Notas para una autobiografía, Roberto Bolaño, p. 232
Creo que no se trata de elegir a
un solo poeta. Entre los poetas que has mencionado, para mí. Roque Dalton fue
un poeta al que admiraba como sólo los jóvenes veinteañeros pueden admirar o,
más bien dicho, querer a los escritores. . A los veinte años se quiere a los
escritores. A los cuarenta y seis. como tengo ahora yo, a lo más que llegases a
admirarlos, pero no a quererlos. Yo lo que siento ahora es cariño por jóvenes
escritores. A Roque Dalton lo quisimos mucho y, además, encarna, de alguna
manera, la figura canónica del intelectual latinoamericano que sabe ser
Valiente. Es lo que dice Borges en unos versos: “Nunca un hombre se arrepiente
/ de haber sido valiente”; son muy sencillos, pero de una justeza total. Y creo
que es cierto, aunque tal vez, en según qué cosas, sí que se arrepiente, Pero,
generalmente, nunca. O sólo cuando la responsabilidad de uno se bifurca, se
extiende, y toca la vida de otros. Cuando tu valentía implica poner en juego o
en un brete a gente que no ha pedido entrar en esa disyuntiva de ser valiente o
ser cobarde, sobre todo cuando ésta supone. a veces. morir. Y Roque Dalton era
eso, el hombre que fue valiente, que tuvo una muerte horrible y, al mismo
tiempo; dentro de una tradición de humor negro, una muerte de la que te podías
reír a gritos: pasa toda una noche discutiendo con los comandantes de la
guerrilla salvadoreña y propone no empezar la lucha armada; los comandantes lo
escuchan —todos son muy jóvenes, todos menores que él—, se hace tarde y Roque
Dalton Se acuesta; los comandantes siguen hablando entre ellos y deciden que
nada, que la lucha armada tiene que empezar, y que Roque Dalton tiene que
morir. Y mientras está dormido, va uno y le pega un tiro en la nuca. Es una
cosa atroz, como para fortalecer la fe en los movimientos revolucionarios.
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