Te quiero más que a la salvación de mi alma

Te quiero más que a la salvación de mi alma
Catalina en Abismos de pasión de Luis Buñuel
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JB


Canon de cámara oscura, Vila-Matas, p. 128

sólo surgir de la alta poesía, a la que paradójicamente puede llegarse a través de una prosa sin pretensiones, es decir, por la vía de un relato realista sobre la vida monótona de unos ancianos, por ejemplo. Pienso en los viejos de «Catálisis», el cuento de Juan Benet. Van paseando al atardecer, como todos los días, hacia el colmado de las afueras, el colmado que  marca los límites del pueblo, y no encuentran ese colmado, entienden que lo han sobrepasado sin darse cuenta, pero entonces llama su atención que hayan talado, en época no apropiada, los árboles de la carretera y que haya amenaza de tormenta. Y aun así siguen caminando y hasta siguen andando cuando cae un rayo a lo lejos. Y luego uno más cerca y, aunque se plantean «volver en dirección opuesta a la que han traído», todo ha mudado tras el deslumbramiento provocado por el rayo. De repente, todo a su alrededor está irreconocible y han quedado inmovilizados, cogidos de la mano y mirando al frente de la carretera.

Es un pasaje que me recuerda aquel fulgurante juego de miradas, tras un rayo, entre Dante, que ha pasado más allá del fin del universo y le invade la luz, y Beatriz, que mira al sol. «Mucho es lícito allí, que prohibido está aquí», piensa Dante. Y de pronto parece haberse unido un día a otro día, y Dante se pierde de nuevo en los ojos de Beatriz, absorta en las esferas eternas.


JB

 


Fractal, Andrés Trapiello, p. 550

El último día que le vio uno fue precisamente en una de aquellas convocatorias turnadas del hotel Palace organizadas por el amigo X. Hizo este la pregunta, «¿os conocéis?», y volvieron a oírse un «sí» y un «no», solo que en esa ocasión el sí fue suyo y el no mío. No lo dije por desairarle, sino para coincidir en algo alguna vez, y que no quedara mal ninguno de los dos. Me miró el ingeniero con los ojos inyectados de sangre, por lo que consideraba una insolencia y una grosería. No solo daba por supuesto que a él tenía que conocerle todo el mundo, sino que no se le pasaba por la cabeza que alguien al que le habían presentado ya unas ochocientas treinta veces tuviera la desvergüenza de negarlo de aquella manera.

A mí me pareció entonces más vanidoso que nunca, porque tenía la sospecha de que aquel «sí», que concedía sin duda a regañadientes, era para que su propia cotización no bajara en presencia de su contratante. Quiero decir que así es como suelen conducirse siempre los socios del Cas ( «Si está en el Club, naturalmente le conozco, y aunque no le conociera, haría como si le conociera; de eso depende tanto su prestigio como el mío propio; en este Club todos somos conocidos y todos nos conocemos; todos somos "de una familia muy conocida", todos somos "de buena familia"»). X, trabajando en Planeta, tenía entonces un cargo relevante en la directiva del Cas. Por ejemplo, creo que él había tenido algo que ver en el finalismo del Premio Planeta que le dieron a una novela suya policiaca, que también pasó sin pena ni gloria,  como suya. El Premio Planeta estaba entonces muy desprestigiado literariamente. Suele estarlo, pero cada cierto tiempo se echa mano de alguien para que enjugue sus pecados y lo dignifique, y a ello contribuyó el ingeniero, a quien, paradójicamente, no le importó prestarse a ser segundo, sin duda por estar íntimamente convencido de ser el primero, lo cual, dicho sea sinceramente, le honra.


LA NOVELA,2


Autobiografía de papel, Félix de Azúa, p. 95

La gente de mi generación aún tuvo la suerte de aprender con maestros, a la manera de los antiguos artesanos que entraban en los talleres (pagando) para observar cómo trabajaban los expertos. Mío y de mis amigos fue Benet maestro consciente, voluntarioso y gratuito. Peor que gratuito: le desvalijábamos el bar y la cocina cada vez que nos reuníamos en su casa, en confusa mezcla de hijos, discípulos e invitados de alcurnia a veces con esposas. Ejercía de maestro con plena conciencia y gran teatralidad. Nos llamaba siempre por el apellido y nunca mostró la menor debilidad, sentimentalismo o cobardía. Destruyó una por una, con argumentos implacables y retórica ciceroniana, todas nuestras novelas, menos la primera de Marías.

Nos enseñó cosas esenciales para un novelista adolescente. No sólo con qué gesticulación se debe preparar la primera bebida de la noche, cómo se cuenta una misma historia diez o doce veces sin que parezca la misma, cuáles son los ridículos imperdonables en cualquier escritor español y quién los comete con mayor frecuencia, qué libros hay que evitar como si fueran la lepra, cuál es la carretera con menos socavones de la provincia de Madrid, cómo actúa un revisor de la Renfe al abrir el camarín a las cinco de la madrugada, cuál era el único novelista aceptable de la Francia contemporánea y por qué tampoco había que leerlo, en fin, cuestiones fundamentales, porque la enseñanza verdadera, como en los talleres medievales, no es la materia misma del arte ( eso se aprende mirando con atención una y otra vez) sino el modo de ser, la vestimenta, el trato social, la música favorita, el comportamiento, la actitud moral del artista, vaya. La enseñanza principal de un maestro ha de ser tanto moral como física, porque la relación del artista con su obra es, además de moral, una relación indudablemente física.


BENETIANA


Autobiografía de papel, Félix de Azúa, p. 87

Para los de mi grupo, sin embargo, no cabía duda de que el único escritor que se saltaba todas las convenciones artísticas en la España de los años sesenta era Benet, junto con alguien que de un modo igualmente heterodoxo debía ser adscrito a la vanguardia, muy a su pesar, Rafael Sánchez Ferlosio.

Que Benet tenía una idea muy clara de sus propósitos literarios puede constatarse en su ensayo La inspírací6n y el estilo (1966), una de las más lúcidas e imprescindibles reflexiones sobre la literatura que se hayan escrito en España, pero también en su biografía. Como a los poetas del romanticismo, a Benet no le importaba en absoluto «hacer carrera», sólo ir avanzando en las derivas de la prosa como quien experimenta con drogas. Su primer libro, ya plenamente benetiano, Nunca llegarás a nada (1961), es un conjunto de relatos cada uno de los cuales crea una atmósfera densa y fatídica que podríamos llamar «cinematográfica» si no fuera porque a Benet le horrorizaba el cine. Ninguno de los cuentos permite afirmar dónde sucede, quiénes son los personajes, por qué se nos cuenta la historia, quién la cuenta o en qué temporalidad viene a ser. La primera frase del libro, «Un inglés borracho al que encontramos no recuerdo dónde, y que nos acompañó durante varios días y quizás semanas enteras ... », es característica. En efecto, el relato parece narrado por un borracho que no sabe dónde está, ni con quién, ni para qué y es incapaz de distinguir los días de las semanas. Sin embargo, como en otros de sus libros, el lenguaje se convierte en una trampa envolvente de la que no se puede escapar si no es por aburrimiento.


DEP


El plural es una lata, J.Benito Fernández, p. 484

A las diez de la mañana del miércoles 6, aunque un día frío luce el sol, a Juan Benet le dan sepultura junto a los restos de sus padres y hermano en La Almudena, una de las mayores necrópolis de Europa. Todos los familiares están en torno a la tumba. Todos de pie alrededor del ataúd miran fijamente la fosa con una mirada vacía, falta de expresión. Algunos lloran calladamente. Cerca de cuatrocientas personas acudieron a la despedida. Carmen Romero, Rosa Conde, Clemente Auger, Fernando Morán, Alberto Oliart, Carmen Delgado de Torres, Joaquín Leguina, Máximo Cajal, Elías Querejeta, Álvaro de Luna, Manuel Matji, Miguel Ángel Aguilar, Luis Carandell, Pedro Altares, Rafael Sánchez Ferlosio, Javier Pradera, Carmen Martín Gaite, Jaime Salinas, Vicente Malina Foix, Javier Marías, Manuel de Lope, Juan Cruz, Rafael Borrás, Antonio Martínez Sarrión, Eduardo Chamorro, Rocío Martínez, Mariano Antolín Rato, Marisa Torrente, Marcos Giralt Torrente, Gonzalo Torrente Ballester, Silvia Llopis, José Esteban, Jesús Aguirre, Francisco Rico, Enrique Pérez Galdós, Peche y Pablo García-Arenal, Jesús Méndez Sáez, Ignacio Pérez de Juan, Joaquín Díez-Cascón, Pilar Gutiérrez, Arturo de Castro, Javier Rodríguez Ibrán, Eduardo Sánchez Várez, Consuelo Giménez Sánchez, María Jesús Martín-Ampudia, etcétera. Una vez tapada la huesa, se deshace el apiñamiento.

Por la tarde, Jaime Salinas telefonea a la poeta y traductora Julia Escobar Moreno para convenir una sesión de trabajo en sus memorias. Julia cree que Jaime prefiere aplazar la cita, pero no. Con una voz de infinito pesar, él le comunica que se ha quedado totalmente huérfano de amigos íntimos y que esta pérdida es la que más le ha dolido. Al final, se emplazan para almorzar juntos el día siguiente cerca del domicilio de Jaime. En torno al mantel, consternado a la vez que burlón, le confesó a Julia que en el entierro de Juan Benet había tanta prima donna, que ya no se sabía muy bien quién era el muerto.

El Colegio de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos celebra el 21 de enero un funeral y concierto a las seis y media en la iglesia de San Manuel y San Benito (Alcalá 83) en memoria de Juan Benet Goitia. Aunque de enorme influencia intelectual, Benet dejó escasa huella literaria -sería ridículo intentar imitarle-, pero sí discípulos. Solamente la gloria sobrevive a la muerte.


INCIPT 1.492. EL PLURAL ES UNA LATA / J.BENITO FERNANDEZ


EN EL PASILLO DE LOS ESCALOFRÍOS

CADA VEZ que comienzo a escribir una biografía siento el vértigo del debutante, tengo las dudas del principiante, como los narradores más conspicuos ante el inicio de una nueva novela. Con esta biografía sabía que me enfrentaba a un trabajo difícil, el más difícil. Nunca el proceso de elaboración de un libro me causó tanta pesadumbre y desaliento. Quizá sea esta la biografía que más disgustos y desvelos -escalofríos- me ha proporcionado, pero también es de  la que me siento más satisfecho, por ser la más completa.

Mi natalicio tuvo lugar en una casa de indianos. Mi bisabuelo materno -soy su homónimo- fue emigrante en Brasil y en 1932 mandó construir en Estás, parroquia de Tomiño (Pontevedra), una vivienda de estilo ecléctico, con cuatro fachadas, compuesta por una planta baja, primera y bajo cubierta. El cemento le permitió crear formas y tamaños en los paramentos que difícilmente habría logrado con la piedra: relieves de los arcos de las puertas, ménsulas de la galería, gotas, mútulos, figuras vegetales, geométricas. Avecindado en Madrid desde los cuatro años, de niño pasé los veranos en aquella casa. Como las alcobas estaban en la primera planta,  siempre esperaba que subiese alguno de los mayores; no me gustaba ser el primero a la hora de irme a dormir ante aquel silencio de muerte. Si esa noche era excepcionalmente cruda y había tormenta con truenos y aguaceros que incluían el apagón eléctrico, mi terror se acentuaba. Había que subir unas pinas escaleras que llevaban a un largo corredor a oscuras. Tras un descansillo y otro pequeño tramo de tres escalones había un interruptor de porcelana con cable trenzado al que un arrapiezo como yo apenas alcanzaba. Con la luz apagada iba en busca de mi habitación, al fondo del pasillo la última a la derecha, la misma donde nací.


Jesús Aguirre y Ortiz de Zárate y Cayetana Fitz-James Stuar


El plural es una lata, J.Benito Fernández, p. 295

Con motivo del enlace de Jesús Aguirre y Ortiz de Zárate y Cayetana Fitz-James Stuart, que tiene lugar en la capilla privada del palacio de Liria el jueves 16 de marzo, los Juanes y sus amigos publican un anuncio pagado a escote en la página 38 de El País el mismo día: «LA RUMOR HISPANIA LTDA. 'Filial de la Romour inc., N.J.' Anuncia a su distinguida y noble clientela el traslado de sus oficinas centrales a la calle de Princesa, sin, desde donde seguirá suministrando a la afición madrileña sus habituales y reconocidos servicios. Resultados comprobados. Máxima discreción». Ofició el sacerdote jesuita José María Martín Patino, amigo del novio desde los tiempos del seminario. A la boda asistieron un centenar de convidados. Por parte de Jesús Aguirre firmó como testigo Javier Pradera, instalado en un traje de chaqué. El juez Clemente Auger fue invitado como representante de la autoridad civil. Juan García Hortelano, el mejor cronista posible: lenguaraz y sarcástico. Un soberbio y vanidoso como Benet no podía disputar el protagonismo del nuevo duque.


Anastas ou a orixe da constitución


El plural es una lata, J.Benito Fernández, p. 322

La compañía gallega de teatro Troula, dirigida por Antonio Francisco Simón, pone en escena Anastas ou a orixe da constitución. Asisten Salinas, Malina, Marías, Peche, Benet, Sarrión y Reyes, Hortelano y María con su hija Sofía ... Según los recuerdos del director, tuvo gran éxito de asistencia. «El público se reía o murmuraba, según lo ya previsible, pero en medio de los silencios, se oía una tremenda carcajada. Entre bastidores, los actores no lo entendíamos ... hasta que, al final, después de los aplausos, se presentó ante nosotros Juan Benet, al que no conocíamos, responsabilizándose de las muchas carcajadas». «Lo que más me impresionó es que con un texto tan opaco, tan lento como los de Benet, lograse poner en movimiento, dar fluidez, marcar un ritmo a sus palabras. Es uno de esos casos en que el director y los actores 'salvan la obra'. Los actores no eran profesionales; tenían ese tufillo a representación de fin de curso, pero el director había hecho verdaderas proezas con los elementos más rudimentarios (lo que por otra parte me desconcertó es constatar que el gallego está más cerca del castellano que del portugués; sonaban todos como sueno yo cuando pruebo a hablar la lengua del país vecino). De nuevo en la sala mucha gente joven y dejando de lado la vieja guardia que constituía nuestro grupo, desconocida y no-madrileña. ¡Cada día me convenzo más que la lacra de este país es Madrid! Tras la representación el Benet & Cía. improvisó una fiesta con la compañía de teatro en Bocaccio. Si hubiera sido en otro sitio, si no hubiera estado Benet con su corte, posiblemente hubiera ido para poder hablar con el director. La María, la Sofía e incluso el Hortelano nos volvimos directamente a nuestras respectivas casas», escribe Salinas a su compañero. Hubo una nueva representación el día después a las siete de la tarde, día que el autor lo pasó en casa «embriagado por el triunfo de ayer».


JUAN BENET


El plural es una lata, J.Benito Fernández, p. 135

Los Servicios Informativos de la Dirección General de Prensa elaboran el siguiente informe sobre Juan Benet Goitia:

Nació el 17 de octubre de 1927 en Madrid, hijo de Tomás y Teresa, casado, Ingeniero de Caminos, domiciliado en la calle de Serrano número 226.

Está conceptuado como de tendencias izquierdistas.

Un hermano perteneció a la EU.E. y marchó al exilio.

Su padre fue ejecutado por su actuación en zona roja.

En 1965, fue detenido como sospechoso por acompañar a Vicente Girbau León, en uno de sus viajes.

Tiene amistad estrecha con Ridruejo, al que acompañó a la reunión del día 20 de mayo de r966 en la Facultad de Ciencias Políticas de Madrid organizada ilegalmente bajo el título «Primera Jornada Nacional de Lucha contra la Represión» figurando los dos en la Presidencia.

Ha realizado algunos viajes al extranjero.

Figura como firmante de un escrito colectivo dirigido a la Presidencia del Gobierno, en 30 de noviembre de 1966, sobre el REFERENDUM del día 14 de diciembre del citado año.

Madrid 3 de diciembre de 1966.


REGION


El plural es una lata, J. Benito Fernández p. 56

Con fecha 25 de mayo de 1951 Benet atesora Gambito de caballo, con prólogo de Max Dickmann, editado por Emecé (Buenos Aires), con una supuesta dedicatoria de Faulkner en Jefferson: «To Juan Benet with affection from William Faulkner” Juan escribe a lápiz en un cuaderno sobre su referente literario y luego pasa y amplía esas notas a máquina: «William Faulkner”, texto prolijo e informado sobre el de New Albany, Misisipi, donde llama la atención lo temprano de sus conocimientos en un país culturalmente desértico. Con qué finura disecciona elementos descriptivos y expresivos como el espacio o el tiempo, en todos sus sentidos. Cómo encumbra los ocultamientos de Faulkner, el no decir, ese gran recurso de su arte. Pero Benet, muy influido por la lectura de La rama dorada, de sir James Frazer, empieza a escribir una novela titulada «El guarda”. Como en la obra de Frazer -el vigilante del bosque de la diosa Nemi, en el Lazio-, el protagonista es el guardián, un enamorado del monte que cuida y defiende los límites de una finca; corta el paso a los intrusos y los disuade. Se llama Numa, como el sabio rey de Frazer. De la lectura del clásico latino Publio Papinio Estado le surge el nombre de Región. Entonces Benet idea el escenario ficticio, quizá simbólico, para moverse a placer, para hacer lo que le viene en gana.


¡Faulkner, Faulkner¡


El plural es una lata, J. Benito Fernández p. 52

Poco antes de las doce de la noche del 31 de diciembre Juan Benet llega por primera vez a París. Entre los humos de las locomotoras, se apea en la estación de Austerlitz al grito de «¡Faulkner, Faulkner!» y al ver a su hermano Paco, convertido en exiliado político y ennoviado con Barbara Probst -hablan de casamiento-, se dan un gran abrazo. En tono jovial, Paco le dice que les ha fastidiado la Nochevieja. Más tarde despidieron el año con las doce uvas, pues aunque Paco decía no creer en esa tradición, le encargó a Barbara que comprara los frutos de la suerte. Teresa Goitia le envió dinero a Paco a través de Juan. Aquella noche, acompañados de una amiga de Barbara, fueron a la Place des Vosgues, tranquila y cubierta por un manto  blanco; corno adolescentes, se lanzan bolas de nieve y se revuelcan por el suelo. En otra jornada Juan anuncia que quiere comprar los libros de Faulkner que no encuentra en España, visitar la torre Eiffel y ver a las Bluebell Girls, bailarinas de cabaré, muy del gusto del provinciano que llega a París, lo que sonrojó a Paco. Éste le advierte a Juan que puede contraer la sífilis y que cuide con qué chicas sale. Se pasaron la semana con un tomavistas filmando en la localidad de Rambouillet o gateando por las cubiertas de la catedral de Chartres. En lo alto de la torre Eiffel, Barbara sufrió un desmayo, pues padece de acrofobia. Una noche van al Lido de los Campos Elíseos a ver a aquellas esbeltas bailarinas de hermosos atributos e interminables piernas que, muy ligeras de ropa, hacen cabriolas sobre el escenario a la vez que cantan animosas.


BENETIANA

No callar, Javier Cercas, p. 649

Pero, en general, el filólogo y el escritor estaban, como digo, bastante alejados, y en particular lo estaban respecto a la Guerra Civil: el filólogo pensaba, como Juan Benet, que «la Guerra Civil fue, sin duda alguna, el acontecimiento histórico más importante de la España contemporánea y quién sabe si el más decisivo de su historia», y no se cansaba de leer al respecto; el escritor, en cambio, tendía a pensar -como por aquella época lo pensaban casi todos los escritores o cineastas españoles de su generación- que la Guerra Civil era un tema agotado, estaba harto de novelas y películas casposas sobre ella y sentía que aquel eterno conflicto no le atañía y que en todo caso era incompatible con la distancia irónica, el espíritu lúdico y el escepticismo  irreverente consustanciales al nuevo instrumental técnico que estaba tratando de perfeccionar en sus novelas. Esta incompatibilidad pareció quedar definitivamente probada cuando, poco antes de acometer Soldados de Salamina, intenté una novela sobre la Guerra Civil y, después de escribir ciento cincuenta páginas, comprendí que estaba escribiendo otra maldita casposa novela sobre la Guerra Civil y tomé la sabia decisión de arrojarla a la papelera.


CATALUNYA


La verdad de la Patria, RS Ferlosio, p. 223

El artículo se encuadra en la polémica desatada por la publicación en El Pais del artículo de Juan Benet titulado «Catalunha en la Espanya moderna» (2 de junio de 1983), que dio lugar a un aluvión de «cartas al director», algunas muy airadas. El artículo de Benet concluía con el siguiente párrafo: «Y he aquí que en pleno centro de Madrid, en la plaza de Colón, se abre una exposición que se anuncia al público con grandes y elegantes caracteres: «Catalunya en la España moderna». ¿Quién habrá sido el salvaje, me pregunto, que, por sí y ante sí ha decidido enviar a la ñ a hacer punyetas? Sin duda un personaje adulador y nada sobrado de conocimientos, pero ¿se habría atrevido a hacer algo semejante con un «La France en la España moderna»? ¿ Y por qué no Espanha, o Espanya o Spagna? ¿Qué escrúpulo le detuvo para respetar la segunda ñ? ¿O es que quiere marcar las diferencias? ¿ Y qué intención le puede llevar a tal apuntamiento? Sin duda que, de una manera oblicua, no ha pretendido sino vejar a los catalanes por no haber sabido en su día dar a la ñ el tratamiento que merece; para recordarles una historia lingüística que tiene ciertas limitaciones, como la imposibilidad de utilizar el signo de interrogación inicial que, de poderlo hacer, concedería mayor flexibilidad a sus múltiples aseveraciones. Porque, lo quiera o no el autor del letrero, Cataluña, en nuestra lengua, se escribe con ñ, con una tilde como la copa de un pino.


El buen hombre


El amanecer podrido, Juan Benet, p. 84

-Yo bien sé que él me quiere, aunque a veces se pone así, raro. Y grita y también me pega. No puede ver a mi madre y la llama bruja; dice que mi madre es una bruja. Y a los niños los quiere mucho. Es fontanero pero luego se quedó sin trabajo y ahora trabaja en casa por su cuenta y yo tengo que salir también a ver qué apaño. Algunas veces él hace la comida y cuida de los niños, le gusta mucho cuidar a los niños. Algunas veces yo tengo que estar dos o tres días fuera y entonces es cuando bebe y cuando me insulta y a veces me pega. No quiere que no esté en casa y dice que tengo abandonados a los niños. Dice que mi madre es una bruja y no la puede ver. Él tiene sus tubos y sus latones y sus estaños y está allí con el martillo y el soldador. Gana muy poco y por eso yo tengo que apañármelas por ahí fuera, pero él se enfada porque no quiere que yo esté fuera y que salga y que no esté en casa ¡y entonces es cuando se enfada y algunas veces me pega! Pero él me quiere. Yo sé que me quiere a pesar de todo.

-Yo ya sabía que ella tenía un niño de otro, pero a mí ni me importaba ni nada así que le dije: ahora a vivir todos juntos y yo también le quiero. Es muy cariñoso y le gusta estarse conmigo mirando cómo trabajo, y yo creía que era una mujer buena, pero su madre empezó a enredarla, que es una bruja, que tiene muy mala entraña y es una malasangre y lo que quiere es infernarnos la vida, y va y viene y me dice: Quita, hombre, tú crees que va a estarse mi hija contigo que eres un gandul; tú no sirves más que para cuidar de los hijos de los otros. Y esto es algo que no se debe decir, porque no sirve más que para infernar el matrimonio y yo hago lo que buenamente puedo en estos tiempos tan difíciles. Contigo va a estar. Tú no eres más que un pobre hombre; y yo tengo que pegarla para que se vaya porque es una vieja borracha que no debía decirme a mí eso, porque cuando me casé ya sabía que tenía un hijo de otro y yo también le quiero como si fuera mío y a todos los quiero y que estén bien cuidados y limpios y que coman, que a ella no le preocupan y los tiene abandonados

SALOME


El amanecer podrido, Juan Benet

Salomé

Elí, Elí, lamma sabacthani. Mateo 15, 4 5-49, XII

Tenía un dolor de muelas atroz.

Se puso un paño caliente en la mejilla y se miraba al espejo con cara demacrada. Abrió la boca tristemente y salió un olor negro, interno, de algo que se pudría allí dentro, y la encía hinchada y negra. Acercó más la cara y vio el paladar movedizo lleno de agüillas. Luego dijo:

-Aaaah ... -Y le dolieron mucho todos los huesos de la cara.

Pero de repente, acercándose más, ya casi con la boca metida en el espejo, vio allá abajo, en el fondo negro de su estómago, dos ojos que le miraban consternados como dos almejas húmedas.

-¿Qué es esto? -se preguntó doliéndole mucho.

Los ojos se asustaron, cambiaron de expresión y cerraron sus párpados lentamente, como avergonzados.

-¿Qué haces ahí? ¿Eres un bicho?

No se atrevía a tocarse la tripa porque temía hacer daño a aquello, fuese lo que fuese. Era una situación muy dolorosa. Los ojos miraban y retrocedían acobardados. Parecían pedir perdón por haber sido descubiertos.

-¿Qué bicho eres tú? ¿Eres la solitaria?

Porque realmente su mirada desde el fondo era la imagen de su soledad perdida entre jugos y gases y paredes húmedas y flácidas.

-Pero di: ¿qué haces ahí? ¿Qué clase de bicho eres?

El de los ojos hizo un esfuerzo hacia lo alto mientras su vergüenza iluminaba de rojo la carne de allá abajo.

Y dijo:

-Soy Jesucristo Bendito.


BENETIANA


El amanecer podrido, Juan Benet

Una tarde de primavera me dijo Luis que quería presentarme a una joven que había conocido en el departamento de Psiquiatría del Hospital General, que dirigía López Ibor, y en el que trabajaba como enfermera. Se llamaba Rocío y mi presencia era requerida para acompañar a su hermana que como todavía estaba en edad colegial se aburría mucho y necesitaba distracción. La primera vez que vi a Solange vestía uno de esos uniformes azul marino con falda plisada y cuello blanco, propio de los colegios de monjas y que -me parece- no tardó una semana en arrojarlo para siempre al cajón de los desechos. En la segunda ocasión, con jersey negro de cuello vuelto, largo hasta las caderas, falda lisa y zapato de medio tacón, era una criatura deslumbrante. Rocío entró en tromba en la vida de Luis y a la vuelta de un verano que él pasó en Heidelberg, para perfeccionar su rudimentario alemán, ya eran novios por lo que las catoblepas poco a poco fueron cambiando de carácter. Dejamos de frecuentar los locales golfos para ser más asiduos de los no-golfos -la Red, Castelló, Prim, la parrilla del Rex- donde las chicas se sentían más a gusto, agradecidas por cierta sensación de seguridad adicional cuando el maitre les conducía a la mesa de costumbre. Casi todos los maítres de Madrid habían militado en la CNT y combatido en un batallón de camareros en la Ciudad Universitaria y cuando a altas horas de la madrugada, ya cerrado el local, despachada la clientela y retirados los camareros, realizado el arqueo y colocadas las sillas sobre las mesas en espera de la llegada de la mujeres de la limpieza, corría una última ronda a cuenta de la casa y se evocaba la epopeya del puente de los Franceses, el maitre –situado detrás de la barra como en sus años mozos- apenas podía retener las lágrimas. «El tiempo es vuestro, hay que aprovechar la juventud», era la frase preferida de los maitres que tanto enternecía a las chicas, recién salidas de la Asunción.


BENETIANA


El amanecer podrido, Juan Benet

Una tarde de primavera me dijo Luis que quería presentarme a una joven que había conocido en el departamento de Psiquiatría del Hospital General, que dirigía López Ibor, y en el que trabajaba como enfermera. Se llamaba Rocío y mi presencia era requerida para acompañar a su hermana que como todavía estaba en edad colegial se aburría mucho y necesitaba distracción. La primera vez que vi a Solange vestía uno de esos uniformes azul marino con falda plisada y cuello blanco, propio de los colegios de monjas y que -me parece- no tardó una semana en arrojarlo para siempre al cajón de los desechos. En la segunda ocasión, con jersey negro de cuello vuelto, largo hasta las caderas, falda lisa y zapato de medio tacón, era una criatura deslumbrante. Rocío entró en tromba en la vida de Luis y a la vuelta de un verano que él pasó en Heidelberg, para perfeccionar su rudimentario alemán, ya eran novios por lo que las catoblepas poco a poco fueron cambiando de carácter. Dejamos de frecuentar los locales golfos para ser más asiduos de los no-golfos -la Red, Castelló, Prim, la parrilla del Rex- donde las chicas se sentían más a gusto, agradecidas por cierta sensación de seguridad adicional cuando el maitre les conducía a la mesa de costumbre. Casi todos los maitres de Madrid habían militado en la CNT y combatido en un batallón de camareros en la Ciudad Universitaria y cuando a altas horas de la madrugada, ya cerrado el local, despachada la clientela y retirados los camareros, realizado el arqueo y colocadas las sillas sobre las mesas en espera de la llegada de la mujeres de la limpieza, corría una última ronda a cuenta de la casa y se evocaba la epopeya del puente de los Franceses, el maitre –situado detrás de la barra como en sus años mozos- apenas podía retener las lágrimas. «El tiempo es vuestro, hay que aprovechar la juventud», era la frase preferida de los maitres que tanto enternecía a las chicas, recién salidas de la Asunción.


INCIPIT 1.132. EL AMANECER PODRIDO / LM SANTOS, J BENET


Prefacio

l. Entre los papeles inéditos de Luis Martín-Santos y de Juan Benet figura un nutrido grupo de relatos breves, ya reunidos por ambos autores bajo el título El amanecer podrido. Escritos a máquina, y con numerosas correcciones a mano, no están fechados -aunque sabemos que fueron redactados entre I948 y I951-y por ende no se conoce hoy con precisión el momento exacto ni el orden en que fueron escritos, aunque se publicaron dos de ellos, uno por cada autor, en 1950, un momento crucial en sus vidas.

Podemos ver aquí los curiosos preludios de un par de escritores en ciernes. Son «pruebas de escritura» hechas paralelamente, y fueron corregidas varias veces por ellos. Resulta significativo de su confianza mutua, y de su valor testimonial, el hecho de que sus familias tengan cada una copia de estos documentos desde hace seis décadas.

Uno de los originales se conserva en un archivador color magenta que contiene cuartillas u holandesas insertas en camisas separadas y mecanografiadas todas, salvo algunas líneas. El título que figura en el lomo, Más apólogos, apenas tiene que ver con el volumen Apólogos y otras prosas inéditas, de Martín-Santos, impreso por Seix Barral únicamente en I970 y dividido en fábulas más bien breves, artículos y ensayos.


LA NOCHE DEL SABADO


El amanecer podrido, J Benet, p.288

Pero lo importante era la noche del sábado. No creo que la noche del viernes de hoy sea comparable a la noche del sábado de entonces aunque sólo sea porque la semana inglesa ha duplicado, cuando menos, el número de días para hacer excesos. Entonces sólo había uno a la semana y había que aprovecharlo en su totalidad y para todo: para el alcohol, para las conversaciones literarias, para el sexo, para los amigos, para bailar, para visitar lugares poco recomendables, en fin para gastar la asignación semanal y llenar el domingo con un descanso bien ganado. Cuando tal asignación daba para ello nos tomábamos unas chuletas de cordero en Casa Pedro, La Tienda de los Vinos, Hylogui, las únicas casas de comidas -ni siquiera restaurants- de cierta decencia que estaban al alcance de nuestros bolsillos; incluso en alguna ocasión -y más que nada por no disolvernos- llegamos a cenar en El figón de Santiago, un   comedor social donde se servía rancho en platos de aluminio y los cubiertos -tan sólo repasados por la servilleta del mozo a cada nuevo asiento- se hallaban unidos por una cadenilla a una argolla fija a la cara inferior de la mesa corrida; todo un salón cuyo propietario no había introducido el menor cambio desde los tiempos de La busca.


DON JUAN Y DON PIO


Pío Baroja, Edurado Mendoza, p. 20
Benet ejemplifica con esta anécdota: en cierta ocasión acudió un periodista a la casa de la calle de Alarcón a entrevistar a don Pío, y éste, en lugar de responder a sus preguntas con las respuestas al uso, lo abrumaba con sus queja.
“A medida que se sucedían las preguntas -cuenta Benet-, las respuestas no podían ser más desconsoladoras. Don Pío se quejaba de su mucha edad, de su falta de interés por las cosas, del precio del carbón, del frío que pasaba, del insomnio que padecía, del poco entusiasmo que le inspiraba la calle, de lo dura que era una existencia que a su edad le obligaba a seguir escribiendo para ganarse el sustento. Finalmente, buscando siquiera un rayo de luz en medio de aquella oscuridad, al periodista se le ocurrió decir: "Pero a fin de cuentas ... en general se encuentra usted bien, ¿no es así?". ''No, señor -fue la terrible respuesta del viejo-, en general me encuentro mal, bastante mal. Pero me da lo mismo encontrarme bien que encontrarme mal."
Es curioso cómo Baraja había asumido su propio personaje, por no decir su propia caricatura, con efectos retroactivos, hasta el extremo de parecer que durante roda su vida se había mantenido al margen de las terribles convulsiones de su tiempo y había evitado las no menos terribles peripecias personales de sus contemporáneos. Muchos años más tarde, al redactar sus recuerdos de aquel tiempo, Benet rememoraba, subyugado y repelido, aquella "tertulia anacrónica, envuelta en una luz tibia y opalescente, en la que -maldición de todos los inmortales que por no tener a nadie por encima ni misterios que resolver ni ciencia que hacer progresar ni cuentas que saldar, la mayor parte del tiempo sólo hablando de asuntos del barrio- todo había sido dicho más de una vez"

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