Este es el triste final desaparecido -por obra del editor- del cuento ¿Dónde está todo el mundo? En el cuento El señor Café y el señor Arreglos, de Carver
Luego me preparó la cama en el sofá. Entré en el cuarto de baño. Mi madre guardaba en él un pijama de mi padre. Lo saqué del cajón, lo miré, empecé a desnudarme. Cuando salí mi madre estaba en la cocina. Me coloqué la almohada y me tendí en el sofá. Ella terminó lo que estuviera haciendo en la cocina, apagó la luz y se sentó en un extremo del sofá.
—Cariño, no quiero ser la persona que te lo diga —dijo— Me duele decirlo, pero hasta tus hijos lo saben, y me lo han dicho. Hemos hablado de ello Pero Cynthia se ve con otro hombre.
—No pasa nada —dije—. Lo sé —dije, y miré el televisor—, Se llama Ross y es alcohólico Como yo
—Cariño, vas a tener que hacer algo por ti —dijo
—Lo sé —dije, y seguí viendo la televisión, Se inclinó hacia mí y me abrazó Siguió abrazándome un momento más. Luego me soltó y se secó los ojos.
—Te despertaré por la mañana —dijo.
—No tengo gran cosa que hacer mañana, Podría seguí durmiendo un rato después de que te vayas.
Pensé: cuando te levantes y vayas al cuarto de baño y te vistas, me meteré en tu cama y me quedaré dormitando en ella, mientras escucho la radio que me llegará desde la cocina con las noticias y el tiempo.
—Cariño, estoy tan preocupada por ti,
—No te preocupes dije, Sacudí la cabeza, ora descansa un poco —dijo—. Necesitas dormir, Dormiré, Tengo mucho sueño,
—Ve la televisión todo lo que quieras dijo. Asentí con la cabeza
Se inclinó sobre mí y me besó. Sus labios parecían magullados, tumefactos, Me tapó con una manta, Luego entró en su dormitorio, Dejó la puerta abierta, y al cabo de unos minutos la oí roncar,
Me quedé allí acostado, viendo la televisión. En la pantalla había imágenes de hombres uniformados, y se oía un rumor grave, y luego se veían tanques y un hombre que utilizaba un lanzallamas, Apenas podía oír, pero no quería levantarme, Seguí viendo aquello hasta que sentí que se me cerraban los ojos. Pero désperté con un sobresalto, y con el pijama empapado en sudor, Una luz nevosa inundó la sala, Un fragor se acercaba a mí, La estancia se llenó de un griterío, Seguí tendido. No me moví,
Te quiero más que a la salvación de mi alma
Catalina en Abismos de pasión de Luis Buñuel
INCIPIT 247. SOLAR / IAN McEWAN
Pertenecía a esa clase de hombres vagamente anodinos, a menudo calvos, bajos, gordos, inteligentes, que inexplicablemente atraían a determinadas mujeres hermosas, O él pensaba que las atraía, y al pensarlo parecía que así era Y le convenía que algunas mujeres creyeran que era un genio al que había que salvar. Pero el Michael Beard de esta época era un hombre de mentalidad estrecha, anhedónico, monotemático, afligido. Su quinto matrimonio se estaba desintegrando y debería haber sabido comportarse, tomar distancia, asumir la culpa. No eran los matrimonios, los suyos, como las mareas, en las que al reflujo sucede inmediatamente el flujo? Pero el último era diferente, No sabía cómo comportarse, tomar distancia era doloroso y por una vez, a su modo de ver, no había culpa que asumir, Era su mujer la que estaba teniendo una aventura, y la vivía de un modo flagrante, punitivo y desde luego sin remordimiento, Él estaba descubriendo en sí mismo, entre una diversidad de emociones, intensos momentos de vergüenza y nostalgia. Patrice salía con un constructor, el de ambos, el que habia ren’ozado su casa, equipado la cocina, alicatado de nuevo el cuarto de baño, el mismísimo individuo corpulento que a la hora
ZSA ZSA GABOR
Zsa Zsa Gabor, hospitalizada por una neumonía
La actriz, de 94 años, lleva varios meses entrando y saliendo del hospital
EL PAÍS - Madrid - 05/05/2011
A sus 94 años, Gabor lleva varios meses entrando y saliendo del hospital. En marzo tuvo que ser ingresada por una fuerte subida de tensión. Pocos días antes había fallecido la también actriz Elizabeth Taylor, de la que era gran amiga. Gabor se asustó: "Oh, Jane Russell y ahora Liz Taylor. Yo soy la siguiente", dijo en referencia a una leyenda de Hollywood en la que se dice que los actores mueren de tres en tres.
Además, en enero los médicos tuvieron que amputarle parte de la pierna derecha, que se le había gangrenado. La actriz no quiso ser ingresada hasta que pasaran las fiestas navideñas porque pensó que serían las últimas que iba a pasar con sus familiares. Gabor, de origen húngaro, se ha casado nueve veces, y su actual marido es el príncipe Frederic von Anhalt.
El estado de salud de la actriz es delicado, como ella misma reconoce. Tanto es así que el pasado mes de agosto comenzó a despedirse de sus familiares y amigos más cercanos, e incluso pidió que un sacerdote le diera la extremaunción.
La actriz, de 94 años, lleva varios meses entrando y saliendo del hospital
EL PAÍS - Madrid - 05/05/2011
A sus 94 años, Gabor lleva varios meses entrando y saliendo del hospital. En marzo tuvo que ser ingresada por una fuerte subida de tensión. Pocos días antes había fallecido la también actriz Elizabeth Taylor, de la que era gran amiga. Gabor se asustó: "Oh, Jane Russell y ahora Liz Taylor. Yo soy la siguiente", dijo en referencia a una leyenda de Hollywood en la que se dice que los actores mueren de tres en tres.
Además, en enero los médicos tuvieron que amputarle parte de la pierna derecha, que se le había gangrenado. La actriz no quiso ser ingresada hasta que pasaran las fiestas navideñas porque pensó que serían las últimas que iba a pasar con sus familiares. Gabor, de origen húngaro, se ha casado nueve veces, y su actual marido es el príncipe Frederic von Anhalt.
El estado de salud de la actriz es delicado, como ella misma reconoce. Tanto es así que el pasado mes de agosto comenzó a despedirse de sus familiares y amigos más cercanos, e incluso pidió que un sacerdote le diera la extremaunción.
JAMESIANA
De Nueva York, de Henry James, p.482
Estaba claro que pensaba de mí que yo era muy inteligente y yo pensé que era bastante sabio por su parte no alardear. Cuando le comenté que no encontraba aquí nada que dibujar que las ciudades rectangulares no lo permitían, etcétera. Etcétera, él me preguntó que por qué no lo intentaba con la gente. ¿Qué gente? ¿La de la Quinta Avenida? Esas tienen aún menos encanto que sus casas, y no me parece que los de la Sexta sean mejores, ni los de la Cuarta, la Tercera, la Séptima o la Octava. ¡Dios Santo! ¡Qué nombres! La ciudad de Nueva York es como una larga suma y sus calles son como columnas de números. ¡Vaya sitio he elegido para vivir! ¡Yo, que odio la aritmética!
ELECCIONES ¿O NO?
De Los sinsabores de Bolaño,, p.163-164
Esa noche buscó en el Diccionario de la Real Academia el vocablo «nigología». No lo encontró. El diablo maldiga a estos madrileños de mierda, pensó con rabia. Lo más cercano era «nigola». f. Mar. Cuerdas horizontales de jarcias y gavias, que sirven de escalones para subir a los palos; aflechate, flechaste. ¡Navegar en un velero junto a las jarcias y las gavias! También estaba nigromancia o nigromancía, cuyo significado Jordi sabía gracias a los juegos de rol, y también la palabra nigérrimo, ma. (Del lat. nígerrimus.) adj. sup. de negro. Negrísimo, muy negro.
Tampoco estaba en el Diccionario ideológico de la lengua española de Julio Casares ni en el Pompeu i Fabra.
Mucho más tarde, mientras sus padres dormían, se levantó desnudo de la cama y con pasos muy medidos, como si estuviera en una cancha de básquet de fantasmas, se dirigió a la biblioteca de su padre y buscó hasta dar con un ejemplar de Cándido en traducción castellana.
Leyó: «Está demostrado, decía Pangloss, que las cosas no pueden ser de otra manera que como son, pues estando todo hecho para un fin, todo es necesariamente para el mejor fin. Nótese que las narices han sido creadas para llevar antiparras, y por eso antiparras tenemos; que las piernas fueron visiblemente instituidas para que las enfundásemos, y tenemos calzones. Las piedras hechas para ser talladas y construir castillos con ellas, y por eso monseñor posee un castillo suntuosísimo, porque el barón más grande de la provincia es quien ha de estar mejor alojado; y como los cerdos han nacido para que se los coman, comemos cerdo todo el año; por consiguiente, los que afirman que “todo está bien”, han afirmado una necedad, pues debieron decir que todo está lo “mejor posible”».
Durante un rato permaneció acuclillado sobre la alfombra de la biblioteca balanceándose ligeramente y con los cinco sentidos puestos en otra parte. ¿Me he enamorado de ti?, pensó. ¿Me estoy enamorando? Y si es así, ¿qué puedo hacer? No sé escribir cartas. Estoy condenado. Después susurró herido: joder, Rosa, joder, qué cabronada, qué cabronada...
Esa noche buscó en el Diccionario de la Real Academia el vocablo «nigología». No lo encontró. El diablo maldiga a estos madrileños de mierda, pensó con rabia. Lo más cercano era «nigola». f. Mar. Cuerdas horizontales de jarcias y gavias, que sirven de escalones para subir a los palos; aflechate, flechaste. ¡Navegar en un velero junto a las jarcias y las gavias! También estaba nigromancia o nigromancía, cuyo significado Jordi sabía gracias a los juegos de rol, y también la palabra nigérrimo, ma. (Del lat. nígerrimus.) adj. sup. de negro. Negrísimo, muy negro.
Tampoco estaba en el Diccionario ideológico de la lengua española de Julio Casares ni en el Pompeu i Fabra.
Mucho más tarde, mientras sus padres dormían, se levantó desnudo de la cama y con pasos muy medidos, como si estuviera en una cancha de básquet de fantasmas, se dirigió a la biblioteca de su padre y buscó hasta dar con un ejemplar de Cándido en traducción castellana.
Leyó: «Está demostrado, decía Pangloss, que las cosas no pueden ser de otra manera que como son, pues estando todo hecho para un fin, todo es necesariamente para el mejor fin. Nótese que las narices han sido creadas para llevar antiparras, y por eso antiparras tenemos; que las piernas fueron visiblemente instituidas para que las enfundásemos, y tenemos calzones. Las piedras hechas para ser talladas y construir castillos con ellas, y por eso monseñor posee un castillo suntuosísimo, porque el barón más grande de la provincia es quien ha de estar mejor alojado; y como los cerdos han nacido para que se los coman, comemos cerdo todo el año; por consiguiente, los que afirman que “todo está bien”, han afirmado una necedad, pues debieron decir que todo está lo “mejor posible”».
Durante un rato permaneció acuclillado sobre la alfombra de la biblioteca balanceándose ligeramente y con los cinco sentidos puestos en otra parte. ¿Me he enamorado de ti?, pensó. ¿Me estoy enamorando? Y si es así, ¿qué puedo hacer? No sé escribir cartas. Estoy condenado. Después susurró herido: joder, Rosa, joder, qué cabronada, qué cabronada...
INCIPIT 246. EL DIA DE MAÑANA / IGNACIO MARTINEZ DE PISON
1
Sí, éramos medio parientes, dice Martín Tello. Pero es que en los pueblos pequeños todos son parientes o medio parientes. Mi padre y su madre se apellidaban igual y, aunque no sabían de dónde les venía el parentesco, entre ellos se llamaban primos. ¡Prima, tráeme esto!, ¡primo, tráeme lo otro! Pero mis primos de verdad no eran ellos, sino los hijos de mi tío Guillermo y mi tío Evaristo. Cuando nos vinimos, nos vinimos todos: mi tío Guillermo con su mujer y sus cuatro hijos, mi tío Evaristo con la suya y las dos chicas, mis padres conmigo y con mis hermanas. Llevaban tiempo, desde antes de la guerra, hablando del embalse y diciendo que tendríamos que dejar el pueblo y, cuando llegaron unos del gobierno y ofrecieron cuatro perras por las tierras y las casas, mis padres y mis tíos no se lo pensaron. Con embalse o sin embalse, aquello no tenía ningún futuro... Y, si teníamos que rehacer la vida en otro sitio, cuanto antes empezáramos mejor, ¿no? Así que metimos todo lo que pudimos en los carros y nos echamos a la carretera. Tardamos cuatro días en llegar a Barcelona. Lo que más llamó la atención de mis hermanas fue que las ca-
Sí, éramos medio parientes, dice Martín Tello. Pero es que en los pueblos pequeños todos son parientes o medio parientes. Mi padre y su madre se apellidaban igual y, aunque no sabían de dónde les venía el parentesco, entre ellos se llamaban primos. ¡Prima, tráeme esto!, ¡primo, tráeme lo otro! Pero mis primos de verdad no eran ellos, sino los hijos de mi tío Guillermo y mi tío Evaristo. Cuando nos vinimos, nos vinimos todos: mi tío Guillermo con su mujer y sus cuatro hijos, mi tío Evaristo con la suya y las dos chicas, mis padres conmigo y con mis hermanas. Llevaban tiempo, desde antes de la guerra, hablando del embalse y diciendo que tendríamos que dejar el pueblo y, cuando llegaron unos del gobierno y ofrecieron cuatro perras por las tierras y las casas, mis padres y mis tíos no se lo pensaron. Con embalse o sin embalse, aquello no tenía ningún futuro... Y, si teníamos que rehacer la vida en otro sitio, cuanto antes empezáramos mejor, ¿no? Así que metimos todo lo que pudimos en los carros y nos echamos a la carretera. Tardamos cuatro días en llegar a Barcelona. Lo que más llamó la atención de mis hermanas fue que las ca-
ZSA ZSA GABOR
De La Voz de Galicia, 20 de abril de 2011
Zsa Zsa Gabor, de 94 años, busca una madre de alquiler
La pareja inició la semana pasada los trámites para buscar descendiente con la ayuda de una clínica de fertilidad de Beverly Hills.
«No me importa lo que diga la gente, no es asunto suyo», comentó Von Anhalt a la cadena de televisión estadounidense al ser cuestionado sobre su posible paternidad a una edad tan avanzada.
El marido de Gabor aseguró que su familia es muy longeva e insistió en que lo importante es estar con los niños cuando son pequeños porque cuando llegan a la adolescencia «ya no escuchan a nadie».
Von Anhalt confirmó que la popular Gabor, protagonista de títulos como «Sed de mal» (1958), es incapaz de hablar debido a su delicado estado de salud, aunque aseguró que la idea de ser padres la tenían desde hace tiempo e incluso adelantó los nombres de un posible bebé.
«Zsa Zsa Jr. si es niña y Frederic Jr. si es niño», dijo.
El marido negó que el plan de buscar un descendiente tuviera algo que ver con una trama para quitarle parte de la herencia a la única hija de Gabor, Francesca Hilton, de 64 años.
«Eso es un pensamiento enfermizo», criticó Von Anhalt que señaló que la actriz dejó escrito su testamento en 2005 y que actualmente es incapaz de firmar documentos para cambiar nada.
El posible embarazo requerirá de la donación de un óvulo (aunque ha habido rumores de que podría existir uno congelado por Gabor en los años 60), un vientre de alquiler para la gestación y el alumbramiento y la atención de un grupo de especialistas, lo que Von Anhalt estima que podría ascender hasta los 100.000 dólares.
La única hija de Gabor, Francesca Hilton, confesó encontrarse impactada con el plan de su madre y su padrastro.
Recientemente Gabor, en silla de ruedas desde el accidente que sufrió en 2002, tuvo que enfrentarse a la amputación de una pierna y una operación de cadera.
Gabor y Von Anhalt pensaron en tener un hijo cuando se casaron hace 25 años y, según el marido, la intérprete volvió a insistir sobre ese asunto en los últimos meses.
Una de las razones de su deseo por aumentar la familia es conseguir un heredero del apellido Gabor después de que las hermanas de la actriz murieran sin descendencia y su única hija, Francesca, usara Hilton en vez de Gabor.
Francesca Hilton nació fruto del segundo matrimonio de Gabor con el magnate hotelero Conrad Hilton quien era bisabuelo de la también famosa Paris Hilton.
Zsa Zsa Gabor protagonizó títulos como «Moulin Rouge» (1952), de John Houston, donde interpretaba a una modelo del pintor Toulouse Lautrec, así como «Lili» (1953), «La Chica del Kremlin» (1957) y «Sed de mal
Zsa Zsa Gabor, de 94 años, busca una madre de alquiler
La pareja inició la semana pasada los trámites para buscar descendiente con la ayuda de una clínica de fertilidad de Beverly Hills.
«No me importa lo que diga la gente, no es asunto suyo», comentó Von Anhalt a la cadena de televisión estadounidense al ser cuestionado sobre su posible paternidad a una edad tan avanzada.
El marido de Gabor aseguró que su familia es muy longeva e insistió en que lo importante es estar con los niños cuando son pequeños porque cuando llegan a la adolescencia «ya no escuchan a nadie».
Von Anhalt confirmó que la popular Gabor, protagonista de títulos como «Sed de mal» (1958), es incapaz de hablar debido a su delicado estado de salud, aunque aseguró que la idea de ser padres la tenían desde hace tiempo e incluso adelantó los nombres de un posible bebé.
«Zsa Zsa Jr. si es niña y Frederic Jr. si es niño», dijo.
El marido negó que el plan de buscar un descendiente tuviera algo que ver con una trama para quitarle parte de la herencia a la única hija de Gabor, Francesca Hilton, de 64 años.
«Eso es un pensamiento enfermizo», criticó Von Anhalt que señaló que la actriz dejó escrito su testamento en 2005 y que actualmente es incapaz de firmar documentos para cambiar nada.
El posible embarazo requerirá de la donación de un óvulo (aunque ha habido rumores de que podría existir uno congelado por Gabor en los años 60), un vientre de alquiler para la gestación y el alumbramiento y la atención de un grupo de especialistas, lo que Von Anhalt estima que podría ascender hasta los 100.000 dólares.
La única hija de Gabor, Francesca Hilton, confesó encontrarse impactada con el plan de su madre y su padrastro.
Recientemente Gabor, en silla de ruedas desde el accidente que sufrió en 2002, tuvo que enfrentarse a la amputación de una pierna y una operación de cadera.
Gabor y Von Anhalt pensaron en tener un hijo cuando se casaron hace 25 años y, según el marido, la intérprete volvió a insistir sobre ese asunto en los últimos meses.
Una de las razones de su deseo por aumentar la familia es conseguir un heredero del apellido Gabor después de que las hermanas de la actriz murieran sin descendencia y su única hija, Francesca, usara Hilton en vez de Gabor.
Francesca Hilton nació fruto del segundo matrimonio de Gabor con el magnate hotelero Conrad Hilton quien era bisabuelo de la también famosa Paris Hilton.
Zsa Zsa Gabor protagonizó títulos como «Moulin Rouge» (1952), de John Houston, donde interpretaba a una modelo del pintor Toulouse Lautrec, así como «Lili» (1953), «La Chica del Kremlin» (1957) y «Sed de mal
INCIPIT 245. LOS ENAMORAMIENTOS / JAVIER MARIAS
La última vez que vi a Miguel Desvern o Deverne fue también la última que lo vio su mujer, Luisa, lo cual no dejó de ser extraño y quizá injusto, ya que ella era eso, su mujer, y yo era en cambio una desconocida y jamás había cruzado con él una palabra. Ni siquiera sabía su nombre, lo supe sólo cuando ya era tarde, cuando apareció su foto en el periódico, apuñalado y medio descamisado y a punto de convertirse en un muerto, si es que no lo era ya para su propia conciencia ausente que nunca volvió a presentarse: lo último de lo que se debió de dar cuenta fue de que lo acuchillaban por confusión y sin causa, es decir, imbécilmente, y además una y otra vez, sin salvación, no una sola, con voluntad de suprimirlo del mundo y echarlo sin dilación de la tierra, allí y entonces. Tarde para qué, me pregunto. La verdad es que lo ignoro. Es sólo que cuando alguien muere, pensamos que ya se ha hecho tarde para cualquier cosa, para todo —más aún para esperarlo—, y nos limitamos a darlo de baja. También a nuestros allegados, aunque nos cueste mucho más y los lloremos, y su imagen nos acompañe en la mente cuando caminamos por las calles y en casa, y creamos durante mucho tiempo que no vamos a acostumbrarnos. Pero desde el principio sabemos —desde que se nos mueren— que ya no debemos contar con
ZSA ZSA GABOR
MATERNIDAD
La actriz ha iniciado el proceso para tener un descendiente que lleve su nombre e incluso ha acudido a una clínica de fertilidad. La actriz Zsa Zsa Gabor, de 94 años, y su marido Frederic von Anhalt, de 67, iniciaron el proceso para ser padres para tener un descendiente que lleve el apellido de la estrella de Hollywood, informó hoy CNN.
La noticia fue confirmada por Von Anhalt, quien acudió a una clínica de fertilidad de Beverly Hills, en Los Ángeles, para realizarse las pruebas médicas previas necesarias.
El embarazo requerirá la donación de un óvulo y de un vientre de alquiler para la gestación y el alumbramiento, que Von Anhalt estima que podría ascender hasta los 100.000 dólares (70.000 euros).
La única hija de Gabor, Francesca Hilton, dijo estar muy sorprendida con el plan de su madre y su padrastro.
«Estoy retirado. Puedo hacerme cargo de esto», ha dicho Von Anhalt, el noveno marido de la famosa actriz cuyo débil estado de salud la ha llevado en numerosas ocasiones al hospital en el último año.
Recientemente Gabor, en silla de ruedas desde un accidente que sufrió en 2002, tuvo que enfrentarse a la amputación de una pierna y una operación de cadera.
Gabor y Von Anhalt pensaron en tener un hijo cuando se casaron hace 25 años y, según el marido, la intérprete volvió a insistir sobre ese asunto en los últimos meses.
Una de las razones de su deseo por aumentar la familia es conseguir un heredero del apellido Gabor después de que las hermanas de la actriz murieran sin descendencia y su única hija, Francesca, usara Hilton en vez de Gabor.
Francesca Hilton, de 64 años, nació fruto del segundo matrimonio de Gabor con el magnate hotelero Conrad Hilton.
Zsa Zsa Gabor protagonizó títulos como Moulin Rouge (1952), de John Houston, donde interpretaba a una modelo del pintor Toulouse Lautrec, así como Lili (1953), La Chica del Kremlin (1957) o Sed de mal (1958).
INCIPIT 244. CONFIANZA / HENRY JAMES
Era a principios de abril. Bernard Longueville había pasado el invierno en Roma para, luego, viajar al norte por imperativo de varias obligaciones sociales que le reclamaban al otro lado de los Alpes. Pero el encanto de la primavera italiana le tenía seducido y buscó un pretexto para demorarse. Había estado cinco días en Siena, aunque en princípio debían de ser dos; aun así le resultaba imposible proseguir su viaje. Era un joven con tendencia a la contemplación y la imaginación y esta era su primera visita a Italia, así que su demora no debe ser juzgada severamente. Le encantaba dibujar y tenía la intención de pergeñar algunos bocetos. En Siena había dos viejas fondas, ambas igual de astrosas y sucias. En la elegida por Longueville se entraba por un oscuro y maloliente paso abovedado, coronado con un rótulo que en la distancia podía antojársele al viajero como un remedo del aviso del Dante: que se abandonara toda esperanza. La otra fonda no estaba muy lejos y, al día siguiente a su llegada, al pasar ante ella, vio que entraban dos mujeres —que evidentemente pertenecían a la nutrida cofradía de las turistas anglosajonas—, una de las cuales era joven y de muy buen porte. La disposición —o más que disposición— de Longueville a la galantería hizo que el incidente despertara en él cierto pesar. Pensó que de haberse alojado en la otra fonda habría podido gozar de una compañía encantadora; en cambio, en el establecimiento elegido solo había un esteta alemán que fumaba tabaco barato en el comedor. Caviló que la fortuna siempre le deparaba esto, reflexión muy propia de él.
JAMESIANA
Del Prólogo a Nueva York, de Henry James, p.24; sobre Impresiones de una prima
La narradora es una pintora recién regresada de Italia que durante las primeras páginas se queja recurrentemente de que no hay nada que pintar en la ciudad, ni siquiera a la gente. «,Qué gente? ¿La de la Quinta Avenida? Esos tienen aún menos encanto que sus casas, y no me parece que los de la Sexta sean mejores, ni los de la Cuarta, la Tercera, la Séptima o la Octava. ¡Dios Santo! ¡Qué nombres! La ciudad de Nueva York es como una larga suma y sus calles son como columnas de números. ¡Vaya sitio que he elegido para vivir! ¡Yo, que odio la aritmética!»
INCIPIT 243. EL HACEDOR (DE BORGES), REMAKE / AGUSTIN FERNANDEZ MALLO
Prólogo
A Jorge Luis Borges
Los rumores de la plaza quedan atrás y entro en la Biblioteca. De una manera casi fisica siento la gravitación de los libros, el ámbito sereno de un orden, el tiempo disecado y conservado mágicamente. A izquierda y a derecha, absortos en su lúcido sueño, se perfilan los rostros momentáneos de los lectores a la luz de lámparas estudiosas, como en la hipálage de Milton. Recuerdo haber recordado ya esa figura, en este lugar, y después aquellos pájaros de Benet que también definen por el contorno:
Es cierto, el viajero que saliendo de Región pretende llegar a su sierra siguiendo el antiguo camino real —porque el moderno dejó de serlo— se ve obligado a atravesar un pequeño y elevado desierto que parece interminable, y después aquel poema que suspende el sentido y maneja y supera el mismo artificio:
No quedaba nadie sobre la faz de la tierra y de repente, llamaron a la puerta.
Estas reflexiones me dejan en la puerta de su despacho. Entro; cambiamos unas cuantas cordiales y convencionales palabras, y le doy este libro. Si no me engaño, usted no me malquería, Borges, y le hubiera gustado que le gustara algún trabajo mío. Ello no ocurrió nunca, pero esta vez usted vuelve las páginas, y lee con aprobación algún verso, acaso porque en él ha reconocido su propia voz, acaso porque la práctica deficiente le importa menos que la sana teoría.
9
EL DIOS DE LOS HOMOSEXUALES
De Los sinsabores de Bolaño, p.67-68La siguiente noticia de Padilla fue una postal del puerto de Barcelona. Allí nos vimos por última vez y a veces sospecho que definitivamente por última vez, decía. Y adelantaba el título de su novela: El dios de los homosexuales.
Amalfitano devolvió la pelota. En una postal de Santa Teresa en donde se apreciaba la estatua del General Sepúlveda, héroe de la Revolución, admitía que el título le parecía un acierto, un título triste, sin duda, pero acertado. Y sobre el dios de los homosexuales, ¿quién podría ser?, no la diosa del amor ni el dios de la belleza, sino otro, ¿pero quién? Sobre si se verían o no alguna otra vez, dejaba esa respuesta en manos del dios de los viajeros.
La contestación de Padilla fue rápida y extensa: el pintor de las ropas de cuero aparentemente no tenía motivos para suicidarse, Su estancia en Nueva York se debía a una exposición suya en la prestigiosa galería de Cina Randall, que tú seguramente no has oído mencionar en tu vida pero que para los entendidos es una de las galeristas más potentes de Babilonia. Así pues, descartados los motivos económicos y artísticos (en ese orden, insistía Padilla), quedaban los sentimentales o amorosos, pero el susodicho era famoso por su frialdad a prueba de caderas y romanticismos más o menos admitidos, por lo que también se debía descartar esa posibilidad. ¿Y sin lo económico, lo artístico y lo amoroso, qué queda que pueda empujar a un hombre al suicidio? Elemental, el aburrimiento o la enfermedad, uno de estos dos criminales se lo cargó, elige tú. Sobre la identidad del dios de los homosexuales, Padilla era categórico: es el dios de los mendigos, el dios que duerme en el suelo, en las puertas del metro, el dios de los insomnes, el dios de los que siempre han perdido. Aquí hablaba (caóticamente) de Belisario y de Narsés, dos generales bizantinos, el primero joven y hermoso, el segundo viejo y eunuco, pero ambos excelentes para los propósitos militares del Emperador, y hablaba del pago de Bizancio. Es un dios desamparado, feo y refulgente, que ama pero cuyo amor es terrible y siempre, pero siempre, se vuelve contra él.
El pago de Chile, recordó Amalfitano y también pensó, pero, coño, si me está describiendo al dios de los poetas pobres, el dios del conde de Lautréamont y de Rimbaud.
Amalfitano devolvió la pelota. En una postal de Santa Teresa en donde se apreciaba la estatua del General Sepúlveda, héroe de la Revolución, admitía que el título le parecía un acierto, un título triste, sin duda, pero acertado. Y sobre el dios de los homosexuales, ¿quién podría ser?, no la diosa del amor ni el dios de la belleza, sino otro, ¿pero quién? Sobre si se verían o no alguna otra vez, dejaba esa respuesta en manos del dios de los viajeros.
La contestación de Padilla fue rápida y extensa: el pintor de las ropas de cuero aparentemente no tenía motivos para suicidarse, Su estancia en Nueva York se debía a una exposición suya en la prestigiosa galería de Cina Randall, que tú seguramente no has oído mencionar en tu vida pero que para los entendidos es una de las galeristas más potentes de Babilonia. Así pues, descartados los motivos económicos y artísticos (en ese orden, insistía Padilla), quedaban los sentimentales o amorosos, pero el susodicho era famoso por su frialdad a prueba de caderas y romanticismos más o menos admitidos, por lo que también se debía descartar esa posibilidad. ¿Y sin lo económico, lo artístico y lo amoroso, qué queda que pueda empujar a un hombre al suicidio? Elemental, el aburrimiento o la enfermedad, uno de estos dos criminales se lo cargó, elige tú. Sobre la identidad del dios de los homosexuales, Padilla era categórico: es el dios de los mendigos, el dios que duerme en el suelo, en las puertas del metro, el dios de los insomnes, el dios de los que siempre han perdido. Aquí hablaba (caóticamente) de Belisario y de Narsés, dos generales bizantinos, el primero joven y hermoso, el segundo viejo y eunuco, pero ambos excelentes para los propósitos militares del Emperador, y hablaba del pago de Bizancio. Es un dios desamparado, feo y refulgente, que ama pero cuyo amor es terrible y siempre, pero siempre, se vuelve contra él.
El pago de Chile, recordó Amalfitano y también pensó, pero, coño, si me está describiendo al dios de los poetas pobres, el dios del conde de Lautréamont y de Rimbaud.
CARVER
El niño había abierto los ojos, y los había cerrado. Volvió a abrirlos. Miraron fijamente hacia el frente unos instantes; luego giraron despacio dentro de sus órbitas hasta detenerse en Howard y Ann, y acto seguido se apartaron de ellos.
—Scotty —dijo su madre, acercándose a la cama.
—Eh, Scott —dijo su padre—. Eh, hijo.
Se inclinaron sobre él. Howard le cogió la mano izquierda con las dos suyas y se puso a darle palmaditas y a apretarla. Ann se acercó más y le besó en la frente una y
otra vez. Le puso las manos a ambos lados de la cara.
—Scotty, tesoro; somos mamá y papá —dijo—. ¿Scotty?
El niño volvió a mirarles, aunque sin dar ninguna muestra de reconocimiento o comprensión. Luego sus ojos se cerraron con brusquedad, y su boca se abrió y lanzó un aullido que yació por completo sus pulmones. Su cara, después, pareció relajarse y suavizarse. Los labios se le abrieron
con el último resuello, y el aire le salió de la garganta a través de los dientes apretados.
Los médicos lo llamaron «oclusión oculta», y dijeron que acontecía una vez entre un millón. Si hubiera sido detectada y se hubiera recurrido a la cirugía de inmediato, Scotty tal vez se habría salvado, pero lo más probable es que no hubiera sido así. En cualquier caso, ¿qué habrían podido buscar en el interior de Scotty? Ni en los análisis ni en las radiografías se había detectado nada. El doctor Francis estaba muy afectado.
—No puedo expresarles lo mal que me siento. Lo siento tanto; no encuentro las palabras —dijo, y los condujo hasta la sala de médicos.
—Scotty —dijo su madre, acercándose a la cama.
—Eh, Scott —dijo su padre—. Eh, hijo.
Se inclinaron sobre él. Howard le cogió la mano izquierda con las dos suyas y se puso a darle palmaditas y a apretarla. Ann se acercó más y le besó en la frente una y
otra vez. Le puso las manos a ambos lados de la cara.
—Scotty, tesoro; somos mamá y papá —dijo—. ¿Scotty?
El niño volvió a mirarles, aunque sin dar ninguna muestra de reconocimiento o comprensión. Luego sus ojos se cerraron con brusquedad, y su boca se abrió y lanzó un aullido que yació por completo sus pulmones. Su cara, después, pareció relajarse y suavizarse. Los labios se le abrieron
con el último resuello, y el aire le salió de la garganta a través de los dientes apretados.
Los médicos lo llamaron «oclusión oculta», y dijeron que acontecía una vez entre un millón. Si hubiera sido detectada y se hubiera recurrido a la cirugía de inmediato, Scotty tal vez se habría salvado, pero lo más probable es que no hubiera sido así. En cualquier caso, ¿qué habrían podido buscar en el interior de Scotty? Ni en los análisis ni en las radiografías se había detectado nada. El doctor Francis estaba muy afectado.
—No puedo expresarles lo mal que me siento. Lo siento tanto; no encuentro las palabras —dijo, y los condujo hasta la sala de médicos.
ZSA ZSA GABOR
Zsa Zsa Gabor, ingresada de nuevo en un hospital
.Zsa Zsa Gabor ha sido ingresada de nuevo en un hospital, según ha informado su publcista John Blanchette. Al parecer, la actriz de 94 años, estaba viendo la televisión cuando en un informativo anunicaron la muerte de Elizabeth Taylor, noticia que le produjo un gran impacto. Gabor sufrió una importante subida de tensión arterial y tuvo que ser enviada a un centro médico.
Según relató Blanchette, cuando se enteró de la muerte de su amiga y vecina comentó: "Oh, Jane Russell y ahora Liz Taylor. Yo soy la siguiente". La actriz hacía así referencia a una leyenda de Hollywood según la cual las celebridades fallecen de tres en tres
Gabor lleva meses entrando y saliendo del hospital por sus graves problemas de circulación, que en más de una ocasión la han colocado al borde de la muerte. Como consecuencia de ellos ha perdido parte de una pierna , aunque logró salvarse de la amputación.
Los problemas de salud de Zsa Zsa Gabor empeoraron la pasada Navidad. La actriz fue ingresada tras serle diagnosticada una gangrena que hizo pensar en la amputación. Sin embargo, la actriz no quiso hospitalizarse hasta después del Año Nuevo, ya que quería pasar las que piensa serán las últimas fiestas acompañada de su familia.
El verano pasado, la actriz de origen húngaro se había sometido a una cirugía para reemplazar su cadera, rota tras una caída casera. Tres semanas después de aquella operación, Gabor tuvo que volver al hospital para que se le extirpara un coágulo de sangre. Estuvo grave durante días e incluso pidió que un sacerdote le diera la extremaunción. Sin embargo, en agosto fue dada de alta y pudo volver a su casa.
El portavoz de la actriz ha informado que su estado de salud es "delicado" pero ha sentenciado: "Ella no va a ser la tercera".
.Zsa Zsa Gabor ha sido ingresada de nuevo en un hospital, según ha informado su publcista John Blanchette. Al parecer, la actriz de 94 años, estaba viendo la televisión cuando en un informativo anunicaron la muerte de Elizabeth Taylor, noticia que le produjo un gran impacto. Gabor sufrió una importante subida de tensión arterial y tuvo que ser enviada a un centro médico.
Según relató Blanchette, cuando se enteró de la muerte de su amiga y vecina comentó: "Oh, Jane Russell y ahora Liz Taylor. Yo soy la siguiente". La actriz hacía así referencia a una leyenda de Hollywood según la cual las celebridades fallecen de tres en tres
Gabor lleva meses entrando y saliendo del hospital por sus graves problemas de circulación, que en más de una ocasión la han colocado al borde de la muerte. Como consecuencia de ellos ha perdido parte de una pierna , aunque logró salvarse de la amputación.
Los problemas de salud de Zsa Zsa Gabor empeoraron la pasada Navidad. La actriz fue ingresada tras serle diagnosticada una gangrena que hizo pensar en la amputación. Sin embargo, la actriz no quiso hospitalizarse hasta después del Año Nuevo, ya que quería pasar las que piensa serán las últimas fiestas acompañada de su familia.
El verano pasado, la actriz de origen húngaro se había sometido a una cirugía para reemplazar su cadera, rota tras una caída casera. Tres semanas después de aquella operación, Gabor tuvo que volver al hospital para que se le extirpara un coágulo de sangre. Estuvo grave durante días e incluso pidió que un sacerdote le diera la extremaunción. Sin embargo, en agosto fue dada de alta y pudo volver a su casa.
El portavoz de la actriz ha informado que su estado de salud es "delicado" pero ha sentenciado: "Ella no va a ser la tercera".
INCIPIT 242. CELOS / MARCEL PROUST
CAPÍTULO PRIMERO
El señor de Charlus en sociedad. — El profesor E....— Una émula de la princesa Palatina. — Mme. d’Arpajon, el surtidor de Hubert Robert y la alegría del gran duque Vladimiro. Mme. d’Amoncourt, Mme. de Citri, Mme. de Saint-Euverte, etc. — Swann y el príncipe de Guermantes. — La visita de Albertine. — Albertine bailando con Andrée en el casino de Incarville. — Albertine en Balbec, mirando en el espejo.
Como no tenía prisa por llegar a aquella soirée de los Guermantes a la que no estaba seguro de haber sido invitado, me entretuve fuera sin hacer nada; pero la luz estival no parecía tener más prisa que yo en moverse. Aunque eran más de las nueve, era ella la que en la plaza de la Concorde daba al obelisco de Luxor un aspecto de turrón color rosa.
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