Te quiero más que a la salvación de mi alma

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Catalina en Abismos de pasión de Luis Buñuel
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Eric Auerbach


La cicatriz de Ulises, Eric Auerbach, p. 63

DANTE Y VIRGILIO

… a quien tal vez tu Guido despreció.

DANTE. Infierno, X, 68

Hoyv nadie afirmará ya que la tradición antigua desapareció con la invasión de los bárbaros y no resurgió hasta la llegada de los humanistas: la latinidad clásica de las postrimerías de la República y de la época augusta ya no es para nosotros la Antigüedad por antonomasia, y trabajamos para descubrir, en lo que de ella ha pervivido, huellas distintas del latín ciceroniano y el eclecticismo filosófico. La historia del movimiento intelectual de la temprana Edad Media nos suele parecer más bien una influencia deslucida, pero, al fin y al cabo, triunfante, de las ideas y las instituciones de la Antigüedad tardía, una extensión con frecuencia absurda de aquella época, pero, precisamente por ello, profundamente histórica y orgánica. Del mismo modo que comprendemos cada vez más que la historia de las lenguas románicas en el fondo, la historia del latín, y que. en comparación, el latín clásico es una construcción artificial y su imitación una tentativa estética e historicista—igual que hoy las artes plásticas del medioevo se nos presentan como clara continuación, ampliación y reformulación ininterrumpidas de la tradición de la Antigüedad mediterránea—, los estudios de todos los ámbitos  de la temprana Edad Media tienden a interpretar las manifestaciones como signos de una tradición antigua que sigue fluyendo, a menudo escurriéndose, sí, y también desfigurándose hasta resultar irreconocible, pero, a fin de cuentas, vigente, una especie de Antigüedad vulgar, si se me permite llamarla así; y, tal como ocurre con el muy discutido término «latín vulgar», la palabra vulgar no tiene un sentido despectivo desde el punto de vista sociológico y tampoco se refiere a la Antigüedad o al latín del pueblo llano, sino que solo es expresión de lo inconsciente, histórico y orgánico en contraposición a lo consciente, historicista y culto.

 


INCIPIT 1.637. LA MIRADA DE ULISES / ERICH AUERBACH


INTRODUCCIÓN

Erich Auerbach, un filólogo  en el exilio

Mi idea de Dios es confusa, pero Cristo y la Pasión son para mí cosas concretas, enternecedoras y profundamente conmovedoras que provocan ira y amor.

 Zbigniew Herbert 1

En la historia intelectual del siglo xx, Erich Auerbach (1892-1957) figura, junto a Hannah Arendt y Walter Benjamin, entre los eminentes exiliados cuyas ideas y argumentos en torno a la filosofía de la cultura se discuten hoy en todo el mundo. En sus escritos, los tres exponen de maneras muy distintas el modo en que la experiencia de la marginación determinó su pensamiento en cuanto intelectuales alemanes y judíos 2.

1 Conversación con Renata Gorczyńska (ensayista, traductora, crítica literaria) traducida del polaco al alemán por Helga Gutsche, Sinn und Form, n.º 5, septiembre/octubre de 2004. 2Véase Matthias Bormuth, «Krise des Historismus und provisorische Existenz. Hannah Arendt, Erich Auerbach und Walter Benjamin», en: Antonia Grunenberg, Volker Gerhardt y Stephan Gosepath (ed.), Verborgene Tradition und unzeitgemäße Aktualität? Hannah Arendt 1906-2006, volumen especial, n.º 16 de Deutsche Zeitschrift für Philosophie, Berlín, Akademie, 2008, pp. 145-165.


PROUST


La cicatriz de Ulises, Erich Auerbach, p. 83

Por nacimiento, Proust pertenece a una familia burguesa privilegiada por sus ingresos, su riqueza y unos bienes raíces heredados mucho tiempo antes; su encanto personal le permite acceder a todas partes, también los círculos cerrados de las grandes familias de la nobleza. Todos ven en él un ser afortunado y fuera de lo común. Sin embargo, no goza de buena salud; sufre ataques de ansiedad y trastornos nerviosos de toda clase, es incapaz de ejercer actividad alguna y de tomar decisiones. y su irritabilidad llega al extremo de impedirle salir de casa durante semanas y sin un motivo determinable aunque se lo proponga una vez y otra. Igual de mal le va a su equilibrio moral. A la exacta profundidad de su pensamiento y la nada superficial elegancia de los sentimientos, a su capacidad para penetrar en la esencia de quienes lo rodean, a su tacto y su respeto en los asuntos familiares, se oponen de manera desagradable su egocentrismo, también insensible a más no poder, su reserva en los asuntos más profundos del corazón, su incapacidad de confiar, su excesiva perspicacia, su frialdad y una observación que a menudo saca a la luz el mal con cierta estrechez de miras, Sólo puede amar lo que no posee o lo que teme perder; en cuanto está convencido de tener firmemente a alguien, poseerlo pierde todo encanto y esa persona le resulta indiferente. Sin embargo, es raro que no sienta celos; el motivo más insignificante lo pone furioso al instante, y en especial sospecha siempre y en todas partes, de las mujeres y los hombres que frecuenta, sus desvíos homosexuales: la homosexualidad es, en suma. objeto de su interés más intenso, algo así como un ídolo o un espantajo en torno a los cuales sus pensamientos no cesan de danzar.



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