciega; dos muchachas del servicio -Emma y Teresa-; mis cinco hermanas -Maryluz, Clara, Eva, Marta, Sol-; mi mamá y una monja. El niño, yo, amaba al señor, su padre, sobre todas las cosas. Lo amaba más que a Dios. Un día tuve que escoger entre Dios y mi papá, y escogí a mi papá. Fue la primera discusión teológica de mi vida y la tuve con la hermanita Josefa, la monja que nos cuidaba a Sol y a mí, los hermanos menores. Si cierro los ojos puedo oír su voz recia, gruesa, enfrentada a mi voz infantil. Era una mañana luminosa y estábamos en el patio, al sol, mirando los colibríes que venían a hacer el recorrido de las Bores. De un momento a otro la hermanita me dijo:
-Su papá se va a ir para el Infierno.
-¿Por qué? -le pregunté yo.
-Porque no va a misa.
-¿y yo?
-Usted va a irse para el Cielo, porque reza todas las noches conmigo.

ALTO ESTILO


De Entre paréntesis de Robeto Bolaño (Compactos, p.156-157)
¿Qué es Una casa para siempre? Una tragedia y una comedia. Una epifanía y una invitación a la guillotina. Un libro vilamatiano en estado puro y en estado de gracia. El drama de un ventrílocuo que tiene voz propia, y esa virtud, que en algunos escritores es un ansia y una búsqueda constante, en el ventrílocuo es una maldición, por razones obvias. El estilo es un fraude, decía De Kooning, y Vila-Matas así lo cree. La voz propia en un artista, ya sea escritor, pintor o ventrílocuo, es una bendición, pero puede llevar o tal vez indefectiblemente lleva al conformismo, a la planicie, a la monotonía. Cada obra, nos dice Vila-Maras asomado a las páginas de este libro, debe ser un renovado salto en el vacío. Con o sin espectadores, pero un salto en el vacío.

INCIPIT 306. A SANGRE Y FUEGO / MANUEL CHAVES NOGALES


¡MASACRE, MASACRE!
Al sol de la mañana la bomba de aviación que cae es una pompita de jabón que en un instante raya el cielo azul de arriba abajo. Vibra al sentirse herido el gran diapasón del espacio y, luego, si se está cerca, se sufre en las entrañas un tirón de descuaje como si le rebanasen a uno por  dentro y le quisieren volcar fuera. El estómago, que se sube a la boca, y el tímpano, demasiado sensible para tan gran ruido, son los que más agudamente protestan. Esto es todo. Mientras, el pajarito niquelado que ha puesto en medio del cielo su huevecillo brillante y fugaz como una  centella, remonta el vuelo y pronto no es más que un punto perdido en la distancia.
Después, comienza el espectáculo de la tragedia. ¿Dónde ha caído la bomba? Nadie lo sabe, pero todos suponen que ha sido muy cerca, allí mismo, dos casas más allá a lo sumo. Resulta que siempre es un poco más lejos de lo que se suponía. La gente acude presurosa al lugar de la explosión. Los milicianos han cortado la calle con sus fusiles, y los curiosos han de contentarse con ver desde lejos los vidrios hechos añicos de balcones y ventanas y los cierres metálicos de las tiendas arrancados de cuajo.

INCIPIT 305. LOS OJOS VENDADOS / SIRI HUSTVEDT


Aún hoy a veces creo verle en la calle, de pie junto a una ventana o inclinado sobre un libro en una cafetería. Y en ese instante, antes de caer en la cuenta de que se trata de otra persona, se   Me encoge el estómago y me quedo sin respiración. Lo conocí hace ocho años. Yo acababa de graduarme en la Universidad de Columbia. Ese verano hacía mucho calor y me costaba mucho dormir por las noches. Me quedaba echada en mi apartamento de dos habitaciones en la calle Ciento nueve Oeste escuchando los ruidos de la ciudad. Me dedicaba a . leer, escribir y fumar hasta que se hacía de día, pero algunas noches en las que el calor me abatía hasta el punto de impedirme trabajar, contemplaba a mis vecinos desde la cama. Miraba a través de la ventana atrancada, por el estrecho extractor al apartamento enfrente del mío y veía a los dos hombres que vivían allí deambular de una habitación a otra, medio vestidos y sofocados de calor. Un día de julio, no mucho antes de conocer a Mr. Morning, uno de los hombres se acercó desnudo a la ventana. Había oscurecido y se quedó allí durante un buen rato con el cuerpo iluminado  desde atrás por una lámpara amarilla. Me camuflé en la oscuridad de mi habitación y en ningún momento supo que estaba allí. 

INCIPIT 304. ROJOS Y BLANCOS / PIO BAROJA


I
A la cárcel
En verano de 1936 estaba yo en Vera de Bidasoa en nuestra casa llamada Itzea. Veíamos con frecuencia, sobre todo los días de fiesta, pasar autobuses llenos de gente obrera que venían la mayorí de lrún. Muchos llevaban la bandera roja. Al pasar por delante de las casas levantaban el puño cerrado en ademán de animosidad y cantaban con furia, aunque desafinando  horriblemente, la Internacional. Ya se comprendía que los obreros estaban exaltados y pensando en hacer algo revolucionario. Más chillones aún que los hombres eran las mujeres y, al pasar delante de nuestra casa del barrio de Alzate, daban gritos vitoreando a la Anarquía y a la Revolución Social. Unas semanas después, un médico de Vera que tenía a su mujer enferma en un pueblo del camino llamado Almandoz, nos dijo a uno de la policía y a mi que, si queríamos ir a ese pueblo a pasar la tarde, nos llevaba en auto. El policía y yo aceptamos y fuimos. Al llegar al pueblo, oímos decir que iba a pasar por la  carretera una columna de fuerzas carlistas de requetés que habían salido de Pamplona.

INCIPIT 303. TIERRA / DAVID VANN


Galen esperaba a su madre bajo la higuera. Estaba leyendo Siddhartha por enésima vez, el joven Buda con la mirada fija en el río. Sentía la enorme presencia de la higuera, atento a escuchar el no viento, la quietud. El calor opresivo del verano aplastando la tierra. Su cuerpo  cubierto casi por entero por  una satinada película de sudor.
La vieja casa, los árboles vetustos. La hierba, muy crecida, le producía comezón en las piernas. Pero él intentaba concentrarse. Oír el no viento. Centrarse en la respiración. Que pasara de largo el no yo.
Galen, le llamó su madre desde dentro. Galen.
Respiró más profundamente, tratando de que su madre pasara de largo.
Ah, estás ahí, dijo ella. ¿Tomamos el té?
Él no dijo nada. Centrado en su respiración, con la esperanza de que ella se marchara. Pero, claro, él la estaba esperando, esperando la hora del té.
Ayúdame a sacar la bandeja, dijo ella, y él suspiró y dejó el libro y se puso de pie, las piernas acalambradas de tenerlas cruzadas tanto tiempo.
Toma, dijo su madre al entrar él en la cocina. Madera vieja bajo sus pies descalzos. Aspereza de barniz descascarillado. Cogió la bandeja, antigua y pesada, de plata, la tetera de plata, recargada, las tazas blancas de porcelana, todo lo que le deprimía, y mientras tenía las manos ocupadas su madre se inclinó hacia él por detrás y le plantó un beso, notó sus labios en la nuca y aquel ruidito supuestamente simpático que hacía siempre, y eso le provocó un respingo y muchas ganas de gritar.

INCIPIT 302. JOHN BANVILLE / ANTIGUA LUZ


Billy Gray era mi mejor amigo y me enamoré de su madre. Puede que amor sea una palabra demasiado fuerte, pero no conozco ninguna más suave que pueda aplicarse. Todo esto ocurrió hace medio siglo. Yo tenía quince años y la señiora Gray treinta y cinco. Estas cosas son fáciles de decir, pues las palabras no sienten vergüenza y nunca se sorprenden. Puede que la sefiora Gray todavía viva. Ahora tendría, ¿cuántos, ochenta y tres, ochenta y cuatro? Tampoco es muy mayor, para estos tiempos. ¿Y si emprendiera su búsqueda? Sería toda una aventura. Me gustaría volver a enamorarme, me gustaría volver a enamorarme, sólo una vez más. Podríamos seguir un tratamiento de glándulas de mono, ella y yo, y volver a ser como hace cincuenta  años, entregados a nuestros éxtasis. Me pregunto cómo le irá, suponiendo que siga en este   mundo. En aquella época era tan desdichada, y debe de haber sido tan desdichada, a pesar de su valerosa e inquebrantable jovialidad, y de verdad espero que las cosas le fueran mejor.
¿ Qué recuerdo de ella ahora, en estos días suaves y pálidos en que caduca el año? Imágenes del pasado remoto se agolpan en mi cabeza, y la mitad de las veces soy incapaz de distinguir si son recuerdos o invenciones. Tampoco es que haya mucha diferencia, si es que hay alguna. Hay quien afirma que, sin darnos cuenta, nos lo vamos inventando todo, adornándolo y embelleciéndolo, y me inclino a creerlo, pues Madame Memoria es una gran y sutil fingidora. 

INCIPIT 301. VICIO PROPIO / THOMAS PYNCHON


Uno
Ella vino por el callejón y subió las escaleras traseras, como antes. Hacía un año que Doc no la veía. Que nadie la había visto. Por entonces iba siempre en sandalias, con la parte de abajo de un bikini estampado de flores y una camiseta desteñida de Country loe & the Fish. Pero esa   noche vestía de pies a cabeza como una chica de tierra adentro y llevaba el pelo mucho más corto de lo que él recordaba: la pinta que ella juraba, en el pasado, que nunca tendría.
-Eres tú, Shasta?
-Se cree que está alucinando.
-Supongo que es por el nuevo envoltorio.
Los iluminaba la luz de la calle que entraba a través de la ventana de la cocina, a la que nunca se había molestado en poner cortinas, y desde la falda de la colina les llegaba el estampido de
las olas. Algunas noches, con el viento apropiado, se oía el oleaje en toda la ciudad.
-Necesito tu ayuda, Doc.
-¿Sabes que ahora tengo una oficina?, ¿como un empleo normal y todo eso?
-Te busqué en el listín telefónico; estuve a punto de pasarme por allí. Pero luego me dije: mejor para todos que esto parezca una cita secreta.
Pues muy bien, nada romántico esta noche. Mal rollo. Pero a lo mejor todavía caía algún encargo remunerado.
-Te vigilan?
-Acabo de tirarme una hora dando vueltas por las calles de los alrededores para no llamar la atención.

NABOKOVIANA

Belleza más piedad: eso es lo más cerca que podemos llegar a una definición de arte. Donde hay belleza hay piedad, por la simple razón de que la belleza debe morir (VNabokov)

DE LAS CLASES SOCIALES


De viaje a pie, de Josep Pla, p.52
Lo cierto es que en 1936, para dar una fecha, la clase payesa era la más pobre del país. El obrero industrial vivía muchísimo mejor. Ahora sucede al revés. Los payeses viven hoy considerablemente mejor, no sólo por tener el problema de la comida automáticamente resuelto, sino porque además todos los  productos que venden tienen una remuneración muy alta. La vida es cara y las convulsiones políticas, económicas, sociales, tendieron siempre a la valoración de lo necesario, de lo indispensable en detrimento de lo superfluo, contra lo que sucede en épocas normales, en que la abundancia crea el fenómeno contrario.
En Francia -por las noticias que tengo- ha sucedido un fenómeno igual. Los payeses franceses, los paysans, no sólo han comido durante los últimos trágicos años, sino que a sus arcas han ido a parar todas las sucesivas monedas que desde el principio de la guerra se han producido en el país vecino. Toda catástrofe produce escasez. La escasez coloca los productos de la tierra en el centro mismo de la vida social. Por este hecho, los productores agrarios se convienen en la clave de bóveda de la sociedad entera. Desde 1917, la historia interna de Rusia no es más que una lucha feroz -a veces larvada, a veces sangrienta entre campesinos y obreros industriales.

INCIPIT 300. LIBERTAD / JONATHAN FRANZEN


La noticia sobre Walter Berglund no apareció en la prensa local - Patty y él se habían trasladado a Washington dos años antes, y en Saint Paul ya no contaban para nadie--, pero la aristocracia urbana de Ramsey Hill no era tan leal a su ciudad como para privarse de leer el New York Times. Según un largo y nada halagüeño artículo de este periódico, Walter había arruinado su vida profesional allá en la capital de la nación. Sus antiguos vecinos tenían ciertas dificultades para conciliar los apelativos que utilizaba el Times para describirlo ("arrogante», «prepotente», «éticamente dudoso») con el rubicundo, risueño y generoso empleado de 3M al que recordaban pedaleando bajo la nieve de febrero por Surnmit Avenue, camino de la oficina; resultaba extraño que Walter, más verde que los Verdes y él mismo de origen rural, tuviera  ahora problemas por actuar en connivencia con la industria del carbón y abusar de la gente del campo. Aunque, la verdad sea dicha, con los Berglund siempre había habido algo que no   terminaba de encajar.
Walter y Patty fueron los jóvenes pioneros de Ramsey Hill. los primeros graduados  universitarios en comprar una vivienda en Barrier Street desde que tres décadas antes el antiguo· corazón de Saint Paul se viera sumido en tiempos difíciles. Compraron su casa victoriana a precio de saldo y luego, durante diez años, se dejaron la piel reformándola. Ya al principio, alguien muy decidido le prendió fuego al garaje y forzó un par de veces la cerradura del coche
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INCIPIT 299. EL ADVERSARIO / ENMANUEL CARRERE


A Luc Ladmiral le habla despertado el lunes, poco después de las 4 de la mañana, una llamada de Cottin, el farmacéutico de Prévessin. Habla un incendio en casa de los Romand y estarla bien que los amigos fuesen a salvar los muebles que pudiesen. Cuando Luc llegó, los bomberos evacuaban los cadáveres. Se acordará toda su vida de los sacos de plástico gris, precintados. en los que hablan metido a los niños: horripilaba verlos. A Florence la hablan tapado solamente ron un abrigo. Su rostro, ennegrecido por el humo, estaba intacto. Al alisar sus cabellos, en un  gesto de adiós desolado, los dedos de Luc tropezaron con algo exttaño. Palpó, giró con   precaución la cabeza de la joven y luego llamó a un bombero para mostrarle la llaga abierta más arriba de la nuca. El bombero dijo que probablemente le habrla caído encima una viga: la mitad del desván se había desplomado. A continuación, Luc montó en el camión rojo donde hablan extendido a Jean-Claude, el único miembro de la familia que todavía estaba vivo. El latido de su pulso era débil. Estaba en pijama. inconsciente, quemado, pero ya fria como un muerto. llegada la ambulancia, le transportó al Hospital de Ginebra. Era de noche, hacía frío

INCIPIT 298. DEMASIADA FELICIDAD / ALICE MUNRO


Dimensiones
Doree tenía que coger tres autobuses, uno hasta Kincardine, donde esperaba el de London, donde volvía a esperar el autobús urbano que la llevaba a las instalaciones. Empezaba la excursión el domingo a las nueve de la mañana. Debido a los ratos de espera entre un autobús y otro eran casi las dos de la tarde cuando había recorrido los ciento sesenta y pocos kilómetros. Sentarse en los autobuses ~ en las terminales no le importaba. Su trabajo cotidiano no era de los de estar sentada.
Era camarera del Blue Spruce Inn. Fregaba baños, hacía y deshacía camas, pasaba la aspiradora por las alfombras y limpiaba espejos. Le gustaba el trabajo, le mantenía la cabeza ocupada hasta cierto punto y acababa tan agorada que por la noche podía dormir. Rara vez se  encontraba con un auténtico desastre, aunque algunas de las mujeres con las que trabajaba contaban historias de las que ponen los pelos de puma. Esas mujeres eran mayores que ella y pensaban que Doree debía intentar mejorar un poco. Le decían que debla prepararse para un trabajo cara al público mientras fuera joven y tuviera buena presencia. Pero ella se  conformaba con lo que había. No quería tener que hablar con la gente.
Ninguna de las personas con las que trabajaba sabía qué había pasado. O, si lo sabían, no lo daban a entender.

INCIPIT 297. EN LA ORILLA / RAFAEL CHIRBES


26 de diciembre de 2010
El primero en ver la carroña es Ahmed Ouallahi.
Desde que Esteban cerró la carpintería hace más de un mes, Ahmed pasea todas las mañanas por La Marina. Su amigo Rachid lo lleva en el coche hasta el restaurante en que trabaja como pinche de cocina, y Ahmed camina desde allí hasta el rincón del pantano donde planta la caña y echa la red. Le gusta pescar en el marjal, lejos de los mirones y de los guardias. Cuando  cierran la cocina del restaurante -alas tres y media de la tarde-, Rachid lo busca y, sentados en el suelo a la sombra de las cañas, comen sobre un mantel tendido en la hierba. Los une la  amistad, pero también se brindan un servicio mutuo. Pagan a medias la gasolina del viejo Ford Mondeo de Rachid, una ganga que consiguió por menos de mil euros y ha resultado ser una   ruina porque, según dice, traga gasolina con la misma avidez con que un alemán bebe cerveza. Desde Misent al restaurante hay quince kilómetros, lo que quiere decir que, sumando ida y   vuelta, el coche se chupa tres litros. A casi uno treinta el litro, suponen unos cuatro euros diarios sólo en combustible, ciento veinte al mes, a descontar de un sueldo que apenas llega a los mil, ése es el cálculo que le hace Rachid a Ahmed
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POESIA



De Los detectives salvajes de Bolaño, p.35


Para colmo me permito hacer una observación un tanto banal acerca de Sor Juana, lo que la predispone aún más en mi contra (un albur nada oportuno sobre los archifamosos versos; Hombres necios que acusáis / a lo mujer sin razón, / sin ver que sois /la ocasión / de lo mismo que culpáis y que luego intenté vanamente remediar recitando aquellos de Deténte, sombra de mi bien esquivo, / imagen del hechizo que más quiero, / bella  ilusión por quien alegre muero, / dulce ficción por quien penosa vivo).

INCIPIT 296, ENSAYOS & DISCURSOS / WILLIAM FAULKNER


Sermón funerario por Mammy Caroline Barr
Llevado a cabo en Oxford, Mississippi, el 4 de febrero de 1940
Caroline me ha conocido toda mi vida. Fue un privilegio para mí verla fuera de la suya. Después de la muerte de mi padre, para Mammy vine a representar la cabeza de esa familia a la cual ella había dado medio siglo de fidelidad y devoción. Pero la relación entre nosotros nunca se convirtió en la de señor y siervo.
Ella todavia permanecía como uno de mis recuerdos más tempranos, no sólo como persona, sino como fuente de autoridad acerca de mi conducta y de seguridad para mi bienestar físico, y de activo y constante afecto y amor. Ella era un activo y constante precepto para el comportamiento decente. De ella aprendí a decir la verdad, a refrenar el gasto, a ser considerado con el débil y respetuoso con el mayor. Vi fidelidad a una familia que no era la suya, devoción y amor hacia gente que no había parido.
Había nacido siendo esclava y con una oscura piel y la mayoría de su temprana madurez la pasó en un tiempo oscuro y trágico para la tierra de su nacimiento. Ella atravesó vicisitudes que no había causado; asumió preocupaciones y aflicciones que ni siquiera eran las suyas. Se le pagó un sueldo por ello, pero pagar aún es sólo dinero. Y ella nunca recibió mucho, de modo que nunca almacenó ninguno de los bienes de este mundo. Aunque también lo aceptó sin reparo ni cálculo ni queja, de modo que debido a ese mismo fallo se ganó la gratitud y el afecto de la familia a la que había conferido la fidelidad y la devoción, y obtuvo la  aflicción y el lamento de los extraños que la amaron y la perdieron. Ella nació y vivió y sirvió y murió y ahora es llorada; si existe un cielo, ella ha ido allí.

MENTIRAS

De En la orilla, de Rafael Chirles, p.161

Como en el caso de los que acuden a la iglesia, tu actitud me confirma que lo que mejor soporta el paso del tiempo es la mentira. Te acoges a ella y la sostienes sin que se deteriore. En cambio, la verdad es inestable, se corrompe, se diluye, resbala, huye. La mentira es como el agua, incolora, inodora e insípida, eL paladar no la percibe, pero nos refresca.

REALIDAD

De Vivio propio de Pynchon, p. 44

-iEh! iDespierta!, si parece que seamos Feliz y Mudito brincando por el Reino Mágico, cuando de lo que se trata aquí es de lo que llamamos ... "realidad"

DIOS

De Un corazón sencillo de Flaubert, p. 68-69 (Valdemar)
En la iglesia, siempre contemplaba al Espíritu Santo, y observó que tenía cierto parecido con el loro. Su semejanza le resultó aún más manifiesta en una imagen de Épinal que representaba el bautismo de Nuestro Señor. Con sus alas de púrpura y su cuerpo de esmeralda, era verdaderamente el retrato de Lulú.


Lo compró, y luego lo colgó en lugar del conde de Artois; de manera que, de un solo vistazo, los tenía a los dos. Se asociaron en su pensamiento, de modo que el loro se encontró santificado por aquella relación con el Espíritu Santo, que así se hada más vivo e inteligible. El Padre, para enunciarse, no había podido elegir una paloma, puesto que esos animales no tienen voz, sino más bien a uno de los ancestros de Lulú. Y Félicité rezaba mirando la imagen, pero de cuando en cuando se volvía un poco hacia el pájaro.



INCIPIT 295. LOS DISPAROS DEL CAZADOR / RAFAELCHIRBES



Llamo a Ramón, mi criado, y le pido que me ayude a salir, y me abrazo a él, que me envuelve en una toalla y me habla en voz baja, repitiendo muchas veces las mismas palabras como si quisiera hipnotizarme. Las gotas de agua se quedan en el mármol del suelo, junto a la bañera, como los restos de una belleza destruida.
Antes, cuando mi hijo traía a Roberto para que pasara con nosotros las tardes de domingo, encontraba en sus ojos infantiles destellos de esa belleza. Pensaba que dentro de él crecían los colores que luego habrían de perseguirlo para siempre. Mi propia mirada descubría las fuentes en las que bebía: el sol dibujando una telaraña en el jardín, el libro de los animales, las colecciones de cromos, la caja de metal en la que Eva guardaba  golosinas que extraía con su mano deforme por la artrosis, pero que a Roberto le parecía la de un mago, el  cajón de las viejas fotografías. A veces, cuando lo sentía extasiado en mis brazos, deseaba su felicidad, su muerte.
Ramón me coge del brazo y me conduce a lo largo del  pasillo desde el salón donde he permanecido oyendo la radio, hasta mi cuarto. Se pone del lado derecho. Siempre es así. Avanzamos juntos por el pasillo, él flanqueándome el lado derecho. 

BENETIANA









De Otoño en Madrid hacia 1950, de Juan Benet
A veces siento que hay una clandestina afinidad entre edades, estaciones y horas que no se manifiesta en el instante pero que emerge lentamente de una memoria que la registró con una tinta simpática que sólo el tiempo saca a la superficie del recuerdo.

OBLOMOVIANA

De Los ojos vendados, de Siri Hustvedt

Abrió la puerta con un aspecto de lo más desaliñado.Llevaba el pelo, húmedo de sudor, revuelto y dos botones de la camisa sueltos. Evíté mirar su rostro congestionado y posé la vista en la familiar habitación. Las persianas seguían bajadas. ¿Cómo podía soportar la oscuridad?, recuerdo que pensé. Hizo una leve inclinación y sonrió.
-Le ruego excuse mi aspecto, Miss Davidsen. Estaba durmiendo y se me ha pasado la hora. En estos momentos contempla mi lado Oblomov ... sólo medio despierto. Pero me temo que el batín de brocado tendrá que imaginárselo. Y para mi infinita desgracia no hay ninguna Zakhar.



Cuando dijo la palabra «durmiendo. sentí una débil contracción en mi pecho. Está mintiendo, pensé. No dormía. Estaba escuchando las cintas.

EL ARTE POR EL ARTE

Carta de Conrad a Sir Sydney Colvin


“Tal vez no me encuentre usted demasiado presuntuoso si, al cabo de veintidós años de trabajo, me atrevo a decir que no he acabado de ser comprendido. Se me ha llamado un escritor del mar, de los trópicos, un escritor descriptivo, un escritor romántico, y también un realista. Pero, a decir verdad, toda mi preocupación ha sido el valor ideal de las cosas, de los acontecimientos y de las personas. Esto, y nada más. Los aspectos irónicos, apasionados, sentimentales, se han presentado por sí solos, mais en vérité, c' est les valeurs idéales des faits et gestes humains qui se sont imposés a mon activité artistique. Sean cuales fueren las dotes de dramaturgo o de cuentista que pueda yo tener, siempre han sido instintivamente empleados con el único objeto de alcanzar y reproducir los valores ideales”

NABOKOVIANA

Del prólogo de Zadie Smith a “Un forastero en Lolitalandia”, de Gregor von Rezzori


En una ocasión, Nabokov afirmó que “la mediocridad florece con las ideas. Cuanto más grande es el problema, menos me interesa. Algunos de mis mejores intereses son manchas microscópicas de color”. Como podremos ver, Rezzori también se ve forzado por el color, aunque no está por la labor de discutir sus ideas, en especial sus ideas sobre la historia, de forma franca y explícita. Esto es algo a lo que Nabokov rara vez se atrevía, prefiriendo tocar asuntos dolorosos sólo por encima, por el temor a resultar sentimental. En Pnin, el incompetente profesor afirma de repente de forma  tragicómica: “¡La historia de la humanidad es la historia del dolor!”. En Lolita, el dolor de un continente se ve reflejado a través de la psicopatía de un solo hombre.

INCIPIT 294. LAS LEYES DE LA FRONTERA / JAVIER CERCAS

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-¿Empezamos?
-Empezamos. Pero antes déjeme hacerle otra pregunta. Es la última.
-Adelante.
-¿Por qué ha aceptado escribir este libro?
-¿No se lo he dicho ya? Por dinero. Me gano la vida escribiendo.
-Sí, ya lo sé, pero ¿solo ha aceptado por eso?
-Bueno, también es verdad que no siempre se le presenta a uno la oportunidad de escribir sobre un personaje como el Zarco, si es a eso a lo que se refiere.
-¿Quiere decir que el Zarco le interesaba antes de que le ofrecieran escribir sobre él?
-Claro, igual que a todo el mundo.
-Ya. De todos modos la historia que voy a contarle no es la del Zarco sino la de mi relación con el Zarco; con el Zarco y con ...
-Ya lo sé, también hemos hablado de eso. ¿Podemos empezar?
-Podemos empezar.
-Cuénteme cuándo conoció al Zarco.
-A principios de verano del 78. Aquella era una época extraña. O yo la recuerdo así. Hacía tres años que Franco había muerto, pero el país continuaba gobernándose por leyes franquistas y oliendo exactamente a lo mismo que olía
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CURRICULO

BREVE CURRICULO
Pedro Incio Piñeiro nació en La Coruña el 18 de junio de 1959 –coincidiendo con la primera huelga general pacífica celebrada en España desde 1936 (con escaso éxito –la huelga, no el nacimiento-)-, hijo de Pedro I, de profesión marinero, y de Nicolasa, pescantina; después de unos interesantes estudios de Bachillerato se licenció en Geografía e Historia, especialidad de Historia de América, por la Universidad Central de Barcelona; posteriormente se licenció en la especialidad de Historia del Arte Moderno y Contemporáneo por la Universidad de Santiago de Compostela. Aún después consiguió el Diploma de Estudios Avanzados en los cursos de doctorado de la Facultad de Humanidades de la Universidade da Coruña.
Se recibió de bibliotecario y opositó con éxito a una plaza de la Escala de Ayudantes de Archivos, Bibliotecas y Museos de la Universidad de Santiago y posteriormente al Cuerpo Facultativo de Archivos, Bibliotecas y Museos de la Universidade da Coruña; en la actualidad desarrolla sus labores profesionales como Jefe de la Sección de Información y Coordinación del Servicio de  Bibliotecas de la Universidade da Coruña. Además de ello es profesor asociado de las materias “Literatura gris” e “Industria editorial” en la Licenciatura de Biblioteconomía y Documentación de la Universidade da Coruña.
Está divorciado y tiene tres hijos: Víctor, Cristina y Pedro III.

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