La Antártica empieza aquí, Benjamín Labatut, p. 154
Lo primero que hice al llegar a
París fue perderme. La gente le tiene miedo a eso, pero tan malo no es. Cuando
uno está perdido todo lo demás está en su lugar. Y no se necesita mucho para
ser músico, incluso en Francia: una medida de fracaso y otra de éxito. Con eso
basta. El problema es que la gente no busca el fracaso. Creen que es cosa de
esperarlo, como si fuera una consecuencia del éxito. iNada que ver! El fracaso
es difícil. Para fracasar hay que esforzarse. Hay que ser un mono porfiado.
Miren, por ejemplo, a los griegos. Tremendos en sus derrotas, sublimes en el
fracaso. Su historia es una sucesión de caídas, cada vez más abajo, cada vez
más hondo Y más encima inventaron la
tragedia. Ahí la cagaron. Se fueron al chancho. Porque ya no les bastaba con perder.
Había que matar al padre y culearse a la madre Al lado de los griegos nosotros
somos insectos, muy bien organizados, mucho orden y progreso, pero poco más que
bichos que construyen un nido sobre el barro de sus logros. A mí nunca me
interesó el éxito. Yo llegué a París buscando otra cosa.
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