14-15 de julio de 2008
Querido Paul:
He estado pensando en las amistades,
en cómo surgen, en por qué duran –algunas– tanto tiempo, más tiempo que los
compromisos pasionales de los que a veces se considera (erróneamente) que son
tibias imitaciones. Estaba a punto de escribirte una carta sobre todo esto,
empezando por la observación de que, teniendo en cuenta lo importantes que son
las amistades en la vida social, y lo mucho que significan para nosotros,
particularmente durante la infancia, resulta sorprendente lo poco que se ha
escrito sobre el tema.
Pero luego me he preguntado a mí
mismo si esto es realmente cierto. De manera que antes de sentarme a escribir
he ido a la biblioteca a hacer una comprobación rápida. Y, oh maravilla, no me
podría haber equivocado más. En el catálogo de la biblioteca había montones de
libros sobre el tema, veintenas, muchos de ellos bastante recientes. Cuando fui
un poco más allá y les eché un vistazo a aquellos libros, sin embargo, recuperé
algo de autoestima. A fin de cuentas yo había tenido razón, o por lo menos la
había tenido a medias: la mayor parte de lo que aquellos libros decían de la
amistad no tenía demasiado interés. Parece ser que la amistad sigue siendo en
cierto modo un enigma: sabemos que es importante, pero no tenemos nada claro
por qué la gente traba amistad y la conserva.

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