Para explicar el influjo que las aventuras de Los Cinco han ejercido sobre mi generación hay que hacer referencia al precio que alcanzó el trigo en la posguerra española: así empecé mi presentación de Afier Five en la Blyton Foundation, remontándome a la catástrofe que había sufrido el sector agrario en los años cuarenta, recién terminada nuestra Guerra Civil. Entonces el Estado fijaba por ley las superficies de cultivo, compraba muy barata toda la producción de cereal y controlaba el consumo con cartillas de racionamiento. A consecuencia de ello, muchos agricultores ocultaban parte de su cosecha para venderla más cara en el mercado negro. Esta práctica, unida a los efectos de una prolongada sequía y a una deuda bélica que obligaba a exportar nuestros escasos cereales a Alemania en pago por la ayuda de Hitler a Franco en la Guerra Civil, provocó una escasez de productos básicos. Mientras la población pasaba hambre, los grandes propietarios agrícolas fueron acumulando el capital que les permitió financiar el sector industrial a partir de la década siguiente.
Te quiero más que a la salvación de mi alma
Catalina en Abismos de pasión de Luis Buñuel
INCIPIT 1.127. LOS CINCO Y YO / ANTONIO OREJUDO
Para explicar el influjo que las aventuras de Los Cinco han ejercido sobre mi generación hay que hacer referencia al precio que alcanzó el trigo en la posguerra española: así empecé mi presentación de Afier Five en la Blyton Foundation, remontándome a la catástrofe que había sufrido el sector agrario en los años cuarenta, recién terminada nuestra Guerra Civil. Entonces el Estado fijaba por ley las superficies de cultivo, compraba muy barata toda la producción de cereal y controlaba el consumo con cartillas de racionamiento. A consecuencia de ello, muchos agricultores ocultaban parte de su cosecha para venderla más cara en el mercado negro. Esta práctica, unida a los efectos de una prolongada sequía y a una deuda bélica que obligaba a exportar nuestros escasos cereales a Alemania en pago por la ayuda de Hitler a Franco en la Guerra Civil, provocó una escasez de productos básicos. Mientras la población pasaba hambre, los grandes propietarios agrícolas fueron acumulando el capital que les permitió financiar el sector industrial a partir de la década siguiente.
INCIPIT 1.126. TINTA ROJA / ISAAC ROSA
CINCUENTA INTENTOS POR CONTAR QUÉ NOS PASA (PRÓLOGO)
No soy escritor de cuentos, vaya
por delante esta confesión, extraña para introducir un libro de cuentos. Si excluyo
mis primeros textos de juventud (uno siempre empieza tanteando la distancia
corta), diría que nunca he escrito un cuento por iniciativa propia. Nunca. No
me sale escribir relatos. Acumulo notas y cuadernos para una docena de futuras
novelas, pero no tengo ni un pósit con una idea para un próximo cuento. Y sin
embargo, he escrito y publicado más de un centenar en los últimos ocho años, y
voy a seguir haciéndolo.
A diferencia de mis novelas,
todos los cuentos que he escrito y publicado han sido de encargo: alguien me
pidió que escribiese cada uno de ellos. Y ahí va mi primer agradecimiento en
este prólogo: a quienes en estos años me han encargado relatos, me han ofrecido
las páginas de sus revistas, periódicos y libros para publicarlos. Como mi
editora me avisa de que me está quedando un prólogo más bien disuasorio (quién
querrá leer los cuentos de un autor que dice que no le sale escribirlos, que
solo lo hace cuando se lo encargan, y por tanto siempre que le paguen)
RONAN FARROW
El síndrome Woody Allen, Edu Galán, p. 197
De una inteligencia inusual, los
años de formación de Satchell/Ronan Farrow muestran a una persona muy avanzada
intelectualmente para su edad biológica. En ese momento ya había abandonado su
nombre de nacimíento, Satchel O'Sullivan, por el jugador de béisbol Satchel
Paige y su abuela Maureen O'Sullivan, y lo había sustituido por Ronan. Además
del deporte, Satchel Paige era muy conocido en Estados Unidos por disponer de
un buen caladero de citas ingeniosas: «No vayas a la universidad· si no es para
aprenden, soltó en una ocasión. Después de varias evaluaciones psicológicas, a
Satchel/Ronan le adelantaron varios cursos y comenzó a estudiar en el centro
para jóvenes talentos John Hopkins de Connecticut. Completó su educación en el
Bard College, una institución privada de tendencia izquierdista y liberal-en el
sentido estadounidense- fundada en 1860, donde se graduó en Filosofía con tan
solo quince años, convirtiéndose en el alumno más joven en lograrlo. El Bard
College, anuncia la revista norteamericana Inside Higher Ed, liderará una red
de instituciones de enseñanza de izquierdas financiadas con mil millones de
dólares en parte donado por el multimillonario Georges Soros en febrero de 2020
para promover «el pensamiento crítico, el cuestionamiento intelectual abierto y
la investigación basada en hechos para reforzar las bases de una sociedad
abierta en medio del rebrote autoritario”. Farrow terminó sus años de estudio
doctorándose en Derecho por la Universidad de Y ale y con otro doctorado en
Filosofía por la Universidad de Oxford.
Al igual que su madre, Satchell/Ronan
ha dedicado parte de su vida al activismo y acompañó a Farrow en diversas
ocasiones a la región de Darfur en Sudán, donde la actriz se ha destacado por
la defensa de los refugiados tras el inicio de la guerra, que todavía continúa.
Este compromiso le convirtió a lo largo de la primera década de este siglo en
portavoz de la juventud de UNICEF, donde su madre es “embajadora de buena
voluntad». En uno de esos viajes al país africano contrajo una infección en una
pierna y pasó los cuatro años centrales de la década de los 2000 alternando
silla de ruedas con muletas. Allen da voz como testigo a M oses en A propósito
de nada para contar una versión bien diferente: “Después de que Ronan terminase
Derecho, Mia le hizo pasar por cirugía estética para que sus piernas se alargasen
y ganase unos pocos centimetros de altura. Le dije que no podia imaginar el
empujar a alguien a una experiencia tan penosa por razones de estética. La
respuesta de mi madre fue sencilla, "Necesitas ser alto para hacer carrera
en politica". Fue, por supuesto, un largo Y doloroso proceso para Ronan al
que le rompieron las piernas varias veces y se las reconstruyeron para alargarlas.
Por supuesto, Mia y Ronan cuentan una historia diferente pero esto es lo que ocurrió”.
INCIPIT 1.125. PERDER EL MIEDO / SARA MESA
l. La almendra del miedo: una introducción
Piense en una almendra. En el
tamaño y la forma de una almendra. En esas dimensiones tan pequeñas caben
nuestros miedos más grandes. Mezclados, eso sí, con otras muchas emociones
humanas como la satisfacción, la ira, la tristeza, el deseo, la frustración o
la alegría. Una almendrita que está ahí, alojada en el cerebro reptiliano, el
más profundo, animal e inaccesible. Una almendrita que se llama amígdala y que
nos maneja como quiere. Usted va por la calle, está oscuro, una cosa negra y
veloz cruza corriendo por delante, da un respingo. ¡Qué rápida, la amígdala,
que ha actuado antes de que el resto del cerebro se posicione y le haga ver que
eso que creyó una rata era, en realidad, un lindo gatito!
¿Quién querría prescindir de su
preciada amígdala cerebral? Es un mecanismo perfecto de protección y defensa.
Igual que avisa de la presencia de la rata (o gatito), puede avisar de peligros
mayores. Nos permite estar muy alertas, todo por nuestro bien. Nos dice:
"¡Corre, coge un cuchillo, tírate al suelo, escóndete!”. Hasta se comunica
con la musculatura facial para que se nos ponga la típica cara de terror: ojos
como platos, pupilas dilatadas, boca abierta, cejas hacia arriba. Pensemos, por
ejemplo, en la expresión de Shelley Duvall en El resplandor mientras el filo
del hacha de Jack Nicholson asoma por la puerta…
INCIPIT 1.124. UN INCENDIO INVISIBLE / SARA MESA
l. LA LLEGADA
A unos veinte kilómetros del
centro de Vado, una vez enfilada la flamante autopista de Cárdenas, todavía
podían verse los últimos barrios periféricos: casitas adosadas, urbanizaciones
a medio construir, solares roturados y, más allá, los bloques terrosos de
Bocamanga y de Pozolán. Mirado desde el coche, el paisaje carecía por completo
de vida. Sólo de vez en cuando, entre las nubes deshilachadas, se distinguía
una pareja de milanos volando con desgana a media altura. Un par de coches y un
camión de pollos sin pollos cruzaron por uno de los carriles opuestos. Pudo
oírse un graznido, pero no se supo de quién.
Las afueras de Vado, anunció el
taxista mirando hacia delante, ni más ni menos como las de todas las demás
ciudades del mundo. Hoy nadie lo diría, continuó, pero aquéllos habían sido
barrios normales, incluso más limpios y modernos de lo habitual, con gente más
feliz y tranquila que en el resto de los sitios.
INCIPIT 1.123. EL SINDROME WOODY ALLEN / EDU GALÁN
UNOS AÑOS ANTES
Octubre de 2007
Portada de la edición española de
la revista estadounidense Esquire: una foto de Woody Allen en blanco y negro
con el titular “La tercera vida de Woody Allem. El subtítulo: “0 cómo buscar en
Europa un mecenas que pague, pero que no toque ... los guiones». Añaden: “¿Y por
qué no lo adoptamos?».
Julio-agosto de 2007
Allen rueda Vicky Cristina
Barcelona en diversos puntos de España: Barcelona, Avilés, Oviedo y hasta en mi
pueblo, Tiñana. Protagonizada por Scarlett Johansson,Javier Bardem y Penélope
Cruz, el rodaje de la película transcurrió con normalidad en el paseo de
Gracia, la Pedrera y la iglesia de Santa María del Mar de Barcelona, en la
catedral, el desaparecido restaurante La Gorrada del Obispo, la pastelería Camilo
de Bias de Oviedo y en el quiosco de la música del parque Ferrera de Avilés.
LA GALANTERIA
El síndrome Woody Allen, Edu Galán, p. 204
Uno de los primeros pilares del
Me Too, mencionado en el tuit de Alyssa Milano de 2017, es el acoso sexual en
el lugar de trabajo. Nadie puede dudar de que esta situación existe ni de que
se produce en el peor de los lugares: donde agresor y víctima, además, tienen
una relación de poder desigual o muy desigual. Ahora viene lo complicado: Cada
uno de los siguientes temas podría ocupar un libro por sí mismo. De hecho, los
hay dedicados enteramente a cada uno de ellos. Como mis páginas son limitadas y
vuestra paciencia, más, solo esbozaré algunas de las cosas que se dan por hechas
en algunos feminismos y que no me parecen tan evidentes. ¿en el acoso pueden
caber todo tipo de conductas en todo tipo de contextos? ¿No hay gradación entre
el acoso Weinstein y un piropo por la calle? ¿Son intercambiables la agresión,
el abuso, el acoso, la grosería y la galantería? Advierte la antropóloga Marta
Lamas: “Un piropo es distinto de una grosería, y una grosería es distinta de un
manoseo. Una agresión sexual no es una violación, y una violación individual no
es lo mismo que una violación tumultuaria”. Asimismo, ¿en qué se parecen la
cultura norteamericana, la chiua, la mexicana de Lamas o la española y sus
diferentes formas de relacionarse? ¿No existen los matices? El profesor De Lora
lo aborda:
Cuando no· hay vulnerabilidad ni
dependencia, el acoso, si es entendido como la insinuación, flirteo o
proposición (más o menos galante) para la relación sexual, no puede si no ser
tolerado. Habrá, obviamente, limites dictados por ese sistema normativo que los
teóricos del derecho denominan genéricamente “reglas del trato social, reglas
que están determinadas culturalmente : lo que en algunas culturas es una forma
inaceptable de invasión del “perímetro
corporal”, en otras es una más que agradecida muestra de afectuosa cercanía; el
sostenimiento de la mirada que acostumbramos en España y otros países
mediterráneos resulta una acongojante intimidación para muchos anglosajones. El
saludo con dos besos en la mejilla es afrentoso en China, etcétera.
LA PLAGA AD HOMINEM
El síndrome Woody Allen, Edu Galán, p. 158
No hay mejor noticia para un machista que la palabra «machista” disparada indiscriminadamente. Si todos, sin medida, somos machitas, los verdaderos machistas se equiparan a un maleducado o a idiota y se disuelven entre la multitud infinita de machistas. Regresamos a la pelea por lo simbólico y a una mecánica sofista similar a las de las microagresiones, pero hablemos claro: alguien es machista por condiciones materiales que lo puedan caracterizar como tal, no porque tro diga que lo es. Un hombre que profiera comentarios inadecuados puede ser o no machista; estaremos de acuerdo en que es un metepatas social. A un agricultor anciano de Huelva que defienda que las mujeres no deben ser futbolistas, no se le podría calificar como machista del siglo xxr, sino como una pobre reliquia de un machismo rancio que pronto desaparecerá, ya que nadie (estadisticamente) defiende su postura. En cambio, si este anciano no es ni agricultor ni de Huelva, sino que preside un banco con sede en Santander ya podríamos poner dudas a su condición de «viejunez” irrelevante por su situación de poder sobre mujeres. Por último, la etiqueta de «machista” se le queda corta a un maltratador que mata a su mujer porque considera que es de su propiedad. Eso sí, estará encantado que le metan en el saco del machismo generalizado. «Nos persiguen por ser hombres”, probablemente pensará.
Con estos ejemplos -muy groseros-
trato de reivindicar los matices, que parecen desaparecidos en una época de
etiquetado rápido y maniqueísmo. Eres o no eres machista, y para pasar de un
estado a otro solo necesitas contar un chiste inadecuado en un contexto no controlado,
escribir personajes machistas de ficción o tratar de explicar por qué Woody
Allen ha pasado de ser inocente a culpable en diez años-.
En este ambiente en el que se
tiende a dicotomizar la realidad en agresores y víctimas, opresores y oprimidos
o buenos y malos, reina el argumento ad hominem. Siempre me he preguntado por
qué se llama «argumento” cuando, en realidad, se trata de una falacia muy
popular hoy dia: descartar un razonamiento basándose en las características de quien
la emite.
Para opinar sobre algo, en
nuestro tiempo debes pertenecer al sobre el que opinas. No se te ocurra
escribir sobre mujer siendo hombre, no se te ocurra dar tu visión sobre la
situación de negros africanos en España si no eres un negro africano en España,
nombres a España si eres catalán, no nombres a Cataluña si eres y, por
supuesto, ¿cómo te atreves a valorar el juego del Real siendo barcelonista?
Esta plaga ad hominem descarta la calidad, o el análisis crítico del argumento
y, sobre todo, descarta las materiales del sujeto en cuestión para centrarse en
las características del emisor del argumento.
DESCONFIANZA
El síndrome Woody Allen, Edu Galán, p. 130
La desconfianza del saber común y
la negación del análisis crítico no bastan por sí solas para creer que las
instituciones, las academias, las empresas o los expertos nos están engañando.
Aunque también las instituciones, las academias, las empresas o los expertos
han contribuido a ello engañándonos más de una vez. Por ejemplo, ¿es cierto que
algunas empresas farmacéuticas se han comportado como depredadoras, controlando
el precio de los medicamentos, sobornando a médicos y estafando a aseguradoras?
Pues sí. ¿Es cierto que el sistema judicial ha funcionado en ocasiones como un
órgano represor, corrupto, al servicio de las clases altas y con un machismo
rampante? Pues sí. ¿Siempre? Pues no. ¿Y cómo lo distingo? Analizando
críticamente caso a caso y sacando una conclusión que puede, por supuesto, ser
contradictoria y negar tu premisa. Por ejemplo, según el índice de Estado de
derecho, una clasificación anual realizada por expertos del World Justice
Project basándose en variables como “ausencia de corrupción”,”derechos
fundamentales» u “orden y seguridad», advierte que Dinamarca, Noruega y
Finlandia poseen los estados de derecho más consistentes y Congo, Camboya y
Venezuela, los que menos. ¿Cabe la desconfianza en estos datos? Seguro: desde
una perspectiva individual, y con una camiseta de “La verdad está ahí fuera” puesta
porque soy fan de Cuarto milenio, puedo alegar que no son exactos porque
requerirían de mejores variables, porque provienen de una organización corrupta
o porque yo he viajado a Congo y no están tan mal. ¿Valdrían como argumentos
que negasen completamente un estudio serio? No. ¿Esta desconfianza sistémica,
propuesta a toda velocidad y sin datos, podría calar en la población? Creo que
estamos viviendo imbuidos de ella: de hecho, funda gran parte de los métodos que
utilizamos para comunicarnos, y estos tiempos de coronavirus, plagados de bulos
y millones de versiones de soluciones a una epidemia que se está desplegando en
directo frente a nuestros ojos lo prueban. Estos medios de comunicación
personal-redes sociales, web-se basan en el yo y en la atención al yo, y pocas
cosas atraen mayor atención hacia uno mismo que señalar un posible fallo en un
sistema, sin importar que este apunte esté basado en la conspiranoia, en la
pseudociencia o en la creencia. Llama más la atención decir que la Tierra es
plana que decir que es redonda, luego afirmar que es plana será más reforzado
en un mundo -el actual- donde prima el ser atendido antes que el ser
racional-que suele ser muy aburrido, solo hace falta ver la cara de un
científico o un académico de la lengua-.
INCIPIT 1.122. EL ROCE DEL TIEMPO / MARTIN AMIS
El pecado natural de la lengua
En el proceso de composición de
un poema lírico o un relato corto muy breve se puede alcanzar un punto en el
que ya no quepa mejora alguna. Cualquier texto con una extensión mayor de un
par de páginas -tal como nos recordará luego ]ohn Updike, citando a T. S.
Eliot- sucumbirá pronto al “pecado natural de la lengua» y exigirá un trabajo
de una concentración mucho mayor. Con “pecado natural de la lengua” supongo que
Eliot se refiere a: a) su indocilidad (cómo se resiste de forma constante y sinuosa
aun a las manos más diestras), y b) su promiscuidad: en casi todos sus manejos,
la lengua pasa de mano en mano sin prejuicio alguno como una moneda, y hace
acopio de gran cantidad de sedimentos de sudor y arenilla y cieno. A los poetas
les resulta familiar la súbita conjetura de que han de dar término a las
revisiones de sus versos (y cuanto antes mejor) y de que sus supuestas mejoras
empiezan a causar un daño real. Incluso el novelista comparte este miedo: uno
siempre teme, nervioso, perder la idea que le acaba de llegar en un momento de
inspiración. Northrop Frye, “rey filósofo» literario a quien yo debo lealtad,
dijo que quien engendra un poema o una novela es más una matrona que una madre:
la meta es poner al niño en el mundo con el menor daño posible; si la criatura vive,
gritará para liberarse de cordones umbilicales y sondas alimenticias del ego”
CULPABLES
El síndrome Woody Allen, Edu Galán, p. 130
Ponme trescientos gramos de
culpables
Nuestro tiempo, huérfano de
dioses a los que señalar, necesita más que nunca encontrar a un culpable dentro
de la atmósfera terrestre que nos explique por qué ocurre el mal o la
desgracia. ¿Quiénes son los culpables del cambio climático? ¿Quiénes son los
culpables de que tenga cáncer intestinal? ¿Quiénes son los culpables de los
tiroteos masivos en Estados Unidos? ¿Quiénes son los culpables de la
discriminación del pueblo gitano? ¿Quiénes son los culpables de la violencia
contra la mujer? Tras todo esto subyace la idea, infantil, individualista y
emocional, es decir, propia de nuestra época, de que cuando se encuentre al culpable,
o a los culpables, además de tranquilizarnos como si fuese una nana, el
problema desaparecerá sin más intervención que el haberlo hallado. Entre los
partidos populistas se ha entendido perfectamente este mecanismo: uno de sus
éxitos radica en proponer soluciones sencillas y muy comprensibles –“muy de
sentido común”- que culpen a una variable (los extranjeros, los homosexuales,
los hombres, los medios de comunicación ... ) para conseguir el voto de la
población.
Denme culpables que se adapten
rápidamente a mi ideología: no reciclar el plástico, el abuso en la ingesta de
carne roja, Donald Trump, el exceso de inmigración, la pulsión violadora de los
hombres, el porno, la apropiación cultural... El listado podría ser
interminable, pero siempre estaría compuesto por culpables que explican el 99
por ciento del problema. No existe la multicausalidad, no existe la
contradicción y no existe el contexto, de ahí que las soluciones populistas sean
prohibir el plástico, prohibir la carne roja, prohibir a Donald Trnmp, prohibir
la inmigración, prohibir el pomo o prohibir a Rosalia.
¿Novedad? No: en la Antigüedad se
hubiese culpado a Zeus del cambio climático, a Apolo de Rosalía o a Satanás del
porno. Pero suponíamos que la época oscura e irracional estaba superada: ¡y lo está!
De ahí lo grave de la situación. Tenernos medicina, física, biología, meteorología,
derecho, criminología, fotografía, psicología, antropología, sociología ...
Pero no valen, porque su estudio para llegar a conclusiones lleva un tiempo
intolerable en nuestra época y, generalmente, depende de demasiados factores y
alguna que otra contradicción ... Incluso a veces, a pesar del enorme
conocimiento que manejarnos y de que disponernos, hoy más que nunca, no somos
capaces de identificar a «los culpables": ¡no sabernos exactamente cómo se
creó el universo! ¡No entendernos la física cuántica! ¡No podernos predecir si
el año que viene va a haber huracanes! ¡Seguirnos sin comprender el éxíto de
Raphael! Pero, no os alarméis, los populismos conectados a internet nos dan
soluciones a todo.
INCIPIT 1.121. AVA EN LA NOCHE / MANUEL VICENT
Un joven aspirante a director de cine llega a Madrid dispuesto a realizar sus sueños de gloria cuando la sombra de un asesino vagaba por los salones de la alta burguesía del barrio de Salamanca. En los tablaos flamencos no eras nadie si no le habías encendido un cigarrillo a Ava Gardner. Los soldados negros de la base de Torrejón volaban como aves del paraíso sobre los prostíbulos de color fresa de la calle de la Ballesta y en todas las barras de los bares siempre había alguien que sabía explicar cómo funcionaba el garrote vil y en ese momento todo el mundo callaba. En la radio sonaba la canción de Renato Carosone «Tu vuo fo !'americano».
INCIPIT 1.120. MONSTRUAS Y CENTAURAS / MARTA SANZ
Estas páginas nacen del desconcierto que provoca la saturación informativa. Estoy expuesta a tantas fuentes que ya no sé casi nada. Estas páginas son el resultado de leer unos pocos periódicos -muy pocos- durante los meses de febrero y marzo de 2018. Hay personas que reformulan sus prejuicios a través de las noticias; hay personas que los afianzan; hay personas que, con sus prejuicios, se defienden de noticias que cada vez lo son menos. Así que estas páginas se componen del jugo gástrico con el que he digerido el Me Too, la carta de las intelectuales francesas y la huelga feminista de 2018. Son reflexiones dispersas y posibles vías de trabajo. Balizas. Puntos que se señalan en el mapa del tesoro. Las marcas que deja una goma de borrar cuando se ha escrito mal, a lápiz, una letra. Correcciones y frases.
INCIPIT 1.119. LAS COSAS COMO SON / PAU LUQUE
MÁS ALLÁ DE LAS FAVOLETTE
Dos mil trece años después del
instante en que el tiempo dejara de contarse en reversa, el azar me puso a vivir
a pies del Vesubio. En Nápoles compartí piso una temporada con un decibélico
director local de cine. Cario Luglio «como el mes”, decía al teléfono cuando le
daba pereza deletrear su apellido, me hizo ver un día de septiembre una de sus
películas: Cardilli addolorati (2003). Era un documental que exploraba el
siniestro y a la vez extrañamente tierno mundo del tráfico y venta de pajaritos
en las afueras de Nápoles. La película me gustó, así que me dejé guiar por él y
un domingo que me invitó al cine acepté. Vimos La prima neve (2013), de Andrea
Segre. Es una historia de bondad y amistad entre un inmigrante en Italia y un
niño local. U na película afectada, por no decir empalagosa. Al salir del cine,
Cario Luglio «como el mes”, sin que yo le solicitara su opinión pero con
vehemente indiferencia -combinación de actitudes que constituye un oxímoron en
todo el mundo salvo en Nápoles-, se refirió a lo que acabábamos de ver en ese
vetusto cine del centro con las siguientes palabras: «M ah, una fovoletta.» O
sea: “Bah, una fabulita, un cuentito de hadas.”
NABOKOVIANA
El roce del tiempo, Amis, p. 33
Hay una debilidad en Nabokov por
el «patricianismo», como lo llamó Saul Bellow (Nabokov, el típico exiliado;
Bellow, el típico emigrante). En las novelas netamente «rusas» de Nabokov (me
refiero a las novelas escritas en ruso que no tradujo el propio Nabokov), los
personajes masculinos, en particular, poseen cierta cualidad de autoexaltación:
son más grandes y ruidosos que la vida. No andan, «marchan” o «dan zancadas»;
no comen ni beben, “mastican» y «tragan»; no ríen, «braman”. Nada que ver con
los seres furtivos, neurasténicos y vacilantes que pueblan la narrativa anglófona
dominante: ellos son musculosos (y dotados) rompecorazones, que ganan rodas las
peleas y consiguen a todas las chicas. El orgullo, para ellos, no es un pecado
mortal sino una virtud cardinal. Por supuesto, no podemos prescindir de esta
vena en Nabokov: nos brinda, en otros textos, su espléndidamente cómica arrogancia.
En Lolita, la altanería quiere ser divertida: en otras obras, este rasgo no
logra enmascarar ni la ironía misma.
En Ada el nabobismo se combina de
forma desastrosa con una ninfolepsia2 profusa, monótonamente y sin fricción
alguna satisfecha. La propia Ada, al principio, tiene doce años, y Van Veen, su
primo (y medio hermano), catorce. Cuando Ada crece y llega a la adolescencia,
también cuentan con su hermana, la pequeña Lucette, para avivar aún más sus
«agotadores encuentros ». Por si fuera poco, hay una cuasifantasía en curso
sobre la cadena internacional de burdeles elitistas donde es posible «manosear y
mancillan” a chicas muy pequeñas, algunas incluso de once años. Y el padre de
Van, de sesenta años (una cifra que parece casual pero se ajusta al tipo),
tiene una amante que acaba de estrenar los dos dígitos: diez años. Este libro
interminable está escrito con una prosa densa, erudita, aliterada, sofocante, llena
de juegos de palabras, y cada personaje, sin excepción, «suena» al difunto
Henry James.
Ada, al igual que Finnegans Wake,
probablemente «funciona» y «da la talla”: el decodificador multilingüe, si
dispone de tiempo suficiente y no tiene otra cosa que hacer, podría
desenmarañar sus trabajosos sistemas y simetrías, sus solitarios e incómodos
laberintos y sus viscosas nostalgias. De lo que adolecen ambas novelas, sin
embargo, es de falta del más mínimo atisbo de tracción narrativa: se deslizan y
resbalan, incapaces de ceñirse al camino. Y en Ada, además, hay algo
completamente ajeno, una sensación de monstruosa licencia, de aristocrarismo
ilimitado y quimérico. Moralmente, este es el mundo que anhela Humbert: un
mundo donde “nada importa» y «todo está permitido».
JAMESIANA
La mujer temblorosa, Siri Hustvedt, p. 214
En Lo que Maisie sabía, Henry
James identifica una nueva sensación que había comenzado a despertar en su
protagonista infantil:
Las hieráticas muñecas empezaron
a mover los brazos y las piernas desde los sombríos estantes, y formas y frases
antiguas adquirieron un sentido que la aterrorizaba. Descubrió una sensación
nueva: la del peligro; y al mismo tiempo un nuevo remedio para enfrentarlo: la
conciencia de una vida interior o, en otras palabras, la posibilidad de guardar
secretos.
Maisie descubre el lugar dentro
de nosotros mismos al que podemos retirarnos, el lugar donde nos escondernos sin
que otros nos vean, el refugio que buscamos cuando tenemos miedo y el oscuro
santuario que hace posible las mentiras y también las fantasías, las
ensoñaciones, los malos pensamientos y los intensos diálogos interiores. Ese
lugar no es el yo primario biológico. Surge en algún momento impreciso de la
infancia. Los otros animales no lo tienen; se necesita entender que existe una
realidad dual, que el contenido emocional o verbal de un ser interior no tiene
por qué mostrarse al exterior. En otras palabras, hay que ser consciente de lo
que se esconde para poder esconderlo. Los niños pequeños suelen narrar sus pensamientos
en voz alta. Cuando tenía tres años mi hija parloteaba sin parar mientras
jugaba: “El cerdito se va a la cama solito. ¡Ay! ¡Se cae de la cama! Es mejor
que lo vuelva a meter en la camita. No llores, cerdito”. Pero más adelante la
narración cesó. Sophie era capaz de jugar en silencio durante horas, absorta,
sin hablar. Su narrador se había vuelto interior. ¿Es entonces cuando se
produce el cambio? ¿Es ese escenario interior, donde se desarrollan los
pensamientos y los juegos, lo que muchos de nosotros identificamos como el yo?
¿Es nuestra versión propia del Cogito, ergo sum de Descartes?
En su Compendio de psicología,
William James, hermano mayor de Henry James, desarrolla una noción muy amplia
del yo, o de los yos, que empieza con el cuerpo de un individuo, un ego
material, un yo, y después se desplaza hacia fuera para incluir a un yo más
amplio, lo mío, que abarca la ropa de una persona, su familia, su casa y propiedades,
sus éxitos y fracasos. Es de destacar que James sostiene que hay partes de
nuestro cuerpo más íntimas que otras, que un montón de sentimientos personales (que
él denomina «el yo de los yos”) se dan “entre lacabeza y la garganta” o del
cuello para arriba y no del cuello para abajo. A la luz de este yo fluctuante,
James establece una distinción entre la persona simpática y la antipática.
Utilizando el estoicismo como ejemplo del carácter antipático, sostiene: “Las
personas con estrechez de miras se atrincheran detrás de su yo, se repliegan de
un terreno que no pueden asegurar por completo”. Por el contrario, las personas
simpáticas “proceden de forma totalmente opuesta, a través de la expansión y la
inclusión. Con frecuencia el perfil de su ser se torna incierto, pero lo suple
con creces gracias a su carácter expansivo”
LA MUJER TEMBLOROSA
La mujer temblorosa, Siri Hustvedt, p. 202
La historia de la mujer
temblorosa es la narración de un hecho repetido que, con el paso del tiempo,
fue ganando múltiples significados al considerarlo desde diferentes perspectivas.
Lo que al principio pareció una anomalía, adquirió una carga emocional y alarmante
tras su reaparición. ¿Puede decirse que, con el paso del tiempo, mis respuestas
eran psicológicas más que neurológicas? ¿Dónde se fijan los límites? Los
científicos suelen hablar de niveles: el nivel neural y el nivel psicológico.
Usan una metáfora espacial. Debajo están las neuronas. Un escalón más arriba, la
psique. Subimos por una escalera, no muy diferente a la gran cadena del ser
medieval. Lo visible existe en el primer peldaño y lo invisible, todo lo
psíquico, en el segundo. Una neurona puede verse. Los pensamientos, no. ¿Son
las neuronas más reales que los pensamientos? Los científicos hablan a menudo
de las representaciones neurales. ¿Cómo representan las neuronas una cosa? Una
representación es una imagen o un símbolo de otra cosa. ¿Cómo funciona eso?
¿Existe un estrato llamado cerebro y por encima otro llamado mente que están
interconectados de alguna manera? Otros científicos y filósofos añaden un
tercer nivel QUE comprende nuestra vida cultural, social y global (aquello que
está fuera de nosotros). ¿No cabe la posibilidad de que esta metáfora visual
sea problemática, que la idea misma de establecer niveles jerárquicos sea una
noción ¿De verdad pueden distinguirse tan claramente el cerebro, la psique y lo
cultural? ¿No nacemos en un mundo lleno de otras cosas y otros seres
significativos? No tengo una respuesta para estas preguntas pero me planteo, al
igual que Wall, si es posible aislar de su contexto una experiencia como el
dolor.
IMAGENES MENTALES
La mujer temblorosa, Siri Hudsvedt
Quizá el ejemplo más famoso sea
el del conductista J. B. Watson, que rechazaba de plano las imágenes mentales y
afirmaba que no existían. Watson defendió su postura en un debate público que
tuvo lugar en el Club de Psicología de Washington D.C., donde declaró que «la
psicología subjetiva nunca ha producido descubrimiento alguno, tan sólo
especulación rnedieval».El año anterior a ese debate público, Freud publicó El
yo y el ello, donde modificaba su anterior modelo de la mente. En él abandonaba
sus primeras tres categorías (consciente, inconsciente y preconsciente)
desarrolladas en La interpretación de los sueños, a favor de un nuevo enfoque
basado en el funcionamiento de sus nuevas divisiones de la mente. El concepto freudiano
del ego, o del yo (Ich) no era el del narrador interior o el de una conciencia
perceptiva abarrotada de imágenes. Además incluía el desarrollo de una noción corporal
del ser muy similar a un esquema corporal (que determina nuestra sensación de
ser alguien separado de los demás) así corno de otros procesos inconscientes.
El ello (das Es) era el lugar, siempre inconsciente y atemporal, donde
radicaban las necesidades o los impulsos primarios. El superego o superyó
(über-Ich) era similar a una conciencia personal que surgía a través de las
identificaciones primarias y más importantes de una persona, aquellas que
establece con sus padres. Así que en la época en que Freud estaba
replanteándose su modelo mental, incluyendo en él grandes zonas inconscientes,
Watson se dedicaba a negar que existieran siquiera las imágenes visuales que
son una experiencia consciente y cotidiana la mayoría de la gente.
Las ideas crecen, pero a menudo
lo hacen en zanjas estrechas y profundas. Watson era un defensor radical y polémico
del conductismo, pero sus ideas han tenido efectos trascendentales en la
ciencia y en la filosofía de la ciencia. Hay personas en el mundo que carecen
de la capacidad de crear imágenes mentales (mi poeta traductor y quizá algunos
filósofos), pero son una minoría y algunos son pacientes neurológicos. Mi
pregunta es, si Watson y los colegas que le secundaban veían novelas o
recordaban casas y paisajes, o incluso las palabras de un texto que habían
leído en tal página, con sólo repasarlo todo mentalmente, ¿cómo podían
cuestionar la existencia de las imágenes mentales? Además, ¿no sueña todo el mundo?
¿Los sueños no son imágenes mentales visuales? Los dogmas pueden cegar a las
personas.
INCIPIT 1.118. RETRATOS DE INFANCIA / JM COETZEE
Recientemente, y tras permanecer más de sesenta años guardadas, han salido a la luz las primeras fotografías tomadas por J. M. Coetzee. Al emigrar a Australia en 2002, Coetzee conservó un piso en Ciudad del Cabo, y cuando vendió la propiedad en 2014 tuvo que deshacerse de muchos de los efectos personales almacenados en él.
La compañera de Coetzee, Dorothy
Driver, que se había trasladado a Ciudad del Cabo para encargarse de los
trámites, me preguntó si me interesaba una ampliadora fotográfica vieja y
material diverso para un cuarto oscuro. En aquel momento yo había colaborado con
Coetzee en la publicación de sus guiones cinematográficos (Two Screenplays, UCT
Press). Llegó la ampliadora junto con una anticuada maleta de cartón con un
equipo completo para un cuarto oscuro (cubetas de revelado, bandejas, filtros,
jarras de medición, marcos y un surtido de productos químicos y papel
fotográfico), así como unas cuantas fotografías y varios carretes revelados. Estos eran rollos de negativos de
35 mm en blanco y negro, guardados dentro de las típicas latas de aluminio. A
juzgar por las fechas de caducidad de las latas de Ilford y Afrox (ABRIL, 1957,
SEPT., 1956, etcétera), eran de mediados de la década de 1950, cuando la familia
Coetzee se mudó de Worcester a Ciudad del Cabo y John asistió al colegio
marista Saint Joseph de Rondebosch.
Escribí inmediatamente a Coetzee
un correo electrónico para hablarle de las fotografías, sugiriéndole que se
trataba de documentación que era necesario conservar y que podía tener interés
para los estudiosos.]. C. Kannemeyer no había utilizado este material en su biografía
sobre Coetze, lo que indicaba que este podía haberlo pasado por alto cuando le
permitió acceder a sus archivos personales. Coetzee me contestó dándome
autorización para que me ocupara de ello, aunque también expresó sus dudas
acerca del interés que podían tener las fotografías de aficionado de un chaval
de dieciséis años.
INCIPIT 1.117. LOS CHICOS DE LA NICKEL / COLSON WHITEHEAD
Hasta muertos creaban problemas, los chicos.
El cementerio secreto estaba en
el lado norte del campus de la Nickel, en media hectárea de terreno irregular
llena de hierbajos entre la antigua caballeriza y el vertedero. Aquello eran
pastos cuando la escuela tenía montada una vaquería y vendía leche a clientes
de la localidad, una de las maneras con que el estado de Florida aliviaba la
carga fiscal que supo rúa la manutención de los muchachos. Los urbanistas del
parque empresarial habían reservado el terreno para hacer una zona de
restaurante, con cuatro fuentes arquitectónicas y un quiosco de música para
algún concierto ocasional. El hallazgo de los cadáveres fue una costosa
complicación tanto para la empresa inmobiliaria que estaba esperando el visto
bueno del estudio medioambiental, como para la fiscalía del estado, que acababa
de cerrar una investigación sobre las presuntas agresiones. Ahora tenían que
iniciar nuevas pesquisas, establecer la
identidad de los fallecidos y la forma en que murieron, y a saber cuándo aquel
maldito lugar podría ser arrasado, despejado y limpiamente borrado de la
historia. Lo único que todos tenían claro era que la cosa iba para largo.
Todos los chicos estaban al
corriente de aquel lugar abyecto. Tuvo que ser una alumna de la Universidad del
Sur de Florida quien lo sacara a la luz pública varias décadas después de que
el primer chico fuese arrojado al hoyo dentro de un saco de patatas. Cuando le
preguntaron cómo había descubierto las tumbas, la alumna, Jody, respondió que
el terreno “se veía raro”.
NEURONAS ESPEJO
La mujer temblorosa, Siri Hustvedt, p. 107
A estas alturas mucha gente ha
oído hablar de las neuronas espejo descubiertas en 1995 en los monos macacos por
Vittorio Gallese, Giacomo Rizzolatti, Leonardo Fogassi y Luciano Fadiga. Dichas
neuronas, localizadas en la corteza premotora del animal, se activan cuando el mono
hace algo como, por ejemplo, agarrar un plátano, pero también se activan cuando
el mono observa a otro ejecutar la misma acción y él no hace nada. No es de
sorprender que los científicos hayan detectado un sistema espejo en los seres
humanos. No sabemos cuál es su significado exacto, pero el descubrimiento de
unas neuronas espejo ha desatado la especulación de que puedan estar implicadas
en todo, desde el lenguaje hasta la empatía. Rizzolatti estaba convencido de
haber encontrado el sistema de codificación que subyace al lenguaje humano. Al menos,
las neuronas espejo parecen ser parte del intercambio dialéctico inherente a
las relaciones humanas, una raíz biológica para la reflexión entre el «yo” y el
«tú”, una idea que se remonta por lo menos a Hegel y se refuerza con su
interpretación de que la conciencia de nuestra propia identidad se origina en
las relaciones entre el ser y el otro: «La conciencia de nuestra propia
identidad existe en sí misma y, a partir de ahí, existe también para otro ser con
conciencia de su propia identidad; es decir, sólo si se la percibe y es
"reconocida'' .
La palabra yo aparece bastante
tarde en el habla del niño. Como señala Merleau-Ponty: «El pronombre yo sólo
adquiere todo su significado cuando el niño lo usa no como un símbolo
individual para designarse como persona (un símbolo que se le ha dado de una
vez y para siempre a él y sólo a él), sino cuando comprende que todas las
personas que ve son un "yo” para sí mismas y un "tú” para los demás”.
Antes de llegar al “yo”, la mayoría de los niños se refiere a sí mismo usando
su nombre. Recuerdo que mi hija decía “Sophie zanahoria” en lugar de “Yo quiero
una zanahoria”. Los gemelos de seis años de edad estudiados por Luria no tenían
ninguna palabra para el “yo” en su lenguaje privado. Se referían a sí mismos en
tercera persona. En algunas manifestaciones de la afasia el “yo” desaparece
enseguida y en algunos casos de esquizofrenia el “yo” y el “tú” se confunden o
carecen de sentido.
LA SUBJETIVIDAD
La mujer temblorosa, Siri Hustvedt, p. 102
La subjetividad no es la historia
de un “yo” absoluto y equilibrado que va por la vida tomando una decisión consciente
tras otra. Tampoco es una máquina cerebral incorpórea, preprogramada
genéticamente para actuar según unas pautas preestablecidas y predecibles. Con
el paso del tiempo ha ido perdiendo fuerza la comparación del cerebro con el
disco duro de un ordenador al que se le actualiza el software de forma
continua. Con el advenimiento de la tecnología el ordenador se ha convertido en
un modelo cognitivo, pero a mí me parece extraño que los científicos y una
buena parte de los filósofos hayan decidido que una máquina puede ser un modelo
adecuado para la mente humana. Por algo muy sencillo: las máquinas carecen de
emociones y los humanos no pueden tomar decisiones sin implicar en ellas
valores afectivos. Perderían capacidad de juicio, en lugar de ganarla. En su libro
El error de Descartes, Antonio Damasio nos proporciona pruebas neurológicas de
algo que la gente sólo podía llegar a intuir: que la emoción es crucial para el
buen razonamiento. Las personas con daños en el lóbulo frontal tienen las
emociones embotadas y ello afecta a su capacidad de actuar en beneficio propio.
Además, nuestra subjetividad no está cerrada sino abierta al mundo exterior. Es
un hecho indiscutible pero que suele olvidarse, y los científicos, obsesionados
con las funciones cerebrales, a veces tratan estos procesos como si tuvieran lugar
en un órgano aislado que no formase parte del cuerpo, un ramillete de neuronas
metido en una cuba que sólo se ocupan de lo suyo sin interferencia alguna.
William James escribió: “Toda acción es una reacción al mundo exterior; y el
estadio intermedio de la consideración, la contemplación o el pensamiento no es
más que un lugar de tránsito, el fondo de un circuito cuyos dos extremos están
conectados con el mundo exterior[ ... ] La corriente de la vida que nos entra
por los ojos y las orejas sale por nuestras manos, pies y labios». El modelo de
experiencia subjetiva que presenta James es dinámico e incluye el mundo que
percibimos, con todo lo que ello implica: imágenes, sonidos, olores,
sensaciones, emociones, otras personas, pensamiento y lenguaje. Todo eso está
dentro de nosotros. Estamos habitados, ocupados, somos seres plurales y siempre
vivimos en relación con ese mundo exterior que percibimos como seres corporales
y no solamente como cerebros.
PAPAGENO

Añadir título
Exhalación, Ted Chiang
No es ninguna coincidencia que “aspiración”
signifique al mismo tiempo tener esperanza y el acto de respirar. Cuando
hablamos, usamos el aliento de nuestros pulmones para darle a nuestros
pensamientos una forma física. Los sonidos que emitimos son simultáneamente
nuestras intenciones y nuestra fuerza vital.
Hablo, luego soy. Los aprendices vocálicos, como los papagayos y los humanos, somos tal vez los únicos que comprendemos del todo la verdad que hay en esto.
Dar forma a los sonidos con la
boca tiene algo placentero. Es tan primario y visceral que, a lo largo de la
historia, los humanos han considerado esta actividad una senda hacia lo divino.
Los místicos pitagóricos creían que las vocales representaban la música de las
esferas, y salmodiaban para extraer poder de ellas.
Los cristianos pentecostales
creen que cuando hacen uso de lo que llaman “don de lenguas” están hablando el idioma que emplean los
ángeles en el cielo.
Los brahmanes creen que al
recitar mantras refuerzan los ladrillos que construyen la realidad. Sólo una
especie de aprendices vocálicos atribuiría tanta importancia al sonido en sus
mitologías. Nosotros los papagayos sabemos valorarlo.
Según la mitología hindú, el
universo fue creado con un sonido: “om”. Es una sílaba que contiene en su interior todo lo que siempre
fue y ha sido. Cuando el telescopio Arecibo se orienta hacia el espacio entre
las estrellas, oye un leve canturreo.
A esto, los astrónomos lo llaman
el fondo de microondas cósmico. Es la radiación residual del Big Bang, la
explosión que creó el universo hace catorce mil millones de años.
Pero también podemos considerarla
como una reverberación apenas audible de aquel “om” origínal. Esa sílaba era tan
retumbante que el cielo nocturno seguirá vibrando mi entras dure el universo.
Cuando Arecibo no está escuchando
otra cosa, escucha la voz de la creación.
Nosotros los papagayos
portorriqueños tenemos nuestros propios mitos. Son más simples que la mitología
humana, pero yo creo que a los humanos les agradarían. Ay, nuestros mitos se
están perdiendo a medida que mi especie desaparece. Dudo que los humanos
lleguen a descifrar nuestro idioma antes de que nos hayamos esfumado.
De modo que la extinción de mi
especie no sólo supone la pérdida de un grupo de aves. Significa también la
desaparición de nuestro idioma, nuestros rituales, nuestras tradiciones. Significa
el silenciamiento de nuestra voz.
Solomon Shereshevski
Exhalación, Ted Chiang
La facilidad de búsqueda que proporciona Remem es de por sí
asombrosa, pero eso no es más que una ínfima parte del potencial que Whetstone
ve en el producto. Cuando Deirdre verificó las antiguas aseveraciones de su
marido, estuvo planteando consultas explícitas a Remem. Pero Whetstone espera que,
a medida que la gente se vaya acostumbrando a su producto, las consultas ocupen
el lugar del acto cotidiano de recordar, y que Reme m pase a integrarse en sus
procesos racionales. Una vez esto suceda, nos convertiremos en ciborgs cognitivos,
incapaces a todos los efectos de recordar mal nada; el vídeo digital a prueba
de errores almacenado en silicona adoptará el papel que en su día ocuparon
nuestros falibles lóbulos temporales.
¿Cómo será disponer de una memoria perfecta? Se puede argumentar
que el individuo con la mejor memoria documentada a lo largo de la historia fue
Solomon Shereshevski, que vivió en Rusia durante la primera mitad del siglo xx.
Los psicólogos que lo examinaron descubrieron que podía escuchar una serie de
palabras o números una vez y recordarlos meses o incluso años después. Sin
conocimientos de italiano, Shereshevski era capaz de citar las estrofas de la
Divina Comedia que había leído quince años antes.
Pero tener una memoria perfecta no era ningún chollo, como
podríamos pensar. Leer un pasaje de un texto evocaba tantas imágenes en la
mente de Shereshevski que a menudo no podía concentrarse en lo que estaba
diciendo en ese momento, y su consciencia de innumerables ejemplos específicos
le dificultaba la comprensión de conceptos abstractos. A veces intentaba
olvidar cosas deliberadamente. Escribía números que ya no quería recordar en
pedazos de papel y los quemaba, una especie de tala y quema para despejar la
maleza de su mente, aunque en vano.
INCIPIT 1.116. EXHALACION / TED CHIANG
EL COMERCIANTE Y LA PUERTA DEL ALQUIMISTA
Oh, poderoso califa y líder de
los fieles, me humillo ante el esplendor de tu presencia; un hombre no puede
esperar mayor bendición mientras camine por este mundo. La historia que tengo
que contar es verdaderamente extraña, y si hubiese de tatuarse en su totalidad
en el rabillo de nuestro ojo, el prodigio de su ejecución no excedería al de
los acontecimientos relatados, puesto que es una advertencia para todo aquel
susceptible de ser advertido y una lección para todo aquel susceptible de
aprender de ella.
Me llamo Fuwaad ibnAbbas, y nací
aquí en Bagdad, Ciudad de la Paz. Mi padre era comerciante de grano, pero
durante la mayor parte de mi vida he trabajado como proveedor de tejidos de
calidad, comerciando con seda de Damasco, lino de Egipto y bufandas de
Marruecos brocadas en oro. El negocio era próspero, pero tenía yo un corazón
inquieto, y ni la acumulación de lujos ni la donación de limosnas lo calmaba. Ahora
me presento ante ti sin un solo dírham en el monedero, pero estoy en paz.
Alá es el principio de todas las
cosas, pero, con el permiso de Su Majestad, comienzo mi historia por el día en
que di un paseo por el distrito de los herreros. Necesitaba comprar un regalo
para un hombre con el que tenía que hacer negocios, y me habían dicho que
sabría apreciar una bandeja de plata. Después de trastear durante media hora,
me di cuenta de que una de las tiendas más grandes del mercado había cambiado
de propietario. Era un puesto bien situado que debía de haber sido costoso
adquirir, así que entré a examinar su mercancía.
INCIPIT 1.115. LA MUJER TEMBLOROSA / SIRI
Cuando murió mi padre yo me encontraba en mi casa de Brooklyn, pero apenas unos días antes había estado con él, sentada junto a su cama en la residencia de ancianos de Northfield, en Minnesota. Estaba físicamente débil aunque mentalmente lúcido y estuvimos hablando e incluso riéndonos, si bien no recuerdo el contenido de nuestra última conversación. Lo que sí recuerdo con toda claridad es la habitación donde pasó los últimos días de su vida. Mis tres hermanas, mi madre y yo habíamos colgado algunos cuadros en las paredes y habíamos llevado una colcha color verde pálido para contrarrestar la austeridad de aquel lugar. Pusimos un jarrón con flores en el alféizar de la ventana. Mi padre tenía enfisema y sabíamos que no le quedaba mucho tiempo de vida. Mi hermana Liv, que vive en Minnesota, fue la única hija que estuvo a su lado cuando murió. Había sufrido un segundo colapso Pulmonar y el médico opinó que no resistiría otra íntervención quirúrgica. Mientras papá aún estaba consciente, ya no podía hablar, mi madre nos llamó una por a las tres hijas que vivíamos en Nueva York para que le dijésemos algo por teléfono. Recuerdo perfectamente me detuve un instante a pensar qué debía decirle.
PAPAGAYOS
Exhalación, Ted Chiang, p. 229
Los humanos se sirven de Arecibo para buscar vida
inteligente extraterrestre. Su deseo de lograr un contacto es de tal magnitud que
han creado una oreja capaz de oír lo que pasa en la otra punta del universo.
Pero mis compañeros papagayos y yo estamos aquí. ¿Por qué no
les interesa escuchar nuestras voces?
Somos una especie no humana capaz de comunicarnos con ellos.
¿Acaso no somos exactamente lo que los humanos están buscando?
universo es tan vasto que sin duda tiene que haber surgido vida inteligente muchas veces. El universo es, además, tan antiguo que a una especie tecnológica podría haberle dado tiempo incluso a llenar la galaxia. Sin embargo, no hay señales de vida en ninguna parte salvo en la Tierra. Los humanos llaman a esto la paradoja de Fermi.
Una solución propuesta a la paradoja de Fermi es que las especies
inteligentes tratan activamente de ocultar su presencia para evitar convertirse
en el objetivo de invasores hostiles.
Como miembro de una especie que los humanos han conducido a
la casi total extinción, puedo atestiguar que es una estrategia astuta.
Tiene sentido quedarse en silencio y evitar llamar la
atención. La paradoja de Fermi se conoce a veces como el Gran Silencio. El
universo debería ser una cacofonía de voces y, sin embargo, está
desconcertantemente silencioso.
Algunos humanos teorizan que las especies inteligentes se
extinguieron antes de lograr expandirse por el espacio exterior. Si están en lo
cierto, entonces la calma del firmamento nocturno es el silencio de un
cementerio.
Hace cientos de años, mi familia era tan abundante que el bosque
Río Abajo retumbaba con nuestras voces. Ahora prácticamente hemos desaparecido.
Pronto esta selva quedará tan silenciosa como el resto del universo.
Hubo una vez un papagayo gris africano llamado Alex. Era famoso por sus capacidades cognitivas. Famoso entre los humanos, me refiero.
Una investigadora humana llamada Irene Pepperberg se pasó
treinta años estudiando a Alex. Descubrió que éste no sólo sabía palabras para
nombrar formas y colores, sino que realmente comprendía los conceptos de forma
y color. Muchos científicos fueron escépticos ante la posibilidad de que el ave
captara conceptos abstractos. A los humanos les gusta pensar que son únicos.
Pero al final Pepperberg los convenció de que Al ex no se limitaba a repetir
palabras, sino que comprendía lo que estaba diciendo. De todos mis primos, Al
ex fue el que estuvo más cerca de ser tomado en serio como interlocutor por
parte de los humanos. Alex murió repentinamente, cuando era relativamente joven.
La tarde antes de morir, Alex le dijo a Pepperberg, “Tú es buena. Te quiero”.
Si los humanos buscan un contacto con una inteligencia no
humana, ¿qué más pueden pedir?
EL ESTADIO DEL ESPEJO
La mujer temblorosa, Siri Hustvedt, p. 62
Los bebés y la mayoría de los animales no se reconocen a sí
mismos cuando se miran en el espejo. Mi perro Jack no muestra ningún interés en
su reflejo y no tiene ni idea de que pueda pertenecerle. En algún estadio de su
desarrollo los seres humanos, algunos primates, los elefantes y una especie de
delfines son capaces de darse cuenta de que la imagen que están mirando no
pertenece a otro sino a sí mismos. Es un privilegio de los seres más evolucionados.
El psicoanalista Jacques Lacan denominó ese giro en la evolución humana «la
fase del espejo”( stade de miroir ), para referirse al momento en que un niño
observa su propia imagen y se ve desde fuera como un todo, como si se estuviera
viendo a través de los ojos de otra persona. Pero la mayoría de las veces no
nos vemos como un todo. Yo sólo veo algunas partes de mi cuerpo, mis manos y
parte de mi brazo cuando estoy escribiendo en el ordenador, por ejemplo, o
ninguna parte cuando paseo por la calle concentrada en lo que veo, oigo o
huelo. En su ensayo “La relación del
niño con los demás”, Maurice Merleau-Ponty escribe: “La conciencia que tengo de
mi propio cuerpo no es la conciencia de una masa aislada sino un esquema
postural (schéma corporel)”. Es una sensación introceptiva, según el
vocabulario del filósofo. A partir de Merleau-Ponty, Shaun Gallagher propone establecer
una distinción entre esquema corporal e imagen corporal. El primero es “Un
sistema de capacidades sensoriales y motoras»,un sistema inconsciente en su
mayor parte. Cuando alargo el brazo para coger un vaso, no tengo que observar
cómo mi brazo va hacia él ni calcular la distancia que hay entre mi mano y el
vaso; lo hago sin pensarlo.
Sin embargo, mi imagen corporal es algo consciente, compuesto
por las creencias e ideas que tengo sobre mi físico. Soy gorda o delgada, fea o
bonita. Soy yo como objeto, una percepción de mi cuerpo desde fuera, y yo
apuntaría algo que Gallagher no menciona, y es que una parte importante de esa
construcción tiene lugar desde una perspectiva lingüística. También hay una
cualidad profundamente emocional en el reconocimiento de uno mismo. Observarse
a sí mismo produce una resonancia afectiva particular, y si no se da esa
sensación de familiaridad, la imagen reflejada pierde todo significado.
LA HISTERIA
La mujer temblorosa, Siri Hustvedt, p. 18
Hoy en día, cada vez que se usa
la palabra histeria en periódicos y revistas, se suele señalar que proviene del
griego y que significa «Útero”. Puntualizar su origen, como una patología
puramente femenina asociada a los órganos reproductivos, sirve para advertir a
los lectores de que el término en sí refleja un antiguo prejuicio contra las
mujeres, pero la historia va mucho más allá de la misoginia. Galeno creía que
la histeria era una enfermedad que sufrían las mujeres solteras o viudas
privadas de relaciones sexuales, pero no la consideraba una forma de locura puesto
que no tenía por qué llevar aparejados problemas psicológicos. Los médicos de
la antigüedad eran muy conscientes de que los ataques epilépticos y los histéricos
se asemejaban y de que era fundamental distinguir entre unos y otros. Como
puede verse, la confusión aún existe. El médico del siglo xv Antonius
Guainerius sostenía que los efluvios procedentes del útero eran los
responsables de la histeria y que ésta se diferenciaba de la epilepsia en que
los histéricos recordaban todo lo sucedido durante sus ataques. El gran médico
inglés del siglo xvn Thomas Willis absolvió al útero de ser el órgano culpable
y situó el origen, tanto de la histeria como de la epilepsia, en el cerebro.
Pero las ideas de Willis no eran las predominantes en su época. Había otros
médicos que creían que se trataba de dos manifestaciones diferentes de la misma
dolencia. El médico suizo Samuel Auguste David Tissot (1728-1797), hoy más
recordado en los anales médicos por su famoso tratado sobre los peligros de la
masturbación, sostenía que eran dos enfermedades distintas, aunque existieran
algunas epilepsias originadas en el útero. Desde la Antigüedad hasta finales
del siglo XIX la histeria fue considerada como una enfermedad convulsiva
originada en alguna parte del cuerpo (el útero, el cerebro o alguna extremidad)
y aquellos que la padecían no eran tenidos por locos. No hace falta decir que
si cualquiera de los médicos que acabo de mencionar hubiese presenciado mi
convulso discurso, me hubiera diagnosticado histeria. Mis funciones superiores no se vieron interrumpidas; recuerdo todo lo
sucedido durante mi ataque y, por supuesto, era una mujer con un útero
potencialmente emisor de efluvios y capaz de trastornarse.
BOWIE
El club de lectura de David Bowie, p. 151
THE AGE OF AMERICAN UNREASON SUSAN JACOBY (2008)
Tras la muerte de David Bowie,
Donald Trump, que todavía no era presidente de los Estados Unidos, expresó su
pesar con su estilo característico. «No sabía que estaba tan mal», dijo en el
Wall Street ]ournal. «Era un tipo estupendo”. La admiración que despertaba en
Bowie este polémico ensayo de Jacoby deja entrever que, para él, el surrealista
ascenso al poder de un hombre que
supuestamente jamás se había acabado un libro, incluso los que había escrito él
mismo, de estupendo no tenía nada.
SusanJacoby publicó TheAge if
American Unreason en 2008, antes de la llegada de Twitter, Facebook y el
bombardeo a escala industrial de las fake news. Con una cólera nacida de la
frustración, Jacoby señala al 42 % de estadounidenses que cree que todos los seres
humanos han existido en su forma presente desde el principio de los tiempos,
al25 % de profesores de instituto estadounidenses que enseñan biología y creen
que los humanos y los dinosaurios coexistieron en la Tierra, a los dos tercios
de estadounidenses que son incapaces de nombrar los tres poderes del Estado o a
algún juez del Tribunal Supremo, al fundamentalismo religioso que hace imposible
mantener una conversación provechosa sobre la investigación de las células
madre o el derecho al aborto, y la “ciencia basura» en la que se sustenta el
movimiento antivacunas. Uno de los principales problemas, dice Jacoby, es que
los estadounidenses no leen tanto como antes. Han perdido la costumbre de
pensar con calma y profundidad en las cosas; de ahí que ya no sientan ningún
respeto por la historia, el conocimiento o la experiencia.
Aunque seguramente situaríamos a
Jacoby y a Bowie en el mismo bando del conflicto cultural, hay aspectos de The
Age if American Unreason que, sospechamos, debieron de irritarle. El tono de Jacoby
resulta a ratos un tanto moralizante y elitista. Sostiene que internet es la
autopista que lleva al pensamiento basura, y a veces es así, pero Bowie siempre
supo ver su potencial utópico, apenas visible entre las tinieblas, y fue uno de
sus primeros defensores. La escritora alega que leer por placer es una
experiencia totalmente opuesta a leer en un ordenador o en un dispositivo
electrónico. Pero esto lo escribió antes de que llegara el iPad de Apple o el
Kindle de Amazon, y quizás ahora pensaría de modo distinto.
GPS
Tinta roja, Isaac Rosa, p. 324
GPS
Sabía que me engañabas, y solo
necesitaba probarlo. He dicho «sabía», y no «sospechaba”, porque era una
certeza. Es verdad que no tenía ninguna evidencia, pero la falta de pruebas
solo significaba que eras muy hábil disimulando. Sabía que me engañabas pero
preferí callar, no decir nada, no preguntarte. ¿Qué te iba a decir? Tú lo
habrías negado, como ahora lo niegas, y mi pregunta solo habría servido para
prevenirte, para que pusieses más cuidado en no dejar huellas de tu engaño.
Debo reconocer que fuiste muy
hábil en ocultar esas huellas. De hecho, nunca encontré ninguna. Ni una sola. Por
más que revisé tu teléfono buscando mensajes o llamadas, escudriñé tu agenda de
contactos para encontrar un nombre simulado bajo el que ocultases a tu amante,
y espié durante semanas tu correo electrónico, tu historial de navegación, tu
actividad en redes sociales, rompiendo incluso contraseñas. Pero no encontré
nada. Nada.
Otro en mi lugar habría
desistido, convencido de que todo era un temor sin fundamento. Yo no. Yo sabía que me eras infiel. ¿Que por qué
insistía en pensar que había otro hombre, pese a la falta de pruebas? Porque te
conozco bien. Porque a mí no puedes engañarme. Porque llevarnos quince años
juntos. Dieciséis. Y de repente comencé a observar en ti un extraño cambio de actitud.
Ni siquiera ahora sabría explicártelo, ponerte ejemplos. En realidad todo era
igual, mantenías tus rutinas, tus horarios, tus entradas y salidas, tampoco en
casa habías cambiado tus hábitos. Ni siquiera conmigo: me besabas al llegar,
hablábamos durante la cena, follábamos en fin de semana. ¿Entonces? No lo sé.
Había algo en ti, un aire extraño, una forma de quedarte callada, de ausentarte,
una sospechosa sonrisa al descuido, un entusiasmo por cualquier minucia que no
te había visto en muchos años. Incluso físicamente: estabas más hermosa, ni
siquiera diría que te arreglabas más, era otra cosa, la mirada, la piel, un
resplandor.
EMPRENDEDORES
Tinta roja, Isaac Rosa, p. 188
WORKAMPING
Quiero empezar esta charla
motivacional con un consejo para los emprendedores: marchaos de vacaciones. Sí,
ya sé lo que estáis pensando: “No puedo cerrar mi negocio, perderé clientes”, “Si
no trabajo, no ingreso”, «Los gastos fijos no se van de vacaciones”, «Tengo que
pagar la cuota de autónomo”... Sí, yo pensaba lo mismo. Me pasé seis años sin
vacaciones. O, más bien, sin lo que llaman «vacaciones” quienes no se sienten
emprendedores, porque para mí emprender no es un trabajo sino una pasión. Ya lo
dijo Confucio: «Elige un trabajo que te guste y no tendrás que trabajar ni un
día de tu vida”.
Como muchos de vosotros, para
triunfar, primero tuve que fracasar. La inspiración me víno después de caer. De
hecho, me tomé mis primeras vacaciones en seis años para recuperarme de ese
fracaso. Y ya sabéis lo que dijo Forbes: «El fracaso es éxito si aprendemos de
él”.
Me fui de vacaciones, sí. Cogí a
mi familia y me los llevé a un camping, que era lo único que podíamos permitirnos.
Y fue allí, estando de vacaciones, cuando encontré mi oportunidad. Lo dijo uno
de los hombres que más admiro, Richard Branson: «Las oportunidades de negocio
son como los autobuses: siempre viene otro en camino”. Y así fue: mi autobús
llegó cuando acababa de perder uno. Habrá quien lo llame suerte, pero para un emprendedor
la suerte no existe, es el nombre que damos a la capacidad innata de reconocer
una oportunidad y aprovecharla.
Allí estaba yo hace dos años, en
mi camping, intentando aprender alguna lección de mi último fracaso. Entonces me
di cuenta de algo: yo no era el único emprendedor allí. Entre los campistas
había muchos como yo. Normal, pensaréis: la mayoría de los autónomos no pueden
cogerse vacaciones, y los que sí pueden, solo les llega para irse un par de
semanas a un camping.
INCIPIT 1.114. FORTUNATA Y JACINTA / GALDOS
JUANITO SANTA CRUZ
LAS noticias más remotas que
tengo de la persona que lleva este nombre me las ha dado Jacinto María
Villalonga, y alcanzan al tiempo en que este amigo mío y el otro y el de más
allá, Zalamero, Joaquinito Pez, Alejandro Miquis, iban a las aulas de la
Universidad. No cursaban todos el mismo año, y aunque se reunían en la cátedra
de Camús, separábanse en la de Derecho Romano: el chico de Santa Cruz era
discípulo de Novar, y Villalonga de Coronado. Ni tenían todos el mismo grado de
aplicación: Zalamero, juicioso y circunspecto como pocos, era de los que se
ponen en la primera fila de bancos, mirando con faz complacida al profesor
mientras explica, y haciendo con la cabeza discretas señales de asentimiento a
todo lo que dice. Por el contrario, Santa Cruz y Villalanga se ponían siempre
en la grada más alta, envueltos en sus capas y más parecidos a conspiradores
que a estudiantes. Allí pasaban el rato charlando por lo bajo, leyendo novelas,
dibujando caricaturas o soplándose recíprocamente la lección. cuando el
catedrático les preguntaba. Juanito Santa Cruz y Miquis llevaron un día una
sartén (no sé si a la clase de Novar o a la de Uribe, que explicaba Metafisica)
y frieron un par de huevos. Otras muchas tonterías de este jaez cuenta Villalonga,
las cuales no copio por no alargar este relato. Todos ellos, a excepción de
Miquis que se murió el 64 soñando con la gloria de Schiller, metieron infernal
bulla en el célebre alboroto de la noche de San Daniel.
BOWIE
El club de lectura de David Bowie, p. 234
El Berlín de los años veinte era
una ciudad en proceso de cambio. Una serie de crisis políticas y económicas, y
en especial la hiperinflación -en noviembre de 1923, el coste de una hogaza de pan
llegó a los 200.000 millones de marcos- resultó en un repunte del crimen, la
prostitución y el antisemitismo. A la vez, estas crisis trajeron consigo un
periodo de intensa actividad cultural e intelectual que parecía alimentarse del
ambiente de ebullición sexual polimorfa por la que se hicieron famosos los
bares y cabarés berlineses.
Antes del diluvio es un cursillo
acelerado para juerguistas sobre las películas de Josef von Sternberg, las
obras de Bertolt Brecht, la áspera música atonal de Arnold Schoenberg y las
escabrosas caricaturas de George Grosz. Puede que con él Bowie se diera cuenta
de la importancia que tuvo Berlín para Brecht, en cuya obra Baal, de 1918,
acabaría apareciendo, y que uniera los puntos que conectaban al director de
teatro Erwin Piscator con las ideas del fundador de la Bauhaus Walter Gropius
sobre el teatro total-una experiencia de 360 grados con escenarios y asientos
rotatorios, pantallas de cine y un túnel por el que salía el coro para rodear
al público- y con el tipo de espectáculos de rock que él ansiaba montar.
El Berlín de entreguerras era el
hogar de Sigmund Freud y de Albert Einstein; y también de Vladimir Nabokov; que
publicó sus «novelas berlinesas», entre ellas Risa en la oscuridad,
Desesperación o La dádiva con el seudónimo de «Sirin”. Puede que fuera Friedrich
quien, citando La dádiva, involuntariamente le regalara a Bowie la imagen de
Nabokov bañado por los rayos del sol que el cantante usaría años más tarde en
el tema «I'd Rather Be Higb. Fiódor, el héroe de La dádiva, vaga entre los
bañistas en un bello paraje junto al lago que está justo a las afueras de
Berlín y observa las piernas hinchadas de los viejos que allí yacen tumbados al
sol para después tumbarse él mismo y disfrutar de la caricia del sol. En la
canción de Bowie, claro está, Nabokov no es un viejo enclaustrado en un hotel
de Montreux, sino un hombre en la flor de la vida: lustroso, desnudo; un
tributo en bronce a la capacidad de Berlín de promover el talento.
COMODO
SPQR, Mary Berad, p. 424
¿«Buenos emperadores» y «malos
emperadores»?
La historia convencional de los
casi dos siglos de autocracia entre Tiberio y Cómodo, aquellos catorce
emperadores que desfilaron a lo largo de tres dinastías imperiales, se centra
en las virtudes y los vicios del ocupante del trono, y en su uso y abuso del
poder autocrático. Es difícil imaginar la historia de Roma sin Nerón «tañendo
mientras ardía Roma» (más exactamente, tocando irresponsablemente la lira
mientras la ciudad quedaba destruida por un descomunal incendio en el año 64 d.
C.), fallando chapuceramente en su intento de asesinar a su madre haciendo que
se ahogase en una barca extremadamente frágil (una peculiar mezcla de
ingenuidad, crueldad y disparate) o torturando a los cristianos, como si fueran
los culpables del gran incendio: la primera de una serie de esporádicas
reacciones violentas contra la nueva religión. Sin embargo, Nerón es solo uno
del extenso repertorio de las diferentes versiones de sadismo imperial.
La imagen del emperador Cómodo,
vestido de gladiador y amenazando a los senadores sentados en las primeras
filas del Coliseo mientras blandía ante ellos la cabeza de un avestruz
decapitada, resume a la perfección el ridículo sadismo de la autocracia corrupta.
Un testigo presencial, que describió el incidente, admite que estaba
aterrorizado pero, al mismo tiempo, tuvo que reprimir un peligroso ataque de
risa arrancando unas hojas de laurel de la corona que llevaba y metiéndoselas
en la boca para sofocar las carcajadas. Las excentricidades del huraño Tiberio
en su piscina de la isla de Capri, donde según decían empleaba a muchachos
(«pececitos») para que le mordisqueasen los genitales bajo el agua, apuntan a
la sexualidad coercitiva del poder imperial. Las escenas se recrean con regodeo
en la película Calígula de Bob Guccione de la década de 1970. Todavía más
espeluznante es la historia de cómo convirtió Domiciano el sadismo en un
pasatiempo solitario. De él se decía que se encerraba solo en su habitación y
se pasaba las horas torturando moscas y matándolas con su cálamo. “¿Hay alguien
ahí con el emperador?», inquirió alguien en una ocasión. «Ni siquiera una
mosca», respondió bruscamente un cortesano.
Hay también algunos ejemplos de
destacada virtud imperial. Los Pensamientos filosóficos de Marco Aurelio, por
más cliché que sean («No actúes como si fueras a vivir diez mil años. La muerte
se cierne sobre ti»), hoy en día siguen sumando admiradores, compradores y
defensores, desde gurús de la autoayuda hasta el ex presidente de Estados
Unidos, Bill Clinton.

































