Te quiero más que a la salvación de mi alma

Te quiero más que a la salvación de mi alma
Catalina en Abismos de pasión de Luis Buñuel

SNOPES

WFaulkner, Ensayos y discursos, p.148
Y donde en el principio los predecesores se deslizaban con sus simples artefactos, y construyeron los túmulos y se desvanecieron, legando sólo los túmulos en los que el siguiente linaje algonquiano constatable dejaría las calaveras de sus guerreros y de sus jefes y de sus bebés y de sus osos aniquilados, y los cascos de los cacharros y cabezas de martillo y de flechas y de vez en cuando una pesada espuela de plata española. Entonces había ciervos que vagaban en manadas plácidas como el humo, y osos y panteras y lobos en la maleza y en los fondos, y todas las bestias menores -mapaches y zarigüeyas y castores y visones y ratas almizcladas (no almizcleras: almizcladas )-;" ellos todavia estaban allí y parte de la tierra todavía era virgen a comienzos del siglo XX cuando el propio chico empezó a cazar. Pero exceptuando que de vez en cuando miraban hacia fuera desde detrás de la cara de un hombre blanco o de un negro, los Chickasaws y los Choctaws y los Natchez y los Yazoos estaban tan desaparecidos como los predecesores, y la gente con la que el chico se deslizaba eran los descendientes de los Sartorises y los De Spains y los Compsons que habían comandado los regimientos Manassas y Sharpsburg y Shiloh y Chickamaugra, y los McCaslins y los Ewells y los Holstons y los  Hogganbecks, cuyos padres y abuelos los habían establecido, y de vez en cuando también un Snopes, porque ( a principios del siglo XX los Snopes estaban por todas partes: no sólo tras las máquinas registradoras de pequeñas tiendas mugrientas situadas en calles laterales frecuentadas por negros, sino tras escritorios presidenciales de bancos y mesas de directores de empresas de venta al por mayor a supermercados, y en las dependencias del diácono en las iglesias baptistas, acaparando las desmoronadas casas georgianas y troceándolas en apartamentos y en sus lechos de muerte decretando anexos y pilas bautismales en las iglesias como recordatorios de sí mismos o quizá por puro terror.

EL TIEMPO

Prólogo de la Biblioteca personal Borges a Cuentos de Cortázar
Cuando Dante Gabriel Rossetti leyó la novela Cumbres Borrascosas escribió a un amigo: «La acción transcurre en el infierno, pero los lugares, no sé porqué, tienen nombres ingleses. Algo análogo pasa  con la obra de Cortázar. Los personajes de la fabula son deliberadamente triviales. Los rige una rutina  de casuales amores y de casuales discordias. Se mueven entre coas triviales: marcas de cigarrillo, vidrieras, mostradores, whisky, farmacias, aeropuertos y andenes. Se resignan a los periódicos y a la radio. La topografía corresponde a Buenos Aires o a París y podemos creer de principio que se trata de meras crónicas. Poco a poco sentimos que no es así. Muy sutilmente el narrador nos ha traído a su terrible mundo, en que la dicha es imposible. Es un mundo poroso, en el que se entretejen los seres,  la conciencia de un  hombre puede entrar en la de un animal o la de un animal en un hombre También se juega con la materia de que estamos hechos, el tiempo. 

FAULKNERIANA

De Una vida absolutamnet maravillosa de E Vila-Matas,  p. 148
Y Faulkner se expresó en términos parecidos: Si un artista lograra estar a la altura de su sueño de perfección, sólo le quedaría cortarse el cuello». Y añadió, en palabras que han dado la vuelta  al mundo literario: soy un poeta fracasado. Tal vez todos los novelistas quieren primero escribir poesía, y después descubren que no pueden y prueban con el relato, que es la forma más exigente después de la poesía. Y después de fracasar en el relato, sólo entonces un novelista se dedica a escribir novelas
Ya nos hemos situado en un clima de altura, en ese triángulo esencial que componen la muerte, la poesía y el relato. El resto es literatura, literatura que viaja -tal como sugería Faulkner- en vagones de segunda clase. Hay quien ha llegado a decir que sólo la muerte está   por encima de la poesía. Sin duda le faltaba el sentido del humor que le sobraba a Nicolas Beryaev cuando dijo que para estar muerto es preciso, por desgracia, morir. Hay que resignarse a la idea de que siempre habrá insensatos que intentarán elevarse por encima del clima de altura que frecuenta la poesía, que cuando es realmente poesía es una tensión hacia la exactitud.

La poética de la exactitud viaja de la poesía al relato, es una línea aristocrática en la que podemos seguir remontándonos de Mallarmé al poeta Baudelaire y de éste al cuentista Poe. Tanto la poesía como el relato tienen un evidente paralelismo, pues provienen de la tradición oral y son breves y, además, debido a esas dos características, han de cumplir el requisito de ser significativos y concentrar en ellos nada menos que toda la vida, es decir, que han de ser sencillamente muy buenos, pues de lo contrario tanto un mal poema como un mal relato resultan vanos, huecos y miserables. El cuento, esa forma literaria tan exigente, admite grados de condensación casi poéticos -algo que no admite nada bien la prosa narrativa en las novelas- y sin embargo casi nunca es un poema, porque conserva su esencial ritmo narrativo.

INCIPIT 378. LOS PERROS NEGROS / IAN MCEWAN

PREFACIO

Desde que perdí a mis padres en un accidente de carretera cuando tenía ocho años, he tenido los ojos puestos en los de otras personas. Esto fue particularmente cierto durante mi  Adolescencia, cuando muchos amigos míos se desprendían de su familia y yo me las arreglaba bastante bien solo y con sustitutos. En nuestro barrio no faltaban padres y madres ligeramente desalentados que se mostraban encantados de tener cerca por lo menos a un joven de  diecisiete años  que supiese apreciar sus bromas. sus consejos, sus guisos e incluso su dinero. Al mismo tiempo, yo era también una especie de padre. Mi hogar en aquella época era el formado por el reciente matrimonio, ya en proceso de desintegración, de mi hermana Jean   con un hombre llamado Harper. Mi protegida y amiga intima en este desdichado hogar era mi sobrina de tres años, Sally, la única hija de Jean. Las broncas y las reconciliaciones que sacudian el gran piso -Jean había heredado la mitad de los bienes; mi mitad estaba en  fideicomiso- tendían a marginar a Sally. 

SOBRE LAS DIFERENCIAS ENTRE HOMBRES Y MUJERES

De Limbo de Agustín Fernández Mallo, p. 210
[…] la llamativa diferencia por sexos, y nos informa de que los estudios más fidedignos apuntan a lo siguiente: en el momento en e! que el cerebro de! Homo sapiens se formó tal como hoy lo conocemos, nuestros antepasados distribuían las tareas de modo que los hombres salían a   cazar y las mujeres recolectaban en las inmediaciones de! asentamiento. Los hombres desarrollaron así una habilidad especial para orientarse en un territorio, dibujar mapas  mentales, y las mujeres desarrollaron mucho más la habilidad de ver, organizar, intuir y encontrar objetos. El cerebro es un órgano tremendamente plástico, y como los roles sociales básicamente no han cambiado en miles de años, el cerebro sigue organizando de esa manera la realidad. "Usted, señorita, ¿tiene hermanos varones?» "Sí», contesto. "Seguramente cuando ustedes eran pequeños a sus hermanos les dejaban alejarse más de la casa fiuniliar que a usted, ¿verdad? –asiento con la cabeza-o Sus padres, de manera intuitiva, reproducían la idea de que es el varón quien explora y la mujer quien confecciona objetos. Lo que pensamos hoy es que esta diferencia es una mezcla de una componente fisiológica y otra cultural. Si ese tipo de comportamientos empezaran a cambiar hoy de una manera real, podríamos llegar a un cerebro que en este sentido no discriminara entre varón y hembra. Eso sí, el cerebro no es una fotografía que pueda retocarse en una pantalla, la evolución tardaría siglos en conformar esos nuevos cerebros. 

FAULKER HABLA A LA JUVENTUD DE JAPON

A la juventud de Japon, de WFaulkner en Ensayos & Discursos, p.210-211
Me gustaría pensar que también hubo alguien en aquella época que les hablase claramente acerca de que poca experiencia y conocimiento debían haber añadido unos pocos años más a  lo que tenían, que les asegurase de nuevo que el hombre es duro, que nada, nada -la guerra, la aflicción, la falta de esperanza, la desesperación- puede durar tanto como puede durar el hombre; que el propio hombre prevalecerá sobre todas sus angustias, con tal de que haga el esfuerzo; que haga el esfuerzo de creer en el hombre y en la esperanza -que no busque una  mera muleta en la que apoyarse, sino con la que erguirse sobre su propio pie al creer en la esperanza y en su propia dureza y resistencia-.
Porque la esperanza del hombre se da cuando el hombre es lIbre, La base de la verdad universal acerca de la que habla el escritor es la condición de ser libre en la cual esperar y creer, puesto que sólo en libertad puede existir la esperanza -la libertad y el ser libre no han sido dados al hombre como un don gratuito sino como un derecho y una responsabilidad que ganarse si se lo merece, si es digno de ello, si está dispuesto a trabajar por ello mediante el coraje y el sacrificio, y después a defenderlo siempre-

SOBRE LA CREACION, LO SIMPLE Y LO COMPLEJO

De Una vida absolutamente maravillosa, de E Vila-Matas, p.514, 515
Aquella tarde, sin embargo, ante sus visitantes españoles, como seguramente ante todos los que le hacían preguntas, no estaba dispuesta a soltar prenda y se hizo la inocente y quizá jugó --como Ripley- a camuflar sus delitos, si los hubiere. Su conducta, vista ahora treinta años después ppne en marcha una narración; la historia de una mujer que no está dispuesta a revelar el sencillo secreto de su arte a nadie. Esa actitud de Highsmith? me recuerda a Simenon cuando con ganas de jugar (de divertirse  en definitiva), se mostraba totalmente perplejo con Andre Gide, que no paraba de escribirle cartas, llenas de preguntas, casi todas sobre sus mecanismos creativos. Según Simenon, “durante toda su vida Gide tuvo el sueño de ser un creador y no un filosofo, y yo era exactamente su opuesto y creo que estaba interesado en mí por ese motivo”. Simenon tampoco le dio  pistas a Gide sobre su proceso creativo y  éste murió –ahí había también una buena historia para una novela-  sin saber como se podía ser tan sencillote y al mismo tiempo tan extremadamente creativo.

INCIPIT 377. LA TIA MAME / PATRICK DENNIS

LA TíA MAME Y EL HUERFANITO
Ha estado lloviendo todo el día. No es que me moleste. Pero hoy había prometido poner las mosquiteras y llevar a mi hijo a la playa. También me había propuesto usar unas plantillas para decorar con diseños mareantes las paredes de la parte de! sótano que e! agente inmobiliario   llamó sala de recreo y empezar a acabar lo que e! agente inmobiliario denominó desván inacabado,  ideal para habitación de invitados, sala de juegos, estudio o leonera.

De un modo u otro me desvié de mis propósitos justo después del desayuno. Todo empezó por culpa de un viejo ejemplar del Reader's Digest. Es una revista que apenas leo. No necesito hacerlo. porque oigo comentar sus artículos cada mañana en el tren de las 7:sr y cada tarde en el de las 18 :03 . Todo el mundo en Verdant Greens-un barrio de doscientas casas de cuatro estilos diferentes-tiene una fe ciega en el Digest. De hecho, nadie habla de otra cosa. Pero hete aquí que la revista ejerce también sobre mí la misma fascinación que una serpiente sobre un pajarillo. Casi contra mi voluntad. leo sobre los peligros de nuestras escuelas públicas; lo entretenido que es el parto natural; cómo una comunidad en Oregón acabó con una red de traficantes de drogas; y acerca de alguien a quien un escritor famoso--he olvidado cuál-considera el personaje más inolvidable que ha conocido. Eso hizo que interrumpiera la lectura. ¿Personaje inolvidable? Vamos, hombre. ¡ese escritor no debe de haber conocido a nadie en toda su vida! 

FAULKNERIANA

De Ensayos y discursos de WFaulkner, p.246-247
Eso fue en el verano de 1929. Conseguí un trabajo en la central eléctrica, en el turno de noche, de seis de la tarde a seis de la mañana, descargando carbón. Cogía el carbón de la carbonera con la pala y lo ponía en una carretilla y lo llevaba y lo vertía donde el fogonero lo pudiera poner en la caldera. Hacia las once en punto la gente se iba a dormir, así que no se requería tanta energía. Entonces podíamos descansar, el fogonero y yo. Él se solía sentar en una silla y dormitaba. Yo me había inventado una mesa a partir de una carretilla en el almacén de carbón, justo al otro lado de un muro donde funcionaba una dinamo. Hacía un ruido profundo y constante, como un murmullo. No había más trabajo que hacer hasta las cuatro de la mañana, cuando teníamos que limpiar los fuegos y ponerlos de nuevo en marcha. En estas noches,  entre las doce y las cuatro, escribí Mientras agonizo en seis semanas, sin cambiar una palabra. Se lo envié a Smith y le escribí que con eso me levantaría o me caería.
Creo que me había olvidado de Santuario, como cuando se te olvida algo hecho para un propósito inmediato que no se llevó a cabo. Mientras agonizo fue publicado y no me acordé  del manuscrito de Santuario hasta que Smith me envió las galeradas. Entonces vi que era tan terrible que sólo se podían hacer dos cosas: rasgarlo o reescribirlo. Lo pensé otra vez, «podría vender; quizá unos diez millo compren». Así que rasgué las galeradas y reescribí el libro. Ya había estado listo una vez, así que tenía que pagar por el privilegio de reescribirlo, intentando hacer de él algo que no avergonzase demasiado a El ruido y la furia y Mientras agonizo e hice un buen trabajo y espero que lo compres y que se lo digas a tus amigos y espero que también lo compren.,
WilIiam Faulkner
Nueva York, 1932.

(Prólogo a la edición de la Modern Library de Santuario)

EL FIN DEL IMPERIO ROMANO

De Las tabillas de boj de Apronenia Avitia, p.19
En 396, nada. Es la división del imperio. Espurio Posidio Barca asistía a la Curia cuando el viudo Pammaquio hizo su célebre entrada y tornó asiento entre sus colegas, durante las sesiones del senado, vistiendo un sayal de monje. Sin duda el primero compartió el silencio, el estupor con que fue recibido el segundo. Apronenia Avitia, en la carta Quotiens tua sumo conloquia ... ,   escribe con vividez la muda conmoción, la estupefacción, el alelamiento al que se abandonan al principio los senadores reunidos, el rumor y poco a poco el desentumecimiento de esos cuerpos, la creciente marea de voces, la desesperación o la sincera angustia que se apodera de algunos ante el atuendo provocador y sombrío entre las togas de lino blanco con la banda púrpura que indica la dignidad senatorial. El senador P. Saufeyo Menor se levantó, rogó silencio y dijo, sin levantar la voz por mucho énfasis que pusiera en sus palabras, que esas ropas, entre los muros de la Curia, eran peores que un huno en la frontera.

JAMESIANA

De Nueva York de Henry James, p.20
«¿Qué gente? ¿La de la Quinta Avenida? Esos tienen aún menos encanto que sus casas. y no me parece que los de la Sexta sean mejores. ni los de la Cuarta. la Tercera. la Séptima o la Octava. ¡Dios Santo! ¡Qué nombres! La ciudad de Nueva York es como una larga suma y sus calles son como columnas de números. ¡Vaya sitio que he elegido para vivir! ¡Yo, que odio la aritmética!»

DE JUDIOS Y ALEMANES

De Limbo de Agustín Fernández Mallo, p.11-12
De todos los testimonios de la gente con quien trató, así corno de sus propios escritos, se desprende sin fisuras lo que los biógrafos dan hoy por aceptado: Heisenberg no era nazi, pero sí profundamente nacionalista. Cierto que muestra su desacuerdo con la expulsi6n de los judíos, y aún más en el caso de científicos con los que ha mantenido estrechos lazos personales o profesionales -Einstein, Born, Pauli, Jordan, Bohr, entre otros-, pero no puede dejar de sentirse identificado con la pretensi6n de Hitler de devolverle a la nación alemana la grandeza que le corresponde.
En una carta dirigida a su madre, octubre de 1933, dice acerca del Gobierno, «se intentan ahora muchas cosas buenas y debe reconocerse que tienen buenas intenciones». No obstante, una vez finalizada la guerra, escribiría en sus Diálogos sobre física atómica: «A principios del   semestre del verano de 1933 ya estaba en plena marcha el proceso de destrucción de Alemania». Es precisamente en marzo de 1933 cuando la temida Sturmabteilung –grupo de asalto más conocido corno SA- entra en el domicilio de Einstein, una pequeña casa unifamiliar sita en  Caputh, a las afueras de Berlín. En el momento del asalto, Einstein y su esposa se hallan de visita en Estados Unidos. Llevado por una premonición, Einstein le había dicho a su esposa: «antes de irnos de esta casa mírala bien, es la última vez que la verás». Así ocurrió. En marzo de 1933, The New York Times informa: «Se ha llevado a cabo uno de los asaltos más tenebrosos y ridículamente perfectos de la reciente historia alemana. Alegando la búsqueda de armas de fuego y explosivos, la SA acaba de atacar la casa del señor Einstein, en Caputh, Berlín. Lo único que han encontrado es un cuchillo para el pan».

La postura de Heisenberg siempre se movería en esa ambivalencia: profundamente nacionalista pero en absoluto nazi, lo que no impediría que en el apogeo de la guerra impartiera numerosas conferencias científicas en actos de propaganda del Régimen; lo que podríamos llamar propaganda de «baja intensidad». En 1943, invitado por el gobernador general de Polonia, Hans Frank -quien días antes había enviado a 184 profesores universitarios a morir a un campo de concentración-, visita la Universidad de Cracovia en su sede de Tarnów, Pequeña Polonia, y habla de física cuántica a un auditorio compuesto exclusivamente por alemanes afines a la causa nazi. Entre el público, y de incógnito, se halla Josef Mengele, desplazado especialmente desde Auschwitz para asistir a la conferencia «del físico alemán más brillante de todos los tiempos», anotaría días después en su diario -en aquel momento,  instein ya no era considerado alemán-. A la corta edad de 32 años, el médico nazi cuenta ya con el apoyo de las autoridades para, a fin de perpetuar la raza aria, llevar a cabo en el citado campo de exterminio sus sobradamente conocidos experimentos con humanos.

SOBRE LA PRENSA




De Trastorno de Thomas Bernhard, p.56
En casa del industrial tampoco había ningún libro, dijo mi padre; intencionadamente, no tenia en casa ninguno para no irritarse. Nada irrita más que los libros, dedo el industrial, cuando se quiere estar solo, cuando se debe estar solo. A su hermanastra, dijo mi padre, le permitía leer periódicos, entre ellos Le Soir y Aftonbladet, Le Monde y La Prensa, pero ninguno alemán. Sin embargo, incluso los periódicos extranjeros permitidos debían ser atrasados de un mes por lo menos: sin poder destructor, poéticos ya. 

INCIPIT 376. LO DESOREN / ORDEN DEL FINNEGANS

Orden de expulsión
IGNACIO MARTÍNEZ DE PISÓN
Los seguidores de los blogs de El País debieron de quedarse bastante desconcertados cuando, en junio de 2011, apareció un artículo de Malcolm Otero Barral titulado «¿Qué fue de Ray Loriga?». Se habla en él de un peculiar grupo de escritores que se hacen llamar la Orden del Finnegans y cada 16 de junio viajan a Dublín para celebrar el Bloomsday y, con tal excusa, reírse un poco e ingerir abundantes pintas de cerveza Guinness en varios de los numerosos pubs de la capital irlandesa. La alusión que en el título se hace al escritor Ray Loriga queda en el texto reducida a una enigmática acusación y una estrafalaria condena. El cargo que se le imputaba era el de «deserción inexcusable» y la condena que acabó aplicándosele fue la quema pública de un dibujo que le representaba mientras una mujer disfrazada de dama eduardiana gritaba alborozada: «Bye bye, Ray!".

Pero comencemos por el principio. El Bloomsday empezó a celebrarse el 16 de junio de 1954, exactamente cincuenta años después del día en que, según el Ulises, Leopold Bloom realizó el recorrido dublinés que arrancaba del hogar conyugal que compartía con Molly y, tras llevarle por lugares comno el cementerio de Glasnevin, la tienda de licores de Davy Byrne, el hotel Ormond, la playa de Sandymount, el hospital de maternidad o el burdel de Bella Cohen en Nighttown, le devolvía borracho a su casa

DEL FINAL DE LA RECHERCHE

De Kassel no invita a la lógica, de E Vila-Matas, p. 152-153
Por un momento incluso creí ver al impulso invisible cruzar por la zona, deslizarse entre aquella comunidad de desconocidos sentados en mitad del bosque. Y recuerdo que pensé en los esfuerzos de las revoluciones populares por darse a conocer, mientras que en cambio los grupos sigilosos, como aquel del bosque de Kassel o bien los que se formaban en guerrillas ocasionales, jamás habían tendido a ser fotografiadas o a dejar huella. Y me acordé de Sebastià Jovani, escritor de Barcelona, que decía que la revolución y el pueblo generaban postales y todo tipo de souvenirs, mientras que la guerrilla y el grupo espontáneo en lucha clandestina, todos los grupos volátiles, situacionistas según como se mirara, generaban en cambio afectos, sensaciones comunes que no requerían un marco en la pared. Y decía también Jovani, si no recordaba mal,  que cabía preguntarse quién realmente desearía tener un urinario firmado en el salón de su casa. Quizás en esa pregunta no podían sintetizarse mejor las diferencias entre arte exhibido en los museos y arte sin hogar ni rumbo, arte de la intemperie tan visible en Kassel en más de una instalación. Un arte de las afueras. O de las afueras de las afueras. Como el de Huyghe, con su humus y con su perro de pata rosa, con su remoto lodazal donde no  había organización, ni representación, ni exhibición, aunque sospechaba yo que allí las cosas estaban más conectadas entre ellas de lo que parecía.
Y mientras pensaba en todo esto, me fui dando cuenta de cómo aquella silenciosa revuelta del espíritu se estaba incluso poniendo en movimiento, lo estaba haciendo en aquel preciso instante, y dejaba ver, literalmente en directo, el casi imperceptible y misterioso deslizamiento que estaba haciendo que todos de repente rejuvenecieran allí mismo.

Me recordó esto a aquel episodio de la Recherche de Proust en el que se veía a miembros de la antigua aristocracia haciendo muecas en un salón de París, envejeciendo allí mismo, momias de sí mismos. 

ANNA LIVIA PLUREBELLE

      ¡OH,
      cuéntamelo todo
      Anna Livia! Quiero saberlo todo
de Anna Livia. Porque sabéis quién es Anna Livia, ¿no? Claro que sí; todos sabemos quién es Anna Livia. Cuéntamelo todo; ahora mismo. Te va a dar algo cuando lo oigas. Ya sabes, cuando el viejo anduvo riorriendo, se mojó e hizo lo que hizo. Sí, ya lo sé, sigue. Que hay mucha ropa sucia que lavar; y no salpiques. Remángate y larga. Y no embistas -¡soo!- a! agacharte. Fuese lo que fuese lo que intentasen descubrir que les hiciera a aquellas dos en Phoenix Park, es un tipo de cuidado. ¡Fíjate en su camisa! ¡La de mierda que tiene! Como si me echase encima todo el albañal de Dublín. Como si se hubiese pasado toda la semana arrastrándose por el lecho del río.  ¿Cuántas veces se la habré lavado? Me conozco de memoria todos los lugares donde le gusta ensuciarse, ¡el muy cerdo! Despellejándome las manos y matando el hambre para hacer presentables sus mudas. La paliza que hay que darle a todo esto para dejarlo limpio. Me arden las mullecas de tanto restregar las manchas. ¡Con niéperes de humedades y ganges del pecado! ¿Qué puñeta fue lo que ese anima sancta hizo junto al Sendai? ¿Y cuánto tiempo  estuvo locknessao en la cangrí? Salió en los periódícos, ¡válgame!, el rey fierceas Humphrey, con todos los ulícitos detalles, punto por punto. Pero ni en una ciclopedia cabría todo. Si lo sabré yo. Que bien cierto que es: que el tiempo y la marea con todo hombre arrea. Y, tal andas, tal acabas. ¡ Menudo pendón! Meándose en el ayuntamiento y chuleando. La rive gauche was right et la rive droite sinistrous! ¡Vaya pinta! ¡Y lo que se pavoneaba! Y lo erguido que iba siempre, con la cabeza tan alta como el Howth, aquel famoso duque extranjero, con aquellos aires de grandeza que le inflaban la jiba
De FinnegansWake, p. 85

FAULKNERIANA

De Ensayos & Discursos, de WF, p. 265
Algunos de nosotros no sabemos que esto es por lo que estamos escribiendo. Algunos lo sabremos y lo negaremos, por miedo a ser acusados y auto-recluidos y condenados por sentimentalismo, algo con lo que por alguna razón hoy en día la gente está avergonzada de ser corrompida; algunos de nosotros parece que tenemos curiosas ideas acerca de dónde está  localizado el corazón, confundiéndolo con otras glándulas, órganos y actividades más bajas. Pero todos escribimos con este único propósito. Esto no significa que estemos intentando cambiar al hombre, mejorarle, aunque ésta es la esperanza -quizá incluso la intención- de algunos de nosotros. Al contrario, analizados a fondo, esta esperanza y este deseo de elevar el corazón del hombre son completamente egoístas, completamente personales. Él elevaría el corazón del hombre para su propio beneficio porque de esta forma él puede decir No a la muerte. Está diciendo No a la muerte para sí mismo por medio de los corazones que espera  haber elevado, o incluso por medio de las meras glándulas inferiores que ha perturbado hasta el punto en el que pueden decir No a la muerte por su cuenta al saber, al ser conscientes, al haberles dicho y haberlo creído: «Al menos no somos vegetales porque los corazones y las glándulas capaces de formar parte de esta emoción no son las de los vegetales, y perdurarán, deben perdurar».
Así que quien, desde el aislamiento de la fría e impersonal letra, pueda engendrar esta emoción, él mismo formará parte de la inmortalidad que ha engendrado. Algún día él ya no será más, entonces eso no importará, porque aislado e invulnerable en la fria letra permanece lo que es capaz de engendrar todavía la vieja e inmortal emoción en los corazones y en las glándulas cuyos propietarios y custodios están a generaciones incluso del aire que ha respirado y en el que se ha angustiado; si fue capaz una vez, sube que será capaz y potente aun mucho después de que sólo quede de él un nombre muerto y que se desvanece.
Nueva York

Noviembre, 1953

ES TAN VASTA E INFINITA LA ESTUPIDEZ HUMANA

De Kassel no invita a la lógica, de Enrique Vila-Matas, p. 234
-No creo que la gente tenga ningún problema con el  arte, en general no tiene ningún problema con la cultura. el problema lo tiene la política, que no sabe muy bien qué  es la cultura. Que cuando no hay dinero simplemente la tratan como si fuese un plus, ¿no? Y ésa también es la lógica que hay que cambiar. Si los artistas son intelectuales. desde luego no son un lujo. Son una necesidad. Es más, pueden cambiarnos la vida. Y hoy más que nunca  necesitamos otras voces porque las que estamos escuchando son pesadas repeticiones de lo que venimos oyendo toda la vida. Lo que nos conviene son ideas y una energía que sea diferente. Escuchar a los que formulan algo nuevo y darles confianza y decirles: «Ok, igual no acabo de entenderte, pero creo en lo que me propones, suena al menos diferente.)' Hay que dar oportunidades a los silenciados y a los locos, decirles que adelante y no tener con ellos una mirada de desconfianza y de cinismo y de estar de vuelta de todo. Eso precisamente nos ha perdido, creer que está ya todo hecho y negarse a ver que todavía queda un arte ingenioso, complejo, sabio, que hace avanzar permanentemente nuestros límites. Hay que escuchar a los artistas, nunca como en nuestros días han sido tan necesarios. Son lo contrario de los políticos. ¿Te acuerdas de Flaubert cuando cuenta en una carta que va a palacio y se presenta ante el príncipe Napoleón, pero éste ha salido? He oído como hablaban de política, escribe Flaubert,  les he escuchado y es algo inmenso, ¡es tan vasta e infinita la Estupidez humana!

INCIPIT 375. KASSEL NO INVITA A LA LOGICA / E VILA-MATAS


Cuanto más de vanguardia es un autor, menos puede permitirse caer bajo ese calificativo. Pero ¿a quién le importa esto? De hecho, mi frase tan sólo es un mcguffin y  tiene poco que ver con lo que me propongo contar, aunque podría ser que a la larga todo lo que cuente acerca de mi invitación a Kassel y posterior viaje a esa ciudad termine por desembocar en esa frase precisamente.

Como algunos saben, para explicar qué es un mcguffin lo mejor es recurrir a una escena de  tren: «¿Podría decirme qué es ese paquete que hay en el maletero que tiene sobre su cabeza?», pregunta un pasajero. Y el otro responde: «Ah, eso es un mcguffin.» El primero quiere entonces saber qué es un mcguffin y el otro le explica: «Un mcguffin es un aparato para cazar leones en Alemania.» «Pero si en Alemania no hay leones», dice el primero. «Entonces eso de ahí no es un mcguffim>, responde el otro. El mcguffin por excelencia es El halcón maltés, el film más charlatán de toda la historia del cine. La película de John Huston narra la búsqueda de una estatuilla que fue el tributo que los Caballeros de Malta pagaron por una isla a un rey español. 

SOBRE LAS SEGUNDAS NUPCIAS

De Los enamoramiento de J Marías, 115-116
Claro que podría volver a casarse, sin embargo no lo veo muy factible, y desde luego no pronto, y cuanto menos joven fuera más difícil se le haría. Me imagino que sobre todo, pasada la desesperación inicial, pasado el duelo, y esas dos cosas duran mucho, sumadas, le daría una pereza infinita todo el proceso. Ya sabes: conocer a alguien nuevo, contarle la propia vida aunque sea a grandes rasgos, dejarse cortejar o ponerse a tiro, estimular, mostrar interés, enseñar la mejor cara, explicar cómo es uno, escuchar cómo es el otro, vencer recelos, h habituarse a alguien y que ese alguien se habitúe a uno, pasar por alto lo que desagrada. Todo eso la aburriría, ya quién no, si bien se mira. Dar un paso, y luego otro, y otro. Es muy cansado y tiene inevitablemente algo de repetitivo y ya probado, para mí no lo quisiera a mis años. Parece que no, pero son muchos pasos hasta volver a asentarse. Me cuesta figurármela con una mínima curiosidad o ilusión, ella no es inquieta ni descontentadiza. Quiero decir que, si lo fuera, al cabo de un tiempo de haberme perdido podría empezar a ver alguna ventaja o compensación a la pérdida. Sin reconocérsela, claro, pero la vería. Poner fin a una historia y regresar a un principio, al que sea, si se ve uno obligado, a la larga no resulta amargo. Aunque estuviera uno contento con lo que se ha acabado. Yo he visto a viudos y viudas desconsolados que durante mucho tiempo han creído que jamás levantarían cabeza de nuevo. Sin embargo luego, cuando por fin se han rehecho y han encontrado otra pareja, tienen la sensación de que esta última es la verdadera y la buena y se alegran íntimamente de que la antigua  desapareciera, de que dejara el campo libre para lo que ahora han construido. Es la horrible fuerza del presente, que aplasta más el pasado cuanto más lo distancia, y además lo falsea sin que el pasado pueda abrir la boca, protestar ni contradecirlo ni refutarle nada. y no hablemos ya de esos maridos o mujeres que no se atreven a abandonar al cónyuge, o que no saben cómo hacerlo, o que temen causarle demasiado daño: esos desean secretamente que el otro se muera, prefieren su muerte antes que afrontar el problema y ponerle razonable remedio. 

WIKIPEDIA

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