Te quiero más que a la salvación de mi alma

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Catalina en Abismos de pasión de Luis Buñuel
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MAS SOBRE EL 11S

De Al límite de Pynchon, p. 345-346
-Parece que lo de salir con policías se ha terminado. Todas las chicas de la ciudad, independientemente de su coeficiente intelectual, se han transformado de la noche a la mañana en desamparadas estúpidas que se desviven por que las cuide uno de esos grandes y fuertotes uniformados de emergencias. ¿Modernas ellas?, ¿modernillas de pitiminí? Puaj. Unas descerebradas que no se enteran de nada, eso es lo que son.
Reprime las ganas de preguntar si Carmine, incapaz de resistirse a tanta atención, ha estado engañándola:
-Pero ¿qué ha pasado exactamente?, bueno, no, mejor exactamente no.
-Carrnine ha estado leyendo los periódicos, se ha tragado la historia entera. Ahora se cree que es un héroe.
_¿y no lo es?
-Es un detective de comisaría. No ve las emergencias ni en pintura, para cuando él llega ya se han ido todos. Se pasa la mayor parte del tiempo en la oficina. El mismo trabajo que ha hecho siempre, los mismos ladronzuelos de siempre, los mismos camellos, los mismos maltratadores domésticos. Pero ahora Carmine cree que está en primera línea de la Guerra contra el Terror y que yo no me muestro lo debidamente respetuosa.
-Pero (lo has sido alguna vez?, ¿acaso antes no se daba cuenta? -Él apreciaba que una mujer tuviera carácter, una personalidad fuerte. Eso decía. Y eso creía yo. Pero desde el ataque ...

-Sí, ya, se nota lo mucho que se han agriado algunos caracteres. -Los policías de Nueva York siempre han sido arrogantes, pero últimamente aparcan siempre en la acera, gritan a los civiles sin motivo; cada vez que un chaval intenta saltarse un tomo, se suspende el servicio de metro y vehículos policiales de todas las clases, de superficie y aerotransportados, convergen en la zona y ahí se quedan. En Fairway han empezado a vender mezclas de café con los nombres de los distritos policiales. Las panaderías que sirven a las cafeterías han inventado un gigantesco bollo relleno de mermelada llamado «Héroe», con la forma del conocido sándwich del mismo nombre, para cuando aparecen los coches patrulla. Heidi ha estado trabajando en un artículo para el journal of Memespace Cartography que ha titulado «Estrella  heteronormativa en alza, compañero oscuro homófobo", en el que argumenta que la ironía, que se supone que es un rasgo básico del humor gay urbano y era muy popular en los 90, se ha convertido ahora en una víctima colateral más del 11S porque no habría impedido que ocurriese la tragedia.

DEL 11S

De Al límite de Thomas Pynchon, p. 410
«Tras el ataque del 11 de septiembre», editorializa March una mañana, «entre todo aquel caos y confusión, se abrió silenciosamente un agujero en la historia de Estados Unidos, un vacío de responsabilidad, por el que empezaron a desaparecer valores humanos y financieros. En los tiempos de la candidez hippy, a la gente le gustaba culpar a "la CIN' o a una "operación secreta ilegal". Pero éste es un enemigo nuevo, innombrable, ilocalizable en ningún organigrama ni en ningún presupuesto ... , quién sabe, a lo mejor hasta la CIA le tiene miedo. »Tal vez sea invencible, o tal vez haya formas de resistirse a él. Lo que se requiere es un grupo de gente preparada, combatientes dedicados y dispuestos a sacrificar tiempo, ingresos, seguridad personal, una fraternidad de hombres y mujeres consagrada a una lucha incierta que puede prolongarse durante generaciones y, aun así, acabar en una derrota absoluta.»

11S

De Al límite de Thomas Pynchon, p.345-346
-Sí, ya, se nota lo mucho que se han agriado algunos caracteres. -Los policías de Nueva York siempre han sido arrogantes, pero últimamente aparcan siempre en la acera, gritan a los civiles sin motivo; cada vez que un chaval intenta saltarse un tomo, se suspende el servicio de metro y vehículos policiales de todas las clases, de superficie y aerotransportados, convergen en la zona y ahí se quedan. En Fairway han empezado a vender mezclas de café con los  nombres de los distritos policiales. Las panaderías que sirven a las cafeterías han inventado un gigantesco bollo relleno de mermelada llamado «Héroe», con la forma del conocido sándwich del mismo nombre, para cuando aparecen los coches patrulla.
Heidi ha estado trabajando en un artículo para el Journal of Memespace Cartography que ha titulado «Estrella heteronormariva en alza, compañero oscuro homófobo», en el que argumenta que la ironía, que se supone que es un rasgo básico del humor gay urbano y era muy popular en los años noventa, se ha convertido ahora en una víctima colateral más del 11 de septiembre porque no habría impedido queocurriese la tragedia.
-Como si, no se sabe por qué, la ironía -recapitula para Maxine-, tal como la practicaba una quinta columna de refinados entre risitas, hubiera provocado de hecho los sucesos del 11 de septiembre, al impedir que el país estuviera todo Jo serio que debería, debilitando su anclaje en «la realidad». Así que todo lo que sea fruto de la fantasía (y no me refiero al estado de delirio en el que se ha sumido el país) también debe sufrir las consecuencias. Ahora todo debe ser literal.
-Sí, los chicos están recibiendo ese tipo de discurso en la escuela. -La señora Cheung, una profesora de inglés que si la Kugelblitz fuera un pueblo sería la bruja del barrio, ha anunciado que no les pondrá más trabajos de lecturas de ficción. Otis está aterrado; Ziggy, un poco menos. Cuando Maxine los sorprende viendo Rugrats: Aventuras en pañales o reposiciones de La vida de Rocko, ellos gritan asustados, por reflejo: «iNo se lo digas a la señora Cheung!”.

-¿Te has fijado -prosigue Heidi- en cómo la programación de «realidad» ha llenado de repente todos los canales por cable, como mierda de perro? Claro que así los productores no tienen que pagar la escala salarial de los actores reales. Pero, espera, iaún hay más! Alguien necesita que esta nación de mirones pasmados se crea que por fin ha espabilado, que todos se han curtido y están a la altura de la condición humana, que se han liberado por fin de las ficciones que los llevaban por mal camino, como si prestar atención a vidas inventadas fuera una forma de abuso de drogas malignas que el desmoronamiento de las torres ha curado al meterles de nuevo el miedo en el cuerpo a todos, sin excepción. Y, a propósito, ¿qué pasa en la otra habitación?

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