Te quiero más que a la salvación de mi alma

Te quiero más que a la salvación de mi alma
Catalina en Abismos de pasión de Luis Buñuel

INCIPIT 908. EN DEUDA CON EL PLACER / JOHN LANCHESTER


UN MENÚ DE INVIERNO
A Winston Churchill le gustaba decir que el ideograma chino para “crisis” está formado por dos caracteres que, por separado, significan “peligro” y “oportunidad”.
El invierno obsequia al cocinero con una combinación parecida de riesgo y casualidad. Tal vez sea el invierno el responsable de cierto embrutecimiento del paladar nacional británico y de su consiguiente afición por esas indiscriminadas combinaciones agridulces, o por los escabeches agresivos y las salsas y los ketchups picantes. Y a hablaremos más delante de todo esto. Pero el riesgo del invierno radica también, dicho en pocas palabras, en una excesiva dependencia de las comidas indigestas. Los lectores del norte de Europa no necesitarán más detalles: el término, el concepto de comida indigesta, abarca un universo familiar de comida de invernadero que no sirve para nada, de dañinas grasas saturadas y de carbohidratos repletos de malas intenciones. (El propio nombre de la Brown Windsor Soup tiene algo de ocurrencia siniestra.) Es un estilo de cocina que ha alcanzado su apoteosis en los internados ingleses; y aunque a mí mismo me ahorrasen los horrores de semejante educación -mis padres, considerando acertadamente que mi naturaleza era demasiado sutil y sensible, contrataron a toda una serie de profesores particulares-, guardo un recuerdo muy vívido de un par de visitas que le hicimos a mi hermano durante su encarcelamiento en varios gulags.

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