Te quiero más que a la salvación de mi alma

Te quiero más que a la salvación de mi alma
Catalina en Abismos de pasión de Luis Buñuel

CONDONES QUÍMICO


Un apartamento en Urano, Paul B. Preciado, p. 154

Si no eres un hombre que practica el sexo con otros hombres, seguramente la palabra “Truvada» no te diga nada. Por el contrario, si esta palabra te suena es porque está modificando tu ecología sexual: el dónde, el cómo, el cuándo, el con quién. Truvada es un fármaco antirretroviral producido por la compañía de San Francisco Gilead Sciences y comercializado como PrEP, es decir, profilaxis preexpositiva para prevenir la transmisión del virus del sida. Inventado primero como tratamiento para personas seropositivas, desde 2013 la Agencia Estadounidense del Medicamento (FDA) aconseja administrar esta molécula entre las personas seronegativas pertenecientes a grupos de riesgo, lo que en la cartografía epidemiológica dominante equivale aún en gran medida a ser lo que todavía denominan un hombre gay «pasivo», es decir, un receptor anal de penetración y eyaculación. En Europa, los ensayos clínicos comenzaron en 2012 y podrían concluir con una recomendación positiva para su comercialización en 2016. Solo en el primer año Truvada ( cuyo coste mensual es de 1.200 dólares en los lugares donde no existen genéricos) ha producido beneficios de 3.000 millones de dólares. Se calcula que un millón de norteamericanos podrían convertirse en consumidores de Truvada para evitar ... convertirse en consumidores de los fármacos antirretrovirales para seropositivos.

Truvada está produciendo en la sexualidad gay una transformación semejante a la que la píldora anticonceptiva produjo en la sociabilidad heterosexual en los años setenta. Tanto Truvada como la píldora funcionan del mismo modo: son condones químicos pensados para «prevenir» riesgos derivados de una relación sexual, ya sean estos el contagio del virus VIH o el embarazo indeseado.


Krematorium


Historia de los abuelos que no tuve, Ivan Jablonka p. 360

La muerte de ellos solo pertenece a los desaparecidos. Incluso Gradowksi, asignado al Krematorium II, jefe de la revuelta del Sonderkommando y autor de un desgarrador «manuscrito bajo la ceniza» no puede acompañarlos hasta el final. Solo puede contar lo que sigue: «El pelo es lo que arde primero. La piel se infla de burbujas que explotan al cabo de unos segundos. Los brazos y las piernas se contorsionan, venas y nervios se tensan y hacen que los miembros se muevan. El cuerpo ya se abrasa por completo, la piel está agrietada, la grasa se escurre y oyes el rechinar del fuego ardiente. Ya no ves el cuerpo, solo un horno de fuego infernal que consume algo en su interior. El vientre explota. Los intestinos y las entrañas emergen y, en pocos minutos, no quedan rastros de ellos. Lo que tarda más en quemarse es la cabeza. Dos pequeñas llamas azules centellean en las órbitas -son los ojos que se consumen junto con los sesos al fondo-, y en la boca, aún se está calcinando la lengua. Todo el proceso dura veinte minutos, y un cuerpo, un mundo, queda reducido a cenizas» (Gradowski, 2009: 195-196).


GRECIA 2016


Un apartamento en Urano, Paul B.Preciado, p. 240

Grecia ha sido construida, por sobrecodificación, a través de una triple discriminación racial, sexual y económica. Por una parte, Grecia es exaltada en el imaginario histórico como el origen de Occidente: el Renacimiento burgués y colonial inventa un corpus griego (monumento, archivo, texto y cuerpo) blanco y cristiano que al mismo tiempo glorifica una Grecia que nunca existió (los griegos nunca fueron ni exactamente blancos ni estrictamente cristianos) y denigra la realidad, oriental e híbrida, de la Grecia real. Por otra, la Comunidad Europea sitúa a Grecia en el lugar de la trabajadora sexual: al mismo tiempo la ero-turistifica y la injuria, la endeuda y la desea, le prohíbe trabajar y le pide urgentemente que se abra de piernas a la especulación financiera y a la explotación corporativa. Por último, Europa transforma el territorio griego en una gigantesca red de contención de la migración, haciendo de sus islas centros penitenciarios totales a cielo abierto.

Pero las manifestaciones y los fuegos, las huelgas y los parones son en Grecia el signo de la imposibilidad de destruir completamente los procesos de resistencia. Grecia no es la «vida desnuda» de Agamben, sino el cuerpo insurrecto y furioso de una multitud adolescente. Despentes con Nirvana: Teen Spirit. Atenas ha convertido la protesta urbana en un festival público de la rabia. Un grupo de jóvenes fuma tranquilamente en la plaza de Exarchia: dos minutos después, se ponen cascos de moto y capuchas, sacan pequeños cócteles molotov caseros de mochilas infantiles EastPak adornadas con pegatinas negras, blancas y rojas y avanzan casi totalmente desarmados frente a un pelotón policial cuyo equipamiento confirma que los ministerios de Interior y Defensa son los únicos que no se han visto afectados por los recortes. La protesta es una performance colectiva callejera en la que se pone de manifiesto que el único rasgo político que queda del Estado en Grecia es, por decirlo con Weber, el uso (supuesta y desafortunadamente) legítimo de la violencia.


COLEGIO PARA ALAN


Un apartamento en Urano, Paul B.Preciado, p.188
El pasado día de Nochebuena moría en Barcelona Alan, un chico trans de diecisiete años. Había sido uno de los primeros menores trans que habían obtenido un cambio de nombre en el documento nacional de identidad en el Estado español. Pero el certificado no pudo contra el prejuicio. La legalidad del nombre no pudo contra la fuerza de los que se negaron a usarlo. La ley no pudo contra la norma. Los episodios constantes de acoso e intimidación que sufría desde hacía tres años en los dos centros escolares en los que se había matriculado acabaron por hacerle perder confianza en su posibilidad de vivir y lo condujeron al suicidio.

La muerte de Alan podría considerarse como un accidente dramático y excepcional. Sin embargo, no hubo accidente: más de la mitad de los adolescentes trans y homosexuales dicen  ser objeto de agresiones físicas y psíquicas en el colegio. No hubo excepción: las cifras más altas de suicidio se registran entre los adolescentes trans y homosexuales.

Pero ¿cómo es posible que el colegio no fuera capaz de proteger a Alan de la violencia? Digámoslo rápidamente: el colegio es la primera escuela de violencia de género y sexual. El colegio no solo no pudo proteger a Alan, sino que además facilitó las condiciones de su asesinato social.

El colegio es un campo de batalla al que los niñxs son enviados con su cuerpo blando y su futuro en blanco como únicos armamentos, un teatro de operaciones en el que se libra una guerra entre el pasado y la esperanza. El colegio es una fábrica de machitos y de maricas, de guapas y de gordas, de listos y de tarados. El colegio es el primer frente de la guerra civil: el lugar en el que se aprende a decir «nosotros no somos como ellas». El lugar en el que se marca a los vencedores y a los vencidos con un signo que se acaba pareciendo a un rostro. El colegio es un ring en el que la sangre se confunde con la tinta y en el que se recompensa al que sabe hacerlas correr. Qué importa los idiomas que se enseñen allí si la única lengua que se habla es la violencia secreta y sorda de la norma. Algunos como Alan, sin duda los mejores, no sobreviven. No pueden unirse a esa guerra.


FEMINISMO


Un apartamento en Urano, Paul B. Preciado, p. 115

Tomemos, por ejemplo, el ovillo de la historia que contiene la palabra «feminismo». Descubriremos entonces, con sorpresa, que la noción de «feminismo» la inventó en 1871 el joven médico francés Ferdinand-Valere Fanneau de la Cour en su tesis doctoral Feminismo e infantilismo en los tuberculosos. Según la hipótesis científica de Fanneau de la Cour, el «feminismo» era una patología que afectaba a los hombres tuberculosos y que producía, como síntoma secundario, una «feminización» del cuerpo masculino. El hombre tuberculoso, afirmaba Fanneau de la Cour, «tiene el cabello y las cejas finos, las pestañas largas y afinadas como las de las mujeres; la piel blanca, la panícula adiposa subcutánea muy desarrollada, y los contornos del cuerpo son de una suavidad notable, al mismo tiempo que las articulaciones y los músculos combinan su acción para dar a los movimientos esa flexibilidad, ese qué sé yo ondulante y elegante que es peculiar del gato y de la mujer. Si el sujeto ha alcanzado la edad en que la virilidad determina el crecimiento de la barba, encontramos que esta producción es completamente inexistente, o existe solo en ciertos lugares, que generalmente son el borde superior de los labios, primero, luego el mentón y la región próxima al mentón. Y de nuevo, estos pocos cabellos son delgados, finos y, a menudo, caprichosos. [ ... ] Los genitales llaman la atención por su pequeño tamaño. Feminizado, sin "poder de generación y facultad de concepción", el hombre tuberculoso pierde su condición de ciudadano viril y se convierte en un agente contaminante que debe ser colocado bajo la tutela de la medicina pública». En el lenguaje científico de Fanneau de la Cour, «feminista» describe este tipo según él patológico de masculinidad tuberculosa.

Un año después de la publicación de la tesis de Fanneau de la Cour, Alexandre Dumas hijo retoma en uno de sus panfletos políticos la noción médica de «feminismo» para describir a los hombres que se muestran solidarios con la causa de las «ciudadanas», el movimiento de mujeres que luchan por el derecho al voto y la igualdad política. Las primeras feministas eran, por tanto, hombres: hombres a quienes el discurso médico consideraba anormales por haber perdido sus «atributos viriles»; pero también hombres acusados de feminizarse debido a su proximidad con el movimiento político de las ciudadanas.


INCIPIT 1.311. EL ARTE DE LA FICCION / VILA-MATAS


Nacido en Barcelona en 1948, Enrique Vila-Matas es el autor de una serie de novelas, relatos y ensayos que buscan provocar una suerte de delirio literario: la literatura en sus múltiples vertientes. En 1985 publicó Historia abreviada de la literatura portátil – un libro que parte de la historia de una sociedad secreta de artistas, escritores y poetas del siglo xx, entre los que se encuentran Duchamp, Walter Benjamín y Kafka, entre otros- y su forma de vincular personas reales con citas imaginarias y viceversa, la mezcla de ficción y de realidad, representó un momento clave en la ficción europea. La realidad sólo se puede aprehender a través de un cómico y deslumbrante collage de textos -al menos ésa fue la propuesta en la Historia abreviada


INCIPIT 1.310. HISTORIA ABREVIADA DE LA LITERATURA PORTATIL / VILA-MATAS


PROLOGO

A finales del invierno de 1924, sobre el peñasco en que Nietzsche había tenido la intuición del eterno retorno, el escritor ruso Andrei Biely sufrió una crisis nerviosa al experimentar el ascenso irremediable de las lavas del superconsciente. Aquel mismo día y a la misma hora, a no mucha distancia de allí, el músico Edgar Varese caía repentinamente del caballo cuando, parodiando a Apollinaire, simulaba que se preparaba para ir a la guerra.

A mí me parece que esas dos escenas fueron los pilares sobre los que se edificó la historia de la literatura portátil: una historia europea en sus orígenes y tan ligera como la maleta-escritorio con la que Paul Morand recorría en trenes de lujo la iluminada Europa nocturna: escritorio móvil que inspiró a Marcel Duchamp su boite-en-valise, sin duda el intento más genial de exaltar lo portátil en arte. La caja-maleta de Duchamp, que contenía reproducciones en miniatura de todas sus obras, no tardó en convertirse en el anagrama de la literatura portátil


INCIPIT 1.309. MONTEVIDEO / VILA-MATAS


PARÍS

En febrero del 7 4 viajé a París con la anacrónica intención de convertirme en un escritor de los años veinte, estilo «generación perdida». Fui con ese digamos que singular objetivo y, aunque era muy joven, esto no fue obstáculo para que, nada más comenzar a pasear por la ciudad, advirtiera que París estaba ensimismada en sus últimas revoluciones, entrándome entonces una pereza inmensa, monumental, una flojera grandísima ya sólo de pensar que tenía que convertirme allí en escritor y, encima, cazador de leones a lo Hemingway.

Al diablo con todo, especialmente con mis aspiraciones, me dije un atardecer caminando por el Pont Neuf. Tengo que hacer algo para escapar de este destino, pensaba cada dos minutos aquel día, sin darme tregua.


INCIPIT 1.308. EL POLACO / JM COETZEE


1 La mujer es la primera en causarle problemas, seguida pronto por el hombre.

2 Al principio tiene una idea perfectamente clara de quién es la mujer. Es alta y grácil; según los estándares convencionales, acaso no sea calificable como una belleza, pero sus rasgos -cabello y ojos oscuros, pómulos marcados, boca prominente- son llamativos y su voz, en leve contralto, tiene un suave poder de atracción. ¿Sexy? No, no es sexy, y sin dudas no es seductora. Es posible que haya sido sexy cuando era joven -¿cómo no haberlo sido con semejante figura? Pero ahora, con sus cuarenta y tantos, practica un cierto aire de lejanía. Camina -esto se nota especialmente- sin balancear las caderas, deslizándose sobre el suelo de manera muy recta, casi noble. Así resumiría él su aspecto exterior. En lo referente a ella  misma, a su alma, habrá tiempo para que esto se devele. De una cosa está convencido: ella es una buena persona, amable, amigable.

3 El hombre es más problemático. En la idea, como queda dicho, resulta perfectamente claro. Es polaco, ronda los setenta, unos setentas vigorosos, es un pianista conocido como intérprete de Chopin, pero un intérprete controvertido: su Chopin no es nada romántico


INCIPIT 1.307. ALEGRIA / MANUEL VILAS


Todo aquello que amamos y perdimos, que amamos muchísimo, que amamos sin saber que un día nos sería hurtado, todo aquello que, tras su pérdida, no pudo destruirnos, y bien que insistió con fuerzas sobrenaturales y buscó nuestra ruina con crueldad y empeño, acaba, tarde o temprano, convertido en alegría.

El alma humana no tendría que haber descendido a la tierra.

Tendría que haberse quedado en las alturas, en los abismos celestiales, en las estrellas, en el espacio profundo. Tendría que haber permanecido alejada del tiempo; el alma humana hubiera estado mejor sin ser humana, porque el alma  envejece bajo el sol, se derrite, se hunde y combustiona en millones de preguntas que se esparcen sobre el pasado, el presente y el futuro, que forman un solo tiempo, y ese es el tiempo personal de cada uno de nosotros, un tiempo en donde el amor es un deseo permanente, que no se cumple, que nos avisa de la hermosura de la vida y luego se marcha.

 Se marcha.

Nos deja en un silencio poderoso, amargo y sutil.

Millones de preguntas que fueron seres humanos antes de convertirse en preguntas. Millones de cuerpos, millones de padres, madres, hijos e hijas.

Y nos quedamos solos y ateridos.

El alma humana somos nosotros, todos nosotros, buscando amor, todos buscando ser amados cada día, cada día esperando la llegada de la alegría, qué habríamos de esperar si no.


INCIPIT 1.306. SALIDAS DE TONO / FELIX DE AZUA


AVISO AL LECTOR

Comienzo a escribir la entrada para esta colección de artículos en un lluvioso día de enero de 1996. Faltan dos meses para las elecciones generales y todos los pronósticos indican que con ellas va a concluir el período de hegemonía socialista iniciado en 1982. Según parece, va a tomar el control del Estado otro partido que representa a una España mucho más tradicional, más próxima a la España barroca, inquisidora y milagrera de los Austrias que a la paleoilustrada de los Borbones. Un Estado, dicho sea de paso, que la España tradicional siempre ha considerado como su finca de recreo, negocio y esparcimiento, excepto durante esta década de poder socialista. Y ni siquiera ...

Pero las elecciones traen resultados a veces sorprendentes, imprevisibles, inauditos. Por eso me alegro de escribir este Aviso sin conocer a ciencia cierta lo que va a suceder dentro de dos meses. Tengo para mí, sin embargo, que aunque de nuevo ganara las elecciones el Partido Socialista, el mandato de mi generación ha concluido. Nuestra oportunidad de pavonearnos sobre el escenario, a la manera de los célebres borrachos de Shakespeare, ya se ha  consumado. Como todos los que se pavonearon antes que nosotros sobre el gran teatro del mundo, en algún momento creímos poder cambiar el argumento de la obra, pero ahora ya sabemos que «envejecer, morir, es el único argumento de la obra». Y no es mal argumento.


UTENSILIOS


Agua y jabón, Marta Riezu, p. 66

Existe una jerarquía del utensilio.

En el rango más bajo está el cachivache, arrinconado más por viejo que por inútil. Hay lugares que son puro cachivache, como el parque de atracciones del Monte igueldo, el lugar con más encanto de la península.

Tras el cachivache viene el trasto, familiar y un poco golfo. El chisme es pequeño y ratonil. Sigue el cacharro, manejable y voluntarioso; las cocinas están llenas de ellos.

Luego aparecen el mecanismo, el aparejo, el accesorio, que se creen muy importantes pero no siempre caen bien. En lo alto del escalafón estaría el juguete, con su aura sagrada; la herramienta, que es el juguete del adulto, y la máquina, un monumento a la perspicacia humana.

Corona la pirámide el mal llamado (pero para que me entiendan) objeto de diseño, que es uno y trino: útil cuando está en uso, bello en reposo y con pedigrí.


ZEN


El último hombre blanco, Nuria Labari, p. 238

Un maestro zen va a enseñar el arte de la esgrima a su discípulo. Le pide que se dedíque a limpiar una habitación realmente grande. El discípulo quiere tomar la espada y aprender el arte para el que está llamado, pero el maestro considera que aún es pronto. Una tarde, mientras está limpiando, el maestro le propina un garrotazo por la espalda y el discípulo cae al suelo, noqueado. No entiende de dónde ha venido el golpe ni por qué se lo ha propinado. Pero tendrá que levantarse y continuar con la tarea. Y así pasarán los años y el maestro seguirá imponiéndole tareas que poco tienen que ver con el arte de la esgrima, y seguirá sorprendiéndolo y golpeándolo una y otra vez. El maestro aparecerá con el garrote desde detrás de un árbol, o desde la zona oscura de una habitación: los golpes se abatirán sobre el cuerpo del aprendiz como caídos del cielo, y él creerá que no está aprendiendo nada, pero tendrá que superar la ira y la frustración y seguir más de un lustro alejado del sable que tanto anhela. Hasta que un día, cuando el maestro intenta golpearlo mientras transporta una vasija llena de agua, el discípulo es capaz de esquivar el golpe. No sabe cómo lo ha hecho, no puede explicar cómo lo ha aprendido, pero el hecho es que por fin está listo para tomar el arma. En eso consiste el zen, y por eso era la filosofía preferida de Steve Jobs de tantos hombres entregados a la religión del trabajo.

El maestro, igual que el jefe, es siempre arbitrario, puede hacer lo que le dé la gana, golpea siempre y siempre menosprecia la vida, puesto que la vida no vale nada para esta filosofía. Y al final, después de muchos años, el discípulo se cuenta de que el maestro tiene razón.


GODARD


Salidas de tono, Félix de Azúa, p. 191

Como a tantos otros, tampoco a mí me ha escandalizado la audacia de los prelados católicos que han tildado de «sacrílega » la última película de Godard. ¡Ojalá fuera sacrílega! Lo cierto es que Godard es un pelmazo de muchísimo cuidado desde hace un montón de años y que sigue agarrado a la cámara como otros derelictos se agarran a la frasca de aguardiente. De haber osado una película verdaderamente sacrílega y obscena, es posible que hubiera salido del túnel impotente en el que se consume como suizo y como cineasta, y como cineasta suizo.

Ahora bien, la falta de respeto de los católico-islámicos hacia la pornografía es algo lamentable. ¡Mira que confundir a ese hoy scout inflado de libros de bolsillo con un autor sacrílego! El sacrilegio es algo de dificilísima obtención; no todo el mundo está capacitado para renovar el género. Sacrílegos, lo que se dice sacrílegos, en los últimos documentos años han sido escasísimos: Voltaire, Nietzsche, Dostoievski, Buñuel... cuatro gatos. Para poder construir un sacrilegio de altura, un sacrilegio que no sea como una blasfemia de autobús, hay que ser teólogo y el pobre Godard no conoce ni el primer capítulo de la Teodicea.

Pero la clientela de Wojtila tampoco. El único sacrilegio real de los últimos años han sido los disparos de Ali Agca, cuya monumental estupidez ha acabado por deslucir el teocidio. Ese turco de aspecto prehistórico le pegó de tiros al representante de Jesucristo, a su Vicario en la tierra, el Administrador del Redentor. Sin embargo, los católicos no han dejado de mirarle y oírle; y lo que todavía es más significativo, el propio Wojtila acudió a comprobar de cerca la complexión antropoide del sacrílego y cuchicheó con él durante un buen rato; lo que no ha hecho, ni hará, con Godard. ¿Por qué puede permitirse la contemplación inocente de ese pornógrafo televisivo que dice ser Jesucristo, pero no se permite la visión de una película francesa? Porque Ali Agca SÓLO atentó contra un cuerpo vivo, en tanto que Godard se ha atrevido a utilizar imágenes y símbolos que son propiedad privada del inconsciente colectivo católico, cuya policía del símbolo es de las más crueles que han existido jamás.


MUSICA EN LA TV


Salidas de tono, Félix de Azúa, p.148

Con esta larga explicación intento justificar la siguiente petición al señor Calviño: ¿podría usted respetar los fondos musicales de las películas extranjeras? Porque, como habrán advertido los aficionados, TVE no sólo dobla la palabra, sino también la música de las películas, con lo que todas las películas grabadas en los vídeos españoles no sirven pero absolutamente para nada. Son como reproducciones en blanco y negro de las pinturas de Rembrandt.

Es comprensible el doblaje porque hay que dar de comer a los jefes de doblaje y a sus locutores (la otra excusa, la de que los españoles somos más imbéciles que los franceses, ingleses, etc., y no entendemos los subtítulos, es demasiado humillante para ser tomada en serio), y eso puede justificar que trituren la labor de los actores, pero ¿es realmente imprescindible cambiar, como hace usted, la banda musical? La incuria de TVE es tan sólida que uno se siente ingenuo pidiendo algo que a los poderosos debe de parecerles una chifladura. Pero crea usted que ver El idiota de Kurosawa con el conocido tema de «Morena, la de los ojos oscuros» es algo muy duro. También lo es ver Caminando con un zombie con fondo de Mahler, o Carta a una desconocida con la inevitable reverie cuando los dedos del pianista iban por otro lado como gusanos locos. Bien es verdad que luego se veía una banda de música militar y lo que sonaba era una orquesta sinfónica. La imaginación de sus técnicos es desbordada, descomunal. Que no elimine usted la música de los telefilmes me parece mal porque es abyecta, pero que se la quite, en cambio, a las películas que forman el conjunto más interesante y entretenido de la cultura euroamericana, es un acto de barbarie. Cualquier cineasta, si le queda alguno, le explicará hasta qué punto la imagen y el sonido son indisociables en las películas no directamente imbéciles. Quizás, por su cargo, sólo utiliza usted el ojo y no el oído, en cuyo caso este artículo es de una inutilidad abrumadora, pero imagine que su próximo discurso pasara por TVE con el fondo de «Yo soy la falsa monea». Bueno, pues eso hace usted con los discursos ajenos.


PROUST


Alegría, Manuel Vilas, p. 280

«¿Qué religión tiene usted?», le preguntaban a Proust.

«Mi religión es el pasado», contestaba él.

Marcel Proust nació el 10 de julio de 1871 en Auteuil, un barrio de París, y vivió cincuenta y un años, que hoy son muy pocos años. Tenía ojos grandes y bigote. Lo imagino mirándose al espejo. En el año 1905 murió su madre, a quien amaba profundamente. Ese fue un golpe del que nunca se recuperó. Fue la muerte de su madre la que desencadenó su gran obra, su enciclopédica En busca del tiempo perdido. También desencadenó su idea del recuerdo, porque la muerte de su madre le hizo ver que la vida necesita completarse con el recuerdo de la vida. Se dio cuenta de que solo había habido una persona en el mundo que mereciera toda su confianza, y esa fue su madre, a quien ninguna otra mujer o ningún otro ser humano. podría sustituir nunca. Eso es el fracaso: darte cuenta de que el amor incondicional es un hecho retrospectivo. Yo también me di cuenta de eso cuando murieron mi padre y mi madre. Se encerró en un cuarto parisiense, del que no salía, y se consagró a la fiesta del pasado. No soportaba los ruidos. Hizo colocar corchos en las paredes de su casa. Fue un pionero de la insonorización. No puede haber algo que yo entienda mejor que el de fijar corchos en las paredes para aislar el ruido. La búsqueda de la verdad es la misma que la del silencio absoluto. Me gustaría ver el día en que unos carpinteros entran en la vivienda de Proust con la tarea más rara de toda su vida: llenar las paredes de corcho. Nunca han hecho nada igual. Parece el trabajo más sencillo, porque los corchos no pesan como los ladrillos o la piedra o el mármol. Sin embargo, pronto advierten que el cliente es un perfeccionista, que los obliga a un cuidado obsesivo. El Arnold de Proust, como también fue el de Kafka, es el ruido.


SALVADOR ALLENDE


Alegría, Manuel Vilas, p. 203

Me vino también el recuerdo del presidente chileno Salvador Allende, que se suicidó el 11 de septiembre de 1973 ante el golpe de Estado de que fue víctima su gobierno, y ante el asalto armado y cruento del palacio de La Moneda. La izquierda no admitía su suicidio y sostuvo durante mucho tiempo que había sido asesinado por los militares golpistas. Ahora ya se acepta que Allende decidiera pegarse un tiro, en cuyo acto aún hay más honestidad que en su supuesto asesinato a manos de los militares, pues no les dio opción a que le ejecutaran, y eso cuenta. Cuenta mucho, pues supone un acto de conciencia, en donde la rendición ni siquiera es una hipótesis. Quien no se mata es porque en el fondo espera que los demás no le maten, y abre así la puerta de la petición de clemencia. Allende no quiso ni siquiera sugerir una hipotética clemencia, ni siquiera quiso convertirse en una decisión que hay que tomar, no quiso ni siquiera mirar a los ojos a los miserables que venían a destruir la democracia. Ni insultarlos ni hablarles ni decirles su nombre ni condenarlos, no quiso nada. Y esa bala que destruyó su cerebro era, por consiguiente, una bala moralmente buena, valiosa y llena de necesidad. En realidad, fueron dos balas, porque Allende usó su propia metralleta para dispararse a la cabeza y a la cara. Las dos balas destruyeron los huesos de la cara. Los forenses constataron que su rostro quedó irreconocible. La autopsia de Allende reveló algo sorprendente: el presidente de Chile tenía el hígado, el corazón, los riñones y los pulmones en un gran estado de salud, como si fuesen los órganos de una persona joven, algo infrecuente en un hombre de sesenta y cinco años. Que tuviera los órganos saludables nos dice simbólicamente que la democracia tiene que ver con la alegría, así deseo verlo yo. Podría haber vivido muchos más años. Dada la robustez de sus órganos internos Allende se habría hecho nonagenario.


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