JAVIER MARIAS HABLA DE ALIOCHA COLL

De Aquella mitad de mi tiempo, de Javier Marías
Sobre Alicoha Coll
Su única otra obra publicada fue una extraordinaria traducción del Teatro de Marlowe, en versos endecasílabos, que hizo para Clásicos Alfaguara. Antes de su edición nos reunimos un día: él me la leía en voz alta mientras yo seguía el original en inglés, y pocas veces he tenido una sensación de tan perfecto acoplamiento entre dos lenguas.
Después de aquellas primeras novelas apenas si leí nada más de cuanto sin cesar escribía: me envió algunos sonetos, fragmentos de su Etica, de su Ensayo sobre el dolor, que, como el resto, jamás fueron publicados pese a los intentos de Carmen Balcells, quien además de la agente de tantas figuras célebres, también lo era de este médico casi desconocido.
Su conversación era quebrada y llena de pausas, pero siempre inteligente y apasionada, una de esas personas, cada vez más escasas, que se involucran en cuanto van diciendo. Seguro de su talento, yo intentaba convencerle de que probara a escribir cosas más «tradicionales’, aunque sólo fuera como divertimento. Conviene puntualizar que para él era «tradicional’ casi todo, incluyendo a Juan Benet en nuestra lengua. Tengo entendido que algunos de sus textos más recientes eran por fin así, más «tradicionales». De ellos sólo sé sus títulos: Laocoonte, El hilo de seda, Atila. También sé que tradujo cuatro obras de Shakespeare y que investigó sobre el dolor consigo mismo.
Hace unos días, estando casualmente en París, me enteré de su muerte, ocurrida el pasado 15 de noviembre. Murió por su propia mano, y al parecer justo antes se hallaba eufórico, pese a que su situación personal no era fácil en los últimos años, circundado por la enfermedad, las de sus pacientes y la de alguien muy próximo. Según me cuentan, acababa de concluir ese título, Atila, que consideraba su última obra.

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BENET SEGUN BARRAL

De Almanaque, de Carlos Barral
Donde se habla de Don Juan Benet
¿En estos últimos treinta años no hubo ningún otro libro español de la categoría de Tiempo de silencio de Martín-Santos?
Sinceramente, creo que no. El tonelaje de novedad, de importancia, de ambición literaria que representa el libro de Martín- Santos no se encuentra en ningún otro libro español, desde la guerra civil hasta ahora. Ha habido libros claramente importantes, pero importantes relativamente a la situación de entonces, de cada momento de la literatura española. Tal es el caso, por ejemplo, de El Jarama de Sánchez Ferlosio; otro caso parecido en los últimos años, podría ser, por ejemplo, el de la novelística de Juan Benet que tampoco me parece alcanzar todavía —a pesar de que creo que es un intento muy importante—, el grado de madurez relativa y la ambición de Tiempo de silencio.
¿Por qué apoyó su editorial el realismo social?
Lo apoyé muy conscientemente a pesar de que, como es fácil imaginar, no corresponde exactamente a mis gustos personales, pero es que me pareció lo más válido que había entonces en la literatura española. Por otra parte, y a pesar de que los errores de cálculo en aquel momento eran dudosos, y que hoy son ciertos, con respecto a la poética y la función histórica de la literatura, aquello era lo más sano y lo más combativo de la literatura que renacía; porque, efectivamente, la novelística española fue uno de los tantos géneros truncados por la guerra civil, en la medida en que existiera la novela española. Realmente, la novela española ha existido muy poco; yo no creo que Galdós equivalga a Balzac ni que Baroja justifique él solo la ausencia de novelistas a lo largo de dos generaciones.
El dato de que Asesinato en el Comité Central, de Vázquez Montalbán, sea uno de los libros más vendidos en las últimas semanas le deja frío. Para Barral, la literatura es un acto creativo independiente de todo compromiso y de toda concesión comercial.
Creo que un escritor no debe pasar por la vergüenza de hacer novelas de género u oportunistas para vender mucho. Juan Benet, por ejemplo, ha jugado a eso conscientemente en El aire de un crimen, y no le ha salido bien, Ha sido una excursión por la vulgaridad y la indecencia literaria en la que no creo que Benet reincida nunca más.
Tras esta crítica demoledora anticipa:
El panorama es desolador por lo publicado, pero no por lo que se está escribiendo. Parece que hay posibilidades de que, en los próximos dos o tres años, aparezcan unos cuantos libros importantes.

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LUPITA LA TRAILERA

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ARG¡¡¡


ARG ¡¡¡ Por la corbata, por Dios¡¡¡

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PROUSTIANA


De Por la parte de Swan, de Marcel Proust, p. 202-202
Así, con frecuencia me quedaba hasta el amanecer pensando en el tiempo de Combray, en mis tristes veladas sin sueño, en tantos días también cuya imagen me había devuelto más recientemente el sabor —lo que en Combray habríamos llamado el «perfume» — de una taza de té y, por asociación de recuerdos, en lo que, muchos años después de haber abandonado aquel pueblo, había sabido sobre un amor de Swann antes de que yo naciera, con esa precisión en los detalles más fácil de lograr a veces en relación con la vida de personas muertas hace siglos que con la de nuestros mejores amigos y que parece imposible —como imposible parecía hablar de una ciudad a otra— mientras se desconoce el medio gracias al cual se ha sorteado esa imposibilidad. Todos esos recuerdos, sumados unos a otros, formaban ya una sola masa, pero no por ello dejaba de poder distinguirse entre ellos —entre los más antiguos y los más recientes, nacidos de un perfume, después los que eran tan sólo los de otra persona que me los había comunicado—, ya que no fisuras, fallas auténticas, al menos esos veteados, esas amalgamas de coloración, que en ciertas rocas, en ciertos mármoles, revelan diferencias de origen, de edad, de «formación».
Cierto es que, al acercarse la madrugada, hacía mucho que se había disipado la breve incertidumbre de mi despertar. Sabía en qué alcoba me encontraba efectivamente y —ya fuera orientándome tan sólo con la memoria o con la ayuda de un débil resplandor vislumbrado, al pie del cual situaba yo las cortinas de la ventana— la había reconstruido en torno a mí en la obscuridad y amueblado, entera, como un arquitecto y un tapicero que conservan la abertura primitiva de las ventanas y las puertas, y había vuelto a colocar los espejos y a situar la cómoda en su lugar habitual. Pero apenas trazaba el día —y ya no el reflejo de una última brasa en una varilla de cobre con el que lo había yo confundido— en la obscuridad, y como con tiza, su primera raya blanca y rectificativa, la ventana abandonaba, junto con sus cortinas, el marco de la puerta, en el que la había yo situado por error, mientras que, para dejarle sitio, el escritorio, que mi memoria había instalado torpemente ahí, se desplazaba a escape empujando ante él la chimenea y apartando la pared medianera del pasillo: donde un instante antes se encontraba el tocador reinaba un patinillo y la morada que había yo reconstruido en las tinieblas, ahuyentada por aquel pálido signo que había trazado por encima de las cortinas el dedo alzado del alba, había ido a reunirse con las vislumbradas en el torbellino del despertar.

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EL LAMENTO DE PORTNOY

De dietario voluble de Vila-Matas, p.205-206
Estuve contando todo esto el otro día en la parisina Radio Lichtenberg, como también conté que en un original y brillante blog español, ellamentodeportnoy.blogspot.com, habían iniciado, no hacía mucho, una investigación acerca de por qué el narrador de mi novela se proclamaba jorobado. Desde aquí les digo a los del blog que, si un día piensan en Lichtenberg, habrán hallado parte de la solución. Porque recuerdo bien los días en que, ya desde la primera frase de mi libro, decidí que éste fuera escrito por una modesta contrafigura de Lichtenberg, el hombre de la deformación y de las ideas propias, ese aforista (será mejor decir filósofo) al que no me canso de volver: «Daría parte de mi vida por saber cuál ha sido la presión barométrica media en el Paraíso.»

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SOBRE LA LECTURA

De Marcel Proust, I, 95 (Lumen)
Tras aquella creencia fundamental, que durante mi lectura ejecutaba sin cesar movimientos de dentro a fuera, hacia el descubrimiento de la verdad, venían las emociones que me brindaba la acción en la que yo participaba, pues aquellas tardes estaban más llenas de acontecimientos dramáticos que toda la vida de algunas personas. Lo que yo leía eran los sucesos que sobrevenían en el libro; cierto es que los personajes a los que afectaban no eran «reales», como decía Françoise, pero todos los sentimientos que nos hacen experimentar el gozo o el infortunio de un personaje real se producen en nosotros tan sólo por mediación de una imagen de ellos; la ingeniosidad del primer novelista consistió en comprender que, al ser la imagen el único elemento esencial en el aparato de nuestras emociones, la simplificación consistente en suprimir pura y simplemente los personajes reales sería un perfeccionamiento decisivo. Una persona real, por mucho que simpaticemos con ella, es en gran medida percibida por nuestros sentidos, es decir, que nos resulta opaca, ofrece un peso muerto que nuestra sensibilidad no puede levantar. Si la aflige una desgracia, sólo en una pequeña parte de la idea total que tenemos de ella podremos sentirnos emocionados al respecto; más aún: sólo en una pequeña parte de la idea total que tiene de sí misma podrá sentirse emocionada ella misma. El hallazgo del novelista consistió en concebir la idea de substituir esas partes impenetrables para el alma por una cantidad igual de partes inmateriales, es decir, que nuestra alma puede asimilar.

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FRASE DE LA SEMANA

Si un hombre pudiera escribir un libro sobre ética que realmente fuera un libro sobre ética, dicho libro destruiría con una explosión todos los libros del mundo.
WB

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SER POBRE ES UNA GRAN PUTADA

De España de Manuel Vilas, p.203
Ser pobre es una gran putada
En España sólo son ricos los hijos de Franco y los hijos de Felipe González (me estoy buscando la ruina y la de mis hijos y la de toda la parentela, incluidos mis muertos), juntos ahora en esta ESPAÑA S.L. No hay más formas de ser español, te lo juro, no
hay más formas, o comulgas en un sitio o en el otro, no hay más posibilidades, los que dicen que sí las hay es porque piensan que en González S.L. hay un continente, pero yo sólo veo pueblo. España esele. Hablas así porque. 40 años estuvieron con FRANCO Y NO DIJERON NADA.

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SNOPES (EL REPLANDOR DE LA HOGUERA)


De La guerra carlista; 3, Los cruzados de la causa, de Valle-Inclán, p. 119
CAPÍTULO XXI
El Marqués de Bradomín habló a media voz con Cara
de Plata:
—iTu padre sería un magnífico cabecilla!
El hidalgo se volvió con arrogancia:
—Sobrino, yo cuando levante una partida no será por un rey ni por un emperador... Si no fuese tan viejo, ya la hubiera levantado, pero sería para justiciar en esta tierra, donde han hecho carnada raposos y garduñas. Yo llamo así a toda esa punta de curiales, alguaciles, indianos y compradores de bienes nacionales. Esa ralea de criados que llegan a amos! Yo levantaría una partida para hacer justicia en ellos, y quemarles las casas, y colgarlos a todos en mi robledo de Lantafión.
El Marqués de Bradommn repuso con una sonrisa amable y mundana:

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PESSOA Y VILA-MATAS

De Dietario voluble, de Vila-Matas, p.159-160

Como es bien sabido, tendemos a no valorar lo que tenemos en casa. Henriqueta Madalena, la hermana pequeña de Fernando Pessoa, ilustra a la perfección ese modelo de persona que, por excesiva familiaridad con el genio, vive como algo completamente doméstico lo que al resto de la humanidad deja fascinado. Por lo visto, Henriqueta Madalena tenía muy visto a su hermano Fernando. Fue la que más íntimamente le trató y, al final de su vida —Henriqueta alcanzó casi los cien años—, accedió a hablar de él. «No le hacíamos mucho caso», sentendió. Le pidieron entonces —en referencia a los famosos heterónimos del y poeta— que dijera al menos cómo era eso de ser hermana de
una persona «múltiple». Henriqueta Madalena sonrió y dijo: «Cuando Fernando hablaba de Álvaro de Campos, de Ricardo Reis, o de los otros, para mí siempre se trataba de él. A veces, durante la comida, Fernando decía que había pasado mala noche y que había escrito algo, y añadía: Es de Álvaro de Campos. Y recitaba. En el fondo, Fernando lo consideraba una fantasía, no se lo tomaba en serio, aunque lo dijese con tono serio.»
Así que Henriqueta Madalena no se tomaba tan en serio los heterónimos como los estudiosos de la obra de su hermano. Y resulta conmovedora cuando al final de la entrevista recapacita: «Sólo puedo decir esto: ahora, hoy, cuando ya ha pasado todo y no se puede volver atrás, ahora que soy mucho mayor y tengo todo el tiempo para pensar y para sentir, me invade la amargura de no haber convivido más con él. Fernando vivió muy solo. Ahora que conozco su obra, que la leo e intento comprenderle lo mejor posible, siento mucha pena.)’
Lo que más me llama la atención de esas palabras es la forma de decirlas, esa forma tan asombrosamente hermana de Álvaro de Campos.

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SOBRE ROBERT WALSER

Del prólogo de Walter Benjamín a Jacob von Gunten de Robert Walser

Cualquiera capta lo inusualmente delicadas que son estas historias. Pero un cualquiera no ve que lo que hay en ellas no es la tensión nerviosa de la vida decadente, sino el temple puro y despierto de la vida convaleciente. «Me horroriza la idea de que pudiese tener éxito en la vida», dice Walser en una paráfrasis del diálogo de Franz Moor. Todos sus héroes comparten ese horror. ¿Por qué? Desde luego que no por asco del mundo, por resentimiento moral o por pathos, sino por motivos del todo epicúreos. Quieren disfrutar de sí mismos. Y para e1io tienen una maña extraordinaria. Y un abolengo extraordinario en ello. Y además un extraordinario derecho. Porque nadie disfruta tanto como el convaleciente. Todo lo orgiástico le es ajeno: el caudal de su sangre renovada le llega resonando entre arroyos y el aliento purificado de sus labios baja desde las cumbres. Este abolengo infantil lo comparten los seres de Walser con las figuras de los cuentos, que también emergen de la demencia y de la noche, de la demencia del mito. Es opinión común que este despertar se ha llevado a cabo en las religiones positivas. Si es así, desde luego no en forma muy sencilla e inequívoca. Esta forma hay que buscarla en ese gran careo profano con el mito que es el cuento. Claro que sus figuras no tienen una simple semejanza con las de Walser. Luchan todavía por liberarse del sufrimiento, Walser empieza donde acaban los cuentos: «Y si no han muerto, entonces hoy viven todavía». Walser muestra cómo viven. Sus cosas — y con ello quiero concluir tal y como él comienza — son: historias, artículos, poemas, pequeña prosa y otras por el estilo.

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LOS MEJILLONES CEBRA

De España, de Manuel Vilas, p. 183
Un mejillón cebra es lo más simple del mundo: una cáscara y un músculo, y a funcionar, eso es todo. Y funciona. Pronto invadirá la literatura. Ya veo a fu turos Gregorios Samsas convertidos en mejillones cebras. Ya veo a las cucarachas convertidas en pequeñas mariposas domésticas, e inofensivas si se las compara con el mejillóncebra. ¿Se comerán los mejillones cebras los pies de los bañistas?
Después de decir la palabra “bañista” se produjeron docenas de aplausos espontáneos. El público vibraba con las palabras del profesor Latre Escobar. Este sonreía y volvió a beber agua. Una enorme sonrisa era su rostro. Levantó una mano en señal de que debían terminar ya los aplausos. Su esposa Marifé estaba en la primera fila de butacas, orgu
llosísima de su marido, ella ya conocía la brillante conferencia, pero no podía evitar sumergirse en sofocos místicos, en emociones incontrolables conforme la conferencia avanzaba hacia el final. Al cabo, el profesor Latre continuó diciendo: La rata será desplazada y su simbolismo existencial desaparecerá de la memoria de los hombres, la rata será sólo una nota a pie de página. El mejillón cebra es una nueva plaga bíblica, es la forma en que la naturaleza castiga la desde la belleza del mundo; el mejillón cebra es un invento del Maligno. Pronto descubrirán mejillones cebras con cuernos que se encenderán en la oscuridad de los pantanos y de las presas; mejillones cebra con el número 666 tatuado en sus horrorosas vulvas; mejillones cebra hablan do en latín en la noche de las conciencias finales. Además, este mejillón, inmune a la paella valenciana, acabará mutando, y pronto le saldrán alas cebra, e invadirá los cielos, las nubes, el aire, las tormentas. Esperemos que no le salgan pies y manos.

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INCIPIT 200. LECTURAS PARA DESCONFIADOS / JOSE MONJARDIN FERNANDEZ


CONSECUENCIAS DE LOS PORTAZOS

Es a toda prisa que los números de la ciencia se abalanzan sobre los acontecimientos: desde cualquier altozano podemos observar cómo bandadas de cifras cada vez más numerosas sobrevuelan los más variados campos del saber, abatiéndose sobre los hechos y persigujéndolos muchas veces hasta acorralarlos e inmovilizarlos en sus más recónditas madrigueras.
El resultado de esta pugna viene siendo fructífero y prometedor y constituye un importante basamento de nuestra humana condición: cada episodio del enfrentamiento entre el saber y la realidad abre sucesivos horizontes de optimismo, el botín de los datos recientes invita a acrecentar la confianza en los progresos de la vida futura: ya pueden prepararse las cuitas y las supercherías agazapadas en cualquier cruce de caminos y que tan terca y desvergonzadamente incomodaron a nuestros mayores. Por ejemplo los satélites amarillos —sin ir más lejos, en las faenas de la última marea— han capturado otra precisión: una casa no ha de certificarse como abandonada hasta que una puerta o una ventana se haya golpeado veintisiete veces en veinticuatro horas. Un adelanto

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SNOPES (A MATANZA DO PORCO)





Os resentidos - Galicia canibal (fai un sol de carallo)









Fai un sol de carallo.
Con isto da movida haiche moito ye-yé que, de noite e de día, usa gafas de sol: ¡Fai un sol de carallo!

A matanza do porco
A matanza do porco.- A berra e un conxunto de berros dun porco cando o van matar.
San Martiño oficial de Monforte ó Nepal, o magosto para agosto, safaris do porco,
filloas de sangue, Galicia embutida: ¡Fai un sol de carallo!, ¡Galicia caníbal!

Etiopía ten fame
Etiopía ten fame.- Un parado occidental sostén un filete.
Un negro deitado, o negro non lle chega, arrastra o bandullo.
O parado occidental sostén o filete; o parado altivo, o negro non lle chega.
Doa os teus riles: un ril á merenda. Doa os teus riles: outro ril á cea.

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PROUST. EL CELEBRE EPISODIO DE LA MAGDALENA

LA MAGDALENA

De Por la parte de Swan de Marcel Proust, p. 53

Hacía ya muchos años que —de Combray— todo lo que no era el teatro y el drama de mi acostar había dejado de existir para mí, cuando un día de invierno, al regresar a casa, mi madre —viendo que tenía frío— me propuso que, contra mi costumbre, tomara un poco de té. Al principio lo rechacé y —no sé por qué— después cambié de idea. Mandó ir a buscar uno de esos bizcochos, pequeños y rechonchos, llamados «magdalenas» y que parecen moldeados en la acanalada valva de una vieira y, abrumado por aquel día sombrío y la perspectiva de un triste mañana, no tardé en llevarme maquinalmente a los labios una cucharada de té, en la que había dejado ablandarse un trozo de magdalena, pero en el preciso momento en que me tocó el paladar el sorbo mezclado con migas de bizcocho me estremecí, atento al extraordinario fenómeno que estaba experimentando. Me había invadido un placer delicioso, aislado, sin que tuviera yo idea de su causa. Al momento me había vuelto indiferentes —como hace el amor— las vicisitudes de la vida, sus inofensivos desastres, su ilusoria brevedad, colmándome de una esencia preciosa: o, mejor dicho, esa esencia no estaba en mí. sino que era yo Había cesado de sentirme mediocre, contingente, mortal. ¿De dónde podía proceder aquel intenso alborozo? Yo sentía que estaba vinculada al gusto del té y del bizcocho, pero que lo superaba infinitamente, que no debía de ser de la misma naturaleza.

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TOPICO, BUENO, PERO TOPICO

De Dietario voluble, de Vila Matas, p.156
• Si vas en taxi al aeropuerto, corres el peligro de que el conductor te machaque con cualquier emisora de radio fascista de esas que te insultan personalmente. Algunos taxistas son el perfecto complemento de ese estado de terror. La facturación en el aeropuerto, por otra parte, te exige estar con una antelación tan grande que a veces más te habría valido ir a pasar la noche al propio aeropuerto, lo que me lleva a intuir que pronto las discotecas serán un nuevo negocio de las terminales aéreas. Al miedo a perder el avión por la lenta facturación —agravada siempre por algún cretino que no ha hecho los deberes antes de acudir al mostrador— sucede el control policiaco y, una vez rebasado éste y tras habernos vuelto a vestir, suponiendo que no haya ninguna huelga de los famosos trabajadores de tierra o de los pilotos, llega el horror del embarque, que casi nunca significa el acceso directo al avión y que nos pone en manos de un conductor de autobús que no se acuerda del aire acondicionado y de paso juega a dar frenazos o bandazos para mortificar a los viajeros. Alcanzar el interior del avión ya no significa nada hoy en día, pues la autorización para el despegue puede tardar una infinidad en llegar, y a veces los aviones ni despegan y los pasajeros son devueltos a la puerta de embarque. Si finalmente volamos y alcanzamos nuestro destino, nos espera la más célebre de las torturas: la pérdida de las maletas. Y como guinda el taxista, que en la
ciudad a la que has llegado espera que seas extranjero, para cobrarte más.

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GALICIA

De España, de Manuel Vilas, p. 153

6. HE TURNED THE WATER INTO WINE

Un mediodía del mes de agosto del año 2002, los escritores más o menos españoles José María Pérez Alvarez y Manuel Vilas pasean por el casco viejo de Santiago de Compostela. Entran en bares y beben Viña Costeira. Vilas se queda absorto mirando a las cigalas y a los percebes y a las langostas y a los centollos y a las nécoras que exhiben en los escaparates de las marisquerías compostelanas. Vilas saluda a las langostas. Pérez Alvarez se queda perplejo ante la actitud de Vilas. Es la primera vez que se encuentran, y no entiende muy bien Pérez Alvarez la Ñscinación de Vilas ante esos bichos y menos que les hable como si Riesen vacas o caballos o perros o gatos o periquitos. Sin embargo, hay algo en la fascinación de Vilas ante las cigalas y las langos
tas que le recuerda a su infancia, a la propia infancia de Pérez Alvarez. De repente, Pérez Alvarez es feliz mirando a su nuevo amigo. Piensa que su nuevo amigo está bastante pirado, y eso le reconforta. Piensa que su nuevo amigo ha debido de salir, casi seguro, de un Seminario, o de una célula de un nuevo partido comunista reunificado. También piensa Pérez Alvarez que es casi seguro que todos los nuevos amigos que le quedan por conocer van a ser así, comó Vilas, y eso le inquieta, porque ve en ello un designio. Su nuevo amigo no se entera de nada porque sólo tiene ojos para el marisco. Qué maravilla!, grita Vilas. Comamos esos bichos, dice Vilas. No dejemos ni uno. Comámoslo todo. Entran Pérez Alvarez y Vilas en una marisquería compostelana y se piden un arroz con bogavante y vino blanco de Orense. Llevan herramientas en las manos para luchar contra las patas.

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MELOMANIA

De Un hombre vulgar de Miquel de Palol, p. 197
Hace unos años, para la mayoría el heredero de Mozart no era Beethoven, sino Rossini.
Jaap escuchó justo la última frase al pasar y dijo:
—No sería para gente de gran talla intelectual.
—Para Stendhal.
—Ah.
Sebastian entró en el despacho para consultar algo y Eusebi fue tras él.
—Conoces —dijo, con un entusiasmo contenido que impacientaba a Sebastian, escéptico y con vergüenza ajena ante lo que siempre le habían parecido vitalismos
impostados— el estudio de Graussberger sobre los patrones temáticos de Bach?
—He leído un par de reseñas. Parece bastante delirante.
—Quizá, pero le encaja todo.
—Cuando todo encaja, busca dónde te has equivocado
—replicó en voz baja Sebastian—. Proverbio chino.
—Ha descubierto una progresión de complejidad de los patrones contrapuntísticos —prosiguió Eusebi—, y que el conjunto de la obra forma un dibujo lógico geométrico perfecto en cuyo interior, mediante un proceso de analogía y proyección similar, por ejemplo, al de los tests de inteligencia, las distintas piezas desglosadas se colocan con ayuda del ordenador según determinados parámetros para, por un lado, establecer con seguridad autorías hasta ahora dudosas para los exegetas escrupulosos, como la del aria
inicial de las Variaciones Goldberg o incluso la del «Tema Real» de la Ofrenda musical, que es suya y no del rey, y por otro completarlo llevando el mecanismo a las últimas con secuencias; es decir, cerrando la figura, que funciona como un locus mnemónico perfecto: toda la obra en la cabeza a partir de una única idea mecánica.

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NABOKOVIANA

De Dietario voluble de Enrique Vila-Matas, p.103-104
Sin duda, la locura de H. tiene puntos en común con Falter, fascinante personaje de Ultima Thule, un cuento de Nabokov. Falter es aquel hombre que perdió toda compasión y escrúpulo cuando en un cuarto de hotel le fue revelado de golpe “el enigma del universo» y no quiso transmitirlo a nadie más tras haberlo hecho una única vez cediendo al acoso de un psiquiatra, al que le destrozó tanto la revelación que hasta le causó la muerte. Es un cuento antológico, incluido en Una belleza rusa. Leerlo es ya de por sí una locura de una envergadura tal que hasta nos permite constatar cuánta razón llevaba aquel que dijo que las locuras son las únicas cosas que no lamentamos jamás. Pero es que, además, leerlo —eso es lo más interesante de todo— nos sitúa en mejores condiciones para tratar de resolver el enigma del universo. Aunque siempre me pregunto si nos conviene resolverlo. Yo creo que si un día diéramos con el secreto del mundo nadie tendría el valor de revelarlo.

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KAFKA

De España, de Manuel Vilas, p.145
La casa, en el viejo barrio de Steglitz, había aguanta do las bombas de la guerra. Y antes de marcharme, volví a tocar la cama, como quien toca la boca de su amante. La anciana nos despidió con una sonrisa llena de serpientes, crucifixiones, levantamiento de cadáveres, derrotas sin explicación. Mi amigo dijo que la abuela estaba completamente chiflada y que vete a saber de quién era la cama que nos había enseñado.
Cerré el libro, lo metí en la bolsa de la piscina y me fui a bañar con mis amigos. Abrí los ojos bajo el agua y vi una cama con un niño ahogado arado a esa cama con correas de hierro: era yo mismo. Y en efecto, me estaba ahogando, un corte de digestión me llenaba los pulmones de cloro. Vi, finalmente, un dromedario cuya cabeza era mi cabeza. Aquel bicho gigantesco me estaba conduciendo a la nada. Ya por fin en la nada, muerto por ahogamiento, vi a Kafka, quien me dio la mano y me dijo que debería caminar por la senda que se abría a mis pies durante nueve días, y que al término de esos nueve días llegaría al Paraíso. Me dijo que el nombre del paraíso había cambiado, que tal vez surgiera ante mí —dependiendo de las cronologías— con el nombre de “eurocomunismo”, o con el nombre de “solidaridad”, o con el nombre de “capitalismo social”, o con el nombre de “mercado cívico”, o con el nombre de “Francia”, o con el nombre de “España” a secas. Yo le dije que no quería ir al paraíso. Ante mi negativa, me dio una sonora bofetada, y yo me eché a llorar. Cuando dejé de llorar, Kafka me dijo
“mira, esto no se acaba nunca, el dolor es infinito, eso que creías la nada sólo es un disfraz violento y agresivo de la pena, de la Historia, que es esclavitud y crimen, porque
todo es crimen y el ser humano es maligno”.

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CLAVE OMEGA

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FRASE DE LA SEMANA PASADA

—A esto se reduce la educación —dijo Martina con mirada rencorosa—: saber llegar al punto en que los hijos son más fuertes que tú, después de haber creado en ellos los reflejos condicionados adecuados para que no te ataquen.
De MdP

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INCIPIT 199. UN HOMBRE VULGAR / MIQUEL DE PALOL



Llegada a Twerpdyen. Alojamiento y toma de contacto. Primera noche
El hombre de la gran maleta rígida, con ruedas y asa retráctil, salió del aeropuerto, subió a un taxi y llegó a Twerpdyen bastante antes de la hora de cenar, ya de noche cerrada. Se instaló en el hotel de pocas habitaciones frente al canal y se entretuvo más de lo necesario deshaciendo el equipaje. El color fucsia desvaído de la alfombra le molestaba, en parte, quizá, porque había olvidado su última visita allí. Le molestaba haberla olvidado, le incomodaban los recuerdos circunstanciales asociados: la manta y la almohada de más en el fondo del armario, las llaves doradas, ruidos y olores, perspectivas incompletas.
¿Dijo Borggreve que vendría al aeropuerto a buscarme?, pensaba, ¿o me he confundido y hemos quedado aquí en el hotel?, y miraba el reloj. Y en cualquier caso, ¿a qué hora? Después de merodear un rato por la terminal de llegadas internacionales, un tanto angustiado porque oscurecía deprisa, había tenido que apañárselas solo. No es que

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KAFKA

De España de Manuel Vilas, p. 67
Noche de marzo de 1939 en que Brod sale con prisas de su casa. En la maleta iban tres novelas: “El Proceso”, “América” y “El Castillo”. Las tres póstumas e inacabadas (tres novelas, no diez, ni quince, ni treinta, sólo tres, ¿entiendes?, pero a quién le estás hablando si no hay nadie a quien hablar). Aquella noche en Praga, fuera de la maleta se quedaron la patria, las banderas, el crimen, la mentira, la vanidad, y la mala literatura. Brod y su maleta. Max Brod y su tesoro. Max y Josef K. Max y los funcionarios de “El Castillo”. Max y Klamm. Max y Kafka.Brod Kafka y Praga. Kafka y su padre Hermann Kafka. Vemos a Brod coger esa maleta santa y subir a un tren. No la suelta en ningún momenro. Como si llevara el tesoro más grande del mundo. Y sonríe cada vez que acaricia la maleta. Y en ese momento, en el momento de la caricia y de la sonrisa, Max tiene una visión: ve en Madrid, sesenta años después, en la remota España, la fundación del Hotel Kafka 1.

1.Se trata de una Escuela de Escritores (http.://hotelkafka.com)
Max Brod alcanzó a ver, a modo de iluminación, o de visión sobrenatural, un acto público de esa escuela, ocurrido en la primavera de 2007. Ese acto fue una lectura de poesía. El poeta que leía era Sergio Gaspar (pues también le fue dado a MB. ver escrito en un cartel el nombre español del poeta, pero no pudo oír sus poemas, cosa que M.B. lamentó) .Todas estas visiones le fueron concedidas a Max Brod (o Emebé) en recompensa por su extrema bondad, por su gran amor al mundo, por su inenarrable amor absoluto a la Literatura, pues amó la literatura más que Kafka, un desconocido. Y también es verdad que la visión sobrenatural de la fundación del madrileño Hotel Kafka le fue otorgada a Emebé por casualidad. Será bueno también que Esegé entienda la naturaleza de su público, su remotísima invisibilidad —como diría Vicente Aleixandre.

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EL SABER SEGUN VARIOS

De Dietario voluble, de Enrique Vila-Matas, p.49

En donde V-M nos habla de la metáfora de la cerilla de Faulkner; de aquella luz que sólo nos muestra la extensión del horror

En fin. Tras un paseo neurótico por los alrededores del Museo de la Ciencia de Barcelona (estoy pendiente de la inminente operación a la que mañana voy a ser sometido, lo que en cierta forma explicaría que me haya puesto a pensar e incluso a confiar en la ciencia) me digo que ni Jules Verne ni nadie: el verdadero científico es Franz Kafka. Nunca se encadena a ninguna verdad y, sin embargo, todo son verdades. Es inagotable. Se estrellan contra él todos quienes, al querer interpretarlo por un lado u otro, reducen la infinitud de su obra. Sólo le faltó decir que el verdadero saber consiste en medir la extensión de la ignorancia.

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INCIPIT 198. LA OFENSA / RICARDO MENENDEZ SALOMON


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Aunque por tradición familiar y expreso deseo de su padre Kurt Crüwell debería haberse hecho cargo de un reputado negocio de sastrería en el número 64 de la Gütersloher Strasse, en la ciudad de Bielefeld, no muy lejos del frondoso Teutoburger Wald y a escasas manzanas de donde décadas más tarde, entre 1966 y 1968, el aclamado arquitecto de Cleveland Philip Johnson levantaría la célebre Kunsthalle, lo cierto es que el 1 de septiembre de 1939 un suceso no por esperado menos traumático vino a cambiar sus plácidos sueños de propietario —amén de una futura posición de privilegio en el seno de la sociedad pequeñoburguesa bielefeldiana— por un destino mucho menos plácido y azaroso en grado sumo.
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POESIA


De Reversos de Ramiro Fonte, p.159

Fonte Nova

DESARRIMADAS casiñas
Coma esquecidos parentes
E, así e rodo, aínda veciñas
Das rúas da miña mente.
Sospeito que as vosas caras
Me resultan coñecidas
Pois non é de todo avara
A lembranza nesta vida.
Puras casas mariñás,
Avergoñadas labregas
Que, coma vellas cristiás,
Ouvides campás vilegas.
No medio de herdades monas
E de abandonadas leiras,
Xunto ó muro dunha horta,
Da soidade compañeiras.
A boa constelación
De pinzas multicolores
Converte cesto balcón
Nun cadro de mil amores.
Unha amable escuridade
Flúe da porta da bodega,
E entón me envolve a saudade
Que arrastran as cousas cegas.
Reinauguro ese escenario
Das paisaxes esenciais
Perdidas nese lunario
Das lúas de nunca máis.
Xa non sei cando morreu
Aquel vello mariñeiro
Que fa da ribeira á ceo
E plantou un limoeiro.
(fonte)
¿Que murmurará esa forne,
De mín o que ela dirá
Nunha xornada de hoxe
Ou de pasadomañá?
Bu contei aqueles anos,
Mais cúlpome de esquecer
Os dous xenerosos canos
Que me deron de beber.

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LA ESCRITURA TIMIDA

De Mis dos mundos, de Sergio Chejfec, p.121-122
Entonces, por un lado no encontraba motivos para no ponerme a escribir en el Café do Lago, pero por el otro es verdad que desde hacía tiempo había empezado a sentir una especie de precaución, o inseguridad, cuando en alguno de los pocos bares que tengo cerca de mi casa, después de ciertos preparativos, me disponía a abrir mi cuaderno. Me sentía amenazado, o muy observado. En realidad eran todas ideas mías, nadie se fijaba en mí ni en nadie. Hasta que una tarde, hará cosa de dos o tres años, después de concentrarme en la idea de la amenaza porque no podía sobreponerme a ella, mientras los demás clientes del café leían o escribían despreocupados, sin duda una buena cantidad de ellos eran también escritores, advertí que en realidad ocurría otra cosa, aunque parecida: lo que yo tenía era vergüenza. Me avergonzaba escribir, un sentimiento que todavía se mantiene. Y como todo lo vergonzante, si uno lo quiere poner en práctica no tiene más opción que hacerlo a escondidas.
Durante mucho tiempo consideré la escritura como una labor privada, que sin embargo debe hacerse pública en algún momento porque de lo contrario sería muy difícil que subsista, en particular y en general. Pero la vergüenza no sólo derivaba de dedicarme a algo privado ante la vista de todos, sino también de hacer algo improductivo, una cosa medianamente inútil y bastante banal. Sentía que hablarían de mí como alguien de personalidad veleidosa, capaz de perder su tiempo sin preocuparse de nada, alejado de cualquier interés relevante. Y como yo me conocía demasiado bien, no podía sino darles la razón por adelantado. Por lo tanto mi principal preocupación no pasaba por superar mis defectos y mis insensatas ilusiones de escritura, sino por no ser descubierto. A eso se reducía la vida, podía decir, mientras me acercaba a un cumpleaños crucial: a no ser descubierto. Cada quien tiene su mentira vital, sin la cual la existencia diaria y acostumbrada se desmoronaría; la mía consistía en los simulacros, de la literatura en este caso.
De tanto adoptar una actitud de escritor, había terminado siéndolo; y ahora, en una especie de pánico retrospectivo me aterrorizaba que me descubrieran, justamente cuando podía considerar despejados casi todos los peligros. Y el temor se reflejaba en lo más básico, como siempre, la faena manual y la circunstancia anónima. Ya no temía no ser publicado, ni vivir alejado del éxito o del reconocimiento, ya sabía que esas cosas estarían siempre a mi alcance, para bien o para mal; temía que alguien, pasando al lado de mi cuaderno abierto, me desenmascarara como un simple y deliberado impostor. Las hojas de mi cuaderno no contendrían frases, ni siquiera palabras, sólo dibujos que buscaban simular caligrafías, o páginas repetidas con la palabra “qué”, sobre todo “cómo”, o con sílabas desconectadas que nunca hacían sentido.

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POESIA


De Reversos de Ramiro Fonte

ALFA

ANTES das cores do mundo
E das sombras do rueiro,
Do regato cantareiro,
Antes do suco profundo;
Antes desas chuvias longas
Que amortecen esperanzas,
Das primixenias lembranzas
Que ó futuro se prolongan,
Vellas con escapularios,
Labreguiñas misteriosas,
Por non andaren ociosas
Completan un setenario.
Reclamo a súa clemencia
E así reparo unha ausencia.
O cativiño cristián
(sei que esta mesma canción
Naceu naquela oración)
Leva o home da súa man.

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TRIESTE Y VILA-MATAS Y GONZALES SAINZ

De Dietario voluble, de Enrique Vila-Matas, p.26

Esa inolvidable sensación de extrañeza y deriva volví a recuperarla días después cuando en una entrevista le preguntaron al escritor español J.González Sainz por qué vivía en Trieste y él contestó así:Más quisiera yo saberlo. Y ese no saber es una buena razón. Me siento extraño aquí, extranjero, distante, y sentirse extranjero en el mundo creo que es una de las condiciones de la escritura, habitar el mundo de una forma un poco esquinada. Cuando regreso en tren ya de noche de mis clases en Venecia y veo al final del viaje las luces de Trieste allí en el fondo, como atenazadas a la espalda por la oscuridad de las montañas del Carso, con Eslovenia atrás y a la derecha la línea de las costas de Istria, y me digo “ahí está tu casa’“allí es donde vives”, se me genera una sensación de extrañeza, de no pertenencia sino de paso, con la que me llevo bien, y que creo que es fundamental para esa forma de vivir que es escribir.
Magdalena, Chacarilla, el Virrey.
Nada más leer estas palabras de González Sainz, me dieron ganas de ir a la deriva por las calles de una ciudad para mí desconocida, pero en la que tendría mi único domicilio.

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JAVIER MARIAS Y ¿JUAN BENET?

De Tu rostro mañana 3 de Javier María, p 412:
" Y me vino a la memoria el 'tic-tac tan descomunal' de aquel saloncito sepulcral en el cementerio de Os Prazeres que, según el viajero que 'con cierta indiscreción' lo descubrió y obrservó, 'era respecto al tic-tac normal lo que es el grito a la voz'; y me volvió la frase enigmática sugerida por el reloj despertador que lo causaba -'de aquellos que se veían en las cocinas del tiempo de nuestros padres, con su campana en casquete esférico y dos pequeñas bolas por patas'-, la frase que decía:'A mí me parece que es el tiempo la única dimensión en que pueden hablarse y comunicarse los vivos y los muertos, la única que tienen en común."

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