Te quiero más que a la salvación de mi alma

Te quiero más que a la salvación de mi alma
Catalina en Abismos de pasión de Luis Buñuel
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INCIPIT 882. HISTORIA ARGENTINA / RODRIGO FRESAN


Chivas y Gonçalves llevaban tanto tiempo cabalgando que ya no sabian dónde terminaban ellos y dónde empezaban sus caballos. Cabalgaban dias y noches y otra vez dias y el lugar por donde volaban sus caballos no era tan importante porque ni siquiera tenía nombre definitivo. Le cambiaban el nombre todas las mañanas como quien se cambia de ropa. Una pampa inmensa, apenas importunada por un árbol o dos.  Arboles que aún nadie se habla detenido a catalogar, árboles que desde hacía siglos esperaban sus nombres; y el olor era el de la tierra recién hecha, vuelta y vuelta.
Sea suficiente afirmar que, si las desventuras de Chivas y Gonçalves fueran una gran película, una de esas superproducciones tan de moda en estos tiempos azarosos, el galope compulsivo de estos dos apenas ocuparla la parte de los titulas. Nada más.
Los que si tenían nombre eran los cumplidores caballos de Chivas y Gonçalves. El caballo del primero se llamaba Blanco y, detalle atendible por lo contradictorio, se trataba de un animal pesado y negro como la noche. El caballo del segundo se llamaba Caballo. Gonçalves aseguraba que no tenia demasiado  sentido perder el tiempo bautizando a un caballo

GLENN GOULD

Mantra, Rodrigo Fresán, p. 286
GOLDBERG (Variationen)
Me acuerdo, María-Marie, que intentabas hacerme más clara tu aproximación a la Quantum Theory y al terrorismo multidimensional de piscinas utilizando como ejemplo las Goldberg Variationen de J. S. Bach interpretadas por el pianista excéntrico y canadiense Glenn Gould. Música compuesta por encargo para curar el insomnio de un noble y que, sin embargo, a mí me despertaba más que un despertador, que un océano de café, que el sol en la cara o un grito en la oreja.

Me hablabas de las variaciones desprendiéndose del aria, de la sutileza de las muchas posibilidades –algunas casi iguales, otras radicalmente distintas- a la hora de conseguir muchas versiones de una misma historia sin que eso significara traicionar su esencia y su trama. Me escribías notas musicales y signos matemáticos y yo asentía con la cabeza, emitía un sonido automático modelo «mmmmmhúm», y en realidad pensaba en ese pianista canadiense adicto al teléfono y a las pastillas que tocaba el piano emitiendo sonidos automáticos modelo «mmmmmhúm », y ahí se escuchaba clara y precisa, María-Marie, otra de nuestras tantas irreconciliables diferencias: a ti siempre te interesaba el Arte y a mí siempre me interesó el Artista.

INCIPIT 778. MANTRA / RODRIGO FRESAN

Muchos años antes de que empezara todo lo que tenía que terminar, antes de ese terrible y magnífico Día de los Muertos en que viajé y llegué para irme por primera y última vez a México Distrito Federal ( «Mexico City is known to Mexicans simply as México - pronounced ,MEH -kee-ko.' lf they want to distinguish .from Mexico the country, they call it either ,la ciudad de México' or el DF- el de EFF-e'»), cuando todavía faltaba demasiado tiempo para convertirme en quien soy ahora y jamás desearía haber sido, yo conocí a Martín Mantra o, mejor dicho, Martín Mantra me conoció a mí, me tendió su mano, y en su mano había un revólver.

DE LA LECTURA

De La parte inventada de Rodrigo Fresán, p.331
Él leyó en algún lugar -en alguno de esos varios libros cada vez más frecuentes advirtiendo, como profeta en llamas, sobre las consecuencias del fin de la lectura para el cuerpo y el alma humanos- que lo primero que se pierde cuando se deja de leer es una comprensión más o menos clara de la abstracción del tiempo. Si no se empieza a leer de niño, si no se incorpora y acepta la engañosa pero imprescindible idea del tiempo ganado y perdido, del tiempo que transcurre entre el tiempo en que el héroe es condenado y el tiempo de su venganza, dicen que se extravía toda forma de orientación temporal y se habita la idea de un continuum donde todo sucede simultáneamente. Como lo que le pasa al Billy Pilgrim de Slaughterhouse-Five de Kurt Vonnegut. Claro que para comprender -y disfrutar, y admirar-lo que le pasa al Billy Pilgrim de Kurt Vonnegut primero hay que haber leído Slaughterhouse.
Él se había hecho escritor porque era lo más parecido a ser lector. Y cuando él dice y piensa «leer» se refiere a leer libros, a sentarse o acostarse a leer o a leer un libro mientras se camina y se viaja. A pasar páginas para adquirir otro tiempo y otra velocidad. ¿Qué hora es?
La hora que sea en el libro.

No vale -es hacer trampa, no es lo mismo-leer en una pantalla donde el tiempo y la hora son siempre los que marca ese artefacto que se enchufa a nosotros. Así, la chica que le pregunta si leyó todos esos libros es una chica que lee mucho pero que no lee nada y que lo que lee no se mide ya en libros sino en vaya uno a saber qué.

"Live all you can ... Live, live!

De La parte inventada de Rodrigo Fresán, p. 76-77
* «¿Momento más escalofriante y emocionante de mi vida como lector? Muchos. Pero tal vez el que mejor recuerdo es el de alcanzar las últimas páginas del último volumen de En busca del tiempo perdido y, luego de una inesperada, infrecuente separación de párrafos, leer que el narrador/autor Marcel nos confiesa, casi incómodo pero orgulloso:"Lo que yo quería escribir era otra cosa, otra cosa más larga y para más de una persona. Más larga de escribir". Y, claro, Proust se refiere alli exactamente a eso que estamos leyendo donde nos dice que aspiraba a otra cosa. Toda la historia -no de la literatura pero sí de los escritores- en una línea, en una línea breve.
* Más: «0 aquel otro momento, en The Ambassadors de Henry James. Ese "Live all you can ... Live, live!" con el que, en Francia, el viajero y enviado en una supuesta misión de rescate, el maduro pero no muy experimentado Lambert Strether, de pronto siente que lo comprende todo. Y que ya nunca podrá volver a ser quien fue, aunque ya no le quede mucho de vida para intentar ser otro. Como consejo, convengámoslo, no es mucho más profundo o sabio de lo que solemos encontrarnos en las tripas de una galleta de la fortuna. Pero en el centro de una novela de James, una de sus últimas novelas, esa orden y pedido casi desesperado, adquiere otro peso y resonancia. Para decirlo de otro modo: uno de esos instantes en que la literatura, desde el acto mismo de hacer literatura, se da cuenta  de cosas que la vida no alcanza ni jamás alcanzará a comprender por sí sola. De ahí la importancia y la existencia de la literatura. La buena ficción -si sabemos aprovecharla- es un manual de instrucciones para nuestra no-ficción 

SUAVE ES LA NOCHE

De La parte inventada de Rodrigo Fresán, p.328-329
“Cada día era diferente al anterior”, Gerald Murphy a Calvin Tomkins.
Sara y Gerald Murphy huyen de Estados Unidos porque sienten que allí todo está preordenado, como ya escrito y marcado por un protocolo que no permite improvisar o innovar. La burguesía norteamericana, los nuevos ricos del nuevo imperio, sueñan con ser aristócratas europeos pero no pueden saber ni imaginarse que Europa ya no es la que era. Ahora, Europa es la que es y Europa es lo que será. En Europa, en el Viejo Mundo, todo parece nuevo para los Murphy.
Y Europa, sí. Y Tender Is the Night como la evolución natural y potenciada de aquellas novelas de Henry James en las que los norteamericanos viajaban al Viejo Mundo para exponerse a la novedosa e iniciática radiación de volverse más o menos locos o menos o más cuerdos. Transfigurados, en cualquier caso. El turismo como forma de iluminación de kilómetros o millas de oscuridad. Y Tender ls the Night -que también podría llamarse The Portrait of Another Lady o The Ambassador- vuelve más evidente aún la traicionera fidelidad entre James y Fitzgerald.James creía que somos definidos por los objetos y los lugares que nos rodean, Fitzgerald va más lejos y nos informa de que acabamos siendo los objetos y los lugares que nos rodean: camisas, autos, hoteles, botellas, juguetes, cielos estrellados y playas en las que estrellarse.

Una noche Gerald y Sara Murphy van a ofrecer una cena, pero no encuentran flores para decorar las mesas. Las floristerías están cerradas o no han llegado flores frescas. O algo por el estilo. Así que los dos bajan las escaleras y corren hasta la juguetería más cercana y llenan un gran canasto de mimbre con juguetes de hojalata a cuerda. Durante los postres, Picasso se entusiasma mucho con un camión de bomberos. Fitzgerald, en cambio, toma entre sus manos a un hombrecito que arrastra una maleta y le da cuerda, y lo ve marchar de aquí para allá, por encima del mantel y, con tristeza, comenta: «Me recuerda a mí».

DE BIBLIOTECAS, LIBROS Y E BOOKS

Una biblioteca sin límites precisos en la que nunca se encuentra el libro que se está buscando pero en la que siempre se encuentra el libro que debería buscarse.
 Una biblioteca que, a veces, se deja caer (hay casos documentados) y, mientras éstos extraen o agregan un libro, aplastan a sus duelos hasta una muerte que no es feliz pero, seguro, hay muertes peores, formas mucho más vulgares y menos ilustradas de morir sepultado.
Una biblioteca que, de tanto en tanto, deja caer el fruto maduro de un libro al suelo, como empujado por la mano de un fantasma o de su dueño, que no es un fantasma exactamente pero ... Y el libro se abre y allí se lee, por ejemplo, como ahora mismo, subrayado hace años por una de esas fibras de tintas que resaltan todo con un brillo casi lunar, algo como “No te enojes porque nuestros personajes no siempre tengan los mismos rostros; así están siendo fieles a la vida y a la muerte". O algo como “Está el folklore, están los mitos, están los hechos, y están todas esas preguntas que permanecen sin respuesta”. Y, aliado de esa frase atrapada en un globo de cómic que no conecta con ninguna boca, la irregular letra imprenta manuscrita y pequeña pero tan leíble, tan leída. Letra de alguien que siguió escribiendo a mano a pesar de teclados cada vez más livianos y blandos y plasmáticos. Letra más de científico loco que de médico cuerdo (¿Slow Writer Sans SerifBold?), añadiendo, en tinta roja junto a la cita en negro sobre blanco, un  “Y esas preguntas sin respuesta no son otra cosa que el folklore y los mitos y los hechos de una vida privada, muy privada: PLEASE, DO NOT DISTURB”.
Una biblioteca con libros cubiertos de polvo. Polvo doméstico que, en un 90 por ciento, no es otra cosa que materia muerta desprendiéndose de seres humanos y que, dicen, es factor clave para la buena conservación de los libros. Así que no desempolvados del todo ni demasiado seguido y, ah, justicia poética y justicia literaria: nosotros nos deshacemos para que los libros se mantengan enteros y del polvo de nuestras historias venimos y al polvo sobre los libros volvemos. Volvemos a una biblioteca -como toda biblioteca- frente a la que uno puede pararse como contemplando las ruinas nobles de un mundo perdido o los materiales nuevos de un mundo a encontrar.
Una biblioteca a la que, de tanto en tanto, por accidente y como después de un accidente, desorientados por el shock del impacto, llega alguien para quien los libros y, sobre todo, la acumulación de libros, es un incomprensible misterio. Porque para demasiadas personas los libros se usan y se gastan y qué sentido tiene conservarlos. Ocupan tanto lugar, hay que sostenerlos y pesan, son tan sucios y, aunque no se diga en voz alta, los libros son demasiado baratos para ser algo bueno y provechoso, se susurra. Y, así, una biblioteca que bien puede provocar entre los visitantes accidentales -con una curiosa mezcla de respeto, inquietud y desprecio, como si se refiriesen a invulnerables y abundantes cucarachas, a una plaga o a un virus- un “Pero ¿has leído todos estos libros?”. Visitantes que preguntan eso porque no se atreven a preguntarse lo que en realidad no quieren saber: «¿Cómo es que yo he leído tan pocos libros? ¿Cómo es que en mi casa apenas hay libros y casi todos son de fotos y algunos de fotos de casas con bibliotecas en las que apenas hay libros salvo libros de fotos y por qué en el lugar de libros, de libros con letras, en sus lugares, hay demasiadas fotos de personas a las que se supone que debo querer incondicionalmente pero cuando lo pienso un poco, con un par de copas encima, la verdad es que me parecen casi todos unos verdaderos y auténticos ... ?”. Son éstos los mismos turistas maleducados -a los que no les produce ninguna extrañeza la cantidad de cruces en las iglesias o de billetes en los bancos o de comida en los mercados- que se  sienten tan cordiales y satisfechos y supuestamente interesados, pero manteniendo una distancia de seguridad, por la inquietante fauna local cuando, a continuación, te preguntan “¿De qué tratan tus libros?”. Y, sí, es para ellos que se ha inventado el status del libro electrónico donde -¡aleluya y eureka!- se ha conseguido hacer comulgar a la televisión con la impresión: para descargar y no cargar, para adquirir y acumular y no abrir ni pasar página. Y para que -tan satisfechos de que dos mil títulos puedan ser levantados por una sola mano-los libros no estén todo el tiempo ahí, a la vista, recordando con su atronador silencio todo lo que no se ha leído ni se leerá. 

INCIPIT 406. LA PARTE INVENTADA / RODRIGO FRESAN

Jueves 4 de junio, 1959
BIOY: Habría que escribir sobre los primeros pasos de un escritor.
BORGES: Sí, pero habría que hacerlo exagerando un poco.
ABIOY  CASARES, Borges
Los finales son esquivos, las partes del medio no se encuentran por
ningún lado; pero lo peor de todo es empezar. empezar, empezar.
DONALD BARTHELME, “The Dolt”
 Cómo empezar.
O mejor todavía: ¿Cómo empezar?

(Añadir los signos de interrogación que, nada es casual, tienen la forma de anzuelos, o de garfios. Curvas afiladas y punzantes ensartando tanto a quienes leen como a quienes son leídos. Tirando de ellos, trayéndolos desde el claro y calmo fondo hasta la turbia e inquieta superficie. O haciéndolos volar por los aires hasta caer justo dentro de la playa de estos paréntesis. Paréntesis que más de uno criticará o juzgará ortográfica y estéticamente innecesarios pero que, en la incertidumbre de la partida, son, ah,

SOBRE LAS BIBLIOTECAS DE UNO Y OTRO

De De la parte inventada de Rodrigo Fresán, p.60-61
Una biblioteca sin límites precisos en la que nunca se encuentra el libro que se está buscando pero en la que siempre se encuentra el libro que debería buscarse.
Una biblioteca que, a veces, se deja caer (hay casos documentados) y, mientras éstos extraen o agregan un libro, aplastan a sus dueños hasta una muerte que no es feliz pero, seguro, hay muertes peores, formas mucho más vulgares y menos ilustradas de morir sepultado.
Una biblioteca que, de tanto en tanto, deja caer el fruto maduro de un libro al suelo, como empujado por la mano de un fantasma o de su dueño, que no es un fantasma exactamente pero ... Y el libro se abre y allí se lee, por ejemplo, como ahora mismo, subrayado hace años por una de esas fibras de tintas que resaltan todo con un brillo casi lunar, algo como “No te enojes porque nuestros personajes no siempre tengan los mismos rostros; así están siendo fieles a la vida y a la muerte”. O algo como «Está el folklore, están los mitos, están los hechos, y están todas esas preguntas que permanecen sin respuesta ... Y, al lado de esa frase atrapada en un globo de cómic que no conecta con ninguna boca, la irregular letra imprenta manuscrita y pequeña pero tan leíble, tan leída. Letra de alguien que siguió escribiendo a mano a pesar de teclados cada vez más livianos y blandos y plasmáticos. Letra más de científico loco que de médico cuerdo (¿Slow Writer Sans Serif Bold?), añadiendo, en tinta roja junto a la cita en negro sobre blanco, un «Y esas preguntas sin respuesta no son otra cosa que el folklore y los mitos y los hechos de una vida privada, muy privada: PLEASE, DO NOT DISTURB».
Una biblioteca con libros cubiertos de polvo. Polvo doméstico que, en un 90 por ciento, no es otra cosa que materia muerta desprendiéndose de seres humanos y que, dicen, es factor clave para la buena conservación de los libros. Así que no desempolvados del todo ni demasiado seguido y, ah, justicia poética y justicia literaria: nosotros nos deshacemos para que los libros se mantengan enteros y del polvo de nuestras historias venimos y al polvo sobre los libros volvemos. Volvemos a una biblioteca -como toda biblioteca- frente a la que uno puede pararse como contemplando las ruinas nobles de un mundo perdido o los materiales nuevos de un mundo a encontrar.

Una biblioteca a la que, de tanto en tanto, por accidente y como después de un accidente. desorientados por el shock de] impacto, llega alguien para quien los libros y, sobre todo, la acumulación de libros, es un incomprensible misterio. Porque para demasiadas personas los libros se usan y se gastan y qué sentido tiene conservarlos. Ocupan tanto lugar, hay que  sostenerlos y pesan, son tan sucios y. aunque no se diga en voz alta, los libros son demasiado baratos para ser algo bueno y provechoso, se susurra. Y, así, una biblioteca que bien puede  provocar entre los visitantes accidentales -con una curiosa mezcla de respeto, inquietud y desprecio, como si se refiriesen a invulnerables y abundantes cucarachas, a una plaga o a un virus- un (Pero ¿has leído todos estos libros?)), Visitantes que preguntan eso porque no se atreven a preguntarse lo que en realidad no quieren saber: «¿Cómo es que yo he leído tan pocos libros? ¿Cómo es que en mi casa apenas hay libros y casi todos son de fotos y algunos de fotos de casas con bibliotecas en las que apenas hay libros salvo libros de fotos y por qué en d lugar de libros, de libros con letras, en sus lugares, hay demasiadas fotos de personas a las que se supone que debo querer incondicionalmente pero cuando lo pienso un poco, con un par de copas encima, la verdad es que me parecen casi todos unos verdaderos y auténticos ... 

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