Te quiero más que a la salvación de mi alma

Te quiero más que a la salvación de mi alma

UN NUEVO MANIFIESTO POR LA LECTURA

MANIFIESTO POR LA LECTURA
Podemos comenzar diciendo con Brecht: ¡malos tiempos aquellos en los que hay que luchar por lo evidente! Lo evidente es que las personas somos habla, lenguaje, pensamiento, y que aquellos que crezcan sin el dominio de los recursos que han forjado siglos de cultura no serán ni siquiera hijos de este milenio. Estamos hablando, claro está, de la lectura.
En el sistema educativo, los alumnos que sean malos lectores tendrán dificultades para seguir las asignaturas, y no sólo las humanísticas. El enunciado de un problema de Física, la exposición de un teorema matemático, la descripción de un proceso biológico: todo es texto, texto que exige decodificación, comprensión, asimilación; en una palabra: lectura.
La escritura, en toda su complejidad (ortografía, construcción, puntuación, ...), tiene la mitad del camino recorrido en los alumnos lectores, que habrán absorbido naturalmente en el contacto con los textos los principios que habrán de guiar su producción escrita. La misma expresión oral, que en sus pausas y entonación debe transmitir la estructura del pensamiento, tiene en los buenos lectores una base eficaz: el texto bien leído es el trampolín de la palabra.
Forjar la habilidad de lectura en los ciudadanos del mañana es una responsabilidad compartida entre las familias y el sistema educativo, y de este último allá donde las familias no puedan llegar. Es en la escuela donde los más jóvenes van a tener que forjar sus habilidades lectoras, y los que salgan de ella sin haber adquirido un buen dominio de la lectura arrastrarán esa deficiencia el resto de su vida.
Saber leer bien implica en el adulto no sólo poder disfrutar una obra literaria (como de forma reduccionista suele pensarse) sino también --o sobre todo-- saber extraer la información de la prensa, de un contrato, de un texto técnico, de un manual... Una sociedad que exige de sus miembros la “formación a lo largo de la vida” no puede ignorar cuál es la vía privilegiada por la que van a llegar los conocimientos a sus ciudadanos...
Las tecnologías actuales han vuelto a situar la escritura en el centro de la comunicación: no sólo para la creación y el contacto entre personas (la pluma como “lengua del alma” en Cervantes), sino también para trabajar y colaborar en la distancia. De nuevo, los adultos lectores tendrán una clara ventaja.
Los últimos años han visto un esfuerzo sin precedentes para la democratización de la cultura a través de la Red: ¿tendremos las mejores bibliotecas del mundo a un clic de distancia y los ciudadanos no podrán acceder a ese tesoro?
Queremos escuelas que preparen a los ciudadanos del mañana a través de la lectura.
Queremos escuelas donde se aprenda a leer textos de todo tipo: literarios, científicos y técnicos.
Queremos escuelas donde la lectura en voz alta prepare a los alumnos para tomar la palabra como ciudadanos.
Queremos escuelas que suministren en sus bibliotecas los elementos básicos para que todos los alumnos, con independencia de su situación familiar, puedan tomar contacto con los libros.
Amamos la lectura porque creemos, con Emilio Lledó, que “somos palabra, somos lenguaje”, y seremos ciudadanos incompletos si no dominamos la práctica que alimenta nuestra palabra interior y la despliega en el mundo.
Madrid, 30 de noviembre de 2005

VALIENTE DE VERDAD

Sobre la postura de la Iglesia católica española respecto de la enseñanza de la religión en las escuelas, poco hay que añadir a lo que ya se ha dicho. Entre otras razones, porque la religión cuya enseñanza se reclama -es decir, la religión católica, apostólica y romana- pierde peso específico en España y lleva camino de convertirse en una secta, o una secta de sectas, como la nación de naciones, frente a otras religiones de ámbito mundial e incluso frente a religiones novedosas de fabricación casera, de poco calado filosófico pero mucho ascendiente, encarnadas en unos predicadores energéticos que inspiran y reconfortan a las masas, aunque a los no iniciados nos parezca que se les va la olla.
En fin, es la modernidad y la globalización, y contra ellas no prevalece nada; ni siquiera la Iglesia católica española, especializada en prevalecer.
Sólo queda, pues, decirle adiós y agradecerle los servicios prestados. Porque durante varios siglos la Iglesia tuvo en España el monopolio de la educación y de sus aulas salió la clase dirigente más inculta, perezosa e incompetente del hemisferio occidental. Gracias a esto, este país no se ha visto libre de terribles episodios de violencia y de odio, pero sí de la perturbadora lucha de clases. La historia reciente de los países adelantados está presidida por la disconformidad de la clase trabajadora con la conducta del patrono y del Estado. Sin ir más lejos, estos días arde Francia por el supuesto incumplimiento de la función estabilizadora y justiciera del Gobierno.
Nada de esto ha sucedido en España, donde el pueblo llano a veces se ha irritado con los desplantes del señorito, pero nunca ha pedido responsabilidades a la clase dominante. Si hay crisis económica, se excusan y compadecen los desaciertos de la patronal, y del Estado sólo se espera un empleo fijo en el que encuentren acomodo la ineptitud y la holgazanería que una educación de sotana ha estampado en el genio de la raza o en los genes de la especie.
Por esto es de justicia que ahora, al verse amenazada, la Iglesia católica saque en protesta a la calle a dos millones de personas. O a 100.000, según si la persona que hizo el cómputo aprendió a sumar en un colegio de curas o en la escuela laica de su barrio.

POR FIN ALGUIEN VALIENTE¡¡¡

Sucesión EDUARDO MENDOZA

EL PAÍS - Última - 07-11-2005
El natural regocijo que el nacimiento de la infanta Leonor ha esparcido a lo ancho de nuestro territorio ha generado, de repente, un acuerdo unánime sobre la reforma del sistema sucesorio, contra la que yo quisiera levantar mi respetuosa voz porque no estoy de acuerdo con la oportunidad de esta reforma ni con la razón en que se basa; es decir, corregir una injusta y arcaica discriminación contra la mujer.
El Rey de España es una persona que ejerce la jefatura del Estado con carácter vitalicio por derecho de nacimiento. Al lado de esta discriminación, el que tenga que ser un hombre, una mujer o un canguro es irrelevante. No soy Robespierre ni esto es terrorismo constitucional. Lo que sucede es que el Rey, con mayúscula, no es una persona, sino una institución. Y en estos tiempos, la Monarquía es una institución que el pueblo soberano se ha dado por propia voluntad y para su conveniencia. Por tanto, lo que hay que considerar es si una reforma de la institución redundaría en beneficio de la ciudadanía o no. Aquí no se trata, pues, de una igualdad de sexos en la que todos estamos más o menos de acuerdo, sino en calibrar qué habría pasado el 23-F si al teléfono de La Zarzuela se hubiera puesto una mujer. O si el papel fundamental que desempeña el Rey de España en las relaciones con América Latina lo podría desempeñar igual una reina. No prejuzgo nada, pero, para qué nos vamos a engañar, la vida es dura. Ya sé que en Holanda hay una reina tras otra, y que a lo mejor vemos a una mujer en el trono imperial del Sol Naciente; pero allí los soberanos son de adorno, y aquí a los nuestros les sacamos un gran rendimiento.
Naturalmente, todo habrá cambiado cuando se produzca el hecho sucesorio que ahora nos ocupa. Pero no sabemos en qué sentido habrá ido ese cambio, y no veo razón alguna para hipotecar ya nuestro futuro manipulando una pieza tan delicada de la maquinaria estatal por un prurito de modernidad simbólica.
No digo que el cambio no sea bueno. Sólo digo que no nos precipitemos, que luchemos por la igualdad donde realmente hace falta y que en su día decidan la reforma quienes hayan de arrostrar las consecuencias. Y hasta entonces, dejemos a la infanta que acaba de nacer reinar tranquilamente en su cunita.

LA BIBLIOTECA DE BABEL DE JORGE LUIS BORGES

La Biblioteca de Babel

El universo (que otros llaman la Biblioteca) se componte de un número indefinido, y tal vez infinito, de galerías hexagonales, con vastos pozos de ventilación en el medio, cercados por barandas bajísimas. Desde cualquier hexágono se ven los pisos inferiores y superiores: interminablemente. La distribución de las galerías es invariable. Veinte anaqueles, a cinco largos anaqueles por lado, cubren todos los lados menos dos; su altura, que es la de los pisos, excede apenas la de un bibliotecario normal. Una de las caras libres da a un angosto zaguán, que desemboca en otra galería, idéntica a la primera y a todas. A izquierda y a derecha del zaguán hay dos gabinetes minúsculos. Uno permite dormir de pie; otro, satisfacer las necesidades finales. Por ahí pasa la escalera espiral, que se abisma y se eleva hacia lo remoto. En el zaguán hay un espejo, que fielmente duplica las apariencias. Los hombres suelen inferir de ese espejo que la Biblioteca no es infinita (si lo fuera realmente ¿a qué esa duplicación ilusoria?); yo prefiero soñar que las superficies bruñidas figuran y prometen el infinito... La luz procede de unas frutas esféricas que llevan el nombre de lámparas. Hay dos en cada hexágono: transversales. La luz que emiten es insuficiente, incesante.

Como todos los hombres de la Biblioteca, he viajado en mi juventud; he peregrinado en busca de un libro, acaso del catálogo de catálogos; ahora que mis ojos casi no pueden descifrar lo que escribo, me preparo a morir a unas pocas leguas del hexágono en que nací. Muerto, no faltarán manos piadosas que me tiren por la baranda; mi sepultura será el aire insondable; mi cuerpo se hundirá largamente y se corromperá y disolverá en el viento engendrado por la caída, que es infinita. Yo afirmo que la Biblioteca es interminable. Los idealistas arguyen que las salas hexagonales son una forma necesaria del espacio absoluto o, por lo menos, de nuestra intuición del espacio. Razonan que es inconcebible una sala triangular o pentagonal. (Los místicos pretenden que el éxtasis les revela una cámara circular con un gran libro circular de lomo continuo, que da toda la vuelta de las paredes; pero su testimonio es sospechoso; sus palabras, oscuras. Ese libro cíclico es Dios.) Básteme, por ahora, repetir el dictamen clásico: La Biblioteca es una esfera cuyo centro cabal es cualquier hexágono, cuya circunferencia es inaccesible.

A cada uno de los muros de cada hexágono corresponden cinco anaqueles; cada anaquel encierra treinta y dos libros de formato uniforme; cada libro es de cuatrocientas diez páginas; cada página, de cuarenta renglones; cada renglón, de unas ochenta letras de color negro. También hay letras en el dorso de cada libro; esas letras no indican o prefiguran lo que dirán las páginas. Sé que esa inconexión, alguna vez, pareció misteriosa. Antes de resumir la solución (cuyo descubrimiento, a pesar de sus trágicas proyecciones, es quizá el hecho capital de la historia) quiero rememorar algunos axiomas.

El primero: La Biblioteca existe ab alterno. De esa verdad cuyo colorario inmediato es la eternidad futura del mundo, ninguna mente razonable puede dudar. El hombre, el imperfecto bibliotecario, puede ser obra del azar o de los demiurgos malévolos; el universo, con su elegante dotación de anaqueles, de tomos enigmáticos, de infatigables escaleras para el viajero y de letrinas para el bibliotecario sentado, sólo puede ser obra de un dios. Para percibir la distancia que hay entre lo divino y lo humano, basta comparar estos rudos símbolos trémulos que mi falible mano garabatea en la tapa de un libro, con las letras orgánicas del interior: puntuales, delicadas, negrísimas, inimitablemente simétricas.

El segundo: El número de símbolos ortográficos es veinticinco. Esa comprobación permitió, hace trescientos años, formular una teoría general de la Biblioteca y resolver satisfactoriamente el problema que ninguna conjetura había descifrado: la naturaleza informe y caótica de casi todos los libros. Uno, que mi padre vio en un hexágono del circuito quince noventa y cuatro, constaba de las letras MCV perversamente repetidas desde el renglón primero hasta el último. Otro (muy consultado en esta zona) es un mero laberinto de letras, pero la página penúltima dice «Oh tiempo tus pirámides». Ya se sabe: por una línea razonable o una recta noticia hay leguas de insensatas cacofonías, de fárragos verbales y de incoherencias. (Yo sé de una región cerril cuyos bibliotecarios repudian la supersticiosa y vana costumbre de buscar sentido en los libros y la equiparan a la de buscarlo en los sueños o en las líneas caóticas de la mano... Admiten que los inventores de la escritura imitaron los veinticinco símbolos naturales, pero sostienen que esa aplicación es casual y que los libros nada significan en sí. Ese dictamen, ya veremos no es del todo falaz.)

Durante mucho tiempo se creyó que esos libros impenetrables correspondían a lenguas pretéritas o remotas. Es verdad que los hombres más antiguos, los primeros bibliotecarios, usaban un lenguaje asaz diferente del que hablamos ahora; es verdad que unas millas a la derecha la lengua es dialectal y que noventa pisos más arriba, es incomprensible. Todo eso, lo repito, es verdad, pero cuatrocientas diez páginas de inalterables MCV no pueden corresponder a ningún idioma, por dialectal o rudimentario que sea. Algunos insinuaron que cada letra podía influir en la subsiguiente y que el valor de MCV en la tercera línea de la página 71 no era el que puede tener la misma serie en otra posición de otra página, pero esa vaga tesis no prosperó. Otros pensaron en criptografías; universalmente esa conjetura ha sido aceptada, aunque no en el sentido en que la formularon sus inventores.

Hace quinientos años, el jefe de un hexágono superior dio con un libro tan confuso como los otros, pero que tenía casi dos hojas de líneas homogéneas. Mostró su hallazgo a un descifrador ambulante, que le dijo que estaban redactadas en portugués; otros le dijeron que en yiddish. Antes de un siglo pudo establecerse el idioma: un dialecto samoyedo-lituano del guaraní, con inflexiones de árabe clásico. También se descifró el contenido: nociones de análisis combinatorio, ilustradas por ejemplos de variaciones con repetición ilimitada. Esos ejemplos permitieron que un bibliotecario de genio descubriera la ley fundamental de la Biblioteca. Este pensador observó que todos los libros, por diversos que sean, constan de elementos iguales: el espacio, el punto, la coma, las veintidós letras del alfabeto. También alegó un hecho que todos los viajeros han confirmado: No hay en la vasta Biblioteca, dos libros idénticos. De esas premisas incontrovertibles dedujo que la Biblioteca es total y que sus anaqueles registran todas las posibles combinaciones de los veintitantos símbolos ortográficos (número, aunque vastísimo, no infinito) o sea todo lo que es dable expresar: en todos los idiomas. Todo: la historia minuciosa del porvenir, las autobiografías de los arcángeles, el catálogo fiel de la Biblioteca, miles y miles de catálogos falsos, la demostración de la falacia de esos catálogos, la demostración de la falacia del catálogo verdadero, el evangelio gnóstico de Basilides, el comentario de ese evangelio, el comentario del comentario de ese evangelio, la relación verídica de tu muerte, la versión de cada libro a todas las lenguas, las interpolaciones de cada libro en todos los libros, el tratado que Beda pudo escribir (y no escribió) sobre la mitología de los sajones, los libros perdidos de Tácito.

Cuando se proclamó que la Biblioteca abarcaba todos los libros, la primera impresión fue de extravagante felicidad. Todos los hombres se sintieron señores de un tesoro intacto y secreto. No había problema personal o mundial cuya elocuente solución no existiera: en algún hexágono. El universo estaba justificado, el universo bruscamente usurpó las dimensiones ilimitadas de la esperanza. En aquel tiempo se habló mucho de las Vindicaciones: libros de apología y de profecía, que para siempre vindicaban los actos de cada hombre del universo y guardaban arcanos prodigiosos para su porvenir. Miles de codiciosos abandonaron el dulce hexágono natal y se lanzaron escaleras arriba, urgidos por el vano propósito de encontrar su Vindicación. Esos peregrinos disputaban en los corredores estrechos, proferían oscuras maldiciones, se estrangulaban en las escaleras divinas, arrojaban los libros engañosos al fondo de los túneles, morían despeñados por los hombres de regiones remotas. Otros se enloquecieron... Las Vindicaciones existen (yo he visto dos que se refieren a personas del porvenir, a personas acaso no imaginarias) pero los buscadores no recordaban que la posibilidad de que un hombre encuentre la suya, o alguna pérfida variación de la suya, es computable en cero.

También se esperó entonces la aclaración de los misterios básicos de la humanidad: el origen de la Biblioteca y del tiempo. Es verosímil que esos graves misterios puedan explicarse en palabras: si no basta el lenguaje de los filósofos, la multiforme Biblioteca habrá producido el idioma inaudito que se requiere y los vocabularios y gramáticas de ese idioma. Hace ya cuatro siglos que los hombres fatigan los hexágonos... Hay buscadores oficiales, inquisidores. Yo los he visto en el desempeño de su función: llegan siempre rendidos; hablan de una escalera sin peldaños que casi los mató; hablan de galerías y de escaleras con el bibliotecario; alguna vez, toman el libro más cercano y lo hojean, en busca de palabras infames. Visiblemente, nadie espera descubrir nada.

A la desaforada esperanza, sucedió, como es natural, una depresión excesiva. La certidumbre de que algún anaquel en algún hexágono encerraba libros preciosos y de que esos libros preciosos eran inaccesibles, pareció casi intolerable. Una secta blasfema sugirió que cesaran las buscas y que todos los hombres barajaran letras y símbolos, hasta construir, mediante un improbable don del azar, esos libros canónicos. Las autoridades se vieron obligadas a promulgar órdenes severas. La secta desapareció, pero en mi niñez he visto hombres viejos que largamente se ocultaban en las letrinas, con unos discos de metal en un cubilete prohibido, y débilmente remedaban el divino desorden.

Otros, inversamente, creyeron que lo primordial era eliminar las obras inútiles. Invadían los hexágonos, exhibían credenciales no siempre falsas, hojeaban con fastidio un volumen y condenaban anaqueles enteros: a su furor higiénico, ascético, se debe la insensata perdición de millones de libros. Su nombre es execrado, pero quienes deploran los «tesoros» que su frenesí destruyó, negligen dos hechos notorios. Uno: la Biblioteca es tan enorme que toda reducción de origen humano resulta infinitesimal. Otro: cada ejemplar es único, irreemplazable, pero (como la Biblioteca es total) hay siempre varios centenares de miles de facsímiles imperfectos: de obras que no difieren sino por una letra o por una coma. Contra la opinión general, me atrevo a suponer que las consecuencias de las depredaciones cometidas por los Purificadores, han sido exageradas por el horror que esos fanáticos provocaron. Los urgía el delirio de conquistar los libros del Hexágono Carmesí: libros de formato menor que los naturales; omnipotentes, ilustrados y mágicos.

También sabemos de otra superstición de aquel tiempo: la del Hombre del Libro. En algún anaquel de algún hexágono (razonaron los hombres) debe existir un libro que sea la cifra y el compendio perfecto de todos los demás: algún bibliotecario lo ha recorrido y es análogo a un dios. En el lenguaje de esta zona persisten aún vestigios del culto de ese funcionario remoto. Muchos peregrinaron en busca de Él. Durante un siglo fatigaron en vano los más diversos rumbos. ¿Cómo localizar el venerado hexágono secreto que lo hospedaba? Alguien propuso un método regresivo: Para localizar el libro A, consultar previamente un libro B que indique el sitio de A; para localizar el libro B, consultar previamente un libro C, y así hasta lo infinito... En aventuras de ésas, he prodigado y consumido mis años. No me parece inverosímil que en algún anaquel del universo haya un libro total; ruego a los dioses ignorados que un hombre - ¡uno solo, aunque sea, hace miles de años! - lo haya examinado y leído. Si el honor y la sabiduría y la felicidad no son para mí, que sean para otros. Que el cielo exista, aunque mi lugar sea el infierno. Que yo sea ultrajado y aniquilado, pero que en un instante, en un ser, Tu enorme Biblioteca se justifique.

Afirman los impíos que el disparate es normal en la Biblioteca y que lo razonable (y aun la humilde y pura coherencia) es una casi milagrosa excepción. Hablan (lo sé) de «la Biblioteca febril, cuyos azarosos volúmenes corren el incesante albur de cambiarse en otros y que todo lo afirman, lo niegan y lo confunden como una divinidad que delira». Esas palabras que no sólo denuncian el desorden sino que lo ejemplifican también, notoriamente prueban su gusto pésimo y su desesperada ignorancia. En efecto, la Biblioteca incluye todas las estructuras verbales, todas las variaciones que permiten los veinticinco símbolos ortográficos, pero no un solo disparate absoluto. Inútil observar que el mejor volumen de los muchos hexágonos que administro se titula «Trueno peinado», y otro «El calambre de yeso» y otro «Axaxaxas mlo». Esas proposiciones, a primera vista incoherentes, sin duda son capaces de una justificación criptográfica o alegórica; esa justificación es verbal y, ex hypothesi, ya figura en la Biblioteca. No puedo combinar unos caracteres dhcmrlchtdj que la divina Biblioteca no haya previsto y que en alguna de sus lenguas secretas no encierren un terrible sentido. Nadie puede articular una sílaba que no esté llena de ternuras y de temores; que no sea en alguno de esos lenguajes el nombre poderoso de un dios. Hablar es incurrir en tautologías. Esta epístola inútil y palabrera ya existe en uno de los treinta volúmenes de los cinco anaqueles de uno de los incontables hexágonos, y también su refutación. (Un número n de lenguajes posibles usa el mismo vocabulario; en algunos, el símbolo biblioteca admite la correcta definición ubicuo y perdurable sistema de galerías hexagonales, pero biblioteca es pan o pirámide o cualquier otra cosa, y las siete palabras que la definen tienen otro valor. Tú, que me lees, ¿estás seguro de entender mi lenguaje?).

La escritura metódica me distrae de la presente condición de los hombres. La certidumbre de que todo está escrito nos anula o nos afantasma. Yo conozco distritos en que los jóvenes se prosternan ante los libros y besan con barbarie las páginas, pero no saben descifrar una sola letra. Las epidemias, las discordias heréticas, las peregrinaciones que inevitablemente degeneran en bandolerismo, han diezmado la población. Creo haber mencionado los suicidios, cada año más frecuentes. Quizá me engañen la vejez y el temor, pero sospecho que la especie humana - la única - está por extinguirse y que la Biblioteca perdurará: iluminada, solitaria, infinita, perfectamente inmóvil, armada de volúmenes preciosos, inútil, incorruptible, secreta.

Acabo de escribir infinita. No he interpolado ese adjetivo por una costumbre retórica; digo que no es ilógico pensar que el mundo es infinito. Quienes lo juzgan limitado, postulan que en lugares remotos los corredores y escaleras y hexágonos pueden inconcebiblemente cesar, lo cual es absurdo. Quienes la imaginan sin límites, olvidan que los tiene el número posible de libros. Yo me atrevo a insinuar esta solución del antiguo problema: La biblioteca es ilimitada y periódica. Si un eterno viajero la atravesara en cualquier dirección, comprobaría al cabo de los siglos que los mismos volúmenes se repiten en el mismo desorden (que, repetido, sería un orden: el Orden). Mi soledad se alegra con esa elegante esperanza.

LA ASOCIACION GALEGA DE EDITORES MUESTRA SU PLAN DE LECTURA

PLAN DE LECTURA
PREÁMBULO
Segundo unha idea cada vez máis espallada e aceptada, a lectura confórmase como un ben necesario e imprescindible para que a sociedade acade niveis optimos de progreso e modernidade.
Enténdese a lectura como un instrumento vital de inclusión e democratización, canle para acceder ao coñecemento, chave de transformación social e ferramenta para unha participación cidadá libre, consciente e crítica. O hábito lector favorece a reflexión, o pensamento abstracto e o xuízo crítico, ao tempo que fortalece a imaxinación e resulta imprescindible para o acceso ao patrimonio cultural niversal. Ofrécese, pois, como un dereito fundamental do cidadán e, ao mesmo tempo, resulta un apoio de indubitable valor para o desenvolvemento social.
A dinámica da información esixe cidadáns hábiles na selección crítica e na utilización das fontes informativas, cada vez máis abundantes en cantidade e cada vez máis dispares no referente á calidade. Neste contexto de saturación de datos, a lectura comprensiva e o dominio das técnicas informacionais resulta imprescindible para transformar estes datos en coñecemento. A tecnoloxía ameaza o hábito lector, mais, ao tempo, a lectura configúrase como a chave para a sociedade da información. A denominada alfabetización informacional, necesaria para a aprendizaxe regrada e para a aprendizaxe autónoma ao longo de toda a vida, require, en primeiro termo, unha sensibilización en relación á lectura de amplo espectro –lectura de textos diversos en contido, tipoloxía, xénero e complexidade; lectura en soportes diversos– e unha integración dos hábitos lectores na vida cotiá das persoas. A transcendencia destas habilidades para se sentir seguro no persoal e no social converten a lectura nun elemento de carácter estratéxico na sociedade moderna.
A realidade lingüística e cultural de Galicia confírelles un especial carácter ás intervencións no ámbito cultural: se é urxente unha intervención decidida de toda a
sociedade a prol do libro e da lectura, esta non pode entenderse dentro desta comunidade sen lles prestar unha atención prioritaria ao libro e á lectura en galego. En principio, porque o Estatuto de Galicia así o recolle, e, ao mesmo tempo, porque a situación de uso social da lingua galega e da lectura en galego así o requiren, de acordo coa realidade evidenciada nos estudos elaborados ao respecto.
O fortalecemento do sentirse pobo con lingua e cultura propias e o afianzamento da autoestima como grupo social precisan, entre outros factores, da mellora dos niveis culturais da poboación, dun aumento dos índices de lectura en xeral e de lectura en lingua galega en particular.
Os especialistas avogan por involucrar con urxencia as familias na creación de ámbitos cálidos, nos que as nenas e os nenos galegos medren alimentados con palabras e historias, con contos e cantos, con libros e outros soportes para o texto escrito, para que a lingua permaneza viva e os novos desenvolvan e consoliden os seus hábitos de lectura a través da imitación das condutas lectoras dos seus maiores, e un trato grato e íntimo coa palabra escrita, mais inciden tamén na importancia de tecer redes sociais que favorezan un uso público da lectura, igualmente grato e enriquecedor.
Cómpren instrumentos para medir os hábitos de lectura dos galegos e galegas e os condicionantes que están detrás deses hábitos; cómpren programas de intervención decidida naqueles sectores da poboación menos sensibilizados e que teñen, por diversas causas, menor acceso aos bens culturais, e cómpre aunar a capacidade das distintas administracións e dos sectores sociais máis dinámicos para que a lectura acade o papel protagonista que precisamos como sociedade. Promover a participación, a colaboración entre estes axentes sociais no deseño e desenvolvemento de iniciativas imaxinativas e contextualizadas preséntase como un obxectivo básico que o presente nos está a propor.
Este plan de lectura, froito do consenso entre diversos sectores sociais relacionados co libro, a cultura e a educación, preséntase como un decidido paso adiante para poñer a satisfacción e a información a través da palabra escrita en primeiro plano da vida social.
Este plan nace cuns obxectivos claros e contempla unhas medidas que han de desenvolverse coa participación dos diversos axentes sociais e culturais, pero tamén co impulso das administracións que teñen o deber de sustentalos. Co fin de garantir a coordinación axustada de todas as intervencións que se propoñen e a continuidade das accións que se inicien, crearase a Oficina da Lectura, que se encargará de promover o hábito lector en todos os estamentos da sociedade galega, como medio de conseguirmos un medio humano de calidade intelectual acorde coas novas posibilidades que o paso do tempo nos ofrece.
OBXECTIVOS
1. Elevar o índice de lectura da cidadanía, incidindo especialmente nos sectores menos sensibilizados
2. Fomentar en especial a lectura en galego para un maior coñecemento e valoración da nosa lingua, literatura e cultura, así como para un maior achegamento ás súas diferentes expresións e, a través dela, ás diversas culturas do mundo.
3. Favorecer a consideración social do libro e da lectura, facendo fincapé no que
significan en canto ao enriquecemento persoal da cidadanía e ao fortalecemento
dunha sociedade libre e con pleno exercicio dos seus dereitos civís e democráticos e salientando as múltiples opcións e beneficios que reporta a lectura nas súas diferentes vertentes: a información, o coñecemento e mais o ocio e o lecer.
4. Facilitar o acceso ao libro e á lectura a toda a cidadanía de Galicia mediante a
creación de novas bibliotecas públicas, virtuais e escolares, a mellora das xa existentes e o fomento da adquisición de hábitos de lectura desde os primeiros anos.
5. Propiciar a creación de bibliotecas familiares e persoais, dada a importancia que na creación dos hábitos lectores dende os primeiros anos de vida ten a iniciación e o exemplo no seo dunha familia lectora.
6. Motivar, implicar, formar e dotar de medios adecuados ao profesorado como artífice importante da promoción da lectura.
7. Poñer en valor a actividade dos mediadores, en especial dos bibliotecarios, en canto axentes esenciais do fomento da lectura.
8. Favorecer o papel das librerías como puntos especializados de venda de libros, así como axentes culturais activos indispensables para que a industria do libro manteña a súa pluralidade e creatividade, e para a consolidación do tecido cultural da sociedade.
9. Favorecer o papel das bibliotecas, públicas e escolares, como servicio público
básico de promoción da lectura.
10. Propoñer a todas as institucións, públicas e privadas, empresas, medios de comunicación e a sociedade en xeral unha mobilización a favor do libro e mais da
lectura.
11. Facilitar o acceso aos libros e, por conseguinte, á lectura, do lectorado, abaratando o prezo por medio das medidas oportunas (subvencións, axudas, etc.).
12. Propiciar a creación de espazos relacionados co libro galego e a lectura nos medios de comunicación, tendo en conta a consideración social dos mesmos.
MEDIDAS
1. Elaboración de campañas de fomento da lectura, dirixidas á sociedade, con medidas específicas para os colectivos que máis o precisen.
2. Coordinación e impulso dun programa de lectura pública con outras administracións públicas, fundacións e institucións educativas, sociais, culturais e financeiras. Realización de acordos institucionais coas deputacións provinciais e cos concellos. Colaboración coas institucións e centros escolares en actividades de fomento da lectura.
3. Creación dun logotipo que identifique as actuacións do plan.
4. Celebración de eventos significativos: Día mundial do Libro, Día internacional do Libro infantil e xuvenil, Día das Letras Galegas, Día da Biblioteca, Día internacional da Tradución, Día mundial da Poesía...
5. Elaboración de campañas de publicidade institucional nos diversos medios de comunicación e outro tipo de soportes.
6. Fomento da visibilidade do libro e da lectura nos medios de comunicación públicos e privados, tanto impresos coma audiovisuais.
7. Utilización de espazos de uso ou tránsito habitual da cidadanía (medios de transporte, comercios e mercados, bares ou cafeterías, parques, etc.), con reclamos que propicien un maior achegamento e sensibilización cidadá cara á necesidade e o enriquecemento da lectura.
8. Programa de dotación de fondos bibliotecarios, tendo en conta previamente as valoracións e necesidades que fan os profesionais dos diferentes tipos de bibliotecas, para unha maior adecuación e utilidade dos fondos. Envío ás bibliotecas das obras publicadas pola Xunta e os editores galegos, previamente seleccionadas por unha comisión na que participen os profesionais de bibliotecas e os editores.
9. Fortalecer o achegamento a outros soportes -audiovisuais e multimedia- e outras formas de lectura, ademais da do libro tradicional.
10. Elaboración dun plan de traducións do corpus universal e científico.
11. Formación e sensibilización dos mediadores (profesionais de bibliotecas públicas e escolares, profesorado, animación sociocultural, animación á lectura, etc.) con cursos, campañas e outros medios cara ao fomento da lectura.
12. Elaboración dunha guía de recursos de animación á lectura e dun banco de
proxectos en internet.
13. Publicación dunha colección de obras sobre animación á lectura (experiencias,
etc.).
14. Convocatoria de certames para o fomento da lectura.
15. Creación dun portal de lectura cunha presenza importante de textos dixitalizados, ou de enlaces que conduzan a eles, e onde se contemple a posibilidade de incorporación de novas formas de creación. Nel estarán os contidos da Guía ou Axenda do libro, prevista na Lei do libro e da lectura. Conterá unha base de datos de autores, tradutores e obras e un directorio de bibliotecas, editoriais e librerías.
16. Impulso dos clubs de lectura, mesmo dos virtuais.
17. Dotación ás bibliotecas e centros de ensino de persoal, recursos materiais, técnicos e económicos para levar adiante estas accións.
18. Promoción da biblioteca e da súa imaxe pública como axente cultural activo indispensable.
19. Organización de actividades do tipo “maratón” de lecturas e outras, en datas sinaladas.
20. Promoción da libraría e da súa imaxe pública como punto especializado de venda de libros e como axente cultural activo indispensable.
21. Asegurar a edición de libros e outros soportes en sistemas de lectura accesibles ás persoas con discapacidade e outros colectivos con necesidades especiais.
22. Actuacións noutros espazos públicos ou privados, non específicos do mundo do libro, con implantación de recantos ou salóns de lectura, atendidos por colectivos de voluntarios.
23. Implantación nas bibliotecas do Sistema Bibliotecario de Galicia dun carné de lector, que a través dun sistema de puntos posibilite o acceso a vantaxes e descontos á hora de acceder a produtos de consumo cultural.
24. Favorecer a cooperación entre bibliotecas, librerías e editoriais.
25. Promoción da implicación do voluntariado nas campañas deste plan de lectura.
26 Realizar a proposta a todas as institucións, públicas e privadas, empresas, medios de comunicación e a sociedade dunha mobilización a favor do libro e máis da lectura.
29. O Plan pode apoiarse nas iniciativas xa existentes e que teñen demostrado eficacia no traballo a favor do libro galego e a lectura. Ao tempo, o Plan de lectura debe apoiar estas iniciativas para que poidan ter continuidade.
PERIODIZACIÓN
A Xunta de Galicia elaborará unha periodización das accións a levar a cabo durante o período 2005-2010 para conseguir os obxectivos deste plan de lectura.
ORZAMENTO
Este plan de lectura debe contemplar un orzamento que faga posible desenvolver as accións previstas no seu texto. Con este fin, reservarase o 1% do custo das obras públicas culturais e educativas de todas as administracións públicas. Aplicaranse así mesmo as achegas monetarias doutras entidades públicas e privadas.
AVALIACIÓN
Coa periodicidade que se determine realizaranse avaliacións sobre o cumprimento do Plan de lectura. Estas avaliacións incluirán sondaxes estatísticas de hábitos de lectura e compra de libros, coa correspondente difusión pública dos resultados.

HAY QUE LEER A CUETO

DOMINGO, 30 DE ENERO DE 2005
JUAN CUETO PERIODISTA Texto: Javier Cuervo Fotos: Ángel González
La cultura de la calma está muy extendida en Europa. España no está muy mentalizada con ella porque es más la histeria, la crispación, el duelo permanente. Porque somos más maniqueos. Esa cultura de la calma se nota en todo. En Milán estuvo el Dalai Lama y nunca vi llenazo mayor... burguesía, políticos... todo Cristo". Juan Cueto, periodista, sufre pereza de volar y de más cosas unidas a la vida que llevó hasta ahora. Este ovetense que acaba de ser nombrado hijo adoptivo de Gijón, este fundador de cadenas televisivas que presidirá el consultivo órgano del ente autonómico audiovisual de la comunidad vecina, disfruta las prestaciones sentimentales y vitales de tener un nieto y ha tenido que esperar a los 62 años para tener la primera crisis de edad.
–¿Zapatero está siendo un trankimazín para la política española?
–Mi teoría es que Zapatero es zen, que Z es Z y así lo está valorando la prensa internacional. The New York Times y Le Nouvel Observateur han hablando del zen de Zapatero. Zapatero es zen y minimalista. La derecha española es de lo más ideologizado y ha funcionado de forma maximalista. Minimalismo y zen son la misma cosa. Basta ver las tiendas de Armani, que se las decora un japonés. Hay una tercera teoría para explicar a Zapatero y es que Miguel Barroso, secretario de Estado de Comunicación, y los que están con él —el ala Oeste de la Moncloa— son consumidores totales de la teleserie El ala Oeste de la Casa Blanca. Copiaron toda la sit-com (comedia de situación) sobre la actividad del presidente demócrata Josiah Bartlett. Acabo de ver la cuarta temporada y es un plagio de Zapatero. Eso que hizo de presentarse en el centro de la Dirección General de Tráfico cuando los atascos de la nevada diciendo "tienen razón, la culpa es nuestra y esto no se va a repetir" es puro presidente Bartlett.
Ese lado zen que tranquiliza la Cueto se declara optimista con los menores de 30 años, "una generación global a la que la droga de diseño ‘ibarretxina’ no hace rasgarse las vestiduras" porque no practican el apocalipsis ‘made in Spain’ que tanto gusta a generaciones precedentes. La crispación y ese televisivo forman el "fenómeno Zapatero" que analiza la prensa internacional. Si funciona entre los jóvenes es porque los menores de 30 entienden el lenguaje del zen, el minimalista y el de la sit-com. Zapatero llega mejor a los menores de 30, que están sincronizados con el mundo. Nosotros venimos de discursos maximalistas. El maximalismo y los grandes diseños se estrellan más con la realidad. González y Aznar eran maximalistas, exigían que todo tuviera planteamiento, nudo y desenlace. Él, no. Parte de que no se pueden decir mentiras y que si hay que hacer algo, se hace y punto y luego se hace otra cosa.
–¿Nota usted tanto el cambio generacional?
–Lo peor es mi generación, la generación bloqueante de los baby boomers. El fenómeno es universal. Es la edad de Clinton, de Felipe González o de Juan Luis Cebrián. No estamos sincronizados, pero tampoco para retirar. Los menores de 30 están sincronizados y tienen Internet, el hip-hop y las sit-com. Salen del instituto o de la "facul" y se pasan el día discutiendo en el Messenger, un programa de charla electrónica, que en España tiene 6,5 millones de usuarios. ¿Cuántos concentran esa audiencia? Escuchan música con los cascos puestos y están on line. El silencio enorme en la habitación de los adolescentes se interpreta mal: ¿qué hacen ahí metidos todo el día, sin ruido y en algo que es gratis?
–¿Confía en ellos?
–Soy optimista para muy pocas cosas, pero sí para la nueva generación global y planetaria, para la que esa nueva droga de diseño, la ibarretxina, no les hace rasgarse las vestiduras porque no practican el apocalipsis made in Spain. Ellos están sincronizados gracias a la globalización —de la que podemos hablar bien, mal o mediopensionista —, pero que ha cambiado el curso y el ritmo. Ellos están sincronizados, on line, mientras que nosotros a su edad estábamos en una España en diferido.
–Usted fue un importador.
–No me pongas colorado. Yo soy un producto de provincia, que en el franquismo era muy dura. Yo quería estar sincronizado a algo que entonces era una suscripción a Cahiers de cinema o escuchar a los Beatles. La música pop fue un gran sincronizador. El pop fue el primer momento global y por eso Úrculo y yo éramos entonces tan amigos y hablábamos de Warhol y Lichtenstein cuando de lo que había que hablar era de Franco y de la dictadura. Mariano Antolín Rato también fue un divulgador de la beat-generation, y todo eso me gustaba, por eso me decían que lo mío era muy frívolo. Salí muy joven fuera, a la vendimia de Francia, cuando estaba en segundo de Derecho, luego a una excavación arqueológica, después a Argelia. En mi provincia había un doble aislamiento: de Madrid a Oviedo los estrenos de cine tardaban meses y el Informaciones o el Abc llegaban tarde. No sé qué habría pasado de haber sido yo un niño belga con todas sus ventajas de nacer en democracia y no tener que demostrar lo que es evidente, como la democracia o la libertad de expresión. Me salvó mi lado pop o avantpop del gusto por música, cine, cómic y otro tipo de expresiones y el interés por los medios, entonces la radio, con Fenestra universitaria. Hicimos un uso rebelde de Radio Asturias y lo asaltaron los falangistas. Cuando llegaron se encontraron con una cinta, porque era en diferido, y con Luciano García.
–¿Eso de la vejez, que tanto repite últimamente, es una nueva coquetería?
–No, es que yo no tuve crisis de los 40 ni de los 50, pero sí a los 60, y por estrés. Tuve un bajón total y me dije "déjate de cosas y dedícate a lo de tu edad". Tengo 62 años, los asumo y me quiero dedicar a entender a los jóvenes, pero no como menorero, sino porque intentar entender es un placer de la vejez. También quiero estar en Asturias por su calidad de vida.
–Usted preside el consejo de comunicación del ente público audiovisual del Principado de Asturias. ¿Para qué sirve una televisión autonómica?
–Una televisión vale para hacer televisión como un periódico vale para hacer periodismo. Servirá para hacer programas que no hacen las generalistas. Así es como funcionan todas las televisiones públicas del mundo y espero que ésta, al ser de nuevo cuño, sea innovadora. Me decía Pérez Ornia, el futuro director general del ente, que quiere que sea muy de directo y, al tiempo, que nos conecte globalmente
porque no hay inconveniente en innovar desde lo local o desde lo global.
–Las televisiones autonómicas tratan bastante la identidad.
–Se da por supuesto porque es una televisión de proximidad. Todas las televisiones en España son locales porque van dirigidas a un público de 40 millones de espectadores en 21 millones de hogares y siguen un modelo italianizante que ya no hay en Italia. En el mundo audiovisual España entra en la modernidad con Almodóvar, Amenábar o Isabel Coixet, pero en la televisión somos la más auténtica falta de creatividad y no exportamos nada, salvo una versión empeorada de Crónicas marcianas. La originalidad española es el monocultivo rosa, que no se da en ninguna televisión del mundo, y la telebasura en horario infantil.
–Hace años ya advertía usted que la única aportación española al periodismo mundial era ¡Hola!
–Sí, monocultivo rosa. Respecto a la TV basura no se explica por qué no quieren aceptar una autorregulación dos empresas italianas, Agostini y Berlusconi, Antena 3 y Tele 5, que ya firmaron un código igual en Italia en 2002. Están haciendo en España cosas que en Italia no se atreven a hacer. Yo en eso sigo al liberal Karl Popper cuando dijo que la televisión es un nuevo poder no previsto, que influye en todo y que debe regularse como hicieron el resto de los poderes. Una anomalía catódica española es que no hay consejo audiovisual de TV. Vale, se hacen las normas, pero ¿quién las aplica? El consejo francés es indiscutible y nadie se pregunta por la libertad de empresa. He hecho una propuesta provocadora de que mientras no exista el consejo audiovisual se delegue en el de Cataluña, que es modélico.
–¿Cuesta mucho una TV autonómica?
–No tiene por qué si es de mucho directo y producción propia. Depende del modelo. En España las televisiones locales surgen como champiñones y no se arruinó nadie. No han invertido nada y muchos creen que con salir en ellas, el público ya queda seducido, pero no es así: la gente distingue entre imágenes buenas y malas como distingue informaciones buenas y malas. Las teles locales tendrían que ser locales, pero todas tienen vocación imperialista. Deberían adaptarse al territorio y encontrar en él el gancho de las noticias y de la publicidad, compitiendo con los periódicos. En Estados Unidos son un éxito, aunque allí las ciudades son más grandes. Pero en la televisión no está nada inventado. No hay un modelo, aparte del de las generalistas, que no me gusta nada. La televisión es muy joven y todavía no ha explotado todas sus posibilidades. Con la digital terrestre cada vez serán más baratas. El éxito de la autonómica dependerá de muchas cosas. No se presta tanta atención a que va a haber una radio pública.
–¿Por qué es importante?
–Por las audiencias y porque se pueden contar otras cosas. Las radios locales están todas en cadena y esto sería una emisión sólo para una comunidad autónoma. El fenómeno de la radio en España es único: seis generalistas que cubren todo el territorio nacional y unas audiencias como no hay igual en Europa. No hay esa audiencia, ni esa competencia, ni ese dinero para la publicidad ni esa politización.
En España las estrellas de la radio son más que las de TV. Mira la campaña de la Constitución europea, con Iñaki Gabilondo y Luis del Olmo. Los tipos que más imagen tienen no tienen imagen. La pobreza de nuestra televisión es tal que no crea mitos.

TORRENTE EN LA PSOGUERRA


Miercoles, 26 de Enero de 2005


Un libro revive el encuentro de Torrente Ballester con Goebbels
El escritor gallego asistió a un congreso celebrado en Weimar en el otoño de 1942
Un profesor alemán alude a la visita en su estudio sobre una asociación de autores con respaldo nazi
Los problemas del poco entusiasmo con el franquismo


(x. f. | redacción)
En el otoño de 1942, Gonzalo Torrente Ballester conoció al Ministro de Propaganda nazi, Joseph Goebbels. El escritor gallego se llevó una primera impresión de un hombre culto y liberal, imagen que se derrumbó cuando Torrente conoció en toda su dimensión el horror instigado por Hitler. Este episodio, relatado por Torrente en sus textos memorialísticos, ha recobrado actualidad en el libro ¡Escritor, escribe, no hagas congresos! , del profesor de la Universidad de Friburgo Frank Rutger Hausman, en el que se explica la génesis e historia de la Asociación de Escritores Europeos.

La asociación, tras una fachada de libertad cultural, en realidad nació manipulada por Goebbels para dar una imagen positiva en el exterior del régimen nazi. El objetivo era contrarrestar al PEN Club, el colectivo de escritores que se había creado unos años antes con el objetivo de luchar por el derecho de los autores a expresarse en libertad. Prueba de la astucia de Goebbels, la Asociación de Escritores Europeos se fundó sobre unos estatutos progresistas y fue presidida por Hans Carossa, un escritor nada afín al nazismo, como recuerda Hausmann. En realidad, debía coordinar las acciones de los intelectuales en una Europa que acabaría en teoría bajo dominio nazi.

El colectivo llegó a contar con 200 escritores de 15 países y organizó tres congresos en Weimar, al segundo de los cuales asistió Torrente, que tenía entonces 31 años. El escritor gallego acudió con el autor fascista Ernesto Giménez Caballero y acompañado por José María Alfaro. Queda constancia de sus nombres en una recepción con Goebbels, en la que se produjo el encuentro que Torrente habría de recordar años después.

Aquella asistencia debe enmarcarse dentro de las relaciones que mantenía la España de Franco con el régimen hitleriano, del que se daba una imagen benigna de bastión contra el comunismo. Torrente se había afiliado a Falange por una cuestión de supervivencia y la abandonaría poco después de su viaje a Alemania. Como recuerda José Antonio Ponte Far, especialista en la obra de Torrente, el escritor aún no había ni publicado su primera novela y difícilmente podía considerarse un autor reconocido, más bien un observador curioso. Aquella asociación duró poco: los años más duros de la guerra la paralizó.




Los problemas del poco entusiasmo con el franquismo
FALANGISMO

La vinculación falangista de escritores como los gallegos Gonzalo Torrente Ballester y Álvaro Cunqueiro, aunque pueda parecer paradójico, les causó bastantes problemas durante el régimen franquista. Ninguno de los dos mostró entusiasmo en su militancia, y su tibieza acabó por pasarles factura.

En el caso de Torrente, su afiliación falangista fue motivada por su actividad galleguista durante la República; una vez dentro de la organización, se aproximó al llamado «grupo del Escorial», liderado por Dionisio Ridruejo, símbolo de la disensión de Falange con la política de Franco. Aquel grupo al que también pertenecían Laín Entralgo o Alfaro no vio por ningún lado la regeneración cultural que esperaban después de la Guerra Civil: sólo la manipulación con la que Franco se valía de ellos para sus propios intereses.

En 1962 Torrente firmó una carta en apoyo a unas mujeres de mineros represaliadas en Asturias, junto a Aranguren, Buero y otros intelectuales. Aquello le costó su pueso de profesor en la Escuela de Guerra Naval, sus colaboraciones como crítico teatral en RNE y que el tercer tomo de Los gozos y las sombras no llegase a las librerías por imperativo de la censura. Abandonó Madrid y se fue a vivir a Pontevedra, donde escribiría La saga/fuga de J.B. Fue su salvación.
Tarifas publicitarias / publicidad@lavozdegalicia.es

Y UNA GRAN FRASE

"Las creencias, en la medida en que suponen unas ilusiones optativas contrarias a la realida, son comparables a una feliz demencia alucinatoria"
Segismundo Freud, 1927

POR FIN UNA BUENA NOTICIA

La Iglesia acepta el preservativo como mal menor contra el sida

El secretario general de la Conferencia Episcopal, Juan Antonio Martínez, saluda a la ministra, Elena Salgado / J.Guillén La Conferencia Episcopal Española se declaró ayer a favor del uso de los preservativos como un mal menor al afirmar que estos “tienen su contexto en una prevención integral y global del sida”. Así lo declaró ayer su portavoz y secretario general, Juan Antonio Martínez Camino, quien señaló además que las posiciones de la Iglesia sobre el sida están avaladas por propuestas científicas publicadas en la prestigiosa revista “The Lancet”, que defienden la combinación de la abstención, la fidelidad y el uso de medios preservativos.El portavoz de los obispos hizo estas afirmaciones al término de una entrevista de hora y media mantenida con la ministra de Sanidad, Elena Salgado, para hablar sobre el Sida a propuesta de la Conferencia Episcopal y que tuvo lugar en la sede ministerial. Martínez Camino explicó que en un diálogo “muy amable y distendido” han podido ver cómo determinados prejuicios que existen respecto a la postura de la Iglesia en cuestiones como la prevención del sida responden efectivamente a prejuicios.
Añadió que en este contexto, han podido ver como colaborar cada uno desde sus ámbitos y responsabilidades respectivos: “es lo adecuado colaborar para tratar de solucionar un problema tan grave como éste en España y en todo el mundo”.
Salgado
“Ha sido una entrevista - concluyó- para poder comprender bien las posturas en cuestión, para poder entendernos y para poder colaborar. Este es nuestro deseo y espero que en el futuro pueda avanzarse en este camino”.
Por otra parte, la ministra de Sanidad, Elena Salgado, pidió ayer a la Iglesia que no cuestione la validez del preservativo en la prevención del sida, avalada por numerosas investigaciones, y recordó que el Gobierno tiene la obligación “de proteger la salud de todos los ciudadanos, independientemente de su credo religioso” y defendió el uso del preservativo.



UN LIBRO SOBRE LA ESPERANZA DE LOS MARINEROS

Nos cincuenta un novo grupo de edificios poboou as agras de Labañou. Para significar a vehemencia da mocidade que o habitaba —e tomando como inspiración metafórica a guerra que entón desenvolvían os norteamericanos no Oriente de lonxe— o barrio axiña quedou bautizado como Corea. No mesmo tempo, o patrón de pesca Juan Cagiao comezou a encher os copos no Gran Sol cun peixe nunca antes visto na Coruña. Esas meigas grandes —ou falsos linguados — inmediatamente recibiron no Muro o nome de "coreanos".
"Todo o que hai na terra, haino tamén no mar", así principia un vello conto irlandés recollido por Lady Gregory. Mais, se na dimensión "terrícola" sufrimos grandes eivas en memoria histórica, a amnesia é absoluta na Coruña do mar.
Homes de Ferro en Barcos de Madeira, velaí un feliz antídoto. Esperanza Piñeiro e Andrés
Gómez Blanco utilizaron como título da súa obra o "epíteto épico" con que os navegantes ingleses saudaban aos mariñeiros galegos dos pataches e dos vellos bous do Gran Sol.
Advertencia: cómpre traxe de augas para achegarse a este libro. En cada páxina estoupa "o salsieiro". As crónicas dos veteranos de altura e do mar de María Antonia —así lle chaman ao treito de auga entre Prior e Sisargas— transcenden á fin o círculo máxico da partida de tute no Tres Portiñas, no Rueda ou no Lionardo, tascas mariñeiras varadas na cidade. Nunha delas, o Tabeirón, principia unha das grandes travesías do libro. Os ollos de boi que adornan o local teñen soportado temporais a eito. Antes de taberna, os Tabeiróns foron unha parella de arrastreiros .
Andrés Soto mandou durante moitos anos un destes barcos. Ademais de Castletown, Bantry e Valentia —peiraos "galegos" nas rías de Irlanda—, sorpréndenos con novas xeografías. Nos anos corenta, navegaba xa nun bou de vapor e tocaba decote o porto de Milford, en Gales, para repostar carbón. A primeira vez pediron 30 toneladas, a mesma medida que embarcaban na
Coruña. Na metade da carga tiveron que mandar parar. O barco ía para o fondo con tanto peso. Foran descubrir en Gales que á tonelada de carbón do Muro faltáballe moito para chegar aos mil quilos.
Andrés naceu en Marín, en 1917. Lembra que nos anos da República, os bous coruñeses,
no inverno, entre o 21 de setembro e o 21 de marzo, tiñan prohibido subir ao Gran Sol. Fora un dos logros de El Despertar Marítimo, o grande sindicato dos mariñeiros. Tras do golpe militar do xeneral Franco, a súa infraestrutura clandestina organizou a fuga en pesqueiros de moitos cidadáns ameazados de morte polos golpistas. Mais no ano 37, quizá na tentativa máis ambiciosa, houbo unha delación, e 200 republicanos chegados de toda Galiza, en lugar da liberdade, atoparon no Portiño unha chuvia de balas.
Aos 15 anos, Jesús Regueira traballaba nunha carnizaría. Viaxaba no tranvía para facer o
reparto, cando escoitou un estrondo terrible. Tanto se asustou que tirou o cesto e fuxiu ás presas cara casa. Era a mañá do 20 de xullo de 1936 e as sereas de toda a flota estaban a manifestarse,
contra o golpe de Estado, en defensa da República. Dúas décadas despois Jesús andaba a empeixar no banco da Balea —Terranova— augas de frío onde todo se xea, ata as bágoas. Daquela pescábanse bacallaus grandes coma homes. Traían tanto peixe que unha vez a súa cuñada fixo unha empanada de barbilla, isto é, de linguas de bacallau, "na miña vida comín cousa tan deliciosa". Contoumo un amigo. Antes de ser Manuel Núñez, gran vocalista do grupo Foliada, foi Coruña, mariñeiro nas capas do Gran Sol. Un día, actuando en Boiro, viu en primeira fila aos
seus antigos compañeiros do barco. Emocionado, dedicoulles unha canción. No remate, achegáronselle todos cargados de timidez: "Grazas, Coruña. As nosas mulleres dicían que non nos ías falar".
"As cousas do mar no se contan na terra", dixo o Machín de Muxía. Esa fronteira invisible
que separaba ambos os dous mundos é agora unha cancela de ferro a deter aos terrícolas na entrada ao Muro. Nestes días tristes de declive constante dun porto de tanta sona, grazas a Esperanza e Andrés, os homes de ferro soben por fin ao mellor escenario, para nos traer un chisco de memoria e dignidade.
"O pasado é o futuro", dixo o filósofo. A Coruña naceu do mar. Tras mollarnos no testemuño destes sabios, xa sabemos onde debemos procurar o seu porvir.
As robalizas de San Andrés
Sorpréndase no Parrote o paseante. Se centra a súa atención nos muros do xardín de San Carlos, aparecerá, incrustada neles —e medio agachada pola hedra—, a portada da antiga igrexa de San Andrés. Achéguese un chisco máis e descubrirá, navegando nas arquivoltas, un xarabal de robalizas. Normal, San Andrés era o patrón do antigo gremio de mareantes, e A Coruña ten as súas raigañas máis fondas chantadas no Atlántico.
Por iso, a visión que Esperanza e Andrés nos ofrecen neste libro é oceánica. Ao carón dos testemuños directos dos protagonistas, a obra achega unha aproximación histórica á pesca na cidade dende o comezo do século XX ata os anos sesenta, e unha magnífica colección de láminas e fotografías. Ademais tamén incluíron o saúdo da serea da illa Miranda, en Ares, ou a noticia do congro de sete cabezas que habita, en Ferrol, preto do peirao de Curuxeiras. Isto é o engado dos seres fantásticos que, entre as Sisargas e Prior, comparten cos homes de ferro a fartura —carnocho, lembra ben o nome— do mar de María Antonia.

2666 y GALICIA

Bolaño descubre el ´Testamento geométrico´
El escritor chileno convierte en un ´ready made´, al modo de Duchamp, el libro del gallego Dieste en su obra póstuma, ´2666´.
Isabel Bugallal / A Coruña
Espinosa salió al patio trasero y vio un libro que colgaba de una cuerda para tender la ropa. No se quiso acercar para ver de qué libro se trataba, pero cuando volvió a entrar en la casa le preguntó a Amalfitano por él.
-Es el Testamento geométri-
co, de Rafael Dieste -dijo Amalfitano-.
-Rafael Dieste, un poeta gallego -dijo Espinosa-.
-Ese mismo -dijo Amalfitano-, pero éste no es un libro de poesía sino de geometría, las cosas que se le ocurrieron a Dieste mientras ejerció como profesor de instituto.
Así llega el Testamento geométrico de Dieste a 2666, la monumental obra póstuma de Rafael Bolaño (Santiago de Chile, 1953-Barcelona, 2003), considerada la mejor del autor chileno y una obra maestra indiscutible, a juicio de muchos críticos.
2666 (Anagrama, octubre de 2004), que con 1.125 páginas, va ya por su tercera edición, está dividida en cinco partes, aparentemente independientes, y es en la segunda, La parte de Amalfitano, donde Bolaño descubre el Testamento geométrico.
El profesor Amalfitano había dejado Barcelona para impartir clases en la universidad mexicana de Santa Teresa -trasunto de Ciudad Juárez-, "un oasis de horror en medio de un desierto de aburrimiento", como diría Bolaño con palabras de Baudelaire, pues allí se suceden repugnantes crímenes de mujeres.
Amalfitano era experto en Benno von Archimboldi, un enigmático escritor alemán del que son devotos el español Espinosa, el francés Pelletier y la británica Liza Norton, los personajes que pueblan La parte del los críticos, con que se abre la novela.
Esa devoción, precisamente, los lleva a los tres a viajar al desierto de Sonora en busca del escurridizo Archimboldi, al que había traducido durante su breve exilio argentino el profesor Amalfitano, quien ahora vive con su hija Rosa en Santa Teresa después de que la madre de ésta los abandonase en Barcelona.
"Una tarde, Amalfitano salió al patio en mangas de camisa como un señor feudal sale a caballo a contemplar la magnitud de sus territorios. Antes había estado tirado en el suelo de su estudio abriendo cajas de libros con un cuchillo de cocina y entre éstos había encontrado uno muy extraño que no recordaba haber comprado jamás y que tampoco recordaba que nadie le hubiera regalado. El libro en cuestión era el Testamento geométrico de Rafael Dieste, publicado por Ediciones del Castro en La Coruña, en 1975, un libro evidentemente sobre geometría, una disciplina que Amalfitano apenas conocía, dividido en tres partes, la primera una Introducción a Euclides, Lobatchevski y Riemann, la segunda dedicada a Los movimientos en geometría, y la tercera parte titulada Tres demostraciones del V postulado, sin duda la más enigmática pues Amalfitano no tenía idea de qué era el V postulado (...)".
Amalfitano leyó que la edición era un homenaje a Dieste de Ramón Baltar Domínguez, Isaac Díaz Pardo, Felipe Fernández Armesto, Fermín Fernández Armesto, Francisco Fernández del Riego, Álvaro Gil Varela, Domingo García Sabell, Valentín Paz Andrade y Luís Seoane.
Y descubrió en las solapas del volumen más sobre la vida y obra de Dieste, incluso indagó en la biblioteca de la universidad. Y conjeturó que el libro era el homenaje de sus colegas de universidad, quizá ya jubilados algunos, pero "profundamente solitarios" y "profundamente autosuficientes", que se reunían "en el casino de La Coruña para beber un buen coñac o un whisky y hablar de intrigas y de queridas mientras sus mujeres o, en el caso de los viudos, sus criadas estaban sentadas delante de la tele o preparando la cena".
Para Amalfitano seguía siendo un enigma la aparición del Testamento geométrico en una de las cajas de libros que había enviado desde Barcelona cuando reparó en la etiqueta, en la que se leía Librería Follas Novas, Montero Ríos, 37, Santiago. Pero "nunca, ni en sueños, había estado en Santiago de Compostela".
Después fue al prólogo, de García Sabell -La intuición iluminada-, y se quedó sorprendido de que citase a Heidegger, pues Amalfitano -chileno, como Bolaño- desconocía la formación alemana de García Sabell.
Y después de un pormenorizado examen del libro, decidió colgarlo en el tendal. "La idea, por supuesto, era de Duchamp", reconoce, que en 1919 había dado "instrucciones de cómo colgar un libro de geometría de la ventana de su apartamento con un cordel", para ver si aprendía "cuatro cosas de la vida".
Amalfitano hizo suya la idea del artista francés -cuyo urinario se convirtió en la obra más importante del siglo XX- y dejó el libro de geometría colgado a la intemperie "para ver si aprende cuatro cosas". Desde entonces, "por las mañanas, cuando entraba en la cocina
y dejaba su taza de café en el frega-
dero, hacía su visita obligada al libro de Dieste..."

EL BLOQUE COMO SIEMPRE, A LA ÚLTIMA

El BNG denuncia que sólo se puede acceder a un sistema de la Seguridad Social con windows Agencias/ Santiago
El portavoz del BNG en el Congreso, Francisco Rodríguez.El portavoz del BNG en el Congreso, Francisco Rodríguez, acaba de presentar una pregunta escrita en el Congreso en la que denuncia que la Tesorería de la Seguridad Social sólo permita el acceso a su sistema RED bajo el sistema operativo windows. Según explica el BNG, RED es un servicio que el Gobierno ofrece a empresas, agrupaciones y profesionales colegiados para permitir el intercambio de información y documentos entre las distintas entidades a través de medios telemáticos. Este servicio emplea un programa que la Seguridad Social facilita de forma gratuita pero el problema, según el BNG, reside en que el acceso “sólo es posible bajo el sistema operativo windows”, por el que se debe pagar una licencia para poder beneficiarse de las ventajas y reducciones que se ofrecen.
El diputado asegura que no entiende “que un servicio público obligatorio para determinados colectivos y empresas obligue a la adquisición de un determinado sistema operativo”, lo que “beneficia a una empresa privada y elimina cualquier otra opción”.

PARA COMENZAR EL AÑO

En estos primeros días de enero, nada mejor que un recuerdo al gran Buenaventura:
"Nosotros edificamos palacios y ciudades en España y América y en todo el mundo. Nosotros los trabajadores podemos incluso edificar nuevas ciudades que las reemplacen, e incluso serán mejores. No, no tenemos ningún miedo a las ruinas, vamos a heredar la tierra. La burguesía puede hacer volar y destruir su mundo antes de abandonar su etapa de la historia. Pero nosotros traemos un mundo nuevo en nuestros corazones"
Salud

WIKIPEDIA

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