Te quiero más que a la salvación de mi alma

Te quiero más que a la salvación de mi alma
Catalina en Abismos de pasión de Luis Buñuel

INCIPIT 1.318. LAS HEREDERAS / ALEXIA DE LA CRUZ


Cajas, cajitas, joyeros, pastilleros, urnas, estuches, jarrones. Esta casa que ahora les pertenece alberga un museo de recipientes. De marfil, de madera de pino, de ébano, de barro, de porcelana, de cristal, de los papeles satinados que se utilizan en papiroflexia. Nora los revisa de uno en uno, peinando de abajo arriba y de izquierda a derecha cada superficie del salón, y casi siempre tantea vacío, o papel de mocos, o monedas de céntimo y pilas gastadas, pero de vez en cuando grita ¡bingo! y se guarda un Valium en el bolsillo trasero del pantalón, que, después de una hora de rastreo, comienza a estarle prieto. También tiene la boca pastosa de masticar polvo antiguo y le gustaría hacer un descanso para tomarse una cerveza, pero no puede parar, no puede parar; está en plena contrarreloj y no puede, no puede perder. Escucha los pasos nerviosos de su hermana en el piso de arriba y sabe que, en cuanto las diligentes manos policiales de Olivia terminen de inspeccionar los dormitorios y el cuarto de baño grande, volverá a la planta baja y requisará lo que quede. Así que Nora, en mitad de sus vacaciones sin sueldo, se encuentra de nuevo a la carrera, trabajando bajo presión, midiéndose con un deadline ... Encerrada en la vorágine compulsiva que se ha tragado su vida adulta, vaya. Esto haces, esto eres.


INCIPIT 1.317. HOMBRES ELEGANTES / MILENA BUSQUETS


Empecé a escribir artículos en la prensa al poco tiempo de la publicación de mi segunda novela, También esto pasará. Tenía claro que a pesar de las presiones externas e internas tardaría unos años en ponerme a escribir de nuevo. Entre el primer libro y el segundo habían pasado siete, y no veía razón alguna para acelerar ese proceso largo, solitario, complicado y a ratos incluso feliz que supone la gestación de una novela.

Mi editor español, Jorge Herralde, tal vez intuyendo mis nulas intenciones (y capacidades, ¡qué más quisiera yo!) de convertirme en uno de esos autores que escriben un libro cada dos o tres años, me aconsejó que aceptara la propuesta de colaborar con un medio escrito, era un modo de seguir practicando la escritura, de mantener cierto ritmo (iba a ser una colaboración semanal) y tal vez incluso de dar con ideas para la siguiente novela. Como (casi) siempre, le hice caso.

No creo que haya libros menores. Me parece, por poner un ejemplo, que Las pequeñas virtudes, un escueto volumen de artículos de la extraordinaria Natalia Ginzburg, es, junto con Querido Miguel su mejor libro.


DELIBERAR


La senda de Aristóteles, Edith Hall, p. 81

Eubolia es el vocablo griego empleado para denominar todo el proceso de deliberación y toma de decisiones; por su parte, el verbo «deliberar», boukuesthai, está emparentado con voces latinas como «volición» y el verbo inglés to Will. La euboulia designa la capacidad de deliberar para uno mismo y, a la vez, reconocer la deliberación competente y las decisiones racionales ajenas; incluye, por tanto, el pedir consejo a asesores bien escogidos. La noción griega de deliberación estaba Íntimamente relacionada con una comprensión compleja del gobierno; si incluso las personas más corrientes han de ejercer bien el poder ejecutivo, tienen que ser «deliberadores competentes». Por tanto, el término griego procede exactamente de la misma raíz que el empleado para designar el Consejo democrático de los atenienses (la Boulé), donde quinientos ciudadanos de todas las clases oían consejos y reflexionaban sobre políticas y medidas legislativas antes de proceder a votar en la Asamblea. George Washington pensaba en el Consejo de Atenas cuando concluyó su discurso de toma de posesión (30 de abril de 1789) resumiendo con claridad los propósitos de Aristóteles. Dios había bendecido al pueblo americano con «oportunidades para deliberar con total serenidad» y trabajar juntos para «fomentar su felicidad» con «las deliberaciones comedidas y las sabias medidas de las que debe depender el éxito de este Gobierno».

Según Aristóteles, el proceso afectaba por igual a las decisiones importantes -por ejemplo, cuánto dinero dedicar a la defensa de un país- y a las menores, de carácter doméstico -qué hacer con un adolescente rebelde.


EL PASEANTE


La senda de Aristóteles, Edith Hall, p. 30

Tradicionalmente, la escuela de pensamiento aristotélica se ha denominado «peripatética», un término que procede del verbo peripateo, que en griego antiguo, y en griego moderno también, significa «salgo a caminar, a dar un paseo». Igual que Platón, su maestro, y que Sócrates, el maestro de Platón, a Aristóteles le gustaba reflexionar mientras andaba, y así lo hicieron después de él muchos filósofos importantes, incluido Nietzsche, que en El ocaso de los ídolos insistía en que «solo tienen valor los pensamientos que nos vienen mientras caminamos». Sin embargo, a los griegos antiguos les habría intrigado la figura romántica del sabio celebrada por primera vez en Las ensoñaciones del paseante solitario, de Rousseau (1778). Los griegos preferían andar en compañía, aprovechando el impulso hacia delante que generaban sus enérgicos pasos para unirlo a la causa del progreso intelectual y sincronizando el diálogo con el ritmo de sus pasos. A juzgar por la magnitud de su contribución al pensamiento humano, y la cantidad de influyentes libros que nos legó, Aristóteles debió de andar miles de kilómetros con sus discípulos a través de los escabrosos paisajes griegos durante los sesenta y dos años que vivió en esa tierra.


EL PRECIO DE VUESTRA NORMALIDAD ES NUESTRA MUERTE


Un apartamento en Urano, PB Preciado, p.271

La batalla legal de Gaetan Schmitt para ser declarado de «sexo neutro» y la importante circulación del documental Ni fille ni garçon, que sigue la trayectoria, entre otros, del activista Vincent Guillot, han acercado al debate público en Francia las demandas de los movimientos intersexuales. Si los años sesenta fueron el momento de la emergencia de los movimientos feministas y homosexuales, podríamos decir que el nuevo milenio se caracteriza por la visibilidad creciente de las luchas trans e intersexuales. Se abre así la posibilidad de configurar una segunda revolución sexual transfeminista, no estructurada en forma de políticas de identidad, sino construida a través de las alianzas de múltiples minorías políticas frente a la norma.

Nuestra historia de la sexualidad es tan increíble como un relato de ciencia ficción. Después de la Segunda Guerra Mundial, la medicina occidental, dotada de nuevas tecnologías que permiten acceder a diferencias de los seres vivos que hasta entonces no eran visibles (diferencias morfológicas, hormonales o cromosómicas), se confronta con una realidad incómoda; existen, desde el nacimiento, cuerpos que no pueden ser caracterizados simplemente como masculinos o femeninos: penes pequeños, testículos no formados, falta de útero, variaciones cromosómicas que exceden XX/YY ... Bebés que ponen en jaque la lógica del binarismo. Se produce entonces lo que en la terminología de Thomas Kuhn podríamos llamar una crisis del paradigma epistémico de la diferencia sexual. Hubiera sido posible modificar el marco cognitivo de asignación sexual, abriendo la categoría de lo humano a cualquier forma de existencia genital. Sin embargo, lo que ocurrió fue exactamente lo contrario. Se declara «monstruoso », «inviable» y «discapacitado» al cuerpo genitalmente diferente, sometiéndolo a un conjunto de operaciones quirúrgicas y hormonales que buscan reproducir la morfología genital masculina o femenina dominante.

Los macabros protagonistas de esta hisroria (John Money, John Hampton y Andrea Prader) no son ni físicos nucleares ni militares. Son pediatras. A partir de los años cincuenta se generaliza el uso de la «escala Prader» ( un método visual que permite medir lo que denominan «la virilización anormal de los genitales» en los bebés estudiando la longitud y la forma de los órganos) y el «protocolo Money» (que indica los pasos que hay que seguir para reconducir un bebé intersexual hacia uno de los dos polos del binario, masculino o femenino). Se impone  como rutina hospitalaria la mutilación genital de los bebés considerados como intersexuales. Si diversas convicciones religiosas practican rituales de marcado y mutilación genital (clitiderictomía, circuncisión ... ) que el Occidente supuestamente civilizado declara como bárbaros, ese mismo discurso racional acepta como necesaria la práctica de violentos rituales científicos de mutilación genital. Aquella ciencia ficción porno-gore de los años cincuenta es hoy nuestra arqueología anatómica común.


HOMBRES ELEGANTES


Un hombre elegante lee. Un hombre elegante es generoso y lleva ropa vieja. Un hombre elegante no vocifera en Twitter. Un hombre elegante no usa tirantes ni chalecos, a no ser que sea un hombre elegante corpulento. Los tirantes y los chalecos son las dos únicas prendas que les quedan mejor a los gordos que a los flacos. Un hombre elegante suele ser inteligente, la tontería no es nada chic. Un hombre elegante no hace experimentos con su barba ni con sus patillas. Un hombre elegante ha leído a los novelistas rusos. Un hombre elegante no habla -más- de nacionalismo. Un hombre elegante sabe cambiar la rueda de un coche, sabe hacer arroz a la cubana y no les tiene miedo a los perros. A un hombre elegante le gustan los niños. A un hombre elegante le gustan las mujeres. La mayoría de los heterosexuales afirma adorar a las mujeres, pero no es cierto: en realidad se sienten más cómodos entre hombres. Un hombre elegante tiene amigas.

Un hombre elegante ha leído a Proust. Un hombre elegante jamás come barritas energéticas. Un hombre elegante gasta más en libros que en ropa. Un hombre elegante sabe remangarse la camisa, literal y figurativamente. Un hombre elegante no se hace selfis. Un hombre elegante no lleva joyas y tiene sentido del humor. Albert Camus, Samuel Beckett, Miguel Delibes, Ernest Hemingway y Vladimir Nabokov eran hombres elegantes. Si no saben qué ponerse para resultar elegantes, imítenlos, o mejor todavía: léanlos.


VIVA LA ABERRACIÓN


Cuenta mi admirado Juan Marsé una anécdota que me encanta: un día cualquiera, no en Sant Jordi, fue a firmar ejemplares de sus libros a unos grandes almacenes. Los organizadores del evento le sentaron detrás de una mesa con varias pilas de su última novela y desaparecieron. Fueron pasando los minutos y las horas sin que llegara ningún lector.

Finalmente, Juan vio con cierto alivio cómo se le acercaba una mujer. Cuando estuvo delante de él, le preguntó: «¿Cuánto vale?» Juan le respondió, solícito: «Pues no lo sé, unos quince euros, creo.» Y cogió uno de los libros para cerciorarse del precio exacto. Entonces la mujer le miró perpleja y exclamó: «¡No, no! ¡El libro no! ¡La mesa! ¡¿Cuánto vale la mesa?!»

Y era Juan Marsé, uno de los mejores escritores de este país.


INCIPIT 1.316. PORQUE ELLA NO LO PIDIO / VILA-MATAS


El viaje de Rita Malú
No hubo nunca mejor imitadora de Sophie Calle que Rita Malú. A Rita le gustaba que la consideraran una artista, aunque no estaba nada segura de serlo. Había hecho variados experimentos con la verdad, lo que alguien había bautizado como «novelas de pared» y que no eran más que modestos homenajes a su admirada Sophie Calle, la «artista narrativa » por excelencia, la artista con la que se llevaba tan sólo una diferencia de un año. Había entre las dos mujeres un notable parecido físico. Sus rostros podrían llegar a parecer casi idénticos si no fuera porque Rita no siempre sabía maquillarse bien. En lo que menos se parecían las dos era en la estatura, pues Rita Malú medía unos centímetros más.

INCIPIT 1.315. HISTORIA DE LOS ABUELOS QUE NO TUVE / IVAN JABLONKA


INTRODUCCIÓN

Partí, como historiador, tras las huellas de los abuelos que no tuve. Sus vidas se terminaron mucho antes de que comenzara la mía: Mates e Idesa Jablonka me resultan tan familiares como absolutamente desconocidos. No son famosos. Se los  llevaron las tragedias del siglo XX: el estalinismo, la Segunda Guerra Mundial, la destrucción del judaísmo europeo.

No tengo abuelos por el lado paterno: así ha sido siempre. Por supuesto que están Constant y Annette, los tutores de mi padre y de mi tía, pero no es lo mismo. También están mis abuelos maternos, que vivieron toda la guerra con una estrella en el pecho. En junio de 1981, antes de que yo cumpliera ocho años, les escribí para manifestarles mi amor. Mi letra era grande y torpe. Llena de faltas de ortografía y corazones dibujados al final de cada frase. Al pie del papel de carta, un elefantito con gorra va en monopatín en medio de una jungla de flores gigantes. He aquí lo que escribí: «Podéis estar seguros de que, cuando os muráis, pensaré en vosotros con tristeza, toda mi vida. Aun cuando mi propia vida se acabe, mis hijos os habrán conocido. Incluso los hijos de ellos os conocerán cuando yo esté en la tumba. Para mí, vosotros sois mis dioses, mis dioses adorados que velarán por mí, solo por mí. Pensaré: mis dioses me abrigan, da igual que vaya al infierno o al paraíso».


INCIPIT 1.314. LOS CHICOS DE HIDDEN VALLEY ROAD / ROBERT KOLKER


1972

Colorado Springs, Colorado

Hermano y hermana salen juntos de su casa, cruzan la puerta corredera de cristal de la cocina y acceden al jardín trasero, Forman una extraña pareja, Donald Galvin tiene veintisiete afios, los ojos hundidos en la cara, lleva la cabeza afeitada por completo y luce en el mentón la sombra de una incipiente barba desaliñada de aires un tanto bíblicos. Mary Galvin tiene siete años, la mitad de la estatura de su hermano, el cabello rubio platino y la nariz chata.

La familia Galvin vive en Woodmen Valley, una extensión de bosques y granjas encajada entre las pronunciadas pendientes y los altiplanos de arenisca de la zona central de Colorado. Aquel patio trasero huele al dulzor de los pinos, fresco y terroso. Allí cerca, los arrendajos azules y los juncos vuelan disparados por el jardín rocoso donde un azor llamado Atholl, la mascota de la familia, observa y vigila desde una “muda”, un recinto que el padre de los Galvin construyó hace años. La pequeña va delante, y así, hermano y hermana dejan atrás la muda de Atholl y ascienden por un pequeño promontorio de rocas cubiertas de líquenes.


INCIPIT 1.313. LA FAMILIA / SARA MESA


LA CASA

Mírala desde el ojo del sueño. El pasillo como centro geográfico y frontera. Estancias a los lados. Recórrelo sin ser vista, de una punta a otra. O cruza, de una habitación a la de enfrente, mediante un salto limpio. Arriésgate a entrar. Quizá ya hay alguien dentro, no lo sabes. En caso de que sí, calla, recula. En caso contrario, no eches el cerrojo. No hay cerrojo.

Mírala bien, antes de despertar. Los puntos ciegos y las madrigueras. Palabras que significan justo lo contrario de lo que aparentan, tramposillas. El peine que traza la ordenada raya en medio y el revoltijo de pelos debajo del colchón. La puerta del armario que no cierra del todo. La rendija que queda. Los ojos que espían.

No dejes de mirar, ahora que la tienes ante ti, ardiendo tras los párpados. Calcula cuántos pasos hay entre una esquina y su opuesta. Hazlo con precisión, es importante. Capta las diferencias entre el clic del pomo al cerrarse y el clic al abrirse. Identifica el ronroneo del teléfono justo antes del primer timbrazo. Ajusta el volumen de tu voz en la respuesta, modula con cuidado el fingimiento.


INCXIPIT 1.312. UN APARTAMENTO EN URANO / PAUL B.PRECIADO


PRÓLOGO

Paul,

Cuando me preguntaste si quería escribir este prólogo estábamos en el apartamento que ocupas en el centro de París. Los lugares en los que te instalas parecen siempre celdas monásticas. Un escritorio, un ordenador, unos cuadernos, una cama con un montón de libros que yacen a su lado. Es extraño estar en tu casa sin estar en mi casa; eres la persona con la que  he pasado más tiempo en mi vida y ese afecto, extraño y familiar al mismo tiempo, sigue siendo un enigma para mí, como un sentimiento a medio camino entre el placer y el dolor, o más bien ambos a la vez. Eso debe de ser la nostalgia.

Me preguntaste si iba a escribir este prólogo y no me lo pensé antes de responder que sí. Vivíamos juntos cuando empezaste a escribir estas columnas para el periódico Libération, y después de separarnos continuaste enviándome tus textos para que siguiera leyendo tu francés. Todos sabemos que Libération podría muy bien ocuparse de ello. Pero esa era una forma de conservar un vínculo. Para mí, una manera de seguir viviendo en tus palabras, de no perder el hilo de tu pensamiento.


CONDONES QUÍMICO


Un apartamento en Urano, Paul B. Preciado, p. 154

Si no eres un hombre que practica el sexo con otros hombres, seguramente la palabra “Truvada» no te diga nada. Por el contrario, si esta palabra te suena es porque está modificando tu ecología sexual: el dónde, el cómo, el cuándo, el con quién. Truvada es un fármaco antirretroviral producido por la compañía de San Francisco Gilead Sciences y comercializado como PrEP, es decir, profilaxis preexpositiva para prevenir la transmisión del virus del sida. Inventado primero como tratamiento para personas seropositivas, desde 2013 la Agencia Estadounidense del Medicamento (FDA) aconseja administrar esta molécula entre las personas seronegativas pertenecientes a grupos de riesgo, lo que en la cartografía epidemiológica dominante equivale aún en gran medida a ser lo que todavía denominan un hombre gay «pasivo», es decir, un receptor anal de penetración y eyaculación. En Europa, los ensayos clínicos comenzaron en 2012 y podrían concluir con una recomendación positiva para su comercialización en 2016. Solo en el primer año Truvada ( cuyo coste mensual es de 1.200 dólares en los lugares donde no existen genéricos) ha producido beneficios de 3.000 millones de dólares. Se calcula que un millón de norteamericanos podrían convertirse en consumidores de Truvada para evitar ... convertirse en consumidores de los fármacos antirretrovirales para seropositivos.

Truvada está produciendo en la sexualidad gay una transformación semejante a la que la píldora anticonceptiva produjo en la sociabilidad heterosexual en los años setenta. Tanto Truvada como la píldora funcionan del mismo modo: son condones químicos pensados para «prevenir» riesgos derivados de una relación sexual, ya sean estos el contagio del virus VIH o el embarazo indeseado.


Krematorium


Historia de los abuelos que no tuve, Ivan Jablonka p. 360

La muerte de ellos solo pertenece a los desaparecidos. Incluso Gradowksi, asignado al Krematorium II, jefe de la revuelta del Sonderkommando y autor de un desgarrador «manuscrito bajo la ceniza» no puede acompañarlos hasta el final. Solo puede contar lo que sigue: «El pelo es lo que arde primero. La piel se infla de burbujas que explotan al cabo de unos segundos. Los brazos y las piernas se contorsionan, venas y nervios se tensan y hacen que los miembros se muevan. El cuerpo ya se abrasa por completo, la piel está agrietada, la grasa se escurre y oyes el rechinar del fuego ardiente. Ya no ves el cuerpo, solo un horno de fuego infernal que consume algo en su interior. El vientre explota. Los intestinos y las entrañas emergen y, en pocos minutos, no quedan rastros de ellos. Lo que tarda más en quemarse es la cabeza. Dos pequeñas llamas azules centellean en las órbitas -son los ojos que se consumen junto con los sesos al fondo-, y en la boca, aún se está calcinando la lengua. Todo el proceso dura veinte minutos, y un cuerpo, un mundo, queda reducido a cenizas» (Gradowski, 2009: 195-196).


GRECIA 2016


Un apartamento en Urano, Paul B.Preciado, p. 240

Grecia ha sido construida, por sobrecodificación, a través de una triple discriminación racial, sexual y económica. Por una parte, Grecia es exaltada en el imaginario histórico como el origen de Occidente: el Renacimiento burgués y colonial inventa un corpus griego (monumento, archivo, texto y cuerpo) blanco y cristiano que al mismo tiempo glorifica una Grecia que nunca existió (los griegos nunca fueron ni exactamente blancos ni estrictamente cristianos) y denigra la realidad, oriental e híbrida, de la Grecia real. Por otra, la Comunidad Europea sitúa a Grecia en el lugar de la trabajadora sexual: al mismo tiempo la ero-turistifica y la injuria, la endeuda y la desea, le prohíbe trabajar y le pide urgentemente que se abra de piernas a la especulación financiera y a la explotación corporativa. Por último, Europa transforma el territorio griego en una gigantesca red de contención de la migración, haciendo de sus islas centros penitenciarios totales a cielo abierto.

Pero las manifestaciones y los fuegos, las huelgas y los parones son en Grecia el signo de la imposibilidad de destruir completamente los procesos de resistencia. Grecia no es la «vida desnuda» de Agamben, sino el cuerpo insurrecto y furioso de una multitud adolescente. Despentes con Nirvana: Teen Spirit. Atenas ha convertido la protesta urbana en un festival público de la rabia. Un grupo de jóvenes fuma tranquilamente en la plaza de Exarchia: dos minutos después, se ponen cascos de moto y capuchas, sacan pequeños cócteles molotov caseros de mochilas infantiles EastPak adornadas con pegatinas negras, blancas y rojas y avanzan casi totalmente desarmados frente a un pelotón policial cuyo equipamiento confirma que los ministerios de Interior y Defensa son los únicos que no se han visto afectados por los recortes. La protesta es una performance colectiva callejera en la que se pone de manifiesto que el único rasgo político que queda del Estado en Grecia es, por decirlo con Weber, el uso (supuesta y desafortunadamente) legítimo de la violencia.


COLEGIO PARA ALAN


Un apartamento en Urano, Paul B.Preciado, p.188
El pasado día de Nochebuena moría en Barcelona Alan, un chico trans de diecisiete años. Había sido uno de los primeros menores trans que habían obtenido un cambio de nombre en el documento nacional de identidad en el Estado español. Pero el certificado no pudo contra el prejuicio. La legalidad del nombre no pudo contra la fuerza de los que se negaron a usarlo. La ley no pudo contra la norma. Los episodios constantes de acoso e intimidación que sufría desde hacía tres años en los dos centros escolares en los que se había matriculado acabaron por hacerle perder confianza en su posibilidad de vivir y lo condujeron al suicidio.

La muerte de Alan podría considerarse como un accidente dramático y excepcional. Sin embargo, no hubo accidente: más de la mitad de los adolescentes trans y homosexuales dicen  ser objeto de agresiones físicas y psíquicas en el colegio. No hubo excepción: las cifras más altas de suicidio se registran entre los adolescentes trans y homosexuales.

Pero ¿cómo es posible que el colegio no fuera capaz de proteger a Alan de la violencia? Digámoslo rápidamente: el colegio es la primera escuela de violencia de género y sexual. El colegio no solo no pudo proteger a Alan, sino que además facilitó las condiciones de su asesinato social.

El colegio es un campo de batalla al que los niñxs son enviados con su cuerpo blando y su futuro en blanco como únicos armamentos, un teatro de operaciones en el que se libra una guerra entre el pasado y la esperanza. El colegio es una fábrica de machitos y de maricas, de guapas y de gordas, de listos y de tarados. El colegio es el primer frente de la guerra civil: el lugar en el que se aprende a decir «nosotros no somos como ellas». El lugar en el que se marca a los vencedores y a los vencidos con un signo que se acaba pareciendo a un rostro. El colegio es un ring en el que la sangre se confunde con la tinta y en el que se recompensa al que sabe hacerlas correr. Qué importa los idiomas que se enseñen allí si la única lengua que se habla es la violencia secreta y sorda de la norma. Algunos como Alan, sin duda los mejores, no sobreviven. No pueden unirse a esa guerra.


FEMINISMO


Un apartamento en Urano, Paul B. Preciado, p. 115

Tomemos, por ejemplo, el ovillo de la historia que contiene la palabra «feminismo». Descubriremos entonces, con sorpresa, que la noción de «feminismo» la inventó en 1871 el joven médico francés Ferdinand-Valere Fanneau de la Cour en su tesis doctoral Feminismo e infantilismo en los tuberculosos. Según la hipótesis científica de Fanneau de la Cour, el «feminismo» era una patología que afectaba a los hombres tuberculosos y que producía, como síntoma secundario, una «feminización» del cuerpo masculino. El hombre tuberculoso, afirmaba Fanneau de la Cour, «tiene el cabello y las cejas finos, las pestañas largas y afinadas como las de las mujeres; la piel blanca, la panícula adiposa subcutánea muy desarrollada, y los contornos del cuerpo son de una suavidad notable, al mismo tiempo que las articulaciones y los músculos combinan su acción para dar a los movimientos esa flexibilidad, ese qué sé yo ondulante y elegante que es peculiar del gato y de la mujer. Si el sujeto ha alcanzado la edad en que la virilidad determina el crecimiento de la barba, encontramos que esta producción es completamente inexistente, o existe solo en ciertos lugares, que generalmente son el borde superior de los labios, primero, luego el mentón y la región próxima al mentón. Y de nuevo, estos pocos cabellos son delgados, finos y, a menudo, caprichosos. [ ... ] Los genitales llaman la atención por su pequeño tamaño. Feminizado, sin "poder de generación y facultad de concepción", el hombre tuberculoso pierde su condición de ciudadano viril y se convierte en un agente contaminante que debe ser colocado bajo la tutela de la medicina pública». En el lenguaje científico de Fanneau de la Cour, «feminista» describe este tipo según él patológico de masculinidad tuberculosa.

Un año después de la publicación de la tesis de Fanneau de la Cour, Alexandre Dumas hijo retoma en uno de sus panfletos políticos la noción médica de «feminismo» para describir a los hombres que se muestran solidarios con la causa de las «ciudadanas», el movimiento de mujeres que luchan por el derecho al voto y la igualdad política. Las primeras feministas eran, por tanto, hombres: hombres a quienes el discurso médico consideraba anormales por haber perdido sus «atributos viriles»; pero también hombres acusados de feminizarse debido a su proximidad con el movimiento político de las ciudadanas.


INCIPIT 1.311. EL ARTE DE LA FICCION / VILA-MATAS


Nacido en Barcelona en 1948, Enrique Vila-Matas es el autor de una serie de novelas, relatos y ensayos que buscan provocar una suerte de delirio literario: la literatura en sus múltiples vertientes. En 1985 publicó Historia abreviada de la literatura portátil – un libro que parte de la historia de una sociedad secreta de artistas, escritores y poetas del siglo xx, entre los que se encuentran Duchamp, Walter Benjamín y Kafka, entre otros- y su forma de vincular personas reales con citas imaginarias y viceversa, la mezcla de ficción y de realidad, representó un momento clave en la ficción europea. La realidad sólo se puede aprehender a través de un cómico y deslumbrante collage de textos -al menos ésa fue la propuesta en la Historia abreviada


INCIPIT 1.310. HISTORIA ABREVIADA DE LA LITERATURA PORTATIL / VILA-MATAS


PROLOGO

A finales del invierno de 1924, sobre el peñasco en que Nietzsche había tenido la intuición del eterno retorno, el escritor ruso Andrei Biely sufrió una crisis nerviosa al experimentar el ascenso irremediable de las lavas del superconsciente. Aquel mismo día y a la misma hora, a no mucha distancia de allí, el músico Edgar Varese caía repentinamente del caballo cuando, parodiando a Apollinaire, simulaba que se preparaba para ir a la guerra.

A mí me parece que esas dos escenas fueron los pilares sobre los que se edificó la historia de la literatura portátil: una historia europea en sus orígenes y tan ligera como la maleta-escritorio con la que Paul Morand recorría en trenes de lujo la iluminada Europa nocturna: escritorio móvil que inspiró a Marcel Duchamp su boite-en-valise, sin duda el intento más genial de exaltar lo portátil en arte. La caja-maleta de Duchamp, que contenía reproducciones en miniatura de todas sus obras, no tardó en convertirse en el anagrama de la literatura portátil


INCIPIT 1.309. MONTEVIDEO / VILA-MATAS


PARÍS

En febrero del 7 4 viajé a París con la anacrónica intención de convertirme en un escritor de los años veinte, estilo «generación perdida». Fui con ese digamos que singular objetivo y, aunque era muy joven, esto no fue obstáculo para que, nada más comenzar a pasear por la ciudad, advirtiera que París estaba ensimismada en sus últimas revoluciones, entrándome entonces una pereza inmensa, monumental, una flojera grandísima ya sólo de pensar que tenía que convertirme allí en escritor y, encima, cazador de leones a lo Hemingway.

Al diablo con todo, especialmente con mis aspiraciones, me dije un atardecer caminando por el Pont Neuf. Tengo que hacer algo para escapar de este destino, pensaba cada dos minutos aquel día, sin darme tregua.


INCIPIT 1.308. EL POLACO / JM COETZEE


1 La mujer es la primera en causarle problemas, seguida pronto por el hombre.

2 Al principio tiene una idea perfectamente clara de quién es la mujer. Es alta y grácil; según los estándares convencionales, acaso no sea calificable como una belleza, pero sus rasgos -cabello y ojos oscuros, pómulos marcados, boca prominente- son llamativos y su voz, en leve contralto, tiene un suave poder de atracción. ¿Sexy? No, no es sexy, y sin dudas no es seductora. Es posible que haya sido sexy cuando era joven -¿cómo no haberlo sido con semejante figura? Pero ahora, con sus cuarenta y tantos, practica un cierto aire de lejanía. Camina -esto se nota especialmente- sin balancear las caderas, deslizándose sobre el suelo de manera muy recta, casi noble. Así resumiría él su aspecto exterior. En lo referente a ella  misma, a su alma, habrá tiempo para que esto se devele. De una cosa está convencido: ella es una buena persona, amable, amigable.

3 El hombre es más problemático. En la idea, como queda dicho, resulta perfectamente claro. Es polaco, ronda los setenta, unos setentas vigorosos, es un pianista conocido como intérprete de Chopin, pero un intérprete controvertido: su Chopin no es nada romántico


INCIPIT 1.307. ALEGRIA / MANUEL VILAS


Todo aquello que amamos y perdimos, que amamos muchísimo, que amamos sin saber que un día nos sería hurtado, todo aquello que, tras su pérdida, no pudo destruirnos, y bien que insistió con fuerzas sobrenaturales y buscó nuestra ruina con crueldad y empeño, acaba, tarde o temprano, convertido en alegría.

El alma humana no tendría que haber descendido a la tierra.

Tendría que haberse quedado en las alturas, en los abismos celestiales, en las estrellas, en el espacio profundo. Tendría que haber permanecido alejada del tiempo; el alma humana hubiera estado mejor sin ser humana, porque el alma  envejece bajo el sol, se derrite, se hunde y combustiona en millones de preguntas que se esparcen sobre el pasado, el presente y el futuro, que forman un solo tiempo, y ese es el tiempo personal de cada uno de nosotros, un tiempo en donde el amor es un deseo permanente, que no se cumple, que nos avisa de la hermosura de la vida y luego se marcha.

 Se marcha.

Nos deja en un silencio poderoso, amargo y sutil.

Millones de preguntas que fueron seres humanos antes de convertirse en preguntas. Millones de cuerpos, millones de padres, madres, hijos e hijas.

Y nos quedamos solos y ateridos.

El alma humana somos nosotros, todos nosotros, buscando amor, todos buscando ser amados cada día, cada día esperando la llegada de la alegría, qué habríamos de esperar si no.


INCIPIT 1.306. SALIDAS DE TONO / FELIX DE AZUA


AVISO AL LECTOR

Comienzo a escribir la entrada para esta colección de artículos en un lluvioso día de enero de 1996. Faltan dos meses para las elecciones generales y todos los pronósticos indican que con ellas va a concluir el período de hegemonía socialista iniciado en 1982. Según parece, va a tomar el control del Estado otro partido que representa a una España mucho más tradicional, más próxima a la España barroca, inquisidora y milagrera de los Austrias que a la paleoilustrada de los Borbones. Un Estado, dicho sea de paso, que la España tradicional siempre ha considerado como su finca de recreo, negocio y esparcimiento, excepto durante esta década de poder socialista. Y ni siquiera ...

Pero las elecciones traen resultados a veces sorprendentes, imprevisibles, inauditos. Por eso me alegro de escribir este Aviso sin conocer a ciencia cierta lo que va a suceder dentro de dos meses. Tengo para mí, sin embargo, que aunque de nuevo ganara las elecciones el Partido Socialista, el mandato de mi generación ha concluido. Nuestra oportunidad de pavonearnos sobre el escenario, a la manera de los célebres borrachos de Shakespeare, ya se ha  consumado. Como todos los que se pavonearon antes que nosotros sobre el gran teatro del mundo, en algún momento creímos poder cambiar el argumento de la obra, pero ahora ya sabemos que «envejecer, morir, es el único argumento de la obra». Y no es mal argumento.


UTENSILIOS


Agua y jabón, Marta Riezu, p. 66

Existe una jerarquía del utensilio.

En el rango más bajo está el cachivache, arrinconado más por viejo que por inútil. Hay lugares que son puro cachivache, como el parque de atracciones del Monte igueldo, el lugar con más encanto de la península.

Tras el cachivache viene el trasto, familiar y un poco golfo. El chisme es pequeño y ratonil. Sigue el cacharro, manejable y voluntarioso; las cocinas están llenas de ellos.

Luego aparecen el mecanismo, el aparejo, el accesorio, que se creen muy importantes pero no siempre caen bien. En lo alto del escalafón estaría el juguete, con su aura sagrada; la herramienta, que es el juguete del adulto, y la máquina, un monumento a la perspicacia humana.

Corona la pirámide el mal llamado (pero para que me entiendan) objeto de diseño, que es uno y trino: útil cuando está en uso, bello en reposo y con pedigrí.


ZEN


El último hombre blanco, Nuria Labari, p. 238

Un maestro zen va a enseñar el arte de la esgrima a su discípulo. Le pide que se dedíque a limpiar una habitación realmente grande. El discípulo quiere tomar la espada y aprender el arte para el que está llamado, pero el maestro considera que aún es pronto. Una tarde, mientras está limpiando, el maestro le propina un garrotazo por la espalda y el discípulo cae al suelo, noqueado. No entiende de dónde ha venido el golpe ni por qué se lo ha propinado. Pero tendrá que levantarse y continuar con la tarea. Y así pasarán los años y el maestro seguirá imponiéndole tareas que poco tienen que ver con el arte de la esgrima, y seguirá sorprendiéndolo y golpeándolo una y otra vez. El maestro aparecerá con el garrote desde detrás de un árbol, o desde la zona oscura de una habitación: los golpes se abatirán sobre el cuerpo del aprendiz como caídos del cielo, y él creerá que no está aprendiendo nada, pero tendrá que superar la ira y la frustración y seguir más de un lustro alejado del sable que tanto anhela. Hasta que un día, cuando el maestro intenta golpearlo mientras transporta una vasija llena de agua, el discípulo es capaz de esquivar el golpe. No sabe cómo lo ha hecho, no puede explicar cómo lo ha aprendido, pero el hecho es que por fin está listo para tomar el arma. En eso consiste el zen, y por eso era la filosofía preferida de Steve Jobs de tantos hombres entregados a la religión del trabajo.

El maestro, igual que el jefe, es siempre arbitrario, puede hacer lo que le dé la gana, golpea siempre y siempre menosprecia la vida, puesto que la vida no vale nada para esta filosofía. Y al final, después de muchos años, el discípulo se cuenta de que el maestro tiene razón.


GODARD


Salidas de tono, Félix de Azúa, p. 191

Como a tantos otros, tampoco a mí me ha escandalizado la audacia de los prelados católicos que han tildado de «sacrílega » la última película de Godard. ¡Ojalá fuera sacrílega! Lo cierto es que Godard es un pelmazo de muchísimo cuidado desde hace un montón de años y que sigue agarrado a la cámara como otros derelictos se agarran a la frasca de aguardiente. De haber osado una película verdaderamente sacrílega y obscena, es posible que hubiera salido del túnel impotente en el que se consume como suizo y como cineasta, y como cineasta suizo.

Ahora bien, la falta de respeto de los católico-islámicos hacia la pornografía es algo lamentable. ¡Mira que confundir a ese hoy scout inflado de libros de bolsillo con un autor sacrílego! El sacrilegio es algo de dificilísima obtención; no todo el mundo está capacitado para renovar el género. Sacrílegos, lo que se dice sacrílegos, en los últimos documentos años han sido escasísimos: Voltaire, Nietzsche, Dostoievski, Buñuel... cuatro gatos. Para poder construir un sacrilegio de altura, un sacrilegio que no sea como una blasfemia de autobús, hay que ser teólogo y el pobre Godard no conoce ni el primer capítulo de la Teodicea.

Pero la clientela de Wojtila tampoco. El único sacrilegio real de los últimos años han sido los disparos de Ali Agca, cuya monumental estupidez ha acabado por deslucir el teocidio. Ese turco de aspecto prehistórico le pegó de tiros al representante de Jesucristo, a su Vicario en la tierra, el Administrador del Redentor. Sin embargo, los católicos no han dejado de mirarle y oírle; y lo que todavía es más significativo, el propio Wojtila acudió a comprobar de cerca la complexión antropoide del sacrílego y cuchicheó con él durante un buen rato; lo que no ha hecho, ni hará, con Godard. ¿Por qué puede permitirse la contemplación inocente de ese pornógrafo televisivo que dice ser Jesucristo, pero no se permite la visión de una película francesa? Porque Ali Agca SÓLO atentó contra un cuerpo vivo, en tanto que Godard se ha atrevido a utilizar imágenes y símbolos que son propiedad privada del inconsciente colectivo católico, cuya policía del símbolo es de las más crueles que han existido jamás.


MUSICA EN LA TV


Salidas de tono, Félix de Azúa, p.148

Con esta larga explicación intento justificar la siguiente petición al señor Calviño: ¿podría usted respetar los fondos musicales de las películas extranjeras? Porque, como habrán advertido los aficionados, TVE no sólo dobla la palabra, sino también la música de las películas, con lo que todas las películas grabadas en los vídeos españoles no sirven pero absolutamente para nada. Son como reproducciones en blanco y negro de las pinturas de Rembrandt.

Es comprensible el doblaje porque hay que dar de comer a los jefes de doblaje y a sus locutores (la otra excusa, la de que los españoles somos más imbéciles que los franceses, ingleses, etc., y no entendemos los subtítulos, es demasiado humillante para ser tomada en serio), y eso puede justificar que trituren la labor de los actores, pero ¿es realmente imprescindible cambiar, como hace usted, la banda musical? La incuria de TVE es tan sólida que uno se siente ingenuo pidiendo algo que a los poderosos debe de parecerles una chifladura. Pero crea usted que ver El idiota de Kurosawa con el conocido tema de «Morena, la de los ojos oscuros» es algo muy duro. También lo es ver Caminando con un zombie con fondo de Mahler, o Carta a una desconocida con la inevitable reverie cuando los dedos del pianista iban por otro lado como gusanos locos. Bien es verdad que luego se veía una banda de música militar y lo que sonaba era una orquesta sinfónica. La imaginación de sus técnicos es desbordada, descomunal. Que no elimine usted la música de los telefilmes me parece mal porque es abyecta, pero que se la quite, en cambio, a las películas que forman el conjunto más interesante y entretenido de la cultura euroamericana, es un acto de barbarie. Cualquier cineasta, si le queda alguno, le explicará hasta qué punto la imagen y el sonido son indisociables en las películas no directamente imbéciles. Quizás, por su cargo, sólo utiliza usted el ojo y no el oído, en cuyo caso este artículo es de una inutilidad abrumadora, pero imagine que su próximo discurso pasara por TVE con el fondo de «Yo soy la falsa monea». Bueno, pues eso hace usted con los discursos ajenos.


PROUST


Alegría, Manuel Vilas, p. 280

«¿Qué religión tiene usted?», le preguntaban a Proust.

«Mi religión es el pasado», contestaba él.

Marcel Proust nació el 10 de julio de 1871 en Auteuil, un barrio de París, y vivió cincuenta y un años, que hoy son muy pocos años. Tenía ojos grandes y bigote. Lo imagino mirándose al espejo. En el año 1905 murió su madre, a quien amaba profundamente. Ese fue un golpe del que nunca se recuperó. Fue la muerte de su madre la que desencadenó su gran obra, su enciclopédica En busca del tiempo perdido. También desencadenó su idea del recuerdo, porque la muerte de su madre le hizo ver que la vida necesita completarse con el recuerdo de la vida. Se dio cuenta de que solo había habido una persona en el mundo que mereciera toda su confianza, y esa fue su madre, a quien ninguna otra mujer o ningún otro ser humano. podría sustituir nunca. Eso es el fracaso: darte cuenta de que el amor incondicional es un hecho retrospectivo. Yo también me di cuenta de eso cuando murieron mi padre y mi madre. Se encerró en un cuarto parisiense, del que no salía, y se consagró a la fiesta del pasado. No soportaba los ruidos. Hizo colocar corchos en las paredes de su casa. Fue un pionero de la insonorización. No puede haber algo que yo entienda mejor que el de fijar corchos en las paredes para aislar el ruido. La búsqueda de la verdad es la misma que la del silencio absoluto. Me gustaría ver el día en que unos carpinteros entran en la vivienda de Proust con la tarea más rara de toda su vida: llenar las paredes de corcho. Nunca han hecho nada igual. Parece el trabajo más sencillo, porque los corchos no pesan como los ladrillos o la piedra o el mármol. Sin embargo, pronto advierten que el cliente es un perfeccionista, que los obliga a un cuidado obsesivo. El Arnold de Proust, como también fue el de Kafka, es el ruido.


SALVADOR ALLENDE


Alegría, Manuel Vilas, p. 203

Me vino también el recuerdo del presidente chileno Salvador Allende, que se suicidó el 11 de septiembre de 1973 ante el golpe de Estado de que fue víctima su gobierno, y ante el asalto armado y cruento del palacio de La Moneda. La izquierda no admitía su suicidio y sostuvo durante mucho tiempo que había sido asesinado por los militares golpistas. Ahora ya se acepta que Allende decidiera pegarse un tiro, en cuyo acto aún hay más honestidad que en su supuesto asesinato a manos de los militares, pues no les dio opción a que le ejecutaran, y eso cuenta. Cuenta mucho, pues supone un acto de conciencia, en donde la rendición ni siquiera es una hipótesis. Quien no se mata es porque en el fondo espera que los demás no le maten, y abre así la puerta de la petición de clemencia. Allende no quiso ni siquiera sugerir una hipotética clemencia, ni siquiera quiso convertirse en una decisión que hay que tomar, no quiso ni siquiera mirar a los ojos a los miserables que venían a destruir la democracia. Ni insultarlos ni hablarles ni decirles su nombre ni condenarlos, no quiso nada. Y esa bala que destruyó su cerebro era, por consiguiente, una bala moralmente buena, valiosa y llena de necesidad. En realidad, fueron dos balas, porque Allende usó su propia metralleta para dispararse a la cabeza y a la cara. Las dos balas destruyeron los huesos de la cara. Los forenses constataron que su rostro quedó irreconocible. La autopsia de Allende reveló algo sorprendente: el presidente de Chile tenía el hígado, el corazón, los riñones y los pulmones en un gran estado de salud, como si fuesen los órganos de una persona joven, algo infrecuente en un hombre de sesenta y cinco años. Que tuviera los órganos saludables nos dice simbólicamente que la democracia tiene que ver con la alegría, así deseo verlo yo. Podría haber vivido muchos más años. Dada la robustez de sus órganos internos Allende se habría hecho nonagenario.


INCIPIT 1.305. AQUI COMEZA O MAR / BLANCA RIESTRA


Naquel intre detido, naquel lugar sobre un recanto, coincidiron forzas ignotas. A adolescente X está sentada fronte ao comezo de todo.

Ela, claro, non sabe que sexa o comezo de cousa ningunha, está máis ben convencida de levar moito tempo no asunto. E está mesmo farta. Farta, di, deixando que as palabras saian da boca como bólas. Bota bólas que caen para adiante, aos seus pés. Onte  mercou nuns almacéns vetustos da fonte de San Andrés un vestido de flores acrílicas que ela considera o máis do punk. Teno sobre o leito, estendido, xunto uns botíns de punteira, e olla para el con algo semellante ao desexo.

Pero hoxe certa tristura faille entender que non paga a pena intentar nada.

Que que intenta? Pois intenta divertirse. Máis adiante, verase forzada a procurar outras causas que aínda non dá imaxinado, cousas inextricables, mesmo infames: gañar cartas, pagar o aluguer, ser feliz. Agora non, agora non quere máis que troulear.

Sentada no chan, enriba dela, arde un póster dos Pagues. Acaba de decidir que non sairá. É unha decisión firme, repítese, mentres pecha o seu diario infantil, onde vai anotando estados de ánimo


INCIPIT 1.304. UNA HISTORIA RIDICULA / LUIS LANDER0


No creo pecar de orgullo, como demostraré a lo largo de mi exposición, si comienzo diciendo que soy un hombre con ciertas cualidades. Quizá no resulte especialmente apuesto y llamativo, pero sí educado, discreto, concienzudo, culto y buen conversador. Todos cuantos me conocen saben, o deberían saber, de mi honradez y rectitud. En otros tiempos tuve un buen puesto de trabajo y un piso en propiedad. ¿Mi visión del mundo y de la vida? Trágica y trascendente. ¿Mi historia? De amor, de odio, de venganzas, de burlas y de ofensas. Me llamo Marcial Pérez Armel, resido en Madrid, y tengo en muy alta estima el viejo concepto del honor.

Algún malicioso dirá: «Sí, pero careces de estudios superiores». A lo que yo respondería que, sobre este asunto de los estudios, habría mucho que hablar. Fidel y Víctor, por ejemplo, los otros dos pretendientes de Pepita, y por tanto rivales míos, uno era historiador, y el otro violinista.


PORNO

El último hombre blanco, Nuria Labari, p. 99

Sentencia de pasillo: «Si algo corre, vuela, navega o folla, la mejor inversión es alquilar, nunca comprar». Esta máxima la escucho muchas veces en la oficina, siempre a los chicos, siempre cuando no hay tías a la vista. Y después me río con ellos, como uno más.

He aprendido a reírme de los chistes preferidos de mis compañeros y de algunos jefes porque me gusta estar de buen humor y porque no quiero ser una amargada ni tener cara de Fiera. Al contrario: soy tan divertida y tan cómplice que formo parte del grupo de WhatsApp de directivos y mandos intermedios, donde no participa ninguna otra mujer. Es el grupo adonde llegan los comentarios jugosos sobre las reuniones importantes, y también ofertas de buenos vinos, rumores sobre ascensos, despidos anunciados en primicia, infidelidades y fichajes sexualmente interesantes, con especial atención a las becarias. Se comparten también muchas noticias de prensa deportiva y algunas económicas relativas a fusiones, adquisiciones y posibilidades laborales. Se compara la Cialis con la Viagra porque hay muchos tíos mayores que quieren follar como si fueran jóvenes, y en general abundan los chistes sobre putas (tienen una verdadera fijación con ellas, aunque creo que más de la mitad de ellos no se ha atrevido nunca a pagar por sexo). En cambio, todos consumen porno gratis en internet y bromean sobre Pornhub con la naturalidad con que un niño lo hace sobre TikTok. PornHub es el sexto portal más visitado del mundo, con 42. 000 millones de visitas al año y una media de 115 millones diarias. El perfil sociodemográfico de los usuarios es casi idéntico en cualquier rincón del planeta y el 70 por ciento son varones, así que el producto está hecho para sus gustos sexuales, que, por otro lado, se formaron viendo esta clase de porno.


EL LOBO DE WALL STREET


El último hombre blanco, Nuria Labari, p. 70

Estamos en 2013, me he convertido en una profesional Over 100 y Martín Scorsese acaba de estrenar su película sobre Wall Street. En el trabajo todo el mundo la ha visto y todos aseguran que es genial; yo también lo digo, aunque no  entiendo bien qué tiene que ver con nosotros ni por qué nos gusta tanto. En todo caso, más allá de las inclinaciones de compañeros, tiene cinco nominaciones a los Oscars y la crítica internacional asegura que Leonardo di Caprio está inmenso en el papel de Jarcian Belfort, el broker multimillonario de origen humilde en quien se inspira la cinta. La historia maneja dos tesis fundamentales: que la acumulación de dinero es un deseo íntimo de todas las personas del mundo, y que a todos nos encantaría triunfar como Belfort, aunque sea estafando, porque el dinero es en realidad una forma de alquimia contemporánea: lo único capaz de convertir el mal en  bien. Por eso resulta que ganar dinero es siempre admirable y bueno, incluso estafando, porque entonces es también síntoma de inteligencia. Siempre que no te pillen. Como si lo mejor para uno no tuviera nada que ver con lo mejor para la mayoría. Como si todos deseáramos llevar los trajes carísimos que viste Belfort, esnifar sus drogas, subir en su yate, vivir en su ático, acostarnos con su mujer y follarnos a sus putas. La película retrata el capitalismo salvaje de los noventa, pero despierta una increíble empatía entre la audiencia masculina de los dos mil. Como si trabajáramos rodeados de gente así. O rodeadas de tíos así.


ARPIAS


Una historia ridícula, Luis Landero, p. 171

De pronto, se oyó de nuevo el sarcasmo de aquella voz odiosa diciendo: «¿Romántico, poeta, bohemio y matarife?, ¿vísceras de día y versos por la noche?». Y yo repliqué que, precisamente, no hay artista romántico que no tenga una parte sombría, marginal y canalla. Yo admiro a esos vagabundos que no han entregado a la miseria las mejores prendas de su carácter: esa es la verdadera elegancia y la verdadera dignidad. Y cuando la voz preguntó que quién me había dicho a mí que yo servía para ser escritor y bohemio, yo dije sin más que donde no llegase el talento llegaría la apariencia. En el amor, todas las trampas para conquistar a la amada son válidas, y también la impostura. Al fin y al cabo, todos fingimos ser mejores y más atractivos de lo que en verdad somos. Los pájaros hinchan el papo y esponjan el plumaje, el sapo y la cigarra cantan con una potencia que excede a su tamaño, el león su melena, el ciervo el aparato de su cuerna, qué menos que yo me engalanase con las modestas prendas de un escritor en ciernes. Así fue como el amor obró en mí una metamorfosis tan rara y prodigiosa como la de Franz Kafka, de cuyo libro hablaré luego. De pronto, una mañana me desperté convertido en un ente sublime y ridículo a la vez, y también a la vez sabio y estúpido, como esos animales fabulosos que tenían a un tiempo garras, pico y pezuñas.


MARCIAL


Una historia ridícula, Luis Landero, p. 119

También comprendo la música clásica, y la admiro y respeto. Aunque no la oigo mucho, no me pierdo jamás el concierto de Año Nuevo de la Filarmónica de Viena. Otro ejemplo. Yo he escuchado versos de García Lorca, imposibles de entender de tan raros y oscuros, pero algo en mi corazón decía: «Son bellos, son terribles, y están cargados de verdad». Yo tuve un profesor que me hizo leer obras que me gustaron, a pesar de que tampoco yo soy un gran lector de libros de literatura: las Leyendas y Rimas de Gustavo Adolfo Bécquer, Misericordia de Pérez Galdós, Crimen y castigo de Dostoievski, el Lazarillo, Miguel de Unamuno y su sentimiento trágico de la vida, e incluso el Quijote. Yo estoy abierto a todo, aunque he de decir que tengo debilidad por las novelas policíacas, de detectives deductivos. Pero, por encima de todo, mi lectura favorita, además del diccionario ilustrado, es una enciclopedia universal que tengo en cinco gruesos tomos, y algunas revistas de divulgación, entre ellas el Reader's Digest, que es de lo más amena e instructiva, y de la que poseo cientos de ejemplares, comprados en lotes de segunda mano. Me gusta la brevedad y la variedad de temas, como creo que se habrá observado ya en esta exposición.

Pero, volviendo al cuento, al escuchar que Pepita era experta en arte, y que ella misma era artista, a mí se me oscureció el mundo. He aquí que el amor, y su tiranía, me obligaba una vez más a fingir, a añadir nuevas trazas a mi personalidad, a decir, como efectivamente dije, que, aunque no entendía mucho de arte, a mí el arte me subyugaba, esa misma odiosa palabra usé, y que me encantaría ver algunas pinturas y dibujos suyos.


INCIPIT. 1.303. LA REINA VICTORIA / LYTTON STRACHEY


En 1817, el seis de noviembre, murió la princesa Charlotte, hija única del príncipe Regente, heredera de la corona de Inglaterra. No pudo decirse que su corta vida hubiera sido muy feliz. Era de naturaleza impulsiva, caprichosa y vehemente, y aunque siempre quiso ser libre, no lo logró. Había crecido entre violentas disputas familiares, se la había separado tempranamente de una madre excéntrica y de mala reputación, y la habían dejado al cuidado de un padre egoísta y de mala reputación. Al cumplir diecisiete años, su padre decidió que tenía que casarse con el príncipe de Orange; al principio, ella se mostró de acuerdo; pero, de repente, se enamoró del príncipe Augusto de Prusia, y decidió anular el compromiso previo. No fue éste su primer amor, ya antes había mantenido una relación epistolar clandestina con un capitán, un tal Hess. El príncipe Augusto estaba casado, se trataba de un matrimonio morganático; pero ella no lo sabía, y él no se lo dijo. Mientras ella daba largas a las negociaciones con el príncipe de Orange, los soberanos coligados -en junio de 1814- llegaron a Londres para celebrar la victoria. Con ellos, en el séquito del emperador de Rusia, llegó el joven y apuesto príncipe  Leopoldo de Sajonia-Coburgo. Pretendió que la Princesa se fijara en él, pero ella, con el corazón en otra parte, no le hizo mucho caso. Al mes siguiente, el príncipe Regente, tras descubrir que su hija se veía en secreto con el príncipe Augusto, decidió aparecer en escena, y, tras despedir a todo el servicio de la Princesa, la condenó a prisión incondicional en Windsor Park. «¡Dios todopoderoso me otorgue paciencia!», exclamó ella, hincándose de rodillas, presa de angustiada agitación; pero se puso en pie de un salto, bajó corriendo por las escaleras de atrás, salió a la calle, detuvo un carruaje de alquiler, y se dirigió a casa de su madre en Bayswater.

INICPIT 1.302. AGUA Y JABON / MARTA D. RIEZU


La anécdota es conocida. Preguntaron a Cecil Beaton qué es la elegancia, y respondió: agua y jabón. Que es lo mismo que decir: lo elegante es lo sencillo, lo honesto, lo de toda la vida.

La elegancia involuntaria no tiene que ver con la moda, ni con el dinero, ni con lo estético. La asocio a la persona que aporta y apacigua, a la alegría discreta, al gesto generoso. Ensancha y afina nuestro mundo. Está siempre cerca del silencio, el bien común, la paciencia, la naturaleza, la voluntad de construir y conservar.

Si la elegancia les suena demasiado pretenciosa, piensen en la gracia. Es más viva y menos solemne, y también tiene carácter e integridad. Se trata, en fin, de una cualidad escurridiza no siempre evidente, y que puede surgir en cualquier momento, si las circunstancias son las adecuadas.

Sé que es una paradoja escribir sobre lo que prefiere pasar inadvertido y huye del mercadeo y el ruido. Lo que aparece en este libro no necesita ser reivindicado, pero creo que algo interesante merece recibir halagos una y otra vez. Disfruto mucho la complicidad de la admiración conjunta y me he permitido el entusiasmo del aprendiz.


LOS DEDOS DE LOS PIES


El último hombre blanco, Nuria Labari, p. 69

En toda mi vida profesional, jamás he visto los dedos de los pies de ningún hombre en el trabajo. Nuestro cuerpo, en cambio, está siempre expuesto. Y no lo digo solo por las sandalias. Un buen cuerpo en una mujer que va al trabajo sigue siendo lo mismo que un traje caro en el cuerpo de un hombre.

En todo caso, ni Directiva Decepcionada ni yo estamos dispuestas a mostrar el menor atisbo de debilidad y menos aún de victimismo. Así que tirarnos el papel de manos al cesto de mimbre que hay bajo el lavabo y salimos como si nada. Ella pegada a sus pestañas y yo a mi determinación. Porque yo, ya lo he decidido, voy a ser aceptada en el bando de los chicos.

De todas formas, aunque pensaba pedir una hamburguesa de buey, cambio de parecer después de sus indicaciones y me inclino por el steak tartare con pan de cristal y patata rejilla. Los remilgos de Directiva Decepcionada me parecen excesivos, pero comprendo que me conviene ser más aséptica con la comida. De primer plato, el señor Over500 pide espárragos blancos tibios con vinagreta de tomates y cuando llegan se los come con la mano. Se cuelga del cuello una servilleta desplegada a modo de babero y permite que el aceite se deslice suavemente por cada pieza. Me doy cuenta de que el espárrago en su mano entrando, tierno, en su boca es una forma de poder. Los dos hombres más jóvenes de la mesa, mi competencia directa, pedirán hamburguesa de buey y tataki de atún rojo, respectivamente. Me digo que el del tataki puede ser un rival. El otro ha pedido kétchup, así que parece un niño malcriado. Diría que está perdido, salvo que sea el hijo mimado de alguien que importe.


MARTINEZ SORIA


Agua y jabón, Marta D. Riezu, p. 33

Martínez Soria me gusta dirigido por Sáenz de Heredia o Mariano Ozores, pero sus mejores películas las firmó con Pedro Lazaga: El turismo es un gran invento, Abuelo Made in Spain, Hay que educar a papá, Estoy hecho un chaval ¡ Vaya par de gemelos!, y su cúspide: la sainetesca La ciudad no es para mí, en origen una obra de teatro protagonizada por él y firmada con seudónimo por Lázaro Carreter. Tramas tardofranquistas sobre esfuerzo, honor, ahorro y familia, sin mención alguna a la política.
En La ciudad no es para mí Martínez Soria encarna al arquetipo de pueblerino inocente, incontaminado por las maldades de la urbe. Ese cateto encantador (supuestamente fácil de timar, pero astuto) viste boina, faja, pantalones de pana, señala las cosas con la garrota, tiene un fortísimo acento maño y juega al mus. Y bebe anisete, como el Johnny Ola de El Padrino. La incorrección política de esas películas chirriaba incluso hace décadas. La aprensión hacia el extranjero (el miedo a los negros), las manos muy largas (tocando un escote: «quería ver si esto era un lunarcico, o una cagadica de mosca»), el deseo hacia las turistas en contraposición a la esposa fea y castradora, el miedo a que una hija se quede «embarazada de un plimboy o el recelo al universitario progre («usted se cree que porque tiene el bechillerato nos va a avasallar a todos»).
Cuanto más se hace pasar por tonto alguien, más listo sospecho que es. La elegancia involuntaria de Martínez Soria fue sintonizar perfectamente con los desvelos de la España de la posguerra. Vivió en la Gracia rumbera, tuvo el carnet de la CNT y representó a Shakespeare y Moliere. El rústico que miraba los muslos de las suecas programaba en su teatro -el T alía, que compró en 1960- La casa de Bernarda Alba, con Ismael Merlo haciendo de Bernarda. Era un maniático del orden y la dicción, escrupuloso con las deudas. Un hombre de pocas palabras, serio, muy aragonés.

Algunas notas sobre la indumentaria


Agua y jabón, Marta D. Riezu, p. 78.

Afirmar que si vas vestido con corrección se te abren las puertas es impopular, pero es cierto, y hay que aprovecharlo a nuestro favor. La ropa es un efecto multiplicador de lo que somos; si alguien es educadísimo, bondadoso e inteligente y encima viste bien, imaginen la potencia del resultado. Todo lo primero es lo crucial, pero lo último es la capa de barniz. Las apariencias seguirán siendo decisivas, y obligan a estar a la altura. Aquí entraría el manoseado debate de qué es ir bien vestido. Para mí se resume en: ir limpio y preparado para tu desempeño. La propiedad va unida a los límites, que son líneas imaginarias sanísimas que todos necesitamos aprender ( cuanto antes mejor) para no hacer el ridículo y prosperar en la vida. La pulcritud y la compostura no tienen ideología, ni van ligadas a la renta ni al apellido ni al cargo.

Ahorra mucho tiempo vestir con restricciones y tener un uniforme identificativo.

Vestirse en soledad, sin imponer a nadie la visión horripilante de las piernas con calcetines.

Esa edad en la que nos damos cuenta de que tenemos el mismo cuerpo que nuestros padres.

Ser extravagante pero no ostentoso. Esto último significa que la gente sabe exactamente dónde se ha comprado y cuánto se ha pagado por ello.

Las personas que visten con gracia cuentan con tres certidumbres: la confianza en la mezcla dispar, la confianza en que lo que llevan les sienta bien y la confianza en anteponer el propio juicio al de los demás.

El estilo es lo que repetimos a nuestro pesar.

Nuestros padres creían (y hacían bien) que la ropa remendada y las camisas gastadas eran síntoma de honestidad.


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