-Estoy escribiendo una historia universal —dice Claudia.
Las manos de la enfermera se
detienen un instante mientras mira a esta mujer, esta mujer anciana y enferma.
-Madre mía —responde—. No parece
moco de pavo, ¿eh?
Y vuelve a sus tareas: estira,
alisa y coloca.
-Levante un poquito, querida. Eso
es, muy bien. Ahora le traigo una taza de té.
Una historia del mundo. Para
rematar las cosas. Y por qué no.
Se acabó lo de escribir
banalidades sobre Napoleón, Tito, la batalla de Edgehill, Hernán Cortés… Esta
vez, voy con todo. La caída imparable triunfal y homicida, desde las cloacas
hasta las estrellas, universal y particular, tu historia y la mía. Yo creo que
estoy capacitada: el eclecticismo siempre ha sido mi fuerte.

No hay comentarios:
Publicar un comentario