Te quiero más que a la salvación de mi alma

Te quiero más que a la salvación de mi alma
Catalina en Abismos de pasión de Luis Buñuel

INCIPIT 442. EL JUGADOR / FIODOR DOSTOIEVSKI

Tras ausentarme dos semanas, finalmente he regresado. Los nuestros llevan ya tres días en Ruletenburgo. Pensaba que me estarían esperando Dios sabe con qué impaciencia, pero me he equivocado. El general parecía tener aires de extraordinaria independencia, ha hablado conmigo con altivez y me ha ordenado que fuera a ver a su hermana. Está claro que han conseguido dinero de algún sitio. Incluso me ha parecido que al general le avergüenza un tanto mirarme. María Filippovna estaba extraordinariamente ocupada y ha conversado un poco  conmigo, ha tomado el dinero, lo ha contado y ha escuchado todo mi informe. Esperaban para comer a Mezentsov, al francesito y también a un inglés. Como de ordinario, si hay dinero, inmediatamente se da una comida de gala: a lo moscovita. Polina Alexandrovna, al verme, me ha preguntado: «¿Por qué ha tardado tanto?». Y sin esperar mi respuesta, se ha marchado a algún sitio. Naturalmente, lo ha hecho a propósito. Pero tenemos que explicarnos. Son muchos los hechos que se han acumulado.

Me han asignado una pequeña habitación en la cuarta planta del hotel. Aquí se sabe que pertenezco al séquito del general. De todo esto deduzco que ya se han dado a conocer. Aquí todos consideran que el general es un riquísimo alto dignatario ruso. Antes de comer, entre otros encargos, le ha dado tiempo a darme dos billetes de mil francos para que los cambiara. Los he cambiado en la oficina del hotel. Ahora nos mirarán como si fuéramos millonarios, al menos durante toda la semana. 

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