Te quiero más que a la salvación de mi alma

Te quiero más que a la salvación de mi alma
Catalina en Abismos de pasión de Luis Buñuel

INCIPIT 439. PASAJE A LA INDIA / EM FOSTER

Si se exceptúan las Cuevas de Marabar -y están a veinte millas de distancia-, la ciudad de Chandrapore no tiene nada de extraordinario. Limitada, más que bañada, por el Ganges, sigue su curso por espacio de unas dos millas y apenas es posible distinguirla de los detritos que el río deposita tan generosamente. Como el Ganges no es allí sagrado, no existen escalinatas para bañarse y, en realidad, no puede hablarse de vistas sobre el río, ya que los bazares cienan por completo el amplio y cambiante panorama de su corriente. Las calles son miserables, los templos carecen de interés, y aunque existen unas cuantas casas de calidad están escondidas entre jardines o al fondo de avenidas tan sucias que sólo la persona que ha sido invitada personalmente se siente con ánimos para llegar hasta ellas. Chandrapore no ha sido nunca una ciudad hermosa o de grandes dimensiones, pero hace doscientos años estaba situada en el camino entre la Alta India –entonces imperial- y el mar, y las casas nobles datan de ese período. El gusto por la decoración se extinguió en el siglo XVIII y tampoco puede decirse que fuera siempre democrático. En los bazares no existen pinturas y las esculturas son excepcionales. La misma madera parece hecha de barro y sus habitantes son como barro en movimiento. Todo lo que se ve resulta tan insignificante y tan monótono

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