Te quiero más que a la salvación de mi alma

Te quiero más que a la salvación de mi alma
Catalina en Abismos de pasión de Luis Buñuel

PROSTITUTAS

Ladrón de cuarteles, Tobias Wolff, p. 101
Lewis se dirige a Combat Alley. En la calle todavía quedan un par de mujeres, pero él no sabe cómo abordarlas, ni lo que esperan que les diga. Y están todas las demás personas que pasan. Por fin entra en The Drop Zone, un bar con un dibujo de un paracaidista en la ventana.

La mayoría de las prostitutas del pueblo son mujeres sensatas. Tienen sus motivos para ello y no son hermanas de la caridad, pero tampoco son unas chifladas. En general quieren hacer algo más cómodo que lo que hacían antes, de modo que prueban con esto durante un tiempo hasta que se dan cuenta de lo duro que es. Entonces vuelven a trabajar de camaretas o en la planta embotelladora, o a vivir con sus maridos. Con todo, a veces esta vida las atrapa, y hay una época justo después de darse cuenta de que las ha atrapado en que algunas de ellas se vuelven chifladas.

WARHOL

Pretenciosidad, Dan Fox, p. 135-136
Es posible que pensaras que la película era pretenciosa porque estaba filmada en un «artístico» blanco y negro y en una lengua distinta de la tuya, y tú no te consideras el tipo de persona que va a ver cine internacional, porque eso sólo lo hace la  gente pretenciosa. ¿Qué es lo que intentan ser todos esos pretenciosos? ¿Suecos? ¿franceses? ¿Brasileños? ¿Estadounidenses? ¿y qué si son suecos, franceses, brasileños o estadounidenses?¿Qué tendrá de malo sentir curiosidad por cómo ven  la vida otras personas del planeta? Ante todo, ¿ y si te dieras un respiro y sólo de vez en cuando fueras la clase de persona que va a ver películas artísticas realizadas en otras partes del mundo? ¿Qué podría pasarte si contemplaras la idea de que puedes ir a ver la película artística en blanco y negro sin renunciar a la bacanales de explosiones de las pelis de superhéroes, que ambas experiencias son valiosas? Tener miedo a que te tachen de pretencioso es lo mismo que obligarte a no sentir ninguna curiosidad por el mundo.

Se considera que la pretensión carece de solidez. Un teatrillo de cartulina que saldrá volando a la mínima que se levante viento. Tenemos esa idea porque, como observó Warhol, «en algunos círculos en los que gente muy pesada piensa que tiene la cabeza muy pesada, palabras como "encantadora", "inteligente" y"bonita" son menospreciadas; todo lo frívolo de la vida. que es lo más importante, es menospreciado». Lo que nos cuesta aceptar es que la cultura no tendría color si no fuera por la pretensión. Sería como el beis sin vida de las tiendas Gap. Las puertas de la imaginación quedarían cerradas a cal y canto por temor a encontrar tras ellas algo que quebrantase el consenso sobre lo que es un acto creativo aceptable, qué es un bar  aceptable al que ir a tomar una copa, qué son unos zapatos aceptables para ir a trabajar.

DIOS

El poder y la gloria, Graham Greene
Alguna vez, en los tiempos pasados, al instruir a los niños, algún indio chiquitín de ojos almendrados le había preguntado: «¿Cómo es Dios?», y él solía contestar fácilmente haciendo referencia al padre y a la madre, o quizá con mayor ambición, incluía hermano y hermana, y procuraba dar una idea de todos los cariños y parentescos, combinados en una pasión inmensa y, no obstante, personal. ..

Pero en el centro de su propia fe permanecía siempre la convicción misteriosa de que estamos hechos a imagen de Dios: Dios era el padre, pero también el policía, el criminal, el cura, el maníaco y el juez. Algunas veces la imagen de Dios colgaba de una horca o adoptaba raras actitudes ante las balas en el patio de una cárcel o se retorcía como un camello durante el acto sexual. Sentábase en el confesonario y escuchaba las ingenuidades complicadas y sucias que la imagen de Dios había imaginado. Y ahora esta imagen se bamboleaba, arriba y abajo, sobre el lomo de la mula, con los dientes amarillos clavados en el labio inferior; y la misma imagen había cometido un día su acto de rebelión con María, en la cabaña, entre las ratas. A veces debe de ser un consuelo para el soldado, el que sean iguales las atrocidades cometidas por ambas partes: nadie jamás era el único.

EL CIELO MEJICANO

El poder y la gloria, Graham Greene
-Un santo Padre nos ha enseñado que la alegría está condicionada al dolor. El dolor es una parte de la alegría. Cuando tenemos hambre pensamos en lo que disfrutaremos al fin con el alimento. Cuando tenemos sed... –Se detuvo de pronto, hundiendo la mirada en las sombras, esperando la risa cruel que no llegaba. Continuó-: Renunciamos a muchas cosas para podernos luego regocijar. Habréis oído hablar de los ricachos del Norte, que comen alimentos salados para tener sed ... para lo que llaman ellos el cocktail. Antes del matrimonio, también está el largo noviazgo ...
Volvió a detenerse. Sentía su propia indignidad como un peso en la base de la lengua. En el intenso calor nocturno un cirio doblado olía a cera caliente. La gente se removía en la sombra sobre el duro suelo. El olor de seres humanos sin lavar luchaba con el de la cera. Él gritaba, obstinado, con voz autoritaria:

-Por esto yo os digo que el cielo está aquí; esto es parte del cielo, lo mismo que el pan es parte del placer. - Añadió-: Pedid sufrir más cada día. No os canséis jamás de sufrir. La policía que os vigila, los soldados que os cobran impuestos, los azotes del jefe que siempre recibís porque sois demasiado pobres para poder pagar, las viruelas y la fiebre, el hambre... todo esto forma parte del cielo; es la preparación. Acaso sin esto, ¿quién sabe?, no gozaríais tanto del paraíso. No sería completo. ¿y el cielo? ¿Qué es el cielo?

CANTORES MEXICANOS

El puente en la selva, B. Traven
Nadie pagaba al cantor. Cantaba por amor a la afligida madre, para ayudarla a superarlo sin demasiadas cicatrices. Iban a enterrar al niño sin la bendición de un cura y sin el certificado de defunción de un médico. El cura y el médico cuestan dinero. Aunque todos los del duelo dieran la mitad de lo que tenían, no llegaría para pagar los gastos. Además, el entierro no podía posponerse dos días. A pesar de que la noche era fría, el cuerpo estaba empezando a descomponerse. El agrarista cantaba sólo canciones de iglesia, pero nadie que conociera los cánticos de la Iglesia católica se daría cuenta de que aquello eran himnos religiosos.
Posiblemente los católicos cantaban de la misma manera cuando los primeros frailes misioneros recorrieron aquellas selvas para traerles la verdadera fe a los pobres infieles de las Américas. Como quiera que fueran originalmente, el caso es que se habían mezclado con cantos profanos, incluida música de baile americana de lo más reciente. Una vez cada año o cada dos años la gente iba a la iglesia, oía una verdadera canción de misa, y algo se les quedaba en la cabeza. Luego, cuando había baile en los poblados y en los pueblos, los músicos traían nuevas melodías que habían recogido en la ciudad más cercana, donde se las  consideraba la última moda en Broadway, cuando en realidad nadie se acordaba ya de ellas en Nueva York, porque debían ser de cuando se elegía alcalde al que iba mejor vestido. Aquí en la selva, cada vez que había baile en los pueblos y poblados, se adaptaban unas canciones y se abandonaban otras consideradas pasadas de moda. Es más, los indios incultos no pueden cantar las canciones como es debido. En todas ellas ponían algo pagano y a menudo casi salvaje, un elemento que debía ser herencia de sus antepasados. En sus cantos, que no llevaban acompañamiento, salvo quizá un tambor y el lastimero son de un instrumento parecido a un clarinete de fabricación casera, ese extraño motivo musical solía ser tan poderoso que arrastraba toda la melodía, y no dejaba más de diez notas de la música original.

Este cantor fúnebre era conocido en toda la zona de la selva. Se lo consideraba el mejor del oficio y todos le admiraban. Era su estrella de cine y su cantante favorito de la radio a la vez, porque en otras ocasiones como bodas o fiestas de cumpleaños, cantaba corridos. No los cantaba tan bien como los profesionales que venían en ferias y traían a los que no sabían leer las noticias de los periódicos en forma de canción, entonando en las plazas públicas corridos sobre los últimos acontecimientos políticos o sobre amores trágicos. Sin embargo, para los entierros era mucho mejor el agrarista que cualquiera de los cantantes de corridos.

LENIN Y DIOS

El puente en la selva, B. Traven
El campesino harapiento no dejó de cantar un instante. Se negaba a echar un trago, cosa que le ofrecían de vez en cuando. Era agrarista, y se consideraba comunista. En su jacal tenía un altar con una estampa de la Santísima Virgen en el medio, una de san Juan a un lado y un retrato pequeñito de Lenin al otro, pues suponía que estaba sentado en el trono del Padre, lo mismo que san Juan y los demás santos. Su reivindicación del comunismo, como la de los demás agraristas de la república, se vería satisfecha en cuanto le dieran diez o veinte acres de buena tierra y le garantizaran que no se la iba a quitar nadie, ni a él ni a su familia. Era de esa clase de personas que disfrutan hablando de política y que te hacen creer que el comunismo se reduce a algo muy simple: darle comida al pueblo, mucha comida, y asegurarles que siempre tendrán trabajo. Si les llenas la barriga y les pones muchas películas a un céntimo la entrada, se acabarán las arengas de los agitadores subidos en cajas de jabón, y nadie volverá a hablar de revolución.

BONDAD ANGELICAL

El puente en la selva, B. Traven 
Sin embargo, todos ellos habían traído consigo cohetes para usarlos en caso de que encontraran sin vida al niño. Entre estos indios es costumbre quemar montones de cohetes cuando muere un niño para que los ángeles del cielo sepan que un nuevo angelito va de camino. Los que se queman a la muerte de un adulto tienen otro propósito: el diablo, al oírlos, se queda esperando cerca de la puerta del cielo para ver si el recién llegado está o no en su lista. Cuando es un niño, los ángeles, alertados por los cohetes, le salen a mitad de camino. No importa que el diablo esté cerca de la puerta. No puede hacerle nada a un niño, porque un ser inocente que no tiene aún ningún pecado no puede estar registrado en su lista.

El hermano mediano, el medio tonto, se encargaba de recoger los cohetes y vigilarlos. A partir de ese momento, todo lo que no fueran cohetes le tenía sin cuidado. Había dejado de llorar. Para él había llegado la parte más alegre del funeral. Los recién llegados se habían enterado ya de que habían encontrado al niño. Uno tras otro se descubrieron, y entraron en el jacal para verlo y decirle a la madre unas palabras de consuelo. En realidad, no les interesaba saber cómo había sucedido, pero todos le pedían a la mujer que les contase la historia. No por curiosidad, sino porque eran sabios, y se lo preguntaban para que no pensara más en el cadáver.

DE LA BENEVOLENCIA DIVINA

El puente en la selva, B. Traven
De un fino alambre atado a uno de los palos del techo colgaba una banasta. Contenía las escasas provisiones de la familia: dos cucuruchos de azúcar morena sin refinar, unas onzas de café en grano envueltas en un papel grasiento, una libra de arroz del más corriente, unas cuantas libras de frijoles, y media docena de chiles verdes y rojos. Había dos botellas atadas a la banasta. En una de ellas había sal gorda con aspecto de estar rancia y sucia. Un tercio de la otra botella contenía manteca, que en estas regiones no se endurece nunca, y hay que guardarla en botellas. Si se guardara en vasijas abiertas, en seguida se llenaría de hormigas ahogadas en ella. Como en el resto de los hogares, la banasta estaba colgada en alto para proteger su contenido de ratas y ratones. Pero las ratas de esta región eran excelentes acróbatas y se descolgaban desde el techo de palma por el fino alambre sin dificultad, robando, por supuesto, las provisiones.

Dios, en su infinita sabiduría, ha hecho el mundo de tal manera que nadie es tan pobre que no pueda otro robarle, y nadie es tan fuerte que no pueda otro matarle.

VIRGEN DE GUADALUPE

El puente en la selva, B. Traven
En una de las paredes de la choza había una repisa, y sobre ella una Virgen de Guadalupe pintada en cristal. A los dos lados había cuadritos más pequeños con imágenes de santos. No se veía por ningún sitio ninguna imagen del Señor. Las estampas de santos tenían impresas por detrás jaculatorias que ni García ni su mujer sabían leer. Delante de la Santísima Virgen había un vaso corriente algo cascado, lleno de aceite. Dentro flotaba una velita de cera no más grande que una cerilla, clavada en un arandel de lata del tamaño de una moneda de diez centavos. La lamparita de aceite se encendía para que alumbrara de noche y día la imagen de la Madre Santísima. En teoría ardía día y noche, pero con frecuencia los García no tenían unos centavitos para aceite porque necesitaban con más urgencia cosas más terrenales.

Cuando la mujer del maestro maquinista vino al jacal para encargarse de todo, el vaso no tenía aceite. Una de las primeras cosas que hizo fue volver a llenarlo de aceite y encender la mecha.  ¿Qué habría pensado toda aquella gente de la familia García si hubieran encontrado apagada la lamparilla de la Santísima Virgen? Habrían creído que los que vivían en aquella casa eran  paganos, o peor aún, algún gringo ateo. La lucecita no era más que un leve resplandor, pero a los creyentes les bastaba. Ningún demonio podría entrar ahora a robar el alma, La repisa, al menos para los García, no sólo era el altar de la casa, era al mismo tiempo el lugar donde tenían un sinfín de cosas seculares necesarias para el hogar; había flores secas guardadas en vasijas rotas; también estaban, liados en un trozo de periódico, lo que la mujer de Garda llamaba sus cosas de costura -es decir: unos cuantos trapos, unas cuantas agujas medio oxidadas, algunos alfileres, y unas hebras de hilo blanco y negro atadas alrededor de una tira de papel de estraza. Además había un peine, una docena de horquillas, cerillas, y los juguetes de Carlitos, incluyendo: un cochecito de hojalata roto de los que valen diez centavos, un anzuelo de pesca, una honda hecha con un trozo de tubo de un coche, un tapón de corcho roto, una canica de cristal pequeña de vivos colores, dos bocones de acero, y unos cromos de  colores de los que salen en los paquetes de tabaco. Había también un pequeño ukelele, regalo de Manuel, que era su tesoro más preciado. Con él había querido formar una orquesta de baile tocando con su padre, el violinista. De una de las esquinas de la repisa colgaba un rosario barato. En una tacita, que en su día perteneciera a una casa de muñecas, se amontonaban unos centavos, y cerca se veían unas cuantas monedas de cobre más. En total no pasarían de los treinta y cinco centavos: toda la fortuna de la familia

LLUVIA

El hacedor de Borges, A Fernández Mallo, p. 137

La lluvia
El tamaño de la gota oscila  entre 0,5 y 6,35 mm. Su velocidad de caída entre 8 y 32 km/h.
A medida que se precipita va ganando masa al chocar inelásticamente con otras gotas,
no hay Desayuno con diamantes,
no hay Cólera de Dios,
no hay taxi drivers ni replicantes,
que sepan por qué la gota

nunca se hace infinitamente grande.

AEROPUERTO

El hacedor de Borges, Agustín Fernández Mallo, p. 107
Una leyenda aérea afirma que los aeropuertos no están sobre la tierra, sino que flotan a pocos milímetros del suelo, y que ése es el motivo por el que atraen a tantas personas, por su carácter de simulacro que, no obstante, posee materialidad. No se aprecia a simple vista, pero permanecen suspendidos (pistas de despegue incluidas], inmunes al frío, al calor, a los vientos del Norte, a los millones de personas que los atraviesan, a las subidas y bajadas de la Bolsa, al electromagnetismo, a las suelas de los zapatos, a los espaguetis con carne; nada les afecta, nada puede cambiar su estructura, composición, distribución, tiendas y restaurantes, ni su virtud de objeto eterno, inasible a la corrupción que origina el tiempo. Los aeropuertos son, en efecto, las nuevas catedrales. Hace años, los paneles que anunciaban las llegadas y las salidas eran naipes de letras rodantes, máquinas tragaperras que en vez de plátanos y fresones componían nombres de ciudades, horas y fechas. Me sentaba en aquel casino, y pasaba las tardes mirando, especulando sobre el azar. Todo viaje era eso: un producto de la arbitrariedad. Otra costumbre de aquellos años, y que aún conservo, era llegar 2 horas antes de la salida de mi vuelo. Baudelaire afirmó a finales del siglo 19 que el lugar natural del dandi es la ciudad, el invento más moderno de su época, algo que iba más allá de la simple urbanística, era el territorio donde la humanidad había conseguido su máxima expresión: volar desprendida de la  naturaleza, el lugar donde el exhibicionista podía darse tal y como es, perfecto, desarraigado y diletante. Hoy, muertas las ciudades como objeto de tránsito y deseo, el lugar natural del dandi es el aeropuerto. Paseo entre las tiendas, simulo que miro unos CDs, me pruebo una corbata, en la perfumería no cometo esa vulgaridad de llevarme las muestras, me perfumo allí mismo, consumo el tiempo razonando tácticas de flirteo, doy vueltas, emito señales sin comprometerme en esa nave que flota a pocos milímetros del suelo.

AUTENTICIDAD

Pretenciosidad, Dan Fox, p. 73
Vivir en las grandes ciudades de Occidente es sinónimo de estar rodeado de reivindicaciones de autenticidad. Nos animan a buscar lo original y a no dejarnos embaucar por los sucedáneos engañosos de la pretensión. La autenticidad es una forma de autoridad; una legitimidad en el discurso, el vestir o las acciones. Nos promete un billete a la verdad. Tiendas, restaurantes, inmobiliarias y un amplio abanico de actividades de ocio nos prometen lo autentificado, lo genuino, sin trampa ni cartón. Ser auténtico es una virtud e invertir en ella es una  demostración de olfato financiero.
En 2014 un cartel que anunciaba productos de peluquería en el barrio londinense de Shoreditch declaraba que «La pretensión es una ofensa». Se trata de una burda apelación a un vínculo inexistente entre juventud y autenticidad creativa que pasa por alto que muchas grandes ciudades son teatros de la pretensión. En su libro Soft City, Jonathan Raban señaló que la vida urbana “es una vida vivida a través de símbolos”. En ella «nos vemos bombardeados por imágenes de la gente que podríamos llegar a ser. La identidad se presenta en plástico, reducida a la adquisición de bienes y apariencias». Los edificios imitan la arquitectura de épocas pretéritas o de otras partes del mundo. Tiendas y restaurantes se esfuerzan en transmitir climas emocionales basados en épocas históricas –aquellos tiempos en los que la vida era honesta y leal- para prometernos una experiencia supletoria a los bienes que ofrecen.

La mercadotecnia tienta a los consumidores -en particular a los urbanitas de clase media- con juegos de palabras pretenciosos. Los productos «caseros», «naturales», a orgánicos» y «de granja» se aprovechan de fantasías sobre nuestra propia responsabilidad ecológica con respecto a los alimentos que compramos, o de la nostalgia por platos de comida como los que tu mamá seguramente nunca cocinó. Lo natural y lo orgánico poseen una suerte de terrosa autenticidad o hacen de sucedáneos de otras culturas. (En una sucursal neoyorquina de Whole Foods, vi una vez unos espárragos blancos descritos en la etiqueta como a:preferidos por los europeos»; tal vez insinuaban que al comprarlos no sólo obtenías valor nutricional, sino que   además demostrabas valorar una nebulosa idea de sofisticación a la europea.)

LA CAIDA

Patria, F Arambueru, p. 499
La caída
Entraron en una racha de ekintzas y si no hicieron más es porque tardaban en entregarles el material. Reclamaron: ¿Qué pasa? Y el enlace, de mal humor, les respondió que no eran los únicos. Les falló un petardo de amonal al paso de un convoy de la Guardia Civil, que mira que si llega a explotar vuelan picoletos hasta los tejados y ellos habrían sumado muchos puntos dentro de la organización.
Le reventaron el comercio de automóviles a uno del que decían que si esto, que si lo otro. ¿sería verdad? Da lo mismo. Se lo reventaron. Y hasta hubo que evacuar el edificio. Un acraoo en la sucursal de un banco les ayudó a mejorar sus finanzas, que ese sí que era un problema. Vivían con menos de lo justo. Y ya tenían planeada hasta el último detalle la ejecución de un policía jubilado cuando supieron que la dirección al completo de ETA había sido capturada en una villa, casa, chalé o lo que fuera de Bidart.
Desconcierto total. Aún más: sensación de orfandad. ¿Qué hacer? Joxe Mari, preocupado,  agorero, recordó que a Potros Je pillaron el día de su detención una larga lista de militantes. A vers a estos inútiles los han cogido también con todo el tinglado. Patxo advirtió:
-Yo al monte no vuelvo.

Decidieron esperar acontecimientos y suspender las actividades hasta que no se aclarase la situación. Los tres pasaban el día entero fuera del piso. Por precaución y por la insistencia de Joxe Mari que veía agentes de paisano incluso en la forma de las nubes

INCIPIT 873. LENGUA VULGAR / PP PASOLINI

El éxito es la otra cara de la persecución. P. P. Pasolini

En los últimos años estamos asistiendo en España a una notable recuperación de la figura y el pensamiento de Pier Paolo Pasolini. La publicación de diversos libros -de poesía, ensayo, narrativa y hasta de un guion cinematográfico-, la celebración de una exposición en un importante centro de cultura contemporánea, así como el éxito cosechado por una película que retrata sus últimas veinticuatro horas de vida, reflejan el interés que sigue despertando el escritor y cineasta italiano. En los múltiples artículos de prensa que han dado cuenta de todo ello, se nos hablaba del escándalo que acompañó siempre a sus libros y películas; se incidía una y otra vez en la visión profética y visionaria de sus análisis sobre política y sociedad; y, por supuesto, se hacía referencia a su atormentada vivencia de la homosexualidad. Los suplementos culturales de los periódicos han terminado por quedarse sin calificativos: «Pasolini, poeta y mártir»

INCIPIT 872. PATRIA / FERNANDO ARAMBURU

Tacones sobre el parqué Ahí va la pobre, a romperse en él. Lo mismo que se rompe una ola en las rocas. Un poco de espuma y adiós. ¿No ve que ni siquiera se toma la molestia de abrirle la puerta? Sometida, más que sometida.
Y esos zapatos de tacón y esos labios rojos a sus cuarenta y cinco años, ¿para qué? Con tu categoría, hija, con tu posición y tus estudios, ¿qué te lleva a comportarte como una adolescente? Si el aita levantara la cabeza ...
En el momento de subir al coche, Nerea dirigió la vista hacia la ventana tras cuyo visillo supuso que su madre, como de costumbre, estaría observándola. Y si, aunque ella no pudiese verla desde la calle, Bittori la estaba mirando con pena y con el entrecejo arrugado, y hablaba a solas y susurró diciendo ahí va la pobre, de adorno de ese vanidoso a quien nunca se le ha pasado por la cabeza hacer feliz a nadie. ¿No se da cuenta de que una mujer ha de estar muy desesperada para tratar de seducir a su marido después de doce años de matrimonio? En el fondo es mejor que no hayan tenido descendencia.

Nerea agitó brevemente la mano en señal de despedida antes de meterse dentro del taxi. Su madre, en el tercer piso, oculta tras el visillo, desvió la mirada. Se veía una amplia franja de mar por encima de los tejados, el faro de la isla de Santa Clara, nubes tenues a lo lejos. La mujer del tiempo había anunciado sol. Y ella, ay, qué vieja me estoy haciendo, volvió a mirar la calle y el taxi ya se había perdido de vista.

NACION Y LITERATURA

Patria, Fernado Arambueru, p. 348
-El nuestro ha sido un pueblo emprendedor, aventurero, de hombres valientes y piadosos. Hemos trabajado la madera, la piedra, el hierro, y hemos andado por todos los mares; pero desgraciadamente, en el curso de los siglos, los vascos no hemos prestado suficiente atención a las letras. ¿Qué te puedo yo decir a ti que tú no sepas? Tú, que según tengo entendido, eres un gran lector y, por lo que ahora sabemos, un poeta.
Gorka asentía cohibido. Enfrente, un espejo de pared, junto al colgador de las casullas, le devolvía su imagen espigada, su nariz un poco (bastante) aplastada. El cura, a lo suyo.
-Dios te ha concedido talento y vocación, y yo, hijo mío, en su nombre te pido que seas disciplinado y pongas tus capacidades al servicio de nuestro pueblo. Es esta una tarea que atañe muy especialmente a los jóvenes que ahora empezáis a escribir. Tenéis energía, tenéis salud y un largo futuro por delante. (Quién mejor que vosotros puede dar forma a una literatura que se convierta en el pilar central de la salvaguarda de nuestra lengua? ¿Entiendes lo que te digo?
-Claro.
-El euskera, alma de los vascos, necesita apoyarse en una literatura propia. Novelas, teatro, poesía. Todo eso. No basta que los niños vayan a la ikastola, que los padres les hablen y canten en euskera. Son más necesarios que nunca unos grandes escritores que lleven el idioma a su máximo esplendor. Un Shakespeare, un Cervantes, en euskera, eso sí que sería maravilloso. ¿Te imaginas?
Gorka se vio a sí mismo en el espejo, asintiendo.

-iAy, este entusiasmo mío! Lo que quería decirte es que sigas formándote y escribiendo, para que nuestro pueblo construya una cultura también por medio de tus manos. Cuando tú escribas es Euskal Herria la que, desde dentro de ti, escribe. Y a sabemos que esta es una responsabilidad mayúscula, quizá demasiado grande por ahora para un hombre todavía joven e inexperto como tú. Pero es una misión, créeme, hermosa, muy hermosa, y en estos momentos de nuestra historia, lo digo sin temor a exagerar, sagrada. Tienes mi bendición, Gorka. Si te aprieta alguna necesidad, no importa de qué tipo, no dudes en visitarme. En todo momento se te echará una mano para que puedas dedicarte con intensidad al noble oficio de escribir.

NACION Y RELIGION

Patria, Fernando Aramburu, p. 313
-Quítate las dudas y los remordimientos de la cabeza. Esta lucha nuestra, la mía en mi parroquia, la tuya en tu casa, sirviendo a tu familia, y la de Joxe Mari dondequiera que esté, es la lucha justa de un pueblo en su legítima aspiración a decidir su destino. Es la lucha de David contra Goliat, de la que yo os he hablado muchas veces en misa. No es una lucha individual, egoísta, sino ante todo un sacrificio colectivo y Joxe Mari, como Jokin y como tantos otros, ha asumido su parte con todas las consecuencias, ¿entiendes?
Miren sacudió la cabeza en señal afirmativa. Don Serapio le arreó, comprensivo, cariñoso, dos palmaditas en el dorso de la mano. Y prosiguió:
-¿Acaso Dios ha manifestado que no desea vascos en su presencia? Dios quiere a su lado a sus vascos buenos como también quiere, ojo, a sus españoles buenos y a sus franceses y polacos. Y a los vascos nos hizo como somos, tenaces en nuestros propósitos, trabajadores y firmes en la idea de una nación soberana. Por eso me atrevería a afirmar que sobre nosotros recae la misión cristiana de defender nuestra identidad, por tanto nuestra cultura y, por encima de todo, nuestra lengua. Si esta desaparece, dime, Miren, dímelo con franqueza, ¿quién rezará a   Dios en euskera, quién le cantará en euskera? ¿Te respondo yo? Nadie. ¿Tú crees que Goliat, con su tricornio en la cabeza y sus torturadores de sótano de cuartel, va a mover un dedo en favor de nuestra identidad? Te registraron la casa el otro día, en plena noche. ¿No te sentiste humillada?
-Ay, don Serapio, no me lo recuerde que se me corta la respiración.

-¿Lo ves? La misma humillación que tú y tu familia tuvisteis que soportar la padecen a diario miles de personas en Euskal Herria. Y son los mismos que nos maltratan los que luego hablan de democracia. Su democracia, la suya, la que nos oprime como pueblo. Por eso te digo yo, con el corazón en la mano, que nuestra lucha no sólo es justa. Es necesaria, hoy más que nunca. Es indispensable, puesto que es defensiva y tiene por objeto la paz. ¿No has oído alguna vez las palabras del obispo de nuestra diócesis? Ve tranquila a tu casa, pues. Y si un día, en los próximos meses o cuando sea, encuentras a tu hijo, dile de mi parte, de parte del párroco de su pueblo, que tiene mi bendición y que rezo mucho por él.

DE LOS JUDIOS

Aquí estoy, JS Foer, p. 446
-Pero ¿es eso bueno para nosotros? ¿Nos ha beneficiado preferir el patetismo al rigor, preferir escondernos a buscar, la victimización a la voluntad? Nadie puede culpar a Anne Frank por haber muerto, pero sí podríamos culparnos a nosotros mismos por contar su historia como si fuera la nuestra. Nuestras historias son tan fundamentales para nosotros que a menudo nos olvidamos de que las hemos elegido. Que hemos elegido arrancar ciertas páginas de nuestros libros de historia y enroscar otras y meterlas en nuestras mezuzot. Que hemos elegido  convertir la vida en el valor judío definitivo, en lugar de diferenciar entre el valor de distintos tipos de vida o, de forma todavía más radical, admitir que hay cosas más importantes aún que estar vivos.
»Muchas de las cosas que pasan en el judaísmo actual, desde considerar que Larry David sea algo más que muy gracioso, hasta la existencia y persistencia de la Princesa Judía Estadounidense, la exaltación de la torpeza, el temor a la ira, o la tendencia a valorar cada vez más las confesiones en detrimento de los argumentos, son consecuencia directa de nuestra decisión de permitir que el diario de Anne Frank reemplazara la Biblia como nuestra biblia. Porque la Biblia judía, cuyo objetivo es delimitar y transmitir los valores judíos, deja muy claro que la ambición más alta posible no es la vida en sí misma, sino la rectitud.
»Abraham le pide a Dios que no castigue Sodoma apelando a la rectitud de sus ciudadanos. No porque la vida merezca inherentemente la salvación, sino porque la rectitud merece el perdón.
»Dios destruye la Tierra con una inundación y salva sólo a Noé, un hombre "recto entre sus contemporáneos".
»Y luego está el concepto de los Lamed Vovniks, los treinta y seis hombres rectos de cada generación que, con sus méritos evitan la destrucción del mundo entero. La humanidad no se salva porque valga la pena salvarla, sino porque la rectitud de unos pocos justifica la existencia de todos los demás.
»Una de los tropos de mi educación judía, y tal vez también de la vuestra, fue este versículo del Talmud: "El que salva una vida humana salva al mundo entero". Se trata de una idea muy bonita, a partir de la cual vale la pena regir la vida. Pero no deberíamos otorgarle un sentido que no tiene.

»A los judíos actuales nos iría mucho mejor si, en lugar de "no morir” nuestra ambición fuera "vivir con rectitud"; si en lugar de "me hicieron tal y cual': nuestro mantra fuera “yo hice tal y cual”

MEDIDAS PREVENTIVAS

Aquí estoy, JS Foer, p. 408
Una casa de veraneo estaría muy bien, lo suficiente, a lo mejor, para lograr que las cosas funcionaran durante un tiempo o, cuando menos, para aparentar que eran una familia funcional mientras pensaban en la siguiente solución temporal. “La apariencia de felicidad.” Si podían mantener esa apariencia -no ante los demás, sino en su propia percepción de la vida-, a lo mejor la aproximación a la experiencia de la auténtica felicidad sería lo bastante lograda para conseguir que las cosas funcionaran. Podían viajar más. Planificar un viaje, el viaje en sí mismo, la descompresión... Todo eso les concedería algo de tiempo.
Podían ir a terapia de pareja, aunque Jacob había insinuado una extrañísima lealtad al doctor Silvers que habría hecho que visitar a otro terapeuta equivaliera a una transgresión (una transgresión más grave, al parecer, que pedir una dosis de semen fecal de una mujer que no era su esposa); y ante la perspectiva de mostrar todas las cartas, del tiempo y los gastos que supondrían dos visitas semanales que terminarían en un silencio doloroso o en conversaciones interminables, no era capaz de concebir la esperanza necesaria.

Podían haber recurrido exactamente a lo que ella se había pasado toda su vida profesional ofreciendo y no había parado de criticar en su vida privada: una renovación. Había tantas cosas que mejorar en su casa: podían reformar la cocina (por lo menos tendrían que cambiar el mobiliario, aunque también podían poner encimeras y aparatos nuevos e, idealmente, redistribuir el espacio para mejorar el campo visual); renovar el baño principal; cambiar los armarios; abrir la parte trasera de la casa al jardín; añadir un par de claraboyas encima 'de las duchas de la planta de arriba y terminar el sótano. 

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