Te quiero más que a la salvación de mi alma

Te quiero más que a la salvación de mi alma
Catalina en Abismos de pasión de Luis Buñuel
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INCIPIT 558 ANTE TODO NO HAGAS DAÑO / HENRY MARSH

Pineocitoma
m. Med. Tumor de la glándula pineal, poco frecuente y de crecimiento lento.

A menudo me veo obligado a hurgar en el cerebro, y eso es algo que detesto hacer. Con unas pinzas bipolares, coagulo los hermosos e intrincados vasos sanguíneos que recorren  la brillante superficie del cerebro. Hago una incisión con un bisturí pequeño y abro un orificio por el que introduzco una fina cánula conectada al aspirador quirúrgico. El cerebro tiene una consistencia gelatinosa, y el aspirador ha acabado siendo la herramienta principal del neurocirujano. Observando a través del microscopio quirúrgico me abro paso poco a poco por la sustancia blanca de la masa cerebral, en busca del tumor. La idea de que mi aspirador avance a través del pensamiento en sí, de la emoción y la razón, de que los recuerdos, los sueños y las reflexiones puedan formar parte de esa gelatina, resulta demasiado extraña como para comprenderla. Mis ojos sólo ven materia. Y, sin embargo, sé que si penetro por equivocación donde no debo, en la zona que los neurocirujanos llamamos el «cerebro elocuente», cuando acuda a la sala de recuperación después de la cirugía para comprobar mis logros, me encontraré con un paciente con secuelas y discapacitado.

LA ENFERMEDAD. EL CANCER COMO PSIQUE

De Bajo el signo de Marte de Fritz Zorn, de Adolf Muschg, p. 216 (Anagrama)
Además, hay también que tener en cuenta el punto siguiente: tal como yo creo, no soy yo mismo el cáncer que me devora, sino que lo que me devora es mi familia, mi origen, toda una herencia. Eso significa en términos médico-políticos o sociopolíticos: mientras tenga cáncer, seguiré siendo el rehén del ambiente burgués canceroso, y si muero de cáncer, habré muerto como burgués. Pequeña pérdida en el plano sociológico, porque no se lamenta jamás la muerte de un burgués. Pero en lo que hace a la esencia de la familia, creo que Rieron los griegos los que mejor la intuyeron. No por nada Edipo y su familia llegaron a ser el símbolo de la familia propiamente dicha. También el destino horroroso de Fedra se descubre en el verso que la señala como la hija de sus padres:
La fille de Minos et de Pasiphaé
Incluso la buena Ifigenia alemana (aunque, como es sabido, es únicamente de Goethe) intuye hasta qué punto es fatal ser la hija de su familia. Sin embargo no hay personaje que muestre la hermosa vida de familia como el de Cronos, que devora a sus propios hijos. Creo que esta bella y antigua costumbre ha seguido siendo una tradición hasta el día de hoy, y seguramente entre nosotros no hay nadie que no pueda aplicarse a sí mismo estas palabras:
Mi madre que me sacrifica,
Mi padre que me devoró.
Claro que hoy en día se es más civilizado y no se toman ya ei tenedor y el cuchillo para devorar a los propios hijos (porque los modales en la mesa son muy complicados en el lugar del que yo provengo), sino que, simplemente y gracias a una educación apropiada, se logra que los niños desarrollen un cáncer después; de esta manera y según la costumbre de los antiguos, pueden ser devorados por sus padres.
Sólo que no todos los hijos son igualmente digeribles.
Por eso no creo tampoco que mi estado actual pueda ser llamado «resignación». Antes, yo tenía por dogma que me iba «bien»; pero ese estar bien se veía asaltado por miedos siniestros acerca de que, sin embargo, hubiera algo de falso en esa apreciación. Esa había sido justamente la resignación: que yo me hubiese contentado con no tocar jamás, en ninguna circunstancia, cualquier cosa que hubiera podido avivar esos miedos. Fue resignación el hecho de no abrir jamás el armario pata que el esqueleto que colgaba dentro no cayera en el salón.

LA ENFERMEDAD

De Bajo el signo de Marte de Fritz Zorn, de Adolf Muschg, p. 185 (Anagrama)
Casi contemporáneamente con esta evolución comenzó a desarrollarse un tumor en mi cuello. Al principio no me causaba molestias porque no me dolía y yo no sospeché que fuera nada malo. Jamás se me ocurrió que pudiese ser un cáncer, y como el tumor se negaba a desaparecer y cada vez se agrandaba más, lo hice examinar por los médicos sin imaginar que iban a descubrir algo muy grave. Todavía no tenía la menor idea de cuál era mi estado real. Por una parte era muy ignorante en todo lo que a medicina se refiere y por otra, según mi vieja costumbre, no quería admitir que podía estar realmente muy mal. Aunque todavía no sabía que tenía cáncer, yo hacía, intuitivamente, el diagnóstico correcto, porque según mi parecer el tumor estaba formado por «lágrimas tragadas». Con lo que quería significar, más o menos, que todas las lágrimas que no había llorado y no había querido llorar durante mi vida se habían amontonado en mi cuello y habían formado ese tumor porque no habían podido cumplir con su verdadero destino: el de ser lloradas. Desde un punto de vista estrictamente médico, ese diagnóstico con ribetes poéticos no era, evidentemente, exacto; pero, aplicado a mi persona en general, decía la verdad: todos los sufrimientos acumulados que yo me había tragado durante años no se dejaban ya comprimir en mi interior; la presión excesiva los hizo explotar, y esa explosión destruyó el cuerpo.

LA EDUCACION

Prólogo a Bajo el signo de Marte de Fritz Zorn, de Adolf Muschg, p. 31 (Anagrama)

Me parece que este documento tiene un valor extraordinario en el plano del conocimiento psicológico y médico a la vez (si todavía hay que mantener esta precaria división del trabajo científico). Zorn presenta su infancia como el estudio de un caso perteneciente a un medio social en el cual el buen tono consiste en eludir el presente; un medio social que ha perfeccionado el mecanismo del aplazamiento hasta hacer de él un estilo de vida, para poder otorgar a cada instante el don de la armonía. O bien, dado que lograr la armonía real no es posible (en la medida en que exige un trabajo del alma, un esfuerzo de conciliación y reconciliación), construir la ficción de la armonía. Llevar una casa como es debido significa tratar los problemas como si fueran faltas de buen gusto; considerar una falta de educación la provocación que constituyen los hechos; dejar para «mañana» las realidades particularmente rebeldes o diferirlas hasta que sean objeto de un estudio más profundo (que realizarán otros). Lo cual significa ausencia de un punto de vista propio; prescindencia diplomática de otros puntos de vista; combinación ingeniosa de un sí que no compromete a nada con un no que no llega a formular- se; la producción de una topografía sin luces ni sombras, definida por la ausencia de problemas que —si a pesar de todo llegan a manifestarse— son relegados al más allá de lo “complicado” o de lo “incomparable”. Esto significa resarcirse de la pérdida del propio cuerpo por medio del espectáculo exótico (pero decente) de cuerpos extraños. Esto significa, en el sentido literal de la palabra, matar el tiempo hasta la muerte, eludiendo toda presencia. Por otra parte, la muerte es también, hasta nueva orden, la muerte de los otros.

WIKIPEDIA

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