Te quiero más que a la salvación de mi alma
Catalina en Abismos de pasión de Luis Buñuel
LA VIDA ORDINARIA
Herzog, de Saul Bellow, p.146
La cuestión de la experiencia humana ordinaria es la principal de estos últimos siglos, como Montaigne y Pascal, que en lo demás no coincidían, comprendieron con claridad. La fuerza de la virtud de un hombre o su capacidad espiritual se miden por su vida ordinaria.
AMOR
De El animal moribundo de Philip Roth
«Siempre carecerás de autoridad ante esa chica. Nunca serás tú quien mande. Hay en esta relación algo que te enloquece, y eso no cambiará. Si no la rompes definitivamente, al final ese algo te destruirá. Con ella no te limitas a satisfacer una necesidad natural. Esto es la patología en su forma más pura. Mira, considéralo como crítico, desde un punto de vista profesional. Has violado la ley de la distancia estética. Has imbuido de sentimiento la experiencia estética con esta chica... la has personalizado, la has sentimentalizado, y has dejado de percibir la separación esencial para tu goce." ¿Sabes cuándo sucedió? La noche en que se quitó el tampón. La separación estética necesaria no quedó eliminada mientras mirabas cómo le corría la sangre (eso estaba bien, nada que objetar), sino cuando no pudiste contenerte y te arrodillaste. ¿Y qué diablos te obligó a hacerlo? ¿Qué hay detrás de esta chica cubana que pone en apuros a un hpmbre como tú, al profesor del deseo? ¿Beber su sangre? Yo diría, Dave, que eso constituye el abandono de una posición crítica. Adórame, te dice, adora el misterio de la diosa sangrante, y lo haces. No te detienes ante nada. Lames su sangre, la consumes, la digieres. Es ella quien te penetra. ¿Qué vendría luego, David? ¿Un vaso de su orina?¿Cuánto tiempo pasaría hasta antes de que le pidieras sus heces? .No estoy en contra de ello porque sea repugnante. Estoy en contra de ello porque eso significa enamorarte. La única obsesión que todo el mundo desea: “amor”. ¿La gente cree que al enamorarse se completa? ¿La unión platónica de las almas? Yo no lo creo así. Yo no lo creo así. Creo que estás completo antes de empezar. Y el amor te fractura. Estás completo, y luego estás partido.”
Ella era un cuerpo extraño introducido en su totalidad. Y durante año y medio te esforzaste por asimilarlo. Pero nunca estás completo hasta que lo expelas. O te libras de él o lo incorporas mediante la distorsión de ti mismo. Y eso es lo que hiciste y lo que te enloqueció”.
«Siempre carecerás de autoridad ante esa chica. Nunca serás tú quien mande. Hay en esta relación algo que te enloquece, y eso no cambiará. Si no la rompes definitivamente, al final ese algo te destruirá. Con ella no te limitas a satisfacer una necesidad natural. Esto es la patología en su forma más pura. Mira, considéralo como crítico, desde un punto de vista profesional. Has violado la ley de la distancia estética. Has imbuido de sentimiento la experiencia estética con esta chica... la has personalizado, la has sentimentalizado, y has dejado de percibir la separación esencial para tu goce." ¿Sabes cuándo sucedió? La noche en que se quitó el tampón. La separación estética necesaria no quedó eliminada mientras mirabas cómo le corría la sangre (eso estaba bien, nada que objetar), sino cuando no pudiste contenerte y te arrodillaste. ¿Y qué diablos te obligó a hacerlo? ¿Qué hay detrás de esta chica cubana que pone en apuros a un hpmbre como tú, al profesor del deseo? ¿Beber su sangre? Yo diría, Dave, que eso constituye el abandono de una posición crítica. Adórame, te dice, adora el misterio de la diosa sangrante, y lo haces. No te detienes ante nada. Lames su sangre, la consumes, la digieres. Es ella quien te penetra. ¿Qué vendría luego, David? ¿Un vaso de su orina?¿Cuánto tiempo pasaría hasta antes de que le pidieras sus heces? .No estoy en contra de ello porque sea repugnante. Estoy en contra de ello porque eso significa enamorarte. La única obsesión que todo el mundo desea: “amor”. ¿La gente cree que al enamorarse se completa? ¿La unión platónica de las almas? Yo no lo creo así. Yo no lo creo así. Creo que estás completo antes de empezar. Y el amor te fractura. Estás completo, y luego estás partido.”
Ella era un cuerpo extraño introducido en su totalidad. Y durante año y medio te esforzaste por asimilarlo. Pero nunca estás completo hasta que lo expelas. O te libras de él o lo incorporas mediante la distorsión de ti mismo. Y eso es lo que hiciste y lo que te enloqueció”.
INCIPIT 288. AQUI Y AHORA
Aunque llevaban años leyéndose mutuamente y estaban en contacto desde
2005, Paul Auster y J.M. Coetzee no se conocieron en persona hasta
febrero de 2008, cuando Auster y su esposa, la novelista y ensayista
Siri Hustvedt, asistieron al Adelaide Literary Festival, en Australia.
Poco después Auster recibió una carta de Coetzee proponiéndole
embarcarse en un proyecto común en el que «podamos sacarnos chispas el
uno al otro».
Aquí y ahora es el resultado de esa propuesta: un diálogo epistolar entre dos grandes escritores que se convirtieron en grandes amigos. El deporte, la paternidad, la crisis económica, el arte, el incesto, las malas críticas, la infancia, el matrimonio, el amor… son sólo algunos de los temas que tratan en los tres años que cubren estas cartas. Llena de citas, anécdotas personales y referencias cinematográficas, esta correspondencia ofrece un retrato íntimo de dos de los escritores contemporáneos más interesantes.
«Te considero un amigo, un amigo verdadero, y lo último que quiero en el mundo es que perdamos el contacto.» A lo cual Coetzee replicó: «Por supuesto que somos amigos de verdad. Y hasta podemos ser hermanos de sangre si quieres. La próxima vez que nos veamos podemos hacer una de esas ceremonias de mezclar la sangre.»
Aquí y ahora es el resultado de esa propuesta: un diálogo epistolar entre dos grandes escritores que se convirtieron en grandes amigos. El deporte, la paternidad, la crisis económica, el arte, el incesto, las malas críticas, la infancia, el matrimonio, el amor… son sólo algunos de los temas que tratan en los tres años que cubren estas cartas. Llena de citas, anécdotas personales y referencias cinematográficas, esta correspondencia ofrece un retrato íntimo de dos de los escritores contemporáneos más interesantes.
«Te considero un amigo, un amigo verdadero, y lo último que quiero en el mundo es que perdamos el contacto.» A lo cual Coetzee replicó: «Por supuesto que somos amigos de verdad. Y hasta podemos ser hermanos de sangre si quieres. La próxima vez que nos veamos podemos hacer una de esas ceremonias de mezclar la sangre.»
LA VIDA ES UN PROCESO DE DEMOLICION
De Chet Baker piensa en su arte de Vila-Matas, p. 208
A pie de foto, Sophie había escrito: «Y yo, por mi parte, te envío un retrato de mi madre. Es el que ha elegido para que figure en su tumba y que irá acompañado de este epitafio: Ya empezaba a aburrirme. Te envío su foto porque de alguna forma ella se interpone entre la isla de Pico y yo. Me han dicho que estarás el 16 de marzo en París. Tal vez entonces podamos vernos».
Tenía que ir, en efecto, el16 de marzo al Salón del Libro de París. Pero ese día aún quedaba lejos. Me pareció que debía esperar demasiado para ese reencuentro. Era -pensé- como si estuviéramos destinados ella y yo a comunicamos con cuentagotas. Pero ¿ qué otra cosa podía hacer? Aunque estar inactivo me ponía nervioso, no podía matar a su madre para que Sophie comenzara a pasar a la acción y llevara a cabo su viaje.
Escribí en mi cuaderno rojo: Hay alguien en París que quiere que descubra que ya no quiero escribir. Y lo intenta, además, con una perversidad desaforada. Tendré que escribir sobre eso para poder seguir escribiendo.
Unos días después, decidí atreverme a enviarle a Sophie un nuevo e-mail que tal vez pudiera desbloquear algo –no me hice demasiadas ilusiones al respecto- la situación en la que me encontraba. Y escribí: La vida es un proceso de demolición (Francis Scott Fitzgerald).
A pie de foto, Sophie había escrito: «Y yo, por mi parte, te envío un retrato de mi madre. Es el que ha elegido para que figure en su tumba y que irá acompañado de este epitafio: Ya empezaba a aburrirme. Te envío su foto porque de alguna forma ella se interpone entre la isla de Pico y yo. Me han dicho que estarás el 16 de marzo en París. Tal vez entonces podamos vernos».
Tenía que ir, en efecto, el16 de marzo al Salón del Libro de París. Pero ese día aún quedaba lejos. Me pareció que debía esperar demasiado para ese reencuentro. Era -pensé- como si estuviéramos destinados ella y yo a comunicamos con cuentagotas. Pero ¿ qué otra cosa podía hacer? Aunque estar inactivo me ponía nervioso, no podía matar a su madre para que Sophie comenzara a pasar a la acción y llevara a cabo su viaje.
Escribí en mi cuaderno rojo: Hay alguien en París que quiere que descubra que ya no quiero escribir. Y lo intenta, además, con una perversidad desaforada. Tendré que escribir sobre eso para poder seguir escribiendo.
Unos días después, decidí atreverme a enviarle a Sophie un nuevo e-mail que tal vez pudiera desbloquear algo –no me hice demasiadas ilusiones al respecto- la situación en la que me encontraba. Y escribí: La vida es un proceso de demolición (Francis Scott Fitzgerald).
INCIPIT 287. ABSOLUCION / LUIS LANDERO
¿Será posible que, al fin, hayas logrado ser feliz?, piensa mientras se afeita y observa en el espejo su cara radiante de felicidad. Porque es de felicidad, no hay duda, y en ese caso tenían razón los otros, los enterados, los sabios, los expertos. Todo era cuestión de esperar, de ir madurando, de encontrar tu ritmo, de no perder la fe, se lo habían dicho sus padres, sus profesores, sus amigos, sus novias, se lo habían dicho Montaigne y Bertrand Russell y los viajeros anónimos con los que emparejaba el paso en el camino de la vida, que tuviera paciencia, que no hiciera un drama del más pequeño contratiempo, que fuese reconciliándose consigo mismo y con el prójimo y ya vería como al final encontraba su lugar en el mundo. Y ahora, en efecto, lo había encontrado, había surgido casi sin buscarlo, como un obsequio del destino. O mejor, una ofrenda. No, quizá el mundo no es tan azaroso y contingente como a ti siempre te ha gustado creer. y era curioso. Porque a lo largo de su vida había conocido a todo tipo de gente que no era feliz pero que sin embargo sabía indicar muy bien la senda que lleva a la felicidad. Haz esto, te decían, o haz lo otro, ve por allí, no se te ocurra tomar aquel atajo, ten cuidado no vayas a caer en aquel hoyo o a tropezar en esa piedra, no comas de esa fruta, de esa fuente puedes beber pero de aquella
LA SOLEDAD DEL ARTISTA
De Chet Baker piensa en su arte, de E Vila-Matas, p.70-71
Entre las medidas adoptadas para poder vivir como escritor secreto, la más curiosa de todas era la que había tomado hacía ya más de cuarenta años: la de vivir en su propio país, la pequeña y seductora, aunque terriblemente mezquina isla de Umbertha, haciéndose pasar por extranjero. Le resultó fácil engañar a todo el mundo, porque la trágica y brutal desaparición de toda su familia en la guerra le facilitó el cambio de identidad. De pronto, una noche, muertos ya todos, Anatol comprendió que estaba solo, completamente solo en el mundo, y notó esa sensación de extravío que se siente cuando en el camino, nos volvemos atrás y vemos el trecho recorrido, la vía indiferente que se pierde en un horizonte que ya no es el nuestro. Concluida la guerra, Anatol se dijo que al final sólo quedaba eso, la mirada hacia atrás que percibía la nada, y estuvo deambulando -extraviado- tres largos años por Europa, y cuando cumplió los veinte, regresó a Umbertha y 10 hizo exagerando enormemente las haches aspiradas (en Umbertha no hay palabra que no lleve esa letra, que es pronunciada siempre de forma relativamente aspirada) y cometiendo, además, todo tipo de errores cuando hablaba ese idioma. Todo el mundo le tomó por forastero, y hasta se reían mucho con su exageración al aspirar las haches, yeso le reportó a Anatol la inmediata ventaja de asegurarse protección como escritor secreto, pues en Umbertha los buscadores del oro de talentos ocultos sólo estaban interesados en posibles glorias nacionales y descartaban por sistema cualquier pista que pudiera conducir a genios forasteros.
Entre las medidas adoptadas para poder vivir como escritor secreto, la más curiosa de todas era la que había tomado hacía ya más de cuarenta años: la de vivir en su propio país, la pequeña y seductora, aunque terriblemente mezquina isla de Umbertha, haciéndose pasar por extranjero. Le resultó fácil engañar a todo el mundo, porque la trágica y brutal desaparición de toda su familia en la guerra le facilitó el cambio de identidad. De pronto, una noche, muertos ya todos, Anatol comprendió que estaba solo, completamente solo en el mundo, y notó esa sensación de extravío que se siente cuando en el camino, nos volvemos atrás y vemos el trecho recorrido, la vía indiferente que se pierde en un horizonte que ya no es el nuestro. Concluida la guerra, Anatol se dijo que al final sólo quedaba eso, la mirada hacia atrás que percibía la nada, y estuvo deambulando -extraviado- tres largos años por Europa, y cuando cumplió los veinte, regresó a Umbertha y 10 hizo exagerando enormemente las haches aspiradas (en Umbertha no hay palabra que no lleve esa letra, que es pronunciada siempre de forma relativamente aspirada) y cometiendo, además, todo tipo de errores cuando hablaba ese idioma. Todo el mundo le tomó por forastero, y hasta se reían mucho con su exageración al aspirar las haches, yeso le reportó a Anatol la inmediata ventaja de asegurarse protección como escritor secreto, pues en Umbertha los buscadores del oro de talentos ocultos sólo estaban interesados en posibles glorias nacionales y descartaban por sistema cualquier pista que pudiera conducir a genios forasteros.
NI SON NARANJAS NI SON LIMONES NI PERAS, SON TOMATES
De Sodoma y Gomorra, de Marcel Proust, p.273-274 (Lumen)
Estábamos. Albertine y yo, deJante de la estación en Balbec del tren de vía estrecha. Por el mal tiempo, habíamos ido en el ómnibus del hotel. No lejos de nosotros estaba el Sr. Nissim Bernard, quien tenía un ojo a la funerala. Hacía poco que engañaba al niño de los coros de Aratía con el mozo de una granja bastante acreditada de la vecindad, Los cerezos. Aquel muchacho pelirrojo, de facciones abruptas, parecía enteramente tener un tomate por cabeza. Un tomate exactamente semejante servía de cabeza a su hermano gemelo. Para el contemplador desinteresado, esos parecidos perfectos de dos gemelos presentan una particularidad bastante hermosa: la de que la naturaleza, como si se hubiera industrializado momentáneamente, parece dar productos iguales. Por desgracia, el punto de vista del Sr. Nissim Bemard era diferente y ese parecido era sólo exterior. El tomate n." 2 disfrutaba con frenesí haciendo las delicias de las señoras, el tomate n. 1 no detestaba condescender a los gustos de ciertos señores. Ahora bien, siempre que el Sr. Bernard -sacudido, como por un reflejo, por el recuerdo de los buenos momentos pasados con el tomate n." 1- se presentaba en Los cerezos, miope (y, por lo demás. no era necesaria la miopía para confundirlos), el viejo israelita, interpretando sin saberlo el papel de Anfitrión, se dirigía al hermano gemelo y le decía: «¿Quieres que quedemos para esta tarde?». Al instante recibía una sólida «tunda». Llegó incluso a renovarse durante una misma comida, en la que continuaba con el otro el diálogo comenzado con el primero. A la larga, acabó cogiendo tal asco -por asociación de ideas- a los tomates, incluso los comestibles, que, siempre que oía a un viajero pedirlos a su lado, en el Grand-H6tel, le susurraba: «Discúlpeme, señor, que me dirija a usted sin conocerlo, pero he oído que pedía usted tomates. Hoy son pésimos . Se lo digo por su bien, pues a mí me es igual, nunca los como». El forastero agradecía con efusión a aquel vecino filántropo y desinteresado, volvía a llamar al camarero y fingía haber cambiado de opinión: «No, la verdad es que no: tomates, no».Aimé, que ya se conocía la escena, se reía solo y pensaba: "Es un viejo astuto el Sr. Bernard, ya ha encontrado de nuevo la forma de hacer cambiar el pedido».
Estábamos. Albertine y yo, deJante de la estación en Balbec del tren de vía estrecha. Por el mal tiempo, habíamos ido en el ómnibus del hotel. No lejos de nosotros estaba el Sr. Nissim Bernard, quien tenía un ojo a la funerala. Hacía poco que engañaba al niño de los coros de Aratía con el mozo de una granja bastante acreditada de la vecindad, Los cerezos. Aquel muchacho pelirrojo, de facciones abruptas, parecía enteramente tener un tomate por cabeza. Un tomate exactamente semejante servía de cabeza a su hermano gemelo. Para el contemplador desinteresado, esos parecidos perfectos de dos gemelos presentan una particularidad bastante hermosa: la de que la naturaleza, como si se hubiera industrializado momentáneamente, parece dar productos iguales. Por desgracia, el punto de vista del Sr. Nissim Bemard era diferente y ese parecido era sólo exterior. El tomate n." 2 disfrutaba con frenesí haciendo las delicias de las señoras, el tomate n. 1 no detestaba condescender a los gustos de ciertos señores. Ahora bien, siempre que el Sr. Bernard -sacudido, como por un reflejo, por el recuerdo de los buenos momentos pasados con el tomate n." 1- se presentaba en Los cerezos, miope (y, por lo demás. no era necesaria la miopía para confundirlos), el viejo israelita, interpretando sin saberlo el papel de Anfitrión, se dirigía al hermano gemelo y le decía: «¿Quieres que quedemos para esta tarde?». Al instante recibía una sólida «tunda». Llegó incluso a renovarse durante una misma comida, en la que continuaba con el otro el diálogo comenzado con el primero. A la larga, acabó cogiendo tal asco -por asociación de ideas- a los tomates, incluso los comestibles, que, siempre que oía a un viajero pedirlos a su lado, en el Grand-H6tel, le susurraba: «Discúlpeme, señor, que me dirija a usted sin conocerlo, pero he oído que pedía usted tomates. Hoy son pésimos . Se lo digo por su bien, pues a mí me es igual, nunca los como». El forastero agradecía con efusión a aquel vecino filántropo y desinteresado, volvía a llamar al camarero y fingía haber cambiado de opinión: «No, la verdad es que no: tomates, no».Aimé, que ya se conocía la escena, se reía solo y pensaba: "Es un viejo astuto el Sr. Bernard, ya ha encontrado de nuevo la forma de hacer cambiar el pedido».
SOBRE EL FINNEGANS
Cita de Eduardo Lago en Chet Baker piensa en su arte de E Vila-Matas, p.279
Finnegans Wake es como si después del sí que cierra Ulises hubiera caído sobre el mundo la noche de los tiempos. Molly Bloom y todos los personajes que recorrieron Dublín durante 24 horas se han quedado dormidos, mientras sobre el mundo desciende la neblina del sueño. Fuera del texto del Ulysses se escuchan ecos que buscan reunirse en un nuevo libro. El efecto de Finnegans Wake es como si se hubieran condensado en sus páginas todo lo que se habla en todas las tabernas, en las redacciones de los periódicos, en las alcohas y en los cementerios de Dublín, tal y como lo reciclan los dublineses mientras sueñan. La ciudad dormida es evocada en un sueño que es propiedad de una colectividad de soñadores, cuyos sueños saltan de un lecho a otro sin que nadie se despierte. Insomne, Joyce atrapa fragmentos de sueño con un cazamariposas, clavando en las páginas del libro el eco de canciones chistes, chismorreos, falsedades, historias, disquisiciones académicas y discursos retóricos. Se provoca así un movimiento dirigido a la consecución de una serie de imposibles, como comunicar el silencio a través de baladas.
Finnegans Wake es como si después del sí que cierra Ulises hubiera caído sobre el mundo la noche de los tiempos. Molly Bloom y todos los personajes que recorrieron Dublín durante 24 horas se han quedado dormidos, mientras sobre el mundo desciende la neblina del sueño. Fuera del texto del Ulysses se escuchan ecos que buscan reunirse en un nuevo libro. El efecto de Finnegans Wake es como si se hubieran condensado en sus páginas todo lo que se habla en todas las tabernas, en las redacciones de los periódicos, en las alcohas y en los cementerios de Dublín, tal y como lo reciclan los dublineses mientras sueñan. La ciudad dormida es evocada en un sueño que es propiedad de una colectividad de soñadores, cuyos sueños saltan de un lecho a otro sin que nadie se despierte. Insomne, Joyce atrapa fragmentos de sueño con un cazamariposas, clavando en las páginas del libro el eco de canciones chistes, chismorreos, falsedades, historias, disquisiciones académicas y discursos retóricos. Se provoca así un movimiento dirigido a la consecución de una serie de imposibles, como comunicar el silencio a través de baladas.
BENETIANA
De Del pozo y el Numa de Juan Benet (La Gaya Ciencia, p.14)
La más alarmada forma que últimamente ha adoptado la mentalidad conservadora la constituye la preocupación ecológica. ¿Y por qué, cabe preguntarse, la humanidad ha de inquietarse por mantener su tierra en el mismo o parecido estado en que la recibió? ¿Tan sólo porque tiene conciencia y debe pensar en el futuro, haciendo posible y garantizando su subsistencia en la tierra para beneficio de generaciones venideras? Ciertamente a una mentalidad religiosa que esperaba ver premiado su paso por la tierra en un más allá de bienaventuranza le daba una higa que la tierra quedara esquilmada, miserable asiento para una breve y penosa estadía. Pero el mismo instinto de usufructo gozará todo elemento de cualquier reino, exclusivamente preocupado de su subsistencia y desinteresado de la supervivencia de sus descendientes. El poder de aniquilación de una especie tan sólo se ve frenado por el poder vecino, nunca por la planificación de la economía propia con vistas al futuro. Si el animal esquilma al vegetal y éste al mineral ¿por qué el hombre ha de detener el proceso de usufructo y consumo total de las posibilidades que le ofrecen los reinos inferiores?
La más alarmada forma que últimamente ha adoptado la mentalidad conservadora la constituye la preocupación ecológica. ¿Y por qué, cabe preguntarse, la humanidad ha de inquietarse por mantener su tierra en el mismo o parecido estado en que la recibió? ¿Tan sólo porque tiene conciencia y debe pensar en el futuro, haciendo posible y garantizando su subsistencia en la tierra para beneficio de generaciones venideras? Ciertamente a una mentalidad religiosa que esperaba ver premiado su paso por la tierra en un más allá de bienaventuranza le daba una higa que la tierra quedara esquilmada, miserable asiento para una breve y penosa estadía. Pero el mismo instinto de usufructo gozará todo elemento de cualquier reino, exclusivamente preocupado de su subsistencia y desinteresado de la supervivencia de sus descendientes. El poder de aniquilación de una especie tan sólo se ve frenado por el poder vecino, nunca por la planificación de la economía propia con vistas al futuro. Si el animal esquilma al vegetal y éste al mineral ¿por qué el hombre ha de detener el proceso de usufructo y consumo total de las posibilidades que le ofrecen los reinos inferiores?
FLORENCIA
De Cartas de Italia, de Josep Pla (Destino, 2011, p.93)
Recién levantados, sentíamos en el estómago un vacío espectral. Pero hete aquí que asomábamos la cabeza por la ventana y veíamos aquellos arcos del puente reflejados en el agua clara que nos recordaban que a cuatro pasos de nuestros dolores Beatriz se había aparecido al Dante. Era de pies a cabeza Beatriz vestida de campesina medieval:
Sopra candido vel, cinta d'oliva,
Donna m'aparve salto vertk manto
Vestita di color di fiamma viva ...
¿De campesina medieval? -se preguntarán-o Yo sospecho que sí. Es un poco difícil de imaginar; claro, pero aún es más difícil suponer que se le apareció vestida de campesina del Casino de París. Reconozco que esto es lamentable y que en el nacimiento de esta señorita hubo un error de fecha.
Olvidábamos entonces las calamidades del momento y el hambre se nos disipaba al instante. La juventud es el tiempo de los milagros ... Con el Vasari bajo el brazo íbamos a recorrer conventos y claustros. Si llovía, en la biblioteca de los Uffizi nos dejaban leer los escritos de Leonardo. Cuando nos cansábamos salíamos a la Loggia della Signoria: el Palazzo Vecchio estaba ante nuestros ojos. Eramos casi felices.
Sin embargo, en aquella época nos hubiera sido un poco difícil explicar con cierta claridad por qué nos gustaba tanto Florencia. ¿Por qué nos gustaba tanto? Hablando con objetividad. Florencia es una ciudad provinciana. Totalmente provinciana.
Recién levantados, sentíamos en el estómago un vacío espectral. Pero hete aquí que asomábamos la cabeza por la ventana y veíamos aquellos arcos del puente reflejados en el agua clara que nos recordaban que a cuatro pasos de nuestros dolores Beatriz se había aparecido al Dante. Era de pies a cabeza Beatriz vestida de campesina medieval:
Sopra candido vel, cinta d'oliva,
Donna m'aparve salto vertk manto
Vestita di color di fiamma viva ...
¿De campesina medieval? -se preguntarán-o Yo sospecho que sí. Es un poco difícil de imaginar; claro, pero aún es más difícil suponer que se le apareció vestida de campesina del Casino de París. Reconozco que esto es lamentable y que en el nacimiento de esta señorita hubo un error de fecha.
Olvidábamos entonces las calamidades del momento y el hambre se nos disipaba al instante. La juventud es el tiempo de los milagros ... Con el Vasari bajo el brazo íbamos a recorrer conventos y claustros. Si llovía, en la biblioteca de los Uffizi nos dejaban leer los escritos de Leonardo. Cuando nos cansábamos salíamos a la Loggia della Signoria: el Palazzo Vecchio estaba ante nuestros ojos. Eramos casi felices.
Sin embargo, en aquella época nos hubiera sido un poco difícil explicar con cierta claridad por qué nos gustaba tanto Florencia. ¿Por qué nos gustaba tanto? Hablando con objetividad. Florencia es una ciudad provinciana. Totalmente provinciana.
DEL SUICIDIO CONSIDERADO COMO UNA DE LAS BELLAS ARTES
De La señora Bovary (Alba), p. 240
, ¿Por qué no acabar de una vez? ¿Quién se lo impedía? Era libre y dio un paso adelante y miró los adoquines, diciéndose: -¡Venga! ¡Venga!
El rayo de luz que llegaba, recto, desde abajo tiraba del peso cuerpo hacia el abismo. Le parecía que el sol de la plaza oscilaba y se alzaba por las paredes y que el extremo del suelo se inclinaba, como un barco que cabecea. Estaba al filo del todo, casi en el aire, rodeada de un anchuroso espacio. El azul del cielo se le metía dentro, el aire le circulaba por la cabeza vacía, bastaba con que cediera, con que se dejase atrapar; y el ronquido del tomo no cesaba, como una voz rabiosa que la llamase.
-¡Mujer! ¡Mujer! -gritó Charles.
Emma se quedó quieta.
-¿Dónde estás? ¡Ven!
Con la idea de que acaba de salvarse de la muerte estuvo a punto de desmayarse de terror: cerró los ojos; luego se sobresaltó al notar una mano en la manga: era Féicité.
-El señor la está esperando, señora; la sopa está servida.
¡Y tuvo que bajar! ¡Tuvo que sentarse a la mesa!
, ¿Por qué no acabar de una vez? ¿Quién se lo impedía? Era libre y dio un paso adelante y miró los adoquines, diciéndose: -¡Venga! ¡Venga!
El rayo de luz que llegaba, recto, desde abajo tiraba del peso cuerpo hacia el abismo. Le parecía que el sol de la plaza oscilaba y se alzaba por las paredes y que el extremo del suelo se inclinaba, como un barco que cabecea. Estaba al filo del todo, casi en el aire, rodeada de un anchuroso espacio. El azul del cielo se le metía dentro, el aire le circulaba por la cabeza vacía, bastaba con que cediera, con que se dejase atrapar; y el ronquido del tomo no cesaba, como una voz rabiosa que la llamase.
-¡Mujer! ¡Mujer! -gritó Charles.
Emma se quedó quieta.
-¿Dónde estás? ¡Ven!
Con la idea de que acaba de salvarse de la muerte estuvo a punto de desmayarse de terror: cerró los ojos; luego se sobresaltó al notar una mano en la manga: era Féicité.
-El señor la está esperando, señora; la sopa está servida.
¡Y tuvo que bajar! ¡Tuvo que sentarse a la mesa!
HASTA QUE LA MUERTE NOS SEPARE
De Epístola moral a Laura (incluido en Puerta de tierra)
Eso es en esencia el divorcio: el último baluarte del matrimonio, su más firme punto de defensa antes de aceptar la competencia de otras formas de unión que se demuestren más hábiles para conservar el amor entre dos individuos. Un fuerte en el que la hipocresía colectiva juega un papel no poco importante pero que, a la postre, acabará arruinándolo. Porque al hacer corregible y repetible a la institución que pretende hacer durable el amor ¿no la está contradiciendo? ¿en qué medida esa sombra no modifica las aspiraciones que el hombre coloca en su amor? ¿podrá seguir confiando al matrimonio su bien más íntimo? Porque ahí reside todo: si el matrimonio se adoptó para hacer durar una unión que no duró; si se edificó sobre un cimiento de confianza recíproca que ha transformado en incomprensión y recelo; si fue un acto de generosidad que el divorcio, a lo más, convierte en acto de caridad, cuando no de crueldad; y si además promete doblar las promesas que no supe cumplir en su día ... lo mejor que se puede hacer con el matrimonio es abandonarlo. Abandonarlo como institución y conservar la persona. Y para eso nada mejor que mantenerlo tal cual es, una unión si no para la eternidad al menos para toda la vida, cuya mejor virtud reside en la imposibilidad de ser repetido, a la vez que obliga al hombre a responsabilizarse de todos sus actos -fallidos o no- que hoy se traducen en limitaciones y en el terreno de las cuales -no de las abstracciones- le es dado hacer gala de su generosidad.
INCIPIT 286. EN EL ESTADO / JUAN BENET
HABIA un corpulento olmo, que nacía en el mismo borde de la cuneta, a cuya sombra se detuvo el autobús. Se trata del único punto de sombra en toda la extensión que alcanza la vista, esto es, en todo el llano de La Portada , como dirá más adelante el señor Hervás, comentando sus impresiones de viaje con la señora Somer, que tiene la costumbre de no escucharle cuando el señor Hervás se alarga en innecesarias explicaciones. No es que la señora Somer se desinterese de algunos pormenores de los relatos del señor Hervás; por el contrario, es tal su interés por cuanto dice y pone tanta atención al escucharle que rara vez puede mantenerla más allá de un cierto rato, para sumirse a continuación en una atmósfera de ensueño de la que, con frecuencia, es arrebatada por un leve codazo de su yerno. Porque el señor Hervás jamás se tomará la libertad de despertarla; la respeta demasiado, asegura él, para intervenir en asuntos que sólo indirectamente le conciernen. Al señor Hervás nada le puede complacer más que sentirse el centro de toda reunión y, a pesar de que con frecuencia se verá traicionado por un entusiasmo que, al no poder ser permanentemente transmitido a sus interlocutores, degenera en una amable y cómplice condescendencia, su propia estimación le impide detenerse para
EL MAESTRO Y EL DISCIPULO ( JB & JM)
De Mala índole de Javier Marías, p. 45
Mr Bayo cogió la carta y la leyó. y mientras lo hacía, su rostro fue adquiriendo una expresión parecida a la del maestro que un día, repentinamente, descubre que su discípulo le ha superado, e invadido por una extraña mezcla de envidia, orgullo y temor, sólo acierta a preguntarse, confundido, si en el futuro se verá humillado o ensalzado por quien de ahora en adelante ejercerá el poder.
Mr Bayo cogió la carta y la leyó. y mientras lo hacía, su rostro fue adquiriendo una expresión parecida a la del maestro que un día, repentinamente, descubre que su discípulo le ha superado, e invadido por una extraña mezcla de envidia, orgullo y temor, sólo acierta a preguntarse, confundido, si en el futuro se verá humillado o ensalzado por quien de ahora en adelante ejercerá el poder.
MENTIRAS
De Los enamoramientos, de Javier Marías
O quizá es más simple, quizá es que nunca hay manera de borrar lo dicho, sea verdadero o falso, una vez que se ha dicho: las acusaciones y las invenciones, las calumnias y los cuentos y las fabulaciones, desmentir no es bastante, no borra sino que se añade, antes habrá mil versiones contradictorias e imposibles de un hecho que la anulación de ese hecho una vez relatado; los mentís y las discrepancias conviven con lo que refutan o niegan, se acumulan, se agregan y jamás lo cancelan, en el fondo lo sancionan mientras se siga hablando, lo único que borra es callar, y callar prolongadamente.
O quizá es más simple, quizá es que nunca hay manera de borrar lo dicho, sea verdadero o falso, una vez que se ha dicho: las acusaciones y las invenciones, las calumnias y los cuentos y las fabulaciones, desmentir no es bastante, no borra sino que se añade, antes habrá mil versiones contradictorias e imposibles de un hecho que la anulación de ese hecho una vez relatado; los mentís y las discrepancias conviven con lo que refutan o niegan, se acumulan, se agregan y jamás lo cancelan, en el fondo lo sancionan mientras se siga hablando, lo único que borra es callar, y callar prolongadamente.
INCIPIT 285. AS VOCES BAIXAS / MANUEL RIVAS
Capítulo 1
O primeiro medo
Estabamos sós, María e mais eu, abrazados no cuarto de baño. Fuxitivos do terror, agochárnonos naquda cámara escura. Os días de tempestade podíase oír o bruar mariño. O de hoxe era o rosmar enferruxado, asmático, da cisterna. Por fin, oírnos a súa voz. Chamaba por nós. Primeiro com desacougo. Logo, con crecente angustia. Deberiamos responder. Dar o sinal de vida. Mais da anticipábase. Oírnos o seu arfar, o atropdo dos pasos, corno o osmar excitado de quen venta un rastro. María tirou do pasador. Miña nai empurrou a porta, arrastrando a luz, aínda coa tormenta nos ollos. O medo dela era o de quen chega á casa e non atopa os HIlos que deixou tranquilos e xogando. O naso medo aínda era máis primitivo: era o primeiro medo.
Miña nai, Carme, traballaba de leiteira. Vivíamos de aluguer nun baixo da rúa Marola, no barrio do Monte Alto, na Coruña. Había pouco que meu pai volvera de América, de La Güaira, onde traballou na construción, polos cumíos dos edificios ou a gabear ceas en estadas voandeiras.
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O primeiro medo
Estabamos sós, María e mais eu, abrazados no cuarto de baño. Fuxitivos do terror, agochárnonos naquda cámara escura. Os días de tempestade podíase oír o bruar mariño. O de hoxe era o rosmar enferruxado, asmático, da cisterna. Por fin, oírnos a súa voz. Chamaba por nós. Primeiro com desacougo. Logo, con crecente angustia. Deberiamos responder. Dar o sinal de vida. Mais da anticipábase. Oírnos o seu arfar, o atropdo dos pasos, corno o osmar excitado de quen venta un rastro. María tirou do pasador. Miña nai empurrou a porta, arrastrando a luz, aínda coa tormenta nos ollos. O medo dela era o de quen chega á casa e non atopa os HIlos que deixou tranquilos e xogando. O naso medo aínda era máis primitivo: era o primeiro medo.
Miña nai, Carme, traballaba de leiteira. Vivíamos de aluguer nun baixo da rúa Marola, no barrio do Monte Alto, na Coruña. Había pouco que meu pai volvera de América, de La Güaira, onde traballou na construción, polos cumíos dos edificios ou a gabear ceas en estadas voandeiras.
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CONTRA NATURA
De Una vida absolutamente maravillosa, de Enrique Vila.Matas, p.528
El narrador de La habitación cerrada de Paul Auster, un hombre que en un momento determinado del libro es abandonado por las manos invisibles que construían la trama de su vida y se queda a merced de la intemperie y de una sensación de aislamiento inesperadamente angustiosa: «Eso era todo: Fanshawe solo en esa habitación, condenado a una soledad mítica, quizá viviendo, quizá respirando, soñando Dios sabe qué. Esa habitación, lo descubrí entonces, estaba situada dentro de mi cráneo».
Podría Auster haber dicho «estaba situada dentro de mi mente», pero prefiere hablar de un cráneo, quizá porque quiere ser muy concreto y un cráneo es un cráneo mientras que una mente es algo ligeramente más impreciso o etéreo, o bien porque quiere homenajear a un libro pariente del viaje interior del conde de Maistre: Viaje alrededor de mi cráneo, de Frigyes Karinthy, dramática historia (1938) de un hombre que cae enfermo cuando comienza a oír que unos trenes invisibles recorren sus tímpanos.
Soñando Dios sabe qué, Des Esseintes cultiva en su casa plantas que parecen metálicas y tiene como animal doméstico una tortuga a la que le ha pintado de oro el caparazón. Todo en su craneal mansión recuerda a un acuario. Cree mucho en ella, en la imaginación. Imagina, por ejemplo, que París no le da la espalda a la mar salada y entonces «la ilusión de estar en la playa deseada es innegable, absoluta y cierta».
A veces hasta resultan ridículos los que creen que es tan poderosa su imaginación, porque en realidad nada es tan rato ni difícil como parece y casi todo acaba siendo posible. ¿O acaso no quedaría Huysmans perplejo al ver que hoy en día, en verano, los muelles del Sena están llenos bañistas que vegetan en sus playas simuladas?
Fuera de su acuario casero, la única gran aventura emprendida por de Des Esseintes en Al revés es su viaje inmóvil a Inglaterra en el capítulo undécimo, viaje que es heredero directo de la odisea estancada del cuarto de Turín de De Maestre.
El narrador de La habitación cerrada de Paul Auster, un hombre que en un momento determinado del libro es abandonado por las manos invisibles que construían la trama de su vida y se queda a merced de la intemperie y de una sensación de aislamiento inesperadamente angustiosa: «Eso era todo: Fanshawe solo en esa habitación, condenado a una soledad mítica, quizá viviendo, quizá respirando, soñando Dios sabe qué. Esa habitación, lo descubrí entonces, estaba situada dentro de mi cráneo».
Podría Auster haber dicho «estaba situada dentro de mi mente», pero prefiere hablar de un cráneo, quizá porque quiere ser muy concreto y un cráneo es un cráneo mientras que una mente es algo ligeramente más impreciso o etéreo, o bien porque quiere homenajear a un libro pariente del viaje interior del conde de Maistre: Viaje alrededor de mi cráneo, de Frigyes Karinthy, dramática historia (1938) de un hombre que cae enfermo cuando comienza a oír que unos trenes invisibles recorren sus tímpanos.
Soñando Dios sabe qué, Des Esseintes cultiva en su casa plantas que parecen metálicas y tiene como animal doméstico una tortuga a la que le ha pintado de oro el caparazón. Todo en su craneal mansión recuerda a un acuario. Cree mucho en ella, en la imaginación. Imagina, por ejemplo, que París no le da la espalda a la mar salada y entonces «la ilusión de estar en la playa deseada es innegable, absoluta y cierta».
A veces hasta resultan ridículos los que creen que es tan poderosa su imaginación, porque en realidad nada es tan rato ni difícil como parece y casi todo acaba siendo posible. ¿O acaso no quedaría Huysmans perplejo al ver que hoy en día, en verano, los muelles del Sena están llenos bañistas que vegetan en sus playas simuladas?
Fuera de su acuario casero, la única gran aventura emprendida por de Des Esseintes en Al revés es su viaje inmóvil a Inglaterra en el capítulo undécimo, viaje que es heredero directo de la odisea estancada del cuarto de Turín de De Maestre.
INCIPIT 284. LA SEÑORA BOVARY / GUSTAVE FLAUBERT
Estábamos en el aula de estudio cuando entró el director y, trás él, un nuevo vestido de calle y un mozo que traía un pupitre grande. Los que estaban durmiendo se despertaron y todos nos levantamos como si nos hubieran sorprendido en plena tarea.
El director nos hizo una seña para que nos volviéramos a sentar; luego dijo a media voz, volviéndose hacia al profesor pasante:
-Señor Roger, aquí tiene a un alumno que le encomiendo. Entra en segundo. Si se lo merece por la aplicación y el comportamiento, pasará con los mayores, que es con quienes debe estar por edad.
El nuevo, que se había quedado en el rincón de detrás de la puerta, de forma tal que apenas si se lo veía, era un muchacho campesino de alrededor de quince años y más alto que todos nosotros. LLevaba el pelo cortado en flequillo recto, como un chantre de aldea, y tenía una expresión formal y muy apurada. Aunque no era ancho de espalda, la chaqueta corta de paño verde con botones negros debía de tirarle en las sisas y por la raja de las vueltas le asomaban las muñecas encarnadasacostumbradas a ir al aire. Las piernas, con medias azules, asomaban de unos pantalones amarillentos que los tirantes le subían mucho. Calzaba unos zapatones de clavos mal lustrados.
Empezaron a tomarnos la lección. Escuchó con los cinco sentidos, atento como en el sermón, sin atreverse siquiera a cruzar los muslos ni a apoyarse en el codo y, a las dos, cuando tocó la campana, el profesor tuvo que avisarlo para que se pusiera en fila con nosotros. Teníamos la costumbre, al entrar en el aula, de arrojar las gorras al suelo para que nos quedaran, al hacerlo, las manos más libres; desde el umbral, había que tirarlas debajo del banco, de forma tal que pegasen contra la pared y levantaran mucho polvo; era lo que se llevaba.
El director nos hizo una seña para que nos volviéramos a sentar; luego dijo a media voz, volviéndose hacia al profesor pasante:
-Señor Roger, aquí tiene a un alumno que le encomiendo. Entra en segundo. Si se lo merece por la aplicación y el comportamiento, pasará con los mayores, que es con quienes debe estar por edad.
El nuevo, que se había quedado en el rincón de detrás de la puerta, de forma tal que apenas si se lo veía, era un muchacho campesino de alrededor de quince años y más alto que todos nosotros. LLevaba el pelo cortado en flequillo recto, como un chantre de aldea, y tenía una expresión formal y muy apurada. Aunque no era ancho de espalda, la chaqueta corta de paño verde con botones negros debía de tirarle en las sisas y por la raja de las vueltas le asomaban las muñecas encarnadasacostumbradas a ir al aire. Las piernas, con medias azules, asomaban de unos pantalones amarillentos que los tirantes le subían mucho. Calzaba unos zapatones de clavos mal lustrados.
Empezaron a tomarnos la lección. Escuchó con los cinco sentidos, atento como en el sermón, sin atreverse siquiera a cruzar los muslos ni a apoyarse en el codo y, a las dos, cuando tocó la campana, el profesor tuvo que avisarlo para que se pusiera en fila con nosotros. Teníamos la costumbre, al entrar en el aula, de arrojar las gorras al suelo para que nos quedaran, al hacerlo, las manos más libres; desde el umbral, había que tirarlas debajo del banco, de forma tal que pegasen contra la pared y levantaran mucho polvo; era lo que se llevaba.
EL TESTAMENTO DEL DOCTOR CORDELIER
De Chet Baker piensa en su arte, p. 308-309
«Los libros tienen su destino», les dice Nabokov a sus alumnos. Y sí. Los libros tienen su propia suerte, una vida independiente, propia. Los libros tienen, como decía Augusto Monterroso, sus propios hados y su propio sino, y a veces éste pasa por llevar a la vida real lo que antes narró el autor. Pudo ser perfectamente el caso de R. L. Stevenson y su Dr. Jekyll. La escena tiene lugar en Upolu, Samoa, 1894. El escritor, al que los nativos llaman Tusitala, baja a la bodega de su casa a buscar una botella de su borgoña favorito, la descorcha en la cocina, y de repente llama a gritos a su mujer. «¿Qué me pasa, qué es esto tan extraño, algo me ha cambiado la cara?»Un ataque cerebral. Cae al suelo. «Trigerrun», dice misteriosamente Tusitala con sus ojos muy abiertos, y muere un par de horas después.
«Los libros tienen su destino», les dice Nabokov a sus alumnos. Y sí. Los libros tienen su propia suerte, una vida independiente, propia. Los libros tienen, como decía Augusto Monterroso, sus propios hados y su propio sino, y a veces éste pasa por llevar a la vida real lo que antes narró el autor. Pudo ser perfectamente el caso de R. L. Stevenson y su Dr. Jekyll. La escena tiene lugar en Upolu, Samoa, 1894. El escritor, al que los nativos llaman Tusitala, baja a la bodega de su casa a buscar una botella de su borgoña favorito, la descorcha en la cocina, y de repente llama a gritos a su mujer. «¿Qué me pasa, qué es esto tan extraño, algo me ha cambiado la cara?»Un ataque cerebral. Cae al suelo. «Trigerrun», dice misteriosamente Tusitala con sus ojos muy abiertos, y muere un par de horas después.
KAFKIANA
De Gritar de Menéndez Salmón, p.115 (Lengua de trapo)
Mas sobre el conjunto de cosas remozables, por encima del supremo anhelo de aliviar el sufrimiento de mi progenitora, soñaba yo con el enjambre de albañiles blasfemando en busca de fulcros y niveles, trazando señales de tiza por donde la lengua del sol recorrería el sabor lacustre de las habitaciones; soñaba con operarios en camiseta, asténicos y procaces, resolviendo con titánicos mazazos una edad de catacumbas y paredes maestras, desenmascarando los secretos enterrados en el esqueleto de los paramentos que se desplomarían con estrépito de guijarros y palomas; soñaba con el frenesí de técnicos apretando válvulas, ajustando avernales, bosquejando el diseño mágico de la ida y venida de las aguas menores; soñaba con electricistas con alicates y bisagras entre los dientes, barajando flujos con masas y polos con bornes, pequeños demiurgos de un edén mecánico; soñaba con elegantes aparejadores fumando cigarrillos rusos en los umbrales, enfundados en trajes de viscosa y luciendo quevedos de oro, la diestra en el aire perfilando aleros y porches; soñaba con antenistas, funámbulos del éter, husmeando ondas y presagios de borrascas, e incluso soñaba con cejijuntos agrimensores sugiriendo lindes con sus teodolitos.
Sí, en la frenética colmena de reconstrucción que era el hogar de los Kafka, yo, el ojeroso Franz, soñaba entre los escombros, alzado sobre ríos de lodo y corrientes freáticas, con la remoción de la ruina que se nos había enquistado en cada poro de la piel como una insidiosa mugre del tiempo.
Mas sobre el conjunto de cosas remozables, por encima del supremo anhelo de aliviar el sufrimiento de mi progenitora, soñaba yo con el enjambre de albañiles blasfemando en busca de fulcros y niveles, trazando señales de tiza por donde la lengua del sol recorrería el sabor lacustre de las habitaciones; soñaba con operarios en camiseta, asténicos y procaces, resolviendo con titánicos mazazos una edad de catacumbas y paredes maestras, desenmascarando los secretos enterrados en el esqueleto de los paramentos que se desplomarían con estrépito de guijarros y palomas; soñaba con el frenesí de técnicos apretando válvulas, ajustando avernales, bosquejando el diseño mágico de la ida y venida de las aguas menores; soñaba con electricistas con alicates y bisagras entre los dientes, barajando flujos con masas y polos con bornes, pequeños demiurgos de un edén mecánico; soñaba con elegantes aparejadores fumando cigarrillos rusos en los umbrales, enfundados en trajes de viscosa y luciendo quevedos de oro, la diestra en el aire perfilando aleros y porches; soñaba con antenistas, funámbulos del éter, husmeando ondas y presagios de borrascas, e incluso soñaba con cejijuntos agrimensores sugiriendo lindes con sus teodolitos.
Sí, en la frenética colmena de reconstrucción que era el hogar de los Kafka, yo, el ojeroso Franz, soñaba entre los escombros, alzado sobre ríos de lodo y corrientes freáticas, con la remoción de la ruina que se nos había enquistado en cada poro de la piel como una insidiosa mugre del tiempo.
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