Te quiero más que a la salvación de mi alma

Te quiero más que a la salvación de mi alma
Catalina en Abismos de pasión de Luis Buñuel

INCIPIT 1.623. MANIA / LIONEL SHRIVER


Iba camino de comprar un par de cosas para la cena –Emory, mi mejor amiga, vendría a casa esa noche, como hacía muy a menudo– cuando llamaron del colegio de mi hijo para comunicarme que lo mandaban a casa por «acoso escolar». Que si podía por favor pasar a buscarlo. Darwin es un chico contenido, prudente, poco propenso a mangonear a otros niños; de ahí que me preguntase si no se trataría de un malentendido. Él siempre había estado entre los primeros de la clase y –hasta hacía poco– había sido el ojito derecho de los profesores. Como era de esperar, cuando fui a recogerlo a secretaría, mi delgado y precoz hijo mayor me esperaba sentado en silencio, aunque con los labios apretados y mirando con rabia un punto situado a media distancia; así excluía de su campo visual a los dos adultos que había en el despacho. A los once años, tenía más o menos la edad en la que yo escapé de un adoctrinamiento del que él se había salvado. Aun así, esa tarde su contención habitual ocultaba algún elemento inflamable que me recordaba a mi propia conducta cuando soportaba en un silencio furibundo la Noche de Adoración en Familia.

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