Te quiero más que a la salvación de mi alma

Te quiero más que a la salvación de mi alma
Catalina en Abismos de pasión de Luis Buñuel

MUJERES

Crónica de los Wapshot, John Cheever, p. 325-326
Se sentó ante el tocador y se quitó los pendientes, las pulseras y el collar de perlas y empezó a estirarse el pelo con el cepillo.
Moses sabía que las mujeres pueden adquirir muchas formas; que, en las convulsiones del amor, son capaces de adquirir el aspecto de cualquier bestia o belleza de la tierra o el mar -fuego, cuevas, la dulzura del tiempo de la cosecha- y de proyectar en la mente, como la luz en el agua, su más brillante imaginería, y no le preocupaba que ese don para la metamorfosis fuera utilizado en apoyo de toda clase de intrigas venales y mezquinas para engrandecerse. Mases había aprendido que era conveniente tener en cuenta las actitudes que con mayor frecuencia adoptaban las mujeres que amaba, de manera que cuando una mujer cariñosa parecía transformarse de repente, por algún motivo que solo ella  conocía, en una solterona, él estuviera preparado para ello y no hubiese mucho peligro de que perdiera la esperanza que sustentaba su paciencia, porque, si bien las mujeres podían metamorfosearse a voluntad, él había descubierto que no eran capaces de mantener esos papeles durante mucho tiempo y que, si él lograba soportar, pacientemente, un disfraz o una destemplanza o una falsa modestia, esta desaparecía pronto. Ahora observó los cambios que se habían producido en su mujer de piel dorada, intentando descubrir qué papel estaba representando.
Representaba la castidad, una castidad desdichada e implacable. Representaba a una solterona insatisfecha. Ella miró despectivamente el lugar donde él había dejado caer su ropa, apartando los ojos al mismo tiempo del punto donde él se erguía en cueros.

-Quisiera que aprendieses a recoger tus cosas, Moses -dijo, con un sonsonete que él no reconocía.

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