Prólogo
Hace quince años tuve un blog. Lo
empecé sin pensarlo demasiado, simplemente quería escribir (y nunca he escrito
solo para mí; un escritor existe cuando alguien lo lee, aunque solo sea una
persona en el universo, y cuando se expone a los demás). En teoría era un blog
de moda, pero es difícil hablar de moda sin hablar de belleza, y hablar de
belleza sin hablar de amor, y hablar de amor sin hablar del mundo entero.
En poco tiempo encontré un grupo
de lectores que se divertían con mis textos, dejaban comentarios, dialogaban
entre sí, discutían y añadían valor e interés a lo que yo escribía. Me leía más
gente de lo que yo pensaba, ¡incluso mi madre se convirtió en una apasionada
seguidora! Era una escritura ligera e inmediata, a vuelapluma, cuando se me
ocurría algo, lo escribía al momento. A veces metía la pata, pero a menudo
acertaba; suelo estropear las cosas (y también las ideas y las frases) cuando
las pienso demasiado, no soy una intelectual.
Y un día lo dejé, mi madre había
muerto, el blog ya no me divertía. Quería escribir un libro.
Se tituló También esto pasará.
Seguí publicando y me convertí (un poco a regañadientes) en una escritora
profesional (yo lo que quería ser era una estrella del rock, Madonna o algo
así; la mayoría de los escritores que conocía eran bastante aburridos y
desdichados).

No hay comentarios:
Publicar un comentario