Te quiero más que a la salvación de mi alma

Te quiero más que a la salvación de mi alma
Catalina en Abismos de pasión de Luis Buñuel
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INCIPIT 444. DOCTOR SUEÑO / STEPHEN KING

El segundo día de diciembre de un año en el que un hombre que se dedicaba al cultivo de cacahuetes en Georgia hacía negocios en la Casa Blanca, uno de los mejores complejos hoteleros de Colorado ardió hasta los cimientos. El Overlook fue declarado siniestro total. Tras una investigación, el jefe de bomberos del condado de Jicarilla dictaminó que la causa había sido una caldera defectuosa. En el hotel, que permanecía cerrado en invierno, solo había cuatro personas cuando ocurrió el accidente. Sobrevivieron tres. El vigilante de invierno, John Torrance, murió en el infructuoso (y heroico) intento de reducir la presión de vapor en la caldera, que había alcanzado niveles desastrosamente altos debido al fallo de una válvula de seguridad.
Dos de los supervivientes fueron la mujer del vigilante y su hijo. El tercero fue el chef del Overlook, Richard Hallorann, que había dejado su trabajo temporal en Florida para ir a ver a Jos Torrance porque, según sus propias palabras, había sentido cuna fuerte corazonada» de que la familia tenía problemas. Los dos supervivientes adultos resultaron gravemente heridos en la explosión. Solo el niño salió ileso.

Físicamente, al menos.

INCIPIT 368. DOLORES CLAIRBONE / STEPHEN KING

¿Qué has preguntado, Andy Bissette? ¿Que si entiendo mis derechos tal como me los has contado? ¡Joder! ¿Por qué algunos hombres son tan burros? No, no te preocupes. Deja de parlotear y escúchame un rato. Me da la sensación de que te vas a pasar la mayor parte de la noche escuchándome, así que será mejor que te vayas acostumbrando. ¡Claro que entiendo eso que me has leído! ¿Tengo pinta de haber perdido el cerebro desde que te vi en el mercado? Eso fue el lunes por la tarde, por si no te acuerdas. Te dije que tu mujer te daría la bronca por haber comprado el pan del día anterior y supongo que tenía razón,¿no? Entiendo muy bien mis derechos, Andy. Mi madre no educó a ningún idiota. También entiendo mis responsabilidades. Que Dios me ayude.  ¿Dices que cualquier cosa que diga puede ser usada en mi contra ante un tribunal? ¡Pero qué maravilla! Y tú sácate esa mueca de la cara, Frank Proulx. Ahora puedes ser un poli duro, pero no hace tanto desde que yo te veía corretear por ahí con el pañal abolsado y con esa misma sonrisa estúpida en la cara. Te daré un pequeño consejo: cuando te juntes con una viejarrona corno yo será mejor que te ahorres la sonrisa. Me cuesta menos leer tu cara que un anuncio de ropa interior en un catálogo de Sears. Bueno, ya nos hemos divertido: tal vez deberíamos centrarnos. Os vaya contar a los tres un buen montón de cosas a partir de ahora mismo; y una buena parte de eso tal vez pueda ser usada en mi contra ante un tribunal, si es que a alguien le interesa a estas alturas. Lo más gracioso es que la gente de la isla ya lo sabe casi todo y a mí ya casi me importa una mierda, como solía decir el viejo Neely Robichaud cuando se tornaba unas copas. Es decir, casi siempre, como os podrá decir cualquiera que lo haya conocido. Hay una cosa que sí me importa una mierda, sin embargo, y por eso he venido aquí por voluntad propia. Yo no maté a esa cabrona de Vera Donovan

INCIPIT 347. CORAZONES EN LA ATLANTIDA / STEPHEN KING

UN NIÑO Y SU MADRE. EL CUMPLEAÑ'OS DE BOBBY. EL NUEVO INQUILINO. DEL TIEMPO Y LOS DESCONOCIDOS.

El padre de Bobby Gadield era uno de esos hombres que empiezan a perder el pelo poco después de los veinte y están totalmente calvos hacia los cuarenta y cinco. Randall Gadield se libró de ese destino muriendo de un infarto a los treinta y seis. Era agente inmobiliario y, cuando exhaló el último suspiro, yacía en el suelo de la cocina de una casa ajena. En el instante en que el padre de Bobby expiró, el potencial comprador de la vivienda se hallaba en la sala de estar, intentando avisar a una ambulancia a través de un teléfono desconectado. Por entonces Bobby contaba tres años de edad. Guardaba vagos recuerdos de un hombre haciéndole cosquillas y besándole las mejillas y la frente. Tenía la casi absoluta certeza de que ese hombre era su padre. AÑORADO CON TRISTEZA, rezaba en la lápida de Randall Garfield; pero la verdad era que su madre no parecía muy triste, y en cuanto a Bobby ... en fin, ¿quién podía añorar a alguien al que apenas recordaba? Ocho años después de la muerte de su padre, Bobby se  enamoró con locura de una Schwinn de veintiséis pulgadas que vio en el escaparate de la ferretería Western Auto. Lanzó a su madre toda clase de indirectas sobre la Schwinn y,   finalmente, una noche, se la señaló cuando volvían del cine (habían visto Tbe Dark at tbe Tap af tbe Stints, que Bobby no entendió pero disfrutó igualmente, sobre todo la escena en que Dorothy McGuire se dejaba caer en un sillón y enseñaba SUS largas piernas). Al pasar frente a la ferretería, Bobby, como quien no quiere la cosa, mencionó que la bicicleta sería un  estupendo regalo para algún niño afortunado en su undécimo aniversario.

INCIPIT 283. 22/11/63 / STEPHEN KING

Nunca he sido lo que se diría un hombre llorón.

Mi ex mujer alegó que el motivo principal de la separación era mi “inexistente gradiente emocional”, (como si el tipo que conoció en las reuniones de Alcohólicos Anónimos no hubiera influido). Christy dijo que suponía que podía perdonarme por no haber llorado en el funeral de su padre, solo le había conocido seis años y no podía entender lo maravilloso y generoso que había sido (como cuando, por ejemplo, le regaló un Mustang descapotable por su graduación). Pero luego, cuando tampoco lloré en los funerales de mis propios padres -murieron con dos años de diferencia, mi padre de cáncer de estómago y mi madre de un inesperado ataque al corazón mientras paseaba por una playa de Florida-, empezó a comprender esa cosa del inexistente gradiente emocional. Yo era “incapaz de sentir mis sentimientos”, en lenguaje de AA.
-Jamás te he visto derramar ni una lágrima -me dijo ella, hablando con la monótona entonación que la gente emplea cuando está expresando el argumento definitivo que marca el final de una relación. Ni siquiera cuando me amenazaste con marcharte si no iba al centro de desintoxicación.
Esta conversación tuvo lugar aproximadamente seis meses antes de que ella recogiera sus cosas, las metiera en su coche, y se mudara a la otra punta de la ciudad con Mel Thompson. “Chico conoce a chica en el campus de AA.” He aquí otra frase de esas reuniones. No lloré cuando la vi partir.

INCIPIT 88. LA HISTORIA DE LISEY / STEPHEN KING

I

Lisey y Amanda.

(Todo sigue igual)

Los cónyuges de los escritores famosos son casi invisibles al ojo público; nadie lo sabía mejor que Lisey Landon. Su esposo había ganado el Pulitzer y el Premio Nacional de Literatura pero, en cambio, Lisey tan solo había concedido una entrevista de verdad en toda su vida, concretamente para la conocida revista femenina que publica la columna titulada «Sí, estoy casada con Él». Se pasó más o menos la mitad de las quinientas palabras del artículo explicando que su nombre (una abreviatura de Lisa) rimaba con «Sisi», mientras que la otra mitad se centraba en su receta de rosbif asado a fuego lento. Su hermana Amanda comentó en su momento que la fotografía que acompañaba el artículo la hacía parecer gorda.

Ninguna de las hermanas de Lisey era inmune a los placeres que proporciona meter cizaña («hurgar en la porquería», como siempre decía su padre) o chismorrear sobre los trapos sucios ajenos, pero la única a quien a Lisey le costaba querer era precisamente Amanda. Esta, la mayor (y más peculiar) de las hermanas Debusher, de Lisbon Falls, en la actualidad vivía sola en una casa que le había comprado Lisey, una vivienda pequeña y bien aislada cerca de Castle View, donde Lisey, Darla y Cantata podían tenerla controlada. Lisey se la había comprado hacía siete años, cinco antes de que Scott muriera. Muriera Joven. Muriera

JAMESIANA 10

RODRIGO FRESAN HABLA DE HJ Y DE PASO, DE S.KING
"Trabajamos en la oscuridad, hacemos lo que podemos y damos lo que poseemos. Nuestra duda es nuestra pasión y nuestra pasión es nuestra tarea. El resto es la locura del arte", apuntó Henry James refiriéndose a la metodología de su oficio en La edad madura, uno de sus muchos relatos de/con/sobre escritores.
Y es posible que, después de James, el narrador norteamericano que más se ha dedicado a inspeccionar las zonas peligrosas en las vidas de cuentistas y novelistas y lectores sea el terrorista Stephen King. Ahí están La mitad oscura, Misery y esa gran novela americana que es El resplandor, por citar unos pocos títulos de este hombre prolífico e inquietante por más de un motivo.
[…]
Pero tal vez ésta sea una buena noticia, quizá de eso se trate. Después de todo, cada uno de los grandes miedos sobrenaturales de King estuvieron siempre firmemente plantados en temores palpables y en cosas en las que todos creemos porque existen y aquí están. Tal vez lo que ocurra es que este gran escritor de terror -King escribió La historia de Lisey luego de una neumonía que casi termina con él y ya ha anunciado otra novela, Duma Key, protagonizada por un hombre que pierde un brazo pero no deja de sentirlo- haya comprendido, en su jamesiana edad madura, que nada causa más temor que este mundo en el que nacemos y morimos y, entre un extremo y otro, temblamos. Mucho. Trabajando y viviendo y haciendo lo que podemos. En la oscuridad. El resto... ya saben.

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