Te quiero más que a la salvación de mi alma

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Catalina en Abismos de pasión de Luis Buñuel
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INCIPIOT 1.183. ALGUIEN CAMINA SOBRE TU TUMBA / MARIANA ENRIQUEZ


LA MUERTE Y LA DONCELLA

Cementerio Monumental de Staglieno, Génova, Italia, 1997

N o sé por qué la ciudad de Génova estaba en el itinerario. Eran los años noventa, mi madre tenía el dinero para su primer viaje a Europa y me invitó. Exigí algunos destinos, pero Génova no estaba en mi lista. Mi paso obligado en Italia era Bomarzo: necesitaba ver el Parque de los Monstruos que Mujica Láinez había usado para escribir su  novela. Y pude verlo y entrar en la gran boca del orco y traerle una piedra a mi mejor amigo. Venecia también era obligatoria, sobre todo por Lord Byron, para caminar por donde había caminado él, por los versos “I stood in Venice, on the Bridge of Sighs, 1 A palace and a prison on each hand» (“Me paré en Venecia, sobre el Puente de los Suspiros, / un palacio y una prisión a cada lado”), de “Childe Harold»; por Tadzio y la peste y los callejones inundados.

El cementerio de Staglieno no estaba entre las paradas obsesivas que había planeado. Sabía, sí, que existía. Sabía que una de sus espectaculares tumbas había sido la tapa del disco Closer y otra la del single Love Will Tear Us Apart, ambos de Joy Division, pero nunca me gustó Joy  Division y las tumbas en las tapas eran hermosas, pero no las imaginaba necesarias para mi peregrinaje.


LOS MUERTOS


Alguien  camina sobre tu tumba, Mariana Enriquez, p. 262

No conozco muchas de las tumbas del Este, pero quiero ver la de Anna Mahler, que es una reproducción de una de sus hermosas esculturas, Vision: representa a su hija Marina tapándose la cara, como si estuviese llorando, o no quisiera ver algo. Anna Mahler se quedó sola muy pronto: su padre Gustav murió cuando ella tenía seis años, y antes había muerto su hermanita, de escarlatina; Alma, la madre, había acusado a Gustav de convocar a esa muerte con sus Kindertotenlieder, las canciones de los niños muertos. Con su madre la vida fue complicada: Alma tuvo romances con los artistas Walter Gropius y Oskar Kokoschka, pero esos eran apenas sus amantes famosos; había muchos más. Anna no soportaba bien esa vida doméstica hipersexual y se casó a los 16 para huir. La escultura sobre su tumba está rodeada de un follaje precioso. En oportunidades como esta me gustaría tener una idea remota de  botánica. ¿Cómo se llaman las flores amarillas, blancas y azules que, en muchas macetas, rodean la tumba de Michael Arbab Zadeh, muerto a los dieciséis años? La lápida es estilizada, una flecha que recuerda al chico y sus pocos años; las macetas son puro cuidado y amor. Muy cerca está Douglas Adams y los fans le pusieron un portalápices enorme que está muy bien surtido; esperaba alguna toalla, como las que cargan los obsesivos de la Guía del autoestopista galáctico los 25 de mayo. Pero no: solo lápices, lapiceras y un autito solitario, muy pequeño, que no se sabe si .es ofrenda o un juguete abandonado. La tumba de Malcolm MeLaren, el mánager de los Sex Pistols, tiene el mejor epitafio: «Mejor un fracaso espectacular que un éxito benigno.» También tiene su cara en máscara mortuoria y escultura: es sorprendente porque es anticuada, esperaba algún tipo de demencia punk, pero no. Cerca está Pat Kavanagh, la legendaria agente literaria que dejó a su esposo, el escritor Julian Barnes, para tener un romance con la escritora Jeanette Winterson. Después volvió con él. ¿La visitarán juntos? ¿Se odian, se conocen? La lápida es negra y dorada, y tiene sus iniciales, PK, como si su nombre fuera irrelevante de tan poderoso. Barnes la recuerda así en Niveles de vida: «Le dije a uno de los pocos cristianos que conozco que mi mujer estaba gravemente enferma. Me respondió que rezaría por ella. No puse reparos, pero espantosamente pronto tuve que informarle, no sin amargura, que su dios no había sido muy eficaz. Me contestó: "¿Has pensado alguna vez que ella podría haber sufrido más?"


LA CATRINA


Alguien camina sobre tu tumba, Mariana Enriquez, p. 134

Las calacas son esqueletos decorativos, que se usan para la celebración del Día de Muertos, pero se consiguen todo el año: la artesanía de muertos es apabullante. Los alfeñiques son dulces que se ofrecen a los muertos y a los vivos, cráneos o calaveritas de azúcar o de pasta de almendra decorados con nombres de difuntos, también angelitos o pequeños ataúdes con el muertito dentro (con frecuencia, rellenos de miel). La flor de cempasúchil es la que se usa para decorar los altares del Día de Muertos y también las tumbas. Es una flor de un amarillo intenso, anaranjado, y sus pétalos se arrancan para dibujar caminos en los cementerios o en las casas, pequeños caminos amarillos que guían al alma de vuelta al hogar o al panteón. El pan de muerto es una rosca que se come para esta fecha y se cocina diferente en distintos lugares: puede ser circular, puede tener alguna forma -de esqueleto, por ejemplo-, puede  tener azúcar. La Catrina es una calavera que dibujó originalmente el extraordinario ilustrador José Guadalupe Posada.  Entonces, a principios del siglo XX, se llamó Calavera Garbancera y era una especie de denuncia de los mexicanos pobres que andaban desnudos -la calavera está desnuda-, pero usaban sombrero: gente de sangre indígena que pretendía ser europea y renegaba de su cultura. Diego Rivera la bautizó Catrina para su mural de los años cuarenta Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central· ahí esta la Catrina, elegante, vestida de blanco, junto a Frida Kahlo. Leí mucho sobre el Día de Muertos, vi muchas fotos, pero no me lo puedo imaginar. Sé lo que sucede: las almas

regresan a la casa de los parientes a comer con los familiares vivos. Las familias, para recibirlos, les preparan altares que tienen el color de las flores de cempasúchil, agua –los muertos están terriblemente sedientos-, queman copal para ahuyentar a los malos espíritus que puedan andar por la casa, ponen sal para que el cuerpo no se descomponga y velas para que sienta la luz y el calor y se acerque, hay calaveras de azúcar y otro tipo de comida -mole, según leí, en muchas comunidades indígenas y rurales-, alcohol -el trago favorito del muerto-, cigarrillos, una cruz grande de ceniza y el papel picado. N o es el papel picado que conocemos en Argentina, pedacitos de papel para tirar al aire en señal de celebración, sino un papel especial, troquelado artesanalmente, de diferentes colores, de diferentes tamaños (algunos enormes, como cortinas), con diferentes figuras: calaveras revolucionarias, calaveras que bailan, Catrinas, a veces sencillamente una trama, un adorno. Se produce tanto que se pueden hacer pedidos especiales. Este papel se vende todo el año y en la calle se pueden ver anuncios que dicen «papel de muerto”; es muy extraño.

Entonces, las almas vienen y comen y es noche de fiesta. Después, se arreglan las tumbas, las familias se quedan unas horas en el cementerio -las tumbas decoradas con velas, con flores amarillas, con cruces, con papel de muerto que flamea- y probablemente hay misa o algún servicio religioso.


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