Te quiero más que a la salvación de mi alma

Te quiero más que a la salvación de mi alma

¡VIVA FRANCIA¡

Je pense que presque tous les Américains ont une dette de gratitude envers la France et je crois que, dans le monde entier, tous les hommes libres doivent un petit quelque chose a ce pays qui a été toujours la «Mére» universelle de la liberté de l'homme el de l´espirit humain.

WF Discurso al Congrès pour la Liberté de la Culture, 1952

VIVA GRECIA

En William Faulkner, Ensayos y discursos, p.79
Con motivo de recibir la medalla de plata de la Academia de Atenas
Atenas, 28 de marzo de 1957

Acepto esta medalla no sólo como un americano ni como Un escritor sino como uno elegido  Por la Academia Griega para representar el principio de que todo hombre debe ser libre. El espíritu humano no obedece a las leyes físicas. Cuando el sol de Pericles proyectó la sombra del hombre civilizado alrededor de la tierra, esa sombra se combó hasta que tocó América. Así  que cuando alguien como yo viene a Grecia está recorriendo la sombra hacia atrás hasta la fuente de la luz que proyecta la sombra. Cuando el americano viene a este país regresa a algo que era familiar. Ha vuelto al hogar. Ha regresado a la cuna del hombre civilizado. Estoy orgulloso de que el pueblo griego me haya considerado digno de recibir esta medalla. Será un deber para mí volver a mi país y contar a mi pueblo que las cualidades de la raza griega  (dureza, bravura, independencia y orgullo) resultan demasiado valiosas para perderse. Es el deber de todos los hombres ver que no se desvanecen de la tierra. 

EL HORROR, EL HORROR

De Noticias del extranjero, de Alberto Manguel, p.226-227
El dolor puede destruir. El dolor es, de hecho, tan poderoso que la misma idea de dolor puede destruir. El conocimiento del dolor en otros puede destruir (esto es, una vez más, aquello de lo que ustedes mismos deben cuidarse). Incluso la idea de! dolor en otros puede destruir.
»Lo que tengo aquí, este pedazo de vida vegetal, es en esencia idéntico a sus pacientes. Tiene piel, tiene carne, y puede pensarse que las hojas de su interior corresponden a los órganos y huesos internos. La única diferencia importante, muy importante, es que no va a reaccionar. No va a gritar, rogar, llorar o cerrarse en sí misma. A ese aspecto de nuestra tarea me referiré más adelante.
»Cuando e! cuchillo se acerca a la pie! comienza la destrucción. Comienza antes de que el cuchillo llegue a tocar la piel. El cuchillo establece la naturaleza de la relación inminente: metal y carne, unidos. La primera inserción -(en este punto bajó el cuchillo y suavemente dejó que la hoja hiciera un tajo en parte de la capa externa)- provoca sorpresa. Sorpresa ante el primer dolor, sorpresa por la presencia extraña, la hoja, dentro del cuerpo, y, sobre todo, sorpresa porque el dolor es menor del que el paciente espera. A esta sorpresa, y a pesar del dolor, se suma un vergonzoso sentimiento de alivio. »El segundo paso reafirma la destrucción. El alivio puede  llevar al paciente a suponer que el proceso puede ser, o que incluso será, dado por concluido. Ustedes deben dejar en claro que no cabe duda de que lo que está sucediendo es para siempre. Extraen el cuchillo -(lo hizo con un cuidado supremo)- y, sosteniendo entre los dedos la punta cortada de la tira de pie!, tiran hacia arriba y hacia atrás --en la mano derecha sostuvo una cinta de vegetal arrancada, con los filamentos verdes colgando hacia su palma . .. Ahora la carne está abierta al aire. Ahora el paciente sabe que el procedimiento es de ausencia, que jamás recuperará la pérdida. Y durante todo ese tiempo ustedes deben decirse a  sí mismos: yo no soy parte de este país extranjero, este cuerpo extraño, este otro que sufre. Es él, el paciente, quien ha causado eso. Yo no soy más que un trabajador. Estoy haciendo mi  trabajo. Y debo hacerlo bien.

Es importante que recuerden eso en las ocasiones en que se usa alguno de los métodos con agua. En ese caso su tarea es hacer que e! paciente abandone la tierra por el agua. Al sostener hacia abajo la cabeza de! paciente, estarán regresando esa cabeza -no e! cuerpo entero del paciente, solo la cabeza, una criatura en sí misma- al agua. Es, si les parece, un acto de  repatriación, un cambio en el clima. Si ocurre la muerte, siempre se debe a la testarudez de! paciente, como aquel que no desea abrigarse bajo una tormenta de nieve. Ahogar no debe ser, en su vocabulario, un verbo transitivo. Deben repetirse para sí mismos: nadie se maga jamás. La gente elige dejar de vivir. Ahogarse es una suspensión de la voluntad.»

LA BURRA DE BALAAM

De Novela de ajedrez, de Stephen Zweig, p.9
-¡La burra de Balaam!-exclamó sorprendido el cura a su regreso, no sin explicar al brigada, menos versado en temas bíblicos, que ya dos mil años atrás se había producido idéntica maravilla, cuando una muda criatura había hallado repentinamente la voz de la sabiduría. A pesar de lo avanzado de la hora, el cura no pudo resistirse a desafiar a su semianalfabeto pupilo a una partida. Mirko le ganó también con facilidad. Tenía un juego tenaz, lento, imperturbable. No levantaba ni una sola vez su ancha frente inclinada sobre el tablero, pero jugaba con una seguridad abrumadora. Ni el brigada ni el cura consiguieron ganarle una sola partida en los días siguientes. El sacerdote, más calificado que ninguno para juzgar el retraso de su protegido en todos los demás aspectos, se sintió entonces aguijoneado por la curiosidad de saber hasta qué punto aquel talento singular y exclusivo podría resistir una prueba más rigurosa. 

SOBRE LA LECTURA

De El loro de Flaubert, de Julián Barnes, p. 128
“él decía que ningún libro que esté bien escrito puede ser peligroso”. Desplacémonos unos setenta años aproximadamente, para entrar en otra familia de otra región francesa Esta vez nos encontramos con un muchacho libresco, una madre, y una amiga de la madre que se llama Mme. Picardo El muchacho escribió posteriormente en sus memorias, cito otra vez: «Mme. Picard opinaba que hay que permitirles a los chicos que lo lean todo. "Ningún libro bien escrito puede ser peligroso."» El muchacho, consciente de la opinión que con tanta frecuencia expresaba Mme. Picard, explota deliberadamente su presencia y le pide permiso a su madre para leer una novela especialmente famosa. "Pero, si mi hijito lee libros como ése a esta edad , dice la madre-, ¿qué hará cuando sea mayor?» «¡Los viviré! », contesta el muchacho. Fue una de las contestaciones más ingeniosas de su infancia; los mayores la repitieron una y otra vez en las conversaciones familiares, y gracias a ella conquistó -según se nos permite deducir- el derecho a leer aquella novela. El muchacho era Jean-Paul Sartre. El libro era Madome Baoary.

¿Progresa el mundo? ¿O simplemente va y vuelve, como un transbordador? 

INCIPIT 363. FICCIONES / JL BORGES

TLON, UQBAR, ORBIS TERTIUS
1
DEBO A LA CONJUNCIÓN de un espejo y de una enciclopedia el descubrimiento de Uqbar. El espejo inquietaba el fondo de un corredor en una quinta de la calle Gaona, en Ramos Mejía; la enciclopedia falazmente se llama The Anglo-American Encyclopaedia (New York, 1917) y es una reimpresión literal, pero también morosa, de la Encyclopaedia Britannica. de 1902. El hecho se produjo hará unos cinco años. Bioy Casares había cenado conmigo esa noche y nos demoró una vasta polémica sobre la ejecución de una novela en primera persona, cuyo narrador omitiera o desfigurara los hechos e incurriera en diversas contradicciones, que permitieran a unos pocos lectores -a muy pocos lectores- la adivinación de una realidad atroz o banal, desde el fondo remoto del corredor, el espejo nos acechaba. Descubrimos (en la alta noche ese descubrimiento es inevitable) que los espejos tienen algo monstruoso. Entonces Bioy Casares recordó que uno de los heresiarcas de Uqbar había declarado que los espejos y la cópula son abominables, porque multiplican el número de los hombres.

INCIPIT 362. NOVELA DE AJEDREZ / STEPHEN ZWEIG

A bordo del transatlántico que había de zarpar a medianoche de Nueva York rumbo a Buenos Aires reinaban la animación y el ajetreo propios del último momento. Los acompañantes que habían subido escoltaban entre apretujones a sus amigos; los repartidores de telegramas, con sus gorras ladeadas, recorrían los salones voceando nombres; al trajín de flores y maletas se añadía el de los niños que subían y bajaban por las escalerillas curioseando, mientras la orquesta amenizaba imperturbable e! show en cubierta. Yo estaba conversando con un amigo en la cubierta de paseo, un poco al abrigo de todo aquel jaleo, cuando a nuestro lado relumbraron dos o tres veces los destellos de un flash: al parecer, los reporteros habían aprovechado los últimos instantes previos a la partida para entrevistar y fotografiar a algún personaje importante. Mi amigo echó una ojeada y sonrió:
-Tienen ustedes a bordo a un personaje bien curioso: Czentovic. -y como debió de deducir por mi expresión que no sabía de qué me estaba hablando, añadió: -Mirko Czentovic, el campeón del Mundo de ajedrez. 

INCIPIT 361. LA CARTUJA DE PARMA / STENDHAL

1
MILÁN EN 1796
El 15 de mayo de 1796, el general Bonaparte hizo su entrada en Milán, al frente de ese joven ejército que acababa de pasar el puente de Lodi y de mostrar al mundo que, después de tantos siglos,  César y Alejandro tenían  un sucesor. Los milagros de audacia y de ingenio  que Italia  presenció, despertaron en pocos meses a un pueblo que dormía; ocho días antes de la entrada de los franceses, aún veían en ellos los milaneses un hatajo de bandidos acostumbrados a huir siempre ante las tropas de Su Majestad imperial .Y real; al menos así lo repetía tres veces por semana un periodiquillo, no mayor que la palma de la mano, impreso en papel sucio.

En la Edad Media eran los milaneses valientes como los franceses de la Revolución, y  merecieron que su ciudad fuera enteramente arrasada por los emperadores de Alemania. Pero desde que se habían hecho fieles súbditos, su gran negocio consistía en imprimir sonetos sobre pañuelos de bolsillo de tafetán rosa, cuando se casaba alguna muchacha de familia noble o rica. Dos o tres años después de esta época memorable de su vida la joven tomaba un caballero acompañante,  a veces el nombre del oficioso amigo, elegido por la familia del marido , ocupaba un lugar honroso en el contrato matrimonial. 

INCIPIT 360. UN DIA PERFECTO / MELANIA G. MAZZUCO

Roma se duerme lentamente, hundiéndose en e! sopor de la noche. En la lejanía. se oye e! eco de una sirena. Los últimos autobuses, vacíos e iluminados,  cruzan con rapidez el asfalto húmedo, y en e! quiosco un hombre arrebujado en un chaquetón coloca una pila de periódicos. Delante del Viminale. Algunos trabajadores de la compañia del gas, anaranjados con sus chalecos fosforescentes, arreglan una tubería. Han encendido un farol que rasga e! agua de la condensación. fantasmagórico y cegador. De vez en cuando silba la llama oxhídrica. dejando escapar haces de chispas. La patrulla de la policía, con la sirena que ulula, asciende por la calle de Cavour,  flanquea la basílica así como a los mendigos que duermen en los  bancos,  gira a la derecha y enfila la calle de Carla Alberto.

La luz de la sirena proyecta una sombra azulada sobre dos negros, o magrebíes, o indios que apresuran el paso y son indultados gracias a la protección de una furgoneta. La calle es ancha. los números de los edificios no se leen con la penumbra amarillenta de las farolas. Los agentes superan coches aparcados en doble fila delante de los contenedores y a un pinche que arrastra por la calle dos bolsas negras con la basura de un restaurante. Desembocan en la plaza Vinario sin haber localizado el número 17. 

INCIPIT 359. CORTAFUEGOS / HENNING MANKELL

Por la noche, sin previo aviso, el viento amainó, para luego cesar totalmente.
Él había salido al balcón. Durante el día, podía atisbar el mar por  entre las casas que se alzaban enfrente. Pero ahora la noche se lo impedía. A veces sacaba al balcón su viejo catalejo inglés para ver las  Ventanas iluminadas al otro lado de la calle, mas siempre acababa por vencerlo la molesta sensación de que alguien lo había descubierto.
Hacía una noche clara y estrellada.
“Ya estamos en otoño”, se dijo. “Quizás escarche esta noche, aunque aún es pronto para Escania.”
Se oyó pasar un coche en la distancia. Se estremeció de frío y volvió a entrar. La puerta de! balcón se atascaba. En e! bloc de notas que tenía sobre la mesa de la cocina, junto al teléfono,  anotó que debía echarle un vistazo al día siguiente.
Continuó después hacia la sala de estar. Durante un instante, se detuvo ante e! umbral de la puerta y paseó la mirada por la habitación. Había hecho la limpieza, puesto que era domingo. Y saber que se hallaba en una habitación totalmente limpia siempre le infundía la misma sensación de satisfacción.

Su escritorio estaba colocado contra una de las paredes. Sacó la silla, encendió la lámpara y tomó e! grueso cuaderno de bitácora que guardaba en uno de los cajones. Como de  Costumbre, comenzó por leer lo que había escrito la noche anterior.

INCIPIT 358. OBRAS COMPLETA 1 / FRANZ KAFKA

El fogonero
Cuando Karl Rossmann, un joven de dieciséis años al que sus pobres padres habían enviado a América porque una criada lo había seducido y había tenido un hijo de él, entró en el puerto de Nueva York a bordo del barco, que ya había aminorado la marcha, vio la estatua de la diosa de la Libertad, que venía observando hacía rato, como inmersa en un resplandor solar más intenso de pronto. El brazo con la espada parecía haberse alzado hacía un momento, y en torno a la figura soplaba libre la brisa.
,,¡Qué alta! .. , se dijo y, como no había pensado en absoluto en bajar a tierra, fue poco a poco empujado hacia la barandilla por una multitud de mozos de cuerda que, cada vez más numerosos, pasaban por su lado.

Un joven al que había conocido fugazmente durante la travesía le dijo al pasar: «¿Qué? ¿No tiene ganas de bajar?  ... -Estoy dispuesto .. , dijo Karl sonriéndole y, por orgullo y porque era un muchacho fuerte, se echó la maleta al hombro. Sin embargo, al mirar por encima de su amigo, que se alejaba ya con los otros agitando levemente su bastón, se dio cuenta de que había olvidado el paraguas abajo, en el barco. De inmediato pidió al amigo, que no pareció alegrarse mucho, que tuviera la amabilidad de esperar un instante junto a la maleta, echó una ojeada alrededor para poder orientarse a la vuelta, y se fue a toda prisa. Al llegar abajo se llevó la desagradable sorpresa de encontrar cerrado por primera vez un pasillo que le habría servido de atajo, lo que estaba relacionado probablemente con el desembarco de los pasajeros, y tuvo que buscar con dificultad su camino a través de un sinnúmero de pequeños espacios, corredores que zigzagueaban continuamente, escaleras cortas que se sucedían sin cesar y

FELIZ NAVIDAD

De Historia universal de la infamia, de JL Borges
Un teólogo en la muerte
Los ángeles me comunicaron que cuando falleció Melanchton, le fue suministrada en el otro mundo una casa ilusoriamente igual a la que había tenido en la tierra. (A casi todos los recién venidos a la eternidad les sucede lo mismo y por eso creen que no han muerto.) Los objetos domésticos eran iguales: la mesa, el escritorio con sus cajones, la biblioteca. En cuanto Melanchton se despertó en ese domicilio, reanudó sus tareas literarias como si no fuera un cadáver y escribió durante unos días sobre la justificación por la fe. Como era su costumbre, no dijo una palabra sobre la caridad. Los ángeles notaron esa omisión y mandaron personas a interrogarlo. Melanchton les dijo: -He demostrado irrefutablemente que el alma puede prescindir de la caridad y que para ingresar en el cielo basta la fe». Esas cosas les decía con soberbia y no sabía que ya estaba muerto y que su lugar no era el cielo. Cuando los ángeles oyeron ese discurso lo abandonaron. A las pocas semanas, los muebles empezaron a   afantasmarse hasta ser invisibles, salvo el sillón, la mesa, las hojas de papel y el tintero. Además, las paredes del aposento se mancharon de cal y el piso de un barniz amarillo. Su misma ropa ya era mucho más ordinaria. […] Recibía muchas visitas de gente recién muerta, pero sentía vergüenza de mostrarse en un alojamiento tan sórdido. Para hacerles creer que estaba en el cielo, se arregló con un brujo de los de la pieza del fondo, y éste los engañaba con simulacros de esplendor y serenidad. Apenas las visitas se retiraban, reaparecían la pobreza y la cal, y a veces un poco antes. Las últimas noticias de Melanchton dicen que el mago y uno de los hombres sin cara lo llevaron hacia los médanos y que ahora es como un sirviente de los demonios.

LECCION DE HISTORIA

De Una vida absolutamente maravillosa, de E .Vila-Matas, p.65
En una reciente encuesta con setenta niños napolitanos, procedentes de todos los colegios de la ciudad, se preguntaba a los niños entre otras cosas cuál era su personaje histórico preferido. Uno de los niños, dotado sin duda de un genio innato y de un claro futuro como «maldito»,    contestó así a esta pregunta: «El personaje que más me gusta es Calígula, porque estaba loco. Calígula me cae muy simpático, porque estaba como una chota. Nombró senador a su caballo,  se comió a su hijo para imitar a Saturno, y quería ser adorado como a un dios ... Pero también me cae muy simpática y me gusta mucho la cabeza de Juan Bautista. Me encanta. Además, gritaba en el desierto, donde nadie podía oírlo. No estaba tan loco como Calígula, pero casi ... Aunque ahora que lo pienso bien me gusta mucho otro personaje. Se llama Benito, esta figura que sale en todos los pesebres napolitanos. Me cae muy bien este Benito, porque duerme siempre y no le importa nada de lo que sucede a su alrededor. Creo que es el personaje más feliz de todos los personajes históricos».

INCIPIT 357. LOS MATRIMONIOS / HENRY JAMES

-¿Por qué no se quedan un ratito más? -Preguntó la anfitriona mientras sujetaba la mano de la muchacha y sonreía.

-Es absurdo marcharse tan pronto. -Mrs Churchley inclinó la cabeza hacia un lado con apariencia refinada; blandía sobre su cara, de un modo vagamente protector, un enorme abanico de plumas rojas. Para Adela Chart, todo en la constitución de su anfitriona era   enorme. Tenía los ojos grandes, los dientes grandes, los hombros grandes, las manos grandes, los anillos y pulseras grandes, las joyas grandes de todo tipo y en gran cantidad. La cola de su vestido carmesí era más larga que cualquier otra; su casa era enorme; su salón, especialmente ahora que los invitados se habían marchado, parecía inmenso, y ofrecía a los ojos de la chica una colección de los más grandes sofás, sillas, cuadros, espejos y relojes que jamás hubiese visto. ¿Sería igualmente enorme la fortuna de Mrs Churchley, para justificar tanta inmensidad? 

SOBRE LEER Y ESCRIBIR

De Ensayos y discursos de WF, p. 257
Introducción a El ruido y la furia (Oxford, Mississippi, 1946)
Escribí este libro y aprendí a leer. He aprendido un poco acerca de escribir desde La paga de los soldados –cómo acercarme al lenguaje. a las palabras: no tanto con seriedad, como hace un ensayista. sino con una especie de alertado respeto, como cuando te acercas a la dinamita; incluso con alegría, como cuando te acercas a las mujeres; quizá con las mismas secretamente inescrupulosas intenciones-o Pero cuando terminé El ruido y la furia descubrí que realmente  hay algo a lo que el gastado término Arte no sólo puede, sino que debe, ser aplicado. Descubrí entonces que había pasado por todo lo que había leído siempre, desde Henry James pasando por Henty y periódicos de sucesos, sin hacer ninguna distinción ni haber digerido nada de ello, como haría una polilla o una cabra. Después de El ruido y la furia y sin tener en mente abrir otro libro y en una serie de repercusiones retardadas como trueno de verano, descubrí a los Flauberts y a los Dostoyevskys y a los Conrads cuyos libros había leído hacía diez años. Con El ruido y la furia aprendí a leer y a dejar de leer, puesto que no he leído nada desde entonces.

Tampoco parece que haya aprendido nada desde entonces. Durante la escritura de Santuario, la novela siguiente a El ruido y la furia, esa parte de mí que aprendía mientras escribía, que quizá sea la verdadera fuerza que conduce al escritor al parto de la invención y a la pesadez de poner setenta y cinco o cien mil palabras en papel, estuvo ausente porque yo todavía estaba  leyendo por repercusión los libros que había tragado por completo

INCIPIT 356. EL HECHIZO / ALAN HOLLINGHURST



Se preguntaba si el muchacho se habría perdido. Habían empezado el recorrido en un camino trillado medio cubierto de ruidosos pedruscos; pero el camino se había desdibujado para reaparecer luego a lo largo de casi un kilómetro más, donde seguía el borde de un cauce seco y luego moría entre los límites barridos por el viento y los polvorientos arbustos  del desierto. La camioneta atravesaba rugiendo las largas pendientes de tierra gris. El muchacho continuaba  pisando el acelerador y miraba directamente hacia delante, como si fuera incapaz de considerar las posibilidades que se abrían a derecha e izquierda. Iba casi sonriendo; Robin no  sabía si porque estaba nervioso o por el puro placer que experimenta alguien que conoce un lugar en amedrentar y desorientar a un forastero. Una botella vacía echó a rodar y tintineó  contra los soportes metálicos del asiento corrido. Robin iba sentado con el codo apoyado en la ventanilla, y se quejaba sin querer de las sacudidas y los baches: la investigación académica nunca le había parecido más caprichosa y más física. Se dio cuenta de que él también sonreía, y de que no sólo estaba conmovido sino también muy contento. Llegaron a una cresta bastante baja y ante ellos se extendieron cincuenta o sesenta kilómetros de desierto plateado, rayado por efecto de los rápidos eclipses de luz ventosa

INCIPIT 354. ¿LE GUSTA SER MALVADO? / THOMAS BERHARD



Fue en 1957, en la librería Gastl de Tubinga, que solía frecuentar también Siegfried Unseld y no sólo de estudiante, donde me saltó a los ojos el título monumental de un volumen de poemas que decía: Así en la tierra como en el infierno y, de color rojo sangre, campaba sobre una sobrecubierta de plástico lavable de un negro profundo. También figuraba en rojo sangre el nombre del poeta: Thomas Bernhard. Las poesías del joven Thomas Bernhard describían de una forma casi exageradamente exacta el estado de ánimo del chico de veinte años que era yo entonces, y aquello había que anunciarlo al mundo. Inesperadamente, en la revista  cautelosamente comunista Geist und Tat una redactora compasiva

INCIPIT 355 AMISTAD DE JUVENTUD / ALICE MUNRO

Amistad de juventud
Con mi agradecimiento para R.F. T.

Soñaba a menudo con mi madre y, aunque los detalles del sueño variaban, la sorpresa era siempre la misma. El sueño se detenía, supongo que porque era demasiado transparente en su esperanza, demasiado complaciente en su perdón. En el sueño, yo tenía mi edad real, vivía la  vida que estaba viviendo realmente, y descubría que mi madre vivía todavía. (El hecho es que ella murió cuando yo tenía veintipocos años y ella cincuenta y pocos.) A veces me encontraba en nuestra vieja cocina, donde mi madre estaba extendiendo una masa de pastel sobre la mesa, o lavando los platos en el maltrecho fregadero de color crema y borde rojo. Pero otras veces me la encontraba por la calle, en lugares donde nunca habría esperado verla. Podía ir andando por e! vestíbulo de un hotel elegante, o estaba haciendo cola en un aeropuerto. Se la  veía bastante bien, no del todo joven, no totalmente a salvo de la enfermedad paralizante que la tuvo en sus garras durante una década o más antes de morir, pero mucho mejor de como yo la recordaba, lo cual me dejaba asombrada. «Oh, solo tengo este ligero temblor en el brazo --decía-, y algo de rigidez en este lado de la cama. Es una molestia, pero puedo moverme.»


INCIPIT 353. MUERTE SUBITA / ALVARO ENRIGUE

El registro escrito más antiguo de la palabra «tenis» no se refiere a los zapatos diseñados para hacer ejercicio, sino al deporte del que deriva el término y que fue, con la esgrima -su primo hermano-, el primero que demandó un calzado particular para ser jugado.
En 1451 Edmund Lacey, obispo de Exeter, Inglaterra, definió el juego con la misma ira sorda con que mi madre se refería a mis tenis Converse de juventud, siempre al borde de la desintegración: Ad ludum pile vulgaritem tenys nucupatum. En el edicto de Lacey la palabra «tenys» -en vernáculo- está asociada a frases con el olor ácido de los expedientes judiciales: Prophanis colloquiis et iuramentis, vanis et sepissime periuriis illicitis, sepius rixas.

En la colegiata de Santa María de Exeter un grupo de novicios había estado utilizando la galería techada del claustro para jugar partidos contra los muchachos del pueblo. El tenis de entonces era mucho más violento y ruidoso que el nuestro: unos atacaban, otros defendían, no había ni red ni líneas, los puntos se ganaban con las uñas y a mordidas, clavando la bola en una  buchaca. 

INCIPIT 352. LA CALLE GREAT JONES / DON DELILLO

1

La fama requiere toda clase de excesos. Me refiero a la fama de verdad, a un neón que te devora, no a ese renombre sombrío de los estadistas en declive o de los reyes timoratos. Me refiero a los largos viajes por el espacio gris. Me refiero al peligro, al borde mismo del vacío, a  la circunstancia de un hombre que les infunde un terror erótico a los sueños de la república. Entiendan al hombre obligado a habitar esas regiones extremas, monstruoso y vulvar, humedecido por los recuerdos de la violación. Por mucho que esté medio loco, lo absorberá la locura total del público; por mucho que sea plenamente racional, un burócrata en el infierno, un genio secreto de la supervivencia, está claro que lo destruirá el desprecio que el público siente hacia los supervivientes. La fama, al menos esta modalidad especial, se alimenta del  escándalo, de lo que los asesores de hombres de menos valía considerarían publicidad negativa: histeria a bordo de limusinas, peleas a navajazos entre el público, litigios grotescos,  traiciones, pandemonio y drogas. Tal vez la única ley natural que se aplica a la fama verdadera es que el famoso se acaba viendo forzado a suicidarse.

INCIPIT 351. LA ESFERA Y LA CRUZ / CHESTERTON

1
Una discusión más o menos en el aire
El barco volante del profesor Lucifer cruzaba el cielo como una flecha de plata; su blanco acerado y frío brillaba en el cielo de la noche, helado de vacuidad. Tan lejos de la tierra nada le confería entidad; los dos hombres que iban a bordo semejaban ir mucho más allá, por encima de las estrellas. El profesor había inventado aquella máquina y todo lo que se contaba en ella. Cada herramienta, cada aparato, pertenecían en consecuencia a la mirada distorsionada con que se contempla eso que pertenece al milagro de la ciencia. Para el mundo de la ciencia y de la evoluci6n era más difícil nominar aquello, siquiera elusivamente, cual si fuese un sueño, que todo lo que corresponde al mundo de la poesía y de la religi6n, y así, desde que esas últimas imágenes e ideas permanecen eternamente, en tanto la idea totalizadora de evoluci6n las disuelve hasta confundirlas, devienen finalmente en una pesadilla.

Era como si las herramientas del profesor Lucifer fuesen las que desde la más remota Antigüedad auspician la locura, se desarrollan para tornarse cada vez más irreconocibles,  olvidan su origen y olvidan también su nombre. 

INFANCIA Y PERCEPCION

De La casa de hojas, p.167
Cuando volvemos a visitar lugares que habíamos frecuentado de niños, no es raro observar que todo parece mucho más pequeño. A menudo esta experiencia se ha atribuido erróneamente a las diferencias físicas entre los niños y los adultos. En realidad obedece mucho más a las dimensiones epistemológicas que a las corporales: el conocimiento tiene el mismo efecto que el agua caliente sobre la lana. Encoge el tiempo y el espacio.
(Es cierto que hay situaciones en que el aburrimiento, debido a la repetición, alarga el tiempo y el espacio. Abordaré de forma específica este problema en un capítulo posterior titulado "Ennui" .)

Cuando el equipo de Holloway descendió por la escalinata, no tenían ni idea de si encontrarían un final. Navidson, sin embargo. sabe que las escaleras son finitas y, por tanto, el descenso le causa menor ansiedad.

LA "REALIDAD" Y EL ARTE

De Muerte súbita de Alvaro Enrigue, p.178-179
Cuando Borromeo Segundo llegó a Roma, un poco para representar los intereses de Milán en el Vaticano y muchísimo porque definitivamente no era bienvenido por el gobierno español de su ciudad natal, Caravaggio todavía no se decantaba por pintar sólo lo que él quería y como quisiera hacerlo: estaba por dejar atrás el ruido del bucolismo manierista que todavía impregnaba sus escenas sagradas antes del triunfo absoluto de su Vocación de San Mateo. Borromeo fue su primer cliente particular: le compró un cuadro menor, La canasta de fruta, antes de que incendiara la historia del arte con los rojos de Judit cortando la cabeza de Holofernes.
La canasta de fruta fue pintado no como se ven las frutas al natural, sino como se reflejan a cierta distancia en un espejo cóncavo.
El cuadro fue considerado, en su hora, una pintura virtuosa más a la manera de los artistas flamencos que de los italianos. En lugar de representar una ventana con escorzo hacia e! exterior como tendía a hacer e! realismo óptico renacentista,  ocupaba un espacio  tridimensional interior: se veía como si fuera un cesto en una repisa. Para aumentar e! efecto, Caravaggio pintó el fondo de! Cuadro de! mismo color que la pared de! estudio de! cardenal Borromeo en e! Palazzo Giusriniani y hasta siguió las pequeñas cuarteaduras y abultamientos de humedad en el muro en que fue colgado. Si no e! cuadro completo, al menos su fondo tuvo que ser hecho in situ.
Pintar las frutas al borde de la pudrición no le debe haber tomado a Caravaggio más de dos días. La pieza mide 31 por 47 centímetros, de modo que cruzó la plaza de San Luis colgando de los dedos del artista por el poste superior de la parte interna del lienzo ya montado. Merisi llevaría los pinceles y la paleta en el otro puño, la mente enfocada en cómo reproducir el golpe de la luz en la textura de una pared de verdad.

El cuadro, que debe haber ido cargando con la desfachatez provocativa con que lo hacía todo, era un objeto revolucionario de un modo en que los que hemos vivido después no podemos imaginar, porque siempre ha estado ahí y lo hemos visto reproducido mil veces aunque no  supiéramos nada de él. No sólo el escorzo se extiende hacia el interior de la habitación en que está expuesto, nunca ningún artista italiano había pintado, hasta ese momento, una naturaleza muerta -por eso e! cuadro se llama La canasta de fruta, porque la idea de naturaleza muerta no había sido acuñada todavía.

INFANCIA

De Noticias de interior de Paul Auster, p. 17-18

El Dios que estaba en todas partes y reinaba en todas las cosas no era un poder de bondad ni amor sino de miedo. Dios era la culpa. Dios era el capitán de la policía celestial del  pensamiento, el invisible y todopoderoso que podía entrar en tu cabeza y ver todo lo que pensabas, que podía oírte hablar contigo mismo y traducir el silencio a palabras. Dios siempre estaba vigilando, no dejaba de escuchar, y por tanto tenías que hacer gala de tu mejor  comportamiento en todo momento. Si no, horrorosos castigos caerían sobre ti, tormentos indecibles, cautiverio en la mazmorra más oscura, condenado a vivir a pan yagua por el resto de rus días. Cuando fuiste lo bastante mayor para ir al colegio, descubriste que todo acto de rebelión acababa aplastado. Veías cómo rus compañeros quebrantaban las normas con ingenio y brillantez, inventando formas nuevas y cada vez más taimadas de crear el caos a espaldas de los maestros para salir continuamente impunes, mientras que a ti, siempre que sucumbías a la tentación y participabas en aquellas diabluras, acababan cogiéndote y castigándote. Sin falta. Ningún talento para las travesuras, lamentablemente, y re imaginabas a un Dios colérico   burlándose de ti con un arrebato de carcajadas desdeñosas, comprendías que tenías que ser bueno ... o atenerte a las consecuencias.

MATAR


De El último viaje del Omphalos, de Willy Uribe, p.121

Nadie tiene aquello que los bocazas del mundo dicen que hay que tener para quitar la vida a otra persona porque nadie es capaz de quitar la vida a nadie, porque aquellas vidas que se arrebatan no mueren nunca y acaban formando costra en tu interior, y desde allí te saludan cada mañana.

UN LIBRO

De Novela de ajedrez de Stephen Zweig, p. 57

¡ Un LIBRO! Hacía cuatro meses que no tenía un libro en las manos y ahora, la sola idea de un libro con palabras alineadas, renglones, páginas y hojas, la sola idea de un libro en el que leer, perseguir y capturar pensamientos nuevos, frescos, diferentes de los míos, pensamientos para distraerse y para atesorarlos en mi cerebro, esa sola idea era capaz de embriagarme y también de serenarme. Mis ojos quedaron suspendidos de aquel bulto que formaba el libro en el bolsillo, corno hipnotizados, con una mirada tan ardiente corno si quisiera perforar el tejido. Finalmente no pude controlar mi avidez; involuntariamente me fui acercando. Sólo con pensar que podía tocar un libro con las manos, aunque fuera a través de la ropa del bolsillo, ya me ardían los dedos hasta la raíz de las uñas. Casi sin darme cuenta fui acercándome cada vez más. Por fortuna, el guardián no se dio cuenta de mi comportamiento, sin duda bastante extraño; quizás le parecía natural que una persona que había tenido que estar de pie durante dos horas quisiera apoyarse un poco en la pared. Ahora había llegado ya al lado mismo del capote y eché las manos a la espalda para poder palparlo sin llamar la atención. A través de la ropa conseguí percibir, en efecto, una cosa cuadrada, una cosa flexible y que crujía levemente: ¡un libro! y una idea me atravesó el cerebro como un relámpago: ¡Róbalo! ¡Tal vez lo consigas y puedas esconderlo en la celda y después leer, leer, leer

INCIPIT 35O. EL ULTIMO VIAJE DEL OMPHALOS / WILLY URIBE

Introducción
Un barco es una isla. Un barco anclado frente a una isla es un archipiélago y un barco abandonado a su suerte, una ratonera. Yo, Jaime Torres, jefe de máquinas del buque mercante Omphalos, me repetía eso mismo de modos diferentes. Era cuestión de adaptarse. Walter García abundaba en lo de las vacaciones pagadas, también en aquello de que toda isla es un universo en sí misma. Ramón Ríos, en cambio, decía que la situación era tan grave que no  comprendía aquellas malditas bromas repetidas mil veces.

Islas Bissagos. Guinea Bissau. Agosto de 1986. Permanecíamos fondeados a dos millas del puerto. Desde la isla, el barco se mostraba corno un guión sobre el horizonte; pequeño y compacto, formando parte de un texto enrevesado y absurdo; absurdo, que no pudiéramos romper la espiral que nos retenía; absurdo, esperar llamadas que no se producían. Los  primeros días, lo único que nos importaba era saber cuándo recibiríamos el permiso para levantar el ancla. Seis meses después, sólo tratábamos de salvar nuestras vidas. 

INCIPIT 349. EL LORO DE FLAUBERT / JULIAN BARNES

Seis norteamericanos jugaban a la petanca al pie de la estatua de Flaubert. Se oían limpios chasquidos por encima del estruendo de la circulación atascada. Con una final e irónica caricia de la yema de los dedos, una mano morena lanzó una esfera plateada que aterrizó, botó pesadamente, y trazó una curva acompañada de un lento esparcimiento de polvo duro. El lanzador se congeló en una elegante estatua temporal: las rodillas no desdobladas del todo, y la mano derecha extáticamente extendida. Me llamó la atención una arremangada camisa blanca, un antebrazo desnudo y una mancha en el envés de la muñeca. No era un reloj como pensé al principio, ni un tatuaje, sino una calcomanía de colores: el rostro de un santón político muy admirado en el desierto. Permítaseme que comience con la estatua: la de arriba, la permanente, la inelegante, la que llora lágrimas cúpricas, la imagen legada de ese hombre de suelta corbata de lazo, chaleco de ángulos rectos, pantalones holgados, mostacho  desordenado, y aspecto receloso, fríamente distante. Flaubert no devuelve la mirada. Desde la Place des Carmes vuelve la vista hacia el sur, en dirección a la Catedral, a la ciudad que  despreciaba, y que a su vez le ha ignorado casi siempre. Mantiene la cabeza defensivamente alzada: sólo las palomas pueden ver en toda su dimensión la calvicie del escritor.

RECUERDOS DEL IMPERIO ANTIGUO TARDIO

De La tablillas de boj de Apronenia Avitia, de Pascal Quignard, p. 68
 «¿Conoces a Quinto Alcimio?», preguntó ella, mirándome a los ojos. Yo me turbé. «¡Se la chupé durante tres cosechas y tú me ofreces vino de Baia!», gritó. «¡Di que me traigan Massica!» Ordené que le trajeran lo que pedía. Ella soltó un rosario de nombres de gente ya muerta. La cogí del brazo y le pedí que caminásemos un poco por el parque. Accedió. Había amado a Quinto en los años en que Flavio Afranio Siagrio era prefecto de la Ciudad y compañero de Antonio. Exhalaba un fuerte hedor. Se rascó el vientre, abrió las piernas y orinó ruidosamente. Estaba un poco embriagada. Nos acercamos al estanque. Los patos se deslizaban en silencio por las manchas de luz del alba. Ella se sentó en el banco de piedra, golpeándose con vigor los anchos muslos.
-Me llamo Lalage Asdiga -dijo-. El mar devora las costas y forma bahías. Tengo la boca y el trasero de una trucha. He sido hermosa. El tiempo es un dios de agua, de acantilados que se desmoronan, de arena. Todo nos surca, todo nos derrumba en la muerte. Hace mucho tiempo que las frutas dispuestas en la cesta perdieron su frescor y fui repudiada. Amaba a Quinto y a veces, en mis sueños, aún siento deseo por él.

Su voz era dulce, y su acento tenía una asombrosa pureza. Se levantó y me cogió del brazo. Regresamos al palacio. «¡He depilado el culo de tus amantes y me das olivas!», gritó cuando llegamos a donde las criadas podían oírnos. Ordené que le preparasen una cesta de carnes elegidas con cuidado y dulces almibarados. 

INCIPIT 348. LA CASA DE HOJAS

I saw a film today, oh boy ...
The Beatles
Aunque entusiastas y detractores seguirán vaciando diccionarios enteros en sus intentos de describirla o de ridiculizarla, "autenticidad" sigue siendo la palabra con mayor potencial para suscitar debate. De hecho, esa obsesión central –validar o invalidar los rollos de película y las cintas-- hace emerger de forma invariable una preocupación colateral y más general: la cuestión de si, con la llegada de la tecnología digital, la imagen ha perdido o no su otrora irrefutable posesión de la verdad. En su mayoría, los escépticos afirman que todo el asunto es un fraude, aunque admiten a regañadientes que El expediente Navidson es un fraude de calidad excepcional. Por desgracia, muchos de los que aceptan su validez también son incondicionales de los avistamientos de OVNIs que aparecen en la prensa sensacionalista. Está claro que no es fácil mantener la credibilidad si justo después de dar fe de la veracidad de la película, el discurso lleva inmediatamente a por qué Elvis sigue vivo y probablemente pasa los inviernos en los Cayos de Florida.' Una cosa sigue resultando evidente: cualquier controversia acerca de las filmaciones que hizo Billy Meyer de platillos volantes' ha sido reemplazada por la casa de Ash Tree Lane.
Aunque muchos continúan dedicando un tiempo y una energía importantes a antinomias tales como hechos o ficción, representación o artificio, documento o broma, en los últimos tiempos el material más interesante que se ha publicado trata exclusivamente de la interpretación de los acontecimientos internos de la película. Esta dirección parece más prometedora, por mucho que la casa en sí, igual que el coloso de Melville, continúe resistiéndose a toda interpretación.

De forma más o menos similar al tema que trata, la entidad de El expediente Navidson como historia también es de difícil clasificación, ya sea por medio de categorías o de  interpretaciones. Por mucho que finalmente se catalogue como cuento gótico, mito urbano contemporáneo o simplemente historia de fantasmas, tal como lo han llamado algunos, tarde o temprano el documental volverá a rebasar los límites de cualquiera de esos géneros. El expediente Navidson tiene demasiados elementos que saltan esas fronteras. Allá donde uno espera el terror, lo sobrenatural o los paroxismos tradicionales del miedo y el temor, lo que descubrirá será una tristeza inquietante, una secuencia sobre los isótopos radiactivos o incluso las risas que provoca un episodio de Los Simpson.

SOBRE EL ARTE DE CITAR

De Fuera de aquí, de Enrique Vila-Matas
Pienso con Fernando Savater que las personas que no comprenden el encanto de las citas suelen ser las mismas que no entienden lo justo, equitativo y necesario de la originalidad. Porque donde se puede y se debe ser verdaderamente original es al citar. Por eso algunos de los escritores más auténticamente originales del siglo pasado, como Walter 8enjamm o Norman 0 , Brown, se propusieron (y el segundo llevó en Love’ss Body su proyecto a cabo) libros que no estuvieran compuestos más que de citas, es decir, que fuesen realmente originales ...

Y también creo con Savater que los maniáticos anticitas están abocados a los destinos menos deseables para un escritor,  el casticismo y la ocurrencia, es decir,  las dos peores variantes del tópico:  citar es respirar literatura para no ahogarse entre los tópicos castizos y ocurrentes que .se le vienen a uno a la pluma cuando nos empeñamos en esa vulgaridad suprema de no deberle nada a nadie. En el fondo, quien no cita no hace más que repetir pero sin saberlo ni elegirlo.

BENETIANA

De Jaime Salinas; el oficio de editor, una conversación con Juan Cruz, p.76
Hombre, yo he sido muy amigo de ciertos escritores. Dos de mis mejores amigos eran escritores: Benet y Juan García Hortelano. Que les hiciera un favor es distinto. En otras manos probablemente les habrían ido mejor las cosas. En el caso de estos dos, como tú  comprenderás, no se discutía la publicación de sus libros. Que yo los leyera o no era asunto mío y generalmente no lo hacía, muchas veces ni siquiera después. Ser amigos no significa que siempre me gustaran como escritores. Me gustaban como amigos. Lo que más me importaba era que ellos les interesaran a los lectores. Entonces se publicaba poca literatura de autores españoles. Se hacían aquellas presentaciones de los años setenta, en Bocaccio, bastante camelísticas, con las que yo más o menos quise acabar, por lo que García Hortelano y Benet llegaron a quejarse muchísimo. Decían: .Las presentaciones de tito Jaime (me llamaban así) son aburridísimas. Te sueltan un rollo tremendo y luego no te dan de beber». Pero, en fin, se trataba de hacer publicidad indirecta, aunque nos topábamos siempre con el mismo problema, y es que a los señores de Itaca y a los que había antes de ellos (hablo de una distribuidora que seguramente no tiene nada que ver con la de ahora) resultaba imposible convencerlos de que tenían que colocar los Benet o los Hortelano en las librerías.
CRUZ
¿Era divertido editar?
SALINAS

En ciertos momentos lo he pasado estupendamente. Probablemente donde más me divertí fue en Alfaguara 

INCIPIT 347. CORAZONES EN LA ATLANTIDA / STEPHEN KING

UN NIÑO Y SU MADRE. EL CUMPLEAÑ'OS DE BOBBY. EL NUEVO INQUILINO. DEL TIEMPO Y LOS DESCONOCIDOS.

El padre de Bobby Gadield era uno de esos hombres que empiezan a perder el pelo poco después de los veinte y están totalmente calvos hacia los cuarenta y cinco. Randall Gadield se libró de ese destino muriendo de un infarto a los treinta y seis. Era agente inmobiliario y, cuando exhaló el último suspiro, yacía en el suelo de la cocina de una casa ajena. En el instante en que el padre de Bobby expiró, el potencial comprador de la vivienda se hallaba en la sala de estar, intentando avisar a una ambulancia a través de un teléfono desconectado. Por entonces Bobby contaba tres años de edad. Guardaba vagos recuerdos de un hombre haciéndole cosquillas y besándole las mejillas y la frente. Tenía la casi absoluta certeza de que ese hombre era su padre. AÑORADO CON TRISTEZA, rezaba en la lápida de Randall Garfield; pero la verdad era que su madre no parecía muy triste, y en cuanto a Bobby ... en fin, ¿quién podía añorar a alguien al que apenas recordaba? Ocho años después de la muerte de su padre, Bobby se  enamoró con locura de una Schwinn de veintiséis pulgadas que vio en el escaparate de la ferretería Western Auto. Lanzó a su madre toda clase de indirectas sobre la Schwinn y,   finalmente, una noche, se la señaló cuando volvían del cine (habían visto Tbe Dark at tbe Tap af tbe Stints, que Bobby no entendió pero disfrutó igualmente, sobre todo la escena en que Dorothy McGuire se dejaba caer en un sillón y enseñaba SUS largas piernas). Al pasar frente a la ferretería, Bobby, como quien no quiere la cosa, mencionó que la bicicleta sería un  estupendo regalo para algún niño afortunado en su undécimo aniversario.

SOBRE LA NATURALEZA HUMANA

De La infancia de Jesús de JM Coetzee, p. 56-57
-¿Qué es la naturaleza humana?

-Es la forma en que estamos hechas las personas, tú, yo, Álvaro, el señor Daga y todo el mundo. Es cómo somos cuando nacemos. Es lo que todos tenemos en común. A todos nos gusta creer que somos especiales. Pero, hablando estrictamente, eso es imposible. Si todos fuésemos especiales, no habría nadie especial. Y aun así continuamos creyendo en nosotros   mismos. Bajamos a la bodega de! barco, entre el polvo y el calor, nos echamos sacos a la espalda y los sacamos a la luz, vemos a nuestros amigos esforzarse como nosotros, hacer exactamente el mismo trabajo, no tiene nada de especial, y nos sentimos orgullosos de ellos y de nosotros, compañeros trabajando por un objetivo común; sin embargo, en un pequeño rincón de nuestro corazón, que no dejamos ver a nadie, cada cual susurra para sus adentros: .Aun así, aun así eres especial, ¡ya lo verás! Un día, cuando menos te lo esperes, sonará e! silbato de Álvaro y nos pedirán que nos reunamos en el muelle, donde  estará esperando una multitud y un hombre con un traje negro y sombrero de copa; y el hombre del traje negro  pedirá que te adelantes y dirá "Contemplad a este obrero singular, con e! que estamos tan satisfechos", y te estrechará la mano y te prenderá una medalla en la pechera: "Por Servicios Más Allá del Deber", dirá la medalla ... y todos te aplaudirán y vitorearán”. Tener sueños así es parte de la naturaleza humana, aunque lo más inteligente es acallarlos. Como todos nosotros, el señor Daga se creía especial; pero no se lo calló. Quería destacar. Quería nuestro reconocimiento. -Se interrumpe. En el rostro del niño no hay el menor indicio de que haya entendido una sola palabra. ¿Tiene uno de sus días tontos o solo está siendo obcecado?-. El señor Daga quería que lo alabaran y le diesen una medalla -continúa-o Cuando no le dimos la medalla con la que soñaba, cogió e! dinero. Se llevó el dinero que creía merecer. Y ya está.

IDEAS DE PAUL

De  Informe de interior, de Paul Auster, p.203 
El escepticismo conduce a la exaltación de métodos estrictamente objetivos para describir el universo, tales como la geometría y la lógica: piensa en Descartes, Spinoza, Leibniz, Kant. Una glorificación de la ciencia: lo que implica dualidades tales como sujeto/objeto,  forma/contenido, etc., que en sí carecen de existencia. Eso lleva a la disociación entre pensamiento y acto ... y por tanto en el mundo económico ... a la idea del obrero considerado como una máquina. El contrato de trabajo se ve reducido a un contrato de capital, en vez de a un contrato entre hombres, lo que efectivamente es. Eso ha ocurrido porque a la gente se la enseñaba (se la enseña) a pensar en términos de ideas abstractas. De manera que, por ejemplo, hoy, pueden Ilevarse a cabo estudios sociológicos perfectamente científicos para determinar la eficiencia de los obreros durante determinadas horas del día, etc. Eso es deshumanización, porque ahora no se tiene a un hombre para tantas horas, sino tantas horas de hombre: como si fuera una máquina. El mundo capitalista es un mundo de objetos, y no de personas.

INCIPIT 346. EL CHINO / HENNING MANKEL

 Skare, frío intenso. Mediados de invierno.
Uno de los prirneros días de enero de 2006, un lobo solitario cruza la frontera sin señalizar y llega a Suecia desde Noruega a través de Vauldalen. El conductor de un ciclomotor cree  haberlo avistado a las afueras de Fjallnas, pero e! lobo se esfuma por entre los bosques en dirección este sin que nadie logre ver hacia dónde se dirige. En medio de los valles noruegos de Osterdalarna, e! animal encontró restos de un cadáver de alce congelado donde aún quedaban huesos por apurar. Sin embargo, de eso hacía más de dos días. Ahora empieza a acusar e! hambre de nuevo y busca alimento.
Es un macho joven en busca de un territorio propio. Y continúa avanzando incansable hacia el este. Cerca de Navjarna, al norte de Linsell, el lobo encuentra otro cadáver de alce. Durante un día entero permanece  junto a él hasta saciar su hambre antes de proseguir. Siempre hacia e! este. En las inmediaciones de Karbole atraviesa a la carrera la helada superficie del Ljusnan y sigue el río en su accidentado discurrir hacia el mar. Una noche de luna clara, se mueve sobre sus mudas patas por el puente de Jarvso para adentrarse después en los espesos bosques que se extienden hacia el mar.

La mañana del 13 de enero, muy temprano, el lobo llega a Hesjovallen, un pequeño pueblo al sur de Hansesjon, en la región de Halsingland. Se detiene y olfatea. Percibe un olor a sangre de origen indeterminado. El lobo otea a su alrededor. En las casas vive gente, pero de las chimeneas no sale humo. Ni su aguzado oído siente sonido alguno. Sin embargo, ahí se percibe el olor a sangre, el lobo está seguro de ello. Aguarda en e! lindero de! bosque, intenta olfatear de dónde procede. Después comienza a correr despacio por la nieve. El olor llega  arrastrándose desde una de las casas que se alza en los confines del pueblecito. Está alerta, en las proximidades del hombre hay que ser tan cauto como paciente. Se detiene de nuevo. El olor procede de la parte posterior de la casa. El lobo aguarda. Finalmente se pone en movimiento

DESEO DE SER PIEL ROJA

De Informe de interior de Paul Auster, p. 63

El indio salvaje representaba todo lo que era sensual, liberador y sin trabas, era el id dando rienda suelta a sus libidinosos deseos en contraposición al superego de los vaqueros, los héroes de sombrero blanco, del opresivo mundo de incómodos zapatos, relojes despenadores y aulas sin ventilar, con demasiada calefacción. Tú no conocías a ningún indio, desde luego, no habías visto ninguno salvo en películas y fotografías, pero Kafka tampoco había puesto los ojos en ningún indio, lo que no le impidió escribir un relato de un solo párrafo titulado «El deseo de ser piel roja»: «Si se pudiera ser un indio, siempre alerta, y montado en un caballo veloz, encorvado contra el viento ... ", una sola frase, sin puntos, que capta plenamente el deseo de  desprenderse de las limitaciones, de dejarse ir, de escapar de las embrutecedoras  convenciones de la cultura occidental. Cuando estabas en tercero o cuarto de primaria, esto es lo que habías asimilado: los blancos que llegaron aquí en el decenio de 1620 eran tan poco numerosos que no tuvieron más remedio que hacer las paces con las tribus circundantes, pero una vez que aumentó su número, cuando la invasión de inmigrantes ingleses empezó a crecer,   y luego siguió creciendo, la situación se invirtió. y poco a poco se fue expulsando, despojando, masacrando a los indios.

INCIPIT 345. INFORME DE INTERIOR / PAUL AUSTER

Al principio todo estaba vivo. Los objetos más pequeños estaban dotados de corazones palpitantes, y hasta las nubes tenían nombre. Las tijeras caminaban, teléfonos y cafeteras eran primos hermanos; ojos y gafas, hermanos. El reloj tenía cara humana, cada guisante de tu plato poseía una personalidad diferente, y en la paree delantera del coche de tus padres la rejilla era una boca sonriente con numerosas piezas dentales. Los lápices eran dirigibles; las monedas, platillos volantes. Las ramas de los árboles eran brazos. Las piedras podían pensar, y Dios estaba en todas partes.

No era difícil creer que el hombre de la luna era un hombre de verdad. Veías cómo te miraba por la noche desde el cielo, y no cabía duda de que era la cara de un hombre. Poco importaba que aquel ser no tuviera cuerpo: en lo que a ti se refería seguía siendo un hombre a pesar de todo, y la posibilidad de que existiera una contradicción en todo aquello no se te pasó una sola vez por la cabeza. Al mismo tiempo, era perfectamente verosímil que una vaca fuese capaz de saltar sobre la luna. Y que un plato saliera corriendo con una cuchara.

IDEA

Pero Auster, Coetzee y McCarthy han perdido le ton

INCIPIT 344. OPERACION DULCE / IAN McEWAN

1

Me llamo Serena Frome (rima con plume) y hace casi cuarenta años me encomendaron una misión secreta del Servicio de Seguridad británico. No salí indemne. Me despidieron dieciocho meses después de mi ingreso, tras haberme deshonrado yo y haber arruinado a mi amante, aunque sin duda él colaboró en su perdición. No me alargaré mucho hablando de mi infancia y adolescencia. Soy hija de un obispo anglicano y crecí con mi hermana en el recinto catedralicio de una encantadora ciudad provinciana del este de Inglaterra. Mi hogar era agradable, pulcro, ordenado, lleno de libros. Mis padres se llevaban bastante bien y me querían, y yo les quería. Mi hermana Lucy y yo nos llevábamos un año, pero nuestras estridentes peleas adolescentes no dejaron una huella duradera y nuestra relación de adultas se volvió más estrecha. La fe de nuestro padre en Dios era muda y razonable, no se inmiscuyó mucho en nuestra vida y a él le bastó para escalar sin percances la jerarquía 

EXPAÑA

Resumen de Una vida absolutamente maravillosa, de Vila-Matas

Un país que dilapidó el tiempo del esplendor amasando infortunios. Un país de tertulias. Un país fuera del tiempo. Con verdaderas masas de fumadores llenando las terrazas de invierno, esperando a los chinos. No supimos ser prósperos y ahora cualquiera endereza el entuerto. Un país de vociferantes en podios de cáscaras de gambas. Lo único bueno es que ya podemos  irnos de puente eterno. Ha terminado ocurriéndonos lo que Michon dice que le pasó a  Rimbaud: murió de la misma mano de aquellos cuyo trabajo lo enriquecían; se habia enriquecido con una muerte suntuosa, sangrienta romo la de un rey al que inmolan sus súbditos; sólo fue rico en oro, y de eso murió. 

LA HERENCIA RECIBIDA POR BORGES

De El señor Borges, p.88-89
Las amenazas
Un día la señora Leonor y el señor Borges llegaron a la casa muy exaltados. Ella lo había ido a buscar a la Biblioteca Nacional-por ese entonces su hijo era director- que quedaba en la calle  México. Sucedió que al salir y cuando apenas habían caminado pocos metros una  manifestación que pasaba por el lugar empezó a increpar al señor Borges y a hostilizarlo. Doña Leonor trató de disuadir a los manifestantes, que cada vez se enardecían más y amenazaban con pasar de las palabras a los hechos. El señor Borges, lejos de sentir temor ante semejante situación, comenzó a defenderse con el bastón, moviéndolo de un lado a otro, lo que hizo retroceder a los manifestantes. Luego la señora logró disuadirlos, explicándoles que se trataba de un hombre viejo y ciego. El señor Borges era un hombre valiente y su madre también.

En otra ocasión la llamaron por teléfono en forma reiterada para amenazarlos de muerte. Doña Leonor no sentía temor por ello y mantenía fuertes disputas con quienes llamaban. Muy suelta de cuerpo escuché decirles a estos interlocutores: "Si me quieren matar apúrense, soy una mujer vieja y me puedo morir en cualquier momento. En cuanto a mi hijo es un hombre ciego que sale todos los días a la misma hora para ir a la Biblioteca Nacional en México y Perú”

INCIPIT 343 FUERA DE AQUI / ENRIQUE VILA-MATAS

1
Infancia sin verde paraíso
Creo que, aunque tu obra está escrita bajo el signo de la infancia, hablas muy poco de ella. ¿Es así?
No encuentro nada en la infancia, fue feliz. Y eso fue todo. No tengo mucho que ver con ese tipo de escritores que organizan todo su mundo de creación en torno a esos primeros afias de su vida, en torno a ese periodo de pantalón cono, periodo de exagerado prestigio, esos días en los que el tópico más redomado dice que son vitales para nuestra creatividad futura, cosa que yo no creo. En realidad, hasta los diecinueve años no empezaron a pasarme cosas. Mientras estuve bajo la protección familiar -una protección paterna, por cieno, muy poderosa-, no me ocurrió nada, y sólo cuando comencé a estar expuesto a una cierra intemperie me empezaron a suceder historias, sucesos, hechos más o menos raros. Vi mundo. O eso al menos fue lo que me pareció: que empezaba a ver mundo.
Y de la juventud, hablas aún menos, ¿o me equivoco?

Bueno, creo que he hablado mucho de mi juventud y, además, con notable ironía en París no se acaba nunca, por ejemplo. Pero también es verdad que no quise nunca permitirle a la infancia y a la juventud que capturaran en exceso mi mundo mental. Lo hice para así estar en condiciones de alcanzar mi edad adulta de escritor con mayor rapidez

LA MUERTE DE KAFKA

De Kakfa, de Pietro Citati, p. 352-353

Muchos años antes había dicho que «se sentiría contento de morir» si no fuera a tener muchos dolores. Pero los dolores fueron terribles, y quizá quería seguir viviendo. La mañana del 3 de junio pidió morfina, y le dijo a Robert Klopstock: «Lleva usted prometiéndomela hará ahora cuatro años. Me tortura usted, siempre me ha torturado. No quiero hablar más. Es así como moriré». Le pusieron dos inyecciones. Tras la segunda, dijo: «No se burle de mí. Deme un antídoto. Máteme, o es usted un asesino». Cuando le dieron morfina, fue feliz. «Está bien,  pero otra vez, otra, pues no hace efecto». Se adormeció lentamente, se despertó en un estado de confusión. Klopstock le sostenía la cabeza, él le tomó por su hermana Elli: «Apártate, Elli, no estés tan cerca, tan cerca no ... ». Luego, con un gesto brusco e inhabitual, ordenó a la enfermera salir: se arrancó violentamente la sonda, y la arrojó en medio de la estancia: «Basta ya de esta tortura. ¿Para qué prolongarla?». Cuando Klopstock se alejó de la cama para limpiar   la jeringuilla, Kafka le dijo: «No se vaya». «No me voy», respondió Klopstock. Con voz  rofunda, Kafka prosiguió: «Soy yo quien se va».

SOBRE LA TRADICION Y EL PLAGIO

Es una revelación cotejar el don Quijote de Menard con el de Cervantes. Este, por ejemplo, escribió (Don Quijote, primera parte, noveno capítulo) :
.. .la verdad, cuya madre es la historia, émula del tiempo, depósito de las acciones, testigo de lo pasado, ejemplo y aviso de lo presente, advertencia de lo por venir .
Redactada en el siglo diecisiete, redactada por el «ingenio lego» Cervantes, esa enumeración es un mero elogio retórico de la historia. Menard, en cambio, escribe:
.. .la verdad, cuya madre es la historia, émula del tiempo, depósito de las acciones, testigo de lo pasado, ejemplo y aviso de lo presente, advertencia de lo por venir.
La historia, madre de la verdad; la idea es asombrosa. Menard, contemporáneo de William  James, no define la historia como una indagación de la realidad, sino como su origen. La verdad histórica, para él, no es lo que sucedió; es lo que juzgamos que sucedió. Las  cláusulas finales –ejemplo  y aviso de lo presente, advertencia de lo por venir- son descaradamente  pragmáticas. También es vívido el contraste de los estilos. El estilo arcaizante de Menard -extranjero al fin- adolece de alguna afectación. No así el del precursor, que maneja con desenfado el español corriente de su época.

No hay ejercicio intelectual que no sea finalmente inútil. Una doctrina filosófica es al principio una descripción verosímil del universo; giran los años y es un mero capítulo --cuando no un párrafo o un nombre- de la historia de la filosofía. En la literatura, esa caducidad final es aún más notoria. El Quijote -me dijo Menard- fue ante todo un libro agradable; ahora es una   ocasión de brindis patrióticos, de soberbia gramatical, de obscenas ediciones de lujo. La gloria es una incomprensión y quizá la peor.

BARTEBLYS

De El héroe discreto de Mario Vargas Llosa, p.275

¿Siempre habría sido así? ¿También de niña? No se atrevió a preguntárselo. Pero había comprobado que, con el paso de los años, ese prurito, manía o fatalidad, se acentuaba, al extremo de que Rigoberto, algunas veces, pensaba estremeciéndose que tal vez llegaría el día en que Lucrecia, con la misma benignidad del personaje de Melville, contrajera la letargia o indolencia metafísica de Bartleby y decidiera no moverse más de su casa, a lo mejor de su cuarto y hasta de su cama. «Miedo a dejar el ser, a perder su ser, a quedarse sin su ser>, volvió a decirse. Era el diagnóstico a que había llegado sobre las demoras de su esposa. Pasaban los segundos y Lucrecia no asomaba. La había llamado ya tres veces en voz alta, recordándole que se hacía tarde. Sin duda, con la angustia y los nervios alterados desde que recibió la llamada de Armida anunciándole la súbita muerte de Ismael, aquel pánico a quedarse sin ser, a dejarlo olvidado como un paraguas o un impermeable si se iba, se había agravado. Se seguiría  demorando y llegarían tarde al funeral

BELLEZA Y VERDAD. ETICA Y ESTETICA

De La caída de Madrid, de Rafael Chirbes, p.92

Discutían largamente en el seminario acerca de las etapas del lento proceso de liberación de las formas artísticas; del significado que poseían los esclavos de Miguel Ángel, que, al romper las cadenas de la materia informe para existir como obra, iniciaban el proceso de libertad formal e ideológica del arte contemporáneo. En los esclavos de la Galleria della Accademia de Florencia, vela el profesor Bartos el primer anuncio de los ready-made de Duchamp, el origen del arte moderno, con su capacidad para hacer trizas la realidad (es decir, la representación del proyecto de realidad dejada como herencia por las clases dominantes), para convertirla en un rompecabezas con cuyas piezas podía construirse Otro dibujo, una realidad distinta, que sirviera a otros patrones estéticos y a otro patrón económico, el proletariado. La  deconstrucción cubista, la fragmentación del  mundo en Joyce, el distanciamiento de Brecht, el circulo negro que Malévich pintó para acabar de una vez con el arte, Marinetti pidiendo que se vendieran las caducas piezas de los grandes museos y que, con el importe de la venta, se comprase arte cubista, los surrealistas clamando ante el féretro laureado de Anatole France: «Il faut tuer le cadavre!. De eso se hablaba en el seminario de Juan Bartos. Quini tenía amigos en la Escuela de Arquitectura que le pasaban los panfletos de la Internacional Situacionista y, por eso, conocia y compartía las palabras de Debord como una declaración de principios: .La revolución comienza como un deseo de verdad, que es un deseo de justicia, que es un deseo de armonía, que es un deseo de belleza.» 

VIVA EL MAL VIVA EL CAPITAL

De Vendrán más años malos y nos harán más ciegos, de Sánchez Ferlosio
"No hay nada que pueda impresionarme tan desfavorablemente como el que alguien trate de impresionarme favorablemente. Los simpáticos me caen siempre antipáticos; los antipáticos me resultan, ciertamente, incómodos en tanto dura la conversación, pero cuando ésta se acaba se han ganado mi aprecio y simpatía. Ese viajero que dice "Buenas noches", al entrar en el compartimento del vagón; que apenas alza los ojos, sin interés alguno, a la comparecencia de viajeros nuevos, que no vuelve a despegar los labios hasta llegar a su estación, para decir: "Que tengan ustedes buen viaje", suscita en mí la convicción -probablemente tan arbitraria como injusta- de que en un choque o descarrilamiento se portaría del modo más heróico y más socorredor, mientras que el dicharachero, que no ha parado en todo el viaje de hablar y de reír, de entablar relación con todo cristo, y no digamos si -¡horror!- hasta contando chistes por añadidura, me impone, en cambio, la más absoluta certidumbre de que no podría dar, en igual trance, sino el más bochornoso espectáculo de histeria y cobardía. La simpatía es un arcaísmo de quienes creen, quieren creer o necesitan fingir que hay todavía un medio, un ámbito de vida pública, en el que los hombres pueden allegarse en algún grado, de manera directa y espontánea, los unos a los otros. La antipatía es resistencia y repugnancia a simular y escenificar -abyectamente- un mundo que no existe."  /

DIVORCIO

De La habitación oscura, de Isaac Rosa, p.83-84
una demolición con lluvia de cascotes y fragmentos cortantes, una ruptura con gritos   nocturnos y objetos de decoración estrellados contra las puertas blancas, un violento enfrentamiento judicial por el reparto de los bienes comunes incluido el hijo, con abogados, demandas, medidas provisionales, régimen de visitas, sentencia, segunda instancia, gritos en la sala frente a la juez, gritos a la puerta del juzgado, gritos por teléfono, gritos en la calle, gritos desde el descansillo de la escalera aporreando la puerta hasta la llegada de la policía, orden de alejamiento, punto de encuentro familiar y un horario de visitas en miércoles de cuatro a siete sin salir del punto de encuentro, y fines de semana alternos en que podía lIevárselo pero sin pernocta hasta que el niño cumpliese los tres años. Cuando los gritos cesaron y las minutas de  los abogados fueron pagadas y las sentencias releídas y la pensión domiciliada y la mudanza terminada, Andrés miró las magulladuras que le había dejado el salto del tren en marcha: se encontró solo en un apartamento con muebles ajenos y puertas marrones de pomos  latonados, en cuyo salón dormía en un sofá porque la única habitación la preparó para su hijo, con una cama, adornos y juguetes que se mantenían intactos durante semanas enteras hasta la tarde en que lo recogía en el punto de encuentro familiar y lo llevaba al apartamento pero el niño no quería entrar a un dormitorio que no era suyo y lo miraba desde la puerta, o   incursionaba veloz para coger un juguete y volver a salir. Andrés le acababa encendiendo el televisor y se sentaba a su lado para ver dibujos animados hasta que llegase la hora de volver al punto de encuentro familiar, donde lo dejaba con una psicóloga que lo evaluaba y él regresaba al apartamento. Y como antes su hijo, ahora también él miraba desde la puerta el dormitorio, la cama con colcha de su película favorita, los pocos jugetes en una estantería, la cómoda con los cajones vacíos.

UN INFIERNO RARO

Del libro Arcana caelestia, de Emanuel Swedenborg.
UN TEÓLOGO EN LA MUERTE
Los ángeles me comunicaron que cuando falleció Melanchton, le fue suministrada en el otro mundo una casa i1usoriamente igual a la que había tenido en la tierra. (A casi todos los recién venidos a la eternidad les sucede lo mismo y por eso creen que no han muerto.) Los objetos   domésticos eran iguales: la mesa, el escritorio con sus cajones, la biblioteca. En cuanto Melanchton se despertó en ese domicilio, reanudó sus tareas literarias como si no fuera un cadáver y escribió durante unos días sobre la justificación por la fe. Como era su costumbre, no  dijo una palabra sobre la caridad. Los ángeles notaron esa omisión y mandaron personas a interrogarlo. Melanchton les dijo: “He demostrado irrefutablemente que el alma puede prescindir de la caridad y que para ingresar en el cielo basta la fe”. Esas cosas les decía con soberbia y no sabía que ya estaba muerto y que su lugar no era el cielo. Cuando los ángeles oyeron ese discurso lo abandonaron. A las pocas semanas, los muebles empezaron a afantasmarse hasta ser invisibles, salvo el sillón, la mesa, las hojas de papel y el tintero. Además, las paredes del aposento se mancharon de cal y el piso de un barniz amarillo. Su misma ropa ya era mucho más ordinaria. [...]

Recibía muchas visitas de gente recién muerta, pero sentía vergüenza de mostrarse en un alojamiento tan sórdido. Para hacerles creer que estaba en el cielo, se arregló con un brujo de los de la pieza del fondo, y éste los engañaba con simulacros de esplendor y serenidad. Apenas las visitas se retiraban, reaparecían la pobreza y la cal, y a veces un poco antes. Las últimas noticias de Melanchton dicen que el mago y uno de los hombres sin cara lo llevaron hacia los médanos y que ahora es como un sirviente de los demonios.

EL MATRIMONIO Y KAFKA

De Kafka, de Pietro Citati

A veces, los pensamientos angustiosos tomaban otro derrotero. Pensaba en Felice: en lo que perdería casándose con él: “Yo perdería mi soledad, que en su mayor parte es horrible, y te ganaría a ti, a quien amo más que a ningún otro ser. En cambio, tú perderías tu vida tal como la has llevado hasta el momento, vida con la que te sientes satisfecha casi por completo. Perderías Berlín, la oficina-que te agrada-, las amigas. los pequeños placeres. la perspectiva de casarte con un hombre sano. alegre y bueno y de tener hijos guapos y sanos, por los que, si lo piensas bien, estás sencillamente suspirando. En lugar de esta nada despreciable pérdida ganarías un hombre enfermo, débil, insociable, taciturno, triste, rígido. casi desprovisto de  toda esperanza. cuya tal vez única virtud consiste en que te quiere”

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