Te quiero más que a la salvación de mi alma

Te quiero más que a la salvación de mi alma

INCIPIT 191. JAKOB VON GUNTEN : UN DIARIO / ROBERT WALSER


Aquí se aprende muy poco, faltan profesores y nosotros, los muchachos del Instituto Benjamenta, nunca llegaremos a nada; en otras palabras, en nuestra vida futura seremos todos cualquier cosa, pequeñísima y subordinada. La enseñanza que se nos imparte consiste substancialmente en inculcarnos paciencia y obediencia, cualidades ambas que prometen escaso — o ningún — éxito. Exitos subjetivos, ojalá sí. Pero ¿qué provecho sacaremos? ¿A quién dan de comer las conquistas espirituales? A mí me gustaría ser rico, rodar por ahí en berlina y tener dinero para despilfarrar. He hablado de esto con mi condiscípulo Kraus, pero me ha contestado con un despreciativo encogimiento de hombros y no se ha dignado dirigirme una sola palabra; Kraus tiene principios, está bien sujeto a la silla, a horcajadas sobre su propia satisfacción, y es éste un caballo que prefiere no montar quien desea galopar. Desde que me encuentro aquí, en el Instituto Benjamenta, he conseguido ya transformarme en un tipo enigmático. También a mí me ha invadido un extraño sentimiento de satisfacción, desconocido hasta ahora. Soy bastante obediente; no tanto como Kraus, que resulta invencible en precipitarse a ejecutar esmeradamente las órdenes. Bajo un cierto aspecto, nosotros, los escolares (Kraus, Schacht, Schilinski, Fuchs, Pedrito el largo, yo, etc.), nos parecemos todos: en el hecho de ser todos absolutamente pobres y de baja condición. Somos pequeños, pequeños hasta sentirnos despreciables. Quien tiene un marco en el bolsillo para gastar, se lo guarda como un príncipe privilegiado por la fortuna. A quien, como yo, fuma cigarrillos, se le despiertan reinordimientos por sus costumbres malgastadoras. Vamos vestidos de uniforme; pues bien, esta circunstancia de llevar uniforme nos humilla
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