Te quiero más que a la salvación de mi alma

Te quiero más que a la salvación de mi alma
Catalina en Abismos de pasión de Luis Buñuel
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SILICON VALLEY


Valle inquietante, Anna Wiener, p. 30

 Allí donde el dinero cambiaba de manos, enseguida aparecían tecnólogos emprendedores y gente con másteres en administración de empresas. Proliferó el término «revolucionan” y no había sector que alguien no estuviera a punto de revolucionar o que no pudiera ser revolucionado: partituras, alquiler de esmóquines, comida casera, compras online, planificación de bodas, operaciones bancarias, barbería, líneas de crédito, servicio de tintorería, el método del calendario. Una página web que permitía alquilar la entrada para coches de tu casa cuando no la usabas consiguió cuatro millones de dólares de financiación de varias empresas importantes de Sand Hill Road. Una página web que venía a transformar el mercado de las mascotas -la aplicación te permitía contratar a alguien que te cuidara y paseara al perro, una revolución para los chavales y chavalas de doce años del vecindario- consiguió diez millones. Una aplicación para acumular cupones de descuento permitió a una cantidad incalculable de urbanitas aburridos y curiosos pagar por unos servicios que ni siquiera sabían que necesitaban, y durante un tiempo la gente estuvo inyectándose  toxinas antiarrugas, yendo a clase de trapecio y blanqueándose el ano solo porque tenían descuentos para hacerlo.

Fue el principio de la era de los unicornios, las startups valoradas por sus inversores en más de mil millones de dólares. Un importante inversor de capital riesgo declaró en las páginas de opinión de un periódico financiero internacional que el software se estaba comiendo el mundo, una afirmación que a continuación fue citada en incontables presentaciones de PowerPoint, comunicados de prensa y ofertas de trabajo corno si fuera la prueba de algo; corno si fuera una evidencia en vez de ser una simple metáfora, torpe y nada poética.

Fuera de Silicon Valley parecía reinar una resistencia generalizada a tornarse nada de todo esto demasiado en serio. Prevalecía la opinión de que era una fase pasajera, igual que la anterior burbuja. Entretanto, el sector tecnológico se expandía más allá del ámbito de los futurólogos y los entusiastas del hardware y se asentaba en su nuevo rol corno andamiaje de la vida cotidiana. No puedo decir que me enterara de lo que estaba pasando  porque no estaba prestando atención. Ni siquiera tenía aplicaciones en el teléfono.


LA INFORMACION


Los espejismos dela certeza, Siri Hustvedt. p. 130

Estamos ahogándonos en información.

La idea de Wiener es a la vez simple y preocupante. La información pasa a ser totalmente independiente de su sustancia. Es el patrón, y no el significado, lo que cuenta. La palabra información puede que sea la más dúctil de la cultura contemporánea. En 1984, A. M. Schrader publicó en un artículo las setecientas definiciones de ciencia de la información que había encontrado entre 1900 y 1981, y describió el estado de la cuestión como de «caos conceptual” Según el texto que uno esté leyendo, la palabra puede significar el patrón de comunicación entre una fuente y un receptor, como para Wiener y Shannon. Pero también puede referirse al contenido de un supuesto “estado cognitivo”, el significado de una oración desde el punto de vista de la lingüística, o un concepto de la física que parece haberse integrado de alguna manera al léxico. En esta última definición, no se precisa del ojo, el oído o el cuerpo para absorber la información y entenderla. Está presente antes de que aparezca cualquier pensador. La misma disposición en sí de los átomos y las moléculas es información. En La información y la estructura interna del universo, Tom Stonier escribe: “La información existe. No necesita ser percibida para existir. [ ... ] No requiere una inteligencia que la interprete. No necesita tener un significado para existir. Existe sin más”. Confieso que creo que parte del problema radica en lo que se entiende por la palabra información, que sin ciertos giros en la historia de la ciencia y la tecnología, tal vez no se le habría ocurrido a nadie hablar de información como una propiedad intrínseca del mundo material, y que esta concepción de la “información” tiene una historia retórica. En esta afirmación  no hay una percepción del uso del lenguaje. Si uno define la “información” como patrones de la realidad que tienen el potencial de ser leídos e interpretados, entonces el mundo está realmente repleto de información de todo tipo, natural y no natural.


PENSAR

Juventud, JM Cpetzee, p. 52
Está metido en el mundo de los negocios, y en el mundo de los negocios, descubre, no hay necesidad de ser educado.
La programación tiene algo que le desconcierta y, sin embargo, ni siquiera los hombres de negocios de la clase parecen tener problemas. Inocentemente había imaginado que la programación informática trataría sobre los modos de traducir la lógica simbólica y la teoría a códigos digitales. En cambio, solo se habla de inventarios y salidas de efectivo, de cliente A y cliente B. ¿Qué son los inventarios y las salidas de efectivo, y qué tienen que ver con las matemáticas? Lo mismo podría ser un oficinista clasificando fichas; lo mismo podría ser un aprendiz de jefe de estación.

Al final de la tercera semana se presenta al examen final, aprueba con resultados mediocres y se gradúa para poder trasladarse a la calle Newman, donde lo destinan a una sala con otros nueve programadores jóvenes. Todo el mobiliario de la oficina es de color gris. En el cajón del escritorio encuentra papel, una regla, lápices, un sacapuntas y una pequeña agenda con cubiertas de plástico negro. En la tapa, en mayúsculas, pone PIENSA. PIENSA es el lema de IBM. Lo que tiene de especial IBM, deduce, es su constante compromiso con el hecho de pensar. Los empleados deben pensar todo el tiempo, y así vivir de acuerdo con los ideales del fundador de IBM, Thomas J. Watson. Los empleados que no piensan no pertenecen a IBM, que es la aristocracia del mundo de los negocios de las máquinas. En las oficinas centrales de White Plains, en Nueva York, IBM posee un laboratorio donde se llevan a cabo investigaciones en ciencia informática más punteras que en todas las universidades del mundo juntas. Los científicos de White Plains ganan más que los profesores de universidad y consiguen cualquier cosa que puedan necesitar. Todo lo que tienen que hacer a cambio es pensar.
(En la imagen HAL)

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