Te quiero más que a la salvación de mi alma

Te quiero más que a la salvación de mi alma
Catalina en Abismos de pasión de Luis Buñuel
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INCIPIT 1.239. INFIERNO, PURGATORIO, PARAISO / JORDI IBAÑEZ FANES


Cantaba no sé qué, he olvidado lo que estaba cantando, repantigado en aquel taxi, deslizándome, fluyendo. Porque resulta que todo empieza con un viaje en taxi, o que el viaje en taxi continúa desde quién sabe qué mundo anterior. Taxista, illévame a París! iLlévame al cielo! O mejor: llévame al infierno. Pero antes que nada, llévame a casa de Clotas, a Bellesguard, a la plenitud, a la vida de rico, demonios, y deprisa, que me muero de hambre. Sí, todo empieza aquí. O todo empieza así. Entras en un taxi y recitas la lección. Ahora, hay viajes que ... , carreras que ... ¿Por qué los taxistas hablan de carrera? Escuche, ¿usted qué carrera ha hecho? Mire, una carrera interminable, de forma que no querrá que le explique mi vida, ¿verdad? Pues no, gracias. Subes, entras, te adentras en el taxi. Penetras en él, como si fuese la cueva mágica de los viajes astrales, la cueva donde dicen que la sombra -de Buda pudo verse durante siglos grabada en la pared de roca. Eres la sombra, pues. La sombra del sueño, la sombra de la sombra del espectro viajando en taxi. Sí. Lo piensas y te lo dices en secreto: me gusta esta ciudad, y me gustan los viajes en taxi, esos impulsos de semáforo en semáforo con la ventana abierta y el aire de finales de verano dándome en la cara, instalado en el asiento trasero, mentalmente ausente, perdido tras el eco de los sonidos que vuelan con la sombra de lo que se escapa para siempre, absorto en el espejo encendido del porvenir, como un crepúsculo en el retrovisor.


DIADA 1977


La mirada inconformista, MV Montalbán, p. 154
A pesar de las tormentas previas y de los temores de un cierto malestar popular por las circunstancias previamente enumeradas, el primer balance de la Diada Nacional de Catalunya aporta un protagonista excepcional: el pueblo. Durante el dia 10 no hubo población de Catalunya que no anticipase la celebración. Manifestaciones, parlamentos unitarios de líderes locales y espontánea desfranquización de la geografía urbana. Los manifestantes se encaramaban para tapar los rótulos de calle anden régimen. Desaparecieron los nombres del Generalísimo, del ausentísimo y del 18 de julio. En Lérida se concentraron 30.000 personas, un balance cuantitativo impresionante si tenemos en cuenta la proporción demográfica. Los gerundenses no adelantaron la manifestación y la convocaron coincidiendo con la de Barcelona. Catorce mil gerundenses en la calle es una cifra que se presta a las más ambiguas estimaciones. Cada uno de estos acontecimientos locales era un síntoma de lo que podía ser la gran celebración barcelonesa. Hubo corresponsal extranjero que, a la vista de lo que ocurría en Barcelona el 11 de septiembre, dijo que era la manifestación política más impresionante de la historia contemporánea. Uno cree que la liberación de París tampoco fue una broma. Pero es que uno está vacunado contra el triunfalismo.
Me desvacuno un tanto para decir que el 11 de septiembre de 1977 fue un acontecimiento político excepcional, con poder propio para cambiar cualitativamente el proceso de recuperación de las instituciones catalanas. El pueblo escogió la línea recta que sigue siendo la distancia más corta entre dos puntos y eludió polémicas bizantinas sobre legitimidades y polémicas ya no tan bizantinas sobre dónde descansa la auténtica soberanía de la reivindicación catalana. Desde la noche del sábado, el bullir de las masas cuatribarradas fue en aumento. Las senyeres en los balcones constituían un mudo referéndum. Miles y miles de metros de banderas catalanas pusieron un lazo triunfal a toda la ciudad y cuerpos humanos y casi humanos se convertían en vehículos de comunicación, abarrotados de pegatinas, cintas con la bandera nacional, banderas enteras a manera de chales sobre los hombros. He hablado también de cuerpos casi humanos porque los perros domésticos se sumaron a la fiesta y lucían senyera en los collares y pegatinas sobre lomos relucientes de animales recién enjabonados. Familias enteras se adornaban y amueblaban de catalanidad. Los abuelos que vieron el desvanecimiento de la gran ilusión de 1932, los hijos que resistieron la larga marcha bajo la espada intolerante, los nietos que descubren ahora el poder de la solidaridad y el grito, y hasta bebés perplejos y horizontales en sus coches con la pegatina de «Volem l'Estatut» adherida sobre el pijama de perlé.

LOS MOZOS


Terra Alta, Javier Cercas, p. 235
En cuanto a sus compañeros, casi en seguida sintió que formaban un núcleo más compacto que el de Nou Barris, donde cada uno iba bastante a su aire. El sentimiento resultó ser exacto, como demostró el hecho de que el grupo ni siquiera se agrietara en los días anteriores y posteriores al referéndum independentista del l de octubre, poco después de su llegada a la Terra Alta, cuando el Tribunal Constitucional suspendió la consulta, los jueces ordenaron a los Mossos d'Esquadra que impidieran la votación y, presionados por los políticos independentistas que habían convocado el plebiscito ilegal desde el gobierno autónomo, los mandos del cuerpo dieron a sus subordinados instrucciones soterradas pero suficientes de que no obedecieran a los jueces, o no demasiado, o no del todo. Esta discrepancia entre las órdenes explícitas de la judicatura y las órdenes implícitas de los mandos provocó tensiones en casi todas las comisarías del cuerpo; también en la de la Terra Alta. Quien más las padeció en la Unidad de Investigación fue el sargento Blai, que se enzarzó en varios altercados verbales con compañeros de Seguridad Ciudadana partidarios de facilitar la celebración del referéndum, como mínimo de no impedirlo. Melchor y Salom asistieron a una de esas trifulcas mientras tomaban café una mañana en el comedor de la comisaría; luego, ya a solas los tres, el caporal trató de apaciguar al sargento quitando hierro a la disputa y bromeando con su condición de independentista. La broma acabó de soliviantar a Blai.
-Me cago en Dios, Salom -dijo, agarrando al caporal de la solapa de su camisa-. Yo soy independentista desde que mi madre me parió, no como esta panda de conversos que nos gobiernan y que nos dejarán en la estacada en cuanto puedan. Pero antes que independentista soy policía, y los policías estamos para hacer cumplir la ley, o sea para hacer lo que digan los jueces, no lo que nos salga de los cojones. Y si los putos jueces me ordenan que cierre los colegios, yo me pongo en primer tiempo de saludo, me meto mi independentismo por el culo, cierro los colegios y en paz. ¿Ha quedado claro?

PROCES 2


Esta bruma insensata, Vila-Matas, p. 174
Me despedí de Vergés deseándole un gran viaje y, cerrando la puerta de su Ford Ka como quien cierra con suavidad los nueve círculos del infierno, me fui directo hacia el interfono de tía Victoria. Llamé. Subí hasta la cuarta planta de aquel edificio que colindaba con el hotel Astoria. Aún no había ni dejado la maleta en mi dormitorio y ya había oído, por parte de mi tía, una interpretación de lo que estaba pasando en la ciudad. A su entender, me dijo, lo proclamado la noche anterior en el Parlamento catalán había sido una declaración de independencia de naturaleza ambigua: era y al mismo tiempo no era una declaración. Eso explicaba que, a aquellas alturas del crepúsculo, aún no pudiera saberse qué había triunfado y qué no, y ni siquiera si había triunfado algo. En cualquier caso, dijo tía Victoria queriendo con esto resumirlo todo, el cielo de la ciudad hablaba por sí solo, porque no podía estar más infestado de helicópteros. Era el ruido del fin del mundo, añadió. Un ruido infernal, dije yo, sospechando por momentos que había salido de un laberinto para entrar en otro, porque era como si estuviéramos en Apocalypse Now, la adaptación al cine de El corazón de las tinieblas, de Conrad.
Barcelona, la gran ciudad neurasténica, admiración de tantos forasteros, situada en un lugar muy privilegiado del Mediterráneo, parecía haberse deslizado por un innecesario sendero de aldea vietnamita. Pero, llegando como llegaba yo de la carretera del infierno, la ciudad no acababa de parecerme tan horrible. A tía Victoria, sí. Minutos antes había encendido el televisor, me dijo, y le había desconcertado el discurso de Carles Puigdemont, porque éste había hablado no desde su despacho de Barcelona, sino desde su ciudad natal, Giro na, y había seguido reivindicándose como presidente de la Generalitat de Cataluña, pese a estar desde Madrid ya formalmente cesado junto a todo su gobierno.

PROCES 1


Esta bruma insensata, Vila-Matas, p.. 141
Mientras desayunaba, encendí la radio y no entendía de ningún modo qué podía estar ocurriendo: seguía todo muy apagado en Barcelona en cuanto a fiestas republicanas, porque no había alegría en las calles, ni acababa de celebrarse la llegada del nuevo Estado catalán, ni nada de nada. Empecé a preguntarme si no sería que la noche anterior los separatistas habían declarado la independencia y al mismo tiempo no la habían acabado de declarar. Y pronto vi que quizás no iba tan desencaminado. Poco a poco, a lo largo de aquella misma mañana, se empezó a comprobar que la proclamación de la República había sido una simulación, algo Con estructura de ficción, si acaso “un relato” -como lo llamaban los mismos políticos que lo habían inventado-, urdido por unos cargos públicos que buscaban primordialmente mantener la base de un electorado que les fuera fiel por mucho tiempo. Como parecía que se había repetido la proclamación en 1934 del Estado catalán –esta vez sin el dramatismo que comporta la pérdida de vidas-, era casi imposible no pensar en el famoso prólogo de El dieciocho Brumario de Luis Bonaparte, tan citado siempre y tan saturado de sentido: “Los hechos se repiten en la Historia, la primera vez como tragedia y la segunda como farsa”.

EL PROCES


Carvalho, Carlos Zanón, p. 321
-Concreta un poco, abogado -le digo, aunque ya sé a qué se refiere, quizás porque quiero que se refiera a otra cosa que no sea el Tema. Estamos en casa, en Vallvidrera, ya hemos · cenado: ha cocinado él unas perdices deliciosas que me han sentado como un tiro y por eso o con eso por excusa las macero con escocés. Tres de la madrugada, borracho, con ganas de que se marche y estar solo.
-Que esto está roto. Que vamos al Úlster. Hay sociedades que pueden vivir de espaldas unas a otras durante años, décadas, siglos. Habrá presos, habrá dolor, habrá sobreactuación, martirio, habrá toda la propaganda, en las dos trincheras, que te puedas imaginar, habrá por qué no pones la bandera, por qué no votas, habrá unos y otros, los buenos catalanes y los malos españoles ...
-Igual tiene que ser así. Igual somos esto.
-¿A qué te refieres?
-La civilización es una construcción cultural y no quiero ponerme pedante a menos que rellenes otra vez mi vaso. Si apartamos la educación, si retiramos manteles y cortinas, vestidos y maquillaje, sólo queda un hijo de perra como tú que daña al débil y ofrece su trasero al fuerte. La hipocresía nos permite seguir vivos.
-¿Cómo hemos llegado a esto? Todo es tan frágil. Y suerte a la Santa Madre Iglesia que todos creemos en el mismo Dios.
Me dan ganas de ponerme sentencioso. A veces ocurre hasta en los mejores tipos.
-La transición es una mentira que ya no nos sirve. Lo  bien que nos hubiera ido cortar la cabeza a un rey.
-Yo quiero la independencia, Pepe, pero, si es a costa de que no seamos amigos, renuncio a ello.
-Estás borracho. Mientras cocines así las perdices y me acompañes a los bares chinos seguiremos siendo amigos y me da igual qué nombre den a esto -digo golpeando con mi pie el suelo de mi salón.
-Tendríamos que tener a El Escritor para que nos explicara qué está pasando, qué va a pasar a continuación.
-Si pudiera levantarme del sofá, te abrazaba.
-¿Qué os pasa hoy a todos los hombres?
-No te enteras, Pepe. Los hombres ahora somos así: afectivos.

EL PROCESO


Carvalho, Carlos Zanón, p. 337
La cucharilla da vueltas al café en la terraza de Guifré. No hay apenas gente sentada, ha refrescado un poco, pero se presiente que la temperatura aumentará a medida que se cubran las horas de la mañana y la muchedumbre subirá y bajará por estas Ramblas, de Colón a Macia, y de Macia a Diagonal. Estamos ya a 16 de agosto, pero todo sigue igual: las heridas, la frustración, la tribu, el runrún de una sociedad ilusionada, obnubilada y asustada, estirando unos y otros una goma elástica con el objeto de que se rompa, algo reviente, que se hagan fotos y que Europa intervenga. Es como si este país no supiera andar sin que algún militar se sublevara en África cada cierto tiempo y que se aprovechara una crisis para apretar el botón de salida. La fascinación por el hombre de orden y por el bandolero existe. Orwell -que es algo más que una plaza que anda por el Raval- dejó escrito que los catalanes eran profundamente antifascistas en la misma medida que simpatizantes de lo totalitario: no cabe disidencia en la tribu, la paranoia del enemigo interior y exterior. Mucha gente está encontrando una manera sencilla de expiar su pujolismo y otra su ansia de revancha y sangre. Espero que todo reviente de una vez, pero que no haya ni un solo muerto. Pero me temo que unos y otros esperan que los haya para conseguir argumentos en esta tabla de ajedrez. Los generales de ejércitos en batallas siempre han sido unos asesinos. Lo de héroes, patriotas y estrategas ya llega cuando las interrupciones para publicidad y se abren las páginas de los libros de Historia.

EL PROCES EN 1921

Madrid 1921. Un dietario, Josep Pla, p.88
Camba me dice, a modo de conclusión:
- Amigo Pla, no conseguirá usted escapar. ..
Estos días, en efecto, tener acento catalán ha sido algo tan peligroso como estar fichado como militante anarquista. Se ha interrogado a mucha gente por causa de una pronunciación deficiente. Muchas veces se ha creído tener una pista y no había en realidad más que una a una pizca demasiado abierta. Es notorio que tengo un acento terrible, escandalo.
- Lo único que me salvará, amigo Camba - le digo-, es que, si bien tengo un acento  verdaderamente raspado, en cambio construyo discretamente... La fonética me perderá, pero me salvará la sintaxis
-No se fie de los conocimientos gramaticales de la policía -ha observado Camba-. Se dán muchas sorpresas…
¿Qué hacer? Decido hablar lo menos posible. No queda más remedio. En el quiosko de  los periódicos, cuando quiero El Sol apunto al astro del día, cunado quiero La Voz me pongo el dedo en la boca; El Imparcial me lo procuro haciendo el gesto de lavarme las manos. La vendedora me comprende y me facilita las transacciones. La gente se cree que soy mudo, y a los mudos no se les dice nada aunque sean catalanes. Pero a la larga, ¿qué lograré con esta táctica? Pienso en la posibilidad de ponerme de un momento a otro a hacer prácticas de pronunciación del andaluz.
En la casa de huéspedes, llaman a la puerta. Preguntan por mí. Es la policía. Dos señores, muy fríos, con un bastón para disimular, bigote y anillos.
Me piden los papeles. Los miran, los leen detenidamente. Me someten a un interrogatorio. Entretanto observo que se miran el uno al otro varias veces. Perplejidad. Quedamos los tres de pie en el pasillo de la escalera. A lo último, sin saber qué hacer. Por fin uno de ellos dice, retorciéndose el bigote y dejando caer las palabras:

-Volveremos mañana

EL PROCESO

Mauricio o las elecciones primarias, Juan Villoro, p, 53
-Precisamente. El partido socialista es el partido de los fracasados y los zascandiles como nosotros. Primero quisimos hacer la revolución y al final nos hemos quedado con el Estado del bienestar. Yo voto socialista, por supuesto; los demás son peores. Incluso es posible que el PSOE vuelva a ganar. Pero como ganará por el voto de los inútiles, lo seguirá haciendo fatal y durará poco. Bebió un sorbo de cerveza y continuó: El partido socialista se basa en la falta de ideales. Ni la santa tradición ni la revolución permanente. Sólo gestión y distribución. Poco estimulante, salvo que sea novedoso, como en España. Todo nos parece bien comparado con lo que hemos tenido. Pero cuando nos acostumbremos, veremos que detrás de la práctica diaria no hay nada. Peor aún: le veremos las interioridades al partido y no nos gustarán. Un gobierno sin ideología ha de mantener un nivel muy alto de eficiencia y de honradez, y eso no está al alcance de nadie. En cuanto hayan puesto la casa en orden y la gente vea que poco o nada cambia, vendrán las viejas retóricas y los harán a un lado. Embarcarse con ellos es ir de cabeza al fracaso. Esto por lo que se refiere a los socialistas en general. Aquí el panorama es aún peor. Cataluña es ingobernable. Durante siglos hemos funcionado a nuestro aire, sin estamento político, y no estamos preparados para encajar en una estructura de poder. Estamos acostumbrados a vivir en la periferia de un Estado incompetente y a sobrevivir a base de pactos secretos, acuerdos tácitos y chanchullos disimulados, bajo el velo de un  nacionalismo sentimental, autocompasivo y autocomplaciente. En Cataluña la política es un circo de pulgas para un público embrutecido por el fútbol y el virolai. Jordi Pujol entiende la situación y por eso gana y volverá a ganar. Su partido no es tal partido, sino una asociación de hombres de negocios que dirigen el país como lo que es: un negocio.

REPUBLICA CATALANA

Vida privada, Josep María de Segarra, p. 191
El conde de Romamones fue a despedir a la reina al hospital. El conde estaba en la estación, sentado en un banco de madera, con el sombrero torcido, con el bigote y unos ojillos desoladamente históricos; un zapato del conde había una botella vacía de sinalco. En aquella época, en El Escorial, aún bebían sinalco.
La reina salió de España como una señorita de compañía con un collar de lágrimas. Nadie se atrevió a robarle ninguna de las rosas deshojadizas que llevaba en un gran ramo pálido y  brumoso, regado por el lloriqueo de la aristocracia.
Ya hacía horas que el  rey había huido. En Barcelona se proclamó la República Catalana, y la plaza de San Jaime vivió los días más sublimes, más cargados de sudor y entusiasmo de su historia.

Durante aquellos cinco años la vida privada de las personas que hemos conocido en las páginas de este libro fue resolviendo el interrogante cotidiano con la venda en los ojos que a todos nos pone el Destino. Los Lloberola pasaron muchas espinas. El momento más agrio para don Tomás coincidió con el momento más brillante de la Exposición: fue cosa de una herencia fracasada.

MAOISMO, CATALANISMO Y PIQUE

De Catalanes todos de Javier Pérez Andújar, p.217-218
Sus compañeros de Bandera Roja, también universitarios a punto de dar el paso a partidos mayoritarios y a puestos decisivos (y bien remunerados) en la sociedad política y civil, llevaban todo ese fin de semana en estado de permanente excitación, pues se desvivían por participar en el gran acontecimiento de aquella tarde. Había convocada una manifestación multitudinaria para pedir la libertad, la amnistía y el Estatuto de Autonomía de Cataluña. Días después de aquella descomunal movilización, un decreto iba a reconocer oficialmente a Josep Tarradellas como presidente de la Generalitat. Este era uno de los tantísimos tics del franquismo que se mantenían: siempre que el poder preparaba algo gordo montaba antes mucho ruido, igual que el estómago segrega los jugos que han de facilitar la digestión. El regreso del exilio de Tarradellas era la manera que habían encontrado los poderes fácticos de frenar el arrollador avance de las izquierdas en Cataluña, así lo explicaban algunos periodistas, corno Gregario Morán. De otro modo, aquella región tan querida de España iba a caer en dos días en manos de socialistas y comunistas. Fue en Cataluña el primer lugar donde la Transición quedó detenida.
-Quieren justicia social, pero les vamos a dar pan con tomate.
Para la celebración de aquella Diada, todos los partidos, sindicatos, asociaciones ... , se habían entendido sin problemas, habían sabido hacer piña como no estaban siendo capaces en otros asuntos.
-Ferran, ¿qué diferencia hay entre Bandera Roja y el PSUC?
-Eso que te lo explique Pep, que es el teórico.
En aquellos días, existía mucha gente comno Piqué que podía ser llamada Pep en cualquier momento.
-Bueno, está claro, ¿no? El PSUC es un partido de masas, y nosotros no.
_¿Quieres decir que nosotros somos la vanguardia de la clase trabajadora?
-iPor supuesto! iNo querrás que sean los mismos trabajadores! iTodavía hay clases!

La industria textil de Cataluña vivió su primer agosto de la democracia fabricando metros y metros de banderas catalanas. Patria es una manera épica de llamar a la caja registradora. Luego sería la industria china la que fabricase las banderas a mansalva para ocasiones también muy sonadas en Barcelona, pero entonces ya había llegado la globalización, que es el internacionalismo de los ricos. Se podía contar por kilómetros la tela con las cuatro barras estampadas que aquella tarde cubría todo el paseo de Gracia, toda la plaza de Catalunya, toda la Vía Laietana. Los autocares llegaban de todas partes de Cataluña llenos de banderas. Los balcones, las fachadas, estaban engalanados de arriba abajo con banderas y pancartas. Barcelona entera, desde su palpitante corazón hasta el último descampado del extrarradio, quedó empavesada como un gran barco a punto de zarpar hacia un mundo mejor. Cientos de miles de pegatinas en los macutos, en la solapas de las chaquetas de pana, en los palos de las  banderas, en las barbas de la gente, en los buzones de Correos, en los bancos públicos, en la corteza de los plátanos de la Rambla, de las palmeras de la plaza Reial, de todos los árboles de la calle. Y bufandas con las cuatro barras. Y jerséis también con la senyera. Y cómics que narraban la historia de los catalanes, desde el paleolítico hasta el día de hoy.

BANDERITA TU ERES ROJA

De Catalanes todos de Javier Pérez Andújar, p.216
En otra mesa de aquella terraza, el joven militante de la extrema izquierda comunista Josep Piqué ( futuro ministro en tres ocasiones con el Partido Popular de Aznar, el más joseantoniano de los presidentes de ese partido), metió el dedo en el vaso de tubo e intentó sin éxito sacar el palillo de dientes con las dos olivas ensartadas en los extremos. Eso de levantar el palito con el par de aceitunas era una halterofilia dominical y muy barcelonesa, que nada tenía que ver con la ortodoxia de los búlgaros. Reconfortado por el sol del mediodía, canturreó el pasodoble de la Bandera, del maestro Francisco Alonso. Cuando se compuso, esta marcha había sido muy popular entre los soldados españoles de la guerra de Africa, y dicen que hasta el rey Alfonso XIII la silbaba al afeitarse.
-Banderita, tú eres roja ...
 El principio era la única parte de la canción que el joven Piqué pronunciaba, las únicas cuatro palabras de aquella letra que le emocionaban, pues de una manera bella y azarosa evocaban su actual militancia en el grupo  maoísta Bandera Roja, aunque ya tenía previsto su paso al PSUC, un partido con más proyección política. Lo bueno de los partidos de masas es que eran también partidos de votos. Nadie se explicaba de dónde estaba saliendo tanto comunista desde la muerte de Franco; pero el revolucionario Piqué a esa cuestión no le concedía importancia. Consideraba que todos los españoles estaban compartiendo la misma hoja de ruta, él el primero que aquel comunismo no era sino una pintoresca curva del camino. Que toda esta gente que en los últimos años se decía de izquierdas lo único que quería era un televisor en color y un terreno en Mas Altaba (donde acababan de poner de reclamo publicitario una figura gigante de Heidi, como si aquel desmonte fueran los Alpes) o en cualquier otra urbanización de la comarca de la Selva. El PSUC era un partido de masas, sí, pero eso no iba a ninguna parte. Las masas habían pasado de moda desde tiempos de Ortega y Gasset. Estaban sociológicamente muertas. Ahora lo que se imponía en la calle era la gente. Lo que tenía futuro no era un partido de masas sino un partido de la gente, de las personas, un partido popular. Sin embargo, Piqué aún era joven y no tenía prisa. Confiaba en el destino como un bucle universal, como un coche de línea regular para el que ya tenía billete.

HURRA¡¡

Albert Boadella rechaza la máxima distinción que otorga la Generalitat Agencias / BarcelonaEl director teatral Albert Boadella ha rechazado la Cruz de Sant Jordi, máxima distinción de la Generalitat. El director artístico de Els Joglars ha agradecido el gesto y ha entendido que con esta distinción el Gobierno tripartito “quería compensar agravios” anteriores, aunque “todos los catalanes se la merecían más que yo”.
Boadella ha considerado que la Cruz de Sant Jordi es “un galardón con inflación” por la cantidad de personas entre las que se ha repartido. Al respecto, ha recordado una frase de su montaje “La increíble historia del Dr. Floit & Mr. Pla”, estrenado en 1997, en la que Josep Pla señala, recogiendo una Cruz de Sant Jordi del suelo, que “desde la implantación generalizada de los automóviles se puede encontrar cualquier porquería en estos lugares...”.

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