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Te quiero más que a la salvación de mi alma

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Catalina en Abismos de pasión de Luis Buñuel
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REALISMO

De El mal de Montando de Vila-Matas, p.64-65
Esa noche, en mi cuarto de hotel, fui pensando en todas estas cosas y dándole mentalmente, cada cuarto de hora, las gracias a Tongoy por haberme apartado, aunque fuera tan sólo ligeramente, de mi literatosis -asl calificaba Onetti a la obsesión por el mundo de los libros- y por haberme recordado lo incierto que era el futuro de la literatura. Esa noche, frente al espejo que reflejaba mi triste figura, acabé concentrando mis pensamientos en la provincia más mundana y necia del mal de Montano de la literatura, y me dije que no era una zona geográfica con pocos años de existencia, pues en realidad Milton, por ejemplo, ya hablaba de ella cuando decía haber visitado una nebulosa zona gris, una provincia en la que sus habitantes se dedicaban, por costumbre, a machacar la elegancia de espíritu y las más nobles corrientes de la tradición literaria. Y Schopenhauer también parecía haber visitado esa provincia mundana y necia cuando decía que ocurre en la literatura como en la vida: de cualquier lado que uno se vuelva, choca enseguida con el incorregible vulgo de la humanidad, que está en todas partes por legiones, llenándolo todo, y manchándolo todo, como las moscas en verano, y de ahí la cantidad de malos libros, eso que él llamaba la cizaña parasitaria.

Esa cizaña habita de forma masiva en la provincia más mundana y necia del mapa del mal de Montano de la literatura, un complicadísimo mapa en el que encontramos gran variedad de provincias, de madrigueras, de naciones, de recodos, de bosques, de islas, de esquinas sombrías, de ciudades. La verdad es que, desde esa noche en el hotel de Valparaíso, viajo con frecuencia por ese mapa; viajo muy a menudo por ese mapa que voy lentamente dibujando y donde, por cierto, casi en sus afueras se halla -aún ni lo he dibujado- un suburbio al que llaman España, donde se jalea una especie de realismo castizo del siglo XIX y donde para una gran parte de los críticos y los lectores lo normal es el desprecio por el pensamiento. Una perla de suburbio. Por si fuera poco, se trata de un suburbio conectado a través de un túnel submarino -que ya no puede ni salir en el mapa- con una especie de territorio que recuerda a aquella isla del Realismo que descubriera  Chesterton, una isla en la que sus habitantes aplauden apasionadamente todo lo que les parece arte verdadero y gritan: “¡Eso es realismo! ¡Así es como son las cosas verdaderamente!” Los españoles son de esa clase de gente que se cree que por repetir una y otra vez la misma cosa al final acaba siendo verdad.

DIARIOS DE OTRO

De El mal de Montano de E. Vila-Matas, p. 223
EL DlARIO DE MONSIEUR TONGOY
Si el monsieur llevara un diario, éste sería para mí de máximo interés, porque sin duda ahí apareceríamos muchas veces Rosa y yo. Si él llevara un diario, no vacilaría ni un instante en robárselo por unas horas, sin que se diera cuenta, y leer los pensamientos que él habría depositado ahí en esas páginas, a buen seguro fascinantes, porque tengo muy claro que Monsieur Tongoy es un agudo observador y un pensador notable. Es también, quizá no lo han imaginado, el hombre más feo del mundo. Lo que oyen. Ahora bien, serlo no es para él un problema, nunca lo ha sido, él piensa que su inteligencia le embellece. Aunque no quiero engañarles a ustedes: es horrible, es el hombre más monstruoso, más feo del mundo.
Al monsieur le gustaría pensar como Valéry y continuar la obra de Musil, por eso a veces se le ve andando perdido por las calles, buscando a Musil. No can perdido anda cuando enfila los pasillos del Gran Hotel de Kakania, donde ahora no creo que enfile nada, más bien está durmiendo la borrachera de ayer, aunque quién sabe, tal vez está ya recuperado y se dirige hacia aquí o bien está iniciando un diario personal. Si ha empezado a escribirlo, no tardaré en robárselo. Aunque, si lo pienso bien, es absurdo. Para qué robarle el diario si puedo  imaginar lo que escribe ahí: “Rosa le gusta Rosario, porque el pobre hombre se parece a un Drácula menor. Lo lógico sería que le atrajera yo, que soy el más clásico de los Dráculas, por mucho que no me guste que me relacionen con vampiro alguno.” En fin, señoras y señores, distinguido público húngaro, creo que todo el mundo debería llevar el diario de otro. Es un ejercicio enormemente sano.

LA LITERATURA COMO BLUF

De Dublinesca, de Vila-Matas, p. 248-249Riba decide pasarle la carta de Flaubert a Julia Piera, que toma la palabra para leer, con algunas variantes de su cosecha propia, esta especie de ensayo de canto fúnebre: «Todo esto me da náuseas. En nuestros días, la literatura se parece a una gran empresa de urinarios. ¡A esto es a lo que huele la gente, más que a nada! Siempre estoy tentado de exclamar, como San Poli— carpo: “Ah, Dios mío! ¡En qué siglo me habéis hecho nacer!’ y de huir, tapándome los oídos, como hacía ese hombre santo cuando se encontraba ante una proposición indecorosa. En fin. Llegará un tiempo en que todo el mundo se habrá convertido en un hombre de negocios y un imbécil (para entonces, gracias a Dios, ya habré muerto). Peor lo pasarán nuestros sobrinos. Las generaciones futuras serán de una tremenda estupidez y grosería.»

EDUARDO MENDOZA, BENET Y BAROJA

NI MAS NI MENOS QUE EDUARDO MENDOZA HABLADO DE NI MAS NI MENOS QUE DE JUAN BENET HABLANDO DE NI MAS NI MENOS QUE DON PIO
A esta tertulia acudían también jóvenes escritores, que veneraban a Baroja como a un ilustre patriarca superviviente de épocas mejores, pero que veían con recelo su metodología, en apariencia tosca, y su sorprendente producción, que por entonces rebasaba ya el centenar de obras. Entre estos jóvenes escritores se encontraba Juan Benet Gotilla, que frecuentó la casa del maestro a partir de 1946 y que dejó escrito, en una bella semblanza, más barojiana de lo que su autor estaría dispuesto a reconocer, este severo juicio: “ A lo largo de una vida de más de ochenta años y de una carrera literaria de casi sesenta, apenas alteró un ápice las premisas de donde había partido… entre su juventud y su madures, vio pasar el modernismo, el simbolismo, el dadaísmo, el surrealismo, sin que su pluma conociera el más mínimo estremecimiento; vio pasar a Proust, a Gide, a Joyce, a Conrad, a Mann, a Kafka, por no decir a Breton, a Céline, a Foster, a todos los americanos de entreguerras, la generación perdida, la literatura de la revolución, sin levantar la cabeza a su paso, obediente al gesto del retrato que de él hiciera Vázquez Díaz, escribiendo junto a una ventana”. Acierta Benet en el diagnóstico, pero se equivoca en la causa. Baroja no fue indiferente a este desfile de grandes nombres, de cambios y de ismos; simplemente, no los vio pasar. Debajo de aquella apariencia decrépita y melancólica subsistía aquel muchacho que distraía las horas tristes y lluviosas de su infancia con las increíbles aventuras de Arthur Gordon Pym. Durante toda su vida, su imaginación calenturienta hizo desfilar frente a aquella ventana, junto a la que lo pintó escribiendo Vázquez Díaz, una incesante y atropellada turbamulta compuesta de curas taimados y sanguinarios armados de trabucos, negreros filosóficos, inventores chiflados, frenólogos iluminados, conspiradores sentimentales, aristas de circo jubilados, revolucionarios abúlicos, buscadores de tesoros, mendigos, prostitutas y delincuentes, individuos marginales, parlanchines, atrabiliarios, cuyas fisonomías, gestos y voces Baroja iba consignando sin cesar en sus libros; y así, ajeno a todo, embelesado en la contemplación de este asombrosos desfile, dedicado a ser el escribiente que siempre quiso ser, no advirtió el paso de Proust, ni de Faulkner, ni de nadie que no fuera el escuadrón de Brigante y sus guerrilleros.

UNA ANÉCDOTA CURIOSA Y SIMPATICA SOBRE JL BORGES, CONTADA ADEMAS POR EDUARDO MENDOZA

UNA ANÉCDOTA CURIOSA Y SIMPATICA SOBRE JL BORGES, CONTADA ADEMAS POR EDUARDO MENDOZA
Coincidí con JLB en Ginebra en lo que había de ser el último período de su vida. Fue una coincidencia espacial: nunca llegué a dirigirle la palabra. La experiencia personal más próxima de que dispongo es ésta: una tarde de finales de invierno, pocos meses antes de su muerte, estaba Borges sentado en un recoleto bistrot de la cuidad vieja, excepcionalmente solo. Un amigo mío, de nacionalidad argentina, se le acercó solícito. “Usted es JLB”, le dijo; a lo que éste respondió en impecable francés: “Sí, tráigame un zumo de naranja, por favor”.

BAROJA

Baroja y la penumbra
Ramón J. Sender cuanta que una tarde se acercó a ver a Baroja y que en su estudio, charlando, se les fue haciendo de noche. Y hubo un momento en que acabaron hablando completamente a oscuras porque don Pío no encendía la luz. Cuando Sender le preguntó si era por algo, Baroja se limitó a encogerse de hombros y a conectar el interruptor.
Sus últimos años los pasó en su piso de la calle Ruiz de Alarcón, en una casa con ascensor. El mismo abría la puerta vestido con un abrigo que le daba un aspecto desaliñado, y una manta descolorida que se colocaba después sobre las piernas para protegerse del frío.
Como no le gustaba estrenar ropa, usaba la que retiraban sus sobrinos. Una vez, Julio Caro le regaló un abrigo suyo, casi nuevo. A don Pío le quedaba tan largo que, sin encomendarse, cogió unas tijeras y le metió un trasquilón al dobladillo, sin darse cuenta de que al tiempo cortaba los bolsillos y el forro. Durante días, de aquel gabán amputado y sin muñón, caían caramelos, papeles, pañuelos y castañas hasta que consiguió acordarse de que había dejado los bolsillos fuera de uso.
Y ahí anduvo, como un viejo solterón jubilado, con zapatillas de felpa a cuadros, y un par de zapatos que ataba con una cuerda en lugar de cordones, esperando que llegara alguna vista para encender la luz.
tomado de 39 escritores y medio de jesus marchamalo y damian flores

Pero cómo se ponen pingando...

VLADIMIR NABOKOV
No he leído el volumen de Nabokov [Lolita] y no pienso leerlo, ya que la longitud del género novelesco no coincide ni con la oscuridad de mis ojo sin con la brevedad de la vida humana.
JORGE LUIS BORGES
Pero yo pelearme con Borges, porque todo el mundo quiere hacerme pelear con Borges, no lo haré nunca. Que piense él como un dinosaurio, no tiene nada que ver con mi pensamiento. El no entiende nada de lo que pasa en el mundo contemporáneo y piensa que yo tampoco entiendo.
PABLO NERUDA
Neruda representa a la revolución de Octubre; lo que no separa de su persona no son las convicciones políticas sino, simplemente, la vanidad… y el sueldo.
OCTAVIO PAZ
Como poeta sería maricón o acaso loca, como Whitman o Blake. Neruda y Paz, en cambio, son maricas.
ROBERTO BOLAÑO
Bolaño hablaba mal de todo el mundo. Era una persona extraordinariamente conflictiva que nunca dijo nada bueno de nadie […] Bolaño es un buen escritor que desgraciadamente murió, pero eso no le hace mejor persona.
ISABEL ALLENDE
Me parece una mala escritora simple y llanamente, y llamarla escritora es darle cancha. Ni siquiera creo que Isabel allende sea escritora, es una escribidora.
ROBERTO BOLAÑO
Eché una mirada a un par de sus libros y me aburrió espantosamente.
ISABEL ALLENDE
Pérez-Reverte o Isabel Allende. Da lo mismo, Feuillet era el autor francés más leído de su época.
ROBERTO BOLAÑO

Ese muchachito de Valladolid.
JUAN BENET

TODO SACADO DE “ESCRITORES CONTRA ESCRITORES” DE ALBERT ANGELO DE EL ALEPH DE 2006.

VALLE-INCLAN Y EL BRAZO PERDIDO


VALLE-INCLAN Y EL BRAZO PERDIDO
He leído que había veces que salía ya anochecido del café Nuevo Levante, donde tenía su tertulia y se acercaba dando un paseo hasta la plaza de Oriente, a despertar al rey. Allí se plantaba frente a palacio, amenazaba con su bastón, y se liaba a voces hasta que la autoridad, soñolienta y paciente pero harta de gritos, le conminaba al silencio con la amenaza de la comisaría: “¡Usurpadores austríacos”, decía, “levantaos y dejad el trono a su verdadero dueño, don Carlos¡”.
Había veces en que iba al Retiro a escribir. Se sentaba en un banco, sacaba unas cuartillas arrugadas y comenzaba a garabatear en el papel, sosteniendo lo escrito bajo el muñón, para que no se le volara. También trabajaba mucho en la cama: se recostaba todo lo largo que era, y allí, yacente, llenaba cuartillas y cuartillas que iba arrojando al suelo, tan tranquilo, sin numerar, y que después se veía obligado a ordenar durante horas, buscando sentido al texto. Luego, cuando se hizo editor, iba él mismo a la imprenta, dispuesto a cortar o añadir a la historia lo que hiciera falta, para que las páginas impresas salieran bien llenas.
Una vez estuvo ingresado en un sanatorio, creo que en el del rosario, en Madrid. Allí fue arrinconando las medicinas, las inyecciones y gasas de la vitrina que había, y colocando sus libros. También se dice que escondía un infernillo en el que hacía café a las visitas. Pero nunca se pudo demostrar.
TOMADO DE 39 ESCRITORES Y MEDIO DE JESUS MARCHAMALO Y DAMIAN FLORES

LA MUERTE DEL MAESTRO

LA MUERTE DEL MAESTRO
PAGINAS DE “VLADIMIR NABOKOV. LOS AÑOS AMERICANOS” DE BRIAN BOYD.
Sin embargo, la lectura más dolorosa fue la de un libro inacabado, Día tras día, tal vez unas cincuenta veces durante varias semanas de delirio, regresó a The original of Laura, muy completa en su mente, y la leyó en voz alta a “una pequeña concurrencia onírica en un jardín amurallado. Mi público estaba formado por pavos reales, palomas, mis padres, muertos hace ya mucho tiempo, varias niñeras jóvenes en cuclillas y un médico de familia tan viejo que era casi invisible”.
A finales de noviembre [de 1976] concedió una entrevista. Aún se parecía al Nabokov de siempre: “Mi dieta calórica consiste normalmente en pan con mantequilla, miel transparente, vino, pato asado con mermelada de arándanos rojos, y otras comidas sencillas por el estilo… Mi régimen literario es más elaborado, pero dos horas de meditación, entre las dos y las cuatro de la mañana, cuando se evapora el efecto del primer somnífero y no ha empezado aún el del segundo, son casi todo lo que necesita mi nueva novela.” [...] Su insomnio se agravó aún más, se sentía débil todo el día y nunca recobró la energía suficiente para pasar de la imagen mental al papel más que una parte de su nueva novela.
Al separarse de su padre por segunda y última vez, Dmitri le dio un beso en la frente como hacía siempre que se despedía o le daba las buenas noches. Los ojos de Nabokov de repente se llenaron de lágrimas. Cuando Dmitri le preguntó porqué lloraba, Nabokov le contestó que cierta mariposa ya estaba volando, y sus ojos le dejaron claro que no esperaba volver a verla nunca más.
El 30 de junio ingresó en cuidados intensivos. Cuando la congestión bronquial empeoró, la respiración se volvió fatigosa. Habían llamado a otro médico experto, que visitó al paciente por primera vez el 2 de julio. Pero ese día, de espléndido sol, ya era obvio que VN estaba yéndose poco a poco. Vera y Dmitri le hicieron compañía en la habitación, seguros de que estaba conciente, si bien demasiado débil para reaccionar a su presencia. Esa tarde, a las siete menos diez, Nabokov emitió tres veces seguidas un abrupto gemido, sufrió un paro cardíaco y murió.
La tumba de Nabokov es una sencilla y ancha losa de mármol, sin ningún ornato, de color azul marino, con la escueta inscripción: “VLADIMIR NABOKOV ÉCRIVAIN 1899-1977”
Véra Nabokov, aun que lenta y frágil, tradujo Pálido fuego al ruso, supervisó la traducción de Pnin, e incluso, ya octogenaria, llegó a hablar de traducir también Ada al ruso. Pese a que su hijo le rogaba que viajase a Florida y se quedar allí si el lugar le gustaba, Véra no se movió del Montreaux Palace ni de la doble parcela que ocupaba la tumba de su marido, a menos de un kilómetro del hotel. En 1990, cuando se iniciaron importantes reformas en el ala del Cygne, tuvo que desocupar sus habitaciones del Montreaux Palace y alquiló un apartamento que daba al hotel, aún más cerca del cementerio. Tras su muerte, el siete de abril de 1991, sus cenizas se enterraron en la misma urna que las de su marido.
En una secuela inédita de La dádiva, Nabokov había escrito una vez: “La dureza de
una vida interrumpida no es nada comparada con la dureza de una obra interrumpida: las probabilidades de que la primera continúe más allá de la muerte parecen infinitas en comparación con la obra para siempre inacabada. Allí tal vez parezca absurdo, pero aquí permanece no escrita”. La mejor respuesta se encuentra en una obra que Nabokov sí terminó y publicó:
-Pero aún tenemos que decidir acerca de la condenada última voluntad. Bien, ¿qué has escogido?...
-Terminar de escribir algo –dijo en un susurro Cincinnatus en un tono casi de interrogación; pero luego frunció el ceño, forzando el pensamiento, y de repente comprendió que, en realidad, ya estaba todo escrito.

JAMESIANAS

TEXTOS SOBRE HJ

James está aprendiendo, pero me temo que nunca llegará a la pasión.
OSCAR WILDE

El coso ese.
JUAN CARLOS ONETTI

Hay mucho escritores que se disparan en una dirección concreta […] Puede haber un giro mediante el cual se posicionan contar el lector; y esa es la diferencia entre Ulises y Finnegass wake; a Joyce, de golpe, le importa una mierda el lector. Y el Henry James del final es un esfuerzo tremendo.
MARTIN AMIS

Mis sentimiento hacia James son harto complejos. Me cae intensamente mal, pero aquí y allá una expresión en una frase, el cambio de un epíteto, el darle otra vuelta a un adverbio absurdo, me provocan una especie de sacudida eléctrica, como si algún tipo de corriente suya estuviese pasando a través de mi sangre.
NABOKOV

La viejecita más encantadora que he conocido nunca.
FAULKNER

Ese es el problema de James. Al final logra aburrirle a uno. Vivió en una época de carromatos y ausencia de bombas, por lo que los problemas de entonces parecen ahora distantes y lejanos. Esa es una de las que uno se siente inquieto al leerle. James es… Bueno, una vez tuve un bulldog que solía arrastrar barras enormes, de seis, ocho y diez pies. Le encantaba agarrarlas por la mitad, y oías como gruñía tratando de arrastrarlas a casa… Entonces trataba de hacerlas pasar por la entrada del jardín, todo perfectamente alineado, y allí era cuando ¡Pof¡ Chocaba contra los postes de la verja. Al final conseguía hacerlas pasar, y esa era la sensación que me sobrevenía con algunas de las novelas de James; que intentaba hacer pasar una de esas barras por una puerta que no era suficientemente ancha.
JAMES THURBER

Henry James hubiese mejorado inmensamente como novelista con solo dar unas cuantas bocanadas de airea los suburbios de Chicago.
H.L.MENCKEN

No escatima recursos para relatar sus invenciones muertas… Sus vastos párrafos sudan y luchan; ni siquiera si el significado procesional que tratan de alcanzar fuera DIOS mismísimo podrían sudar, dar codazos y luchar más.
H.G.WELLS

El señor HJ escribe como si fuese una obligación desagradable.
OSCAR WILDE

TODO SACADO DE “ESCRITORES CONTRA ESCRITORES” DE ALBERT ANGELO DE EL ALEPH DE 2006.

POR FIN ALGUIEN JOVEN QUE HA LEIDO A JUAN BENET

55
Suenan acordes en el desierto de Albacete, siempre suenan. Se extienden en ondas por un paisaje sin rozamiento. Como aquellos acordes monótonos y primitivos que, según Benet, avanzaban por Región y terminaban golpeando los cristales de las ventanas. O como esas prolongaciones lentas pero eficaces que consignó René Thom en su Teoría de Catástrofes. Suena acordes, Fernando le está dando: una silla entre los dos surtidores, la guitarra y el ampli conectado. Las cejas, líneas rectas, espejos del horizonte sobre unos ojos que mantienen la mirada fija buscando el fiel de una balanza. Una idea recurrente: le parece mentira cómo n objeto tan pequeño como una guitarra puede llegar a llenar con su sonido semejante espacio, hacer salir a los insectos y que se escondan los niños. A lo lejos ve rodar unas cuantas bolas de papel de periódico, tarde o temprano vuelven y se van. Hace unas pocas más con un taco de periódicos que tiene a su izquierda y las tira más allá de la carretera. Improvisa acordes mientras observa sus movimientos. Se acerca un coche negro con una línea de luces que se desplazan en la parrilla delantera de izqda a dcha. Con pericia de cine, el Pontiac Trans AM del 82 se detiene en la gasolinera. Fernando deja la guitarra e intercambia con el conductor un vago saludo militar llevándose la mano a la frente. Qué hay Fernando. Bien, Michel, bien, ¿lleno? Sí. El surtidor se pone en marcha con un sonido que recuerda a una trituradora. Michael sale del coche y se acoda en el cartel de Wynn’s. Habitualmente le saca tres cabezas a Fernando. Hoy, con las nuevas botas de serpiente, tres y media. Qué Michael, ¿mucho trabajo?, dice Fernando juntando cejas. Pse, pse, responde. Ahora ando buscando a quien está tirando esas bolas de papel de periódico, recorren todo el desierto, hay cientos, asustan a las ovejas. Sí, es una putada, contesta Fernando. Después ya no habln. Michael paga con un cheque de la Fundación Para La Ley y El Orden, se despiden con un idéntico movimiento de la mano sobre la frente, y Fernando le dice, ¡Michael, suerte¡ El Pontiac sale dibujando una S. Toma la guitarra, clava de nuevo la vista en el fiel del horizonte, y comienza a tontear los acorde de El Coche Fantástico.
Nocilla Dream, de Agustín Fernández Mallo

FELICES FIESTAS CON WF

WILLIAM FAULKER. LA MANSION
LA OBRA
La aparición de La mansión en 1959 supone uno de los hitos más importantes de la literatura norteamericana moderna, Con ella William Faulkner da fin a la trilogía de los Snopes, que comenzó con “El Villorrio” (1940) y prosiguió con “La ciudad” (1957).
La mansión es una crónica exhaustiva de la vida norteamericana de provincias, un retablo de las más variadas situaciones novelísticas y de las motivaciones humanas más entrañables, surgidas en el proceso vital de unos seres, hijos de la imaginación, que, no obstante, se nos imponen con su insuperable caudal de humanidad.
El lector de Faulkner volverá a encontrar en este libro a los viejos personajes de “El villorrio” y de “La ciudad”, discurriendo con sus pequeñas y grandes miserias; en el ambiente preferido por el autor: los estados del Sur americano.
Flem Snopes, el hombre enamorado del dinero; Eula, su mujer, de electrizante sensualidad; su hija Linda; y la humanísima figura del abogado Stevens, así como infinidad de personajes secundarios, son los protagonistas de esta novela, con la que William Faulkner cierra la que constituye su obra más importante; la saga de los Snopes, sabiamente construida en tres etapas independientes, cada una de las cuales puede leerse sin necesidad de conocer las demás.
ARGUMENTO
Mink Snopes, humilde granjero del Recodo del Francés, entra en litigio con su vecino Jack Houston por haber mantenido éste en sus pastos y en su camada una vaca de su propiedad. El pelti, cuya solución considera Mink injusta y ofensiva, le lleva a la determinación de asesinar a Houston. Mink es condenado a cadena perpetua en la penitenciaría de Parchman y solicita reiteradamente l ayuda de su primo Flem Snopes, hombre de influencia en el condado de Yoknapatawpha y banquero de Jefferson. Flem se la niega. Gracias a su buena conducta en el penal, Mink está a punto de obtener el indulto a los veinte años de prisión, pero Flem, que teme represalias por parte de su primo, manda a presidio a otro de sus parientes para que complique a Mink, en un intento de fuga. Como consecuencia de ello, Mink es condenado a veinte años más de cárcel.
La hija de la mujer de Flem, Linda –viuda de un escultor judío y comunista, y sorda a consecuencia de la explosión de una bomba-, enterada de la injusticia cometida en la persona de Mink, obtiene la libertad de su tío, con la ayuda del abogado Gavin Stevens y de un amigo de éste, V.K. Ratliff. A los trenita y oho años de su ingreso en Parchman, Mink Snopes logra la libertad, se traslada a Jefferson, penetra en la mansión de su primo Flem y lo asesina. Paralela a esta historia, discurre otra no menos importante: la de los frustrados amores enter Linda kohl Snopes y Gavin Stevens.
PERSONAJES
Mink Snopes. Es un hombre de poca corpulencia y escasa estatura. Durante los treinta y ocho años de permanencia en la penitenciaría vive con la esperanza de encontrarse un día en libertad para vengarse de su primo Flem, responsable de su prologado cautiverio. Mink es un tipo cazurro, desconfiado, que vive su resentimiento contra la sociedad con obsesiva intesnsidad.
Flem Snopes. Primo de Mink. De escasa corpulencia física. Impotente sexual. El hombre inteligente de la familia. Gracias a sus inconfesables manejos obtiene uno de los dos bancos de Jefferson. Su amor al dinero le lleva al desprecio absoluto de toda norma moral. Acostumbra vestir de negro, con corbata de lazo, y a cubrirse, cuando va por la calle, con sombrero de “banquero”, que sustituye en su casa y en la oficina por otro de alas anchas, como el que usan los plantadores de algodón. Encarna la frialdad, el egoísmo y el cinismo humanos. A pesar de ello, su muerte, viril y serena, le redime, en parte, de sus pasadas bajezas.
Gavin Stevens. Abogado de Jefferson. Representa, como contrapartida, la espiritualidad del hombre. Generoso, desinteresado, sensible y escéptico. Tipo de mediana estatura, delgado, que viste con buen gusto. Hombre sano de principios, lucha contra la deshonestidad imperante en la sociedad de los estados suristas americanos.
V.K. ratliff. Fornidom robusto. Hombre franco, abierto, descendiente de familia esclava asentada en Virginia. Vendedor de máquinas de coser y de radios. Cocina bien y él mismo se confecciona sus famosas camisas azules. De escasa estatura, posee un formidable sentido común y es la personificación de la entereza, el humor y la sabiduría popular, así como un archivo viviente de personajes y acontecimientos del condado de Y. y aún del estado de Mississippi.
Eula Varner. Hija de Hill Varner, terrateniente del Recodo del Francés. Mujer de gran belleza, opulencia física y de extraordinaria sensualidad. Encinta de Hoare McCarron, uno de los muchachos del Recodo, se casa con Flem Snopes, quien reconoce como suya a la criatura.
Linda Kohl Snopes. Hija de Eula Varner y de McCarron. Mujer delgada y alta, con un mechón blanco a lo largo de la cabeza, muy atractiva, y que ha heredado la sensualidad de su madre. Se casa con un escultor comunista y en la guerra de España queda sorda por rotura de tímpanos producida por la explosión de una bomba. Interesante y enigmática, confiesa al final del libro su amor hacia Gavin Stevens.
AMBIENTE
El ambiente es, por lo general, rural o el propio de una población cono Jefferson, capital del condado de Y. La acción discurre desde 1920 hasta 1938 y abarca los treinta y ocho años de la condena de Mink.
La mansión es, en esencia, un estudio psicológico de gran número de personajes, un libro de gran hondura humana, impregnado todo él de un hálito de poesía primaria, eficacísima, cuya acción comprende los cuarenta primeros años de este siglo. Como en casi tos sus libros, William Faulkner emplea su personalísima técnica novelística, en algunos momentos difícil, siempre eficaz, y servida por un estilo y por un lenguaje reiterativo, directo, con el que logra efectos de una poesía elemental, inimitable,
La mansión, es, en resumen, un gran acierto de uno de los más grandes escritores de nuestra época.

LA MANSION

INCIPIT
Este libro es el último capítulo y la consumación de una obra concebida y comenzada en 1925. Como sea que el autor gusta de creer, y así lo espera, que su obra completa constituya una porción de literatura viviente y considerando que “vivir” supone movimiento y “movimiento” cambio y alteración y que, en consecuencia, la antítesis del movimiento es la inmovilidad, el éxtasis, la muerte[1], será fácil encontrar discrepancias y contradicciones en el transcurso del os treinta y cuatro años que abraca la presente narración. El propósito de esta nota es, simplemente, hacer saber al lector que el propio autor ha descubierto más contradicciones y discrepancias que las que espera que el lector pueda hallar, contradicciones y discrepancias producidas por el hecho de que el autor cree en la actualidad saber mucho más acerca del corazón humano y sus problemas de lo que sabía hace treinta y cuatro años; y está seguro, además, de que, por haber vivido con sus personajes durante todo este tiempo, los conoce hoy mejor de lo que los conocía entonces.

FINIS
Pero ahora podía exponerse, aunque sólo fuese para demostrarse a sí mismo de lo que era capaz. Y tan pronto como pensó eso, le pareció que él, Mink Snopes, que había pasado la mayor parte de su vida atormentado por problemas y preocupaciones innecesarios, comenzaba a huir, a escapar, a fluir de su propio ser, como si se adormeciese. Casi podía verlo esparciéndose sobre las pequeñas hierbecillas y las delgadas raíces de la maleza, penetrando en los minúsculos agujeros que los insectos abrían en el suelo, sumiéndose en la tierra cada vez más y más abajo, llegando a la región desconocida, ignota, donde una infinidad de seres que, durante su vida se habían amargado con problemas y preocupaciones, se encontraban ahora libres, de modo que era la tierra, el suelo, quien tenía ahora que angustiarse, que apenarse, que afligirse con las esperanzas, las pasiones y los miedos, la justicia y la injusticia y el dolor, dejándoles a ellos libres, mezclados confortablemente, sin que nadie se preocupase de adivinar quiénes eran los demás, porque eran todos iguales, todos buenos, todos valientes, todos desconocidos. Porque todos eran hermosos, altivos, valerosos y desde allí presidían el desfile de los fantasmas y los sueños que constituyen la esencia de la vida humana, Helena y los obispos, los reyes y los ángeles sin hogar, los serafines despectivos y malditos.
W.F.

[1] Cf.Sade

¡¡¡QUE GRANDE ERA MI VALLE¡¡¡

Claves líricas. Libro tercero. La pipa de kif.
Clave XVII. La tienda del herbolario
XI
¡Verdes venenos¡ ¡yerbas letales
de Paraísos artificiales¡
A todos vence la marihuana
Que da la ciencia del Ramayana.
¡Oh, Marihuana, verde neumónica,
Cannabis índica et babilónica.
Abres el sésamo de la alegría,
Cáñamo verde, Kif de Turquía.
Yerba del Viejo de la Montaña.
El Santo Oficio te halló en España.
Yerba que inicias a los fakires,
Llena de goces y Dies Ires.
¡Verde esmeralda -loa el poeta
persa- tu verde vistió el Profeta¡
(Kif -yerba verde del persa- es
El achisino bhang bengalés.
Charas que fuma sobre el diván,
Entre odaliscas, el Gran Sultán)
FINIS
Se apagó el fuego de mi cachimba,
y no consigo ver una letra.
Mientras enciendo -Taramba timba
Tumba y taramba- pongo una &.

DICE BELEN GOPEGUI EN EL CULTURAL DE EL MUNDO DEL 1-7 JUNIO

A la pregunta de literatura comercial vs. alta literatura :
"¿Es mejor que haya cuarenta variedades de galletas o que se investiguen las enfermedades raras? Pongamos que elegimos lo segundo ¿Podemos detraer parte de los recursos que se emplean en galletas y destinarlos a investigación médica? En este sistema económico no. Tal ves pudiéramos entrar en los supermercados e introducir mensajes inquietantes en las cajas de galletas. Donde digo cajas ponga usted literatura. Los autores no pueden dejar de hacer galletas, ellos no eligen lo que van a producir; algunos autores pueden, quizás, alterar esas cajas por vías inesperadas."
Muy bueno, ocurrente, curioso y digno. Eso sin olvidar el disparate aquel de BG, en donde quería enmendarle la plana a JB ya su visión pesimista de la guerra civil española de 1936.

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