O ... pasaba recorriendo el puente de mando desde un
extremo al otro, mirando distraído a lo lejos, comprendí también que quien no
se aburre no sabe narrar. Pero e! aburrimiento ya no tiene cabida en nuestro
mundo. Han caído en desuso aquellas actividades secretas e íntimamente unidas a él. Esta y no otra es la
razón de que desaparezca e! don de contar historias, porque mientras se
escuchan, ya no se teje ni se hila, se rasca o se trenza. En una palabra, pues, para que florezcan las
historias tiene que darse e! orden, la subordinación y el trabajo. Narrar no es
solo un arte, es además un mérito, y en Oriente hasta un oficio. Acaba en
sabiduría, como a menudo e inversamente la sabiduría nos llega bajo la forma
de! cuento. El narrador es, por tanto, alguien que sabe dar consejos, y para
hacerlo hay que saber relatarlos. Nosotros nos quejamos y lamentamos de
nuestros problemas, pero jamás los contamos.
Te quiero más que a la salvación de mi alma
Catalina en Abismos de pasión de Luis Buñuel
INCIPIT 325. UN FORASTERO EN LOLITALANDIA / GREGOR VON REZZORI
En 1958, mi editor alemán nos
preguntó a otro escritor y a mí si podíamos echarle una mano con la traducción
al alemán de Lolita de Vladimir Nabokov. Un equipo de venerables literatos, tan
numeroso que en una foto de grupo habría parecido el coro de los Cosacos del
Don, ya había elaborado una primera versión y, sin embargo, nuestro pequeño
equipo no estaba preparado en absoluto para las dificultades que aún acechaban tras
el endemoniado arte de Nabokov. En un determinado momento se produjo una
acalorada discusión sobre si Lolita podía interpretarse quizá como una
grandiosa metáfora del amor sin esperanza
INCIPIT 324. UNA NOVELA RUSA / EMMANUEL CARRERE
El
tren rueda, es de noche, hago el amor con Sophie en la litera y ella es ella.
Los compañeros de mis sueños eróticos suelen ser difíciles de identificar, son
varias personas a la vez sin tener la
cara de ninguna, pero aquella vez no, reconocí la voz de Sophie, sus palabras,
sus piernas abiertas. En el compartimento del coche cama donde hasta entonces estábamos solos entra otra
pareja: el señor y la señora Fujimori. Ésta se nos une, sin remilgos. El
entendimiento es inmediato y muy risueño. Sostenido por Sophie en una postura acrobática, penetro a la
Fujimori, que pronto experimenta un rapto de placer. En ese momento, el señor
Fujimori nos comenta que el tren ya no avanza. Está detenido en una estación,
quizá desde hace un rato. Inmóvil en el andén iluminado con lámparas de sodio,
un miliciano nos observa. Corremos las cortinas a toda prisa y, convencidos de que el miliciano
va a subir al vagón para pedirnos cuentas de nuestra conducta, nos apresuramos
a ponerlo todo en orden y a vestirnos para estar dispuestos, cuando él abra la
puerta del compartimento, a asegurarle con el mayor aplomo que no ha visto
nada, que lo ha soñado.
EL NOMBRE DEL PADRE
De El olvido que seremos, de
Hector Abad Faciolince, p.100
Y lo que es más importante, si
hay algo de felicidad en mi vida, si tengo alguna madurez, si casi siempre me
comporto de una manera decente y más o menos normal, si no soy un antisocial y
he soportado atentados y penas y todavía sigo siendo pacífico, creo que fue
simplemente porque mi papá me quiso tal
como era, un atado amorfo de sentimientos buenos y malos, y me mostró el camino
para sacar de esa mala índole humana que quizás todos compartimos, la mejor
parte. Y aunque muchas veces no lo consiga, es por el recuerdo de él que casi siempre
intento ser menos malo de lo que mis
naturales inclinaciones me indican.
BAROJIANA
De Rojos y Blancos de Don Pío Pío, p. 18
Ese escritor aparatoso que se
llama Gómez de la Serna ha dicho, según me han asegurado, que yo pagaba la
comida en el restaurante de la ciudad universitaria de París con vales o
tickets, porque no tenía dinero para hacerlo como la mayoría. Es verdad, uno o
dos meses estuve así. Hay que tener un espíritu mezquino de patrona de casa de
huéspedes para creer que el encontrarse un hombre viejo en una situación pobre
y de miseria, por un azar de la suerte, es algo que merece el desdén y la risa
de la gente. A mí me parece más ridículo y más ramplón estar viviendo en un
gran hotel de Madrid con todos los gastos pagados y hacer el reclamo de unos almacenes
de camisas y de calzoncillos de la ciudad, para sacar unos cuartos más. Se ve
que Gómez de la Serna tiene una mentalidad de patrona y que cataloga a la gente
por sus ingresos y por sus sueldos. Abandonaremos esto, que no tiene
importancia.
INCIPIT 323. STANDARS / GERMAN SIERRA
La moda, aseguran, se originó en
algún remoto escondite escandinavo; de ahí la costumbre de refrigerar el
comedor muy por debajo de la temperatura ambiente y ofrecer, en pleno mes de
agosto, como en esos bares construidos con bloques helados donde se bebe vodka
y se degusta caviar, una chaqueta de
piel a los clientes. El ritual recuerda a otras modalidades de gastronomía
clandestina consistentes, por ejemplo, en consumir especies en vías de
extinción. Refinamientos que aprovechan la excitación de lo encubierto, lo furtivo,
lo esotérico, lo ilegal. Restaurantes tailandeses que cocinan tortugas marinas
en su caparazón, ocultos como fumaderos de opio entre las chabolas de los
barrios más inverosímiles de Bangkok, donde exquisitos turistas con los pies
hundidos en el repugnante fango de la calle, John Lobb o Loubutin en mano,
pantalones remangados o vestidos de noche recogidos por encima de las rodillas,
caminan tras los guías locales. Tabernas secretas de contraseña, mirilla y
matón instaladas en cada sótano, en cada trastienda, durante los cinematográficamente
gloriosos años de la Prohibición. Cabañas de chamanes en medio de la selva
donde los dioses aterrizan transitoriamente sobre la superficie de un cuenco
INCIPIT 322. EL PADRINO / MARIO PUZO
1
Amerigo Bonasera estaba sentado
en la Sala 3 de lo Criminal de la Corte de Nueva York. Esperaba justicia.
Quería que los hombres que tan cruelmente habían herido a su hija, y que,
además, habían tratado de deshonrarla, pagaran sus culpas.
El juez, un hombre de formidable
aspecto físico, se recogió las mangas de la toga, como si se dispusiera a
castigar físicamente a los dos jóvenes que permanecían de pie delante del
tribunal. Su expresión era fría y majestuosa. Sin embargo, Amerigo Bonasera tenía
la sensación de que en todo aquello había algo de falso, aunque no podía
precisar el qué.
-Actuaron ustedes como unos
completos degenerados -dijo el juez, severamente.
Eso, eso, pensó Amerigo Bonasera.
Animales. Animales. Los dos jóvenes, con el cabello bien cortado y peinado, y el rostro claro y limpio,
eran la viva imagen de la contrición. Al oír las palabras del juez, bajaron
humildemente la cabeza.
-Actuaron ustedes como bestias
salvajes –prosiguió el juez-; y menos mal que no agredieron sexualmente a aquella
pobre chica, pues ello les hubiera costado una pena de veinte años.
INCIPIT 321. RETRATO DEL ARTISTA ADOLESCENTE / JAMES JOYCE
1
Allá en otros tiempos (y bien
buenos tiempos que eran), había una vez una vaquita (¡mu!) que iba por un
caminito, esta vaquita que iba por un
caminito se encontró un niñín muy guapín, al cual le llamaban el nene de la
casa ...
Este era el cuento que le contaba
su padre. Su padre le miraba a través de un cristal: tenía la cara peluda.
El era el nene de la casa. La
vaquita venía por el caminito donde vivía BeUy Byrne: Betty Byrne vendía
trenzas de azúcar al limón.
Ay, las flores de las rosas
silvestres
en el pradecilo verde.
Esta era la canción que cantaba.
Era su canci6n.
Ay, las flores de las losas verdes.
Cuando uno moja la cama, aquello
está calentito primero y después se va poniendo frío. Su madre colocaba el
hule.¡Qué olor tan raro!
Su madre olía mejor que su padre
y tocaba en el piano una jiga de marineros para que la bailase él. Bailaba:
Tralala lala,
Talala tIralalaina,
tralala lala,
tralala lala.
INCIPIT 320. ANGEL / ELIZABETH TAYLOR
1
-« ... en la vasta vacuidad del empíreo ... » -leyó la
señorita Dawson-. ¿Puedes decirme lo que significa «empíreo»?
-Significa ... -contestó Angel. Se humedeció los labios con la
lengua. Por la ventana de la clase miró al cielo, más allá de los árboles
desnudos-. Significa «el más alto cielo».
-Sí, el cielo -dijo la señorita Dawson con recelo.
Tendió el cuaderno a Angel; estaba perpleja. La chica tenía una
gran fama de embustera y la señorita Dawson, al recibir su extraña redacción
«Una tempestad en el mar», la había estudiado
cuidadosamente y en actirud prevenida, pues temía haber leído aquello antes o
faltado a su obligación de haberlo hecho. Había dedicado una inquieta velada a
escudriñar en Pater y Ruskin y otros. Aunque desdeñaba tal prosa ornamental,
tales crescendos y aliteraciones, antes
de afirmar que se trataba de un texto vulgarmente sobrecargado confiaba en
descubrir quién lo había escrito. Lo consultó con la directora, quien también
juzgó necesaria la cautela. Era, pensaba, un texto digno de admiración en una
chica de quince años; si es que realmente era obra de una chica de quince años.
-¿Ha escrito alguna vez algo parecido?
-Nada. Una o dos líneas llenas de borrones.
INCIPIT 319. STEPHEN EL HEROE / JAMES JOYCE
... todo el que le hablaba mezclaba una
incredulidad demasiado cortés con su expectación. Llevaba peinado bien hacia lo
alto el crespo pelo parduzco, pero iba arreglado con poco orden. Una chica
quizá habría podido llamarle goapo o no: tenía una cara de rasgos regulares,
con una expresión casi suavizada, hasta ser belleza, por una boca pequeña y
femenina. En una visión de conjunto de la cara, no destacaban los ojos: eran
unas lucecitas azul claro que refrenaban toda iniciativa. Eran claros y sin
miedo pero a pesar de eso su cara era hasta cierto punto la cara de un corrompido.
El rector del College era una
persona solitaria que ocupaba la presidencia en reuniones y sesiones inaugurales de sociedades. Sus
lugartenientes visibles eran un decano y un administrador. El administrador,
pensaba Stephen, tenia aspecto de lo que era: Un hombre grueso y lucido, de
cabellera gris. Cumplía sus deberes con gran unción y se le veía a menudo
erguido en el vestíbulo vigilando el ir y venir de los estudiantes. Se empeñaba
en la puntualidad: algún minuto de
retraso una vez o dos, eso no le importaba tanto; daba una palmada y hacía
algún reproche bienhumorado. Pero lo que le ponía severo era que se perdieran
unos poco
MATRIMONIO
De Vive como puedas, de Joaquín
Bergés, p.60-61
Curiosa y contrariamente las
broncas que tenía con Carmen eran un estrépito de palabras y palabrotas digno incluso
de transcribirse por escrito y leerse luego con calma y espíritu analítico.
Obras maestras del género. Pero Sandra aprendió a lidiar las disputas
domésticas cuando vivía con el padre de
Valle (¿el fantasma de los canutos?) y en lugar de berrear enérgicamente prefiere callar, lo cual es
mucho más intimidatorio. Nada hay más inquietante para un cónyuge que tratar de
imaginar lo que se esconde tras el silencio de su pareja.
Calculo que esta situación se
prolongará por espacio de tres o cuatro días. Es más o menos el tiempo que Sandra necesita para recuperar el
don de la palabra y olvidar lo sucedido. Lo malo es que esta forma de actuar no
favorece la reconciliación y sí el recuerdo, de manera que nuestros trapos
sucios se van depositando en la cesta de la memoria en lugar de ser convenientemente lavados y centrifugados en la
lavadora de la convivencia. Con esta electrodoméstica metáfora en la cabeza he
salido al porche del jardín y me he postrado de rodillas ante un macetero lleno
de geranios.
INCIPIT 318. SOSTIENE PEREIRA / ANTONIO TABUCCHI
1
Sostiene Pereira que le conoció
un día de verano. Una magnífica jornada veraniega, soleada y aireada, y Lisboa
resplandecía. Parece que Pereira se hallaba en la redacción, sin saber qué hacer, el director estaba de vacaciones, él se
encontraba en el aprieto de organizar la página cultural, porque el Lisboa
contaba ya con una página cultural, y se la habían encomendado a él. y él,
Pereira, reflexionaba sobre la muerte. En aquel hermoso día de verano, con
aquella brisa atlántica que acariciaba las copas de los árboles y un sol
resplandeciente, y con una ciudad que refulgía, que literalmente refulgía bajo
su ventana, y un azul, un azul nunca visto, sostiene Pereira, de una nitidez
que casi hería los ojos, él se puso a pensar en la muerte. ¡Por qué? Eso, a
Pereira, le resulta imposible decirlo. Sería porque su padre, cuando él era
pequeño, tenía una agencia de pompas fúnebres que se llamaba Pereira La
Dolorosa, sería porque su mujer había muerto de tisis unos años antes.
INCIPIT 317. VIVE COMO PUEDAS / JOAQUIN BERGES
1
Principio activo
Una vez leí que el cerebro humano
sólo es capaz de memorizar el diez por ciento de lo que lee, aunque no estoy muy seguro de lo que digo
porque sólo recuerdo el diez por ciento de esa lectura. Tal vez por eso necesito escribir un
diario. Porque si el cerebro humano sólo recuerda el diez por ciento de lo que
lee, no quiero pensar cuál es el porcentaje que recuerda de lo que vive.
Hace años escribí un diario como
éste. En realidad era un semanario porque sólo escribía los domingos. Lo hacía
por la noche, refugiado en el silencio de mi habitación, ante un cuaderno
abierto en el que anotaba las vivencias más significativas de la semana para no
olvidarlas en el futuro. Era una intención coherente, tras la que se escondía el
propósito de no tropezar dos veces con
la misma piedra, pero no tardé en perder el cuaderno y olvidar las vivencias,
aunque no sé si fue exactamente en ese orden.
Valle dice que el futuro de ayer
es el pasado de hoy, una esperanza condenada a convertirse en nostalgia. Y es posible
que tenga razón, pero yo prefiero pensar que la verdadera nostalgia, como dijo
el poeta, es la que proporcionan los años que aún no se han vivido, los que se conjugan en futuro.
INCIPIT 316. HERZOG / SAUL BELLOW
“Si estoy como una cabra, qué le
voy a hacer”, pensó Moses Herzog.
Había quienes pensaban que estaba
tarado y, durante cierto tiempo, él mismo había dudado de su cordura. Pero ahora,
aunque todavía se comportaba de una manera extraña, se sentía seguro de sí
mismo, animado, lúcido y fuerte. Estaba como hechizado y se dedicaba a escribir
cartas a todo quisque. Esas cartas le alteraban hasta tal punto que, desde
finales de junio, iba de un lado a otro con una maleta llena de papeles. La
había llevado de Nueva York a Marcha's Vineyard, pero no tardó en volver de
Vineyard; dos días más tarde voló a Chicago, y desde allí fue a un pueblo en la
zona occidental de Massachusetts. Oculto en el campo, escribía sin parar,
frenéticamente, a los periódicos, a personas públicas, a amigos y parientes, y,
por fin, a los muertos, primero a sus difuntos cercanos y casi anónimos, y por
último a los famosos.
Era pleno verano en los
Berkshires. Herzog estaba solo en la gran casa antigua. Si de normal era un
tanto maniático con la comida, ahora se
alimentaba de pan Silvercup directamente del envoltorio de papel, judías de
lata y queso americano. De vez en cuando recogía frambuesas del descuidado huerto, levantando las ramas
espinosas con distraída cautela. Para descansar dormía en un colchón sin sábanas
-el de su abandonada cama de matrimonio- o en la hamaca, tapado con su abrigo.
En el pario, le rodeaban la hierba alta con aristas, los algarrobos y los arces
de semillero. Cuando abría los ojos por la noche, las estrellas le parecían
cercanas, como cuerpos espirituales.
INCIPIT 315. HOTEL SAVOY / JOSEPH ROTH
A las diez de la mañana llego al
Hotel Savoy. Iba decidido a tomarme unos días o una semana de descanso. En esta
ciudad viven mis familiares, mis padres eran judíos rusos. Deseo obtener dinero
para proseguir mi viaje hacia el oeste.
He sido prisionero de guerra
durante tres años y ahora regreso. He vivido en un campo siberiano y he
recorrido aldeas y ciudades rusas trabajando como obrero, jornalero, guardián
nocturno, maletero y ayudante de tahona. Llevo puesta una blusa rusa que alguien
me regaló, unos pantalones cortos, que he heredado de un compañero fallecido, y
unas botas que aún se pueden usar y de cuyo origen no me acuerdo ni yo mismo.
Por primera vez, después de cinco
años, vuelvo a hallarme ante las puertas de Europa. El Hotel Savoy, con sus
siete pisos, su escudo heráldico dorado y su portero de librea, me parece más europeo que cualquier otra pensión u hostería
del este. Me espera agua, jabón, un retrete inglés, ascensor, camareras de cofia blanca,
bacines de reflejos amables, como deliciosas sorpresas metidas en cajitas
revestidas de madera pintada de color marrón; lámparas eléctricas floreciendo en pantallas verdes y
rosas, como cálices; timbres estridentes que obedecen a la presión del dedo; y
camas con edredones de plumas, mullidas y amablemente
INCIPIT 314. HISTORIAS Y RELATOS / WALTER BENJAMIN
La muerte del padre
Durante el
viaje evitó reflexionar sobre el texto del telegrama, que rezaba escuetamente:
«Ven de inmediato. Ha empeorado». La tarde anterior había dejado la pequeña
localidad de la Riviera con un tiempo pésimo,
mientras los recuerdos le acosaban como la luz del alba envuelve al trasnochar
rezagado: dulce y vergonzosamente.
Cuando hacia
el mediodía entró en la ciudad, le soliviantó su estrépito. Los agobios e incomodidades
de su país le producían una acusada sensación de malestar, pero todavía
sentía en su interior, como un gorjeo, la voluptuosidad de las horas que
acababa de pasar con una mujer casada.
Su hermano
estaba allí y, de súbito, como una descarga eléctrica que recorriese su
espalda, sintió odio hacia aquella figura enlutada que le saludaba
apresuradamente con ojos entristecidos. Les esperaba un automóvil en el que se
pusieron en camino. Otto quiso balbucir una pregunta, pero el recuerdo de un
beso dispersó sus ideas.
INCIPIT 313. EL CORONEL CHABERT / HONORE DE BALZAC
-Vaya, ¡otra vez nuestro viejo
carrick! Esta exclamación la soltaba uno de esos aprendices a quienes se conoce
en los despachos como saltacharcos, y que le hincaba el diente con gran apetito
a un pedazo de pan; arrancó un poco de miga para hacer una bolita y la lanzó burlonamente por el postigo de una ventana en
la que se apoyaba. Bien dirigida, la bolita rebotó casi a la altura del vano,
tras dar en el sombrero de un desconocido que atravesaba el patio de una casa
situada en la rue Vivienne, donde residía el señor Derville, procurador."
-Vamos, Simonnin, deje de hacerle
sandeces a la gente o le pongo de patitas en la calle.
Por muy pobre que sea un cliente,
sigue siendo un hombre, ¡qué demonios! -dijo el oficial mayor interrumpiendo la
suma de una memoria de gastos.
INCIPIT 312. MATADERO 5 / KURT VONNEGUT
Todo esto
sucedió, más o menos. De todas formas los partes de guerra son bastante más fieles a la
realidad. Es cierto que un individuo al que conocí fue fusilado, en Dresde, por
haber cogido una tetera que no era suya. Igualmente cierto es que otro individuo,
al que también conocí, había amenazado a sus enemigos personales con matarlos
por medio de pistoleros alquilados. Y así sucesivamente. He cambiado los
nombres de los personajes.
Es cierto que
volví a Dresde, con dinero de Guggenheim (Dios le bendiga), en 1967. La ciudad
se parecía un poco a Daylon, Ohio,
aunque con muchos más espacios libres. Su suelo debía de contener toneladas de
harina de huesos humanos.
Volví allí con
un viejo camarada de la guerra. Bernard V. O'Hare, y nos hicimos amigos de un taxista
que nos llevó hasta el matadero donde nos habían encerrado una noche como
prisioneros de guerra, Su nombre era Gerhard Müller y nos dijo que había sido prisionero
de los americanos durante algún tiempo. Le preguntamos qué tal se vivía bajo el
comunismo, y respondió que al principio era terrible –pues todo el mundo tenía
que trabajar muchísimo, aparte de que no había ni cobijo ni alimentos ni ropas
adecuadas-. pero que ahora las cosas estaban mucho mejor. Tenía un apartamento,
pequeño aunque muy agradable, y su hija recibía una educación excelente. Una madre
quedó calcinada en el bombardeo de Dresde. Tal como lo digo.
INCIPIT 311. LA SONRISA ETRUSCA / JOSE LUIS SAMPEDRO
En el museo romano de Villa Giulia el guardián de la Sección Quinta continúa su ronda. Acabado ya el
verano y, con él, las manadas de turistas, la vigilancia vuelve a ser aburrida;
pero hoy anda intrigado por cierto visitante y torna hacia la saleta de Los Esposos con creciente curiosidad. «¿Estará todavía?», se pregunta,
acelerando el paso hasta asomarse
a la puerta.
Está. Sigue ahi, en el banco
frente al gran sarcófago etrusco de terracota, centrado bajo la bóveda: esa
joya del museo exhibida, como en un estuche, en la saleta entelada en ocre para
imitar la cripta originaría.
Sí, ahí está. Sin moverse
desde hace media hora, como si él también fuese una figura resecada por el fuego
y los siglos. El sombrero marrón y el
curtido rostro componen un busto de arcilla, emergiendo de la camisa blanca sin
corbata, al uso de los viejos de allá abajo, en las montañas del Sur: Apulia o,
más bien, Calabria.
«¿ Qué verá en esa estatua?», se pregunta el guardián. Y, como no
comprende, no se atreve a retirarse por si de repente ocurre algo, ahí, esta
mañana que comenzó como todas y ha resultado tan distinta. Pero tampoco se atreve a entrar, retenido por
inexplicable respeto.
INCIPIT 310. TRES CUENTOS / GUSTAVE FLAUBERT
UN CORAZÓN SENCILLO
Durante medio siglo las burguesas
de Pont- l’Eveque envidiaron a la señora Aubain su sirvienta, Félicité.
Por cien francos al año cocinaba
y limpiaba la casa, cosía, lavaba, planchaba, sabia cepillar un caballo, cebar a
las gallinas, batir la mantequilla; y se mantuvo fiel a su ama, que, sin
embargo, no era una persona nada agradable.
Ésta se había casado con un
apuesto joven sin fortuna, que murió a principios de 1809 dejándole dos hijos
muy pequeños y una gran cantidad de deudas. Entonces ella vendió rodas sus
propiedades salvo la granja de Toucques y la de Gelfosses, cuyas rentas ascendían
como máximo a 5.000 francos, y abandonó su casa de Saint-Melaine para irse a
vivir a otra
INCIPIT 309. LIMONOV / EMMANUEL CARRERE
1
Hasta que Anna
Politkóvskaia fue abatida en la escalera de su inmueble, el
7 de
octubre de 2006, sólo las personas que se interesaban de cerca por las guerras
de Chechenia conocían el nombre de esta
periodista valiente, adversaria declarada de la
política de Vladímir Putin. De la noche a la mañana, su cara triste y resuelta se
convirtió en Occidente en un icono de la libertad de expresión. Yo
acababa entonces de rodar un documental en una pequeña ciudad rusa, pasaba
frecuentes temporadas en Rusia, y por eso, cuando
saltó la noticia, una revista me propuso que tomase el primer avión a Moscú. Mi misión no era
investigar el asesinato de Politkóvskaia, sino más bien recoger las
declaraciones de personas que la habían conocido y amado. Así pues,
pasé una semana en las oficinas de Nóvaia Gazeta,
el
periódico del que ella era la reportera estrella, pero también en las de las
asociaciones de defensa de los derechos humanos y de los comités
formados por madres de soldados muertos o mutilados en Chechenia. Las
oficinas
eran minúsculas, pobremente iluminadas y dotadas de
ordenadores vetustos. Los activistas que me recibían allí eran también muchas
veces personas de edad y su número era patéticamente exiguo. Es
un círculo
pequeño en el que todo el mundo se conoce y en donde no tardé en conocer a todo
el mundo,
INCIPIT 308. PERICLES EL ATENIENSE / REX WARNER
PRÓLOGO
EL FILOS0FO ANAXÁGORAS DE
CLAZOMENE ESCRIBE A ALGUNOS MIEMBROS DEL CONSEJO DE LA CIUDAD DE LAMPSACO
Mucho me honráis, amigos míos, al
pedirme que escriba, para enseñanza de las edades futuras, una relación de los
pensamientos y acciones de Pericles, el Ateniense, de cuya muerte acabamos de enterarnos.
Y tengo por lo menos dos razones para que me deleite la tarea que me pedís. En
primer lugar, Pericles era mi discípulo y mi amigo; me salvó la vida. De no
haber sido por él, nunca hubiera llegado a esta agradable ciudad de Lampsaco.
Por ello, se justifica que desee conmemorar y, en la medida de mis fuerzas,
hacer inmortal a un hombre a quien debo mucho y que me inspira gran consideración.
Pero tengo otros motivos, ya no de naturaleza
personal, que me impelen a escribir acerca de este gran hombre. Pues creo que
ha de admitirse que ha sido el más emprendedor, el más resuelto y el más
inteligente de todos los griegos de nuestra época. Dejando por completo a un
lado el encanto de su naturaleza y la brillantez de sus realizaciones,
constituye un personaje de importancia filosófica. Los méritos que le atribuyo
son, lo admito, grandes. Sin duda ninguna, cabe decir que Pericles era inferior
a TemÍstocles o a Cimón como general, a Esquilo o a Sófocles como poeta, a mí
mismo o a Parménides como filósofo. ¿Y entonces? Aspectos como los enumerados
no impiden que sea superior a todos nosotros. Como señalé de forma muy
cuidadosa en mi obra filosófica, en todo existen elementos de todo, si bien una
característica, cuando está bien acentuada, determinará la apariencia del conjunto.
INCIPIT 307. EL OLVIDO QUE SEREMOS / HECTOR ABAD FACIOLINCE
Un niño de la mano de su padre
1
En la casa vivían diez mujeres, un niño y un señor. Las mujeres eran Tatá, que había sido la niñera de mi abuela, tenía casi cien años, y estaba medio sorda y medio ciega; dos muchachas del servicio -Emma y Teresa-; mis cinco hermanas -Maryluz, Clara, Eva, Marta, Sol-; mi mamá y una monja. El niño, yo, amaba al señor, su padre, sobre todas las cosas. Lo amaba más que a Dios. Un día tuve que escoger entre Dios y mi papá, y escogí a mi papá. Fue la primera discusión teológica de mi vida y la tuve con la hermanita Josefa, la monja que nos cuidaba a Sol y a mí, los hermanos menores. Si cierro los ojos puedo oír su voz recia, gruesa, enfrentada a mi voz infantil. Era una mañana luminosa y estábamos en el patio, al sol, mirando los colibríes que venían a hacer el recorrido de las Bores. De un momento a otro la hermanita me dijo:
-Su papá se va a ir para el Infierno.
-¿Por qué? -le pregunté yo.
-Porque no va a misa.
-¿y yo?
-Usted va a irse para el Cielo, porque reza todas las noches conmigo.
ALTO ESTILO
De Entre paréntesis de Robeto Bolaño (Compactos, p.156-157)
¿Qué es Una casa para siempre?
Una tragedia y una comedia. Una epifanía y una invitación a la guillotina. Un
libro vilamatiano en estado puro y en estado de gracia. El drama de un ventrílocuo
que tiene voz propia, y esa virtud, que en algunos escritores es un ansia y una
búsqueda constante, en el ventrílocuo es una maldición, por razones obvias. El
estilo es un fraude, decía De Kooning, y Vila-Matas así lo cree. La voz propia
en un artista, ya sea escritor, pintor o ventrílocuo, es una bendición, pero
puede llevar o tal vez indefectiblemente lleva al conformismo, a la planicie, a
la monotonía. Cada obra, nos dice Vila-Maras asomado a las páginas de este
libro, debe ser un renovado salto en el vacío. Con o sin espectadores, pero un salto
en el vacío.
INCIPIT 306. A SANGRE Y FUEGO / MANUEL CHAVES NOGALES
¡MASACRE, MASACRE!
Al sol de la mañana la bomba de
aviación que cae es una pompita de jabón que en un instante raya el cielo azul
de arriba abajo. Vibra al sentirse herido el gran diapasón del espacio y,
luego, si se está cerca, se sufre en las entrañas un tirón de descuaje como si
le rebanasen a uno por dentro y le
quisieren volcar fuera. El estómago, que se sube a la boca, y el tímpano,
demasiado sensible para tan gran ruido, son los que más agudamente protestan.
Esto es todo. Mientras, el pajarito niquelado que ha puesto en medio del cielo su
huevecillo brillante y fugaz como una centella,
remonta el vuelo y pronto no es más que un punto perdido en la distancia.
Después, comienza el espectáculo
de la tragedia. ¿Dónde ha caído la bomba? Nadie lo sabe, pero todos suponen que
ha sido muy cerca, allí mismo, dos casas más allá a lo sumo. Resulta que
siempre es un poco más lejos de lo que se suponía. La gente acude presurosa al
lugar de la explosión. Los milicianos han cortado la calle con sus fusiles, y
los curiosos han de contentarse con ver desde lejos los vidrios hechos añicos
de balcones y ventanas y los cierres metálicos de las tiendas arrancados de
cuajo.
INCIPIT 305. LOS OJOS VENDADOS / SIRI HUSTVEDT
Aún hoy a veces creo verle en la
calle, de pie junto a una ventana o inclinado sobre un libro en una cafetería.
Y en ese instante, antes de caer en la cuenta de que se trata de otra persona,
se Me encoge el estómago y me quedo sin
respiración. Lo conocí hace ocho años. Yo acababa de graduarme en la
Universidad de Columbia. Ese verano hacía mucho calor y me costaba mucho dormir
por las noches. Me quedaba echada en mi apartamento de dos habitaciones en la
calle Ciento nueve Oeste escuchando los ruidos de la ciudad. Me dedicaba a .
leer, escribir y fumar hasta que se hacía de día, pero algunas noches en las
que el calor me abatía hasta el punto de impedirme trabajar, contemplaba a mis vecinos
desde la cama. Miraba a través de la ventana atrancada, por el estrecho
extractor al apartamento enfrente del mío y veía a los dos hombres que vivían
allí deambular de una habitación a otra, medio vestidos y sofocados de calor.
Un día de julio, no mucho antes de conocer a Mr. Morning, uno de los hombres se
acercó desnudo a la ventana. Había oscurecido y se quedó allí durante un buen
rato con el cuerpo iluminado desde atrás
por una lámpara amarilla. Me camuflé en la oscuridad de mi habitación y en
ningún momento supo que estaba allí.
INCIPIT 304. ROJOS Y BLANCOS / PIO BAROJA
I
A la cárcel
En verano de 1936 estaba yo en
Vera de Bidasoa en nuestra casa llamada Itzea. Veíamos con frecuencia, sobre
todo los días de fiesta, pasar autobuses llenos de gente obrera que venían la
mayorí de lrún. Muchos llevaban la bandera roja. Al pasar por delante de las
casas levantaban el puño cerrado en ademán de animosidad y cantaban con furia, aunque
desafinando horriblemente, la
Internacional. Ya se comprendía que los obreros estaban exaltados y pensando en
hacer algo revolucionario. Más chillones aún que los hombres eran las mujeres
y, al pasar delante de nuestra casa del barrio de Alzate, daban gritos
vitoreando a la Anarquía y a la Revolución Social. Unas semanas después, un médico
de Vera que tenía a su mujer enferma en un pueblo del camino llamado Almandoz, nos
dijo a uno de la policía y a mi que, si queríamos ir a ese pueblo a pasar la
tarde, nos llevaba en auto. El policía y yo aceptamos y fuimos. Al llegar al
pueblo, oímos decir que iba a pasar por la
carretera una columna de fuerzas carlistas de requetés que habían salido
de Pamplona.
INCIPIT 303. TIERRA / DAVID VANN
La vieja casa, los árboles
vetustos. La hierba, muy crecida, le producía comezón en las piernas. Pero él
intentaba concentrarse. Oír el no viento. Centrarse en la respiración. Que pasara
de largo el no yo.
Galen, le llamó su madre desde
dentro. Galen.
Respiró más profundamente,
tratando de que su madre pasara de largo.
Ah, estás ahí, dijo ella.
¿Tomamos el té?
Él no dijo nada. Centrado en su
respiración, con la esperanza de que ella se marchara. Pero, claro, él la
estaba esperando, esperando la hora del té.
Ayúdame a sacar la bandeja, dijo
ella, y él suspiró y dejó el libro y se puso de pie, las piernas acalambradas
de tenerlas cruzadas tanto tiempo.
Toma, dijo su madre al entrar él
en la cocina. Madera vieja bajo sus pies descalzos. Aspereza de barniz
descascarillado. Cogió la bandeja, antigua y pesada, de plata, la tetera de
plata, recargada, las tazas blancas de porcelana, todo lo que le deprimía, y
mientras tenía las manos ocupadas su madre se inclinó hacia él por detrás y le
plantó un beso, notó sus labios en la nuca y aquel ruidito supuestamente
simpático que hacía siempre, y eso le provocó un respingo y muchas ganas de
gritar.
INCIPIT 302. JOHN BANVILLE / ANTIGUA LUZ
Billy Gray era mi mejor amigo y
me enamoré de su madre. Puede que amor sea una palabra demasiado fuerte, pero
no conozco ninguna más suave que pueda aplicarse. Todo esto ocurrió hace medio
siglo. Yo tenía quince años y la señiora Gray treinta y cinco. Estas cosas son
fáciles de decir, pues las palabras no sienten vergüenza y nunca se sorprenden.
Puede que la sefiora Gray todavía viva. Ahora tendría, ¿cuántos, ochenta y
tres, ochenta y cuatro? Tampoco es muy mayor, para estos tiempos. ¿Y si
emprendiera su búsqueda? Sería toda una aventura. Me gustaría volver a enamorarme,
me gustaría volver a enamorarme, sólo una vez más. Podríamos seguir un
tratamiento de glándulas de mono, ella y yo, y volver a ser como hace cincuenta
años, entregados a nuestros éxtasis. Me
pregunto cómo le irá, suponiendo que siga en este mundo. En aquella época era tan desdichada, y
debe de haber sido tan desdichada, a pesar de su valerosa e inquebrantable
jovialidad, y de verdad espero que las cosas le fueran mejor.
¿ Qué recuerdo de ella ahora, en
estos días suaves y pálidos en que caduca el año? Imágenes del pasado remoto se
agolpan en mi cabeza, y la mitad de las veces soy incapaz de distinguir si son
recuerdos o invenciones. Tampoco es que haya mucha diferencia, si es que hay
alguna. Hay quien afirma que, sin darnos cuenta, nos lo vamos inventando todo,
adornándolo y embelleciéndolo, y me inclino a creerlo, pues Madame Memoria es
una gran y sutil fingidora.
INCIPIT 301. VICIO PROPIO / THOMAS PYNCHON
Uno
Ella vino por el callejón y subió
las escaleras traseras, como antes. Hacía un año que Doc no la veía. Que nadie
la había visto. Por entonces iba siempre en sandalias, con la parte de abajo de
un bikini estampado de flores y una camiseta desteñida de Country loe & the
Fish. Pero esa noche vestía de pies a
cabeza como una chica de tierra adentro y llevaba el pelo mucho más corto de lo
que él recordaba: la pinta que ella juraba, en el pasado, que nunca tendría.
-Eres tú, Shasta?
-Se cree que está alucinando.
-Supongo que es por el nuevo
envoltorio.
Los iluminaba la luz de la calle
que entraba a través de la ventana de la cocina, a la que nunca se había
molestado en poner cortinas, y desde la falda de la colina les llegaba el
estampido de
las olas. Algunas noches, con el
viento apropiado, se oía el oleaje en toda la ciudad.
-Necesito tu ayuda, Doc.
-¿Sabes que ahora tengo una
oficina?, ¿como un empleo normal y todo eso?
-Te busqué en el listín
telefónico; estuve a punto de pasarme por allí. Pero luego me dije: mejor para
todos que esto parezca una cita secreta.
Pues muy bien, nada romántico
esta noche. Mal rollo. Pero a lo mejor todavía caía algún encargo remunerado.
-Te vigilan?
-Acabo de tirarme una hora dando
vueltas por las calles de los alrededores para no llamar la atención.
NABOKOVIANA
Belleza más piedad: eso es lo más cerca que podemos llegar a una definición de arte. Donde hay belleza hay piedad, por la simple razón de que la belleza debe morir (VNabokov)
DE LAS CLASES SOCIALES
De viaje a pie, de Josep Pla, p.52
Lo cierto es que en 1936, para dar una fecha,
la clase payesa era la más pobre del país. El obrero industrial vivía muchísimo
mejor. Ahora sucede al revés. Los payeses viven hoy considerablemente mejor,
no sólo por tener el problema de la
comida automáticamente
resuelto, sino porque además todos los productos
que venden tienen una remuneración muy alta. La vida es cara y las convulsiones
políticas, económicas, sociales, tendieron siempre a la valoración de lo
necesario, de lo indispensable en detrimento de lo superfluo, contra lo
que sucede en épocas normales, en que la
abundancia crea el fenómeno contrario.
En Francia -por las noticias que tengo- ha
sucedido un fenómeno igual. Los payeses franceses, los paysans, no sólo
han comido durante los últimos trágicos años, sino que a sus arcas han ido a
parar todas las sucesivas monedas que desde el principio de la guerra se han
producido en el país vecino. Toda catástrofe produce escasez. La escasez coloca los productos de la tierra en
el centro mismo de la vida social. Por este
hecho, los productores agrarios se convienen en la clave de bóveda de la sociedad
entera. Desde 1917, la historia interna de Rusia no es más que una lucha feroz
-a veces larvada, a veces sangrienta entre campesinos y obreros industriales.
INCIPIT 300. LIBERTAD / JONATHAN FRANZEN
La noticia sobre Walter Berglund no
apareció en la prensa local - Patty y él se habían trasladado a Washington dos
años antes, y en Saint Paul ya no contaban para nadie--, pero la aristocracia
urbana de Ramsey Hill no era tan leal a su ciudad como para privarse de leer el
New York Times. Según un largo y nada halagüeño artículo de este periódico,
Walter había arruinado su vida profesional allá en la capital de la nación. Sus
antiguos vecinos tenían ciertas dificultades para conciliar los apelativos que
utilizaba el Times para describirlo ("arrogante», «prepotente»,
«éticamente dudoso») con el rubicundo, risueño y generoso empleado de 3M al que
recordaban pedaleando bajo la nieve de febrero por Surnmit Avenue, camino de la
oficina; resultaba extraño que Walter, más verde que los Verdes y él mismo de
origen rural, tuviera ahora problemas
por actuar en connivencia con la industria del carbón y abusar de la gente del
campo. Aunque, la verdad sea dicha, con los Berglund siempre había habido algo
que no terminaba de encajar.
Walter y Patty fueron los jóvenes
pioneros de Ramsey Hill. los primeros graduados universitarios en comprar una vivienda en Barrier
Street desde que tres décadas antes el antiguo· corazón de Saint Paul se viera
sumido en tiempos difíciles. Compraron su casa victoriana a precio de saldo y
luego, durante diez años, se dejaron la piel reformándola. Ya al principio,
alguien muy decidido le prendió fuego al garaje y forzó un par de veces la cerradura
del coche
13
INCIPIT 299. EL ADVERSARIO / ENMANUEL CARRERE
A Luc Ladmiral le habla
despertado el lunes, poco después de las 4 de la mañana, una llamada de Cottin,
el farmacéutico de Prévessin. Habla un incendio en casa de los Romand y estarla
bien que los amigos fuesen a salvar los muebles que pudiesen. Cuando Luc llegó,
los bomberos evacuaban los cadáveres. Se acordará toda su vida de los sacos de
plástico gris, precintados. en los que hablan metido a los niños: horripilaba
verlos. A Florence la hablan tapado solamente ron un abrigo. Su rostro,
ennegrecido por el humo, estaba intacto. Al alisar sus cabellos, en un gesto de adiós desolado, los dedos de Luc
tropezaron con algo exttaño. Palpó, giró con precaución
la cabeza de la joven y luego llamó a un bombero para mostrarle la llaga abierta
más arriba de la nuca. El bombero dijo que probablemente le habrla caído encima
una viga: la mitad del desván se había desplomado. A continuación, Luc montó en
el camión rojo donde hablan extendido a Jean-Claude, el único miembro de la
familia que todavía estaba vivo. El latido de su pulso era débil. Estaba en
pijama. inconsciente, quemado, pero ya fria como un muerto. llegada la
ambulancia, le transportó al Hospital de Ginebra. Era de noche, hacía frío
INCIPIT 298. DEMASIADA FELICIDAD / ALICE MUNRO
Dimensiones
Doree tenía que coger tres autobuses, uno hasta Kincardine, donde
esperaba el de London, donde volvía a esperar el autobús urbano que la llevaba
a las instalaciones. Empezaba la excursión el domingo a las nueve de la mañana.
Debido a los ratos de espera entre un autobús y otro eran casi las dos de la
tarde cuando había recorrido los ciento sesenta y pocos kilómetros. Sentarse en
los autobuses ~ en las terminales no le importaba. Su trabajo cotidiano no era
de los de estar sentada.
Era camarera del Blue Spruce Inn. Fregaba baños, hacía y
deshacía camas, pasaba la aspiradora por las alfombras y limpiaba espejos. Le
gustaba el trabajo, le mantenía la cabeza ocupada hasta cierto punto y acababa
tan agorada que por la noche podía dormir. Rara vez se encontraba con un auténtico desastre, aunque
algunas de las mujeres con las que trabajaba contaban historias de las que
ponen los pelos de puma. Esas mujeres eran mayores que ella y pensaban que Doree
debía intentar mejorar un poco. Le decían que debla prepararse para un trabajo
cara al público mientras fuera joven y tuviera buena presencia. Pero ella se conformaba con lo que había. No quería tener
que hablar con la gente.
Ninguna de las personas con las que trabajaba sabía qué había
pasado. O, si lo sabían, no lo daban a entender.
INCIPIT 297. EN LA ORILLA / RAFAEL CHIRBES
26 de diciembre de 2010
El primero en ver la carroña es Ahmed Ouallahi.
Desde que Esteban cerró la carpintería hace más de un mes,
Ahmed pasea todas las mañanas por La Marina. Su amigo Rachid lo lleva en el
coche hasta el restaurante en que trabaja como pinche de cocina, y Ahmed camina
desde allí hasta el rincón del pantano donde planta la caña y echa la red. Le
gusta pescar en el marjal, lejos de los mirones y de los guardias. Cuando cierran la cocina del restaurante -alas tres y
media de la tarde-, Rachid lo busca y, sentados en el suelo a la sombra de las
cañas, comen sobre un mantel tendido en la hierba. Los une la amistad, pero también se brindan un servicio
mutuo. Pagan a medias la gasolina del viejo Ford Mondeo de Rachid, una ganga
que consiguió por menos de mil euros y ha resultado ser una ruina porque, según dice, traga gasolina con
la misma avidez con que un alemán bebe cerveza. Desde Misent al restaurante hay
quince kilómetros, lo que quiere decir que, sumando ida y vuelta, el coche se chupa tres litros. A casi
uno treinta el litro, suponen unos cuatro euros diarios sólo en combustible, ciento
veinte al mes, a descontar de un sueldo que apenas llega a los mil, ése es el
cálculo que le hace Rachid a Ahmed
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POESIA
De Los detectives salvajes de
Bolaño, p.35
Para colmo me permito hacer una
observación un tanto banal acerca de Sor Juana, lo que la predispone aún más en
mi contra (un albur nada oportuno sobre los archifamosos versos; Hombres necios
que acusáis / a lo mujer sin razón, / sin ver que sois /la ocasión / de lo
mismo que culpáis y que luego intenté vanamente remediar recitando aquellos de
Deténte, sombra de mi bien esquivo, / imagen del hechizo que más quiero, / bella
ilusión por quien alegre muero, / dulce
ficción por quien penosa vivo).
INCIPIT 296, ENSAYOS & DISCURSOS / WILLIAM FAULKNER
Sermón funerario por Mammy Caroline Barr
Llevado a cabo en Oxford, Mississippi, el 4 de febrero de 1940
Caroline me ha conocido toda mi vida. Fue un privilegio para mí verla fuera de la suya. Después de la muerte de mi padre, para Mammy vine a representar la cabeza de esa familia a la cual ella había dado medio siglo de fidelidad y devoción. Pero la relación entre nosotros nunca se convirtió en la de señor y siervo.
Ella todavia permanecía como uno de mis recuerdos más tempranos, no sólo como persona, sino como fuente de autoridad acerca de mi conducta y de seguridad para mi bienestar físico, y de activo y constante afecto y amor. Ella era un activo y constante precepto para el comportamiento decente. De ella aprendí a decir la verdad, a refrenar el gasto, a ser considerado con el débil y respetuoso con el mayor. Vi fidelidad a una familia que no era la suya, devoción y amor hacia gente que no había parido.
Había nacido siendo esclava y con una oscura piel y la mayoría de su temprana madurez la pasó en un tiempo oscuro y trágico para la tierra de su nacimiento. Ella atravesó vicisitudes que no había causado; asumió preocupaciones y aflicciones que ni siquiera eran las suyas. Se le pagó un sueldo por ello, pero pagar aún es sólo dinero. Y ella nunca recibió mucho, de modo que nunca almacenó ninguno de los bienes de este mundo. Aunque también lo aceptó sin reparo ni cálculo ni queja, de modo que debido a ese mismo fallo se ganó la gratitud y el afecto de la familia a la que había conferido la fidelidad y la devoción, y obtuvo la aflicción y el lamento de los extraños que la amaron y la perdieron. Ella nació y vivió y sirvió y murió y ahora es llorada; si existe un cielo, ella ha ido allí.
MENTIRAS
De En la orilla, de Rafael Chirles, p.161
Como en el caso de los que acuden a la iglesia, tu actitud me confirma que lo que mejor soporta el paso del tiempo es la mentira. Te acoges a ella y la sostienes sin que se deteriore. En cambio, la verdad es inestable, se corrompe, se diluye, resbala, huye. La mentira es como el agua, incolora, inodora e insípida, eL paladar no la percibe, pero nos refresca.
Como en el caso de los que acuden a la iglesia, tu actitud me confirma que lo que mejor soporta el paso del tiempo es la mentira. Te acoges a ella y la sostienes sin que se deteriore. En cambio, la verdad es inestable, se corrompe, se diluye, resbala, huye. La mentira es como el agua, incolora, inodora e insípida, eL paladar no la percibe, pero nos refresca.
REALIDAD
De Vivio propio de Pynchon, p. 44
-iEh! iDespierta!, si parece que seamos Feliz y Mudito brincando por el Reino Mágico, cuando de lo que se trata aquí es de lo que llamamos ... "realidad"
-iEh! iDespierta!, si parece que seamos Feliz y Mudito brincando por el Reino Mágico, cuando de lo que se trata aquí es de lo que llamamos ... "realidad"
DIOS
De Un corazón sencillo de Flaubert, p. 68-69 (Valdemar)
En la iglesia, siempre contemplaba al Espíritu Santo, y observó que tenía cierto parecido con el loro. Su semejanza le resultó aún más manifiesta en una imagen de Épinal que representaba el bautismo de Nuestro Señor. Con sus alas de púrpura y su cuerpo de esmeralda, era verdaderamente el retrato de Lulú.
Lo compró, y luego lo colgó en lugar del conde de Artois; de manera que, de un solo vistazo, los tenía a los dos. Se asociaron en su pensamiento, de modo que el loro se encontró santificado por aquella relación con el Espíritu Santo, que así se hada más vivo e inteligible. El Padre, para enunciarse, no había podido elegir una paloma, puesto que esos animales no tienen voz, sino más bien a uno de los ancestros de Lulú. Y Félicité rezaba mirando la imagen, pero de cuando en cuando se volvía un poco hacia el pájaro.
En la iglesia, siempre contemplaba al Espíritu Santo, y observó que tenía cierto parecido con el loro. Su semejanza le resultó aún más manifiesta en una imagen de Épinal que representaba el bautismo de Nuestro Señor. Con sus alas de púrpura y su cuerpo de esmeralda, era verdaderamente el retrato de Lulú.
Lo compró, y luego lo colgó en lugar del conde de Artois; de manera que, de un solo vistazo, los tenía a los dos. Se asociaron en su pensamiento, de modo que el loro se encontró santificado por aquella relación con el Espíritu Santo, que así se hada más vivo e inteligible. El Padre, para enunciarse, no había podido elegir una paloma, puesto que esos animales no tienen voz, sino más bien a uno de los ancestros de Lulú. Y Félicité rezaba mirando la imagen, pero de cuando en cuando se volvía un poco hacia el pájaro.
INCIPIT 295. LOS DISPAROS DEL CAZADOR / RAFAELCHIRBES
Llamo a Ramón, mi criado, y le
pido que me ayude a salir, y me abrazo a él, que me envuelve en una toalla y me
habla en voz baja, repitiendo muchas veces las mismas palabras como si quisiera
hipnotizarme. Las gotas de agua se quedan en el mármol del suelo, junto a la bañera, como
los restos de una belleza destruida.
Antes, cuando
mi hijo traía a Roberto para que pasara con nosotros las tardes de domingo,
encontraba en sus ojos infantiles destellos de esa belleza. Pensaba que dentro
de él crecían los colores que luego habrían de perseguirlo para siempre. Mi propia
mirada descubría las fuentes en las que bebía: el sol dibujando una telaraña en
el jardín, el libro de los animales, las colecciones de cromos, la caja de
metal en la que Eva guardaba golosinas
que extraía con su mano deforme por la artrosis, pero que a Roberto le parecía
la de un mago, el cajón de las viejas
fotografías. A veces, cuando lo sentía extasiado en mis brazos, deseaba su
felicidad, su muerte.
Ramón me coge
del brazo y me conduce a lo largo del pasillo
desde el salón donde he permanecido oyendo la radio, hasta mi cuarto. Se pone
del lado derecho. Siempre es así. Avanzamos juntos por el pasillo, él
flanqueándome el lado derecho.
BENETIANA
De Otoño en Madrid hacia 1950, de
Juan Benet
A veces siento que hay una
clandestina afinidad entre edades, estaciones y horas que no se manifiesta en
el instante pero que emerge lentamente de una memoria que la registró con una tinta simpática que sólo el
tiempo saca a la superficie del recuerdo.
OBLOMOVIANA
Abrió la puerta con un aspecto de lo más desaliñado.Llevaba el pelo, húmedo de sudor, revuelto y dos botones de la camisa sueltos. Evíté mirar su rostro congestionado y posé la vista en la familiar habitación. Las persianas seguían bajadas. ¿Cómo podía soportar la oscuridad?, recuerdo que pensé. Hizo una leve inclinación y sonrió.
-Le ruego excuse mi aspecto, Miss Davidsen. Estaba durmiendo y se me ha pasado la hora. En estos momentos contempla mi lado Oblomov ... sólo medio despierto. Pero me temo que el batín de brocado tendrá que imaginárselo. Y para mi infinita desgracia no hay ninguna Zakhar.
Cuando dijo la palabra «durmiendo. sentí una débil contracción en mi pecho. Está mintiendo, pensé. No dormía. Estaba escuchando las cintas.
EL ARTE POR EL ARTE
Carta de Conrad a Sir Sydney Colvin
“Tal vez no me encuentre usted demasiado presuntuoso si, al cabo de veintidós años de trabajo, me atrevo a decir que no he acabado de ser comprendido. Se me ha llamado un escritor del mar, de los trópicos, un escritor descriptivo, un escritor romántico, y también un realista. Pero, a decir verdad, toda mi preocupación ha sido el valor ideal de las cosas, de los acontecimientos y de las personas. Esto, y nada más. Los aspectos irónicos, apasionados, sentimentales, se han presentado por sí solos, mais en vérité, c' est les valeurs idéales des faits et gestes humains qui se sont imposés a mon activité artistique. Sean cuales fueren las dotes de dramaturgo o de cuentista que pueda yo tener, siempre han sido instintivamente empleados con el único objeto de alcanzar y reproducir los valores ideales”
“Tal vez no me encuentre usted demasiado presuntuoso si, al cabo de veintidós años de trabajo, me atrevo a decir que no he acabado de ser comprendido. Se me ha llamado un escritor del mar, de los trópicos, un escritor descriptivo, un escritor romántico, y también un realista. Pero, a decir verdad, toda mi preocupación ha sido el valor ideal de las cosas, de los acontecimientos y de las personas. Esto, y nada más. Los aspectos irónicos, apasionados, sentimentales, se han presentado por sí solos, mais en vérité, c' est les valeurs idéales des faits et gestes humains qui se sont imposés a mon activité artistique. Sean cuales fueren las dotes de dramaturgo o de cuentista que pueda yo tener, siempre han sido instintivamente empleados con el único objeto de alcanzar y reproducir los valores ideales”
NABOKOVIANA
Del prólogo de Zadie Smith a “Un forastero en Lolitalandia”, de Gregor von Rezzori
En una ocasión, Nabokov afirmó que “la mediocridad florece con las ideas. Cuanto más grande es el problema, menos me interesa. Algunos de mis mejores intereses son manchas microscópicas de color”. Como podremos ver, Rezzori también se ve forzado por el color, aunque no está por la labor de discutir sus ideas, en especial sus ideas sobre la historia, de forma franca y explícita. Esto es algo a lo que Nabokov rara vez se atrevía, prefiriendo tocar asuntos dolorosos sólo por encima, por el temor a resultar sentimental. En Pnin, el incompetente profesor afirma de repente de forma tragicómica: “¡La historia de la humanidad es la historia del dolor!”. En Lolita, el dolor de un continente se ve reflejado a través de la psicopatía de un solo hombre.
En una ocasión, Nabokov afirmó que “la mediocridad florece con las ideas. Cuanto más grande es el problema, menos me interesa. Algunos de mis mejores intereses son manchas microscópicas de color”. Como podremos ver, Rezzori también se ve forzado por el color, aunque no está por la labor de discutir sus ideas, en especial sus ideas sobre la historia, de forma franca y explícita. Esto es algo a lo que Nabokov rara vez se atrevía, prefiriendo tocar asuntos dolorosos sólo por encima, por el temor a resultar sentimental. En Pnin, el incompetente profesor afirma de repente de forma tragicómica: “¡La historia de la humanidad es la historia del dolor!”. En Lolita, el dolor de un continente se ve reflejado a través de la psicopatía de un solo hombre.
INCIPIT 294. LAS LEYES DE LA FRONTERA / JAVIER CERCAS
1
-¿Empezamos?
-Empezamos. Pero antes déjeme hacerle otra pregunta. Es la última.
-Adelante.
-¿Por qué ha aceptado escribir este libro?
-¿No se lo he dicho ya? Por dinero. Me gano la vida escribiendo.
-Sí, ya lo sé, pero ¿solo ha aceptado por eso?
-Bueno, también es verdad que no siempre se le presenta a uno la oportunidad de escribir sobre un personaje como el Zarco, si es a eso a lo que se refiere.
-¿Quiere decir que el Zarco le interesaba antes de que le ofrecieran escribir sobre él?
-Claro, igual que a todo el mundo.
-Ya. De todos modos la historia que voy a contarle no es la del Zarco sino la de mi relación con el Zarco; con el Zarco y con ...
-Ya lo sé, también hemos hablado de eso. ¿Podemos empezar?
-Podemos empezar.
-Cuénteme cuándo conoció al Zarco.
-A principios de verano del 78. Aquella era una época extraña. O yo la recuerdo así. Hacía tres años que Franco había muerto, pero el país continuaba gobernándose por leyes franquistas y oliendo exactamente a lo mismo que olía
15
-¿Empezamos?
-Empezamos. Pero antes déjeme hacerle otra pregunta. Es la última.
-Adelante.
-¿Por qué ha aceptado escribir este libro?
-¿No se lo he dicho ya? Por dinero. Me gano la vida escribiendo.
-Sí, ya lo sé, pero ¿solo ha aceptado por eso?
-Bueno, también es verdad que no siempre se le presenta a uno la oportunidad de escribir sobre un personaje como el Zarco, si es a eso a lo que se refiere.
-¿Quiere decir que el Zarco le interesaba antes de que le ofrecieran escribir sobre él?
-Claro, igual que a todo el mundo.
-Ya. De todos modos la historia que voy a contarle no es la del Zarco sino la de mi relación con el Zarco; con el Zarco y con ...
-Ya lo sé, también hemos hablado de eso. ¿Podemos empezar?
-Podemos empezar.
-Cuénteme cuándo conoció al Zarco.
-A principios de verano del 78. Aquella era una época extraña. O yo la recuerdo así. Hacía tres años que Franco había muerto, pero el país continuaba gobernándose por leyes franquistas y oliendo exactamente a lo mismo que olía
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CURRICULO
- BREVE CURRICULO
Pedro Incio Piñeiro nació en La Coruña el 18 de junio de 1959 –coincidiendo con la primera huelga general pacífica celebrada en España desde 1936 (con escaso éxito –la huelga, no el nacimiento-)-, hijo de Pedro I, de profesión marinero, y de Nicolasa, pescantina; después de unos interesantes estudios de Bachillerato se licenció en Geografía e Historia, especialidad de Historia de América, por la Universidad Central de Barcelona; posteriormente se licenció en la especialidad de Historia del Arte Moderno y Contemporáneo por la Universidad de Santiago de Compostela. Aún después consiguió el Diploma de Estudios Avanzados en los cursos de doctorado de la Facultad de Humanidades de la Universidade da Coruña.
Se recibió de bibliotecario y opositó con éxito a una plaza de la Escala de Ayudantes de Archivos, Bibliotecas y Museos de la Universidad de Santiago y posteriormente al Cuerpo Facultativo de Archivos, Bibliotecas y Museos de la Universidade da Coruña; en la actualidad desarrolla sus labores profesionales como Jefe de la Sección de Información y Coordinación del Servicio de Bibliotecas de la Universidade da Coruña. Además de ello es profesor asociado de las materias “Literatura gris” e “Industria editorial” en la Licenciatura de Biblioteconomía y Documentación de la Universidade da Coruña.
Está divorciado y tiene tres hijos: Víctor, Cristina y Pedro III.
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