Te quiero más que a la salvación de mi alma

Te quiero más que a la salvación de mi alma
Catalina en Abismos de pasión de Luis Buñuel

INCIPIT 1.629. A OSCURAS / THOMAS PYNCHON


    Cuando los problemas llegan a la ciudad, suelen venir por las vías férreas de la North Shore Line. Y dados los tiempos convulsos que vive el lago Michigan a la altura de Chicago, con los vientos cambiantes, la derogación de la ley seca a la vuelta de la esquina, Big Al Capone en la trena federal de Atlanta, y los asuntos de la Mafia de Chicago más alterados e imprevisibles, todo el mundo que necesita una excusa para salir pitando de la ciudad acaba viniendo aquí, a Milwaukee, donde, por lo general, lo más grave que te puede ocurrir es que te roben la pasta.

Hicks McTaggart ha estado dando vueltas por el distrito de Third Ward, la mayor parte del día sin quitar ojo a un par de turistas con sombreros Borsalino y gabanes de pelo de camello, procedentes sin duda de sus cuarteles generales, lago Michigan abajo, en el cruce de la Calle 22 y la avenida Wabash, pues la Mafia de Chicago se ocupa de todo lo que se precise en Milwaukee desde que Vito Guardalabene la palmó, aunque al sucesor de Vito, Pete Guardalabene, todavía se le considera el jefe en el Third Ward y sus fotografías aparecen en las páginas de sociedad, sonriendo en bodas y esas cosas.

Merodeando por el callejón al que da la parte trasera del Bella Palermo, el restaurante de Pasquale, Hicks oye la algarabía de un compadreo que enrolla fideos, le llega el olor a salsa de espaguetis, a ajo friéndose y a sfinciuni bagherese haciéndose sobre un fuego de ramas de olivo, y eso le da hambre, aunque hoy, tan cerca del día de cobro, el menú de su comida es un termo de café y un buñuelo de mantequilla que lleva metido en alguno de sus bolsillos.

 


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