Te quiero más que a la salvación de mi alma

Te quiero más que a la salvación de mi alma
Catalina en Abismos de pasión de Luis Buñuel

INCIPIT 943. LA PESQUISA / JJ SAER


Allá, en cambio, en diciembre, la noche llega rápido. Morvan lo sabía. Y a causa de su temperamento y quizás también de su oficio, casi inmediatamente después de haber vuelto del almuerzo, desde el tercer piso del despacho especial en el bulevar Voltaire, escrutaba con inquietud las primeras señales de la noche a través de los vidrios helados de la ventana y de las ramas de los plátanos, lustrosas y peladas en contradicción con la promesa de los dioses, o sea que los plátanos nunca perderían las hojas, porque fue bajo un plátano que en Creta el toro intolerablemente blanco, con las astas en forma de medialuna, después de haberla raptado en una playa de Tiro o de Sidón -para el caso es lo mismo- violó, como es sabido, a la ninfa aterrada.
Morvan lo sabía. Y sabía también que era al anochecer, cuando la bola de fango arcaica y gastada, empecinada en girar, desplazaba el punto en el que se agitaban, él y ese lugar llamado París, alejándolo del sol, privándolo de su claridad desdeñosa, sabía que era a esa hora cuando la sombra que venía persiguiendo desde hacía nueve meses, inmediata y sin embargo inasible igual que su propia sombra, acostumbraba a salir del desván polvoriento en el que dormitaba, disponiéndose a golpear. Y ya lo había hecho –agárrense bien- veintisiete veces.
Allá la gente vive más que en cualquier otro lugar del planeta

H.


Fin, KO Knausgard, p. 457
La recomendación se había gestionado a través de la dueña del piso de la familia Hitler en Linz, que sentía simpatía por Hitler, conocía al hermano de Roller y escribió esta carta sobre el joven a una amiga suya en Viena, citada en el libro Hitlers Wien, de Brigitte Hamann:
El hijo de mi inquilino va a ser pintor, está estudiando aquí, en Viena, desde este otoño, deseaba ingresar en la Academia austrohúngara de Artes Plásticas, pero no consiguió entrar y empezó a estudiar en una institución privada (creo que Panholzer). Es un joven de diecinueve años serio y ambicioso, más maduro y más organizado de lo que podría corresponder a su edad, amable y sensible, y proviene de una familia muy decente. Su madre murió antes de Navidad de cáncer de pecho con sólo cuarenta y seis años, era viuda de un funcionario público de la oficina principal de aduanas, la mujer me caía muy bien, vivía en el piso contiguo al mío, en la segunda planta; ahora viven allí su hermana y la hija de ésta, que va al colegio. El apellido de la familia es Hitler, el hijo, para quien te pido ayuda, se llama Adolf Hitler. El otro día hablarnos casualmente de arte, y dijo que el profesor Roller es un hombre famoso entre los artistas, no sólo aquí, en Viena, sino incluso a nivel mundial, y que sentía veneración por su trabajo. Hitler no tenía ni idea de que yo conocía al hermano del famoso Roller, y cuando le dije que quizá podía ayudarlo, proporcionándole una recomendación para el director de la Sección de Escenario de la Ópera de la Corte, los ojos del joven empezaron a arder, se sonrojó y contestó que consideraría la mejor suerte de su vida poder conocer a ese hombre. Me encantaría poder echar una mano a ese joven, pues no sabe de nadie que pueda ayudarlo; llegó a Viena sin conocer a un alma y tiene que ir a todas partes solo y sin que nadie lo oriente. ¡Tiene la firme intención de aprender algo concreto! Por lo que sé de él no es una persona que vaya a escatimar esfuerzos, porque se ha fijado una meta seria. ¡Espero que no pierdas el tiempo en algo que sea indigno!

H.


Fin, KO Knausgard, p 438
Hitler nació en 1889, en una ciudad escondida para el gran mundo, en todos los sentidos provinciana e insignificante, en una familia normal y corriente que se encontraba en el estrato más bajo de la burguesía. Ése es el único lazo que tenia con su ciudad, pues la familia se mudó de alli cuando él tenia tres años. El que en el texto aparezca ennoblecida por el martirologio alemán, con sangre bávara fluyendo por sus venas, significa que nos encontramos en parte en el mundo oscuro y mágico de los mitos, en parte en la provincia austriaca de finales del siglo XJX. La descripción de la madre, que «tuvo siempre sus hijos invariable y cariñosa solicitud)), es lo único que escribe . ella. No pone nada de que fuera pariente cercana de su marido, ni que estuviera embarazada cuando se casó con él, medio año después de que el hombre hubiera enterrado a su segunda mujer. Y tampoco que los tres hijos que parió antes que a Adolf murieron todos, uno de ellos una niña, a la edad de dos años, o que el niño que nació después de Adolf, Edmund, murió a los seis. No se dice nada de cuántos hermanos tenia Hitler, cómo se llamaban o qué relación tenia con ellos. Sólo son mencionados como «sus hijos)). El padre es la única persona de los primeros treinta y cinco años de vida de Hitler que se menciona con más de unas cuantas palabras, y que merece una biografía. No se menciona en Mi lucha por su nombre, como ningún otro de los parientes más cercanos de Hitler.
De “mi padre” Hitler dice que provenía de una familia humilde, era hijo de un pobre y simple campesino que escapó de su casa a los trece años decidido a ser algo más, lo más sublime que él conocía: funcionario público, lo cual logró a la edad de cuarenta años, para jubilarse dieciséis años después y comprarse una pequeña granja en Larnbach, en la Alta Austria. No se dice nada de qué relación tenia con su familia, o ella con él. Mientras que la madre tuvo siempre para sus hijos invariable y cariñosa solicitud, el padre era cumplidor con su trabajo. Su viaje social, del lugar de arrendatario hasta la profesión de funcionario del Estado, se describe en términos sentimentales. Él es el «chico pobre de pueblo”, o sólo «el chico”. También habia nacido  fuera del matrimonio, es decir, que era un bastardo, lo que en la práctica significaba que no era nadie. Hitler no reniega de las condiciones pobres y sus humildes orígenes, sino que lo convierte en un tema en una historia de voluntad e independencia. Es cierto que no escribe que su padre era un bastardo. Cuando acaba la historia diciendo que su padre en el círculo de una larga y laboriosa vida volvió a sus orígenes, forma parte del mismo embellecimiento que ofrece de esa ciudad alemana dorada de martirio en la que nació.

CURAS


Historias del Ampurdán, Josep Pla, p. 73
-Estoy muy contento de que hayan venido. Conozco a Hermós de toda la vida: desde cuando vino, por vez primera, don Juan Vergés y sus amigos, que fueron todos amigos míos también. Me harán compañía. En Cadaqués se necesita compañía. Yo tengo la costumbre de jugar al tresillo después de comer. Al objeto de tener la sesión asegurada, confié siempre en el elemento clerical de la población. Nunca había faltado ... Pues imagínese que el señor rector que acaban de nombrar no sabe jugar al tresillo. ¿Se puede imaginar cosa más absurda e impensada? ¿Qué haremos ahora en Cadaqués para pasar bien la tarde? Hágase cargo de la importancia de lo que le digo. Si este señor rector se encuentra un día con la visita de los superiores eclesiásticos, si se presenta el señor obispo o el vicario general, ¿qué hará para complacerles, para hacerles pasar el rato de manera agradable en la rectoría? ¿Quieren hacerme el favor de decirlo? La vida de un pueblo se hace inhabitable si no se dispone de un mínimo de amena sociabilidad. Un rector de pueblo desconocedor del tresillo es un absurdo, una aberración, un notable error. He rogado al señor rector que venga mañana a casa. Le enseñaré el movimiento de las cartas. Es cuestión de máxima urgencia, inaplazable, sobre todo pensando en su carrera eclesiástica. Los capellanes indefensos me dan una pena que no acierto a disimular.

INCIPIT 942. AL PIE DE LA ESCALERA / LORRIE MOORE


El frío llegó tarde aquel otoño y a los pájaros cantores los cogió desprevenidos. Cuando la nieve y el viento empezaron a ser intensos, demasiados habían sido engañados para quedarse, y en vez de partir hacia el sur, en vez de haber volado ya hacia el sur, estaban acurrucados en los jardines de las casas, con las alas ahuecadas para conseguir un poco de calor. Yo estaba buscando trabajo. Era estudiante y necesitaba trabajo de canguro, de modo que pasé algún tiempo caminando por esos atractivos pero invernales vecindarios, de entrevista en entrevista, al tiempo que inquietantes multitudes de petirrojos picoteaban la tierra congelada, pardogrisáceos y desvalidos -aunque qué pájaro no parece, incluso en las mejores de las circunstancias, algo desvalido. Hasta que un día, hacia el final de mi búsqueda, después de una semana, los pájaros habían desaparecido de forma alarmante. No quise pensar en lo que les había pasado. En realidad, esto no es más que una forma de hablar -una cortesía, una expresión de falsa delicadeza-, pues de hecho no dejé de pensar en ellos, imaginándomelos muertos, en grandes montones, en alguna especie de maizal de la muerte

INCIPIT 941. RETORNO A BRIESHEAD / EVELYN WAUGH


Cuando llegué a las líneas de la compañía "C", en la cima de la colina, me detuve y miré hacia el campamento, que empezaba a perfilarse claramente a mis pies bajo la neblina grisácea de la madrugada. Aquél era el día de la partida. Tres meses antes, cuando llegamos, el paraje estaba cubierto de nieve; ahora asomaban las primeras horas de la primavera. Entonces me había dicho que, cualesquiera que fueran las escenas de desolación que nos esperasen, nunca presenciaría ninguna más brutal que aquel panorama, y ahora me decía que no conservaba un solo recuerdo feliz del lugar.
Aquí, en efecto, acabaron los amores entre el ejército y yo.
Aquí morían también las líneas del tranvía, por lo que los hombres que volvían bebidos de Glasgow podían dormitar en los asientos hasta que les despertara el final del trayecto. Quedaba un buen trecho entre el terminal del tranvía y las puertas del campamento: un cuarto de milla en el que los soldados podían abrocharse la guerrera y enderezarse la gorra antes de pasar por el cuerpo de guardia; un cuarto de milla en el que el cemento se convertía en hierba al borde de la carretera. Era el límite de la ciudad, donde terminaba el territorio cerrado y homogéneo de las urbanizaciones y los cines y empezaba el campo.
El campamento se encontraba en tierras que muy poco antes habían sido de pasto y de labranza; la granja seguía de pie en un repecho de la colina y allí habíamos instalado las oficinas del batallón; la hiedra sostenía aún lo que quedaba de los muros de un huerto de frutales; ahora el vergel se reducía a medio acre de viejos árboles mutilados detrás de los lavaderos. El lugar estaba predestinado a desaparecer incluso antes de que llegara el ejército. Un año más de paz y no hubiera quedado ni granja, ni muros, ni manzanos.

LADY MARCHMAIN

Retorno a Brideshead, Evelyn Waugh, p. 50

¿Cómo se las arregla lady Marchmain? Es uno de los grandes interrogantes de la época. ¿La has visto? Muy, muy hermosa. Nada artificial: nada más que su cabello empieza a volverse gris en elegantes mechones plateados. Nada de carmín. Muy pálida, unos ojos enormes: es  extraordinario lo grandes que parecen y que tenga los párpados cubiertos de venas azules, pues cualquier otra persona les habría aplicado un toquecito de pintura. Perlas y algunas grandes alhajas en forma de estrella, objetos de herencia engastados en antiguas monturas, y una voz tan suave como una oración e igualmente poderosa. Lord Marchmain ... bueno, algo  entrado en carnes quizá, pero muy atractivo, un magnífico sibarita, byroniano, aburrido, de una indolencia contagiosa, todo lo contrario del tipo de hombre a quien uno imagina fácilmente humillado. Y aquella monja de Reinhardt le ha destrozado totalmente, querido. No se atreve a asomar su enorme cara morada por ninguna parte. Es el último caso auténtico e histórico de alguien acosado por la sociedad. Brideshead se niega a verle, a las chicas no se les permite, Sebastian sí le visita, naturalmente, porque es tan encantador ... Nadie más se acerca a él. Fíjate, el pasado mes de septiembre lady Marchmain se hospedaba en el Palazzo Fogliere de Venecia. A decir verdad, allí resultaba un poquitín ridícula. Nunca se acercaba al Lido, claro, pero siempre estaba navegando por los canales en góndola, con sir Adrian Porson ... Qué ínfulas, querido ... Parecía madame Récamier. Una vez me crucé con ellos y el gondolier de los Fogliere, a quien yo conocía, por supuesto, me guiñó el ojo, querido, pero de una manera ... Ella acudía a todas las fiestas vestida con una especie de crisálida de finísima seda, como si fuera una actriz celta o una heroína de Maeterlinck; e insistía en ir a la iglesia. Bueno, como sabes, Venecia es precisamente la ciudad de Italia donde nadie ha ido jamás la iglesia. En fin, que quedó bastante en ridículo, y entonces, ¿quién aparece en el yate de los Malton? El pobre lord Marchmain. Había alquilado un pequeño palacio, pero ¿tú crees que le dejaron entrar? Lord Malton les puso a él y a su valet en una lancha, querido, y le obligó, sin más, a tomar el vapor para Trieste. Ni siquiera iba acompañado de su amante. Ella estaba pasando sus vacaciones anuales. Nadie averiguó jamás cómo se enteraron de que lady Marchmain estaba en Venecia. ¿Y sabes una cosa? Durante una semana lord Malton se portó de una manera furtiva, como si fuera él quien hubiese caído en desgracia. Y, en efecto, había caído. La principessa Fogliere dio un baile y no invitó a lord Mal ton ni a nadie de su yate, ni siquiera a los de Pañoses. ¿Cómo se las arregla lady Marchmain? Ha convencido al mundo entero de que lord Marchmain es un monstruo.¿ Y cuál es la verdad? Que estuvieron casados unos quince años, creo, y entonces lord Marchmain se fue a la guerra. Nunca volvió y se unió a una bailarina de singular talento. Existen miles de casos similares. Ella se niega a concederle el divorcio porque es muy piadosa. Bueno, de eso también ha habido precedentes. Por regla general, esta situación provoca simpatía hacia el adúltero, pero en el caso de lord  Marchmain no es así. Podrías pensar que el viejo calavera la había  torturado, robado su patrimonio, echado de casa, comido a sus hijos asados y rellenos, que se había ido de juerga engalanado con todas las flores de Sodoma y Gomorra; y en vez de eso, ¿qué hizo? Engendró cuatro hijos espléndidos, le dejó el castillo de Brideshead y Marchmain House, en St. James, y todo el dinero que podría necesitar para sus gastos, mientras él cenaba tranquilamente en Larue, con su pechera inamaculada, en compañía de una atractiva dama de teatro de mediana edad, al estilo eduardiano más convencional del mundo.

INCIPIT 939. INCOGNITO / DAVID EAGLEMAN


HAY ALGUIEN EN MI CABEZA, PERO NO SOY YO
Mírese bien en el espejo. Detrás de su magnífico aspecto se agita el universo oculto de una maquinaria interconectada. La máquina incluye un complejo andamiaje de huesos entrelazados, una red de músculos y tendones, una gran cantidad de fluidos especializados, y la colaboración de órganos internos que funcionan en la oscuridad para mantenerle con vida. Una lámina de material sensorial autocurativo y de alta tecnología que denominamos piel recubre sin costuras su maquinaria en un envoltorio agradable.
 Y luego está su cerebro. Un kilo doscientos gramos del material más complejo que se ha descubierto en el universo. Éste es el centro de control de la misión que dirige todas las operaciones, recogiendo mensajes a través de pequeños portales en el búnker blindado del cráneo.
Su cerebro está compuesto por células llamadas neuronas y glías: cientos de miles de millones. Cada una de estas células es tan complicada como una ciudad. Y cada una de ellas contiene todo el genoma humano y hace circular miles de millones de moléculas en intrincadas economías. Cada célula manda impulsos eléctricos a otras células, en ocasiones hasta cientos  de veces por segundo. Si representara estos miles y miles de billones de pulsos en su cerebro mediante un solo fotón de luz, el resultado que se obtendría sería cegador.

INCIPIT 940. HISTORIAS DEL AMPURDAN / JOSEP PLA


OTOÑO EN CALELLA DE PALAFRUGELL
Este año ha sido brusco e inesperado el paso del verano al otoño. Una noche de lluvia y de viento ha cambiado todo el aspecto y el color de la tierra y del mar. También ha cambiado el olor. El otoño es la estación de los buenos olores. En estas noches tan estrelladas, tan ligeramente brumosas, un poco humildes, campos y árboles huelen a almendras tiernas, a picante hoja de menta. Ahora da gusto ir por las tardes al campo. Las viñas se van dorando, los pinares tienen una capa espesa de color verde oscuro, los olivares se nimban de un tono gris aéreo y plateado, los rastrojos van tomando un color rojizo granulado. Todo el paisaje cabría entre una jarra de miel y una botella de ron.
Paseando, se oyen, de tarde en tarde, los chillidos de un grupo de chicos y el lento crujir de un carro en una rambla, el ladrido de un perro, la violenta detonación seguida de una irisada espiral de humo blanco del arma de un cazador. Al llegar la noche cantan los últimos grillos con una tristeza que significa que ya están con el agua al cuello, y las aves nocturnas vuelan en el aire espeso, macilento, mortecino.
En el Ampurdán no posee el otoño el aire báquico y sensual que tiene en otras muchas comarcas o en los centros de cultivo. Al contemplar este paisaje no se podría construir una alegoría otoñal al estilo de los antiguos, con guirnaldas opulentas, cuernos de la abundancia y una tibia Venus de cabeza pequeña y robustas caderas paseándose por un prado ornado de árboles que desgarran un jirón de niebla. El otoño es aquí una cosa serena, lineal, sin dureza, un poco lánguido, que os excita a una melancolía diluida y plácida.

CHARLES RYDER


Retorno a Brideshead, Evelyn Waugh, p. 13
Mientras esperaba en la oscuridad, me horrorizó percatarme de que algo dentro de mí había muerto silenciosamente tras un largo período de deterioro, y me sentí como el marido que, después de cuatro años de matrimonio, se da cuenta de repente de que ya no siente deseo, ni ternura, ni aprecio por la mujer que una vez amó; ningún placer por su compañía, ningún  interés en gustarle, ninguna curiosidad por nada que ella pudiera hacer, decir o pensar; ninguna esperanza de que las cosas se arreglen, ningún sentimiento de culpa por el desastre. Y o conocí todo esto, el triste compás de la desilusión marital; todo eso lo habíamos pasado juntos, el ejército y yo, desde los primeros galanteos intempestivos hasta ahora, cuando ya no nos quedaban más que los fríos lazos de la ley, del deber y de la costumbre. Y o había representado todas las escenas del drama conyugal, había visto cómo las primeras rencillas se hacían cada vez más frecuentes, cómo las lágrimas afectaban menos, cómo las reconciliaciones eran menos dulces, hasta que todo ello engendraba un sentimiento de despego y de crítica fria, y la creciente convicción de que el culpable no era yo sino la amada. Percibía las discordancias de su voz y aprendí a escucharlas con recelo; capté la incomprensión tajante y resentida que se leía en sus ojos y el rictus obstinado y egoísta de la comisuras de sus labios. Aprendí todo aquello de la misma manera que se aprende de una mujer con la que se ha compartido la casa, un día sí y otro también, durante tres años y medio; aprendí sus hábitos de desaliño, descubrí lo rutinario y mecánico de sus encantos, conocí sus celos y su egoísmo. El encantamiento había terminado y ahora la veía como una antipática desconocida con la que me había unido indisolublemente en un momento de locura.

TEDIO


Historias del Ampurdán, Josep Pla, p.8
A media mañana hemos tenido que encerrarnos en casa otra vez. Se ha puesto a llover más fuerte. La gente dice que esta lluvia es muy buena y que nacerán setas. La mejor es la que llaman ou de reig y se encuentra en los alcornocales. Posee una carne tierna, gruesa, viscosa. Es excelente a la parrilla. La acuosidad densa de la atmósfera, que presta morosidad al cuerpo y al pensamiento, es propicia a la aparición de setas y a su germinación rápida.
A los marineros no les dice nada este tiempo. De todos modos, les gusta tener un pretexto para estarse todo el día en el café jugando a los naipes o para permanecer semitumbados bajo los porches viendo caer las burbujas de la lluvia sobre el mar. Para un marinero, la pereza es una cosa sólida, dulce y suave. En realidad, la somnolencia producida por el aburrimiento bien administrado es su ideal.
Yo creo que este estado de ánimo del hombre de mar ante las cosas es un estado realmente superior. Cuando un hombre llega a uno de estos pueblecitos, la falta de pretextos para matar rápidamente el tiempo produce un estado de exasperación, una tensión nerviosa qué, vista desde fuera, debe parecer grotesca. Después, el hombre entra en una fase de morbosa añoranza que ataca los músculos del movimiento y produce una gran pereza, haciendo desear vivir en una posición horizontal. Pero luego se reacciona -yo conozco todas las delicias de ese estado- y se encuentra entretenimiento en la cosa más nimia. El cansancio producido por este entretenimiento con cualquier pequeñez es delicioso, paradisíaco. El tedio, cristianamente aceptado, es inefable.

CEREBROS


Incógnito, David Eagleman, p. 122
Es posible que algunos hombres sientan una inclinación genética a tener y mantener una sola pareja, y que otros no. En un futuro próximo, las jóvenes que estén al tanto de las publicaciones científicas podrían exigir pruebas genéticas a sus novios para evaluar la probabilidad de que se conviertan en maridos fieles.
Recientemente, los psicólogos evolutivos han comenzado a ocuparse del amor y el divorcio. No les ha llevado mucho tiempo observar que cuando las personas se enamoran, existe un periodo de hasta tres años de duración en el cual el ardor y la pasión alcanzan un punto máximo. Las señales internas del cuerpo y el cerebro son literalmente una droga amorosa. Y entonces comienza a declinar. Desde esta perspectiva, estamos preprogramados para perder interés en una pareja sexual después de que haya pasado el tiempo necesario para criar un hijo, que es, de media, unos cuatro años. La psicóloga Helen Fisher sugiere que estamos programados igual que los zorros, que mantienen un vínculo de pareja durante la época de cría y permanecen juntos el tiempo suficiente para criar a su retoño, y luego se separan. Al investigar el divorcio en casi sesenta paises, Fisher ha descubierto que éste es mucho más frecuente más o menos cuatro años después del matrimonio, algo coherente con su hipótesis. Desde su perspectiva, la droga del amor, generada internamente, no es más que un mecanismo eficiente para que los hombres y las mujeres permanezcan juntos el tiempo suficiente para aumentar la probabilidad de supervivencia de sus hijos. Dos progenitores son mejor que uno para la supervivencia, y la manera de conseguir esa seguridad es convencerlos para que permanezcan juntos.
Del mismo modo, los ojos grandes y las caras redondeadas de los bebés nos parecen una monada no porque posean una «monería” natural, sino por la importancia evolutiva de que los adultos cuiden de los bebés. Las líneas genéticas que no encontraron monos a sus bebés ya no existen, porque no los cuidaron debidamente. Pero los supervivientes como nosotros, cuyo umwelt mental nos impide no encontrar monos a los bebés, criamos con éxito a nuestros hijos para que formen la próxima generación.

(Toros contra caballos)


De algunos animales, RS Ferlosio, p. 94
Tengo entendido que los primeros escandalizados ante la crueldad de las corridas de toros no fueron ni los catalanes ni los castellanos sino los ingleses, y no por la gente y la muerte del toro sino por las de los caballos. No hay ni que decir lo que para un inglés es un caballo. En el entresiglo XIX-XX los ingleses tenían buenas razones para venir a España, tal vez aún poco turísticas, pero sí industriales y mineras: sobresalen al norte la producción de hierro y al sur las minas de cobre de Río Tinto. En el invierno de 1956 tuve la suerte de pasar diez días en el precioso Hotel Victoria, de Ronda, todavía en su forma prístina -victoriana, como su nombre indica- y no en la detestable remodelación posterior. Seguramente construido para los ingleses que frecuentaban Gibraltar, fue a situarse precisamente en Ronda, con su famoso “tajo”, un verdinegro abismo vertical que la divide en dos, aunque con tres puentes, el más alto de ellos, en la cota superior de la ciudad. Pero Ronda era además una antigua y célebre ciudad taurina, con la primera plaza levantada sobre planos de arquitecto, muy arrimada al “tajo” y con el propio Hotel Victoria en sus proximidades. Lóbrega fama la de aquella plaza: a los caballos muertos por el toro los sacaban hasta el borde del barranco y los precipitaban vertiginosamente al fondo del abismo, cien metros más abajo, donde servían de pasto a las aves carroñeras. ¡Virgen Santísima!, ¡qué pesadilla de caballos muertos para una dama inglesa hospedada en el Hotel Victoria!
Muy distintos motivos y circunstancias, y desde luego totalmente remotos a la compasión, fueron los que removieron la “cuestión caballos” entre los taurinos nacionales. Hubo una época, creo que fijada desde una ordenanza de 1846, en que el ministerio obligaba al empresario de cualquier corrida ordinaria corriente de seis toros a tener dispuestos en la cuadra hasta cuarenta caballos para la suerte de varas; de modo que cada toro tenía asegurados seis caballos que matar, y todavía quedaban cuatro por si alguno no se había saciado con su cupo.

DEL HOMBRE


De algunos animales. RS Ferlosio
El don de la palabra hizo que el hombre se expatriara para siempre de la naturaleza; por eso la artificiosa y fraudulenta invocaci6n de la naturaleza, de una «armonía natural”, para fundamentar la economía, ha terminado por convertir al hombre en un producto de la publicidad, que se le ofrece por teatro y por espejo en que fingirse, exhibirse y contemplarse, haciendo de él un animal falsificado; una figura cabalmente inversa, pero no menos ridícula o sangrantemente degradante, a la de un chimpancé de circo en camiseta y con gorra de visera o la de un oso de zíngaro bailando a son de pandereta o aun la del mismo aleccionado y malhablado loro de la barbería.

INCIPIT 938. RIESGOS DE LOS VIAJES EN EL TIEMPO / JC OATES


No hubiesen venido a buscarme, pero, ingenuamente, hice que se fijaran en mí. Me atreví, adrede, a hacer lo que no tenía que haber hecho.
Utilicé mi libre albedrío pero con un cálculo erróneo. O, más bien, sin calcular: sin pensar. Por vanidad y estupidez; y ahora estoy perdida.
A veces, de rodillas, en una postura de oración, soy capaz de atravesar la «barrera del censor”> ... Soy capaz de recordar ... ¡Pero me duele tanto la cabeza! Es un esfuerzo titánico: algo así como luchar contra la gravedad en Júpiter.
Por mi condición de Exiliada tengo prohibido hablar con nadie de mi sentencia o de mi vida antes del Exilio, así pues mi soledad es doble.
Aunque pocas veces me falta compañía en este sitio extraño, me siento muy sola y no estoy segura de poder perseverar. Mi condena es de «solo» cuatro años. Podría haber sido «perpetua».
O podría haber sido Aniquilación.
De rodillas noche tras noche, mientras me esfuerzo por recordar, por recuperar mi antiguo yo, perdido, trato de sentirmne agradecida por que mi condena no haya sido Aniquilación.
 Y también trato de agradecer que no detuvieran además a alguien de mi familia como colaborador/facilitador de la Traición.

INCIPIT 937. INCOGNITO / DAVID EAGLEMAN


HAY ALGUIEN EN MI CABEZA, PERO NO SOY YO
Mírese bien en el espejo. Detrás de su magnífico aspecto se agita el universo oculto de una maquinaria interconectada. La máquina incluye un complejo andamiaje de huesos entrelazados, una red de músculos y tendones, una gran cantidad de fluidos especializados, y  la colaboración de órganos internos que funcionan en la oscuridad para mantenerle con vida. Una lámina de material sensorial autocurativo y de alta tecnología que denominamos piel recubre sin costuras su maquinaria en un envoltorio agradable.
Y luego está su cerebro. Un kilo doscientos gramos del material más complejo que se ha descubierto en el universo. Éste es el centro de control de la misión que dirige todas las operaciones, recogiendo mensajes a través de pequeños portales en el búnker blindado del cráneo.
Su cerebro está compuesto por células llamadas neuronas y glías: cientos de miles de millones. Cada una de estas células es tan complicada como una ciudad. Y cada una de ellas contiene todo el genoma humano y hace circular miles de millones de moléculas en intrincadas economías. Cada célula manda impulsos eléctricos a otras células, en ocasiones hasta cientos de veces por segundo. Si representara estos miles y miles de billones de pulsos en su cerebro mediante un solo fotón de luz, el resultado que se obtendría sería cegador.

(Lobos no tan feroces)


De algunos animales, RS Ferlosio, p.71
La milenaria propaganda infamatoria -promovída, sin duda, primordialmente por el gremio de los pastores- contra el lobo, cuya figura ha llegado a constituirse en paradigma universal del malo, ha sido de una eficacia sólo comparable con la que los romanos proyectaron contra los cartagineses -que desde entonces vienen arrastrando pareja mala fama entre todos los pueblos civilizados de la historia-, siendo así que lo más cierto es que el lobo, al igual que todo el resto de los cánidos, y en contraposición, por ejemplo, a los felinos, es uno de los animales más dulces y más capaces de amor hacia sus semejantes y sus desemejantes de entre todos cuantos están catalogados en los registros de la zoología. Y manifestación de ello considero el hecho, tan resaltante, de que en la nómina de los casos conocidos de niños adoptados, criados y educados por algún animal no sea otro que el lobo el que por aplastante mayoría cubre el papel de animal adoptante. ¿Y cuántas veces no hemos visto en los periódicos alguna perra a cuyas tetas aparece agarrado no un perrito sino un cerdito, un gatito, etcétera? Por el contrario, frente a lo que en un primer momento esperaríamos, esa nómina está bien lejos de apoyar con datos de experiencia el mito de Tarzán (mito, dicho sea de paso, de lo más idiota y más falto de imaginación que se haya conocido, tanto en la originaria invención novelesca de Edgad Rice Burroughs corno en los ulteriores traslados cinematográficos, a cuyo inexplicable éxito de público debieron de contribuir en gran medida los especiales atractivos anatómicos de Johnny Weissmüller), ya que ninguno de los cuatro grandes monos antropoides -gorila, orangután, chimpancé y gibón- prestigia su propia especie apareciendo siquiera con un solo caso entre los animales adoptantes.

(El rabo de los perros)


De algunos animales, RS Ferlosio, p.43
Cualquier perro alcanza pronto la más sensible receptividad para cualesquiera indicios expresivos de la actitud afectiva que en cada momento y en cada circunstancia pueda tener el amo con respecto a él, al que comprende igual de bien, si no mejor, que a otro individuo de su propia especie. La excepcional compenetración afectiva y comunicación expresiva que se da entre el hombre y el perro llega hasta el extremo de que éste sabe distinguir entre un reproche hecho en firme y en serio y un reproche en que una leve inflexión de broma da a entender cierta predisposición a la indulgencia, como lo demostraría en su peculiar actitud ante una frase como «¿De dónde vienes tú ahora, sinvergüenza?”, ante la cual ni se intimida del todo, ni se lanza a saludar con la despreocupada y confiada cordialidad que suele, sino que se mantiene en un prudencial término medio de circunspecta timidez, que no excluye el tantear y tentar, al mismo tiempo, la buena disposición del amo, con apenas iniciados avances de reconciliación: ese rabo, que en parte está metido entre las piernas y en parte está moviéndose, aunque sólo por la punta y con una oscilación muy atenuada, no parece, en su ambivalencia, sino el correlato expresivo y afectivo más exacto que pueda imaginarse de la inflexión, mezcla de broma y de reproche, de la frase de su amo y de la actitud afectiva que comporta, hasta el punto de que nos hace sospechar de si no estará también el perro jugando al oficioso rito sentimental de los falsos enfados y las reconciliaciones teatrales.

PADRES E HIJOS


Fin, KO Knaugard, p. 332
La relación entre padres e hijos se puede comparar a la que existe en los aeropuertos entre aduaneros y pasajeros; los aduaneros ven llegar a los pasajeros por la sala de llegadas a través de una ventana y pueden seguir con la mirada todo lo que hacen, mientras que los pasajeros, mirando a la misma ventana desde el otro lado, sólo se ven a ellos mismos. Un niño no puede aprender nada de sus padres, lo mejor que puede esperar es no repetir sus errores. Mi padre escribió en el diario que él había pegado y que le habían pegado. Una afirmación de esta clase es, si es que es algo, un argumento en contra de la idea de que el ser humano es una criatura racional, dirigida por la razón. Si él vivió como algo doloroso el hecho de que de niño le pegaran, ¿por qué entonces pegó él también? Tal vez sea la capacidad de compasión, la capacidad de entender que los demás sienten como uno mismo, y que esos sentimientos pueden ser tan importantes y ser tratados con la misma seriedad que los de uno mismo, la que se ha destruido. Al principio, uno está cerca del mundo, creo, pero si la confianza se rompe, uno busca refugio muy dentro de sí mismo, como aislado de lo que ocurre fuera, y esa distancia que entonces se establece será difícil de vencer. Pero una relación así, entre agravios en la infancia y muy alejada del mundo en la personalidad más adelante, sólo queda evidente como razonamiento en el sistema en el que rigen las reglas del mismo, no en la realidad, que está abierta y carece de líneas. Cuando yo aborrezco la intimidad y toda clase de reacciones emocionales, y en todas mis relaciones antes o después he ido buscando lo neutro, lo comedido, lo despejado, no es que ese aborrecimiento sea irreal, un síntoma de que se ha roto la relación con el padre o la madre. No, si yo aborrezco la intimidad y las reacciones emocionales es porque realmente aborrezco la intimidad y las reacciones emocionales, no quiero nada de eso, no quiero estar cerca de eso, y la distancia que entonces anhelo es un bien, a veces casi el mayor bien de todos. El deseo sexual es el único que elimina la necesidad de límites, sólo en él soy capaz de sobrepasar el miedo a la intimidad y la necesidad de distancia, y acercarme a otra persona.

BEBIDA


Fin, KO Knausgard, p.331
Es fácil ser rico para el que tiene mucho dinero, es fácil ser bueno para el que es íntegro, pero para los otros, que no son íntegros, la bondad ni les cabe en el horizonte, quizá ni siquiera haya ningún horizonte, ningún arriba, ningún abajo, nada bueno, nada malo, sólo ira, dolor o tedio, porque algo dentro de ellos está roto, realmente jodido, están envueltos en toda clase de sentimientos imprevisibles y su vida es algo por lo que están luchando de espaldas al mundo, si no se han resignado ya. Hay muchos que luchan por la vida, otros tantos que se han resignado, y el resto, los que no conocen el dolor o la ira, están sentados viendo la televisión y disfrutando con su propia bondad. Cuando pienso en ello, en qué hemos convertido el mundo, en un gran salón en el que estamos mirando fijamente lo que hacen otras personas, pienso en lo que dijo mi padre en una ocasión, ardiente de ironía, estando con la barbacoa en el jardín, él, mi madre y yo, la encarnación misma de la felicidad y el bienestar. ¡Ahora sí que estamos bien! ¿A que sí? Y cuando pienso en ello pienso que él hizo lo correcto. Al diablo la sensatez, al diablo todo, beberé hasta caer de bruces. Beberé hasta entrar en la niebla, beberé hasta entrar en la oscuridad, beberé hasta entrar en el vacío, porque el vado será vencido por el vado. Bebo y me caigo, me caigo y bebo. Todo está jodido, todo es una mierda, las personas son idiotas, al infierno con ellos, bebo hasta ser más tonto que ellos. Todos son insignificantes y yo bebo hasta volverme más insignificante que ellos. Porque mientras bebo y me hago cada vez más insignificante, mi sombra en la pared se hace cada vez más grande, hasta el momento en que me muera y me quede sentado en el sillón con la nariz rota y sangre en la cara y en la pechera, cuando yo no soy nadie y mi sombra lo es todo.

MARQUISMO


Fin, KO Knausgard, p. 274
Eso ocurría con casi todo. Sabía qué sofás emitían estas o aquellas señales, lo mismo ocurría con teteras y tostadores, zapatillas de deporte y mochilas escolares. Incluso deberla saber evaluar más o menos bien las tiendas de campaña, en relación con la clase de señales que emitían. Estos conocimientos no estaban escritos en ninguna parte, y apenas eran aceptados como tales, eran más bien una constatación del estado de las cosas, y fluctuaban según las capas sociales, de manera que alguien que pertenecía a la clase alta podia reprobar mis conocimientos y preferencias en cuanto a sofás, de la misma manera que yo podia reprobar el gusto en sofás de personas que pertenecían a grupos sociales más bajos que el mío, no menospreciándolas a ellas como personas, porque eso jamás se me ocurriría, sino a sus sofás. A lo mejor ni siquiera lo diría, ya que no quiero parecer prejuicioso, pero lo pensaría, Dios mío, qué sofá tan horrible. Estos conocimientos de casi todas las marcas y su importancia práctica y social eran enormes, y alguna que otra vez pensaba que en la forma no diferlan mucho de los conocimientos que tenían los llamados pueblos naturales en sus tiempos, que no sólo conocían el nombre de cada planta, árbol o arbusto de su entorno, sino también sus propiedades y qué uso podían darle, o esos conocimientos que poseían las personas de nuestra civilización hace sólo unas generaciones, por ejemplo en el siglo XVIII, cuando la mayoria también sabia el nombre de todas las plantas y árboles de su entorno, y el nombre de todas las personas que vivían en su mismo pueblo, tanto de los vivos de todas las familias como de los muertos de las últimas generaciones, y el nombre de todos los lugares pequeños y grandes de las cercanías. Y obviamente también conocían el nombre de las herramientas que empleaban, de las tareas que les concernlan y de todos los animales y rodas las partes y órganos de los animales. Estos conocimientos no eran nada sobre lo que pensaban, nada que exhibian, porque no sabian que existían, tan íntimamente relacionados con ellos estaban. Lo mismo ocurre con la enorme cantidad de conocimientos que poseemos, por ejemplo, de la diferencia entre una mostaza fuerte o una mostaza suave, una salchicha asada en la barbacoa o frita, una salchicha con queso dentro o con beicon alrededor, pan o torrija, cebolla cruda o frita en la gasolinera, o sobre la diferencia entre las distintas clases de mostaza de un supermercado, como mostaza francesa tipo Dijon, la Colman's inglesa o la mostaza de Escania, por no mencionar los vinos, culturalmente tan expresivos y socialmente tan saturados de significado. Tampoco pensarnos en los conocimientos necesarios para pasar un día, no los vemos, forman parte de nosotros, del ser que somos. Ése es nuestro mundo: Blaupunkt, no anémona azul. Rammstein, no rábano. Rover, no roble.

LA MIRADA


Fin, KO Knausgard, p. 329
En un diario que encontramos entre sus cosas después de su muerte, escribió sobre «la persona solitaria». Afirmaba que sabía distinguir la persona solitaria de otras personas, y era obvio que se consideraba a sí mismo una de ellas. También escribió sobre el trato en culturas de más al sur, que era más incluyente y social que el escandinavo, y no se podía leer más que como una expresión de que él anhelaba esa clase de vida. El hecho de que empezara a beber también tendría que ver con eso. Libertad, ausencia de ataduras, comunidad. La diferencia más radical en su vida antes y después de dejar nuestra familia fue, aparte del consumo de alcohol, toda esa vida social y toda esa gente que de repente formaban parte de su vida. Fue un nuevo comienzo, un último intento, pero el alcohol no era sólo una bendición, un regalo de  gracia, porque al poco tiempo sentía deseos de beber nada más levantarse, o no deseos, era más bien una necesidad, algo a lo que se veía obligado. Durante los fines de semana bebía desde que se levantaba hasta que se acostaba, los días de diario al principio conseguía refrenarse, no bebía por la mañana, luego empezó a volver a casa a la hora del almuerzo para beber un poco y seguía bebiendo toda la tarde, cada vez le costaba más resistirse, y al final, tras muchos años, se dio por vencido y lo mandó todo a la mierda. Pero todo empezó abajo, en su estudio, su necesidad de soledad, de mantener a distancia el mundo cercano, imposible de combinar con su anhelo de una vida social, era algo que no pudo reconocer o admitir hasta cerca del final, cuando de todas formas todo estaba perdido. Se metió en un túnel, el mundo se le fue estrechando y lo perdió todo, también a causa de una delirante agresividad y destructividad, según tengo entendido, que al final dirigió hacia dentro de él, y así se derrumbó, completamente fuera de la sociedad, de vuelta en esa casa donde todo empezó, a solas con su madre, en una continua corriente de bebida. El sacerdote que lo enterró dijo algo que nunca olvidaré. Lo importante es fijar la mirada, dijo. Lo importante es fijar la mirada.Lo importante es fijar la mirada.

GRECIA


Fin, KO Knaugard, p. 319
Por esa razón la Antigüedad griega ha sido un punto de referencia en la civilización occidentaldurante más de dos mil años y sigue siéndolo; en ella se formaron muchas de nuestras ideas sobre el mundo y los seres humanos. La historiografía, la filosofía, la política, las ciencias naturales; todo viene de ella. Lo único en nuestra cultura que no viene de ella es la religión, que es judía, y la máquina, que es nuestra. No es de extrañar que una cultura tan magistral como la griega, con todas sus innovaciones teóricas, mirase con cierto desprecio la religión, pero que con su gran capacidad para la artesanía se mostrase tan indiferente ante la tecnología si resulta extraño, al menos a primera vista. Pero si se acepta la idea de Arendt de que buscaban la libertad en lo público, y alli encontraron lo verdaderamente humano, en aquello que podía exhibirse ante todo el mundo, mientras que en todo lo que tenia que ver con el sustento, relacionado con las necesidades materiales de las personas, vieron falta de libertad y necesidad, resulta fácil entender su inexistente interés por la mecánica, la tecnología y las habilidades prácticas en general. Los griegos inventaron la democracia, pero fueron incapaces de imaginarse el váter. Igual de notable resulta el hecho de que los que inventaron la historia no conocieran el diario. Pero tampoco se puede decir que todo lo referente al hogar quedara en la sombra como si fuera una especie de zona de la realidad no expresada, y que sólo lo que ocurría en público tuviera validez por ser formulado a todo el mundo, porque también lo privado tenia su escenario en la Antigüedad: el drama, o mejor dicho, la comedia, que se ocupaba de lo bajo y se basaba en reconocerse. La libertad que se encuentra en la risa es muy distinta a la que se encuentra en la exhibición de virtudes, y quizá por eso Arendt no lo menciona, porque no intenta alcanzar nada, no crea nada, no cambia nada, no destaca nada, sólo existe para el momento y no tiene otra intención que hacerlo soportable.

NORUEGA


Fin, KO Kanusgard, p. 220
Acababa de publicarse un estudio que mostraba que entre los alumnos de la escuela sueca las diferencias no habían sido nunca tan grandes como ahora. La brecha entre los alumnos más competentes, para quienes el futuro se muestra prometedor, y los alumnos más flojos, a los que al parecer les espera una vida alejada de las zonas del poder y de la riqueza, aumenta de año en año. La tendencia del estudio es más clara que el agua: los alumnos más aventajados son los que provienen de familias suecas, los más flojos son los que provienen de familias de inmigrantes. Porque aunque se pretende evitar ofender a personas de otras naciones y otras culturas, yendo hasta el extremo de borrar todo lo que sea sueco, sólo ocurre en el mundo de los símbolos, en el mundo de la bandera y el himno; el mundo real, en cambio, muestra que todos los que no pertenecen a la clase media sueca, enemiga de las diferencias, son oprimidos y marginados: la mayoría de los inmigrantes en Malmü, tan bienvenidos, viven en pisos miserables de barrios que parecen guetos en las afueras, donde el paro es grande y las perspectivas de futuro oscuras. También ocurre que a la clase media, tan hostil a las diferencias, no le gusta mucho que sus hijos vayan a los colegios a los que van los hijos de los inmigrantes, con lo que aumenta aún más la segregación, que se traspasará a la slguiente generación. Muchos niños inmigrantes tienen padres sin ninguna formación, y lo que la escuela sueca consideraba antes esencial,  es decir, suprimir las diferencias, dando las mismas posibilidades a los aventajados que a los menos dotados, ya se ha eliminado como con el resultado de que los que tienen reciben y los que no no reciben. La igualdad en Suecia tiene lugar en la clase media, la que se está igualando; fuera de la clase media, la igualdad sólo en el lenguaje, que es elaborado por esa misma clase. En Suecia más grave que algo ocurra en el lenguaje a que ocurra en la El que rija una moral en el lenguaje y otra en la realidad es lo antes se llamaba doble moral.

ELPENOR


Fin, KO Knausgard, p. 154
El nazismo fue el último gran movimiento político utópico que ha existido, y el que resultara destructivo en casi todos los sentidos ha hecho que todo pensamiento utópico posterior sea problemático, por no decir imposible, no sólo en la política, sino también en el arte, y como el arte en su esencia es utópico, desde entonces está en crisis, es decir, siempre está haciendo examen de conciencia, siempre resulta sospechoso, algo que muestra la novela de Handke y casi todas las novelas escritas por autores de su generación. ¿Cómo representar la realidad sin conferirle algo que no tiene? ¿Qué es lo que «tiene» y no «tiene>>? ¿Qué es real, qué es no-real? ¿Dónde está el límite entre lo escenificado Y lo no escenificado? ¿Existe tal límite? ¿El mundo es algo más que las ideas que tenemos de él? La lengua no tiene vida en sí, no está viva por si misma, la evoca, y la verdadera escena original, la base de la literatura creadora, se encuentra en la Odisea, cuando Odiseo y su tripulación atracan en el río Océano, después de haber estado visitando a Circe, y Odiseo invoca a los muertos en la playa. La sangre corre oscura dentro del agujero y las almas muertas empiezan a reunirse alrededor. Odiseo ve chicas jóvenes vestidas de novia, jóvenes guerreros con armaduras ensangrentadas y hombres viejos, sus gritos son aterradores, el miedo lo invade. El primero al que identifica es a Elpénor, que murió en el palacio de Circe y no fue enterrado. Cuenta su historia que se emborrachó, se cayó del tejado, se rompió el cuello y murió. El siguiente con quien habla Odisea es Tiresias, el adivino que presagia el futuro, y luego está su propia madre, que bebe sangre y reconoce a su hijo y cuenta cómo murió. Odisea quiere abrazarla, se acerca tres veces a ella, tres veces ella huye de él, como un sueño o una sombra. Cuenta que los tendones ya no mantienen unidos la carne y los huesos, la pira funeraria ha convertido su cuerpo en cenizas, lo único que queda es el alma, que ondea por todas partes. La literatura invoca al mundo como Odisea invoca a los muertos, y sea cual sea la manera de hacerlo, la distancia es siempre insalvable y las historias son siempre las mismas. Un hijo pierde a su madre hace tres mil años, un hijo pierde a su madre hace cuarenta años. El que una historia sea ficción y la otra realidad no cambia el parecido fundamental, ambas surgen del lenguaje, y con esa perspectiva, todos los esfuerzos por parte de Handke de evitar lo literario son en vano, no hay nada en su descripción de la realidad que sea más real que la de Homero. Pero tampoco es eso lo que busca.

DEL SUFRIMIENTO


Fin, KO Knausgard, p. 231
-En los años noventa tuvieron problemas con los elefantes en África -dije-. No sé si había demasiados o qué pasaba, pero lo cierto es que el gobierno puso en marcha un programa. Mataron a tiros a todos los elefantes adultos, capturaron a las crías y las trasladaron a otra región del país. Esos elefantes son ya adultos, y están muy traumatizados. Son agresivos, fieros y asociales. Todos tienen síntomas de trastorno postraumático, lo que significa que son sensibles. Vieron morir asesinados a sus padres, y los elefantes reaccionan siempre cuando muere alguno de la manada, están fuera de sí, se pasan varios días dando vueltas en torno al lugar donde se encuentra o se encontraba el elefante muerto. También son muy sociales, de modo que cuando las crías vieron morir a sus padres y luego fueron trasladadas solas a otra región, se desequilibraron. No están bien. Están enfadados y son destructivos.
-¿Y qué quieres decir con eso? ¿Que soy sensible aunque mi piel sea gruesa? ¿O que una infancia traumática deja huellas para siempre en la vida, ya seas un elefante o una cabra de Tromoya?
-Ni lo uno ni lo otro. Simplemente se me ocurrió. Me impresionó. Y pensé que podría interesarte, puesto que has escrito sobre trastornos de estrés postraumático.
-Resulta demasiado delicado para mi gusto. Y tampoco estoy del todo seguro de que el hecho de que los elefantes también lo sufran haga que el fenómeno sea más o menos importante.
-Más. Es universal.
-Bueno, entonces también limita nuestra libertad de acción. Si los elefantes se traumatizan, también pueden traumatizarse los árboles. Ahí están, deprimidos en el bosque después de que ese bonito árbol que tenían al lado fuera cortado en Nochebuena. Por otra parte, no hay nada que nos diga que no podamos mandarlo a freír espárragos. Como dice Nietzsche, la compasión no hace sino aumentar el sufrimiento en el mundo. En lugar de sufrir uno, sufren dos.

ODISEO


Fin, KO Knausgard, p.154
El nazismo fue el último gran movimiento político utópico que ha existido, y el que resultara destructivo en casi todos los sentidos ha hecho que todo pensamiento utópico posterior sea problemático, por no decir imposible, no sólo en la política, sino también en el arte, y como el arte en su esencia es utópico, desde entonces está en crisis, es decir, siempre está haciendo examen de conciencia, siempre resulta sospechoso, algo que muestra la novela de Handke y casi todas las novelas escritas por autores de su generación. ¿Cómo representar la realidad sin conferirle algo que no tiene? ¿Qué es lo que «tiene» y no «tiene»? ¿Qué es real, qué es no-real? ¿Dónde está el límite entre lo escenificado y lo no escenificado? ¿Existe tal límite? ¿El mundo es algo más que las ideas que tenemos de él? La lengua no tiene vida en sí, no está viva por sí misma, la evoca, y la verdadera escena original, la base de la literatura creadora, se encuentra en la Odisea, cuando Odisea y su tripulación atracan en el río Océano, después de haber estado visitando a Circe, y Odisea invoca a los muertos en la playa. La sangre corre oscura dentro del agujero y las almas muertas empiezan a reunirse alrededor. Odiseo ve chicas jóvenes vestidas de novia, jóvenes guerreros con armaduras ensangrentadas y hombres viejos, sus gritos son aterradores, el miedo lo invade. El primero al que identifica es a Elpénor, que murió en el palacio de Circe y no fue enterrado. Cuenta su historia que se emborrachó, se cayó del tejado, se rompió el cuello y murió. El siguiente con quien habla Odiseo es Tiresias, el adivino que presagia el futuro, y luego está su propia madre, que bebe sangre y reconoce a su hijo y cuenta cómo murió. Odisea quiere abrazarla, se acerca tres veces a ella, tres veces ella huye de él, como un sueño o una sombra. Cuenta que los tendones ya no mantienen unidos la carne y los huesos, la pira funeraria ha convertido su cuerpo en cenizas, lo único que queda es el alma, que ondea por todas partes. La literatura invoca al mundo como Odisea invoca a los muertos, y sea cual sea la manera de hacerlo, la distancia es siempre insalvable y las historias son siempre las mismas. Un hijo pierde a su madre hace tres mil años, un hijo pierde a su madre hace cuarenta años. El que una historia sea ficción y la otra realidad no cambia el parecido fundamental, ambas surgen del lenguaje, y con esa perspectiva, todos los esfuerzos por parte de Handke de evitar lo literario son en vano, no hay nada en su descripción de la realidad que sea más real que la de Homero. Pero tampoco es eso lo que busca.

BENETIANA


Todo es comparable, Oscar Tusquets, p. 179
¡Qué digo hilo! En esas ocasiones me viene a la memoria una anécdota que refería Juan Benet. Benet, aparte de escritor, para algunos excelentísimo, había estudiado y ejercía la Ingeniería de Caminos, Canales y Puertos. Esta formación y experiencia técnica daba a su conversación un aire muy insólito y refrescante en el mundillo literario. Benet recordaba, divertido, cómo en una ocasión un pintoresco catedrático de su época de estudiante comenzó a preguntar, alumno por alumno, sobre las clases diferentes en que se clasificaban los cables. Los interrogados, que no recordaban haber sido instruidos al respecto, improvisaban las más imaginativas especies -según el número de hilos que los formaban, según el material de los mismos, según el tipo de trenzado, según si éste era levógiro o dextrógiro ... -, hipótesis que merecían la taxativa descalificación y alguna broma despectiva por parte del cada vez más irritado cátedra. Después de haber pasado revista a la lista completa de alumnos y de haber demostrado que eran unos zoquetes, el eminente ingeniero, con aire resignado, accedía a explicar: Pero ¿cuántas veces se lo tendré que repetir?, los cables se dividen en ... alambres y cables propiamente dichos.

MEXICAS


La serpiente emplumada, DH Lawrence
Para ella aquellos criados eran la representación genuina de los indígenas. Los hombres siempre juntos, hermosos, erguidos, con sus grandes sombreros, con su impasibilidad de reptil. Las mujeres aparte, suaves, envueltas en sus rebozos. Los hombres y las mujeres siempre se volvían la espalda como si no quisieran enfrentarse. No coqueteaban, no flirteaban, únicamente se advertía de cuando en cuando una mirada rápida de deseo.
Las mujeres, por lo general, procuraban salirse siempre con la suya, dirigir y manejar a los hombres. Y éstos no prestaban gran atención al manejo. Y siempre eran las mujeres las que deseaban a los hombres. Las indígenas solían bañarse en un extremo de la playa, con el pelo suelto y una camisa o una faldilla. Los hombres no se fijaban en ellas. Ni siquiera dirigían la mirada a aquel rincón. No les importaban más que si hubiesen sido unos animalitos que jugueteasen en el agua. Dejaban para las mujeres una parte del lago en la que ellas disfrutaban de libertad y aislamiento.
Las mujeres de los peones iban de un lado para otro envueltas en los rebozos, balanceando las voluminosas faldas, charlando como pájaros. O se sentaban junto al lago con el pelo suelto. O bien paseaban lánguidamente con un cántaro en la cabeza y un brazo en alto sosteniendo el asa. Tenían que acarrear el agua desde el lago a las casas porque no la había canalizada en el pueblo. Los domingos por la tarde se solían sentar a la puerta de la casa y se dedicaban a  espulgarse unas a otras. Las bellezas más lucidas, las que tenían el cabello más negro y más rizado, eran precisamente las que se espulgaban con más cuidado. Parecía un verdadero rito.
Los hombres eran las figuras preeminentes, los que dominaban. Por lo general se reunían en grupos, en silencio o hablando pausadamente, siempre de pie o sentados lejos los unos de los otros. No era raro ver apoyado en una esquina un hombre solitario envuelto en su sarape y que se pasaba así horas y horas. También solía verse a algunos tumbados en la playa como si las aguas del lago los hubieran echado allí. Impasibles, inmóviles, sentábanse en los bancos de la plaza y no se dirigían la palabra.

MEXICO


La serpiente emplumada; DH Lawrence, p. 107
¡México! ... Gran país, abrupto, árido, salvaje. Con paisajes espléndidos donde, entre el destrozo y la ruina, se conservan las iglesias con sus ábsides que parecen enormes tumores prontos a reventar, con sus campanarios semejantes a pagodas de una raza legendaria. Ricas iglesias que vigilan por encima de las chozas y los refugios de paja de los indígenas, lo mismo que fantasmas que esperan ser aniquilados.
Y las nobles haciendas en ruinas, con las avenidas devastadas que conducen a su antiguo esplendor.
Y las ciudades mexicanas, grandes y pequeñas, que los españoles hicieron surgir de la nada; piedras que viven y mueren con el espíritu que animó a los que les dieron forma: el espíritu de los españoles desaparece de México y con él las piedras de los edificios. Los indígenas se deslizan como sombras hasta el centro de las plazas, y los edificios españoles continúan en pie en medio de una inenarrable desolación solitaria y seca.
¡La raza vencida!. .. Cortés llegó allí con su espuela de acero y con su voluntad férrea, en conquistador. Pero una raza conquistada, a menos que se le injerte un nuevo ideal, va chupando poco a poco la sangre de los conquistadores en el silencio de una noche misteriosa y con voluntad tenaz y desesperada. Ahora la raza de los conquistadores de México es blanda y sin médula, y sus hijos lloran con desesperanza imposible. ¿Será consecuencia de la sombría negación del continente?

INCIPIT 937. LA SERPIENTE EMPLUMADA / DH LAWRENCE


El principio de una corrida de toros
Era el domingo de Quasimodo y la última corrida de la temporada en México. Para ella se habían llevado de España cuatro toros especiales, pues los toros españoles son más bravos que los mexicanos. La altitud o el espíritu del continente occidental deben de ser la causa de esta falta de fiereza de los animales del país, como decía Owen.
Aunque Owen, socialista entusiasta, fuese enemigo de las corridas de toros, dijo convencido:
-No hemos visto ninguna. Tenemos que ir.
-Sí, sí, tenemos que ir -asintió Kate.
-Es la última oportunidad para nosotros –añadió Owen.
Y se dirigió presuroso al sitio donde se vendían los billetes, seguido de Kate. Al llegar a la calle, el corazón de ella comenzó a sentir como si algo dentro de él se resistiese. Ni ella ni Owen hablaban mucho español. En derredor de la taquilla reinaba una agitación especial y un individuo mal encarado se adelantó hacia ellos para hablarles en inglés americano.
No cabía duda de que debían tomar billetes de sombra. Pero querían economizar y Owen dijo que prefería estar entre la multitud. Por lo tanto y a pesar de la resistencia del taquillero y de los concurrentes, tomaron localidades reservadas de sol.

MEXICANAS


La serpiente emplumada, DH Lawrence, p. 105
Las mujeres eran también lo mismo. Con sus largas faldas y los pies descalzos, el gran chal oscuro que se llama rebozo a la cabeza y ajustado a los hombros, hacían el efecto de ser la imagen de la sumisión salvaje y de encarnar esa feminidad primitiva del mundo tan conmovedora y tan lejos de nosotros. Muchas de ellas arrodilladas y arrebujadas en los rebozos azules, se agrupaban en una iglesia sombría, poniendo la nota clara de sus faldas en el suelo y orando con devoción temerosa y extática. El espectáculo de una de estas iglesias llenas de mujeres humilladas implorando alguna gracia, acurrucadas como seres no creados, le causaba a Kate repugnancia y al mismo tiempo cierta ternura.
Tenían el pelo negro y mal peinado, casi siempre lleno de liendres; solían llevar a los chiquillos colgados como una calabaza en el chal terciado en los hombros, los pies y piernas siempre sucios, y se movían con ondulación de reptil bajo las largas faldas de algodón, también sucias. Y los ojos oscuros de los seres a medio crear, dulces, suplicantes pero con una vislumbre de insolencia. Y una especie de temor de no ser capaces de llegar a la completa creación, unido a la recelosas, estos grandes y más temerarios. Pero los ojos de todos, sin pupila, semejaban el abismo donde se conservaba todo el mal y toda la insolencia.
Y a veces se preguntaba si América no sería el gran continente de la muerte, la gran negación frente a la afirmación de Europa, de Asia y hasta de África. ¿Sería efectivamente el gran crisol donde se fundían los hombres de los continentes creadores, no para una nueva creación sino para mezclarse en la homogeneidad de la muerte? ¿Sería esta la razón de ser de América? ¿Era el continente de la muerte; el destinado a destruir todo lo que crearon los demás continentes; aquel  cuyo espíritu luchaba pura y simplemente por alejarse de Dios?

MEXICANOS


La serpiente emplumada, DH Lawrence, p. 104
Los hombres del norte, derechos, salvajes, morenos; los casi siempre degenerados del valle de México con la cabeza metida por el centro del poncho; los grandes y fuertes de Tlascala vendiendo helados, bollos y panecillos; los indios vivos como arañas, en Oaxaca, los indígenas de la región de Veracruz con su tipo chino; los rostros oscuros y los grandes ojos negros de los naturales de Sinaloa; los tipos espléndidos de Jalisco con su manta roja echada sobre el hombro ...
Todos ellos de tribus diferentes y de distinta lengua y tan extranjeros unos para otros como lo son entre sí los franceses, los ingleses y los alemanes. ¡México!. .. No es en realidad el embrión de una nación: de aquí el afán rabioso de nacionalismo de unos cuantos. No es una raza.
Y sin embargo es un pueblo. Posee cierta cualidad india común a todos. Lo mismo los individuos de blusa azul y gran sombrero, de México, que los de hermosas piernas y pantalones ceñidos, o los labradores de calzones blancos ... todos tienen algo misterioso que les es común: el modo de andar cadencioso; el porte, las piernas separadas de la cadera con la rodilla en alto, el paso menudo. El balanceo airoso del sombrero, los hombros anchos con el sarape plegado como un manto real. Y la mayoría hermosos, con la piel curtida suave y llena de vida, la cabeza bien colocada, la cabellera negra que brilla como un rico plumaje, los grandes ojos chispeantes que se fijan con expresión intrigada sin que se vea su pupila; su sonrisa brusca, encantadora, siempre que se les haya sonreído antes, pero que no les hace cambiar de actitud.
También debía recordar la gran cantidad de individuos pequeños, con aspecto insignificante muchas veces, algunos con costras de suciedad, que miraban con hostilidad seca y fría y que andaban con pasos silenciosos, como sí fueran gatos. Individuos venenosos, flacos, fríos, parecidos a escorpiones y tan peligrosos como ellos.
Y las caras verdaderamente terribles de algunos tipos de la ciudad, tumefactas a consecuencia del veneno del tequila y con los ojos un poco vidriosos y como sí mirasen a través de un velo de maldad. En ninguna parte había encontrado rostros en los que se pintase el mal con tanta claridad como los que se veían en México.

A la muerte de un anciano

Denkbilder, Walter Benjamin,p. 146

Tal vez la pérdida lleve a alguien mucho más joven a dirigir su mirada por primera vez a aquello que puede haber entre las personas a las que separa una diferencia de edad muy grande pero une el afecto. El muerto era un compañero con el cual seguramente no podían tratarse la mayor parte de los temas ni los que a uno más le importaban. En cambio, la charla con él estaba teñida de una frescura y de una paz que no se logra nunca con un coetáneo. Y esto tenía dos causas. Por un lado, cualquier acuerdo, aun el más insignificante, que lograban por encima del abismo generacional era mucho más concluyente que el que se da entre iguales. Por el otro, el más joven encontraba aquello que después, cuando lo abandonan los ancianos, desaparece totalmente hasta que él mismo se vuelve viejo: una conversación a la que le son ajenos todo cálculo y toda consideración externa porque ninguno espera nada del otro, ninguno se encuentra con otro sentimiento que con el poco frecuente del afecto sin ningún añadido.

A la muerte de un anciano


Denkbilder, Walter Benjamin, p. 131
A la muerte de un anciano
Tal vez la pérdida lleve a alguien mucho más joven a dirigir su mirada por primera vez a aquello que puede haber entre las personas a las que separa una diferencia de edad muy grande pero une el afecto. El muerto era un compañero con el cual seguramente no podían tratarse la mayor parte de los temas ni los que a uno más le importaban. En cambio, la charla con él estaba teñida de una frescura y de una paz que no se logra nunca con un coetáneo. Y esto tenía dos causas. Por un lado, cualquier acuerdo, aun el más insignificante, que lograban por encima del abismo generacional era mucho más concluyente que el que se da entre iguales. Por el otro, el más joven encontraba aquello que después, cuando lo abandonan los ancianos, desaparece totalmente hasta que él mismo se vuelve viejo: una conversación a la que le son ajenos todo cálculo y toda consideración externa porque ninguno espera nada del otro, ninguno se encuentra con otro sentimiento que con el poco frecuente del afecto sin ningún añadido.

BOLCHEVISMO


Denkbilder, Walter Benjamin, p.48
El bolchevismo abolió la vida privada. La burocracia, el quehacer político, la prensa, son tan poderosos que ni siquiera queda tiempo para intereses que no confluyan con ellos. Tampoco queda espacio. Viviendas que en sus cinco u ocho habitaciones cobijaban antiguamente a una sola familia, ahora albergan muchas veces hasta a ocho. A través de la puerta del pasillo se ingresa a una pequeña ciudad. Más a menudo aún, a un vivac. Ya en la antesala uno suele tropezarse con camas. Es que, entre las cuatro paredes, sólo se acampa y habitualmente el escaso inventario son apenas restos de objetos pequeñoburgueses que parecen aún más deprimentes porque la habitación está escasamente amoblada. El estilo pequeñoburgués exige que nada falte: las paredes tienen que estar cubiertas de cuadros; el sofá, de almohadones; los almohadones, de fundas; las repisas de figurillas; las ventanas, de vidrios de colores (esas habitaciones pequeño burguesas son campos de batalla sobre los cuales ha pasado, triunfal, la embestida del capital de la mercancía; allí ya no puede crecer nada humano). De todo esto sólo se han conservado cosas sueltas al azar. Una vez por semana, los muebles se reacomodan en las habitaciones vacías -ese es el único lujo que se dan con ellos y, a la vez, una forma radical de desterrar de la casa la "comodidad" junto con la melancolía con que esta se paga. Los hombres soportan vivir allí dentro, porque su forma de vida los hace distanciarse de su casa. Su residencia es la oficina, el club, la calle. Del móvil ejército de funcionarios aquí sólo se encuentra la retaguardia. Cortinas y tabiques que muchas veces sólo llegan a la mitad de la altura de la habitación tuvieron que multiplicar la cantidad de ambientes. Porque a cada ciudadano le corresponden legalmente sólo trece metros cuadrados de superficie habitable. Cada uno paga por su vivienda según sus ingresos. El Estado -la propiedad de todas las casas fue estatizada- cobra a los desocupados un rublo mensual por la misma superficie por la cual los más pudientes pagan sesenta o más. Quien aspira a tener más espacio del prescripto tiene que abonar un múltiplo de este valor, si no lo puede justificar por su actividad laboral. Si uno se aparta del camino señalado, a cada paso choca con un inmenso aparato burocrático y con costos exorbitantes. El miembro de un sindicato que presenta un certificado médico y recorre las instancias previstas, puede atenderse en el sanatorio más moderno, ser mandado a los baños termales de Crimea, disfrutar de costosos tratamientos con rayos, sin pagar por ello un centavo.

RUSIA

Denkbilder, Walter Benjamin, p. 46
Aquí todas las ideas, todos los días y todas las vidas parecen estar puestos sobre la mesa de un laboratorio. Y, como si fueran metales de los que se trata de extraer por todos los medios una sustancia desconocida, tienen que dejar que se experimente con ellos hasta el agotamiento. No hay organismo ni organización que pueda sustraerse a este proceso. Los empleados en las empresas, las oficinas en los edificios, los muebles en las viviendas, todo se reagrupa, se traslada y se corre de aquí para allá. En los clubes, como si se tratara de centros experimentales, se estrenan nuevas ceremonias para dar nombre a los recién nacidos y para la celebración de las bodas. Se modifican las disposiciones todos los días, pero también las estaciones de tranvía cambian de lugar, hay negocios que se convierten en restaurantes y algunas semanas más tarde, en oficinas. Este asombroso método de ensayo –aquí se lo llama remonte o renovación- no sólo afecta a Moscú, es un método ruso. En esta pasión imperante hay tanto una voluntad ingenua para el bien como una curiosidad y un jugueteo desmesurados. Se trata de uno de los fenómenos más característicos de Rusia en la actualidad. El país está movilizado tanto de día como de noche, por supuesto, con el Partido a la cabeza. Sí, lo que distingue al bolchevique, al comunista ruso, de sus camaradas occidentales es esta disposición incondicional a la movilización. La base de su existencia es tan exigua que año a año está listo para partir. De otra forma no podría enfrentar esta vida. ¿En qué otra parte podría pensarse que de un día para el otro se nombre director de un importante teatro estatal a un militar meritorio? El actual director del Teatro de la Revolución es un ex general. Es verdad: fue literato antes de convertirse en un general victorioso. O, ¿en qué otro país pueden oírse historias como la que me contó el schwejzar o mayordomo de mi hotel? Hasta 1924 estuvo en el Kremlin. Después, un buen día, enfermó gravemente de ciática. El Partido lo hizo atender por sus mejores médicos, lo envió a Crimea, hizo que tomara baños de fango e intentara el tratamiento con rayos. Cuando todo fue en vano, se le dijo: "Usted necesita un cargo en el que pueda cuidarse, donde no pase frío y no tenga mucho movimiento". Al día siguiente, era portero de hotel. Cuando esté curado, va a volver al Kremlin.

INCIPIT 936. DENKBILDER / WALTER BENJAMIN


NÁPOLES
Hace algunos años, un clérigo era conducido en un carro a través de las calles de Nápoles acusado de abuso moral. Se lo seguía en medio de maldiciones. En una esquina, apareció un cortejo nupcial. El clérigo se levanta, hace el signo de la bendición y todo lo que va detrás del carro cae de rodillas. En esta ciudad, la tendencia del catolicismo a restablecerse a partir de cualquier situación es tan incondicional que, si desapareciera de la superficie de la tierra, tal vez el último lugar no sería Roma sino Nápoles.
En ninguna parte este pueblo puede vivir con tanta tranquilidad su profusa barbarie, nacida del corazón mismo de la gran ciudad, como en el seno de la Iglesia. Necesita del catolicismo porque junto con él se extiende una leyenda, el aniversario de un mártir, por encima de sus excesos, legalizándolos incluso. Aquí nació Alfonso de Ligorio, el Santo, quien flexibilizó la práctica de la Iglesia Católica para atender con pericia las artes de la delincuencia y la prostitución, controlando estas artes con penitencias más severas o más indulgentes en la confesión, sobre la cual escribió un tratado en tres tomos. Sólo la Iglesia, no la policía es capaz de hacer frente a la  autonomía de la delincuencia, la camorra.

INCIPIT 935. TODO ES COMPARABLE / OSCAR TUSQUETS



La pretensión del autor
-¿Te has dado cuenta de que los caracoles son corno el Greco? Sí, sí, corno Dornenicos Theotocopulos, que, habiendo nacido en Creta, aprende a pintar con propiedad esa especie de iconos que se hacen por allí, pero en cuanto se desplaza a Venecia, su admiración por Tiziano y la influencia de Tintoretto lo transforman en el más veneciano de los venecianos, en el más sensual, colorista y excesivo pintor de la Serenísima, pero resulta que llega a Toledo y en una conversión traumática se vuelve austero, sobrio, castellano viejo, caballero de la mano en el pecho, de un misticismo desbordante, el más sincero personaje de la España profunda.
-Perdone, Maestro, pero sigo sin ver muy clara la relación con los caracoles.
- Tusquets, ¡pero si es evidente! Lo que distingue al Greco, lo que lo convierte en un artista inmortal, es su absoluta falta de personalidad, es su facultad de metamorfosearse, corno los camaleones, de absorber los valores de su entorno con tal intensidad que, al final, resulta más auténtico que los autóctonos, ¿y cuál es la virtud culinaria del caracol?

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