Tengo la convicción de que al menos desde la adolescencia fui el predilecto de mi padre, en lo que pudo influir nuestro vicio común de manejar la pluma, aunque él nunca llegó a los extremos patológicos de grafomanía que he alcanzado yo. Tendría yo 17 o 18 años cuando un día irrumpe en mi cuarto y, sin más preámbulos, me espeta: “Rafael, ¿tú crees que se puede escribir gémula iridiscente? ¡Gémula iridiscente"!». Era de Ortega. Antes de la guerra mi padre había sido, con José Antonio Primo de Rivera, Ruiz de Alda, creo que Fernández Cuesta y algún otro más joven, como Alfaro, o menos relevante, fundador de la Falange; ya entonces se reía de la pasión que por Ortega (involuntario precursor de la Falange) demostraba Primo de Rivera, y, como éste tenía, creo que sobre la chimenea de su despacho de la calle de Serrano, un retrato dedicado del ínclito filósofo, mi padre se burlaba de José Antonio, señalando el retrato y diciendo: «¡ La estampita, la estampita!».
Lo más visto
Te quiero más que a la salvación de mi alma
Catalina en Abismos de pasión de Luis Buñuel
INCIPIT 1.565. LA FORJA DE UN PLUMIFERO / SANCHEZ FERLOSIO
Tengo la convicción de que al menos desde la adolescencia fui el predilecto de mi padre, en lo que pudo influir nuestro vicio común de manejar la pluma, aunque él nunca llegó a los extremos patológicos de grafomanía que he alcanzado yo. Tendría yo 17 o 18 años cuando un día irrumpe en mi cuarto y, sin más preámbulos, me espeta: “Rafael, ¿tú crees que se puede escribir gémula iridiscente? ¡Gémula iridiscente"!». Era de Ortega. Antes de la guerra mi padre había sido, con José Antonio Primo de Rivera, Ruiz de Alda, creo que Fernández Cuesta y algún otro más joven, como Alfaro, o menos relevante, fundador de la Falange; ya entonces se reía de la pasión que por Ortega (involuntario precursor de la Falange) demostraba Primo de Rivera, y, como éste tenía, creo que sobre la chimenea de su despacho de la calle de Serrano, un retrato dedicado del ínclito filósofo, mi padre se burlaba de José Antonio, señalando el retrato y diciendo: «¡ La estampita, la estampita!».
INFANCIA
El huerto de Emerson, Luis Landero, p. 47
No sé de qué manera, pero la
rupia y el cronómetro de oro irán conmigo juntos ya para siempre, como signos
desesperados de nobleza y honor. Pequeños gestos, oscuros símbolos, que
encierran algo esencial y misterioso de la naturaleza humana. Como dice Juan
Benet: «La conciencia atesora lo incomprensible».
También van juntos en mi memoria,
formando un trío inseparable, Stevie, Ike y Alfanhuí, los personajes de Conrad
(El agente secreto), de Faulkner (El villorrio) y de Sánchez Ferlosio. Tres
niños que representan mejor que nadie la inocencia primordial de esa edad en
que aún somos naturaleza, en que amamos la vida más que su sentido, y a las cosas
y a los hechos por sí mismos y no por su finalidad. Cuando los animales son
nuestros semejantes, el caballo semejante de Stevie, la vaca de Ike, los bueyes
de Alfanhuí. Juntos van conmigo, y con mi propia infancia, inseparables
cofrades no contaminados aún por la condena del pan y del sudor, ni por el
pacto de la razón con la necesidad de vivir con cordura y provecho ...
INCIPIT 1.412. BORRIQUITOS CON CHANDAL / SANCHEZ FERLOSIO
Sobre el «Pinocho» de Collodi
1. Lenguajes adaptados. Cuando
los colonizadores dicen que los colonizados no están «maduros para la
autodeterminación” juzgan la cosa sobre el canon de sus propias maneras de
existencia; pero, aun dando por bueno ese criterio y suponiendo que respecto de
él sea cierto el veredicto, no hay que perder de vista hasta qué punto éste se
ha dictado desde el hecho de la propia colonización y a la luz de las
relaciones por ella establecidas. Como con los animales domésticos, se juzga la
inteligencia del colonizado principalmente por su capacidad para entender al
colonizador, para comunicarse con él. Pero ya que la lengua es el medio en cuyo
seno tiene que medirse tal capacidad, hay que ver en primer lugar qué es lo que
pasa con la lengua que corre entre uno y otro; y lo que pasa es que le propio
colonizador empieza por fijar esa lengua -que es la suya- en un estadio de
aprendizaje absolutamente grosero y elemental
INCIPIT 1.352. LA VERDAD DE LA PATRIA / RS FERLOSIO
Villalar por tercera y última vez
Desde que el honorable salió al
balcón y dijo: «Cataluña soy yo», se ha redoblado por estos andurriales el
estridente griterío de los gatos que quieren zapatos, de las mariquitas que
quieren ir de guantes, de las monas que quieren vestirse de seda. En los
manuales de historia próximos futuros, bajo un epígrafe en negrita que dirá «El
regionalismo », los estudiantes de bachillerato leerán: «Hacia finales de la
década de los setenta, bla bla bla, el fenómeno histórico del regionalismo, bla
bla bla». Pero este futuro «fenómeno histórico » no fue en principio más que
una pelotita de papel que López Rodó echó al aire una mañana tonta y que el
rapidísimo pelotari Suárez, a la voz de «¡mía!», empalmó de volea mientras pensaba:
«¡Qué bola, Señor, qué bola!». Y así, el más listo de todos los políticos (si
bien en la era de los Carter y los Giscard no es al fin tan difícil que un
castellano fino, con instinto y reflejos para el carpe diem, llegue a brillar
como un Solón o un Lorenzo el Magnífico)
VICTIMATO
La verdad de la Patria, RS Ferlosio, p. 237
Se considera a las víctimas como
algo sagrado y no lo son. Han armado una nueva configuración mental; han
transformado el sentimiento en venganza sagrada, con su ganar y perder, al que
no le falta su negra honrilla; se han constituido en asociación con lista de
socios, que son los parientes de los muertos, con su organización burocrática, sus
declaraciones públicas, su doctrina; al resultado de esta inversión capital es
a lo que yo llamo Victimato
CATALUNYA
La verdad de la Patria, RS Ferlosio, p. 223
El artículo se encuadra en la
polémica desatada por la publicación en El Pais del artículo de Juan Benet
titulado «Catalunha en la Espanya moderna» (2 de junio de 1983), que dio lugar
a un aluvión de «cartas al director», algunas muy airadas. El artículo de Benet
concluía con el siguiente párrafo: «Y he aquí que en pleno centro de Madrid, en
la plaza de Colón, se abre una exposición que se anuncia al público con grandes
y elegantes caracteres: «Catalunya en la España moderna». ¿Quién habrá sido el
salvaje, me pregunto, que, por sí y ante sí ha decidido enviar a la ñ a hacer
punyetas? Sin duda un personaje adulador y nada sobrado de conocimientos, pero
¿se habría atrevido a hacer algo semejante con un «La France en la España
moderna»? ¿ Y por qué no Espanha, o Espanya o Spagna? ¿Qué escrúpulo le detuvo
para respetar la segunda ñ? ¿O es que quiere marcar las diferencias? ¿ Y qué
intención le puede llevar a tal apuntamiento? Sin duda que, de una manera
oblicua, no ha pretendido sino vejar a los catalanes por no haber sabido en su
día dar a la ñ el tratamiento que merece; para recordarles una historia
lingüística que tiene ciertas limitaciones, como la imposibilidad de utilizar el
signo de interrogación inicial que, de poderlo hacer, concedería mayor
flexibilidad a sus múltiples aseveraciones. Porque, lo quiera o no el autor del
letrero, Cataluña, en nuestra lengua, se escribe con ñ, con una tilde como la
copa de un pino.
La demencia senil de la cultura española
La verdad de la Patria, RS Ferlosio, p. 30
La cultura española no recuerda, pero anda loca por conmemorar. Una vez más, con una recurrencia que alcanza obstinación de pesadilla, se pide la traída a España de los restos de Machado. No sé cuándo se tendrá la delicadeza de recordar que no fue circunstancia fortuita ni trivial la que le llevó a dar con sus huesos en Colliure, y sobre todo que no debe su sepulcro a algún anónimo e indiferente azar administrativo, sino al personal impulso de piedad de una mujer francesa, y comprender que ni aquella última huella de su vida tiene por qué ser borrada ni tan tierno acto de hospitalidad postrera merece ser deshecho, sino perpetuado. Por lo demás, Colliure está tan cerca que la breve y grata excursión no viene más que a aumentar el incentivo y estimular el apetito para los fervorosos jubileos de la fauna necrófaga española. Pero lo último que se está urdiendo contra el descanso de aquellos pobres huesos es nada menos que confiar el encargo a una comisión constituida por la Real Academia y presidida por el Rey, con lo que la amenaza tocaría esta vez en dimensiones de homenaje nacional. Justo el gasto que estaba haciendo falta para aliviar el superávit del presupuesto de cultura! Cuando el diablo no tiene qué hacer, con el rabo mata moscas.
ExPAÑA
La verdad de la patria, Ferlosio, p. 9
Puede que la de Rafael Sánchez
Ferlosio -la de los llamados «niños de la guerra»- sea la primera generación de
intelectuales y escritores españoles que se desentendió de España como patria.
La primera que no quiso saber nada de España como «problema», y a la que la
misma España ni le dolía ni le dejaba de doler, simplemente se la
repampinflaba.Así dicho, puede que esto suene demasiado chocante y hasta un
punto provocador, pero, hechas las correspondientes matizaciones, se ajusta
bastante bien a la realidad de los hechos. Educados y crecidos en el
franquismo, esos «niños de la guerra» padecieron en carne propia, durante sus
años de formación, la exaltación partidaria de la más rancia ideología nacional,
y fueron la primera generación para la que los símbolos y distintivos
patrióticos -la bandera y el himno, por supuesto, pero también Don Pelayo, el
Cid Campeador y Agustina de Aragón, el flamenco, la jota, los toros, el pasodoble,
la paella, todo el beaterio nacionalcatólico, El Escorial y hasta la mismísima
Giralda de Sevilla- quedaron indeleblemente impregnados de la refitolera
fraseología de un régimen autárquico, vengativo, zafio y anacrónico, entre cuyos
daños más prolongados se cuenta el quizá irreparable desapego de muchos
españoles respecto de todos esos símbolos y distintivos, y hasta de la misma
palabra «España», y la noción que de ella se desprende.


















