R. V. Barcelona. Ayer tuvo lugar el sepelio de un fulano que apareció asesinado anteayer en su miserable domicilio. El acto tuvo lugar, como queda dicho, en el tanatorio de Sants. Dicho tanatorio dispone de salas de velorio y de dos capillas amplias y muy bien puestas, pero en esta ocasión, dado el bajo nivel económico y moral del interfecto, la ceremonia se celebró en un rincón del parking. Entre los asistentes al mencionado acto se encontraba la hermana del difunto, la cual guardó una actitud compungida hasta que apareció en su móvil un mensaje del supermercado que decía: «Se acabó la hambruna: dos lechugas por el precio de una», momento en el que abandonó precipitadamente el lugar. También estuvo presente un policía jubilado, toda vez que el difunto, en su juventud, había prestado servicios a dicho cuerpo de seguridad y, más tarde y por cuenta propia, había intervenido en la resolución de algún caso. Fue este asistente el único que tomó la palabra para expresar escuetamente el sentir general con la frase: «Se veía venir». A continuación, el empleado del tanatorio masculló: «Descanse en paz», y de este modo puso fin al sencillo funeral. En el susodicho lugar se encontraba también un individuo enfundado en una gabardina larga, con las solapas subidas, sombrero de ala ancha y gafas de sol. Antes de que diera comienzo el acto, el citado individuo se acercó al empleado del tanatorio y le pidió ver por última vez al difunto, alegando que lo conocía de antiguo, a lo que el ya citado funcionario respondió con cajas destempladas que, una vez cerrada la caja, valga la redundancia, ya no se podía volver a abrir sin una orden judicial. Sin replicar, el individuo se retiró y permaneció un rato en un rincón; luego se fue procurando deambular por las partes más oscuras del recinto.
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Te quiero más que a la salvación de mi alma
Catalina en Abismos de pasión de Luis Buñuel
INCIPIT 1.621. LA INTRIGA DEL FUNERAL INCONVENIENTE / EDUARDO MENDOZA
R. V. Barcelona. Ayer tuvo lugar el sepelio de un fulano que apareció asesinado anteayer en su miserable domicilio. El acto tuvo lugar, como queda dicho, en el tanatorio de Sants. Dicho tanatorio dispone de salas de velorio y de dos capillas amplias y muy bien puestas, pero en esta ocasión, dado el bajo nivel económico y moral del interfecto, la ceremonia se celebró en un rincón del parking. Entre los asistentes al mencionado acto se encontraba la hermana del difunto, la cual guardó una actitud compungida hasta que apareció en su móvil un mensaje del supermercado que decía: «Se acabó la hambruna: dos lechugas por el precio de una», momento en el que abandonó precipitadamente el lugar. También estuvo presente un policía jubilado, toda vez que el difunto, en su juventud, había prestado servicios a dicho cuerpo de seguridad y, más tarde y por cuenta propia, había intervenido en la resolución de algún caso. Fue este asistente el único que tomó la palabra para expresar escuetamente el sentir general con la frase: «Se veía venir». A continuación, el empleado del tanatorio masculló: «Descanse en paz», y de este modo puso fin al sencillo funeral. En el susodicho lugar se encontraba también un individuo enfundado en una gabardina larga, con las solapas subidas, sombrero de ala ancha y gafas de sol. Antes de que diera comienzo el acto, el citado individuo se acercó al empleado del tanatorio y le pidió ver por última vez al difunto, alegando que lo conocía de antiguo, a lo que el ya citado funcionario respondió con cajas destempladas que, una vez cerrada la caja, valga la redundancia, ya no se podía volver a abrir sin una orden judicial. Sin replicar, el individuo se retiró y permaneció un rato en un rincón; luego se fue procurando deambular por las partes más oscuras del recinto.
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