Te quiero más que a la salvación de mi alma

Te quiero más que a la salvación de mi alma
Catalina en Abismos de pasión de Luis Buñuel

INCIPIT 528. LA CURA SCHOPENHAUER / IRVIN D.YALOM

Cada vez que respiramos ahuyentamos la muerte que constantemente nos acecha{ ... ] La muerte saldrá vencedora, pues desde que nacemos se convierte en nuestro sino, aunque juega brevemente con su presa antes de tragársela. Sin embargo, perseveramos en vivir la vida con gran interés y mucho afán, del mismo modo que hinchamos una pompa de jabón tan grande como nos es posible, aun a sabiendas de que reventará.
Julius conocía tan bien como cualquiera los sermones sobre la vida y la muerte. Con los estoicos afirmaba que «tan pronto nacemos empezamos a morir», y con Epicuro razonaba que «Si donde yo estoy no está la muerte, y donde está la muerte no estoy yo, ¿por qué temerla?» En su condición de médico y psiquiatra, había susurrado estas mismas palabras de consuelo a oídos de moribundos.
Aun cuando estaba convencido de que estas sombrías reflexiones eran de utilidad para sus pacientes, nunca pensó que algún día pudieran tener relación con él. Es decir, hasta aquel momento terrible que iba a cambiar su vida para siempre.
Había ocurrido cuatro semanas atrás, durante su chequeo anual. Su internista, Herb Katz -viejo amigo y compañero de facultad-, acababa de concluir su reconocimiento y, como siempre, le dijo que se vistiera y pasara luego al despacho. Herb estaba sentado a su mesa, hojeando el historial de Julius.

-En conjunto, se te ve bastante bien para ser un viejales de sesenta y cinco años. La próstata está un poco hinchada, pero la mía también. Hemograma, colesterol y niveles de lípidos, todo correcto, gracias a los medicamentos y a tu dieta. 

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