Te quiero más que a la salvación de mi alma

Te quiero más que a la salvación de mi alma
Catalina en Abismos de pasión de Luis Buñuel

FRASE DE LA SEMANA

Hay quienes no pueden imaginar un mundo sin pájaros; hay quienes no pueden imaginar un mundo sin agua; en lo que a mi se refiere, soy incapaz de imaginar un mundo sin libros. A lo largo de la historia el hombre ha soñado y forjado un sinfin de instrumentos. Ha creado la llave, una barrita de metal que permite que alguien penetre en un vasto palacio. Ha creado la espada y el arado, prolongaciones del brazo del hombre que los usa. Ha creado el libro, que es una extensión secular de su imaginación y de su memoria.
A partir de los Vedas y de las Biblias, hemos acogido la noción de libros sagrados. En cierto modo, todo libro lo es. En las páginas iniciales de "El Quijote, Cervantesdejó escrito que solía recoger y leer cualquier pedazo de papel impreso que encontraba en la calle.
Cualquier papel que encierra una palabra es el mensaje que un espíritu humano manda a otro espíritu. Ahora, como siempre, el inestable y precioso mundo puede perderse. Solo pueden salvarlo los libros que son la mejor memoria de nuestra especie.
Hugo escribió que toda biblioteca es un acto de fé; Emerson que es un gabinete donde se guardan los mejores pensamientos de los mejores; Carlyle, que la mejor universidad de nuestra época la forma una serie de libros. Al sajón y al escandinavo les maravillaron tanto las letras, que les dieron el nombre de runas, es decir, de misterios de cuchicheos.
Pese a mis reiterados viajes, soy un modesto Alonso Quijano que no se ha atrevido a ser don Quijote y que sigue tejiendo y destejiendo las mismas fábulas antiguas. No sé si hay otra vida. Si hay otra, deseo que me esperen en su recinto los libros que he leído bajo la luna con las mismas cubiertas y las mismas ilustraciones, quizça con las mismas erratas, y los que me depara aún el futuro.
De los diversos géneros literarios, el catálogo y la enciclopedia son los que más me placen. No adolecen, por cierto de vanidad. Son anónimos como las catedrales de piedra y como los generosos jardines.
No veré, por cierto, los textos que su diligencia ha juntado, pero sé que desde el otro hemisferio me beneficiarán de algún modo y que serán de grata lectura.
JLB

FRASE DE LA SEMANA

Retomamos, otra vez, y a ver si es para siempre -como la casa-, el topos semanal:

"Cualquiera cuya mente es lo bastante orgullosa como para no formarse en la disicplina lleva oculta, secreta, una bomba en el fondo del cerebro. Y sugiero, aunque sólo sea por diversión, que coja esa bomba particular y la deje caer con cautela sobre la ciudad moderna del sentido común"
VN
Pero a partir de ahora sólo pondremos las inciales del autor, y a quien resuelva el engima le regalaremos un Perrito Piloto.

INCIPIT 85. EL VIAJERO MAS LENTO / ENRIQUE VILA-MATAS

Tres geografías distintas (el viaje al extranjero, el paseo por el barrio de toda la vida y el vagabundeo literarios), once ensayos que yo llamo shandy en honor a los conjurados de uno de mis libros, una mirada lejana a mi ya tan lejana como furtiva relación con el cine y, funalmente, comenarios a libros o autores que me gustan, componen esta selección de artículos y ensayos literarios que he decidido llamar El viajero más lento por razones que tal vez delatan parcialmente estas páginas iniciales que son más un Anticipo que un Prólogo, pues renuncio a la introducción habitual en este tipo de libros y para ello, voy a apoyarme en lo que ya en su día dijeron (por poco le ponen el mismo título a su libro) Augusto Monterroso, que escribió La letra e, y Jaime Gil de Biedma, que escribió El pie de la letra.

"Recuerdo que todavía hace pocos años, cuando algún escritor se disponía a publicar un libro de ensayos, de cuentos o de artículos, su gran preocupación era la unidad, o más bien la falta de unidad temática que pudiera criticársele a su libro (como si una conversación -un libro- tuviera que sostener durante horas el mismo tema, la misma forma o la misma in-

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INCIPIT 84. LOS MISTERIOS DE BARCELONA / JUAN PERUCHO

1. Los misterios de Barcelona
Cuando Eugène Sue escribió Los misterios de Paris, un mundo, entre tenebroso e hilarante, salió a la superficie, aterrorizando a grandes masas de ingenuos lectores que seguían emocionadamente las peripecias de una lucha sin cuartel. El Bien y el Mal se enfrentaban en el dilatado escenario de la ciudad del Sena, llena a la sazón de violentos contrastes: palacios y buhardillas, jardines y catacuembas, imprecaciones y suusurros. Un caballero se quitaban entonces, elegantemente, el sombrero de copa al ofrecer su brazo a una seductora marquesa -desconocida, por el momento -mientras unas calles más allá agonizaba en su tugurio, víctima de los malvados prestamistas, un hornado comerciante, ahora en la más negra miseria. Lo peor era, sin embargo, el angustioso desamparo de la huérfana, la candorosa y bella Leonor, señorita en edad de merecer. ¿Triunfaría, también, en esta ocasión, la verdad?
Los misterios de Paris desencadenaron inmediatamente otros misterios urbanos y, entre nosotros, fue muy célbre el que publicara Anatonio Altadill bajo el título de Barcelona y sus misterios. Altadill que durante la primera República fue gobernador civil de Guadalajara y, más tarde, de Murcia, habí apublicado ya otras novelas con sustancioos títulos: Los hijos del trabajo, José y la mujer de Putifar, Amor de esposa, ¡Madre mía¡, etc. Altadill tení aun hermano llamado Carlos, a quien se desigana con el encarecido mote de "El Gandul", sin duda porque no daba golpe, y que murió tristemente en la Casa de Caridad. "El Gandul", aunque le repugnaba el tra-



INCIPIT 83. LA GRAN NOVELA SOBRE BARCELONA / SERGI PAMIES

VILLANCICO
La chica asustada telefonea al hombre famoso para decirle que tiene que verlo urgentemente. De mala gana -está en el trabajo-, el hombre ojea la agenda y suspira d emanera que se note que le va muy mal quedar. Intenta aplazar la cita hasta pasadas las fiestas, pero cuando la chica le amenaza con llamar a su mujer ya irearlo todo, se ve forzado a encontrar un rato para el día siguiente, víspera de Navidad.
El hombre famoso tiene que mentir a su mujer para justificar la ausencia de dos horas precisamente la víspera de Navidad. Con un gran despliegue de seducción, evita un conflicto matrimonial y, después de darle un beso en la frente, se compromete e volver un cuarto de hora antes de la cena que, como casa año, reúne a toda la familia.
La chica asustada llega pronto al lugar donde suele citarse con el hombre famoso, un aparthotel con el encanto de los edificios impersonales.

INCIPIT 82. EN EL CAFE DE LA JUVENTUD PERDIDA

De las dos entradas del café, siempre prefería la más estrecha, la que llamaban la puerta de la sombra. Escogía la misma mesa, al fondo del local, que era pequeño. Al principio, no hablaba con nadie; luego ya conocía a los parroquianos de Le Condé, la mayoría de los cuales tenía nuestra edad, entre los diecinueve y los veinticinco años, diría yo. En ocasiones se sentaba en las mesas de ellos, pero, las más de las veces, seguía siendo adicta a su sitio, al fondo del todo.
No llegaba a una hora fija. Podía vérsela ahí sentada por la mañana muy temprano. O se presentaba a eso de las doce de la noche y se quedaba hasta la hora de cerrar. Era el café que más tarde cerraba en el barrio, junto con Le Bouquet y La Pergola, y el que tenía una clientela más peculiar. Ahora que ha pasado el tiempo me pregunto si no era sólo su presencia la que hacía peculiares el local y a las personas que en él había, como si lo hubiera impregnado todo con su perfume.

INCIPIT 81. EL BANDIDO / ROBERT WALSER

Edith lo ama. Luego volveremos sobre ello. Tal vez no tendría que haber trabado relación con ese inútil sin dinero. Parece que ella le envíe delegadas o, cómo decirlo, mediadoras. Amigas así tiene él en todas partes, pero nunca ocurre nada serio, y aún menos con la famosa historia de los cien francos. En una ocasión puso por pura condescendencia, por filantropía, cien mil marcos en manos de otros. Si le toman el pelo, él se suma alcachondeo. Con eso bastaría para encontrarlo realmente sospechoso. No tiene un solo amigo. Durante "todo este tiempo" que lleva entre nosotros, no ha logrado, para su contento, ganarse el aprecio del mundo masculino. ¿Acaso no es eso una prueba de la mayor y más grave falta de talento que uno pueda imaginarse? Hace ya tiempo que sus buenas maneras "crispan los nervios" de mucha gente. Y esta muchacha, la pobre Edith, lo ama, mientras él sale todas las noches, a eso de las nueve y media, y porque aún haca calor, a tomar un baño. Lo hace por mi culpa, pero si rechistar. Uno se ha esfrozado lo indecible para crearlo. ¿Acaso cree este peruano, o lo que sea, que puede hacerlo él solito? "¿Qué hay?" Así es como las chicas del pueblo se dirigen a él, y él -¡ay Dios mío¡-, que parece idiota, cree que este modo que tienen las muchachas de preguntarle qué quiere es encantador. hace tiempo que lo tratan, acá y allá, como a un auténtico desecho, y para colmo, él

INCIPIT 80. DOMINGOS DE AGOSTO / PATRICK MODIANO

Su mirada acabó por cruzarse con la mía. Era en Niza, al principio del bulevar Gambetta. Estaba subido a una especie de podio delante de un tenderete de chaquetas y abrigos de cuero y yo me había deslizado hasta la primera fila de los curiosos que le escuchaban elogiar su mercancía.
Al verme se desvaneció su desparpajo de charlatán. Ahora hablaba de una manera más seca, como si quisiera establecer una distancia entre él y su público y hacerme comprender que aquel oficio que ejercía allí, al aire libre, era muy inferior a su condición.
No había cambiado mucho después de siete años: únicamente su cuti sme parecía un poco más rojizo. Empezaba a anochecer y una ráfaga de viento se coló en la avenida Gambetta trayendo las primera sgotas de lluvia. A mi lado, una mujer de cabello rubio se probaba un abrigo de cuero. Desde su podio el vendedor se inclinaba hacia ella y la observaba con ademanes convincentes:
-Le sienta a usted de maravilla, señora.
Aquella voz conservaba su timbre metálico, de un metal que con el tiempo se hubiese oxidado. Los curiosos empezaban a dispersarse a

INCIPIT 79. DIETARIO VOLUBLE / ENRIQUE VILA.MATAS

DICIEMBRE
Aquí estoy en mi cuarto habitual, donde me parece haber estado siempre. Como en tantas mañanas de mi vida, me encuentro en casa escribiendo. Suena, contundente, la música de Be My Baby, cantada por The Ronettes. Cuando tenía diecisiete años era mi canción favorita. De pronto, oigo perfectamente que alguien acaba de llegar en ascensor al rellano. Pero es extraño. Quien ha llegado no llama a ninguna de las cuatro puertas, ni se dispone a abrir ninguna de ellas. Es como si se hubiese quedado indeciso, aturdido o simplemente inmóvil ahí. Llevo tantos años en esta casa que controlo muy bien los sonidos que se producen cerca de mi puerta. Pasan casi dos minutos hasta que, exactamente cuando termina la canción, llaman a mi timbre. Abro. Veo a un hombre de parecida edad a la mía. Es el mensajero de una editorial y ha venido para entregarme un libro. Me lo da y le firmo en un papel. “Las Ronettes...”, susurra melancólico el hombre. “Me ponen de buen humor”, le comento sin mostrarme sorprendido –aunque lo

INCIPIT 78. PARA ACABAR CON LOS NUMEROS REDONDOS / ENRIQUE VILA-MATAS

Dentro de unos meses cumpliré 50 años. No me molestaría cumplirlos de no ser por ese odio inmenso que siento por los números redondos. No los puedo soportar. Me irrita de ellos, sobre todo, su injustificado y absurdo prestigio. No veo por qué el número 100 tiene más relevancia que el 101, por ejemplo. El origen de mi odio inmenso a los números redondos es posible que se encuentre en esos aburridos monográficos de los suplementos literarios dedicados - de vez en cuando y muchas veces sin previo aviso- a celebrar con números redondos aniversarios de literatos. Soy un fanático de los suplementos literarios porque suelo encontrar en ellos referencias o escritos inéditos sobre mis autores preferidos. Pero la moda de celebrar en esos suplementos los 20, 50, 100, 500 aniversario del nacimiento o muerte de un literato normalmente logra sacarme de quicio, pues arruina - casi siempre la figura conmemorada que ocupa de repente todo el suplemento no es santo de mi devoción- mis expectativas de leer frases nuevas sobre mis escritores favoritos . Y es que por una figura conmemorada que me interesa suele haber unas 27 que me aburren profundamente y que, encima, me impiden leer nuevas ocurrencias sobre las figuras literarias que realmente me interesan.
Es muy probable que se encuentre en esos monográficos criminales el origen de mi odio hacia el absurdo prestigio de los números redondos. Esa aversión, ese odio terrible empecé yo a manifestarlo -al principio de un modo totalmente inconsciente- un domindo 3 de septiembre de 1995. Me acuerdo muy bien de ese día,.Yo llevaba

INCIPIT 77. UN HOMBRE EN LA OSCURIDAD / PAUL AUSTER

Estoy solo en la oscuridad, dándole vueltas al mundo en la cabeza mientras paso otra noche de insomnio, otra noche en blanco en la gran desolación americana. Arriba, mi hija y mi nieta están cada una en su habitación, también solas: mi hija única, Miriam, de cuarenta y siete años, que se acuesta sola desde hace cinco, y Katya, de veintitrés, única hija de Miriam, que antes dormía con un joven llamado Titus Small, pero ahora Titus ha muerto, y mi nieta duerme sola con el corazón destrozado.
Luz radiante, y luego oscuridad. El sol fulgurando por todos los rincones del cielo, seguido de la negrura de la noche, el silencio de las estrellas, el viento que agita las ramas. Ésa es la monotonía diaria. Llevo viviendo más de un año en esta casa, desde que me dieron de alta en el hospital. Miriam insistió en que viniera, y al principio estábamos los dos solos, junto con la enfermera que me cuidaba durante el día cuando mi hija se iba a trabajar. Luego, tres meses

INCIPIT 76. NOVELA DE AJEDREZ / STEFAN ZWEIG

A bordo del transatlántico que había de zarpar a media noche de Nueva York rumbo a Buenos Aires reinaban la animación y el ajetreo propios del último momento. Los acompañanates que habían subido escoltaban entre apretujones a sus amigo; los repartidores de telegramas, con sus gorras ladeadas, recorrían los salones voceando nombres; al trajín de flores y maletas se añadía el de los niños que subían y bajaban las escalerillas curiosenado, mientras la orquesta amenizaba imperturbable el show en cubierta. Yo estaba conversando con un amigo en la cubierta de paseo, un poco al abrigo de todo aquel jaleo, cuando a nuestro lado relumbraron dos o tres veces los destellos de un flash: al parecer los reporteros habían aprovechado los últimos instantes previos a la partida para entrevistar y fitografira a algún personaje importante. Mi amigo echó una ojeada y sonrió:

-Tienen ustedes a bordo a un personaje bien curioso: Czentovic- Y como debió de deducir por mi expresión que no sabía de qué me estaba hablando, añadió: -Mirjo Czentovic, el campeón del mundo de ajedrez. Ha recorrido de punta a punta los Es-

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