Te quiero más que a la salvación de mi alma

Te quiero más que a la salvación de mi alma
Catalina en Abismos de pasión de Luis Buñuel

MARILYN Y SU MADRE

Blonde: una novela sobre MM, JC Oates, p. 394
-De todos los enigmas, madre, hay uno que me parece el más incomprensible --dijo con aire pensativo--. Que algunos “existimos”, pero la mayoría, no. Un filósofo griego dijo que no hay nada tan agradable como no existir, pero yo no estoy de acuerdo, ¿y tú? Porque en ese caso estaríamos privados del conocimiento. Hemos conseguido nacer y eso ha de significar algo. ¿Dónde estábamos antes de nacer? Una amiga mía llamada Nell, una actriz que trabaja conmigo en La Productora, dice que se pasa toda la noche en vela, atormentada por esa clase de preguntas. ¿Qué significa nacer? Cuando muramos, ¿todo será igual que antes de que naciéramos? ¿O habrá una nada diferente? Porque quizá entonces conservaríamos el conocimiento. La memoria.
Gladys se removió en la silla, incómoda, pero no respondió.
Gladys, lamiéndose los pálidos labios.
Gladys, la mujer que guardaba secretos.
Fue entonces cuando Norma Jeane se fijó en las manos ajadas de su madre. Fue entonces cuando recordó que, en la sala de visitas del hospital, las había visto enlazadas sobre las rodillas de Gladys, y más tarde hundidas en su regazo. Las manos de la madre cerradas en puños. O abiertas, con los delgados e inquietos dedos acariciándose unos a otros. Las uñas mordidas, rotas, rodeadas de sangre, clavándose las unas en las otras. En ocasiones, las manos de Gladys parecían disputarse el control. Incluso cuando la mujer aparentaba una indiferencia propia de una sonámbula, allí, sobre su regazo, estaba la prueba de su actitud alerta, de su agitación. Las manos son su secreto. ¡Ha revelado su secreto!
La Bella Princesa devolvió a su madre al Pabellón C del Hospital Psiquiátrico de Norwalk para que la cuidaran. La Bella Princesa se enjugó las lágrimas y se despidió de su madre con un beso. Con delicadeza, desató el vaporoso pañuelo negro del cuello de la mujer madura y lo colocó alrededor de su hermoso cuello sin arrugas.

-¡Perdóname, madre! Te quiero.

MARILYN SIN ESTADO

Blonde: una novela sobre MM, JC Oates, p.777
Buena parte del tiempo que pasó en el hospital estuvo callada. Yacía con los hinchados ojos entornados, como si flotase un poco por debajo de la superficie del agua. Una misteriosa sustancia le entraba gota a gota en las venas y por las venas le llegaba al corazón. Su respiración era tan superficial que el Dramaturgo no estaba seguro de que respirase en realidad, y si el Dramaturgo daba una ligera cabezada, un velo de un blanco destellante en su cerebro, porque estaba agotado, porque no era joven, porque estaba perdiendo los siete kilos de más que tenia desde que se había casado, despertaba aterrorizado por la posibilidad de que su mujer hubiera dejado de respirar. Le cogía las manos, para garantizarle la vida. Le acariciaba las hinchadas y yertas manos. ¡Pobres manos lastimadas! Viendo con horror que aquellas manos eran más bien pequeñas y de dedos cortos, manos vulgares, con una franja de mugre  bajo las mordisqueadas uñas. Su pelo, su famoso pelo, oscurecido en las raíces, seco, quebradizo y raleante. Le murmuraba con voz queda, como a una niña: “Te amo, queridisima Norma. Te amo”, con la certeza de que ella lo oiría. Ella también lo amaba, y lo perdonaría. Y de repente, al atardecer del tercer día, le sonrió. Le cogió las manos y pareció revivir.
¡El genio del actor! Sacar energía de las indescriptibles profundidades del alma. No podemos abarcarle. No es extraño que te temamos. Estamos en una lejana orilla, alargándote las manos con veneración .

-Volveremos a intentarlo, ¿verdad, papá? las veces que haga falta. -Quien no había abierto la boca durante días se puso a hablar con rapidez. Estuvo enérgica e implacable. Sus ojos de  enferma brillaban. El marido no quería que ella le viese la cara-. No nos rendiremos nunca, ¿verdad, papá? Nunca. ¿Me lo prometes? 

LECCIONES DE SEXO

Blonde, una novela sobre MM, JC Oates, p. 177-178
-Quizá la noche de bodas deberías beber de más --decía Elsie-. No digo que te emborraches, pero sí que te achispes un poco con champán. Por lo general el hombre se pone encima de la mujer y ella está preparada para recibirlo, o debería estarlo. No duele.
Norma Jeane se estremeció. Miraba a Elsie de reojo con gestodesconfiado.
-¿No duele?
-No siempre.
-Ay, tía Elsie. Todo el mundo dice que duele.
-Bueno, a veces --concedió Elsie. Al principio.
-Pero la mujer sangra, ¿no es cierto?
-Si es virgen, tal vez.
-Entonces ha de doler. Elsie suspiró .
-Supongo que eres virgen, ¿no? -Norma Jane asintió con solemnidad y Elsie, violenta, explicó-: Bueno. Tu marido te prepara. Ahí abajo. Entonces te mojas y estás listas. ¿Nunca te ha pasado?
-¿Qué cosa? -preguntó Norma Jeane con voz temblorosa.
-Si has deseado hacer el amor.
Norma Jeane sopesó la cuestión.
-Casi siempre me gusta que me besen y me encanta que me abracen. Como a una muñeca. Aunque entonces la muñeca soy yo.
-Rió como solía hacerlo, con voz aflautada, asustada, chillona-. Si  cierro los ojos, ni siquiera sé quién lo hace. Cuál de ellos es.
-¡Qué cosas dices, Norma Jeane!
-¿Por qué? Sólo son besos y abrazos. ¿Qué importancia tiene quién sea el chico?
Elsie meneó la cabeza, un tanto escandalizada. ¿Qué importancia tenía? Que la condenaran si lo sabía. Pensaba en que Warren la habría matado si hubiera besado a otro hombre, y ¡qué decir si hubiera tenido una aventura! Claro que él le había sido infiel muchas veces y ella había sufrido y se había puesto furiosa, le había dicho lo que pensaba de él, loca de celos, llorando, y él lo había negado todo aunque era evidente que disfrutaba con la reacción de su esposa. Era parte del juego, parte del matrimonio, ¿no? Al menos en la juventud.

-Debes ser fiel a un solo hombre -declaró Elsie con falsa indignación-. «En la enfermedad y en la salud, hasta que la muerte os separe.» Son cosas de la religión, supongo. Quieren asegurarse de que si tienes hijos, éstos sean de tu marido y no de otro. Te casarás con una ceremonia cristiana. Yo me ocuparé de ello.

INCIPIT 541. CUANDO ERAMOS MAYORES / ANNE TAYLER

Érase una vez una mujer que descubrió que se había convertido en la persona equivocada. Para entonces tenía cincuenta y tres años, y ya era abuela. Una abuela grandota, blandita, con hoyuelos en las mejillas y dos mechones cortos, rubios y resecos que le caían casi horizontalmente, como dos alas, a ambos lados de la raya central. Patas de gallo junto al rabillo de los ojos. Prendas sueltas de colores vivos que acercaban peligrosamente su estilo de vestir al de las vagabundas que arrastran sus pertenencias en grandes bolsas. Pueden darlo por seguro: la mayoría de la gente de su edad diría que ya era demasiado tarde para cambiar. Lo hecho, hecho está, dirían. Para qué intentar modificar las cosas a esas alturas. También Rebecca estuvo a punto de decírselo. Pero no lo dijo.

El día que lo descubrió estaba de merienda campestre en el río North Folk, en el condado de Baltimore. Era un domingo. 

MARILYN EN ESTADO

Blonde, una novela sobre MM, JC Oates, p. 321
Ella, su hija, nacería el día de Año Nuevo de 1950.
En una época de explosiones radiactivas secretas. Fuertes vientos cálidos soplaban sobre las salinas de Nevada. Sobre los desiertos del oeste de Utah, las aves alcanzadas en pleno vuelo caían en picado a la tierra como pájaros de dibujos animados. Antílopes, pumas, coyotes moribundos. Los ojos de las liebres reflejaban terror. En los ranchos de Utah que rodeaban los restringidos campos de pruebas del desierto de Great Salt Lake, morían vacas, caballos, ovejas. Era un tiempo de «pruebas nucleares defensivas». Un tiempo de tragedias y alerta constante. Aunque la guerra había terminado en agosto de 1945 y ya había empezado el añio 1950, una nueva década.
También era la época de los platillos volantes: «objetos voladores no identificados» detectados sobre todo en el cielo del oeste de Estados Unidos. Aunque algunos verían estos artefactos planos y veloces también en el noroeste. Millares de luces parpadeantes, apariciones y desapariciones casi instantáneas. A cualquier hora del día o de la noche, aunque más a menudo de la noche, uno podía divisar alguno al alzar la vista. Los fogonazos podían cegarte y los feroces vientos calientes dejarte sin respiración. Una atmósfera de peligro y al mismo tiempo de profunda trascendencia. Como si el cielo se abriera y nos revelara lo que estaba detrás, oculto hasta el momento.

En el otro extremo del mundo, lejano como la luna, los misteriosos soviéticos hacían detonar sus bombas nucleares. Eran demonios comunistas empeñados en la aniquilación de los cristianos. Era imposible hacer una tregua con ellos, igual que con cualquier demonio. Sólo era cuestión de tiempo -¿meses?, ¿semanas?, ¿días?
En la imagen Eva al desnudo (1950)

INCIPIT 540. EL REY PALIDO / DAVID FOSTER WALLACE

Más allá de las llanuras de franela y de las gráficas de asfalto y de los horizontes inclinados de óxido, y más allá del río de color marrón tabaco resguardado por los árboles llorones y salpicado por las monedas de luz de sol que traspasan sus copas para alcanzar la corriente, hasta el lugar que hay detrás del cortavientos, donde los campos sin cultivar bullen ruidosamente a fuego lento bajo el calor matinal: sorgo, quelite cenizo, lambedora, zarzaparrilla, juncia real, higuera del infierno, menta silvestre, diente de león, zacate, muscadinia, repollo espinoso, solidago, hiedra terrestre, abutilón, hierba mora, ambrosía, avena silvestre, algarroba, rusco, habichuelas asilvestradas y remetidas en sus vainas, todas como cabezas meciéndose suavemente bajo una brisa matinal que es como la suave mano de una madre en tu mejilla. Una flecha de estorninos disparada desde el techado del cortavientos. El centelleo de un rocío que jamás se mueve y que se pasa el día soltando vapor. Un girasol, cuatro más, uno de ellos encorvado, y una serie de caballos a lo lejos que están igual de rígidos y quietos que si fueran de juguete. Todos meciendo la cabeza. Los ruidos eléctricos de los insectos atareados. La luz del sol del color de la cerveza y un cielo pálido y volutas de cirros tan altos que no proyectan sombra. Insectos atareados todo el tiempo. Cuarzo y pedernal y esquisto y costras de contrita ferrosa en el granito. Una tierra muy antigua. Mira a tu alrededor. El horizonte tiembla, sin forma. Somos todos hermanos.
Entonces aparecen unos cuervos en las alturas, tres o cuatro, no una bandada, silenciosamente concentrados, rumbo al maíz de los pastos detrás de cuya alambrada un caballo le huele el trasero a otro mientras el caballo de delante levanta amablemente la cola. La marca de tus zapatos grabada en el rocío. Brisa con olor a alfalfa. Abrojos en el calcetín. Raspaduras dentro de una alcantarilla

CARIÑO

París, Marcos Giralt Torrente. p.157
 No hay planos que rijan de manera fiable nuestro trato con los demás, no hay patrones fijos ni aunque el sentimiento primordial que nos gobierna sea el del afecto. ¿Por qué ante el mismo estímulo unas veces reacciono con ira y otras con tolerancia o, incluso, complacencia? ¿Por qué un hecho tan cotidiano como contemplar a alguien querido coger la taza del desayuno puede precipitarme, según el día, del agrado a la repulsión extrema? ¿Por qué una mirada basta a veces para que me crea vacunado contra cualquier desgracia futura y otras, en cambio, es precisamente esa misma mirada lo que hace que me sumerja en la más ciega melancolía? Solemos pensar en nosotros como seres inamovibles, asentados sobre códigos y gustos fijos, cuando en realidad estamos en perpetua lucha con nosotros mismos. Decimos frases como Te quiero o No puedo soportarte más y tendemos a creer que estas frases definen el estado de nuestra alma, cuando lo cierto es que las alternamos con el viento de sentimientos siempre mudables. Por eso los amantes jóvenes, que están más cercanos a esa edad en la que el fluir de las apetencias no ha sido todavía domado por la convención ni el interés, se comunican sin pausa su amor. Te quiero, dicen. ¿Me quieres?, preguntan. Necesitan del refrendo constante de su cariño porque saben que nada es perpetuo, que lo que es válido para este momento concreto puede no serlo al momento siguiente, que hasta el sentimiento más sincero puede cambiar en cuestión de minutos.

MM

Blonde: una novela sobre MM, JC Oates, p. 284-285
Hablaban con entusiasmo entre sí y no me hacían caso como suelen hacer los hombres como si yo no estuviera allí entonces reconocí la voz misteriosa de mis sueños la voz de los presagios y premoniciones de hecho eran dos voces, voces masculinas hablando de mí pero no conmigo Uno de los ayudantes del señor X le había pasado una lista de nombres femeninos y él y el señor Shinn discutían al respecto
Moira Mona Mignon Miriam Marilyn Mina Mavis
y el apellido sería «Miller» Me molestó que no me consultaran porque ahí estaba yo, sentada entre los dos pero prácticamente invisible para ellos Detestaba que me trataran como a una niña y me acordé de Debra Mae cuyo nombre habían cambiado contra su voluntad «Marilyn» no me gustaba en el orfanato había una celadora que se llamaba así y era odiosa y «Miller» no me parecía un apellido bonito ¿Por qué era mejor que el de «Baken~. que ni siquiera consideraron? Traté de explicarles que me habría gustado conservar por lo menos «Norma» había crecido con ese nombre y siempre sería mi nombre pero se negaron a escucharme
Marilyn Miller Moira Miller Mignon Miller
querían el sonido MMMMMM lo pronunciaban como si cataran un vino dudando de su calidad entonces el señor Shinn se dio una palmada en la frente diciendo ya existe una actriz llamada Marilyn Miller, trabaja en Broadway y el señor X soltó una maldición porque estaba perdiendo la paciencia me apresuré a proponer qué tal “Norma Miller” pero los hombres seguían sin escucharme añadí con tono suplicante que el apellido de mi abuela era «Monroe» en eso el señor X chasqueó los dedos como si la idea acabara de ocurrírsele a él y él y el señor Shint dijeron al unísono como en una película
Mari-lyn Monroe
¡saboreando el sonido rumoroso!
MARl-LYN MONROE
lo repitieron varias veces riendo y felicitándose el uno al otro y a mí y eso zanjó la cuestión
MARlLYN MONROE

sería mi nombre artístico y con él figuraría en los títulos de crédito de Scudda-Hoo! Scudda-Hay! Ahora eres una auténtica starlet dijo el señor Shinn con un guiño Estaba tan contenta que lo besé y también al señor X y a todos los que estaban cerca y ellos estaban contentos por mí

MENAGE A TROIS

Blonde: una novela sobre MM, JC Oaptes, p.420
Le había costado identificar a los hombres, aunque, naturalmente, los conocía: Cass Chaplin y Eddy G Robinson, hijos de padres célebres que los despreciaban, príncipes destronados. Eran pobres, pero vestían ropa cara. No tenían casa, pero vivían con lujo. Se rumoreaba que bebían en exceso y que consumían drogas peligrosas, pero quién lo diría al verlos: eran el prototipo perfecto del americano joven y viril. ¡ Cass Chaplin y Eddy G habían ido a buscarla! ¡La querían! A ella, a quien otros hombres despreciaban, usaban y tiraban corno si fuera un pañuelo de  papel. De acuerdo con la historia que los jóvenes contaban una y otra vez, Norma Jjeane llegó a la conclusión de que habían asistido a la fiesta del magnate de Texas con el único propósito de verla a ella.

Lo que no podía saber entonces era que harían posible mi vida. Que, entre muchas otras cosas, me permitirían interpretar a Rose. Uno de ellos la arrojó sobre la arena fría y húmeda,  compacta como si fuera tierra. Ella luchaba, riendo, con el vestido desgarrado y el portaligas y las medias de encaje negro, torcidos. El viento le alborotaba el pelo y le hacía llorar los ojos, de modo que no veía prácticamente nada. Cass Chaplin comenzó a besarla en la boca, primero con suavidad y luego con creciente pasión, metiéndole la lengua, recuperando el tiempo perdido. Nonna Jeane se abrazó a él desesperadamente, rodeándole la cabeza con los brazos, mientras Eddy G se arrodillaba para bajarle las bragas y por fin las desgarraba. La acarició con sus hábiles dedos, y con su lengua igualmente hábil la besó entre las piernas, frotando,  estregando, moviéndose a un ritmo vertiginoso; Norma Jane enlazó las piernas alrededor de los hombros y la cabeza del joven: comenzaba a balancear las cadera, estaba a punto de correrse, de modo que Eddy, rápido y ágil como si hubiera practicado esa maniobra muchas veces, se puso de cuclillas sobre ella mientras Cass adoptaba la misma postura sobre su cara, y los dos la penetraron: el delgado pene de Cass en la boca y el más grueso de Eddy en la vagina, empujando con rapidez y maestría hasta que la chica se puso a gritar como no había gritado nunca, como si fuera a morirse, abrazando a sus amantes en semejante paroxismo de emoción que más tarde todos reirían con pesar de la escena.

MATRIMONIO DE MM

Blonde: una novela sobre MM, JC Oates, p.224
 -Encima quiere tener hijos -prosiguió Bucky, indignado-. En plena guerra. Ha estallado la Segunda Guerra Mundial, el mundo se está yendo a hacer puñetas y mi mujer quiere tener hijos. ¡Señor!
-No seas blasfemo, Bucky -protestó débilmente la señora Glazer-. Ya sabes cuánto me fastidia.
-Yo sí que estoy fastidiado -replicó Bucky-. Cuando vuelvo a casa, Norma Jeane se comporta como si se hubiera pasado el día entero limpiando y haciendo la cena para mí, esperándome. Como si no existiera sin mí. Como si yo fuera Dios o algo por el estilo. -Dejó de pasearse, respirando con díficultad. La señora Glazer le había servido gelatina de cerezas en un plato y él empezó a comer con voracidad. Con la boca llena, añadió-: Yo no quiero ser Dios. No soy más que Bucky Glazer.
El señor Glazer, que había permanecido callado hasta ahora, declaró con contundencia:
-Mira, hijo, vives con esa chica. Os casasteis por la Iglesia «hasta que la muerte os separe». ¿Acaso crees que el matrimonio es un tiovivo?, ¿que puedes dar unas cuantas vueltas y luego apearte para jugar con los demás chicos? No, señor. Es para toda la vida. Mientras comía la gelatina de cereza, Bucky emitió un sonido semejante al que haría un animal herido.

Quizá en tu generación, viejo. Pero no en la mía.

NIÑOS MALTRATADOS

Blonde, JC Oates, p.105
Porque en la Casa de Expósitos de Los Ángeles había niños más desdichados que Norma Jeane. A pesar del dolor y la confusión, ella lo sabía. Niños retrasados, con lesiones cerebrales,  tullidos –bastaba un vistazo para saber por qué los habían abandonado--; niños feos, furiosos, salvajes, derrotados, que no te atrevías a tocar por miedo a que la viscosidad de su piel se adhiriera a la tuya. La niña de diez aftas que dormía en el camastro contiguo al de Norma Jeane en el dormitorio de la tercera planta, Debra Mae, había sido maltratada y violada (qué dura, qué cruel era la palabra «violación», una palabra adulta; pero Norma Jeane sabía, o casi sabía intuitivamente lo que significaba; era un sonido lacerante y algo vergonzoso que tenía que ver «con lo que una tiene entre las piernas y nunca debe enseñar», ese sitio donde la piel es blanda, sensible y se lastima con facilidad; si Norma Jeane se estremecía ante la sola idea de que la tocaran allí, cuánto menos podía imaginar algo duro y punzante penetrándola por la fuerza). Había también unos gemelos de cinco años, hallados a punto de morir de desnutrición en un cañón de las montañas de Santa Mónica, donde su madre los había abandonado en un «sacrificio semejante al de Abraham en la Biblia» (según explicaba en su nota); una niña de once años llamada Fleece, aunque tal vez su nombre original fuera Felice, que pronto hizo amistad con Norma Jeane y no se cansaba de contar, con morbosa fascinación, la historia de su hermana de dos años, a quien el amante de su madre había «golpeado contra la pared hasta esparcir sus sesos como semillas de melón». Norma Jeane, enjugándose las lágrimas,  econoció que a ella no le habían hecho daño. Que ella recordara.

NIÑOS ABANDONADOS

Blonde: una novela sobre Marilyn Monroe, JC Oates, p. 103
Perdida
Si era suficientemente bonita, mi padre vendría a buscarme y me llevarla con él. Cuatro años, nueve meses y once días.

A lo largo y ancho del vasto continente de América del Norte era época de niños abandonados. Y en ningún lugar eran tantos como en el sur de California. Tras numerosos días de cálidos, crueles e implacables vientos procedentes del desierto, comenzaron a descubrir niños entre la arena y los desperdicios que llenaban las secas cunetas, las alcantarillas o las vías férreas; arrastrados por el vendaval hasta las escalinatas de granito de las iglesias, hospitales y edificios públicos. Niños recién nacidos, con el sanguinolento cordón umbilical todavía unido al vientre, aparecían en lavabos públicos, bancos de iglesia, cubos de basura y vertederos. Cómo aullaba el viento día tras día; aunque en cuanto empezó a amainar, se descubrió que los aullidos provenían de los bebés abandonados. Y de sus hermanas y hermanos mayores: niños de dos o tres años que deambulaban, desorientados por las calles, algunos con las ropas y el pelo chamuscados. Eran seres sin nombre. Criaturas incapaces de hablar, de entender. Niños heridos, muchos con graves quemaduras. Otros, aún menos afortunados, habían muerto; el servicio sanitario retiraba con presteza de las calles de Los Angeles sus pequeños cadáveres, a menudo calcinados e imposibles de identificar, y los cargaban en camiones para luego enterrarlos en fosas colectivas en los cañones. ¡Ni una palabra a la prensa o la radio! Nadie debía enterarse.

LOS AMANTES DE LA MONROE

Blonde: una novela sobre Marilyn Monroe, JC Oates, p. 519
“No se harta del chorizo polaco”

¡Sus amantes! Según el voluminoso expediente del FBI etiquetado con el nombre NORMA JEANE BAKER, ALIAS MARILYN MONROE, eran: Z, D, S , T y media docena más de miembros de La Productora. El fotógrafo comunista Otto Óse, el guionista rojo Dalton Trombo, el actor comunista Robert Mitchum. Howard Hughes, George Raft, l. E. Shinn, Ben Hecht, john Huston, Louis Calhern, Pat O'Brien, Mickey Rooney. Richard Widmark, Ricardo Montalbán, George Sanders, Eddie Fisher, Paul Robeson, Charlie Chaplin (padre), Charlie Chaplin (hijo), Stewart Granger,Joseph Mankiewicz, Roy Baker, Howard Hawks, Joseph Cotten, Elisha Cook hijo,  Sterling Hayden, Humphrey Bogart, Hoagy Carmichael, Robert Taylor, Tyrone Power, Fred Allen, Hopalong Cassidy, Tom Mix, Otto Preminger, Cary Grant, Clark Gable, Skid Skolsky, Samuel Goldwyn, Edward G. Robinson (padre), Edward G. Robinson (hijo), Van Hellin, Vanjohnson, Tonto, JohnnyWeissmuller («Tarzán»), Gene Autry. Bela Lugosi, Boris Karloff, Lon Chaney, Fred Astaire, Leviticus, Roy Rogers y Tigre, Groucho Marx, Harpa Marx, Chico Marx, Bud Abbott y Lou Costello, john Wayne, Charles Coburn, Rory Calhoun, Clifton Webb, Ronald Reagan, James Mason, Monty Woolley, W. C. Fields, Red Skelton, ]immy Durante, Errol Flynn, Keenan Wynn, Walter Pidgeon, Fredric March, Mae West, Gloria Swanson, Joan Crawford, Shelley Winters, Ava Gardner, «Buzz Yard», Lassie,Jimmy Stewart, Dana Andrews, Frank Sinatra, Peter Lawford, Cecil B. DeMille y muchos más. ¡Todo esto en 1953, cuando sólo tenía veintisiete años! Sus aventuras más escandalosas aún pertenecían al futuro.

LA LOGICA ESTA EN DESUSO

El secreto de la modelo extraviada, Eduardo Mendoza, p. 267
-Es un buen chaval. Como jefe, me respeta; como persona, me estima; como ideólogo, me admira; pero como travestí, me zurra. Cada cosa en su sitio. No le falta razón, no creas. A mí no me hace gracia, pero estoy totalmente de acuerdo con el principio y muchas veces me he pronunciado a favor del exterminio de los entes antisociales. En el nuevo Estado no hay lugar para tipos como yo. Ni como tú, dicho sea sin ánimo de ofender. Somos parásitos, gérmenes sociales, desechos humanos, residuos tóxicos de una época arcaica. En apariencia, inofensivos; en la práctica, peligrosos; no a largo sino a medio plazo, y si no, a corto, da lo mismo. El enemigo fuerte ataca de frente y combatirlo es fácil; el débil, en cambio, es tortuoso, se vale de argucias y contra él no hay defensa.
Como hablaba y corría al mismo tiempo, hubo de parar y apoyarse en un muro para recuperar el aliento. Le di unos golpecitos en la espalda.
-¿Estás bien? -le pregunté cuando se hubo serenado-. De la cabeza, quiero decir.

-Ya sé lo que piensas -dijo-. Y eso mismo prueba lo acertado de mi aseveración. En el mundo de la lógica, negar es afirmar. Pero la lógica está en desuso. El pensamiento está en desuso. Todo está en desuso. Sin que nos demos cuenta, bajo la apariencia de libertad de expresión, nos han borrado de la cabeza las pocas ideas sólidas que tuvimos en un tiempo. Ahora todo es ligereza y olvido. La novia de un torero y santa Teresa de Jesús valen lo mismo en el mercado de la frivolidad. Si hicieras una encuesta por la calle, ¿cuánta gente se acordaría de los Principios Fundamentales del Movimiento? ¿A dónde fue a parar la gratitud debida a aquel gran hombre? Mientras él vivió, toda la noche estaba encendida la lucecita de su despacho en la ventana de El Pardo. Entonces España dormía tranquila, sabiéndose vigilada y protegida. Y luego, cuando empezaban las rebajas en El Corte Inglés, el Caudillo siempre era el primero en cruzar la puerta, ilusionado ... ¿A dónde han ido a parar los ideales?

NO HAY PROGRESO

El secreto de la modelo extraviada. Eduardo Menoza, p. 305
Todo lo que nos cuentan son embustes, falsa ideología barata, charlatanería deshonesta. Da lo mismo. En realidad, no hay avance, no hay progreso. Mire, por ejemplo, los transportes, públicos o privados, da lo mismo.Nuestros antepasados iban a caballo y lo dejaban todo perdido de bosta. Luego vino el carbón y con el carbón, el hollín, el puré de guisantes y las enfermedades pulmonares: silicosis, tos ferina, etcétera. Ahora, con el petróleo, ya ve usted: guerras y atentados y el calentamiento global y, encima, se está acabando. Queda la energía nuclear. Bonito recambio. ¿Se subiría usted a un autobús propulsado por la fisión del átomo? ¡Ni loco! La Humanidad avanza, pero hacia atrás. El hombre de Neandertal debía de ser más juicioso. No más guapo, pero sí mejor. Vivimos en un mundo insensato que, por si fuera poco, tiene los días contados.
Distraídos por esta charla sentenciosa, no vimos llegar el autobús. El conductor abrió la puerta y subí sin tiempo para damos un apretón de manos, quién sabe si un abrazo.
-Gracias por todo -alcancé a decir con el pie ya en el estribo-. Cuídese y no haga caso de los mensajes derrotistas. No se los creen ni los que los propagan.

ESPAÑA

El secreto de la modelo extraviada, Eduardo Mendoza, p. 264-265
¡Nunca debimos abandonar la Edad Media! España se desmorona y nadie mueve un dedo para defenderla. Aún diré más: todos cooperan a su desmoronamiento. A sabiendas o por dejación, todos coadyuvan a debilitar y, en última instancia, a destruir el Estado. Inclusive el Estado participa en esta labor perniciosa. Actualmente en España no manda el Gobierno ni los partidos. Manda la quinta columna. Es un término militar. En boca de otro podría parecer pedante, pero yo lo puedo usar porque soy coronel. La quinta columna. Y ahora te pregunto: si metes una columna podrida en un cesto de manzanas, ¿qué ocurre? Lo de siempre: al cabo de poco todas las manzanas están agusanadas, y cuando las manzanas están agusanadas, la única solución razonable es ponerlas contra la pared y fusilarlas. De la misma manera, una nación o país, como prefieras llamarlo, si no tiene un Estado fuerte es como un cesto de manzanas o, mejor dicho, como un cesto de gusanos, antes de manzanas. Verás, en la China milenaria ... no la fábrica de porquerías que es ahora, sino la China antigua, la milenaria, todos, empezando por el sabio Confucio, consideraban el Estado como la reencarnación del cielo en la tierra. El emperador también, pero para ellos el emperador era la reencarnación del Estado. No sé si me explico con claridad, a veces con las cosas de la China me hago un bollo. Bueno, pues como te digo, en la China, hace miles y miles de años, la burocracia era la columna vertebral del Estado. Si el Estado era la encarnación del cielo, la burocracia era la reencarnación del orden del universo, con sus galaxias y sus quásares. Los burócratas eran más importantes que los nobles o los sacerdotes o los militares. Los burócratas eran lo más. Y dentro de la burocracia, ¿cuál dirías que era el cargo más elevado? Seguramente me dirás: el ministro de Economía, o el jefe de las Fuerzas Armadas. Pues no, señor. ¿Cuál dirías tú que era el funcionario de más categoría?
-No caigo -admití.

-El verdugo -dijo él-. Y detrás del verdugo, en segundo lugar, el encargado de las velas en el palacio imperial. De las velas y las palmatorias. 

INCIPIT 539. BLONDE: UNA NOVELA SOBRE MARILYN MONROE / JOYCE CAROL OATES

Entrega en mano
Ahí venía la Muerte, avanzando presurosa por el bulevar, bajo la mortecina luz sepia.
Ahí venía la Muerte, volando sobre una vulgar y pesada bicicleta de mensajero, como en los dibujos animados.
Ahí venía la Muerte; infalible. Una Muerte imposible de disuadir. Una Muerte con prisas. Una Muerte que pedalea frenéticamente. La Muerte, que lleva un paquete con la inscripción ENTREGA EN MANO. FRAGIL en un rústico cesto situado detrás del asiento.
 Ahí venía la Muerte, abriéndose paso diestramente con su vulgar bicicleta entre el tráfico del cruce de Wilshire y La Brea, donde, debido a reparaciones en la calle, los dos carriles con dirección oeste de Wilshire se habían fundido en uno.
¡Qué Muerte tan rápida! Haciendo morisquetas a los conductores maduros que le tocaban la bocina.
La Muerte burlándose: ¡Vete a la mierda! Y tú también. Como Bugs Bunny adelantando a toda velocidad a los resplandecientes automóviles de último modelo.
Ahí venía la Muerte, sin amilanarse ante el aire enrarecido y contaminado de Los Ángeles ni ante el cálido aire radiactivo del sur de California, donde la Muerte había nacido. Sí, he visto a la Muerte. Soñé con ella la noche anterior y muchas noches antes. No tenía miedo.

Ahí venía la Muerte, tan resuelta. Ahí venía la Muerte, inclinada sobre el herrumbroso manillar de una bicicleta destartalada pero imparable. Ahí venía la Muerte, luciendo una camiseta del Instituto Tecnológico de California, pantalones cortos limpios pero sin plancha, zapatillas de deporte sin calcetines. 

FERLOSIANA

De El escudo de Jotán, rafael Sánchez Ferlosio, p. 53-54
Demasiado conocedor de los humores y las señales del Imperio, de las quietudes y las agitaciones de los pueblos de la Ruta de la Seda, de los aterradores torbellinos de polvo, de ventisca o de soldados del Kansú era el caravanero que traía tan alarmantes nuevas como para arriesgarse a no hacer caso a sus palabras cuando daba por seguro que aquella vez los alardes y los preparativos del emperador con sus ejércitos iban de verdad. Por la experiencia de los tiempos se sabía que los emperadores respetaban a los pueblos y ciudades que tenían reyes o kanes o gobiernos completos capaces de rendirles cumplido vasallaje, que no es la simple entrega de los cuerpos, sino el ofrecimiento de los nombres; pero que destruían a las despreciables gentes que se dejaban vivir únicamente según las tradiciones, sin títulos de fundación y con poca o ninguna gerencia establecida. Y la ciudad de Jotán se decía: “Es nuestra perdición, que apenas si tenemos una cámara de comercio, una administración de azotes y mutilaciones y una inspección de sanidad de caravanas”. Pero un fabricante de máscaras halló la solución: «Si no tenemos  kan, lo fingiremos; si no tenemos justicia, la simularemos; si no tenemos soldados, yo enjaezaré cien caballos con sus caballeros y disfrazaré a quinientos jóvenes como de infantería, y con tal arte que únicamente la batalla que nunca habrán de combatir podría llegar a comprobar si sus armas son de hierro o de madera y sus yelmos y broqueles de bronce o de cartón».

BUENOS TRATOS

El secreto de la modelo extraviada, Eduardo Mendoza, p. 116
La amable anfitriona quiso agasajarme con un vaso de sus reputados vinos, pero decliné el ofrecimiento, alegando que no estaba acostumbrado a las bebidas alcohólicas y su consumo, siquiera moderado, podía provocarme, en presencia de una mujer tan atractiva, una reacción torpe e incontinente, como por ejemplo echarme a dormir entre regüeldos. Apreció mi delicadeza y, sentándose a la mesa, confesó haber tenido en el pasado una mala experiencia con un hombre bebedor, y recordó con angustia las escenas violentas y las terribles palizas que, de resultas de la embriaguez, ella se había visto obligada a propinarle. Por suerte, aquella dramática vivencia ya pertenecía al pasado. Ahora, agregó dirigiéndome una sonrisa seductora, estaba libre de compromisos y ataduras, había decidido dejar atrás el atolondramiento y el desenfreno de la juventud y se había prometido a sí misma y a la Virgen de Valvanera, patrona de La Rioja, asentarse junto a un hombre no necesariamente apolíneo, pero sí dotado de virtudes cívicas y hogareñas, al que ella, a su vez, trataría a cuerpo de rey.
En la imagen Brando y Vivian Leigh

SOBRE LO MONSTRUOSO

Homenaje a Melville, Jean Giono, p. 12-13
El hombre tiene siempre el deseo de algún objeto monstruoso. Y su vida sólo tiene valor si la somete por completo a esa búsqueda. A menudo,  no necesita ni pompa ni aparato; parece estar cautamente sumido en el trabajo de su jardín, pero interiormente hace tiempo que ha zarpado en la peligrosa cruzada de sus sueños. Nadie sabe que ha partido: parece seguir ahí, pero se halla lejos, vagando por mares prohibidos. Esa mirada que he descrito hace un momento, esa que habéis visto, que manifiestamente no podía servir para nada en este mundo, que atraviesa la materia de las cosas sin detenerse, es así porque procedía de un vigía en alta cofa y porque estaba hecha para escrutar espacios extraordinarios. Ése es el secreto de las vidas que a veces nos resultan familiares, y a menudo el secreto de nuestra propia vida. Muchas veces 12 el mundo conoce sólo el final de todo ese proceso: la espantosa blancura de un naufragio inexplicable que de golpe hace que el cielo aparezca cuajado de salpicaduras y de espuma. Pero en la mayoría de los casos, todo ocurre en extensiones tan vastas, con monstruos tan enormes que no queda ningún rastro, ni un solo superviviente, «y la gran mortaja que es el mar se pliega y se despliega como hace cinco mil años».

DE FANTASMAS

El secreto de la modelo extraviada, Eduardo Mendoza, p. 120
-Todo esto suena a delirium trémens.

-No digas bobadas -exclamó el butanero descruzando las piernas y volviéndolas a cruzar para combatir el anquilosamiento--, los occidentales estáis dispuestos a inventar cualquier etiología con tal de no dar crédito a la presencia de fantasmas entre nosotros, cosa, por lo demás, innegable. Negáis su existencia porque os dan miedo. Sin motivo alguno, ya que los fantasmas son inofensivos, salvo unas pocas excepciones que ellos mismos, como colectivo, reprueban. Los muertos de muerte violenta suelen regresar, como si les costara aceptar una separación del mundo demasiado brusca. Los ahogados siempre vuelven, y también, aunque con menos frecuencia, los que mueren de peste u otra epidemia similar, como si quisieran quejarse de haber sido elegidos al azar para engrosar una estadística. Los suicidas, en cambio, nunca regresan, excepto los que en el último momento se arrepienten y no pueden echarse atrás. En todos los casos, las apariciones carecen de propósito firme. A veces encierran una intención admonitoria: advierten de peligros o tratan de impedir decisiones erróneas por parte de los vivos, pero en esto tienen escaso éxito, porque hablan bajito y se expresan mal, de un modo confuso y fragmentario muy poco convincente. En la mayoría de los casos se conforman con dar pena, aunque lo normal es que den unos sobresaltos morrocotudos, lo que los entristece aún más. No es cierto que lleven sábanas. Salvo los faraones y otros poderosos de la antigüedad, los muertos se van al otro mundo con lo puesto y allí no tienen ocasión de renovar el vestuario, así que se presentan con sudarios, vendajes y envoltorios similares, a menudo verdaderos harapos. Tampoco arrastran cadenas ni emiten sonidos siniestros. Desde el punto de vista energético, van con el depósito en reserva, con lo que mal podrían mover cosas pesadas ni ejercer violencia alguna. A veces provocan sin querer corrientes de aire y de ahí se siguen chirridos de puertas mal lubricadas y ruido de objetos que se caen o se desplazan. La nocturnidad, a la que se acogen por timidez, la imaginación popular y el miedo, magnifican una pobre puesta en escena e inventan amenazas donde no las hay. Los fantasmas son mejores que los vivos: a los seres humanos nos mueve el interés, y los muertos, por definición, carecen de intereses. Si no se les hace caso, insisten, pero al tercer o cuarto desaire, se desvanecen para siempre.
Imagen de John Singer Sargent

ENTROPIA

Pureza, Jonathan Franzen, 536
-En primer lugar -le dije--, el calor que usa la calefacción es el que sobra del motor. El consumo extra de gasolina es cero. Si hubieras conducido alguna vez, quizá lo sabrías. Para ser más exactos, conservar el calor en un entorno de frío nunca es eficiente.
-Eso es completamente falso.
-No, es cierto.
-Completamente falso. -Parecía ansioso por discutir--. Si estás calentando una casa, es mucho más eficiente mantener una temperatura de dieciséis grados toda la noche que subirla desde los cinco grados por la mañana. Mi padre siempre lo hacía en la dacha.
-Tu padre se equivocaba.
-;Era el principal economista de una nación grande e industrializada!
-Ya empiezo a entender mejor por qué la nación fracasó.
-Créeme, Tom. En esto te equivocas.

Daba la casualidad de que mi padre me había explicado la termodinámica de las calefacciones domésticas. Sin mencionarlo, advertí a Andreas que el índice de transferencia calórica es proporcional al diferencial de temperatura: cuanto más caliente está la casa, más profusamente se desangra al dispersar su calor en la noche fría. Andreas intentó rebatirlo con cálculos integrales, pero yo también recordaba esos fundamentos. Mantuvimos un forcejeo verbal mientras conducía. Aportó argumentos cada vez más esotéricos, negándose a aceptar que su padre no tenía razón. Cuando al final lo derroté, me di cuenta de que algo había   cambiado entre nosotros, como si la costura de nuestra amistad se hubiera reforzado. Parecía confundido y admirado a la vez. Hasta entonces, creo que no me había tenido en cuenta como posible adversario intelectual.

PORNOGRAFIA

Pureza, Jonathan Franzen, p. 434
Confiaba en que, por alguna razón, no hubiera visto la copia gastada de la revista Oui que yo había robado en la trastienda de una librería de segunda mano y que tenía escondida en el armario, pero después de cenar se presentó en mi habitación y me preguntó cómo creía yo que se sentían las mujeres que salían en las revistas pornográficas
-No lo había pensado -contesté, con sinceridad.
-Pues, a tu edad, sería mejor que empezaras a pensarlo.
Ese año, todo lo que hacía mi padre me repelía y avergonzaba Sus gafas de la serie “Mission Control”, su pelo engominado a base de petroquímica, su postura de pistolero. Me hacía pensar en un castor, con sus dientes protuberantes sin arreglar y su laboriosidad sin sentido. Construir otra presa, ¿por qué? Roer troncos, ¿por qué! Nadar moviendo las patitas delanteras con una amplia sonrisa en la cara, ¿por qué exactamente?
-El sexo es una gran bendición -dijo, con su voz profesoral-. Pero lo que ves en una revista pomo es la desgracia humana y la degradación. No sé de dónde has sacado esa revista, pero por el mero hecho de tenerla has participado materialmente en la degradación de otro ser humano. lmagínate cómo te sentirías si fuera Cynthia, o Ellen ...
-Vale, ya lo he captado.

-¿De verdad? ¿Entiendes que esas mujeres también son hermanas de alguien? ¿Hijas de alguien?

SIONISMO

El asombroso viaje de Pomponio Flato, Eduardo Mendoza, p. 21-22
Hasta hace unos años, las cuatro partes de Palestina estuvieron unidas bajo un solo rey, hombre admirable y decidido partidario de Roma, pero a su muerte estallaron conflictos sucesorios y Augusto, para evitar  enfrentamientos, dividió el país entre los tres hijos del difunto. Al que correspondió esta parte de Palestina se llama Antipas, pero al acceder al poder unió a su nombre el de su ilustre padre, por lo cual se hace llamar Herodes Antipas. Es, a juicio de mi informante, un individuo astuto, pero de carácter débil, por lo que se ve precisado a recurrir constantemente a las autoridades romanas para hacerse respetar por su pueblo. De este modo lo mantiene a raya, pero a costa de una impopularidad que va en aumento a medida que pasan los años. Con el pretexto más nimio podría producirse un levantamiento y, de hecho, raro es el mes en que no surge un foco de rebelión, corno el que motivó la intervención de Liviano Malio y los legionarios en cuya compañía he viajado hasta ahora. Por fortuna, estos disturbios son aislados, efímeros y fáciles de sofocar, ya que es difícil que los judíos se pongan de acuerdo y unan sus esfuerzos. Los partidarios más acérrimos de la rebelión son los sacerdotes, que se dicen intérpretes de la palabra de Dios, pero su misma condición de sacerdotes los hace de natural holgazanes, acomodaticios y propensos a estar a bien con el poder. Aun así, caldean los ánimos con sus discursos y de cuando en cuando prometen la venida de un enviado de Dios que conducirá al pueblo judío a la victoria definitiva sobre sus enemigos ancestrales. Esta profecía, común a todos los pueblos bárbaros oprimidos, ha calado hondo en esta tierra levantisca, por lo que a menudo aparecen impostores que se arrogan el título de Mesías, como aquí llaman al presunto salvador de la patria. Con éstos Roma actúa de modo expeditivo.

INCIPIT 538. EL CASO DE LA MODELO EXTRAVIADA / EDUARDO MENDOZA

UN PERRO CAPCIOSO

En términos generales, estaba bien. De salud, de memoria y pare usted de contar. En estas condiciones y después de tantas aventuras, debería haber llevado una vida de sosiego, y en ello estaba cuando me mordió un perro y lo echó todo a rodar. Yo iba caminando por la Ronda de San Pablo, diligente y sin meterme con nadie, camino del autobús, a llevar una comanda. Desde hacía cierto tiempo trabajaba en un restaurante chino y me habían confiado aquel cometido por mi doble condición de nativo, y por ende conocedor de la intrincada trama urbana, y de ciudadano con papeles, por si me paraba la poli. Algunos de estos papeles habría sido mejor no tenerlos, pero a ciertos efectos era mejor estar fichado que pertenecer al abultado colectivo de los sin papeles, como le sucedía al resto de los trabajadores de la empresa así como a los socios capitalistas, los proveedores y buena parte de la clientela. Originariamente, el restaurante había sido fundado por una familia modélica en el local que otrora ocupaba un modesto negocio regentado por mí, a saber, una peluquería

JUDIOS

El asombroso viaje de Pomponio Flato, Eduardo Mendoza, p. 20-21
Por extraño y cicatero que parezca, los judíos creen en un solo dios, al que ellos llaman Yahvé. Antiguamente creían que este dios era superior a los dioses de otros pueblos, por lo que se lanzaban a las empresas militares más disparatadas, convencidos de que la protección de su divinidad les daría siempre la victoria. De este modo sufrieron cautiverio en Egipto y en Babilonia en repetidas ocasiones. Si estuvieran en su sano juicio, comprenderían la inutilidad del empeño y el error en que se funda, pero lejos de ello, han llegado al convencimiento de que su dios no sólo es el mejor, sino el único que existe. Como tal, no ha de imponer a ningún otro dios ni su fuerza ni su razón y, en consecuencia, obra según su capricho o, como dicen los judíos, según su sentido de la justicia, que es implacable con quienes creen en él, le adoran y le sirven, y muy laxo con quienes ignoran o niegan su existencia, le atacan y se burlan de él en sus barbas. Cada vez que la suerte les es contraria, o sea siempre, los judíos aducen que es Yahvé el que les ha castigado, bien por su impiedad, bien por haber infringido las leyes que él les dio. Estas leyes, en su origen, eran pocas y consuetudinarias: no matar, no robar, etcétera. Pero andando el tiempo, a su dios le entró una verdadera manía legislativa y en la actualidad el cuerpo jurídico constituye un galimatías tan inextricable y minudoso que es imposible no incurrir en falta continuamente. Debido a esto, los judíos andan siempre arrepintiéndose por lo que han hecho y por lo que harán, sin que esta actitud los haga menos irreflexivos a la hora de actuar, ni más honrados, ni menos contradictorios que el resto de los mortales. Sí son, comparados con otras gentes, más morigerados en sus costumbres. Rechazan muchos alimentos, reprueban el abuso del vino y las sustancias tóxicas y, por raro que suene, no son proclives a darse por el culo, ni siquiera entre amigos

INCIPIT 537. EN LA CARCEL CON FALCONER / JOHN CHEEVER

La entrada principal a Falconer -la única entrada de los convictos, sus visitantes y el personal- estaba coronada por un escudo de armas que representaba a la Libertad, la justicia y, entre ambas, el poder soberano del gobierno. La Libertad llevaba cofia y sostenía una pica. El gobierno era el Aguila federal que sostenía una rama de olivo y estaba armada con flechas de caza. La justicia era una figura convencional; con los ojos tapados, indefinidamente erótica con su vestido de pliegues colgantes y armada con la espada del verdugo. El bajorrelieve era de bronce, pero aparecía ya negro -el negro de la antracita sin pulir o el ónix - . Cuántos centenares habían pasado bajo esta figura, el último emblema que la mayoría de ellos vería, el esfuerzo del hombre para interpretar con símbolos el misterio del encarcelamiento.  Centenares, quizá miles, mejor millones. Sobre el escudo de armas se desgranaban los nombres del lugar: Cárcel Falconer, 1871, Reformatorio Falconer, Penitenciaría Federal Falconer, Prisión Estatal Falconer, Correccional Falconer; y el último, que nunca había sido aceptado: Casa del Alba. Ahora los presos eran internos, los gilipollas eran empleados y el carcelero jefe se llamaba superintendente. Dios sabe que la fama es caprichosa, pero Falconer -con su espacio limitado para dos mil malandrines- era tan famosa como Newgate. Ya no se usaba la tortura del agua, los uniformes rayados, la fila en orden cerrado, los grilletes

PALESTINA

El asombroso viaje de Pomponio Flato, Eduardo Mendoza, p. 19-20
Palestina está dividida en cuatro partes: Idumea, Judea, Samaria y Galilea. Al otro lado del río Jordán, en la parte que limita con Siria, se encuentra la Perea, que según algunos también es parte de Palestina. En conjunto es tierra fragosa y mezquina. No así la Galilea, donde la Naturaleza se muestra más amable: el terreno es menos accidentado, no escasea el agua y las montañas cierran el paso al viento abrasador que hace estéril y triste la vecina región. Aquí crecen olivos, higueras y viñas y en los lugares habitados se ven huertos y jardines. Entre la población predominan los judíos, pero al ser tierra rica no faltan fenicios, árabes e incluso griegos. Su presencia, según Apio Pulcro, hace la vida soportable, porque no hay peor gente en el mundo que los judíos. Aunque su cultura es antigua y el país se encuentra en medio de grandes civilizaciones, los judíos siempre han vivido de espaldas a sus vecinos, hacia los que profesan una abierta inquina y a quienes atacarían de inmediato si no estuvieran en franca inferioridad de condiciones. Rudos, fieros, desconfiados, cerrados a la lógica, refractarios a cualquier influencia, andan enzarzados en perpetua guerra, unas veces contra enemigos externos, otras entre sí y siempre contra Roma, pues, a diferencia de las demás provincias y reinos del Imperio, se niegan a aceptar la dominación romana y rechazan los beneficios que ésta comporta, a saber, la paz, la prosperidad y la justicia. Y esto no por un sentimiento indomable de independencia, como ocurre con los bretones y otros bárbaros, sino por motivos estrictamente religiosos. 

MYHYV

Pureza, Jonatham Franzen, p. 475
A propósito del váter, una cosita-me dijo un día, al prin-Siempre levanto el asiento -contesté.
-Ése es el problema.
-Yo creía que el problema eran los tíos que se creen capaces de apuntar para no salpicar el asiento.
-Doy gracias de que no seas uno de ésos. Pero queda una salpicadura.
-También seco el borde.
-No siempre .
-Vale, siempre se puede mejorar.
-Pero no es sólo el borde. Es la cara inferior del borde y las baldosas. Gotitas.
-También lo limpiaré.
-No puedes limpiarlo todo a fondo cada vez que vas al baño. Y no me gusta el olor de la orina seca.
-¡Soy un tío! ¿Qyé se supone que debo hacer?
-¿Sentarte? -sugirió con voz apocada.
Yo sabía que eso no estaba bien, no podía estar bien. Pero a ella le dolió mi silencio y optó por callarse también, pero de un modo más quejoso, con una mirada pétrea, y terminó por importarme más su dolor que mi razón. Le dije que tendría más cuidado, y que si no, empezaría a sentarme, pero ella se dio cuenta de que lo decía con resentimiento, de que me sometía de mala gana, y no podíamos vivir nuestra unión en paz si no estábamos  “Verdaderamente de acuerdo en todo”. Se puso a lloriquear y yo emprendí la larga búsqueda de la razón profunda de su tristeza.
-Yo tengo que sentarme a la fuerza -dijo al fin-. ¿Por qué no puedes sentarte tú? Cada vez que veo la salpicadura no puedo evitar pensar que ser mujer es una injusticia. Tú no sabes lo  injusto que es eso, no tienes ni idea, ni idea.

Se puso a llorar torrencialmente. Mi única posibilidad de detener aquel llanto pasaba por convertirme, ahí mismo, en aquel preciso instante, en una persona capaz de experimentar con la misma intensidad que ella la injusticia de no poder mear de pie. 

PAREJAS

Pureza, Jonathan Franzen, p. 411
-Volvamos ya y lo esperamos -dijo-. Aunque sólo sea para ahorrarme un poco de tu odio por una vez en la vida. Para que por una vez no tenga que ser yo la culpable de que pierdas el autobús. Anabel se negaba a aceptar que simplemente se nos había roto algo más allá de cualquier posibilidad de reparación, más allá de las atribuciones de culpa. En nuestro último atracón nos habíamos tirado nueve horas hablando sin parar, haciendo sólo alguna pausa para ir al baño. Yo creía que por fin había conseguido demostrarle que sólo podíamos dejar de ser desgraciados si cada uno renunciaba al otro y no volvíamos a comunicarnos jamás; que las conversaciones de nueve horas representaban por sí mismas la enfermedad que supuestamente intentábamos curar con ellas. Ésa era la versión de nuestra historia que ella había pretendido rechazar con su llamada de aquella mañana. Pero ... ¿cuál era su versión? Imposible saberlo. En el ámbito de lo moral, estaba siempre tan segura de sí misma que yo tenía la sensación permanente de que íbamos a llegar a algo; sólo después era capaz de ver que habíamos trazado un círculo grande y vacío. Pese a toda su inteligencia y sensibilidad, no sólo decía cosas sin sentido, sino que era incapaz de reconocerlo, y resultaba terrible ver eso en una persona a la que me había entregado en cuerpo y alma y a quien había prometido cuidar toda la vida. En consecuencia, tenía que seguir trabajando con ella para ayudarla a entender por qué no podía seguir trabajando con ella.

¿QUE PASO CON PASOLINI?

"Él se lo buscó", dijo el honorable Giulio Andreotti, con el cadáver aún caliente.

Pier Paolo Pasolini murió víctima de una conspiración política

El escritor y cineasta Pier Paolo Pasolini no fue asesinado por el joven Pino Pelosi sino en una emboscada premeditada, según las hipótesis del Ayuntamiento de Roma, presentadas ayer, jueves, por el abogado Guido Clavi, quien ha pedido a la Fiscalía de la ciudad la reapertura de la investigación sobre el asesinato, ocurrido en la noche del 2 de noviembre de 1975 en un descampado de Ostia, localidad costera cercana a la capital.El asesinato del director habría sido fruto de una emboscada premeditada con el fin de acabar con "una voz incómoda en la Italia de los años setenta", la de un intelectual que se "alzaba contra la clase dirigente", y no un acto de defensa de Pelosi, que entonces tenía 17 años, explicó. En la noche del asesinato, Pasolini habría ido a la plaza del Cinquecento no a seducir a chicos, sino porque tenía una cita con quien aseguraba ser el autor del robo de unos de los rollos de su película Saló.

Un vitalista desesperadoAniversario de la muerte de Pasolini «¿Yo? Una desesperada vitalidad». Esta autodefinición contenida en uno de sus mejores poemas no puede ser más clarividente. Vitalista desesperado, intelectual hipercrítico, martillo de los poderosos, develador de tabúes, lobo solitario siempre en los márgenes de la sociedad, pesimista de la inteligencia y optimista de la voluntad, parafraseando a su querido Gramsci, Pier Paolo Pasoolini (1922-1975) fue un hombre en lucha constante consigo mismo.
«Ha muerto un poeta», dijo Alberto Moravia cuando fue asesinado. Y lo era en el sentido de lo que escribió en Las bellas banderas (1962): «Los poetas, estos indignados eternos, estos campeones de la rabia intelectual, de la furia filosófica». Ellos eran los encargados, como lo fue Pasolini, de crear artificialmente «estados de emergencia» para despertar y sacudir las conciencias «normalizadas».
A punto de cumplirse 30 años de su asesinato, el Círculo de Bellas Artes de Madrid está recordando a uno de los creadores más inquietantes del siglo XX, con la exposición Palabra de corsario (título inspirado en sus polémicos Escritos corsarios), la proyección de sus grandes largometrajes y de documentales inéditos y la celebración de un congreso sobre su vasta obra literaria y cinematográfica. La muestra, que puede contemplarse hasta el 30 de octubre, reúne 500 piezas (textos manuscritos o mecanografiados por el artista, artículos periodísticos, dibujos originales, primeras ediciones, libros anotados, fotografías) y es una de más ambiciosas que se le han dedicado, incluso en Italia.
El comisario de la misma, Alessandro Ryker, asegura que ha pretendido «devolverle su condición de literato puro que en un momento de su vida coge una cámara a hombros para seguir expresándose literariamente». Las más de 25.000 páginas que recogen sus obras completas avalan su trayectoria como escritor; las 1,2 millones de citas en Interenet demuestran su vigencia.
La exposición se inicia y se cierra con dos fotografías de Pasolini desnudo. La primera le muestra cuando era un bebé regordete de cara asustadiza; la última, es de octubre de 1975, días antes de ser asesinado, y se le ve sentado en una cama leyendo atentamente un libro. Cincuenta y tres años separan ambas instantáneas, una vida que quedó segada el 2 de noviembre de 1975.
Hijo de un teniente de infantería, acérrimo fascista, y de una maestra a la que siempre adoró, Pasolini nació en Bolonia el 5 de marzo de 1922. Con poco más de tres años tuvo una experiencia que le hizo consciente de su homosexualidad y marcó su existencia. Años más tarde la bautizó como teta veleta el «agudo sentimiento sexual» que sintió al ver las piernas de unos jovencitos que jugaban en un jardín. «Si lo recuerdo siento perfectamente, en mis vísceras, la ternura, la ansiedad y la violencia del deseo», escribió. «Lo más importante en mi vida ha sido mi madre / se ha sumado, sólo ahora, Ninetto» (Poeta de las cenizas, 1966), escribió en referencia a su actor preferido y amante Ninetto Davoli.
Su homosexualidad le creó problemas a lo largo de su vida, no sólo con los sectores más conservadores, sino con su propio partido. Pasolini se afilió al PCI en 1948, pero fue expulsado al año siguiente tras ser denunciado por corrupción de menores y actos obscenos en un lugar público por los Carabineros de Cordovado. «Mal que os pese, soy y seguiré siendo comunista, en el sentido más auténtico de la palabara», respondió a sus camaradas que lo habían echado por «indignidad moral y política», sin esperar siquiera a que fuera juzgado.
«No sólo hay que comprometerse con la escritura / sino con la vida», escribió en Poeta de las cenizas. Pasolini nunca hizo concesiones, despreciaba las convenciones y vivió al límite. Para fortuna de los estudiosos «no tiene pudores, no oculta nada, tiene una absoluta libertad de pensamiento» (Ryker).
Fue un comunista muy alejado de la ortodoxia que tuvo tres ídolos, Cristo, Marx y Freud, un homosexual cuya obra no puede emparantarse con la cultura gay, un ateo que realizó El Evangelio según Mateo (1964), una de las mejores películas religiosas de la historia, un anticlerical que reconocía que dentro de él estaba la «fuerza poderosa» de dos mil años de cristianismo. «La profunda e irresuelta contradicción pasoliniana nacía del hecho de que estaba seguro, incontrovertible y angustiosamente seguro de no poder salvar a nadie; ni siquiera a sí mismo», escribe su biógrafo Enzo Sicialiano en Vida de Pasolini.
«Pagó un precio muy alto por permanecer limpio y mantener su patente de corso», afirma Ryker, que apunta que en torno a su muerte se ha creado una «auténtica mitología», con teorías e interpretaciones esotéricas de todo tipo, aunque en su opinión la más válida es la de la muerte política de una de las mentes más lúcidas del siglo pasado.
Hace apenas cinco meses el asesino confeso de Pasolini, Giuseppe Pino Pelosi, que sólo cumplió siete años en la cárcel, hizo unas trascendentales revelaciones sobre el crimen a un programa de televisión. Afirmó que fueron tres hombres cuarentones, con acento del sur, quienes apalearon hasta destrozarlo al intelectual a los gritos de «¡cerdo comunista!», «¡maricón!» y «¡guarro!». Esto corroboraría la tesis de que su asesinato en la madrugada del 2 de noviembre en un descampado de Ostia respondió a un plan perfectamente organizado para acallar su voz y no al arrebato de un chapero de 17 años que trataba de defenderse de Pasolini, como en la época denunció Oriana Fallaci.
«A Pasolini se le reservaba una puesta en escena diabólicamente casual», afirma Siciliano en su libro. «El acusador público del Poder, del régimen que gobernaba Italia hacía 30 años, era liquidado, obligado violentamente a callar, y a callar del modo más sofisticado y denigrante: en un pequeño campo de fútbol de la periferia romana, a manos de un muchacho de mala vida al que quería darle por el culo».
En la tarde del 1 de noviembre de 1975 Pasolini recibió en su casa al periodista Furio Colombo y le concedió una entrevista que quiso que se titulara premonitoriamente «Estamos todos en peligro». El intelectual se había convertido en un crítico cada vez más inaceptable para la Italia dominada por la Democracia Cristiana, a la que criticaba sin piedad. Había pedido el procesamiento de los «jerarcas políticos», adelántandose a lo que mucho después sería la revolución de «Manos limpias». Además, el uso del erotismo, la violencia y la depravación humamana en películas como Porcile, la Trilogía de la vida (El Decamerón, Los cuentos de Canterbury y Las mil y una noches) y, sobre todo, en la última, Saló o los 120 días de Sodoma, escandalizaron a los bienpensantes y le enemistaron irreversiblemente con la Iglesia y los sectores más conservadores. En palabras de Giulio Andreotti, Pasolini «se lo había buscado».
Había sido acusado de inconformista patológico, exhibicionista morboso e ideólogo reaccionario, porque era un nostálgico de las tradiciones perdidas. Su lucha encarnizada contra el consumismo, el desarrollismo y el destructivo proceso de homologación cultural ?que le llevó a proponer la abolición de la televisión y de la escuela obligatoria? le convirtió en un fustigador implacable. En cierta ocasión Pasolini se declaró «amigo sólo de los perros», alguien «obligado a vivir al margen de las instituciones como un bandido». «Tengo la mentalidad de un animal herido, expulsado de la manada», declaró a Jean Duflot.

Nuevos enigmas sobre PasoliniUn filme de Sergio Citti refuerza la tesis del asesinato político
ENRIC GONZÁLEZ - Roma EL PAÍS - 28-10-2005
Pier Paolo Pasolini es, 30 años después de morir, el difunto más vivo de Italia. Su torrencial producción de poesía, ensayo, novela, cine, polémica y escándalo (en estos dos últimos géneros fue un maestro supremo), abundante en fogonazos de clarividencia y en errores estrepitosos, sigue siendo tan incómoda como las presuntas circunstancias de su asesinato. Todo lo pasoliniano es tan actual que el Ayuntamiento de Roma ha decidido acudir a los tribunales para que se reabra el sumario sobre la muerte del artista: una película-testamento de Sergio Citti aporta nuevos datos que refuerzan la tesis del crimen político.
Este mes, Italia se llenará de homenajes a Pasolini. Su obra, denostada entonces tanto por el partido comunista (que le expulsó en 1950) como por la Democracia Cristiana, será trillada y ensalzada hasta la saciedad, bajo la sombra perenne de un final infame: oficialmente, Pasolini perdió la vida cuando intentó violentar a un muchacho en un descampado y la víctima, revolviéndose, le mató a golpes. "Él se lo buscó", dijo el honorable Giulio Andreotti, con el cadáver aún caliente.
Pero entre las innumerables proyecciones de películas con motivo del trigésimo aniversario destaca una muy especial. Sergio Citti, cineasta, coguionista y amigo de Pasolini, fallecido hace unas semanas, dejó como testamento una filmación del descampado de Ostia donde se produjo, en la noche del 1 al 2 de noviembre de 1975, la terrible agresión. La filmación, realizada por el propio Citti días después del suceso, demuestra que la sentencia que condenó a Roberto Pelosi como autor único no se sostiene en absoluto.
El propio Pelosi afirma ahora que no fue él quien mató a Pasolini, sino tres hombres con acento del sur que esperaban en el descampado. Citti, que nunca fue escuchado por la policía o los tribunales, dejó antes de morir una grabación complementaria a las secuencias filmadas en 1975, en la que asegura que en la noche fatídica Pasolini no acudió a la estación Termini de Roma en busca de un chapero, sino para recuperar unas bobinas de Saló que habían sido robadas. "Pelosi fue sólo el cebo para atraer a Pasolini a una emboscada", declaró ayer el abogado Guido Calvi.
El mensual MicroMega, la más prestigiosa revista italiana de filosofía y arte, rinde homenaje a Pasolini en el número que aparece hoy con una exhaustiva investigación sobre los hechos del 1 de noviembre de 1975. Aporta tal número de nuevos datos sólidos que la tesis del violador muerto a manos de un chapero se desmorona por completo. Alguien planeó la muerte de Pasolini, y tres personas la ejecutaron a conciencia. El cadáver quedó convertido en "un grumo de sangre", en palabras del abogado Calvi, con todos los dedos rotos y los órganos internos reventados. Para pasarle por encima con un coche después de pegarle una brutal paliza, como establecía la sentencia definitiva, Pelosi (sin la menor mancha en la ropa) tuvo que circular por un barrizal casi infranqueable. La filmación de Citti, basada en los testimonios de un testigo, parece demostrar con claridad que había en el lugar otro automóvil, el de los auténticos asesinos.
Pasolini, católico, marxista y homosexual, no sólo enfurecía al Gobierno, al partido comunista y a la Iglesia: fue capaz de profetizar que Italia se hundiría en un piélago de corrupción y que la televisión se convertiría en un monstruo. "Entre 1969 y 1975, en Italia se registraron tres matanzas con bomba y más de 4.000 atentados; el asesinato de Pasolini", dice Calvi, "fue sólo un capítulo más en aquella estrategia de la tensión".

OLORES DEL TROPICO

Pureza, Jonathan Franzen, p. 308-309
El trópico fue una revelación olfativa. Se dio cuenta de que, por el hecho de proceder de un lugar templado como la otra Santa Cruz, su Santa Cruz, era como una persona que hubiera desarrollado la vista en un lugar de luz escasa. Había tal escasez relativa de olores en California que la interconexión de todos los olores posibles no llegaba a hacerse evidente. Pip recordaba a una profesora de la universidad que explicaba por qué todos los colores que el ojo humano es capaz de distinguir se pueden representar en una rueda de colores bidimensional: porque la retina tiene receptores para tres colores. Si la evolución hubiese dado a la retina un cuarto receptor, habría resultado necesaria una esfera de colores tridimensional para representar todas las distintas maneras en que un color se fundía con otro. Pip se había resistido a  creérselo, pero los aromas de Los Volcanes la estaban convenciendo. ¡Cuántos olores distintos sólo para la tierra! En un lugar tenía un olor reconocible a clavo, en otro a bagre; una marga arenosa parecía hecha de cítricos y tiza, otras desprendían elementos de pachulí o de rábano picante. ¿Acaso había algún olor que no pudieran emitir los hongos en el trópico? Pip rebuscó en el bosque, saliéndose de los senderos, hasta que dio con la seta de la que emanaba un olor a café tostado tan potente que le recordaba el de la mofeta, lo cual a su vez le recordaba el chocolate, que le recordaba el atún; los olores del bosque emitían cada una de esas notas e hicieron que tomara conciencia, por primera vez, de los receptores que, en su nariz, se  encargaban de distinguirlos. El mismo receptor que se había activado ante el cannabis en California respondía también a las cebollas silvestres en Bolivia. En menos de un kilómetro a la redonda en torno al recinto había cinco olores florales en el espectro común de las margaritas, que ya de por sí emitían un olor muy similar al de la orina de cabra secada por el sol. Al caminar por los senderos, Pip imaginaba cómo debían de sentirse los perros, que no consideraban repulsivo ningún olor y experimentaban el mundo como un paisaje multidimensional en el que se sucedían, sin solución de continuidad, olores interesantes y relacionados entre sí. ¿No era esto como el cielo? ¿Como experimentar el éxtasis sin tomar éxtasis? 

LA BOMBA

Pureza, Jonathan Franzen, p. 27
Qué terriblemente fácil había resultado transformar el uranio que brindaba la naturaleza en esferas huecas de plutonio, rellenar esas esferas de tritio y rodearlas de explosivos y de  deuterio, todo ello con un tamaño tan minúsculo que la capacidad de incinerar a millones de personas cabía en la parte abierta de la camioneta de Cody Flayner. Qué fácil. Muchísimo más fácil que ganar la guerra a las drogas o acabar con la pobreza del mundo, que curar el cáncer o arreglar Palestina. Según la teoría de Tom, si los humanos no habíamos recibido todavía ningún mensaje de algún ser extraterrestre inteligente era porque todas las civilizaciones, sin excepción, terminaban destruyéndose en cuanto alcanzaban la capacidad de mandar mensajes y apenas aguantaban unas pocas décadas en una galaxia que tenía ya millones de años; dejaban de existir en un parpadeo tan rápido que, incluso si en la galaxia abundaban planetas parecidos a la Tierra, la posibilidad de que una civilización durara lo suficiente para recibir un mensaje de otra era casi nula de tan diminuta, y todo por lo condenadamente fácil que resultaba dividir el átomo. A Leila no le gustaba esa teoría, pero tampoco tenía una mejor. Su opinión a propósito de cualquier escenario posible del apocalipsis se resumía en «por favor, quiero ser la primera en morir»; sin embargo, se había obligado a leer algunas crónicas de Hiroshima y Nagasaki, sobre lo que significaba tener la piel chamuscada por completo y sin embargo seguir viva, tambaleándote por la calle. Si deseaba que la historia de Amarillo fuera importante no era sólo por el bien de Pip. El miedo que el mundo sentía ante las armas nucleares era inexplicablemente distinto del que a ella le provocaban las discusiones y los vómitos: cuanto más tardaba en llegar el fin del mundo entre hongos nucleares, menos miedo parecía tener la gente. La Segunda Guerra Mundial se recordaba más por el exterminio de los judíos, o más incluso por el bombardeo de Dresde o el sitio de Leningrado, que por lo ocurrido en Japón en dos mañanas de agosto.

WIKIPEDIA

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