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Te quiero más que a la salvación de mi alma
Catalina en Abismos de pasión de Luis Buñuel
INCIPIT 444. DOCTOR SUEÑO / STEPHEN KING
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INCIPIT 283. 22/11/63 / STEPHEN KING
Mi ex mujer alegó que el motivo principal de la separación era mi “inexistente gradiente emocional”, (como si el tipo que conoció en las reuniones de Alcohólicos Anónimos no hubiera influido). Christy dijo que suponía que podía perdonarme por no haber llorado en el funeral de su padre, solo le había conocido seis años y no podía entender lo maravilloso y generoso que había sido (como cuando, por ejemplo, le regaló un Mustang descapotable por su graduación). Pero luego, cuando tampoco lloré en los funerales de mis propios padres -murieron con dos años de diferencia, mi padre de cáncer de estómago y mi madre de un inesperado ataque al corazón mientras paseaba por una playa de Florida-, empezó a comprender esa cosa del inexistente gradiente emocional. Yo era “incapaz de sentir mis sentimientos”, en lenguaje de AA.
-Jamás te he visto derramar ni una lágrima -me dijo ella, hablando con la monótona entonación que la gente emplea cuando está expresando el argumento definitivo que marca el final de una relación. Ni siquiera cuando me amenazaste con marcharte si no iba al centro de desintoxicación.
Esta conversación tuvo lugar aproximadamente seis meses antes de que ella recogiera sus cosas, las metiera en su coche, y se mudara a la otra punta de la ciudad con Mel Thompson. “Chico conoce a chica en el campus de AA.” He aquí otra frase de esas reuniones. No lloré cuando la vi partir.
INCIPIT 88. LA HISTORIA DE LISEY / STEPHEN KING
I
Lisey y Amanda.
(Todo sigue igual)
Los cónyuges de los escritores famosos son casi invisibles al ojo público; nadie lo sabía mejor que Lisey Landon. Su esposo había ganado el Pulitzer y el Premio Nacional de Literatura pero, en cambio, Lisey tan solo había concedido una entrevista de verdad en toda su vida, concretamente para la conocida revista femenina que publica la columna titulada «Sí, estoy casada con Él». Se pasó más o menos la mitad de las quinientas palabras del artículo explicando que su nombre (una abreviatura de Lisa) rimaba con «Sisi», mientras que la otra mitad se centraba en su receta de rosbif asado a fuego lento. Su hermana Amanda comentó en su momento que la fotografía que acompañaba el artículo la hacía parecer gorda.
Ninguna de las hermanas de Lisey era inmune a los placeres que proporciona meter cizaña («hurgar en la porquería», como siempre decía su padre) o chismorrear sobre los trapos sucios ajenos, pero la única a quien a Lisey le costaba querer era precisamente Amanda. Esta, la mayor (y más peculiar) de las hermanas Debusher, de Lisbon Falls, en la actualidad vivía sola en una casa que le había comprado Lisey, una vivienda pequeña y bien aislada cerca de Castle View, donde Lisey, Darla y Cantata podían tenerla controlada. Lisey se la había comprado hacía siete años, cinco antes de que Scott muriera. Muriera Joven. Muriera
JAMESIANA 10
"Trabajamos en la oscuridad, hacemos lo que podemos y damos lo que poseemos. Nuestra duda es nuestra pasión y nuestra pasión es nuestra tarea. El resto es la locura del arte", apuntó Henry James refiriéndose a la metodología de su oficio en La edad madura, uno de sus muchos relatos de/con/sobre escritores.
Y es posible que, después de James, el narrador norteamericano que más se ha dedicado a inspeccionar las zonas peligrosas en las vidas de cuentistas y novelistas y lectores sea el terrorista Stephen King. Ahí están La mitad oscura, Misery y esa gran novela americana que es El resplandor, por citar unos pocos títulos de este hombre prolífico e inquietante por más de un motivo.
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Pero tal vez ésta sea una buena noticia, quizá de eso se trate. Después de todo, cada uno de los grandes miedos sobrenaturales de King estuvieron siempre firmemente plantados en temores palpables y en cosas en las que todos creemos porque existen y aquí están. Tal vez lo que ocurra es que este gran escritor de terror -King escribió La historia de Lisey luego de una neumonía que casi termina con él y ya ha anunciado otra novela, Duma Key, protagonizada por un hombre que pierde un brazo pero no deja de sentirlo- haya comprendido, en su jamesiana edad madura, que nada causa más temor que este mundo en el que nacemos y morimos y, entre un extremo y otro, temblamos. Mucho. Trabajando y viviendo y haciendo lo que podemos. En la oscuridad. El resto... ya saben.


