Notas para una autobiografía
«Yo nací en Santiago, pero nunca
viví en Santiago. Viví en Valparaíso, luego en Quilpué; en Viña; en Cauquenes,
una zona llena de alcohólicos y espiritistas...»
«Mis padres se cambiaban mucho de
casa, pero los motivos eran inconfesables. Yo siempre creí que todas las
familias chilenas se trasladaban mucho; en realidad, sólo era la mía. El año
68, mi familia quiso ir a México, todos, lo que para mí fue yo diría, la
experiencia más vital. En total he vivido en México cerca de diez años y para
mi percepción de lo que era ser escritor, eso fue básico. De hecho, mis
primeras lecturas son de autores mexicanos, una literatura riquísima, que me ha
marcado como ninguna otra. Es un mosaico interminable».
«Decidí ponerme a escribir a los
dieciséis años, en México, y además en un instante de ruptura total, con la
familia, con todo. Y me resultó muy divertido, muy emocionante, pero bastante
jodido, porque yo era como son los jóvenes poetas, que van en contra de todo,
pero encima yo tenía la desfachatez, según el establishment, de ser chileno».
«México fue una universidad
gratis, prolongada y sin vuelta atrás, porque desde que yo me fui el año 77,
nunca más he vuelto. Y he tenido bastantes invitaciones y ocasiones de volver».
«La vida misma no creo que haga
escribir a nadie. El momento en que uno decide ser escritor es un instante de
locura total y de voluntad, entendida en el sentido nietzscheano de la palabra,
que es un sentido bastante delirante. Escribir no es normal, lo normal es leer
y lo placentero es leer, incluso lo elegante es leer. Escribir es un ejercicio
de masoquismo; leer a veces puede ser un ejercicio de sadismo, pero
generalmente es una ocupación interesantísima».
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