Te quiero más que a la salvación de mi alma

Te quiero más que a la salvación de mi alma
Catalina en Abismos de pasión de Luis Buñuel
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DE FRIDA

 Viva, Patrick Deville, p. 195
 «Preferiría sentarme a vender tortillas en el suelo del mercado de Toluca, en lugar de asociarme a  esta mierda de "artistas" parisienses, que pasan horas calentándose los valiosos traseros en los "cafés", hablan sin cesar acerca de la c ul tura" , el arte, la "r evolución" , etcétera. Se creen los dioses del mundo, sueñan con las tonterías más fantásticas y envenenan el aire con teorías y más teorías que nunca se vuelven realidad.» Breton no tendrá necesidad de excluir a Frida, como no la tuvo con Artaud. Su encuentro con lo que queda de la pequeña banda de los surrealistas es una catástrofe. “A la mañana siguiente no tienen nada que comer en sus casas porque ninguno de ellos trabaja . Viven como parásitos, a costa del montón de viejas ricas que admiran su "genio'' de artistas". Mierda y sólo mierda es lo que son. Nunca he visto a Diego ni a ti perdiendo el tiempo con chismes estúpidos y discusiones "intelectuales"; por eso ustedes sí son hombres de verdad y no unos cochinos "artistas". ¡Carajo! Valió la pena venir sólo para ver por qué Europa se está pudriendo y cómo toda esta gente, que no sirve para nada, provoca el surgimiento de los Hitler y los Mussolini.»
Frida cae enferma, y su historia médica es tan abundante que es preferible hospitalizada para hacerle exámenes. Es admitida en el Hospital Americano, y es de nuevo Breton quien sale malparado. «Me juego la cabeza a que adquirí las cochinas bacterias en casa de Breton. No cienes ni idea de la mugre con la que vive esa gente, ni de los alimentos que comen. Es algo increíble. No he visto nada igual en toda mi pinche vida”

En Ciudad de México, lo que explota es la cólera de Rivera cuando se entera de que Breton le ha metido un sablazo de doscientos dólares a Frida a la salida del hospital. Frida piensa en adelantar la fecha de su embarque a bordo de ille-de-France y abandonar París antes de la exposición. Sólo Marcel Duchamp, que había sido amigo de Cravan y Mina Loy en Nueva York veinte años antes y que ahora le procura el apoyo que necesita, merece ser eximido a sus ojos; es «el único que tiene los pies en la tierra entre este montón de hijos de puta lunáticos y trastornados que son los surrealistas». Finalmente, la inauguración de la exposición resulta una victoria para ella. Sus obras son elogiadas por Joan Miró, Kandinski, Picasso yTanguy. Antes de su partida, envía una carta a su amiga Ella Wolfe: «Un chisme: Diego se peleó con la Cuarta y le dijo de manera muy enfática al "piochitas" (Trotski) que se fuera al diablo. Les contaré las interioridades del caso. Diego tiene toda la razón.» A su regreso a México tal y como ella se temía, todo se desmorona con Diego Rivera y llega la ruptura. Ella se lo escribe a su amante neoyorquino: «Querido Nick, no te pude escribir antes. Desde que te fuiste, la situación con Diego ha empeorado y ya llegamos al final. Hace dos semanas solicitamos el divorcio. No tengo palabras para describirte lo que he sufrido. Tú sabes cuánto amo a Diego y comprenderás que estos problemas nunca desaparecerán de mi vida.»

DEMEROL

Viva, Patrick Deville
Mario pasa su brazo izquierdo sano por encima de su brazo derecho mecánico para mover la palanca de cambios, y me tiende, sin duda con un tercer brazo, un pequeño libro ilustrado de fotografías que acaba de publicar: Demerol sin fecha de caducidad. Han descubierto un cuarto de baño escondido en la casa azul de Frida, al echar abajo una pared. En 1955, un año después de la muerte de Frida y mientras la casa azul se convertía en santuario, en el Museo Casa Azul, Diego Rivera amontonó en ese cuarto de bañio, antes de tapiarlo, diversos objetos que consideraba que no debían ser expuestos. Luego Diego murió, en 1957, y el asunto fue olvidado. Allí se han encontrado montones de cajas llenas de correspondencia y fotografías, baúles y cientos de dibujos, faldas, una pierna artificial, un retrato de Stalin, una tortuga disecada, los corsés de cuero y de metal que Frida llevó tras su accidente de tranvía antes de terminar su vida en una silla de ruedas, así como una gran cantidad de envases de Demerol, para combatir los dolores, algunos llenos y otros ya empezados, de los que parece que ella hada al mismo tiempo gran consumo y gran provisión. Pasando las páginas del libro de Mario, me he acordado de que el Demerol es un producto que William Burroughs menciona en su novela Yonqui. Él lo utilizaba como sustituto de la heroína, y su absorción calmaba los violentos temblores en los raros periodos en que intentaba desengancharse. Producto calmante que sin duda echó en falta aquel día de septiembre de 1951, en el barrio de Roma, justo aliado del de La Condesa, al otro lado de la avenida Insurgentes, en el que jugando a  Guillermo Tell con una pistola se cargó a su mujer de un balazo en la cabeza.

El Demerol de Frida era siempre operativo, precisa Mario, pues en cada envase figura la etiqueta «Sin fecha de caducidad”, que él tomó para dar título a su libro. El Demerol de Frida todavía podría calmar nuestros dolores. Hablamos del amor imposible entre Frida y Trotski. Y, pasando de nuevo su brazo útil por encima del brazo mecánico para agarrar el freno, Mario estaciona delante de mi estudio en Hipódromo. Después de que me pareciera necesario, para leer a Trotski, atravesar Rusia y Siberia en tren, me pareció deseable saber con qué mojaba sus labios Lowry para escribir su «fantasmagoría mezcaler”, y emprendí la empresa de tragarme la lectura de las trescientas páginas de una obra de Rogelio Luna Zamora, La historia del tequila, de sus regiones y sus hombres. Lowry, que nunca supo mucho español, confundía el peyote y el agave, y supuso que en el fondo de su mezcal estaba la mescalina. Confusión que no cometen ni Burroughs, siempre metido en sus enciclopedias botánicas y de armas de fuego, ni Huxley, venido también a iluminarse en mexicolor para escribir Las puertas de la percepción, título que tomó prestado de unas palabras de William Blake, de las cuales sacará el poeta Jim Morrison el nombre de su banda de rock. We band of brothers

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