Te quiero más que a la salvación de mi alma

Te quiero más que a la salvación de mi alma
Catalina en Abismos de pasión de Luis Buñuel

SIRI HUSTVEDT


 Historias de fantasmas, Siri Hustvedt, p. 356

¿Quieres saber cómo ocurrieron los horrores de era nazi? Un gran número de personas que estaban a salvo no se preocuparon por los que no lo estaban, y la campaña de «nosotros contra ellos» reforzó su indiferencia ante el genocidio y los crímenes contra la humanidad.

Temo por los demás, pero también por mí misma. Siguiendo la famosa frase de Simone de Beauvoir de “No se nace mujer, se llega a serlo», la vulnerabilidad ha sido parte de mi proceso de convertirme en mujer. De niña aprendí que la autoridad habla en tonos graves y masculinos, y que los registros más agudos tienen menos peso. Aprendí que un hombre, especialmente si es «importan te», puede decir tonterías y la gente, aun así, Io escuchará con paciencia y atención. Aprendí que el más mínimo indicio de pasión o ira en mi propia voz puede interpretarse como un signo de histeria, de que he perdido el control, mientras que la ira desmedida de los hombres no solo se tolera, sino que se admira. De joven aprendí que un hombre que me presionaba para tener sexo se sentía libre de recurrir a la intimidación y la coerció npara conseguirlo, y que su comportamiento no era culp suya, sino mía. Yo era la culpable de que él se sintiera atraído por mí.

 


FRACASO

 


Historias de fantasmas, Siri Hustvedt, p. 270

Las experiencias de rechazo que afrontaron escritores a los que admira: Dickinson. Hawthorne. Melville, Thoreau. Proust, Kafka, Bekckett. Murphy. de Beckett. fue rechazada treinta y seis veces.

«Independientemente de cómo tratara el mundo a escritores, con elogios, indiferencia o rechazo, todos siguieron escribiendo.»

Es importante destacar que las historias sobre escritores que se negaron a ceder ante la presión externa -entre ellos, Paul- se cuentan porque, en algún momento, antes o después de su muerte, se ha reconocido su obra, Si esos autores hubieran sido engullidos por la historia literaria, no habría nada que contar. A menudo me he preguntado cuántos grandes libros han desaparecido en esas fauces.

«Me resulta sorprendente que Melville tuviera sólo treinta y cuatro años cuando escribió Bartleby, el ecribiente, esa asombrosa historia sobre la obstinación humana ante la presión externa, incluso al punto dela muerte”-

                              

 


11S


Historias de fantasmas,  Siri Hustvedt, p. 231

Apuntes sueltos: 11 de septiembre de 2001

16.00

Nuestra hija de catorce años ha empezado hoy el instituto. Por primera vez en su vida, ha viajado sola en metro de Brooklyn a Manhattan.

No vendrá  a casa esta noche. Ya no funciona el metro en Nueva York, y mi mujer y yo hemos hecho arreglos para que sequede con unos amigos en el Upper West Side.

Menos de una hora después de que ella pasara por debajo del World Trade Center, las Torres Gemelas se han derrumbado.

Desde el piso de nuestra casa Se puede ver aún el humo que el de la ciudad. Hoy el viento sopla hacia Brooklyn y el olor del fuego se ha impregnado cada rincón de casa. Un hedor horrible y punzante: plástico quemado , cables eléctricos, materiales de construcción, cuerpos incinerados .

La hermana de mi mujer, que vive Tribeca, solo diez manzanas al norte de Io que fue el World Trade Center, nos ha llamado para hablarnos de los gritos que ha oído cuando ha caído la primera torre. A amigos suyos, que viven en John Street, aún más cerca del lugar de catástrofe, los ha evacuado la policía después de que la puerta de su edificio haya saltado por los aires tras el impacto. Han caminado hacia el norte entre los cascotes y los escombros, que, según le han dicho, estaban mezclados con restos humanos.

 


PAUL AUSTER Y SIRI


Historias de fantasmas, Siri Hustved, p. 49

Durante milenios, el cáncer se ha relacionado con estados emocionales, con la melancolía y, a veces, con la ira. Galeno, médico de la Antigüedad cuyos conocimientos dominaron Occidente durante siglos, atribuyó el crecimiento de tumores malignos a un exceso de bilis negra que provocaba melancolía. Avicena, el gran filósofo y médico del mundo musulmán (980-1037 d. C.), también mencionó la melancolía como causa del cáncer. En su tratado sobre el cáncer de principios del siglo XVII, Claude Chapuys de Saint-Amour señaló que estos tumores aparecían como consecuencia de un episodio de «tristeza, tedio, enojo y cólera». En 1870, en una conferencia en el Royal College of Surgeons, sir James Paget afirmó: «Son tan frecuentes los casos en los que una ansiedad profunda, una esperanza postergada o la falta de ilusión son rápidamente seguidos por el surgimiento y crecimiento del cáncer que es indudable que la depresión mental es un factor de peso a añadir al resto de las influencias que favorecen el desarrollo de la condición cancerosa». En 1893 Herbert Snow realizó un estudio epidemiológico pionero con doscientos cincuenta pacientes de cáncer en Londres. Descubrió que, en ciento cincuenta y seis de ellos, «la malignidad estuvo precedida por un antecedente inmediato, a menudo de forma muy dolorosa, como la pérdida de un familiar cercano

La nieta de diez meses de Paul, mi nietastra, Ruby Auster, murió el I de noviembre de 2021. Cuando seis meses después el forense determinó que la causa de su muerte había sido la heroína y el fentanilo, el hijo de Paul, mi hijastro, Daniel, que estaba solo con ella en el momento en que falleció, fue detenido y acusado de homicidio por imprudencia grave y negligencia criminal así como de poner en peligro a un menor. Lo enviaron a Rikers, donde lo pusieron en libertad bajo fianza y. horas más tarde, murió de una sobredosis de heroína y fentanilo. Murió el 26 de abril de 2022. Tenía cuarenta y cuatro años. Es imposible escribir sobre Paul sin escribir sobre él, pero esa historia también involucra a otras personas en la vida de Daniel que Io querían y tienen sus propias perspectivas y su propio dolor.

 


LABATUT

 


La Antártica empieza aquí, Benjamín Labatut, p. 154

Lo primero que hice al llegar a París fue perderme. La gente le tiene miedo a eso, pero tan malo no es. Cuando uno está perdido todo lo demás está en su lugar. Y no se necesita mucho para ser músico, incluso en Francia: una medida de fracaso y otra de éxito. Con eso basta. El problema es que la gente no busca el fracaso. Creen que es cosa de esperarlo, como si fuera una consecuencia del éxito. iNada que ver! El fracaso es difícil. Para fracasar hay que esforzarse. Hay que ser un mono porfiado. Miren, por ejemplo, a los griegos. Tremendos en sus derrotas, sublimes en el fracaso. Su historia es una sucesión de caídas, cada vez más abajo, cada vez más hondo Y  más encima inventaron la tragedia. Ahí la cagaron. Se fueron al chancho. Porque ya no les bastaba con perder. Había que matar al padre y culearse a la madre Al lado de los griegos nosotros somos insectos, muy bien organizados, mucho orden y progreso, pero poco más que bichos que construyen un nido sobre el barro de sus logros. A mí nunca me interesó el éxito. Yo llegué a París buscando otra cosa.

LA ANTARTICA

 


 La Antártica empieza aquí, Benjamín Labatut, p. 45

Me puse a leer todo lo que pude encontrar sobre la Antártica.Fue el último continente descubierto por el ser humano y aún hoy, siglos después, es uno de los lugares más desconocidos del planeta. Su paisaje es tan violento y estéril que no atrae salvo a los desquiciados, al tipo de personas que organizarían una expedición al mismísimo infierno si alguien pudiese señalarles dónde queda en el mapa. El primer avistamiento de aquella tierra lo hizo un marinero holandés en 1599, y desde entonces incontables exploradores han perdido la vida tratando de conquistarla. Incluso en la actualidad, rigen sobre su territorio una serie de restricciones que no se aplican a ninguna otra parte del mundo: las actividades militares, comerciales y mineras están prohibidas, solo se permite la investigación científica. A pesar de que se han realizado decenas de viajes de reconocimiento (que incluyen una flota de submarinos enviada por Hitler a finales de la Segunda Guerra Mundial) todavía no hay mapas exactos que abarquen siquiera una décima parte de su superficie, mayor que la de México y Estados Unidos juntos. Al menos como escenario para su delirio, Riquelme había escogido bien. la Antártica era un lugar impenetrable, un vacío blanco y extraterrestre.

 


INCIPIT 1.629. A OSCURAS / THOMAS PYNCHON


    Cuando los problemas llegan a la ciudad, suelen venir por las vías férreas de la North Shore Line. Y dados los tiempos convulsos que vive el lago Michigan a la altura de Chicago, con los vientos cambiantes, la derogación de la ley seca a la vuelta de la esquina, Big Al Capone en la trena federal de Atlanta, y los asuntos de la Mafia de Chicago más alterados e imprevisibles, todo el mundo que necesita una excusa para salir pitando de la ciudad acaba viniendo aquí, a Milwaukee, donde, por lo general, lo más grave que te puede ocurrir es que te roben la pasta.

Hicks McTaggart ha estado dando vueltas por el distrito de Third Ward, la mayor parte del día sin quitar ojo a un par de turistas con sombreros Borsalino y gabanes de pelo de camello, procedentes sin duda de sus cuarteles generales, lago Michigan abajo, en el cruce de la Calle 22 y la avenida Wabash, pues la Mafia de Chicago se ocupa de todo lo que se precise en Milwaukee desde que Vito Guardalabene la palmó, aunque al sucesor de Vito, Pete Guardalabene, todavía se le considera el jefe en el Third Ward y sus fotografías aparecen en las páginas de sociedad, sonriendo en bodas y esas cosas.

Merodeando por el callejón al que da la parte trasera del Bella Palermo, el restaurante de Pasquale, Hicks oye la algarabía de un compadreo que enrolla fideos, le llega el olor a salsa de espaguetis, a ajo friéndose y a sfinciuni bagherese haciéndose sobre un fuego de ramas de olivo, y eso le da hambre, aunque hoy, tan cerca del día de cobro, el menú de su comida es un termo de café y un buñuelo de mantequilla que lleva metido en alguno de sus bolsillos.

 


INCIPIT 1.628. HISTORIAS DE FANTASMAS / SIRI HUSTVEDT


TIEMPO PERDIDO

Estoy viva. Mi marido, Paul Auster, está muerto. Murió el 30 de abril de 2024, a las 18.58, en la casa de Brooklyn donde ahora escribo estas palabras. En enero de 2023 le diagnosticaron un cáncer de pulmón no microcítico de tipo escamoso. Pero antes de eso, a principios de noviembre de 2022, le hicieron un TAC en la sala de urgencias del Mount Sinai West. El radiólogo le detectó «una masa» en el pulmón derecho y dijo que podía ser cáncer.

Todos morimos, pero solo algunos de nosotros sabemos que nuestra vida podría acabar pronto. Aunque muchas veces me había preguntado qué significaría vivir sin Paul, empecé a pensar en ello con más frecuencia. Me imaginaba deambulando sola por la casa. Me imaginaba llorándolo. Si tu padre muere —le dije a nuestra hija Sophie—, perderé mi día a día.

Lo que no imaginé es que, tras la muerte de Paul, el tiempo perdería toda forma reconocible. Recuerdo qué día es y al momento lo olvido.


INCIPIT 1.627. ENTRE AMIGOS / HAL EBBOTT


A lo lejos, los muchachos corren por el tupido césped, impecablemente cortado. La pelota anticipa sus cambios de dirección, el sudor se extiende como musgo por sus camisetas. Acabarán deteniéndose y subirán la colina, con sus radiantes sonrisas, agotados. Uno empuja a otro. El grupo lo acoge; es un acto de amor.

Es a él a quien Amos examina, el chico al que han empujado, cuyos ojos marrones observan el campus como si fuera de su propiedad y cuyas piernas impulsan sus pies hacia delante en largas y cómodas zancadas. No ha dicho gran cosa, pero su silencio no lo empequeñece. A los demás, su presencia les resulta tan inevitable que ni siquiera es necesario señalarla.

Mientras comían, inclinados cual soldados sobre sus bandejas, alguien le había lanzado una manzana. Ford, le gritaron. El chico la agarró al vuelo, le dio un mordisco limpio, violento y, con un suave golpe, la dejó en la bandeja. Todos se echaron a reír. La pulpa brillaba como un hueso.

En el terreno de juego se movía con la indolente elegancia de un prodigio, natural y sin esfuerzo alguno. Amos era mejor y, tiempo atrás, le agradaba. Pero ahora, al caminar a su lado, le avergüenzan sus esfuerzos. Las horas de verano dedicadas a sudar se vuelven imprescindibles pero poco agradables a la vista.


INCIPIT 1.626. TIERRAS DE PONIENTE / JM COETZEE


Me llamo Eugene Dawn. No puedo hacer nada al respecto. Empiezo, pues.

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Coetzee me ha pedido que revise mi ensayo. Se le atraganta. Lo quiere más fácil de digerir, en caso contrario lo quiere ver eliminado. Y también me quiere quitar de en medio, me doy cuenta. Me estoy armando de valor contra ese hombre poderoso, genial y ordinario, tan completamente desprovisto de visión. Le temo y desprecio su ceguera. Me merecía algo mejor. Heme aquí sometido a un director, un tipo ante el cual mi primer instinto es arrastrarme. Siempre he obedecido a mis superiores y he estado encantado de hacerlo. No me habría embarcado en el Proyecto Vietnam de haber imaginado que acabaría entrando en conflicto con un superior. El conflicto trae infelicidad, y la infelicidad envenena la existencia. No soporto la infelicidad, lo que yo necesito es paz y amor y orden para mi trabajo. Necesito mimos. Soy un huevo que necesita estar en el más mullido de los nidos bajo la más paciente de las ponedoras antes de que se agriete mi cascarón liso y poco prometedor y emerja mi tímida vida secreta. Se me tiene que tratar con indulgencia. Rumio, soy un pensador, una persona creativa, alguien que no carece de valor para el mundo. Lo normal sería que Coetzee me entendiera mejor, pues tendría que estar acostumbrado a tratar con gente creativa. Habiendo sido él también un creador en el pasado, ahora es una persona creativa fracasada que vive de segunda mano a expensas de los verdaderos creadores. Su reputación se la ha labrado gracias al trabajo de los demás. Y aquí lo han puesto a cargo del Proyecto Vida Nueva sin que él sepa nada del Vietnam ni de la vida. Me merezco algo mejor.

 


INCIPIT 1.625. FARANDULA / MARTA SANZ


Valeria Falcón, una mujer de nombre aéreo, espectacular, y aspecto endeble, anodino, cruzaba a buen paso la Puerta del Sol. Se dirigía, como todos los jueves sobre las siete de la tarde, hacia la casa de Ana Urrutia, una vieja actriz que, igual que Greta Garbo, supo retirarse antes del descascarillado del cutis y el deterioro de las fundas dentales, y consiguió que algunas veces el público de cierta edad se preguntara: «¿La Urrutia se ha muerto o aún vive?» Desde detrás del cristal de su terrario, Ana Urrutia, espesa Ana, aguardaba quizá el momento oportuno para renacer mientras Valeria, enérgicamente, clavó el tacón de una de sus botas en la rendija de un respiradero. Entonces comenzó el horror.

 y motores de helicóptero. Jerigonzas. Cajas de cambio a punto de cascar. Los gallos de un predicador rumano y las confidencias de las putas. El borboteo de la carne en salsa y los politonos de los móviles. Cascabeles. El hilo musical –perreo, máquina, bacalao, melódico caribeño, abachatado, armonías industriales o música de anuncios...– que sale de las zapaterías y el vals de las olas que escapa, junto al olor a jabón, de las tiendas de perfumes. Pompitas. Valeria Falcón, entre el tumulto, se dio cuenta de que no hubiese logrado identificar el sonido de sus pasos sobre el pavimento y, aunque era una mujer joven y no una anciana enferma de Alzheimer que se ha escapado de la vigilancia de su cuidadora –«Una cuñada que nunca me quiso», la vieja se lo aclara a quien la quiera escuchar–, de repente, en el centro mismo de un centro del mundo, como la plaza Omonia, Tiananmen, el Zócalo, Trafalgar o Times Square, Yamaa el Fna, allí, Valeria Falcón, atrapada en la rendija del respiradero como un animal con la patita presa en la trampa, se sintió perdida. No reconocía lo que la rodeaba. Valeria sufrió un segundo de amnesia, desarraigo, desubicación. Un fundido a negro. Tuvo que pararse a pensar. Se preguntó quién era y hacia dónde se encaminaba. Recorrió circularmente con la mirada la Puerta del Sol, sin moverse del punto exacto en el que se había quedado clavada como aguja de compás. Paralítica de cintura para abajo.

 

 


INCIPIT 1.624. AMULETO / ROBERTO BOLAÑO


Ésta será una historia de terror. Será una historia policiaca, un relato de serie negra y de terror. Pero no lo parecerá. No lo parecerá porque soy yo la que lo cuenta. Soy yo la que habla y por eso no lo parecerá. Pero en el fondo es la historia de un crimen atroz.

Yo soy la amiga de todos los mexicanos. Podría decir: soy la madre de la poesía mexicana, pero mejor no lo digo. Yo conozco a todos los poetas y todos los poetas me conocen a mí. Así que podría decirlo. Podría decir: soy la madre y corre un céfiro de la chingada desde hace siglos, pero mejor no lo digo. Podría decir, por ejemplo: yo conocí a Arturito Belano cuando él tenía diecisiete años y era un niño tímido que escribía obras de teatro y poesía y no sabía beber, pero sería de algún modo una redundancia y a mí me enseñaron (con un látigo me enseñaron, con una vara de fierro) que las redundancias sobran y que sólo debe bastar con el argumento.

 


INCIPIT 1.623. MANIA / LIONEL SHRIVER


Iba camino de comprar un par de cosas para la cena –Emory, mi mejor amiga, vendría a casa esa noche, como hacía muy a menudo– cuando llamaron del colegio de mi hijo para comunicarme que lo mandaban a casa por «acoso escolar». Que si podía por favor pasar a buscarlo. Darwin es un chico contenido, prudente, poco propenso a mangonear a otros niños; de ahí que me preguntase si no se trataría de un malentendido. Él siempre había estado entre los primeros de la clase y –hasta hacía poco– había sido el ojito derecho de los profesores. Como era de esperar, cuando fui a recogerlo a secretaría, mi delgado y precoz hijo mayor me esperaba sentado en silencio, aunque con los labios apretados y mirando con rabia un punto situado a media distancia; así excluía de su campo visual a los dos adultos que había en el despacho. A los once años, tenía más o menos la edad en la que yo escapé de un adoctrinamiento del que él se había salvado. Aun así, esa tarde su contención habitual ocultaba algún elemento inflamable que me recordaba a mi propia conducta cuando soportaba en un silencio furibundo la Noche de Adoración en Familia.

¿MALTRATO?


La chica más lista que conozco, Sara Barquinero, p. 309

OBSERVACIÓN I: Es increíble facilidad de ciertos hombres heterosexuales para empatizar con las posibles fallas morales de otros desde el «¿y si me acusaran injustamente de esto a mí?». Los lugares más comunes son el abuso sexual soft (mal sexo, sexo violento, poca responsabilidad emocional que escala velozmente a la terrible palabra: «maltratador»), pero dicha empatía también puede darse en otros contextos, como un mal comentario en clase (el «negro humo» de Philip Roth), los límites de la libertad de expresión, las fantasías de poder. Sin embargo, nunca se sienten en la necesidad de apelar a una posible y macabra situación en la que podrían «verse acusados injustamente» cuando se habla de problemas como la mentira, el robo, la deslealtad, el asesinato. Ninguno de esos hombres se ve si mismo capaz de ser acusado de mal amigo o de ladrón, pero si de abusador por una exnovia delirante.


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